Ey! Aquí tienen el final! Espero que fuera lo debido, esta historia me gustaba pero estaba toda mal hecha, tengo un par de historias más que valen la pena, trataré de subirlas un día, pero quería terminar esto para no dejarlo a medias.
Gracias por leer!
Milo abrió los ojos, como atraído por una fuerza invisible, comenzaba a oscurecer... Adivino una nueva noche tormentosa con su cerebro a mil por hora empeñado en hacerle la vida miserable, giro los ojos y lo vio ahí... Sentado en ese incómodo diván, con un libro. De nuevo. Este no bromeaba cuando decía que disfrutaba la lectura, durante un mes, al abrir los ojos siempre lo encontraba ahí sentado con la nariz hundida en algún libro...
Estaba molesto, no sabía porque pero se sentía enserio molesto y su frustración se proyectó en la primera cosa que vio, que desafortunadamente fue un desarmado y silencioso Camus, por suerte, esta fugaz rabieta no llego mucho más lejos, cuando un olor apetecible llego hasta su nariz... Camus le había preparado la cena y la puso en la mesa de noche, sabía que despertaría antes del anochecer.
- Vaya que puedes ser un ingrato y un imbécil, como siempre... - murmuró para sí mismo al darse cuenta de lo injusto que resultaba su secreto arrebato de ira, seguro aquel bello francés tenía mucho mejores cosas en que invertir su tiempo que hacerla de niñera de ese mal intento de escorpión, y sin embargo, durante un mes Camus se había convertido en su sombra, tal vez no sabía que decir pero vaya que sabía qué hacer cuando un amigo no puede consigo mismo, cada día, antes de ir que el griego saliera a entrenar, ya estaba fuera de su templo y se quedaba cerca todo el tiempo, hasta que Milo giraba sobre sus talones para regresar y entonces Camus dejaba lo que estuviera haciendo para seguirle los pasos, el griego hacia las cosas sin razonar, una vez se descubrió asimismo en la ducha y no pudo evitar preguntarse algo parecido a:
¿ Y cómo demonios llegué aquí?
Estuvo viviendo en automático todo ese tiempo, esa era la respuesta, y quizá de no ser por el servicial acuario hubiese muerto de hambre, ese golpeado griego solo recordaba entrenar, ducharse, dormir y repetir lo mismo una y otra vez y era por pura inercia. Camus tenía unas grandes habilidades culinarias pero jamás cocinaba diariamente ni para el mismo, así que además de niñera y chef, también la hacía de velador, esperando a que Milo abriera los ojos y de milagro regresará a ser el mismo, cada día, sentado con su libro en ese pequeño diván... estúpido minúsculo diván, ¿ Quién había puesto esa cosa ahí? Al menos debería conseguirle algo más grande, un sofá de lectura o algo, pues prácticamente se había mudado al octavo templo, la mitad de su ropa y varias docenas de libros se habían abierto paso dentro, y seguro no le había resultado tan sencillo, el aguador tenía una estricta forma de vivir y proceder en todos los aspectos de su vida, el no pierde la compostura, simplemente no, y Milo tenía un recuerdo borroso de el idiota de DM que tuvo la osadía de hacer algún comentario insensato acerca de lo que había pasado... Esa es la parte que se ponía borrosa, pero podía deducir, que se le había ido a los golpes con tanta rapidez y tanta fuerza que para cuando volvió en sí, Aioria y Mu lo sujetaban con una fuerza impresionante y Camus, frente a él, estaba dispuesto a continuar la partida con un maltrecho Dm que tenía el orgullo aún más herido que su propia humanidad. Él no es así, el aguador no se confronta con sus compañeros, ni a golpes ni con palabras, el guardaba la compostura ante cualquier situación y sin embargo, aquella vez, se había olvidado de sí mismo...
Quiso agradecerle, mientras se sentaba en la cama pensaba que debía hacerlo, quería decirle que apreciaba el enorme esfuerzo que todo eso debía llevarle, iba a decirle algo...
- Veo que has despertado - Sonrió el acuario al ver su compañero en movimiento, ya empezaba a dudar si seguriá respirando.
¿Acaba de sonreír así nomás?
- Si yo...-
- Debes comer algo...-
- Si, yo...- quiero decirlo, voy a decirlo... - emh..- ¿Que iba a decir? ...necesito aire...- Quisiera comer manzanas- ¿manzanas? ¿Esa es tu idea de gracias? Es oficial, soy un idiota...
Camus parpadeo un par de veces, el heleno realmente disfrutaba las manzanas, solía comerlas todo el tiempo cuando eran niños y de mayor las incluía además en diversos postres, era un "adorable monstruo come manzanas", así que hubo cierta alegría para Camus en ese comentario, quedaba algo de Milo ahí dentro...
- Bien, si nos damos prisa, llegaremos a la villa-
- Mhn .. No, está bien, iré solo-
- No me molesta ir, no es problema-
- Descuida, ya has trabajado bastante. Mirare a ambos lados antes de cruzar la calle- Mientras decía esto el escorpión se anudaba los zapatos, necesitaba cambiar de aires, realmente sentía una gran necesidad de salir del santuario, como si una fuerza ajena a él lo obligará a ponerse de pie.
Por su parte, Camus no estaba muy convencido, ese bicho había estado comportándose como un sonámbulo por semanas, realmente no le creía del todo que podría cuidarse solo, a su parecer, caminaría directo a un acantilado y notaria la caída solo hasta llegar al suelo, pero tampoco podía culparlo demasiado, no se habían despegado en mucho tiempo y por muy discreta que fuese la compañía del pelirrojo, a veces simplemente no quieres a nadie cerca...
Milo sentía fresca la brisa en su cara, cargaba dos bolsas repletas de manzanas y caminaba sin prisa, devoraba las frutas como si de ello dependiera su vida, ¿Hace cuánto no probaba una? Ya oscurecía, la calle estaba solitaria y lo único que rompía esa apacible calma era el sonido de sus pisadas sobre el camino.
Y entonces, un grito.
Le hizo pegar un brinco...empezaba a detestar esas sorpresas. Otro grito, del callejón, corrió en esa dirección, dos hombres, una niña, ella trataba de huir. Ira.
¿Existe una acción más cobarde, que aprovecharse de la fragilidad de un niño? Estaba más que molesto, estaba furioso.
Silencio.
Los dos tipos estaban en el suelo, noqueados, más que noqueados...esperó que no estuvieran muertos, pero no podía garantizar nada, no les había atacado con su aguja escarlata porque ni siquiera tuvo tiempo para pensar en eso mientras los atajaba en una lluvia, mejor dicho, tormenta de golpes y se detuvo muy tarde…al parecer solo eran vulgares ladrones. Al menos nadie los echará de menos.
Milo se volvió. A ver a la niña, que estaba en un rincón y temblaba, tenía una herida en el brazo, se acercó a ella, quería preguntarle si estaba bien y entonces...
Ella saltó, con mucha energía y se aferró de su cuello con toda su fuerza, se quedó ahí, colgada de su cuello con la cara hundida entre sus rizos rubios y rompió a llorar, y lloraba con todo el corazón, tal vez de miedo o de la fuerte impresión, o por lo que fuera... era una niña y lloraba como era lógico, pero en ese momento, ella le trajo a la vida las batallas y las derrotas, y aunque los hombres " no deben llorar" o en palabras de su querido amigo " nunca deberías perder la compostura, eres un caballero", ser fuerte cada minuto de cada día durante toda su vida, en ese momento, le pareció lo más estúpido e insensato de todas las decisiones estúpidas e insensatas que había tomado.
Y abrazo a la pequeña, y se dejó caer de rodillas y lloro con ella lo que había guardado en su valiente corazón por años que parecieron siglos.
El tiempo se congeló.
La chiquilla se limpió la cara con las mangas de su ropa y luego tomo la cara de Milo entre sus manitas...¡Que ojos más grandes! Ese fue el pensamiento en la cabeza de ambos, ella no estaba segura de porque él había llorado pero presentía que era algo importa te, le limpio algunas lágrimas pasando su pequeña mano por la mejilla del rubio y le sonrió con toda la dulzura que un niño agradecido puede proyectar, el heleno por su parte estaba mucho más tranquilo, un poco apenado y sumamente agradecido de que su compañero francés no estuviera cerca para presenciar aquella "escenita", pero al ver a la chiquilla de pie ahí sonriéndole, tuvo que devolverle el favor.
- Entonces...- dijo Milo mostrando todos sus dientes, tratando de recuperar los pedazos de su orgullo que se le olvidaron en algún momento de distracción - ¿Si estás bien?-
- ¡Si! Es un rasguño! ¡Es gracias a usted Señor! ¡Es un héroe! Seguro es un gran guerrero! ¡Ya se! ¡Debe ser usted un santo del santuario! ¡Lo sé por sus ojos, por cierto, que ojos más grandes, usted es muy fuerte! ¡Me llamo Sarame! ¡¿Cual es su nombre?!- Los ojos de Milo se quedaron con expresión de huevo cocino, por todo los cielos...
Ella habla mucho…mucho, demasiado.
Fue el primer pensamiento de aquel escorpión al que por primera vez, alguien había dejado sin palabras,
Enserio ella no se calla...
¿Tendrá un botón de apagado?
Por Zeus… esto debe ser lo que llaman karma…merecido lo tengo.
- Tiene que venir a casa, déjeme darle las gracias, le prepararé algo de comer y le gustará, lo sé porque soy una gran cocinera, le encantará, ¡Debe venir! ¡Debe hacerlo!- Y así, continuaba mientras jalaba a Milo de un brazo, trato de protestar por supuesto, pero solo lograba hacer que ella hablara más y más rápido, el griego había encontrado la horma de su zapato, y esa mirruña con su personalidad avasalladora le hizo por un momento ponerse en el lugar del aguador... Él era callado, claro que lo era, y seguro no ayudaba el que Milo no le diera tiempo para hablar... o para respirar, demonios, "Sí que debe quererme", Milo empezaba a tener migraña, así que, "una de cal por las que van de arena", el rubio se dejó guiar sonriendo.
- ¿Se da cuenta? Quizá de no dar por usted esta noche no volvería a casa, ¡El destino lo trajo aquí!-
El destino...ese maldito vaya que sabe jugar pesado.
Un vistazo a las estrellas, otra cosa, junto a sus adoradas manzanas, que había olvidado por completo por mucho tiempo…esa noche, Antares brillaba como nunca.
- ¡Abre la puerta, Jacob, soy yo!-
En la puerta apareció una mini figurita, de apenas unos cinco añitos, con la carita y las ropas sucias, el cabello castaño cortito y todo despeinado, había una expresión traviesa en sus facciones, era un niño bonito, pero pícaro.
- ¡Ahh, Jacob, sí que sabes recibir visitas, eres un desastre!- La niña tomo al pequeño en brazos y entro a la casita con Milo de cerca, era una casa pequeñita y muy sencilla, pero acogedora, de alguna forma, lo hacía sentir "como en casa".
El griego volvió a mirar al chiquillo, mientras su hermana le limpiaba la cara, se reía y ponía resistencia, le recordó un poco a él mismo cuando era niño…pobre chica, ¡Seguro le daba una vida de problemas!...Aunque, con esa risa, hasta a él le resultaría difícil enfadarse
- Es mi hermano, se llama Jacob, mama murió poco después de que el naciera, yo cuido de él, trabajo en el mercado y la vecina lo cuida mientras estoy trabajando, ella se va antes de que oscurezca, por eso debo darme prisa y volver temprano, es un buen niño, pero travieso y muy comelón, no habla mucho, casi nada, no estoy segura de que sepa todas las palabras, pero se ríe todo el tiempo-
- Ya veo, me recuerda un poco a alguien- Respondió el griego, con una sonrisa traviesa, tomo la bolsa de manzanas y puso una frente a cada niño- ¿Quieres una manzana, Jacob?- El chiquillo tuvo un ataque de risa y como respuesta le extendió su manita que sujetaba un cochecito de madera - ¡Wow! ¡Gracias Jacob! ¿Quieres jugar?- acto seguido el nene salió disparado a una habitación y volvió igual de rápido, con una montaña de cochecitos de madera de colores entre los brazos, que le impedían ver a donde iba, su hermana río, le beso la frente y se fue a la cocina que estaba a unos pasos a preparar algo de cenar, y Milo ya no pudo contenerse, total, ¿Quién podía enterarse?, se dejó caer al suelo como chamaco y empezó a elegir los cochecitos.
Perdió la noción del tiempo mientras se entretenía haciendo maniobras con los autos que desafiarían cualquier ley de la física, el pequeño Jacob estaba tan alucinado de tener un "compañerote de Juegos" tan divertido que de tanto en tanto entre sus carcajadas se le iba encima para "atraparlo" y Milo le hacía cosquillas antes de alzarlo con los brazos y convertirlo en un "avioncito" dando vueltas con el de los brazos por el cuarto, la risa del niño llenaba la habitación y a el griego, le reparo el corazón hasta que resultó improbable pensar que pudo estar roto alguna vez.
- ¡A cenar!- Sarame pegaba de gritos tratando de que su voz resonara por encima de las carcajadas del par de pingos que tenía dando brincos por toda la casa. Cena, Milo moría de hambre y recordó que no había tocado la comida que Camus dejo en la mesita de noche.
Tomó al niño en brazos, le ayudo a lavarse las manitas y luego el avioncito dio un par de vueltas más antes de hacer un " aterrizaje forzoso" en la silla del comedor. En su plato había un enorme omelette de queso y jamón y pan con jalea de frambuesa, ¡Ahhh, jalea! hace años que no la probaba, su francés optaba por alimentos más sofisticados y con menos calorías...¡Bha, eso de las calorías es para mortales!.
Milo dio las gracias y comenzó a comer tan rápido y con tan poca decencia que le arrebato otra sonora carcajada el pequeño Jacob, durante la cena, Sarame le contó sobre su vida, que apesar de ser difícil encarama con optimismo, sobre lo mucho que ha amado a su hermano y que desearía poder pasar más tiempo con él y Milo les contó historias fantásticas sobre la vida en el santuario, sus misiones como santo, su brillante armadura, sus nobles y un poco chiflados compañeros de armas y sobre un bello francés, de carácter frio y de cálido corazón que seguramente en este momento estaba imaginado a su bicho medio muerto en alguna barranca o algo peor.
Si no vuelvo pronto, me buscara por toda Grecia antes del amanecer...
- Sarame...
- ¿Mh?...- La chica estaba distraída limpiando la cara de su ahora somnoliento hermano- Vaya que lo has acabado, esta exhausto y te lo agradezco, es un problema que duerma, debo llevarlo a su cama-
Ipso facto Milo se puso de pie y tomó al niño en brazos con cuidado, guiado por la pequeña, lo llevó hasta la cama y lo arropó -
- Buenas noches pequeño campeón...
- bns noshe ennanni-to...
Milo parpadeo un par de veces y se le subió el calor al rostro, ¿Había entendido bien?.
-Dijo...
- Jeje, si, dijo buenas noches hermanito- aclaró Sarame mientras ponía un oso de peluche a un lado de su hermano y le besaba la frente. Después de salir y apagar la luz, Milo se inclinó y se apoyó en una rodilla para abrazar a la niña.
- Gracias...
Milo estaba maquilando un plan en su cabeza, pero Sarame le rompió los pensamientos con su incansable voz.
- Hace frio, te voy a preparar un café para antes de que te vayas- El heleno iba a replicar, la verdad no le gustaba el café, tiene un sabor amargo y un color medio desagradable, además lo ponía tres veces más hiperactivo de lo normal, pero temió que al decir algo, solo conseguiría que esa niña volviera al ataque con sus palabras ilimitadas, además ella ya estaba en labor, la vio poner un chorrito de agua, luego dos cucharadas de café, dos de azúcar y comenzó a batir enérgicamente, rara forma de hacer café... Después de un rato, agua caliente, y listo.
Milo sonrió, y le dio un sorbo a la humeante taza frente a él, para su sorpresa, tenía un sabor dulce y cremoso, dio un sorbo tan largo que la espuma se le pego a la nariz...
- Por Zeus…¡Esto sabe delicioso!
-¡Lo sé! Es genial ¿no? Es receta secreta, mamá me lo enseño- la niña hablaba con aire triunfal, con los puños en la cintura, orgullosa de ver como el chico rubio bebía con gusto el espumoso café.
- A Cam le encantaría esto
- ¿A tu amigo Francés? Claro, a todos les encanta, tráelo y le prepararé uno.
Idea.
-¿Y si me enseñas a hacerlo?
- ¡Ni hablar! Es un secreto, además, quiero verte regresar, Milo...creo que me agradas… ¿ Y qué clase de nombre es Milo?
- Significa manzana… ¿Qué clase de nombre es Sarame?
- Ah pues… ¡No tengo idea! Pero lo que sea, tiene más caché que llamarse "manzana" ¿Sabes que te convierte en un caníbal?
El rubio sonrió, y vio en su muñeca aquella pulsera tejida con su inicial, Camus se la había traído de algún lugar perdido del mundo y era un detalle muy preciado para el escorpión celeste, se deshizo el nudo y se acercó a la pequeña
- Dame tu mano, Sarame, ¿Lo ves? Esto es un tesoro, cuídalo por mí, volveré por el...
Volveré por ti, lo prometo.
En cuanto sintió su cosmo acercándose al santuario, se le escapo un gran suspiro de alivio, había estado mirando por la ventana hecho un manojo de nervios, estúpido bicho insensato, tardo horas, es madrugada, ¿Que tanto hacia?
En fin, no quería que notara su pequeño dejo de locura, así que se sentó en la sala con el mismo libro que había estado tratando de leer todo el día, este libro es muy aburrido, debía serlo, porque no había entendido ni una palabra...
- Buenas noches, ya volví
- Eso veo, ¿y las manzanas?
- Las he comido todas
- Supongo que tuviste tiempo para ello- Camus regreso a su lectura, no quería que se notara su indignación por haberlo dejado preocupado por tantas horas, pero aparentemente no lo estaba logrando mucho, además, él podía hacer lo que se le diera la gana y si Camus estuvo esperando es porque quiso, no debía cuestionarlo, si seguía hablando se le iba a salir el enojo, mejor cerrar la boca.
El chico rubio observo a su compañero un momento, ese cabello rojo fascinante, la piel blanca más suave que la seda, sus ojos como zafiros brillantes en los que podía perderse por horas y, ¡Por todos los dioses! ¡Ese cuerpo de pecado!
¿Dónde tuve los ojos puestos todo este tiempo? ¡Que desperdicio!
Y Milo notó un detalle más, esa arruga a media nariz, que se le formaba al francés cada vez que estaba molesto con él y siendo fiel a su personalidad, optaba por morderse la lengua, el rubio amaba eso, en secreto le encantaba hacerle perder los estribos, pero solo para poder sorprenderlo con algo después y que lo mirara con esa media sonrisa tipo "No puedo contigo"
Y tenía listo un plan.
- Voy a prepararte café, Cam- Dicho esto, el griego giró sobre sus talones con esa media sonrisa, esa de cuando está esperando salirse con la suya. Camus tuvo sus dudas al respecto, para empezar, no estaba preguntándole, simplemente se había ido a la cocina, para continuar… ¿Café? Milo detesta el café, incluso su olor le provoca repele ,sin mencionar que su gusto al respecto es bastante cuestionable, Camus solía adquirir café de grano, de buena calidad y que tiene "gracia" Milo compraba cualquier café soluble en el mercado de tanto en tanto, sin siquiera mirar la etiqueta, exclusivamente para cuando moría de sueño o de resaca y era absolutamente necesario tomar una taza, Camus jamás mencionaba la palabra "Café" en el octavo templo, porque de hacerlo, tendría que beber una taza de agua oscura sin cuerpo ni sabor.
Lo veía de reojo, batiendo enérgicamente…¿Qué está haciendo? En fin, obviamente era un vil intento de hacerle olvidar su enojo, no se lo pondría tan fácil, este cree que siempre puede hacer lo que quiera y salirse con la suya.
- y…buala!
- Se dice Voilá.
-Eso dije pues – Milo dibujo una enorme sonrisa, al menos estaba sonriendo, Camus tomó la humeante y considerablemente enorme taza que Milo le extendía, Por supuesto, tenía que ser enorme, ¿no Milo? Aun así, el francés estaba comprometido a no hacer ningún tipo de gesto a lo que adivinaba sería un desagradable sorbo.
- ¡Mon dieu! ¡C' est magnifique!
- ¡Espero que fuera un cumplido! – Milo tenía una sonrisa triunfal. Camus lo miró y sintió reconfortar, sonreía, había extrañado esa sonrisa por más tiempo del aceptable, había pensado en él, lo que sea que estuviera haciendo durante su larga ausencia, fue pensando en él…
- Crees que puedes hacer lo que quieras…
-Sí
-Crees que siempre te vas a salir con la tuya
- Un simple "gracias Milo" bastaría- Milo ensancho su sonrisa y se acercó al francés, que se supo derrotado.
Lo hizo, de nuevo
Camus bebió un poco más del espumoso contenido y puso la taza en la mesa de centro, Milo se arrodilló junto a él y recargó su cabeza en las piernas del pelirrojo, que lo recibió acariciando los mechones de su ondulante cabellera rubia.
- Dante está muerto…- El heleno susurro estás palabras, apenas en un suspiro.
- Lo sé…
- Fue mi culpa…
- No- rotundo – Fue el destino…
- Tal vez
- No- más rotundo- No olvides que yo siempre tengo la razón.
Sonrisa. Ojos que se cierran. Silencio.
El brillo de los primeros rayos de sol los atrapó poco después, por primera vez, parecía que la vida volvía al templo de escorpión.
- Y… ¿Dónde dejaste a Dorian?
- Mu se ha hecho cargo, dos niños era demasiado para mí- replico sarcásticamente el francés.
- ¡Por todos los dioses! ¿Cómo has sido capaz?- El rubio se llevó a la cara las manos exagerando la reacción divertido - ¡Va a matarlo del aburrimiento! Debemos ir por él en este instante, si es que queda algo del chico, no puedo ser tan bestia como para fallarle a dos de mis discípulos-
- "¿Debemos?"
- Si, componte de una vez y acompáñame, es temprano, iremos a la villa después, muy importante.
Quiero que conozcas a alguien…
Milo logró lo impensable, después de argumentar que "Dos niños comunes y corrientes habían salvado la poca cordura que le restaba" consiguió que una doncella del santuario "Al fin y al cabo tenemos de sobra" se mudara con los pequeños Sarame y Jacob, un tutor iría a visitarlos por las tardes, se encargarían de que nada les hiciera falta, Sarame podría olvidarse del trabajo y dedicarse a…
- ¿Y que se supone que haga ahora, Milo? Es demasiada libertad para alguien como yo.
- Estoy de acuerdo, trata de no meterte en muchos problemas
-¿Qué se supone que haré?- Silencio…
-¿Tú, sin palabras? ¡Alabados sean los cielos! ¡Ha ocurrido un milagro!
- ¡Te odio!- Risas…
- Harás lo que sea, lo que quieras…
Eres capaz de todo.
- ¿Volverás?
- Tienes algo que es mío. Volveré por él
Volveré por ti…
-Así que…- Comenzó Camus, mientras comenzaban el ascenso de vuelta al santuario, después de una de tantas visitas a los niños que se habían vuelto parte de su rutina- "Ennanni-to", nunca mencionaste que querías niños.
-¿Celoso?
-Asustado, ya te dije, cuidar a un solo chiquillo es demasiado, ¿Qué haría con tres?- No será enserio...
- Ahhh, puede que te guste, nunca hablamos de tener niños.
-Debes estar bromeando – no pánico, no pánico…
- Tranquilo, encontraré la forma de convencerte
- No estoy muy seguro
- ¿Por qué? ¿No has escuchado que el escorpión celeste, siempre consigue lo que quiere?
Suspiro.
- Algo de eso me han dicho…
Es muy propio de ti.
Finitooooo! LOL! Aclaro, Dante y Dorian son los discípulos de Milo, por si la curiosidad las mata XD (no creo) en alguna otra historia, Dorian fue un gran caballero de plata, además tenia un carácter de los diez mil demonios y estaba hecho una bala, fue el "gran orgullo del escorpión dorado" y cuido de lejitos de los niños de Milo cuando él, por obvias razones no pudo hacerlo más, hasta que crecieron y todo fue final feliz para todos.
Milo nunca pensó realmente en adoptarlos (solo bromeaba), sintió empatia pues eran huérfanos y disfrutaba de gustaba pasar tiempo con ellos cuando reinaba la paz.
Espero que disfrutaran al lectura :D
