Los personajes de Harry Potter son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Los personajes 'nuevos' dentro del mundo mágico son originalmente míos y propiamente son producto de una mente amante del mundo que JKR nos regaló, quizás existan algunos desperfectos que procuré sean mínimos. Esto tiene un fin puramente de entretenimiento.

Capitulo 1

Madrugada

El pocionista caminaba con el ceño fruncido en gesto cansado y con paso firme a través de uno de los corredores menos concurridos del colegio Hogwarts, después de haberse trasladado de su casa hasta su despacho, se dirigía a la oficina del señor director. En el fondo sabía que si se trataba de un asunto no relevante maldeciría al hombre, era de madrugada y precisamente esa noche había podido conciliar el sueño por primera vez en la semana, las cosas no podían estar mejor pensó con ironía justo al encontrarse enfrente de la gárgola que protege la oficina. Pronunció la contraseña, espero a que esta se moviera mostrando las escaleras para ascender y así lo hizo. Ascendió por estas hasta la puerta del despacho del director, tocó recibiendo de inmediato un 'adelante' por parte de este.

—Aquí me tiene, señor director.

—Lamento haber interrumpido tus sueños, sé perfectamente lo difícil que es para ti conciliarlo pero créeme que si no fuera importante no te hubiera molestado.- Aseguró el anciano mirando fijamente a su espía quien antes de hablar contuvo una inspiración pronunciada.

—Ya estoy aquí, Albus, me gustaría por lo menos ser informado del motivo de tan persuasivo llamado.

—Claro, claro…. Verás en las primeras horas de este día, hace un par para ser precisos, hubo un ataque en el norte de Londres, muy cerca del callejón Diagon. En el ataque como es de esperarse hubo varias pérdidas entre ellas la muerte de Maurice y Alessandra Russenberg, padres de Alessa Russenberg, quien como sabes hace dos años abandonó a mitad del periodo el colegio. Lamentablemente al ser asesinados sus padres, Alessa ha quedado en la calle y como su casa fue destruida por Mortífagos no puede ser reconstruida hasta que el ministerio investigue así que me veo en la necesidad de pedirte un enorme favor.

— ¿De qué se trata?- inquirió el hombre, deseando en el fondo que no fuera lo que sospechaba.

—Necesito que vayas por ella y le des hospedaje en Spinner´s end.

— ¿Ha perdido la cabeza? ¿Mi casa? ¿Por qué no traerla a Hogwarts?-cuestionó visiblemente molesto con el ceño fruncido y cruzando los brazos.

—Porque me temo, Severus, que Hogwarts no es el mejor lugar para ella en estos momentos, ahora que está a punto de comenzar el curso, lo que necesita es estar en un lugar donde no tenga recuerdos, un lugar desconocido.

— ¿Por qué no Grimmauld Place? Le aseguro que ahí no tiene recuerdos.

—Porque no quiero que tenga contacto con un ambiente tan familiar ahora que es lo que ha perdido, sabes bien que los Weasley y el resto de la Orden prácticamente están residiendo ahí, lo que necesita es privacidad y no encuentro lugar más privado que tu casa.

—¿Es la única opción?

—Si, a menos de que cuentes como opción elegible a Bellatrix Lestrange, esposa del difunto Rodolphus Lestrange, primo en tercer grado de su madre.

Derrotado en argumentos y convencido que el viejo tendría cientos de razones más en su contra, al fin pronunció. — ¿Sigue en el lugar?

—Si, Kingsley se encuentra allí y está cuidando de ella, espera por ti.

—Veo que ya tenía todo bien planeado. Buenas noches, señor.- criticó el espía y profesor dando media vuelta, emprendiendo camino hacia la salida y entes de cruzar de esta escuchó.

—Espero noticias.

Bufó cansado. Ese hombre iba a terminar con el, ya casi terminaba con su paciencia, prefería no pensar que seguiría. Recorrió el camino por donde había llegado hasta llegar a la enorme reja, cruzarla y desaparecerse, apareciendo en el callejón Diagon, de inmediato pudo ver la Marca Tenebrosa muy cerca de ahí, la siguió y pronto estuvo en el lugar indicado. En silencio recorrió el lugar hasta que encontró a un par de aurores más continuó su paso hasta que encontró al jefe de aurores al frente de lo que se podía apreciar eran los restos de una pequeña residencia. Al verlo Kingsley dio un breve cabeceo indicando que le siguiese, se adentró en la casa y Snape le siguió sigiloso, todo estaba quemado e inservible, milagrosamente la estructura seguía en pie. Imitó los pasos del hombre moreno hasta que este se adentro a lo que parecía haber funcionado como habitación. En la esquina se encontraba un colchón tirado en el suelo sobre el se encontraba una joven de cabello cobrizo recargada en la pared con las piernas abrazadas al cuerpo, lágrimas bajaban por sus mejillas como gotas de lluvia, tarareaba algo que sonaba como una canción de cuna. Observando con atención a su lado, en el suelo descansaba una diminuta cuna, dentro un bulto que no se movía…

—Alessa, necesitas marcharte de aquí, no es seguro. El profesor Severus Snape está aquí, es quien te dará hospedaje hasta que encontremos un lugar nuevo. –indicó Kingsley

—Quand est que tout va finir, monsieur? *

—No lo sé, pero esperemos que pronto eso es lo que todo el mundo desea, sin embargo no es tan sencillo tu misma sabes que esto solo es una parte del alcance de la guerra.

—oui, je comprendre mais j'aurais voulu que rien de tout cela avait passé. **

—Nadie hubiera querido que tus padres murieran de esa forma. Ya es hora.- Sentenció acercándose lentamente a la joven quien a su vez se acercó a la cuna, abrazó el pequeño bulto pegándolo a su pecho y con cuidado y ayuda del hombre moreno, se puso en pie. Snape quien miraba la escena desde el destruido marco de la habitación pensaba en que haría con lo que parecía era el cuerpo de un bebé, sin embargo aquellos pensamientos se alejaron en el mismo momento en que se oyó un quejido, agudizó su oído y escuchó de nueva cuenta el sonido… La criatura no estaba muerta, muy viva remarcó al escuchar como esta comenzaba a llorar. Kingsley colocó una mano en el hombro de la joven quien aceptó el gesto dedicándole una sonrisa llena de tristeza al hombre de tez morena, dieron unos cuantos pasos a la par, segundos en los cuales la joven arrulló al bebé. Al estar lo suficientemente cerca de Snape este dirigió un corto cabeceo al auror y eliminó el espacio que les separaba. Antes de que la joven pudiera reaccionar Snape ya había colocado un brazo alrededor suyo, pegándola a ella y al bebé a su cuerpo desapareciéndolos a los tres, transportándolos hasta su vieja casa en Spinner´s End, al recién haber aparecido soltó a la joven de inmediato, esta perdió el equilibrio y casi cae al suelo si no hubiese sido por los excelentes reflejos del hombre a su lado. Al saberla estable la tomó del brazo para guiarla directo a un sillón en el cual prácticamente la botó, alejándose de su campo visual por más de cinco minutos.

Sin esperarlo de pronto lo tenía enfrente de ella ofreciéndole una mano, dudosa aceptó el contacto, este ayudó a ponerse en pie y la llevo hasta lo que según comprendía sería su dormitorio, le abrió la puerta, le dio un pequeño empujón para que entrara, la jalo hasta sentarla en la cama y por fin habló. —Escuche. No soy paciente, me gusta mi privacidad, odio el ruido de mocosos molestos, los alimentos se sirven tres veces al día, el baño es único en la casa, mis libros son importantes así que deseo que en todo momento se encuentren en perfecto estado, habrá ocasiones en que reciba visitas pero nadie debe notar su presencia, en todo momento te referirás a mí como señor o en su defecto como profesor, odio las impertinencias así que espero que no cometas ninguna y que quede claro, Señorita Russenberg, hago esto porque me fue requerido no porque me agrade la caridad. ¿Entendido?

—Merci, Monsieur.

—Tomaré eso como un sí. Contésteme algo ¿Por qué habla en ese idioma?

—Crecí hablando francés, quisiera que Adrien también lo aprendiera, c'est tout.

—Háblale al mocoso como se te dé la gana más no quiero escuchar que me contestes en ese idioma. ¿Comprendes?

—Parfaitement… A la perfección, Profesor.

—Tengo entendido que no quedó nada de sus pertenencias así que mañana iremos a comprar algo de ropa.

—No quiero causar más molestias, si tiene manteles que no use puedo transformarlos en ropa, solo necesitaría que me mostrara cuales.

—No digas impertinencias, niña. Iremos después del desayuno. Ahora duerme. –Ordenó el pocionista cerrando la puerta tras de sí dejando a Alessa en la cama con el pequeño Adrien en brazos.

-o-

Al quedarse sola con Adrien en aquella habitación oscura el peso de la realidad cayó finalmente sobre sus hombros. No solo acababa de convertirse en huérfana sino que también estaba sin dinero, sola con un pequeño y en una casa donde claramente no era bien recibida. Las cosas no pintaban nada bien…. Limpiando la lágrima que resbalo por su mejilla, decidió acomodarse en la cama con la criatura a su lado, abrazándolo protectoramente, comenzó a cantar una canción de cuna para el quien a pesar de estar dormido seguramente podría oírla y se sentiría tranquilo y a salvo. Cerró ojos un momento sin darse cuenta el sueño la venció, no supo nada más hasta que escuchó una voz que le pareció familiar, al abrir los ojos se atemorizó al no reconocer en donde se encontraba, se movió sin cuidado y cayó de la cama dándose un bueno golpe, rápidamente se levantó y dirigió su miraba al hombre que estaba en el marco de la puerta. —Creí haber dicho que las comidas se sirven solo tres veces al día, no es restaurante para comer a la hora que se le dé la gana. Baja y desayuna, se hace tarde.

Sin esperar alguna otra indicación calzó los zapatos que se había quitado antes de subir a la cama, arregló un poco su ropa y trenzó su cabello con infinita rapidez, al instante en que Adrien despertaba, Alessa lo tomó en brazos y calmó su llanto mientras bajaba las escaleras hasta la cocina. Una vez ahí observó como el hombre leía el periódico sentado justo enfrente de donde se encontraba un plato y una taza, al acercarse más a la mesa vio algo que aunque no tenía una excelente vista olía muy bien así que tomó asiento, comió de su plato hasta terminar y finalmente colocó al bebé para poder alimentarlo abrió su boquita y se prendió del seno de su madre hasta que estuvo satisfecho, al terminar de alimentarlo lo colocó en su hombro e hizo que eructara para eliminar toda posibilidad de cólico. Una vez hecho esto lo acomodó en su regazó donde este se puso a jugar con los listones de su vestido, mientras este se entretenía Alessa apresuró a terminar la taza de té y espero por alguna indicación.

Había escuchado los movimientos de la joven, desde que había salido de su habitación hasta cuándo había dado el último sorbo a la taza de té que le había servido, armándose de paciencia hizo el periódico a un lado y fijo sus ojos en la escena que tenía enfrente, el pequeño jugaba encantado con los cordones del vestido de la joven haciendo el escote de este más pronunciado, ella solo agarraba con extrema ternura una de las manitas del niño mientras le susurraba cosas en ese idioma, al notar su escrutinio, ella guardó silencio en espera de alguna indicación. —Ya era hora, vamos. – Dijo haciendo una señal de que le siguiera, al llegar ambos enfrente de la chimenea Snape la detuvo.- Lo que menos necesito es especulaciones ni mirones así que haz el favor de ponerte esta capa de viaje y esconder entre ella al niño.- Ordenó con desdén dándole un par de minutos para que la joven se acomodara, al concluir con lo ordenado la tomó fuertemente del brazo para adentrarles junto a él a la chimenea, una vez ahí tomo un puño considerable de polvo Flu y los soltó dirigiéndolos directo al callejón Diagon. —Conseguiremos ropa para ti y el niño en la tienda que esta al final del callejón, es menos visitada que Malkin's por lo tanto más privada. Camina.

Así fue, Alessa camino al lado del profesor en silencio hasta que llegaron a la tienda señalada, el hombre de ojos negros abrió la puerta del establecimiento para que ella pasara y la cerró al el mismo haber entrado. De inmediato la encargada le dirigió una sonrisa a la joven y una mirada de temor al profesor. —¿En qué les puedo servir?- antes de que la joven pudiera contestar el profesor respondió a la pregunta tajante. — Mi mujer y mi hijo necesitan un guardarropa nuevo, después del embarazo ya podrá imaginarse y el niño ya ha crecido demasiado. Quisiera comprar prendas útiles y prácticas, la ropa del niño debe de ser más grande que él porque no quiero volver a gastar dinero en esto el siguiente mes.

Con una mirada de incomprensión la encargada asintió a los mandatos del hombre sin embargo de inmediato dirigió una mirada interrogante a la joven quien solo atino a sonreírle y reafirmar lo que el hombre había dicho, con esto la mujer de mediana edad tomo medidas a la joven y a la criatura, preguntando los colores preferentes. —Azul, verde, café, negro, gris, morado, vino.- replicó la joven mientras recibía del profesor un gesto de sorpresa, el cual disimuló y desvió la vista para otro lado. La dueña regresaba con varios juegos de ropa para ambos….

—Confío en que las prendas tienen las medidas correctas.-señalo la joven sin saber que más comentar al ver a la tendera con claras intenciones de medirle una por una.

—Ciertamente pero aún así debo insistir en que debe probarse las prendas por si necesito hacer ajustes en cualquiera de ellas.-alegó centrada en su trabajo.

—No lo creo necesario verá…

—La señorita tiene razón debes de probarte las prendas. Ve. –Dijo en un tono natural que si Alessa no hubiera sabido que era fingido y forzado por la situación, quizás lo hubiera creído.

—Pero… -intentó discutir, refiriéndose al obvio detalle que con Adrien en brazos no podría hacerlo con hastío disfrazado Snape retiró al bebé de los brazos de la joven quien quedó irremediablemente sorprendida e intentando ocultarlo se dirigió junto con la dueña al probador. Por otro lado el profesor sostenía al pequeño realmente incomodo aunque trataba de que no se notase. Adrien por su parte desconoció los brazos que lo cargaban y comenzó a sollozar preocupado.

Sin saber muy bien que hacer intentó mecerlo en busca de que este se tranquilizara pero no funcionó, no de inmediato, al contrario el niño sollozó con mayor fuerza. Resignado comenzó a susurrarle….—Ambos sabemos que ni tu ni yo nos toleramos, tu madre está ocupada por ello estas en mis brazos, no hagas esto más difícil.- como si en verdad hubiera comprendido lo que el huraño profesor acababa de susurrarle Adrien había dejado los sollozos aún lado y lo observaba con atención como si le estudiara, pasados unos segundos se removía intentando cambiar de posición sin obtener éxito, aburrido comenzó a jugar con los botones de la levita del hombre, quien molesto escupió en un susurro. — Basta. ¿No puedes quedarte quieto?- Si había entendido, lo cual era improbable, no daba señal de querer dejar de entretenerse con los negros botones al contrario los jalaba con mayor ímpetu. —Maldigo la hora en que Dumbledore me metió en todo esto... –bufó, ahora caía una nueva responsabilidad sobre sus hombros. ¿Qué es lo que Dumbledore esperaba de él? ¿Acaso no le era suficiente el que arriesgara su vida en cada llamado del Lord y que cuidara del impertinente de Potter? Por lo visto no, ahora eres niñera de otra que además tiene paquete. En esto pensaba cuando la joven regresó tomando de entre sus brazos al niño, rozando sin notarlo el cuerpo del pocionista cuando lo tomaba con cuidado y en lo que obviamente fue un reflejo pasó sus ojos por el bebé buscando alguna anomalía, gesto que obviamente no pasó desapercibido para Snape. Sin mencionar una palabra se alejó desapareciendo varios minutos en los cuales el profesor se impacientó en demasía. Casi un segundo antes de alzar la voz para llamar a la joven esta apareció ataviada en un hermoso y sencillo vestido negro que acentuaba a la perfección su figura, en los brazos estaba el pequeño quien usaba un juego verde con negro. Si lo que deseaba era burlarse de él vistiendo al niño de esa forma….—Veo que ya terminaron, ¿Cuánto es?

—Treinta y dos galeones, veinte sickles y cinco knuts.-contestó la dependiente

—Aquí tiene,- señaló entregándole un saco lleno. —treinta y dos. Gracias por su tiempo.- pronunció Snape antes de hechizar los paquetes hasta hacerlos diminutos metiéndolos a uno de sus bolsillos, sin decir algo más abrió la puerta del local para que la joven la atravesara cosa que hizo no sin antes murmurar un 'gracias'. Al haber recorrido el mismo camino que de llegada, les desapareció y transporto de regreso a Spinner's End. -No tenía porque vestir al mocoso con esos colores.

— ¿Por qué no? No importa, si le molesta, puede darme los paquetes y lo cambiaré, profesor.

—Me importa muy poco como vistes a tu hijo, Russenberg. –Escupió indiferente sacando los paquetes de su bolsillo y se disponía a entregárselos cuando esta salió corriendo y azotó la puerta de su habitación. Sin comprender la reacción de la joven y con los paquetes de ropa en la mano se dirigió molesto a donde Alessa se encontraba, él no iba a tolerar tal comportamiento en su casa mucho menos para consigo. Al estar frente a la puerta en silencio giró la perilla con la mano desocupada y lentamente la abrió, encontrando a la muchacha sentada en la cama mirando a la nada mientras en la cama rodeado de un par de almohadas estaba el mocoso jugando con lo que seguramente la niña había transformado en un muñeco para entretenerlo. Al verlo, Adrien hizo un gestito y balbuceó algo incomprensible, rodando los ojos Snape se acercó a la joven.- La ropa.-dijo intentando llamar la atención de esta, extendiéndoles los paquetes quien los recibió sin mirarle los ojos y los puso en el lado contrario de la cama…

—Gracias.-susurró sin intenciones de decir algo más esperanzada en que su ex profesor se marchara pero no fue así al contrario después de observar al mocoso varios segundos dirigió su escrutinio a ella quien simplemente lo ignoró. Cansado de no saber qué era lo que realmente ocurría, habló con sutil ironía buscando en verdad una reacción de la joven.

—¿Cuántos meses tiene tu hijo?-preguntó viendo como dos lágrimas más seguían el camino de las anteriores

—Seis… es demasiado pequeño y ya está en medio de una guerra.- contestó con voz débil

—Eso hubieras pensado antes de traerlo al mundo. –criticó el hombre con amargura, sin saberlo había clavado una estaca en el pecho de Alessa.

—Lo sé profesor, toda la culpa es mía, él no tiene porque sufrir.-sentenció la joven mientras secaba con el dorso de su mano izquierda los surcos de lágrimas que ahí restaban. Guardando silencio a aquello que el hombre pudiera comentar. Pasados un par de minutos escuchó aquella voz firme de su ex profesor quien al parecer no pararía hasta recibir respuestas.

—El mocoso no es tu hijo ¿cierto?-acusó Snape con villanía, después de haberlo observado con bastante cuidado y la actitud de la joven le hacía estar casi seguro de su sospecha, así que sabía que ese era un punto que no debía tocar pero necesitaba saber la verdad sobre la vida de la que por el momento era su huésped, no podía dejar pasar algún detalle.

—Se equivoca profesor, Adrien es… mi hijo y le guste o no cuidaré de él lo mejor que pueda. Es lo único que tengo aún cuando…

—Aún cuando… ¿qué Russenberg? –insistió

Dando una profunda respiración aceptó que tenía que hablar tarde o temprano, después de todo no le podía mentir al hombre que le daba hospedaje, aunque fuera obligado por las circunstancias, fuese como fuese tenía un techo donde dormir, comida y ropa… —Le contaré la historia pero no volveré a hablar del tema, profesor.

—Ilústreme. –dijo para que esta continuara, más dando un gesto sarcástico al escuchar el 'no volveré a hablar del tema', si él quisiera en lugar de preguntar hubiera utilizado Legeremancia y nunca se hubiera enterado pero no, no utilizaría ese recurso, por lo menos no con algo tan soso.

—Como sabe soy hija de Maurice y Alessandra Russenberg, mi madre era prima del difunto Rodolphus Lestrange, mi linaje es puro, de hecho desde a los cuatro años fui prometida en matrimonio para Draco Malfoy, el sobrino de Bellatrix Lestrange la esposa de mi tío. Cuando me vi obligada a dejar la escuela por la enfermedad de mi madre, la atención de los Malfoy se fijo en mí y deseando dejar muy en claro el compromiso fijado años antes visitaron la que hasta ese momento era nuestra mansión para formalizar el compromiso. Draco tenía trece y yo casi dieciséis, ninguno quería pensar en algo así, al menos no tan pronto, Draco era casi un niño. No obstante se nos obligó a someternos a los trámites necesarios para ello, una semana después de esa visita regresaron y practicaron sobre nosotros hechizos determinantes con ellos sabrían si el matrimonio convendría o no. Al recibir los resultados de inmediato mi padre dejó de tener soporte dentro de los negocios que junto con Lucius Malfoy era socio, empobrecimos medianamente rápido y nos alejamos de 'nuestro' círculo porque nos convertimos en personas non gratas para los Malfoy, eso fue hace dos años.

— ¿Infértil?-cuestionó con una ceja alzada, la vida si que era irónica, una mujer tan hermosa con caderas que parecían esculpidas para dar a luz, eso sí era crueldad de parte del destino, pensó evitando una carcajada irónica, el mismo sabia de ello.

—En palabras textuales 'con una posibilidad casi nula de dar vida, mucho menos a criaturas sanas', eso reveló el hechizo.- Simplificó Alessa con resignación evitando ver directo a los ojos de su ex profesor.

—Entonces ¿el niño…?-dijo en un intento de cuestionar más a fondo pero fue interrumpido.

—Adrien es sangre de mi sangre y es la única razón que me queda para vivir.- confesó levantando al pequeño y abrazándolo protectoramente, agregó.- Los milagros existen profesor, el mío tiene nombre.

—Comprendo, no me dirás toda la verdad detrás de esto, no por ahora, pero entonces dime ¿Cómo es que sobrevivieron al ataque?-preguntó el pocionista cambiando de tema debido a que bien sabía que ya no iba a sacar más información con lo referente al mocoso, por lo menos no en ese momento.

—Desde que nos convertimos en indeseables entre los sangre pura, mi padre colocó hechizos protectores en la casa a la cual nos mudamos y de hecho se volvió un hombre algo paranoico Ya veo que tenía razón. –Resaltó haciendo una pausa.- Cuando él y mi madre escucharon los gritos provenientes de la calle supieron que varios Mortífagos estaban atacando muy cerca y era posible que llegaran hasta nuestra residencia. Antes de que yo pudiera decir algo, me lanzaron un desmaius y nos protegieron bajo cientos de hechizos, por lo menos decenas de encantamientos, todos los que pudieron antes de que los Mortífagos finalmente llegaran a la casa. Cuando desperté vi la casa toda quemada y destruida, me aterré y solo me tranquilice un poco al ver la cuna de Adrien a mi lado, pero sabía que algo verdaderamente horrible había pasado, lo cual fue más evidente cuando vi a un par de aurores caminando entre los escombros, en ese momento supe que mi mundo se venía abajo. Un par de horas más tarde llego usted y ya sabe lo que sigue de la historia.

—Diría entonces que fue una venganza.

—Quizás,-replicó pausando un momento para ordenar sus ideas e intentar explicarse mejor- pero si hubiera sido una venganza hubieran encontrado la forma de asesinarme a pesar de estar bajo encantamientos protectores. En realidad me parece que fue una cruel manera de hacerse presente, Lucius Malfoy quiso dejar claro que si yo no era de su hijo tampoco lo sería de alguien más, matando a mis padres nadie que se honre de ser sangre pura se atrevería a acercarse a mí mucho menos siendo una 'muñeca rota'.

—¿Cómo se explica que no se deshicieron del… niño?-cuestionó pronunciando con dificultad la última palabra y algo confuso por las contrariedades que escuchaba.

—Le aseguro que si hubieran sabido de su existencia lo hubieran matado también, le repito el mensaje era sencillo: no me quieren feliz. Por ello asesinaron a mis padres dejándome en claro que yo no sería de nadie. En nuestro mundo una mujer necesita el consentimiento y apoyo de sus padres para contraer matrimonio, si estos están muertos, el consentimiento de su tutor pero si este también muere o elige darle la espalda esta mujer se convierte en algo parecido a la basura. Entre los sangre puras hay reglas claras, profesor. Estoy segura que lo sabe.- comentó dejando a Adrien sentado en la cama y disponiéndose a revertir el encantamiento apuntó con su varita a los paquetes los cuales regresaron a su tamaño original, el pequeño observaba curioso lo que ocurría. Con el ceño fruncido el espía analizaba buscando algún desperfecto en todo el asunto, más allá del mensaje que alegaba la joven, Lucius quería darle, no le encontraba sentido a que hasta ese momento después de dos años este hubiera actuado.

-Estaré trabajando, no quiero ser molestado.-mencionó desapareciendo por la puerta.

-S-K-A-S-A-

Algunas veces el tiempo pasa rápido, más de lo que quisiéramos, el problema es cuando en un momento difícil este nos juega mal y corre lento…

Hasta la próxima.

Mayo, 02, 1998 - Una fecha que jamás se olvidará, no en los corazones inundados con la magia escrita por JKR.