Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling
Aquí les dejo la actualización, paciencia que está medio largo pero les aseguro que valdrá la pena. DISFRUTEN DE LA LECTURA!
Destinados al Secreto
Capítulo Uno
"Irónica Vida"
Qué vida la nuestra.
Hay veces en que la vida parece reírse de ti mismo, colocándote en ciertas situaciones en las cuales verdaderamente no sabes si llorar o reír a carcajadas, muchas veces y antes de dormir te preguntas por qué alguien parece jugar tu suerte con pequeños dados al azar y donde siempre terminas perdiendo grandes cantidades de dinero, que en nuestro caso, es en realidad tiempo, aquel que nunca podrás retroceder ni comprar, y que por ende te obliga a conformarse con ello y vivir una vida que en realidad nunca quisiste en medio de falsas apariencias y promesas que ya no valen nada, y solo por el simple hecho que aquello que llamamos "Vida", no tiene ese pequeño elemento que nos hace sentir vivos y alegres, no existe aquel amor por el cual aquel vil tiempo tiene sentido.
A once años de aquel día en el hospital, la vida de Harry Potter está incompleta y en cierta forma irónica y sarcástica completa, y es que a simple vista el gran salvador del mundo mágico parece que lo tiene todo. Una familia respetada y reconocida por todos, una esposa que siempre está en boca de todos por sus épicos relatos dentro del diario el profeta. Una carrera esplendida dentro del ministerio de magia como Auror y que actualmente se desempeña como profesor de defensa contra las artes oscuras en Hogwarts, todo lo que un mago de treinta años desearía. Por supuesto, no hay que olvidar del heredero del salvador, su hijo de once años: James Potter Weasley.
Aquella es su vida "Completa", sin embargo su vida "Incompleta" le duele cada día con más fuerza, el simple hecho de permanecer alejado y en una relación oculta con su mejor amiga Hermione Weasley, es una verdadera tortura. Si bien ambos se habían distanciados por varios meses a raíz de la inevitable adopción de su hija recién nacida, la atracción y necesidad de ellos pudo más que su racionalidad, se amaban y no estaban dispuestos a alejarse, no ahora cuando existía un pedacito de ellos creciendo en alguna parte del mundo. Siempre esperando a volver a reencontrarse con su hija de ahora once años de edad.
-Papá – Escuchó Harry a pocos metros de él – Se nos hace tarde y mamá nos espera abajo. – apuntó el joven, James Potter ya tenía once años y este sería su primer año en el colegio de magia y hechicería Hogwarts; Cabello y ojos negros, estatura normal y contextura delgada.
-Enseguida bajo – murmuró el ojiverde obligándose a volver al mundo real – necesito meter algunas cosas al maletín y les alcanzó.
-De acuerdo, te esperamos – dijo el niño sonriendo para luego cerrar la puerta del pequeño estudio donde Harry se encontraba.
Por lo general el moreno se encerraba en ese lugar con el pretexto de organizar y leer documentos de suma importancia, acto que muchas veces solo era excusas para evitar alguna discusión o enfrentamiento con su esposa. Él había abandonado las líneas de los Aurores a los pocos meses del nacimiento de su hija para integrarse a una academia con el fin de graduarse como profesor en defensa, por supuesto sus conocimientos en el área le facilitaron en aquella tarea, por lo cual y a los cuatro años de estudios y perfeccionamientos, había egresado de academia sin problema. Luego de eso, Harry aprovechó el retiro de quién en ese momento era profesor de defensa en Hogwarts para pedir aquella vacante, hecho que apenas si molesto a la actual directora Minerva Mcgonagall.
Aquel brusco cambio provoco en su matrimonio una crisis y colapso total, primero porque Ginny nunca aceptó que uno de los aurores más importantes del ministerio de magia, hiciera clases en Hogwarts y segundo la decisión implico que el matrimonio solo se viera en festividades y vacaciones. Ron por su parte, le extraño sobre manera que su mejor amigo haya tomado aquella decisión de forma tan repentina y brusca, y es que de la nada, en una cena familiar el moreno había anunciado que esa misma tarde había renunciado para convertirse en profesor, no le molestaba ya que ahora que su mejor amigo no se encontraba al mando, él era el hombre a cargo de todo. Y por último Hermione, quien se llevó una enorme sorpresa ante el anuncio de su amigo-pareja, nunca se llegó a imaginar que abandonaría su trabajo como auror para ser profesor.
Por supuesto los últimos siete años en Hogwarts había significado para el moreno un brusco cambio que supo sobrellevar y que él mismo estaba convencido que pronto tendría sus frutos.
Harry movió la cabeza alejando aquellos pensamientos que solo le hacían ponerse más nervioso de que lo estaba y ya se hacía tarde para llegar al expreso, lo último que necesitaba era una discusión con su esposa, hoy no.
-Comenzaba a pensar que no bajarías – Comentó Ginny al momento que Harry terminaba de bajar las escaleras – Qué al fin habías recapacitado.
-Por favor Ginny, no empieces – resopló el ojiverde colocándose el abrigo de modo cansino – Es el primer día de clases de nuestro hijo y debemos concentrarnos en él.
-Cómo quieras – masculló la pelirroja de mala gana mientras se adelantaba para tomar la chimenea junto a su hijo – Te esperaremos en la plataforma.
Un leve asentimiento del moreno le dio pie a Ginny para desaparecer del lugar en compañía del pequeño James. Harry terminó de guardar documentos y empacar algunas túnicas en su baúl, si bien tenía el privilegio de aparecerse en el colegio, él prefería viajar por tren y disfrutar de aquel trayecto como en sus tiempos de estudiante donde conoció a varios amigos y la mujer que amaba.
En cuanto constato que todo estuviese en orden y empacado, se trasladó hasta la estación donde efectivamente su esposa e hijo le esperaban entre los andenes nueve y diez.
-Estoy listo – anunció en cuanto estuvo junto a ellos, a simple vista pudo observar la emoción de su hijo – De acuerdo, recuerda lo que te he dicho… corre sin detenerte hacia la pared que tienes frente y llegarás hacia el otro lado.
-Bien – susurró James soltando un ligero suspiro. Posicionándose frente a la entrada y luego correr hacia la pared, su padre observó que en cuestión de segundos ya estaba al interior del expreso.
Sin esperar alguna palabra por parte de su esposa, el moreno ingresó en compañía de ella al expreso donde el característico ajetreo de cada inicio de año se llevaba a cabo, reencuentro entre compañeros y palabras de ánimo para los primerizos, el tren que ya calentaba motores para iniciar el viaje hacia Hogwarts se mostraba elegante y seguro. A penas si pudo evitar sonreír, sin detenerse se dejó llevar por los recuerdos que ya inundaban su mente y le daban una sensación de alegría inmensa, sin embargo el bullicio del lugar le obligó a volver y concentrarse nuevamente, ya más tarde tendía tiempo para los recuerdos, ahora debía preocuparse de cosas más importantes.
-Un nuevo año – hablaron junto a él, volviéndole bruscamente a la realidad
-Ron ¿Cómo estás? – Le saludo este sintiendo que le corazón comenzaba a latir con una inusual fuerza, él lo sabía, sabía que ella estaba allí – Vaya, hace semanas que no te veía. Mucho trabajo.
-Bastante – sonrió el pelirrojo con cierto orgullo – De echo hoy por la noche vuelvo a salir. Y por el momento aprovechó de despedir a Alex
-Ya veo – murmuro Harry pensativo – Por lo menos tendrá la compañía de James en Hogwarts. – Apuntó él ante la mirada escéptica de su amigo – No están grave – sonrió.
-Sí pero tendrás mucho trabajo este año – bromeó su amigo – recuerda que ese par de revoltosos son un lío de problemas – rió él de buena gana.
-Podré controlarlo – Le aseguró Harry desviando su mirada un segundo de su amigo para observar a la distancia a Hermione platicar con Ginny. Iba a decir algo pero el silbido de la máquina le indicaba que debía embarcarse en el tren – es hora – Anunció emprendiendo marcha junto a su amigo hacia donde se encontraban sus esposas e hijos – Debemos irnos.
-Bien – dijeron ambos niños emocionados
El primero en despedirse fue James quien abrazó a su madre y dio un beso en la mejilla, después de se dirigió hacia su tía Hermione a quien también abrazo y beso, y finalmente se despidió de su tío Ron con quién estrecho su mano y luego abrazo con cariño.
Luego le siguió Alex, el pequeño niño de once años, hijo de Ron y Hermione. Cabello pelirrojo y ojos azules claro, ligeramente más alto que su compañero de travesuras y muy delgado. Él se despidió de sus padres con un abrazo y un beso.
Y por último fue el turno de Harry quien estrecho su mano con su amigo, besó a su esposa ligeramente en los labios y por último se despidió de su amiga con un ligero beso en la comisura de los labios, por supuesto aquello fue tomado como algo normal debido a que el tren ya comenzaba a cerrar sus vagones. Aunque el moreno estaba seguro que recibiría una reprimenda por haber hecho eso enfrente de su esposa y mejor amigo.
Lentamente el tren comenzó a moverse dejando la estación y las personas allí atrás, Harry solo esperaba que una persona se haya embarcado sin problemas en aquel tren. Llevaba esperando aquel momento por once largos años y ahora por fin estaba de vuelta en su hogar, ambos nuevamente llegaban al lugar al cual pertenecían. El moreno se metió en el primer vagón que encontró vacío y se sentó observando como el tren comenzaba a ganar velocidad, a pesar de eso sentía que aquel viaje sería el más largo de su vida.
-Papá – dijeron desde la puerta del compartimiento – Quieres venir con nosotros
-No, gracias – negó este sonriendo levemente – estoy bien, ve con Alex y disfruten del viaje, no se preocupen por mí.
-Está bien – asintió – de todas formas, estamos en el último compartimiento y queda un asiento libre.
-Lo tendré en cuenta, gracias – dijo para luego volver a sus pensamientos. Necesitaba hablar con Minerva Mcgongall, a quien durante el verano le había enviado cientos de cartas pidiendo algún tipo de información pero la directora no había respondido a ninguna, preocupándole y provocándole cierta ansiedad.
Intranquilo el moreno soportó el resto de viaje, intentando de alguna u otra forma distraerse y matar el tiempo que quedaba para llegar hasta la estación, algunas veces considerando la invitación de su hijo pero que cuando estaba a punto de abrir la puerta, prefería seguir allí y no molestar a su hijo y sobrino, quienes seguramente estarían conociendo amigos nuevos e incluso planeando alguna travesura.
Para su alivio y cuando ya comenzaba a anochecer el tren comenzó a disminuir su velocidad de forma considerable, dando a entender que estaban próximos a arribar. Con cierta emoción comenzó a recoger sus cosas a la espera que por fin el tren se detuviese por completo.
Apenas si el tren se había detenido, él ya se embarcaba en un carruaje que le llevaría al castillo, quiso ver a su hijo y sobrino antes de la ceremonia de selección pero aquella plática con la directora de Hogwarts le urgía enormemente. Para su suerte, el trayecto en carruaje pareció no ser tan largo y en pocos minutos ya se encontraba frente a las enormes puertas del castillo que esa noche esperaba que regalase una alegría.
Raudo y saludando a algunos elfos que ya comenzaban a acomodar el equipaje de los alumnos antiguos se encamino hacia la oficina de la directora quien después de la guerra con Voldemort, se había quedado como indiscutida cabecilla de Hogwarts, por supuesto no había dejado de dar clases como profesora de Transformaciones y pero había dejado en manos del moreno el cargo de jefe de Gryffindor, una tarea ardua y que significaba muchas nuevas responsabilidades.
De dos en dos subió las escaleras de caracol hasta llegar hasta la enorme puerta de la oficina de Minerva Mcgonagall, de antemano sabía que los alumnos antiguos tardarían diez minutos en colocarse en sus puestos y los nuevos alumnos estarían allí en quince y por tanto la directora estaría dando un vistazo a la nómina oficial.
-¿Quién es? – Escuchó el moreno en cuanto toco la puerta
-Harry Potter – habló él escuchando con cierta gracia una exhalación de cansancio de la directora.
-Adelante – concedió Minerva. A los segundos pudo dar cuenta el abrir y cerrar de la puerta, seguido de los pasos del moreno quién rápidamente se acercó hasta el escritorio donde ella revisaba por último la nómina oficial de los alumnos de primer año – Harry…
-Escuche, lamento mucho las cartas que le envié – interrumpió este antes de que la profesora dijera alguna otra palabra – pero necesitaba y aún necesito saber qué ocurrió aquel día – cierta cuota de exasperación se hizo presente en el moreno y que se reflejaba en sus ojos - ¿Está aquí? – Preguntó expectante
-Sí – respondió Minerva dejando de lado los papeles que antes estaba revisando – Escucha Harry – suspiró al ver que el ojiverde se paseaba por la oficina emocionado – Debes cumplir tu promesa de acercarte a ella solo en plan de profesor ¿De acuerdo? – Inquirió
-Sí, lo sé – Respondió sin siquiera ver a la directora, estaba claro que él no estaba prestando atención a nada - ¿Qué ocurrió cuando les visitaste? – Inquirió volteándose hacia ella - ¿Cómo se lo tomo?
-Confusión, naturalmente – habló la profesora con tranquilidad mientras se ocupaba de nuevo en su papeleo – Incrédula a su origen de bruja pero cuando comencé a darle indicios y sucesos que se hacían presente cuando experimentaba sensaciones intensas, pues terminaron por convencerla. Además debo advertirte de un detalle que desconocíamos.
-¿Cuál? – Preguntó Harry intrigado.
-Está en conocimiento de su adopción – informó ella – por si no lo sabes, los padres adoptivos tienen aproximadamente 60 años, no es muy difícil sacar conclusiones, sobre todo para ella – contó provocando que Harry sonriera en silencio – solo necesito la confirmación de sus padres, de eso ya ha pasado un año.
-Entonces debe imaginar qué…
-Sus padres viven en este mundo – continuo la profesora – debes imaginar lo impresionada que debe estar en estos momentos con todo lo que visto pero pronto comenzará a adaptarse y con ello su curiosidad por saber quiénes son sus verdaderos padres crecerá. Te reitero Harry – le observó severamente – Sólo mantendrás contacto estrictamente académico, no podemos darle el lujo de confundirla aún más
-Lo que pide es imposible – argumentó Harry en un tono lastimero – Es mi hija, no puedo aparentar como si nada que solo es una alumna más, siendo que no lo es, no para mí. Profesora, usted me regaño duramente por la estupidez que hicimos Hermione y yo, ahora es cuando puedo remediar esta situación.
-No me malinterpretes – le miró Minerva – lo único que deseo es que vayas con calma, recuerda que está en un mundo que no conoce y si tú llegas y le dices que eres su padre, solo la confundirás. Sabes que las consecuencias son inmediatas.
-Sí. Aunque usted las impuso – murmuro Harry sonriéndole – pero estoy seguro que Hermione estaría de acuerdo. En cuanto conozca a mi hija, se lo diré – refiriéndose a la castaña.
-Es lo mejor, créeme – sonrió ella doblando el pergamino por la mitad – Falta poco para que lleguen. Ve al comedor y espera alí – ordeno sin dar espacio a ninguna replica.
-Bien – dijo este comenzando a caminar hacia la puerta pero antes de salir y dirigirse hacia el comedor, añadió – Muchas gracias, Minerva.
-De nada, Harry.
El moreno se encamino lentamente hacia el gran comedor donde ya una gran cantidad de alumnos se encontraban sentados en las mesas, varios de ellos le saludaron amistosamente sobre todo a los alumnos de último año, quienes serían su primera generación en salir desde que él ingreso a trabajar al colegio. Sin duda alguna todo un orgullo para el moreno.
Cordialmente saludo a los demás profesores y se sentó al lado de la silla donde la directora se sentaba, de reojo pudo apreciar como la insistente mirada de su ahora compañero Severus Snape, le observara curioso, se había percatado de su estado casi emocional. Le ignoró y fingiendo cierto aburrimiento comenzó a jugar con su vaso de jugo de calabaza y algunos cubiertos. Aunque a medida que el gran comedor comenzó a repletarse con alumnos que murmuraban y reían, cierta ansiedad se apodero del moreno, más aún cuando se preguntó ¿Reconocería a su hija después de once años? Y su amarga respuesta fue… No.
Tenía una imagen sobre cómo sería su hija en la actualidad, sabía su cabello había salido de su madre y sus ojos prácticamente dos pepitas verdes le miraron desde el primer segundo en el cual la sostuvo por primera vez. Más esperanzado, se dio cuenta que tal vez si la reconocería por aquellas características. El leve rechinar de las puertas abriéndose le hizo percatarse que Minerva ya ingresaba al gran comedor en compañía de los nuevo alumnos, que como era habitual observaban todo a su alrededor completamente emocionados.
-Comenzaremos con la selección – anunció la directora desenrollando el pergamino frente a ella. Harry había dejado de jugar con los utensilios y se había cruzado ligeramente de brazos, fingiendo recorrer con la mirada todo el comedor, cuando en realidad su mirada se mantenía alerta escaneando cada rostro de los nuevos alumnos, para su desgracia sus nervios le había jugado una mala pasada por lo que simplemente fijo su mirada en su hijo y sobrino. – Rob Malfoy – Nombró la directora y Harry tuvo que controlar el leve respingo que soltó al momento de escuchar ese nombre, se había olvidado por completo del hijo de Draco Malfoy. Un niño y tez ligeramente más morena que su progenitor se abrió pasos entre sus compañeros para seguidamente situarse debajo del sombrero el cual permaneció en silencio por unos segundos hasta que… - ¡Slytherin!
-"Sigue la tradición" – se dijo Harry observando como el heredero Malfoy ocupaba un lugar en su nueva caso – "Lo bueno es que no heredo el humor de su padre" – Sonrió ante esto último. Conocía al muchacho y debía admitir que no se parecía en nada a Draco
-James Potter – Nombró Minerva continuando con la selección. El ojiverde observó cómo su hijo caminaba hacia el sombrero y debió admitir que sintió cierto miedo e inseguridad – No te muevas – le indico al niño.
-Curioso – habló el sombrero por primera vez en la noche – de acuerdo, de acuerdo… sí ¡Gryffindor! – exclamó mientras dicha casa estallaba en aplausos.
-"Bien" – pensó Harry aplaudiendo a su hijo que ya se encaminaba hacia su casa.
-Alex Weasley - Nombró ahora Minerva. Un pelirrojo niño se hizo presente entre los demás para luego acercarse temeroso hacia el sombrero
-¡Guau! – Expresó el sombrero asustando al niño - ¿Cuánto tiempo amigo mío? De acuerdo, será como siempre ¡Gryffindor!
-"Estúpido sombrero" – maldijo Harry pensando algunas formas de quemar aquel sombrero sin ser descubierto – "Lo mataré si lo hace de nuevo" – volvió a decirse
-Helena Dawson – llamó la directora provocando que la atención del moreno se volviera hacia adelante. No pudo evitarlo, su mirada se fijó en la pequeña niña que tímidamente se abría paso entre sus compañeros, delgada, cabello castaño y con cierto temor reflejado en sus ojos verdes. La emoción le embargó y le obligó a empuñar sus manos con fuerza, nunca antes el tiempo le había mostrado de forma tan cruel el paso de los años y hoy se lo restregó en la cara. Once años. – Toma asiento. – le sonrió mientras le colocaba el sombrero sobre su cabeza.
-Excelente, te esperaba – habló el sombrero, está vez en apenas un susurro que solo algunos alumnos y profesores pudieron escuchar – No hay dudas donde debes ir ¡Gryffindor! – gritó mientras la algarabía se desataba en dicha mesa.
-Helena – susurró el moreno sin poder quitar su mirada de su hija. La observó dirigirse hacia la mesa de Gryffindor y ser recibida por James y Alex. Este sólo pudo removerse incomodo en su asiento. – "Genial"
Para Harry el resto de la ceremonia continuo a una velocidad sorprendente considerando que toda su atención estaba puesta en su hija. En cuanto la ceremonia concluyó y la directora dio su usual discurso de bienvenida la cena se sirvió para alivio de muchos, aunque el moreno apenas si podía probar bocado, el apetito había pasado a segundo plano por esa noche.
Nuevamente sintió que el destino se estaba riendo de él y Hermione, uniendo de forma macabra a esos tres pequeños niños que nada tenían que participar de aquel embrollo, que de alguna u otra forma habían provocado los adultos.
-Nunca pensaste en esa posibilidad – susurró Minerva al ojiverde que permanecía inmóvil en su asiento – Solo era cuestión de tiempo, lo extraño es que no fuesen amigos.
-Lo sé – murmuro él desviando su mirada de aquel trío de niños – Esto complica la situación – comentó con cierta frustración en su voz. Por un instante sintió que aquel escenario era una bomba de tiempo y que el cualquier momento iba a estallar.
-No lo creo – comentó Minerva tomando un sorbo de jugo de calabaza – solo debes tener algo de paciencia. Precipitarse solo hará que tomes malas decisiones que desembocarán en daños hacia ellos.
-Es demasiada presión, dudó que pueda soportarlo – confesó Harry jugando con un tenedor – han pasado muchos años desde aquel día en el hospital y lo único que deseo es poder abrazarla nuevamente.
-Es duro, lo sé – le concedió la directora desviando su mirada hacia el moreno – Has esperado por casi once años por este día, confió en que podrás esperar un tiempo más. Lo prometiste, Harry – Le recordó al notar cierta negación en su compañero.
-Lo intentaré – habló al tiempo que terminaba de ingerir el último sorbo de jugo de calabaza – Con permiso, debo descansar – anunció incorporándose de su lugar. Sintió que las piernas le temblaba y la cabeza le iba a explotar, había sido demasiadas emociones en aquel comedor, solo quería acostarse en su cama e intentar dormir pero primero debía escribir una carta.
-Harry – le llamó de nuevo la profesora a lo que el aludido se giró – recuerda que debes reunirte con ellos en veinte minutos.
-Sí, es verdad – murmuro él sintiendo que el corazón comenzaba a bombardear con más fuerza que antes – Allí estaré, no te preocupes. – afirmó para luego seguir su camino.
El corazón no dejó de latir a mil en todo el trayecto hacia su oficina que en cuanto ingresó la cerró con varios hechizos para evitar cualquier interrupción. Cogió un pedazo de pergamino y comenzó a escribir sobre el algunas líneas, no teniendo tiempo para releerla simplemente la ató a una lechuza del colegio y la soltó en medio de la oscuridad de la noche, rogando internamente porque llegase al destinario correcto, de lo contrario provocaría un gran problema que terminaría por desatar una nueva guerra mundial. Por un instante se arrepintió de no haber releído la carta, quizás no hubiese usado palabras que luego pudiesen malinterpretarse.
Encogiéndose de hombros, volvió a cerrar la ventana y luego sentarse en su escritorio. Auto convenciéndose que no tenía tiempo para detalles, su hija estaba en el mundo mágico y era lo único verdaderamente importante.
Mientras que Harry volvía a perderse en sus pensamientos, Hermione permanecía en su estudio intentando borrar una rebelde lágrima que había caído de sus ojos, su pena la sobrepasaba pero no debía permitir que su esposo la viese en aquel estado. Aquello solo implicaría dar explicaciones que la castaña estaba segura no podría dar, no ahora cuando la llama de la esperanza estaba prendida en su interior.
¿Cuántos años había esperado aquel día? Sí, once años. Y solo con la secreta esperanza de volver a ver a su pequeña hija que había dejado en aquel hospital, intentó reconocerla cuando estaba en la estación pero apenas si pudo concentrarse en aquella misión, principalmente por que mantenía una conversación con su cuñada y el silbido del tren le indicaba que su tiempo había terminado y que este debía partir lo antes posible.
-Hermione, ya me voy – anunció Ron parado en el umbral del estudio - ¿Estarás bien? – Inquirió observando el extraño semblante de su esposa.
-Sí, no te preocupes – habló Hermione observándole. Los constantes viajes a raíz de su trabajo como auror, habían provocado una mejor convivencia entre ellos que sin embargo no remediaba el inevitable naufrago del matrimonio – Me acostumbraré – sonrió.
-Bien – susurró él – Por cierto, Hermione abajo hay una lechuza, intente que me entregará la carta pero se negó y no sé por qué. – contó intrigado provocando cierta alarma en la pelirroja que por suerte el pelirrojo no notó.
-Qué extraño – susurró la castaña abandonando el estudio seguida de Ron – Debe ser del hospital.
-Tal vez – murmuro Ron – En fin, se me hace tarde, cuídate
-Tú igual – dijo Hermione observando como su esposo desaparecía por la chimenea – Sí eres tú, juró que te mató – masculló llegando a la cocina donde una lechuza café le esperaba.
Hermione
Necesito verte, es urgente.
Harry.
Un ofuscado suspiro salió de los labios de la castaña al terminar de leer la carta, mentalmente apuntó regañar duramente al moreno por haberse arriesgado de esa forma, no quería pensar que hubiese sucedido si Ron hubiera leído la carta. Sin embargo, y pese a querer regañarlo algo en su interior le decía que debía darse prisa en llegar a Hogwarts.
Un fuerte presentimiento le hizo tomar su chaqueta y dirigirse hacia la chimenea para emprender rumbo hacia Hogwarts, tal y como llevaba haciéndolo hace siete años. La idea del moreno por hacer clases le había sorprendido y solo cuando ese primer año de trabajo le vio despedirse de un pequeño alumno se dio cuenta de lo que él estaba intentando hacer. Nunca le expuso su conjetura por lo que guardo silencio, quizás el miedo a que sus teorías fueran falsas le aterraba.
A los pocos minutos el contacto de su pies con el suelo, le indico a la castaña que ya se encontraba en la oficina de Harry. Él había adaptado una pequeña chimenea a fin de trasladarse sin ningún tipo de inconvenientes y para por supuesto no molestar de forma innecesaria a la directora. Aún confundida por la carta del moreno observó la oficina desierta y solo con la pequeña lámpara de escritorio encendida.
A los pocos segundos pudo dar cuenta que sobre el escritorio se hallaba una pequeña nota escrita por Harry "Ponte la capa de invisibilidad y ve a la sala común de Gryffindor, el retrato estará abierto. Harry". Intrigada se colocó la capa sobre su cabeza y emprendió marcha hacia la sala común de Gryffindor.
En cuanto salió de la oficina del ojiverde una extraña sensación la embargo por completo. Se sintió nuevamente una estudiante quebrantando las reglas del colegio para salvar la vida de sus amigos y solo por un instante quiso poder retroceder el tiempo para de ese modo por enmendar los errores que cometió, quizás tomando decisiones de forma menos apresuradas y lo más importante, escuchando su corazón. Tal vez así estaría junto al hombre que amaba y su hija.
En pocos minutos logró llegar hasta la sala común, conocía los pasillos como la palma de su mano y sabía que atajos tomar para llegar más rápido. Temerosa hizo ingreso a la sala donde unos murmullos se hicieron presentes pero que súbitamente se silenciaron, acto que inquieto a la castaña. En cuanto ingreso pudo darse cuenta que quien había pedido silencio a los jóvenes alumnos era Harry.
-Bien, ahora que todos están reunidos y no hay ruido – comenzó el moreno pasando su mirada por todos los alumnos y solo por un breve instante se detuvo en su hija – Debo comenzar con las presentaciones. Mi nombre es Harry Potter y además de ser su profesor de defensa contra las artes oscuras, también seré su jefe de casa. Si tienen cualquier problema con algún profesor o alumno, por favor, no duden en acudir a mí – se explicó paseándose por la sala y detenerse disimuladamente al lado de su hija que permanecía en compañía de James y Alex.
Nunca han necesitado y jamás necesitarán las palabras para comunicarse, y Hermione ya no necesitaba más evidencia para convencerse de ello, solo bastó que Harry se colocase al lado de aquella niña para saber quién era realmente. La emoción la embargo y la tentación de quitarse la capa fue inmensa, sin embargo tuvo que contenerse y seguir oculta, debía hacerlo por el bien de todos, quedaba un largo camino de paciencia y debían enfrentarlo ahora más que nunca.
-¿Alguna pregunta? – Inquirió Harry intuyendo lo que estaba ocurriendo con la castaña. Sabía que hacer eso le causaría un daño enorme pero era la única forma que ella pudiese verla. Ante el silencio de los alumnos, prosiguió – Bien, entonces les voy a pedir que vayan a sus dormitorios y descansen, mañana comenzarán las clases. Recuerden que si se les sorprende rondando los pasillos, serán castigados y le restarán puntos a la nuestra casa. – añadió y se sintió un estafador ¿Cuántas veces salió a altas horas de la noche en compañía de sus amigos? Ya había perdido la cuenta. – Buenas noches.
-Buenas noches – dijeron todos.
Raudamente se encamino hacia la salida de la sala común, rogando internamente porque Hermione le siguiera. Camino en silencio hasta que sintió a alguien tomar su brazo y un peso colocarse sobre su hombro, instintivamente este inclino su cabeza para juntarla con la de Hermione y dar un largo suspiro. Juntos caminaron hacia los jardines, para ese entonces la castaña ya se había despojado de la capa y era abrazada por el ojiverde.
-Lo siento tanto – susurró Harry limpiando las rebeldes lágrimas de la castaña – No fue buena idea, no debí hacerlo.
-No. Sí fue buena idea – murmuro ella sonriendo – Parece que todo fuese un sueño. Después de tantos años… no puedo creer que este aquí.
-Yo tampoco – susurró este acariciando el rostro de la mujer que amaba – He estado en este castillo esperando por ella, hasta hoy. Te prometí que volveríamos a ver a nuestra hija, Hermione. Y hoy la volvemos a ver.
En ambos una sonrisa apareció en sus rostros, por mucho tiempo se habían aferrado a una esperanza que hoy daba sus frutos, su hija había regresado y un largo camino se debía recorrer. Lo sabían, debían esperar mucho para poder abrazarla pero podrían soportar un poco más, la agonía se hacía más soportable sabiendo que ella estaba cerca de ellos.
Acortando distancia se besaron con nunca antes lo habían hecho, sintiendo que aquel sentimiento que había estado contenido por once años, a raíz del alejamiento de su hija, volvía a sus cuerpos de forma vertiginosa, la libertad que sentían por poder expresar cuanto se amaban recorría todo su cuerpo. Harry sujeto a Hermione por la cintura y sonriendo en medio del beso la levantó de suelo para hacerla girar junto a él, las risas de ambos inundaron el silencio jardín pero estaban solos, simplemente disfrutando de aquel momento tan esperado y especial para ellos.
A pesar de la felicidad existente sabían que aquel avance en sus vidas significaba una serie de situaciones que poco a poco debían solucionar si deseaban recuperar a su hija y su vida misma, aquello recién estaba comenzando y debían permanecer juntos para afrontar los próximos desafíos que dejaría en el camino a más de algún herido en el camino.
Una ligera llovizna les mojó pero aquello poco les importaba y continuaron besando bajo la lluvia, dejando de lado los miedos y por un instante volver a sentirse simples adolescentes.
-Ahora puedo entender porque abandonaste el ministerio – acusó Hermione sin soltarse del cuello del moreno, gesto a este último poco le incomodaba – Tú anuncio aquel día fue demasiado abrupto – comentó.
-Si lo sé – susurró él cubriendo a Hermione con su túnica puesto que la lluvia se hacía más insistente – Esos años en la academia no fueron fáciles, tuve suerte de tener conocimientos en el área de la defensa y eso. Luego se dio la oportunidad de trabajar aquí y por supuesto no lo rechace. – sonrió comenzando a caminar de regreso hacia su oficina, estaban empapados y debían secarse antes de agarrar un resfrío de aquellos – Estos años me he mantenido a la espera de ella.
-Hace cuánto sabías que ella estaría aquí – indagó Hermione con curiosidad – Muchos años.
-No – negó él tranquilamente – Muchas veces quise indagar por mi cuenta sobre su paradero y eso pero nunca me atreví a hacerlo. Es más, temía porque quizás no hubiese subido al tren, la profesora Mcgonagall me lo confirmó su presencia apenas unos minutos de la ceremonia de selección. – confesó captando la mirada intrigada de Hermione
-¿Cómo lo hizo? – Preguntó Hermione a pocos metros de la oficina del ojiverde.
-Ante de las vacaciones casi un mes – comenzó el moreno abriendo la puerta de su oficina dejando ingresar primero a Hermione y seguido de él. – Comencé a interesarme por la nómina de nuevos alumnos para este año escolar. Minerva se percató de aquel interés – confesó al tiempo que de un sencillo movimiento de varita secaba la ropa de ambos y hacía aparecer una toalla – Técnicamente me mantuvo en interrogatorio por varios minutos hasta que… tuve que decirle la verdad – observó a la castaña asentir en silencio y continuo – No tenía muchas opciones para contarle la verdad, después de todo… ella no se encontraba en la nómina de ingresantes. De mucho insistir, accedió a buscarla, le proporcione algunos datos y ella se hizo cargo del resto.
-Ya veo – murmuró ella sentándose en el sofá que poseía el moreno en su oficina – Entonces, Minerva lo sabe todo. – observando a Harry con una ceja levantada
-No todo – sonrió él levemente – Sí le hubiese confesado lo otro quizás me hubiese echado del castillo, estaba bastante molesta con lo ocurrido pero logró entenderlo. – contó
-Y qué paso luego de esa conversación – inquirió Hermione de nuevo. Intentando armar una secuencia de acontecimientos coherente y con sentido
-Con ayuda de los pocos datos que le facilite y otros medios comenzó a buscarla – relató el ojiverde – Aparentemente fue rápido y sencillo, puesto que el último día de clases me comunico que la había localizado y que durante ese verano haría contacto con ella y su familia. Quise ir pero se negó rotundamente, temía que pudiese cometer alguna imprudencia y delatarme o incluso llegar a asustar a Helena. Tuve seguir sus órdenes y no interferir en ese encuentro.
-Comprendo porqué estuviste tan intranquilo este verano – comentó la castaña recordando el estado de alerta permanente que sostuvo el moreno - ¿Cómo es su familia? ¿Sabes algo?
-Sus padres son personas de edad – contó este – y hasta donde sé Helena sabe que es adoptada, hace poco sus padres se lo confirmaron puesto que ella ya lo sospechaba.
-Debe intuir que sus padres biológicos se encuentran en este mundo – susurró Hermione haciéndole espacio al ojiverde para sentarse a su lado.
-Así es. – Afirmó él en apenas un suspiro.
El silencio invadió la oficina sumergiéndoles en sus propios pensamientos, aquel día les había generado una gran cantidad de emociones que aún no lo lograban procesar, aquel sería el primer día de varias situaciones límites. Desde ahora sus respectivos matrimonios habían quedado en definitiva en un segundo plano donde la única unión con sus parejas solo se limitaba a sus hijos y nada más.
Mientras tanto y de vuelta en la sala común de Gryffindor y a pesar de que ya tenía que irse a dormir, James Potter permanecía despierto sobre el sofá leyendo un libro que su tía Hermione le había regalado la navidad pasada "Historia de Hogwarts", su título y hasta la fecha ya lo había leído más de diez de veces.
Cerró el libro frustrado al no poder concentrarse en la lectura de este, aquel día había le había resultado extenuante y extraño. Si bien conocía el mundo mágico y había crecido en el disfrutando de sus criaturas y costumbres, sentía que aquello no le era suficiente para enfrentar aquel mundo sintiéndose inseguro ante su propia magia. Muy pocas veces había realizado magia involuntaria y el apoyo de su padre en cuantos hechizos y encantamiento casi no existía, siempre argumentándole "Aún no es el momento".
Y aquel momento había llegado, al fin podría hacer magia sin temor a algún reproche de su padre por muy profesor de defensa que fuese. Iba a subir a su habitación cuando escuchó a alguien bajar las escaleras provenientes de la habitación de las chicas.
-Tampoco puedes dormir – afirmó él observando a su compañera, Helena Dawson - ¿Estás nerviosa?
-Un poco – murmuro ella acercándose hasta el sofá donde minutos antes había estado James – Nada fuera de lo normal. Es solo que me inquieta no saber demasiado de este mundo, es extraño.
-Ya veo – dijo James pensativo sintiéndose avergonzado. Helena provenía de padres muggles y su conocimiento acerca de la magia era escasa y más cuando hace un par de semanas había descubierto su naturaleza, él no tenía por qué sentirse incómodo ante es situación. – Debes estar tranquila, ninguno de nosotros sabe demasiado, aun proviniendo de padres magos. En mi caso sé poco de hechizos y encantamientos.
-¿En serio? – Le miró la niña curiosa – Creía que sí, tú padre es el jefe de casa. – recordando al profesor que hace un par de horas le había dado la bienvenida.
-Sí, lo es – sonrió este pensativo – Siempre ha sido renuente a enseñarme hechizos y ese tipo de cosas, siempre argumenta que soy muy pequeño y que todo eso lo aprenderé aquí. Sin embargo mi primo Alex ya ha hecho magia y sabe muchas cosas.
-Entiendo – susurró Helena – De todas formas, espero adaptarme lo antes posible a este mundo.
-Lo harás, estoy seguro – le ánimo el niño sonriéndole. Sujeto su libro y se lo extendió a su compañera – Te lo prestó, Fue un regalo de la madre de Alex en navidad, estoy seguro que ahora te servirá más a ti que a mí. – aseguró él. Helena indecisa lo tomó entre sus manos para luego leerle la portada "Historia de Hogwarts".
-Gracias – susurró Helena devolviéndole la sonrisa a su compañero
-De nada – dijo – Será mejor irme a dormir. Buenas noches Helena.
-Buenas noches, James
Observó a su compañero subir lentamente las escaleras de los chicos para luego comenzar a hojear el libro que poseía en sus manos, segura que aquel libro le ayudaría a entender en algo aquel extraño mundo en el cual se encontraba.
Y es que su vida había dado un giro de 180 grados en tan solo un par de semanas donde una noche una extraña mujer, que ahora reconocía como la directora del colegio, tocaría su puerta para decirle a ella y a sus padres que pertenecía al mundo de la magia y que ella era una bruja. La confusión la embargó y no quiso creerle solo hasta que la directora les hizo una demostración que les dejó con la boca abierta: Ver una mesa flotar, quemarse y volver a construirse, convencía al más escéptico y ella se convenció.
Desde aquel día se había preparado para ese día y en cuanto atravesó aquella pared entre los andenes 9 y 10, toda preparación mental se había esfumado. Aquel era un mundo diferente e intrigante, no lograba entender porque existía un mundo paralelo al mundo real. Por largos minutos se quedó observando el majestuoso tren escarlata que se presentaba ante ella, se llegó a preguntar si acaso estaba soñando o si realmente aquello era verdad. El fuerte silbido del tren le afirmó que eso era cierto y cargando sus cosas se introdujo al interior del tren.
Allí conoció a sus compañeros con quien compartió el viaje y la posterior cena, James Potter y Alex Weasley, dos hijos de padres magos que irían en primer año como ella. Hablaron durante todo el viaje y entraron junto a ese inmenso comedor repleto de estudiantes.
Sintió pavor al verse ante aquel viejo sombrero, no tenía le menor de lo que significa ser bruja y mucho menos sabía a ciencia cierta que haría ese sombrero para seleccionarla a una de las mesas. Por suerte la selección de sus amigos le tranquilizó y pudo sentarse. Ahora debía enfrentarse a las clases y ese nuevo mundo que se abría, conocerlo y aprender de el no importando cuando cueste hacerlo.
Más tranquila decidió subir de vuelta a su habitación, leería el libro e intentaría comprenderlo lo más que podía, si iba a vivir en aquel mundo debía adaptarse lo antes posible. Más aún cuando tenía más por conocer que la historia del mágico sino también su propia historia y origen.
Ya pasaban de la medianoche y Harry y Hermione permanecían abrazados en el sofá, cada uno rememorando cada fracción de segundos que estuvieron cerca de su hija, les parecía un sueño que después de tantos años su pequeña hija estuviese en aquel castillo a pocos metros de ellos.
-¿Qué sucederá ahora? – Preguntó Hermione haciendo contacto visual con Harry – Según me has contado, James, Alex y Helena han hecho amistad.
-No quiero pronosticar nada, Hermione – habló él calmadamente – Por lo pronto, intentaré acercarme a Helena para ganar su confianza. Debe sentirse confundida ante este mundo tan extraño para ella. Espero ganar confianza
-Sé que lo harás – susurró ella acercándose al moreno para besarle en los labios – Confió en ti. – sonrió.
El tiempo ya no existía y les era indiferente, lo único que les importaba en aquel momento era vivir al fin aquel amor que durante los años se había mantenido intacto, creciendo silenciosamente por medio de los días. Desde ahora en adelante se avecinaban obstáculos que estaban dispuestos a frotar y no eludir con cobardía como sucedió hace once años, conscientes que aquello causaría un dolor inmenso a personas con quienes compartieron muchos años.
Pero si querían vivir una vida juntos debían hablar sin pensar demasiado en la consecuencias de lo contrario nunca podrán desvelar lo que han ocultado hace tanto tiempo. Sabían que la verdad se impondrá de alguna u otra forma, jamás han intentado tapar el solo con un dedo y no comenzarían haciéndolo ahora.
Primer día de clases ya comenzaba y todos los alumnos desayunaban en el gran comedor mientras revisaban el horario de clases, sobre todo los alumnos de primer año donde su primera clase del día sería Transformaciones a cargo de la directora Minerva Mcgonagall. A pesar de sus obligaciones en torno al colegio no dejaba la docencia en ningún momento, la estricta profesora no había encontrado a nadie lo suficientemente apto para ocupar aquel puesto.
Por supuesto la personalidad estricta y disciplinaria se había extendido en rumores que los pequeños niños ya estaban al tanto, y sus miradas nerviosas se extendían por las cuatro casas.
Por su parte Harry se había saltado el desayuno y se encontraba en su oficina organizando los últimos detalles para lo que sería su primera clase con los alumnos de último curso, le resultaba nostálgico aquel año considerando que aquel curso sería siempre el primero con cual ingreso a Hogwarts. Aunque le embargaba una especial emoción, por su mente no dejaban de estar Hermione y su hija.
-Adelante – habló él al escuchar que llamaban a su puerta. De reojo pudo percatarse que la profesora Mcgonagall ingresaba a la oficina – Buenos días, pensé que estaría en el comedor desayunando.
-De allí vengo – contó Minerva mirando al moreno fijamente – Debo deducir que Hermione estuvo aquí anoche – afirmó a lo que Harry asintió en silencio – Ya te he dicho que busques otro lugar para sus encuentros. No quiero ver al colegio en los escándalos amorosos del profeta, Harry.
-No fue un encuentro amoroso – repuso Harry ligeramente avergonzado. Ni en un millón de años se imaginó discutir ese tipo de temas con la directora del colegio – Necesitaba que supiera de la existencia de Helena y no podía hacerlo por medio de una carta. Además, desea hablar con usted quizás hoy me confirme el día.
-Bien – murmuro la directora – Por ahora debo retirarme, debo iniciar mis clases.
-Minerva – le llamó Harry antes que la profesora saliera de la oficina – No seas tan dura con ellos. – Le miró refiriéndose a su hijo y sobrino, aquel par siempre causaba problemas donde quiera que estuviesen.
-Depende, Harry – dijo – Tú sabes que si causan problemas, tendrán consecuencias
Con cierta resignación termino de ordenar sus cosas y se encamino hacia su sala donde su primera clase daría inicio en pocos minutos, debía concentrarse en dar una buena clase después de todo ya había esperado once años, podría esperar hasta el mediodía. Convencido de aquel pensamiento ingreso al aula.
Sin embargo y a pesar de su voluntad por permanecer concentrado solo duró unos pocos minutos, su distracción se volvió evidente para todos: Confundió horarios, contenidos, nombres, hechizos y hasta movimientos de varitas. Eso sin contar con que su última clase de la mañana termino con un golpe en la cabeza por no repeler el ataque de un estudiante. Aún mareado pidió disculpas por el descuido y dio termino a la clase ante de que él terminará en la enfermería hecho pedazos.
-Seguro que no quiere que lo lleve a la enfermería – Preguntó por tercera vez uno de sus alumnos. Marcus Alonso cursaba séptimo año en Gryffindor y se había quedado a ayudar a su profesor – Ese golpe se ve muy feo – Comentó preocupado al ver que la sangre comenzaba a acumularse nuevamente en el costado derecho del rostro del profesor.
-Estoy bien – Le aseguró el moreno organizando su maletín – No es nada grave.
-Sucedió algo especial – Comentó el muchacho – profesor, lo conozco – susurró – confundió un hechizo, escribió el programa de estudio de quinto año y por poco le vuelvan la cabeza. No me mire así – sonrió él al notar que su profesor de defensa iba a protestar – Todos nos dimos cuenta de su distracción solo con la diferente que puedo deducir a que se debe su sonrisa.
-Marcus – Le observó el moreno sonriendo. El muchacho era alto, contextura atlética, cabello y ojos castaños – No puedo decírtelo, es complicado – explicó. Desde el primer año que ambos mantenían un trato cercano y buena comunicación y fue durante el año pasado cuando mediante un descuido del ojiverde, les descubrió a él y Hermione besándose en la oficina. Aquello motivo que Harry contase solo una parte de la verdad al castaño que prometió no mencionar lo ocurrido con nadie. – Una historia que quizás algún día pueda contarte.
-Lo entiendo – asintió este sonriendo – pero aquello no quita que no pueda curarse esa herida.
-Sí, tienes razón – suspiro y usando un hechizo hizo aliviar aquella herida
-Bien – rió Marcus – Me voy al comedor, nos vemos.
-Nos vemos.
Aun ligeramente mareado terminó de ordenar sus pergaminos y se dirigió hacia el gran comedor a pesar de no tener demasiada hambre pero necesitaba averiguar cómo había resultado la clase de transformaciones. En cuanto ingreso paso a tomar asiento al lado de la directora, está curiosa le observó y el moreno supo que su aspecto debía sorprender a cualquiera que le viese.
-No haga comentarios – Repuso Harry tomando un largo sorbo de su jugo de calabaza - No tuve buena mañana
-Ya veo – habló Minerva sin dejar de observarle – Deberías verte en un espejo, tienes una herida en la cabeza, luces cansado y mareado. Sí, definitivamente has tenido no has tenido una buena mañana – comentó – Si parece que acabas de salir de un duelo con un ejército.
-Estoy bien – susurro mirando fijamente su plato – es solo que, estoy algo distraído y ansioso por la tarde de esta tarde. Recuerda que mi hija, está allí – señalando discretamente la mesa de Gryffindor – Es frustrante tenerla tan cerca y no poder decirle que soy su padre.
-Debes tener paciencia – recomendó Minerva desviando la mirada del morena hacia la mesa de los leones –Por el momento, es lo único que puedes hacer. Si te precipitas, podrías causarle un daño enorme y lo sabes. No quiero regañarte ni mucho menos pero esta situación pudo haberse evitado – comentó percatándose de la mueca de disgusto del ojiverde – Sabes que es verdad.
-Minerva – Resopló este revolviéndose el cabello – No me restriegues los errores que he cometido, soy plenamente consciente que no supe enfrentar las cosas con madurez y que tal vez merezca todo el odio de mi hija cuándo se enteré que soy su padre
-Oye no te precipites – le miró Minerva preocupada – sé que cometieron errores y ahora Hermione y tú deben subsanarlos, la verdad es el único medio que poseen y además deberán enfrentar otras complicaciones que no podrán seguir ocultando.
-Lo sé – suspiro Harry para seguidamente probar un bocado y despedirse de la profesora – Es hora. Debo irme. – anunció incorporándose de su silla.
-Cuidado – dijo ella a modo de despedida.
Raudo camino hacia el aula donde la clase de defensa contra las artes oscuras sería impartida en breves minutos, todos sus sentidos estaban enfocados hacia ese momento que había esperado por tantos años, tendría la oportunidad de interactuar con su hija y poder acercarse a ella poco a poco. A pesar que su paciencia sería puesta a prueba cada día y noche.
Impaciente comenzó a observar que poco a poco su salón iban sentándose los alumnos de Gryffindor y Slytherin visiblemente asustados y temerosos. Ante eso, solo cansado suspiro salió de los labios del moreno: había ocurrido nuevamente. Ya casi se había transformado en una tradición al interior del curso que los alumnos de último curso hicieran correr el rumor que quién impartía la clase de defensa contra las artes oscuras se trataba de nada más y nada menos que el Salvador del mundo mágico, apelativo que el moreno odiada, y que hacía sentir a los pobre niños que aquel curso sería lo bastante exigente como para no aprobarlo.
Ligeramente se apoyó en sobre su escritorio a la espera que todos sus alumnos hubiesen ingresado al aula. Y en cuanto el último alumno ingreso dio inicio a su clase, esperando que el nerviosismo existente se disipara con el transcurso de los minutos.
-Buenas tardes – Saludo él comenzando a caminar entre los pupitres con cierta calma – Antes de comenzar a explicarle en qué consistirá el curso, hay ciertos puntos que quiero aclarar – indico mirando el suelo fijamente – Cualquier rumor o comentario expuesto por sus compañeros de último curso, es falso. No necesitan saber ningún tipo de hechizo específico para esta clase, y lo que necesiten lo aprenderán en el trascurso de las clases y de los años, estoy seguro que poco a poco sus hechizos, encantamientos, habilidades y conocimientos irán mejorando – Se explicó notando un ligero relajamiento de la clase que incluso a él mismo le hizo calmar sus nervios. Más confiado se encamino hacia el pizarrón y con un ligero movimiento de varita hizo aparecer los contenidos – Pueden comenzar a copiar los contenidos que veremos durante el año – habló para luego volver a apoyarse en su escritorio.
El silencio inmundo el salón y el nerviosismo del moreno aumento al comenzar a revisar el salón en busca de su hija, quien se hallaba sentada en el penúltimo asiento en compañía de Alex mientras que su hijo James se hallaba junto Rob Malfoy. Evidentemente, ambos niños se les veían incómodos y disimulando una sonrisa, volvió a hablar.
-El primer mes será teórico – continuo Harry hablando hacia toda la clase – Revisaremos hechizos y encantamientos además de otros temas de interés para luego comenzar con la práctica. Les recomiendo que ahora elijan una pareja para que realicen los distintos ejercicios que iré dejando durante las clases.
Se cruzó de brazos sobre el escritorio mientras típicos murmullos comenzaban a escucharse, la opción de los alumnos de primer año, y la general, simplemente se remetía a hacer pareja con su compañero de asiento a raíz que no conocían a nadie o bien solo por gusto. Aunque estaba demás decir que la atención del moreno estaba centrada en su hija que murmuraba junto a James y Alex.
Por un instante los recuerdos volvieron a inundar la mente de Harry, ya que muchas veces se vio metido en aquel embrollo de buscar pareja para un trabajo y que por lo general siempre se veía obligado a ceder ante su mejor amigo por la compañía de Hermione. En aquel entonces el título de "Novio" sonaba más fuerte que el "Mejor amigo". El movimiento de una silla le hizo salir de sus cavilaciones y percatarse que Alex se trasladaba junto a James y Rob junto a Helena.
-"Demonios" – Pensó el moreno con cierta preocupación. Su ego Gryffindor comenzaba a salir a flote - ¿Alguna pregunta?
-Las parejas se mantendrán por todo el año – habló el joven Malfoy a quien se veía visiblemente cómodo junto a Helena
-Así es – respondió Harry con claras intenciones de arrepentirse de su afirmación al evidenciar cierto ánimo del Slytherin. Más se mantuvo firme – "Malditas metodologías de trabajo" – se dijo – Lo recomendable es confiar en su compañero y apoyarse. Y por ser la primera clase les dejaré en libertad – anunció sonriendo – no olviden llegar temprano.
Con disimulo observó a su hija ordenar sus cosas mientras hablaba con Rob Malfoy. Quizás fue su instinto de padre pero deseo con todas sus fuerzas poder escuchar su conversación, sin embargo el acercamiento de su hijo le obligó a desviar la mirada fingiendo revisar unos pergaminos.
-¿Cómo va su primer día? – Menciono Harry fingiendo ordenar su escritorio sin perder visión de su hija y Malfoy
-Agotador – suspiró James colgándose la mochila al hombro – Sobre todo por la profesora Mcgonagall, nunca pensé que sería tan estricta con nosotros.
-Deberán acostumbrase – sonrió Harry sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho al percatarse que su hija se acercaba hacia ellos después de despedirse de Malfoy – Siempre es así pero es una gran profesora – susurró desviando a propósito su mirada hacia Helena para que ambos niños se dieran cuenta de su presencia
-Oh! Papá – habló James dando un paso hacia atrás y acercar a Helena – Te presento a nuestra amiga Helena Dawson, la conocimos en el tren.
-Mucho gusto, señor – habló ella con timidez.
-El gusto es mío – sonrió el moreno. Casi sin aliento pudo evidenciar la obviedad de los ojos de su hija; Verde. Tuvo suerte que su cerebro recordarse como respirar porque él no. – Recuerdo que Alex estaba a tu lado.
-Sí pero…
-James y Rob discutían – comentó Alex recibiendo un codazo de su amigo – y bueno, Rob quiso cambiar asiento y acepté.
-Ya veo – Susurró el moreno pensando que las cosas se estaban complicando más de lo que él imagino. Debía ser cauteloso si quería acercarse a su hija – Bien, debo trabajar – recogiendo unos libros – disfruten del resto de la tarde, nos vemos mañana.
Observó al pequeño trío abandonar el aula y seguidamente él hacer lo mismo para llegar hacia su oficina aún mareado por aquella situación tan irreal. Si bien existía cierta posibilidad que James y Alex hicieran buenas migas con su hija, nunca lo considero realmente y al parecer alguien en aquel basto cielo no deseaba ponerle las cosas fáciles.
En cuanto llegó hacia su oficina dejó sus libros a un lado y sentó detrás de su escritorio frustrado, pensó que la amistad de ese trío le haría las cosas más fáciles pero se había equivocado rotundamente, ni el mismo sabía a ciencia cierta cómo actuar frente a ella.
-Soy patético – susurró con los ojos cerrados mientras se daba ligeros golpecitos en la cabeza contra la madera del escritorio – es mi hija y no puedo dirigirle más de dos frases coherentes. ¿Cómo puedo acercarse a ella sin que sea sospechoso? No quiero verme como un acosador de niñas. Minerva me mataría y Hermione dejaría de hablarme. Quizás me esfuerzo demasiado en pensar una solución – se dijo apoyándose en respaldo de la silla y mirar el techo de su oficina – Poco puedo hacer cuando tengo que preparar mis clases, maldición – masculló incorporándose de la silla para luego salir de allí, está vez rumbo a la biblioteca.
-Papá – le llamaron desde atrás. Su hijo se acercaba con un sobre entre sus manos – Mamá me escribió ayer por la noche, te envió esta carta – entregándosela – Se va por unos días donde la abuela, supongo que dice lo mismo – acusó observando la carta que ahora descansaba en manos de su padre.
-Sí, tal vez – susurro este guardándose la carta en su túnica – la leeré después tengo muchas cosas que hacer.
-Si te entiendo – dijo el niño en un gesto cansado – te dejo, voy a jugar una partida de ajedrez con Alex.
-Bien, suerte – sonrió reprimiendo sus deseos por saber si Helena estaría allí.
Con cierta resignación continuo con su camino hacia la biblioteca donde procuró ingresar en silencio, si bien la señora Prince se mostraba estricta y que por ahora no se encontraba por problemas de salud, la señora Baer era aún peor, no teniendo consideración ni por asomo con los profesores y ante eso Harry prefirió saludarle solo con un gesto para después dirigirse raudo hacia la sección de defensa. Para su suerte la sección estaba lo suficientemente alejada para que cualquier golpe provocará literalmente la cólera de la bibliotecaria.
Ingreso por el pasillo y camino entre los estantes revisando cada título de libro, buscando el indicado, aunque aquel recorrido lo hacía más por costumbre que por cualquier otra cosa, ya que sabía perfectamente el libro que usualmente utilizaba para alumnos de primer año se hallaba en lo más alto del segundo estante.
Solo un hechizo le bastó para que el libro en cuestión levitará y como era costumbre lo soltó esperando a que este cayera entre sus manos, sin embargo los reflejos de jugador de Quidditch le traicionaron provocando que el caprichoso libro escapará hacia el pasillo principal en un sordo sonido que el moreno rezó internamente porque la encargará no escuchará aquel alboroto.
-Hoy no es mi día – murmuro agachándose molesto para recoger el libro. En cuando se irguió pudo darse cuenta de que no estaba solo. Sentada a unos pocos metros se encontraba su hija quien aparentemente se había distraído a causa del alboroto que él había armado – Lo siento – Se disculpó avergonzado. Indeciso camino hasta quedar frente a ella – No quise molestar.
-No se preocupe, profesor – sonrió ella dejando a un lado el libro que estaba leyendo. Curioso, Harry pudo observar el título de cada uno de los libros que se hallaban esparcido por la mesa - ¿Por qué lees estos libros? Son muy avanzados – Volviendo a leer los títulos de libros que él mismo había usado para sexto y séptimo año.
-Es difícil de explicar – habló ella con cierta inseguridad que Harry captó. E intentando iniciar una conversación el moreno tomo asiento frente a ella y sonreírle amigablemente – Usted no lo sabe pero mis padres no son magos, es decir, serían lo que ustedes llaman muggle. Bueno, yo sería…
-Hija de padres muggle, sigue – confió Harry sin mostrar sorpresa ni desconcierto, se dio cuenta que aquel temor reflejado en su hija era igual al expresado un día por Hermione. Madre e hija – No tengas miedo, te escuchó – ánimo.
-Gracias – sonrió Helena provocando que el moreno sintiera algo cálido recorrer su pecho – es incómodo, este mundo es completamente nuevo para mí, no conozco su historia, sus reglas, ni siquiera sé cómo usar mi varita. Temo no saber lo suficiente.
-Y es por ello quieres leer y aprender cuanto puedas – menciono echándole un vistazo a la mesa llena de libros. Helena asintió avergonzada – Puedo entenderte…
-Usted vivió con sus tíos hasta los once años, lo sé – interrumpió Helena enseñándole a Harry un libro. El ojiverde sorprendido solo pudo limitarse a sonreír con nostalgia – Historia de Hogwarts, James me lo prestó y leí su historia. – confesó avergonzada.
-Entiendo – susurró él sintiendo que la comunicación con su hija no sería un problema. – Es cierto, viví con mis tíos hasta los once años y hasta ese entonces la magia solo podía atribuirla a la ciencia ficción o sueños. Cuando ingrese a este colegio tenía pavor ante este nuevo mundo, tenía sus propias leyes, costumbres, historia y eso lo desconocía por completo. La ayuda de mis amigos logró que pudiese tomar confianza, eso sumado al tiempo. – Hizo una pausa y continuo – Debes tener paciencia, pasada algunas semanas te sentirás más cómoda y comprenderás cosas que hasta el momento son muy extrañas – sonrió – Y sobre tu magia solo debes confiar en ti misma y practicar mucho, no debes forzar nada.
-Y ahora sabe todo sobre el mundo mágico – Preguntó Helena con curiosidad.
-Diría que suficiente – Confesó Harry – Siempre quedan cosas por aprender, solo ten paciencia. Si necesitas ayuda puedes acudir a James o Alex y si no puedes contar conmigo.
-Muchas gracias – dijo ella – Solo deseo adaptarme rápido
-Lo harás – Aseguró Harry deseando poder abrazar a su hija – Historia de Hogwarts es un buen comienzo. Fue un regalo de navidad de mi mejor amiga a James, es hija de padres muggles y déjame decirte que es una de las mejores brujas que he conocido, la mejor de nuestra generación. Mi madre también fue hija de padres muggles, nuestra procedencia no decide que cuan buenos somos.
-Señor Potter – hablaron. El profesor de defensa se giró encontrándose con la encargada de la biblioteca con cara de pocos amigos – No crea que no escuche caer ese libro.
-Fue un accidente – se disculpó este – no volverá a ocurrir, se lo prometo.
-Eso espero – le observó con detenimiento – procuré colocar esos libros en su lugar y en silencio.
-Por supuesto – asintió Harry observando como la señora Baer volvía a sus labores. Suspiro – Es mejor no contra decirle – comentó apilando los libros para llevárselos, acción que Helena imitó – Te recomiendo que comiences con un poco de historia – habló colocando libros en las estanterías – en cuanto a hechizos y encantamientos, por el momento es mejor limitarse a las clases, si intentas magia avanzada podrías lastimarte – expresó con cierta preocupación
-De acuerdo – dijo ella colocando el último libro en su sitio – Tengo que volver a la sala común, James y Alex deben estar allí.
-Bien, hasta mañana – se despidió Harry mientras veía a su hija desaparecer entre los estantes.
Con impaciencia se restregó la cara con sus manos sintiendo como su corazón latía con fuerza, no terminaba de creer que había estado hablando con su hija. Conociéndola un poco más, sintiendo por primera vez en el día que había podido acercársele sin temores.
Y con renovadas energías el moreno salió de la biblioteca, por ese día su trabajo había terminado y necesitaba distraerse un poco.
Continuará…
Lo sé, lo sé… puedo imaginar las muecas de interrogación pero les aseguro que todo tiene una respuesta, respuestas que poco a poco se irán desvelando en los próximos capítulos. Espero que sigan leyendo las actualizaciones, intentaré ser lo suficientemente regular.
Para quienes siguen Amor Verdadero. Estoy en receso… siento que se ha desvirtuado demasiado la historia y necesito darle un giro que me permita retomar el rumbo de está. Lo que pueda salir de ello… UF! Quién sabe, puede ocurrir cualquier cosa.
En fin, espero leer sus comentarios. Cuidense mucho. Chaus!
