Una mañana reluciente se presentó imponente en el horizonte mientras conducía tatareando la canción Who says de John Mayer.
No lograba entender la razón por la que me resultaba práctica mi forma de vida a pesar de vivir día a día un asesinato nuevo. Y teniendo en cuenta que estaba metida de pleno en un caso complicado, me apetecía prescindir un poco de ello, seguir escuchando la música y ver la nieve blanca deshacerse lentamente por la acera.
Hacía dos días que no pensaba en otra cosa que no fuera Castle. Era imposible concentrarse en el trabajo mientras él aparecía con su perfecta sonrisa en la mayoría de mis sueños. Pero estoy hablando de sueños que perduraban intactos durante cuatro años; impotentes, dulces, llenos de pasión. Una pasión que todavía no me había atrevido a mostrarle.
Crucé los límites de Hamighton street, haciendo una maniobra con el volante, rodeé la calle y el teléfono sonó.
Alargué la mano hacía el asiento del copiloto y alcancé el iPhone.
-Beckett.
-¿Cómo estás?
Era él, con su voz divertida. Sonreí en silencio y miré al frente con una sonrisa inborrable.
-Bien. ¿Qué quieres?
-Durante toda esta noche he estado investigando el caso de Mandy y me sorprende lo que he descubierto.
-¿Qué has descubierto?
Esperó unos segundos, como si esperara a que pasara alguien para responderme.
-Mandy tenía dos relaciones. Una de ellas a distancia.
-¿A distancia? Explícate mejor, Castle.
-Sí. Uno de los hombres con los que salía la dejó embarazada, y el otro se enteró y la mató.
-¿Cómo estás tan seguro de que es un crimen pasional? - pregunté entretanto me dirigía a comisaria manteniendo una de las manos en el volante.
-No puedo comprobarlo, lo sé.
-Lo has echo bien, no te preocupes. ¿Dónde estás?
-Estoy en comisaria, esperándote con un café sobre tu mesa.
Reí ruidosamente y ya podía alcanzar a ver el alto edificio que se hacía llamar ''comisaria'' a pesar de ser una renovación del estilo que se ha mantenido durante siglos.
-Ya voy para allá. Procura que mi café no se enfríe demasiado... - bromeé con impaciencia por pasar el rato con él.
-¿No te gusta el café frío? - suspiró -. Vaya, creía que te gustaba con hielo y ahora la he cagado.
Solté un gruñido de gata en celo para fingir que me enfadaba y colgué sin preocuparme, realmente, por el café frío. En realidad solo me importaba que me lo trajera como de costumbre.
Entré en comisaria y me percaté del estrés que se presenciaba únicamente con asomar la cabeza a algún compartimiento del recinto.
Busqué a Castle con la mirada mientras me aproximaba lentamente hacía mi mesa de escritorio habitual.
A pesar de llegar una hora tarde, esta vez no me importó tanto como de costumbre, ni me sentí mal por cargarle todo el papeleo a Castle, ya que nunca se dedicaba a ello y era yo la que se encargaba junto con mi equipo.
Los encontré a todos reunidos en una de las mesas que resguardaba solitaria en el lado sud de la comisaria. Ryan y Esposito estaban sentados escuchando las palabras que Castle iba diciendo y que yo iba escuchando mediante iba acercándome.
-Buenos días Beckett. Hoy llegas tarde... - me acusó Esposito con voz divertida.
Esposito era un detective de homicidios que se había pasado unos diez años en el ejército, resguardando las espaldas de sus compañeros, y fue así como se dió cuenta de que su verdadera vocación era resolver asesinatos.
Moreno, con ojos oscuros y buenos rasgos físicos bien detallados, le dedicó una mirada de complicidad a su compañero.
-¿Quieres que me ponga a contar cuantas has llegado tú, Espo? - le propuse alzando una ceja.
Calló repentinamente y me dispuse a observar los papeles que descansaban sobre la mesa. Eran increíbles las ganas que tenía por coger uno de esos papeles y ponerme a estudiarlo a fondo.
-¿Qué tenemos?
-Sabemos que Mandy mantenía dos relaciones paralelas – me informó Ryan, asintiendo con los labios fruncidos -. Su mejor amiga, Elisabeth Williams, nos lo ha confirmado.
-¿Dónde la habéis encontrado?
-Eran compañeras de piso y trabajaban juntas – continuó Ryan, asintiendo de nuevo.
-¿Tenéis su dirección?
-Los técnicos están de camino hacía el apartamento. De momento nos queda esperar – continuó Esposito cruzándose de brazos.
Caminé indecisa por alrededor de la mesa parcialmente vacía. Miré hacía mi izquierda y me topé con la pizarra con el nombre de la víctima, la causa de la muerte y una fotografía con el nombre adjunto de Elisabeth Williams en la parte lateral derecha, debajo del recuadro ''testificantes'' en mayúsculas, con una perfecta caligrafía.
-¿No tenemos nada más? - pregunté cuando me di la vuelta con los brazos en jarra.
-De momento, no – Ryan respondió con pesadez, como si llevara un gran peso encima -. Como ha dicho Esposito, solo tenemos que esperar.
Asentí mordiéndome el labio superior y me volví hacía la pizarra de nuevo. Analicé cuidadosamente cada detalle de la fotografía de perfil de la perforación de la cabeza.
Sin darme cuenta, me había acercado a la fotografía con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados. Tampoco me di cuenta de que estaba sola hasta que dejé de escuchar las respiraciones agitadas de mis compañeros, que habían estado trabajando hacía media hora en la mesa sin intención de molestarme.
Permanecí allí de pie durante diez minutos más, pensando que quizás Elizabeth Williams sabía más cosas sobre el caso que nosotros propiamente.
-¿Aún sigues aquí?
Me volví rápidamente ante la voz sorprendida de Castle.
-Sí, no tengo nada mejor que hacer – respondí yo, volviendo la cabeza hacía la pizarra.
-He hablado con Lanie – me dijo, y su tono de voz se volvió más apagado.
-¿Ah, si?
-Sí. Me ha dicho que quiere hablar contigo de algo.
-¿De qué? - pregunté, ligeramente intrigada. Por su tono de voz era palpable que sucedía algo.
-Ha insistido en que prefiere hablar ella personalmente contigo.
-Está bien. Luego la llamaré.
Él se quedó a mi lado, observando mis movimientos. Me preguntaba qué le preocupaba, puesto que su rostro hablaba más que cualquier excusa que pudiera darme para evitar el tema.
A los pocos minutos, apareció el capitán Gates con el rostro algo desconcertado.
El capitán Gates era una mujer, pero no le gustaba que la trataran de ''señora'' o ''capitana'' – en realidad podía llegar a quitarte un día de fiesta por nombrarla como no correspondía -. Era una digna sucesora del capitán Montgomery, que murió salvándome la vida a mi. Y está claro que me sentía culpable hasta la última parte de mi corazón.
Era morena tanto de piel como de cabello, y no medía más de un metro sesenta. Era una persona seria, estirada , pero con una gran confianza en su gente, sobretodo en mí.
-Inspectora Beckett, ¿Desde cuando lleva aquí? - preguntó poniendo los brazos en jarra.
-Desde hace tres cuartos de hora. ¿Por qué, señor?
-Me ha llamado uno de nuestros técnicos forenses, dice que ha encontrado huellas en el escenario del crimen. También me ha dicho que estaba usted de camino para allá.
-A mi nadie me ha dicho nada – respondí alzando las cejas.
-Bueno, sea la hora que sea, deben reunirse con el técnico antes de las cuatro de esta tarde, que para entonces el laboratorio tendrá el expediente finalizado y le conviene que encuentre al sospechoso antes de esta noche – me avisó alzando el dedo índice mientras hablaba.
Asentí consternada por el echo de que nadie me hubiera avisado. Quizás se hubieran despistado o simplemente olvidado.
El capitán Gates desapareció por el pasillo dejándome con una puerta abierta a nuevas esperanzas por encontrar al asesino de Mandy.
-¿Nos vamos? - preguntó Castle, ya andando por el pasillo y preguntándome esto a lo lejos.
El escenario del crimen se encontraba en un callejón iluminado durante el día y muy oscuro por la noche. Era uno de los barrios en los que se habían cometido más asesinatos, y volver allí para resolver el crimen de Mandy me recordó bastante a mi madre nuevamente.
Estaba situado detrás de los grandes almacenes de Nueva York, a dos manzanas de la orilla del río Hudson, a un kilómetro del puente Brooklyn.
Desde la acera precintada con una larga cinta amarilla, podían apreciarse los altos edificios de Manhattan.
Castle me siguió hasta la gran mancha de sangre teñida en el suelo con lentitud, casi podía apreciar el silbido del viento cuando caminaba.
Vi al forense inclinado en el escenario, a pocos metros de la mancha y anotando algo.
-Soy la inspectora Beckett. ¿Quería verme?
El hombre de unos cincuenta años se levantó con una sonrisa de medio lado y sujetó los papeles que llevaba sujetos con dos clips para que el viento no se los llevara.
-Sí. ¿Por qué llega media hora tarde, inspectora?
-Verá, me han avisado media hora tarde y nos hemos retrasado. ¿Tiene algo que pueda favorecer la investigación?
El forense asintió varias veces con la cabeza, quizás molesto con mi respuesta.
Buscó y rebuscó en los papeles y yo empezaba a inquietarme al ver que no se aclaraba.
Analicé de nuevo el escenario, imaginándome a Mandy defendiéndose como pudo del hombre que le arrebató su vida y la de su hijo.
-Qué idiota soy, aún no he tomado nota de la huella. Por cierto, me llamo Carl Walton – dijo mientras se acercaba a la esquina del lugar.
Castle y yo le seguimos hasta allí y nos arrodillemos a su lado. El doctor Walton abrió una pequeña pero potente linterna de laboratorio y enfocó una perfecta huella de tiza.
-Aquí la tienen.
-¿Es tiza? - pregunté.
-No lo sé, quizás harina, mantequilla o ha saber si no es cocaína.
Podía ser cualquiera de las cuatro opciones que habíamos propuesto.
-Para estar seguro tendría que analizar las substancias.
-Deje que antes de ello tome algunas fotos de la huella, para identificar al dueño.
Saqué mi iPhone, busqué la cámara y cuando la tuve, enfoqué la huella tanto como pude y la fotografié varias veces.
-Creo que se le ha pasado algo, doctor Walton – dijo Castle a lo lejos.
Me volví y le observé agachado detrás de un contenedor enorme.
Walton y yo caminemos acorde hacía donde se encontraba. Busqué con la mirada la razón de su demora, pero no vi nada.
-Yo no veo nada, Castle.
-Eso es porque no lo estás viendo desde el mismo ángulo que yo.
Me coloqué detrás de él, me agaché y, para mi sorpresa, vi una de las dos armas del crimen en el suelo cubierta de sangre.
-Has echo bien en no cogerla – le susurré para que el doctor Walton no me escuchara.
Él se volvió hacía mi con una sonrisa traviesa. Evité su mirada y me concentré en lo que tenía que hacer.
-Esto es imposible – soltó Walton, sacudiendo la cabeza -. El día del asesinato analizamos la zona por todos los rincones, incluido este.
-¿Está seguro de que no se olvidaron de mirar detrás del contenedor? - preguntó Castle, robándome la pregunta.
-Sobretodo detrás de ésa basura – señaló la basura y hizo una mueca de dolor -. ¡Eh, Mark! ¿Verdad que mirasteis detrás de las basuras?
Otro forense se aproximó a nosotros con el cejo fruncido. Al observar el arma abrió los ojos como platos.
-Fuí yo precisamente el que se encargó de mirar por esta zona.
-¿Lo ven?
Me quedé mirándoles por turnos. El arma homicida había aparecido repentinamente después del asesinato, por lo cual resultaba algo raro teniendo en cuenta que los técnicos habían analizado la zona a fondo.
-Hagan todo lo que puedan por sacar huellas del cuchillo – dije con la voz débil.
-Se las enviaremos en cuanto tengamos los resultados – respondió el doctor Walton lentamente.
Poco a poco, Castle y yo fuimos alejándonos del escenario del crimen y dirigiéndonos hacía mi coche.
Castle subió primero al coche mientras yo me despedía del doctor Walton con la mano.
Cuando entré, me topé con sus ojos clavados en mi rostro. Estaba sereno a pesar de la situación, y yo incómoda por como me miraba.
-¿Qué miras? - pregunté molesta.
-Estoy tratando de adivinar como te sientes ahora.
-Si dejas de mirarme te lo agradeceré – respondí y arranqué el coche.
-¿Dónde has estado estos tres días?
Miré al frente, sin ánimo de hablar, sólo de pensar.
-Tomándome un respiro.
-¿Enserio? Creía que eras como la armada invencible o algo así.
No pude contener una risa momentánea, pero enseguida la borré de mi rostro.
-Necesitaba alejarme de este caso en concreto – le confesé con voz triste.
-Te he echado de menos.
Esta vez volví la cabeza hacía él, pero no sonreí.
En realidad yo también le había echado de menos, pero no me atrevía a admitirlo. Pensé en la última vez que nos vimos y un dolor punzante me estalló en el vientre.
-Me he olvidado de disculparme por haberme marchado sin decirte nada de tu casa.
-Estaba esperando esa disculpa.
-Castle, sabes tan bien como yo que esto no es fácil para mi. Quiero decir, no puedo mantener una relación contigo ahora...
-¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en querernos?
-No hay nada malo en ello, pero eso implica a complicar la situación y no estoy preparada.
Castle resopló ruidosamente y me sentí intensamente culpable por rechazarle.
-¿Cuánto tiempo crees que seguiré esperándote? - preguntó de repente.
El dolor se esparció impetuosamente por mi vientre. Apreté la mandíbula con fuerza.
-Eso depende de ti, no de mi.
-¿Qué es lo que realmente quieres, Kate? - preguntó con un tono de voz triste.
Le miré unos segundos sin parpadear y luego volví la vista a la carretera, sin detenerme a pensar porque tenía unas ganas inmensas de llorar.
-Lo que quiero es que me dejes en paz y que este caso se resuelva. ¿Qué es lo que quieres tú, Castle?
-Yo te quiero a ti.
Sentí un intenso deseo por acoger esas palabras, por dejar que mi corazón creyera que así debía de ser. Pero no podía permitirme el lujo de pasearme de su brazo mientras le tenía día a día trabajando en un caso. Por no hablar de los rumores que correrían por comisaria.
-¿Tienes alguna teoría acerca de la muerte de Mandy que no sea el amor? - pregunté para cambiar de tema.
-Creo que este caso gira entorno al amor – me contradijo alzando las cejas.
-Eso no esta demostrado.
-¡Claro que sí! - exclamó -. Tenemos a la mejor amiga de Mandy, ella es la única que puede testificar esa teoría.
-¿Acaso sabemos si ella no es culpable? ¿Podemos fiarnos de la palabra de ésa mujer?
-Yo confío.
-Sin coartada, no hay nadie que no sea sospechoso. Piénsalo: ¿Y si Elizabeth estaba enamorada del hombre que dejó embarazada a Mandy y optó por matarla?
-No es una mala teoría – admitió Castle.
-Por supuesto que no. Y espera a que lleguen los resultados de las huellas.
-¿Qué te apuestas a que no es la señorita Williams?
Le miré divertida por la idea de apostar. Aun que no me divertía en absoluto el caso, debía reconocer que el carácter de Castle me ayudaba a sobrellevarlo.
-Apuesta tú primero.
-¿Estás segura? Luego te arrepentirás...
Me miró alzando un dedo, con la risa de medio lado tan sexy que me ponía cuando gastaba una broma y me reía con él.
-Si Elizabeth Williams no es sospechosa dejarás que te invite a cenar a uno de los restaurantes más caros de Nueva York.
-...Y si es sospechosa tendrás que hacer mi papeleo de toda una semana – propuse yo, alzando una ceja.
-Trato echo – dijo no muy contento.
-Trato echo.
Subimos por el ascensor en silencio. Yo seguía con el ligero dolor de vientre tras su confesión, pero poco a poco iba disminuyendo mediante subíamos.
Nos aproximamos a la mesa en donde se encontraban Ryan y Esposito leyendo un informe.
Nos miraron por turnos, estaba segura de que el cansancio se reflejaba en mi rostro.
-¿Qué leéis? - preguntó Castle y se sentó en una de las sillas próxima a ellos.
-Nada – dijo Esposito y tapó la parte delantera del informe con el dorso de la mano.
-¿Cómo que nada? Mentiroso...
Castle intentó quitarle el informe, pero le golpeó con la pierna en la espinilla y lanzó un grito ahogado.
Los miré sorprendida, ¿Es que no se daban cuenta de que parecían niños de cinco años?
Decidí que continuaran haciendo el payaso, yo debía continuar dedicándome a resolver el asesinato de Mandy.
Cuando me disponía a apuntar el encuentro inesperado del arma homicida en el escenario del crimen, mi móvil sonó.
-Beckett.
-Hola Kate, soy Lanie. ¿Estás en tu casa?
-No, ¿Por qué?
-Me debes una explicación, ¿Recuerdas?
Recordé con miedo en el cuerpo el día en que Castle apareció tras estar tres meses prácticamente desaparecido. Y ahora tendría que contarle que habíamos dormido juntos.
-Sí, lo recuerdo.
-¿Podemos vernos en tu casa o prefieres que reserve una mesa en la pizzeria de siempre?
-En mi casa mejor. ¿Cuándo sales del laboratorio?
-Estoy saliendo ahora mismo. ¿Y tu?
-Yo ahora iré, necesito un respiro.
-Vale, hasta luego – y colgó sin darme tiempo a despedirme.
Miré el papeleo que reposaba intacto sobre mi mesa y luego desvié mi mirada hacía Castle.
No podía dejar el papeleo sin hacer, pero tampoco podía guardarme mis secretos en llave y tirar esta al mar sin que nadie lo supiera. Necesitaba que Lanie me diera un consejo sobre qué hacer.
Decidí no decirle nada ni a Castle ni a Ryan ni a Esposito. Sabía con certeza que ellos tres se percatarían de mi ausencia, pero podrían superarlo.
El tiempo me pareció una fábula cuando atravesé el tráfico imponente de la carretera que daba con Central Park. Era Sábado y los días de fiesta – sobretodo en fin de semana – Central Park estaba lleno de gente que pasaba allí el día o, simplemente, paseaba y daba la impresión de que lo hacían por pura publicidad personal.
Al llegar a mi apartamento, me dejé caer en la cama con los ojos cerrados y me cubrí la cara con las manos. Poco después me coloqué unos pantalones de chándal lisos y una sudadera con las letras de NYPD inscritas en el centro.
El timbre sonó cuando me disponía a sentarme en el sofá. Abrí la puerta y me topé con una Lanie con una media sonrisa, algo propio en ella, sobretodo si tenía tema de conversación para rato.
La invité a pasar ofreciéndole un vaso de vino barato que había comprado en el supermercado y ella lo aceptó sin dejar de estudiar mi rostro. Me pregunté si tenía alguna herida, un arañazo o quizás un grano, porque me miraba con el cejo fruncido, como si observara algo.
-¿Cómo estás? - preguntó pasados unos minutos.
-Si te soy sincera, no muy bien.
-El cansancio te la tiene jugada.
-La verdad es que si – di un sorbo a la copa de vino -. ¿De qué tenía que excusarme?
Dejó la copa de vino sobre la mesa y se acercó más a mi, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja.
-Haber, cuéntame que pasa entre tu y Castle – cruzó las piernas esperando mi respuesta.
Sus ojos curiosos analizaban los míos, que no tenían una fijación exacta en esos momentos.
-Desde hace tres meses nuestra relación ha cambiado – le confesé con desánimo en el tono de mi voz.
-¿Cómo que ha cambiado? ¿En qué sentido? - preguntó frunciendo el entrecejo.
-No sé, todo. Hace tres meses le eché de comisaria, ¿Recuerdas?
Asintió, esperando a que siguiera hablando.
-Pues llega hace cuatro días, afectado, como si yo tuviera la culpa de que sea un estúpido, un inmaduro y un creído.
-¿Afectado? ¿Qué le dijiste? - abrió los ojos sorprendida.
-Le dije que me agobiaba verle todo el día detrás de mi, que su presencia me hacía entorpecer en los casos y lo eché.
-Y luego empezaste a echarle de menos.
-Exacto.
Confesar aquello me dejó un mal sabor de boca. El echo de haberle echado del equipo porque me agobiaba era solo una excusa barata para no caer en sus brazos, como tanto estaba temiendo. Aunque me muriese por ello, debía contenerme.
-Kate, creo que estás muy ciega.
-¿A qué te refieres con eso? - pregunté molesta.
-Por dios, ¿No me digas que no te has dado cuenta de que Richard Castle está loquito por ti?
Ésa mirada que te echa cada vez que va detrás de ti en mi laboratorio lo dice todo, ¿Y tu no te das cuenta de que le gustas?
-Sí, lo sé desde hace un año.
-¿¡Desde hace un año!? - exclamó -. ¿Por qué no me lo dijiste?
-No puedo arriesgarme a que descubra que le mentí.
-¿Le mentiste? - parpadeó -. Haber, explícate.
-Cuando recibí el disparo, él me confesó que me quería, y cuando me recuperé me preguntó si recordaba algo. Y le dije que no.
-Eres una completa estúpida.
Sacudió la cabeza varias veces, tomó su copa y bebió todo el contenido.
-¿Y qué quieres que haga? , ¿Qué le diga que le quiero, que quiero pasar todo el resto de mi vida con él porque me parece el hombre más atractivo del mundo? Pues no, no pienso fastidiar mi carrera por mi estúpido capricho con ése escritor de pacotilla.
-¿Le llamas capricho al amor, Kate? No sabes de lo que hablas.
-Sé perfectamente de lo que estoy hablando.
-Pues entonces sabrás que Castle ha estado ahí cuando lo has necesitado, ¿Y cuando él te necesita, dónde estás tú?
Había una gran verdad en sus palabras. Una verdad que me costaba recibir, pero que con el cabo del tiempo me iría acostumbrado a convivir.
Me levanté del sofá y caminé lentamente hasta la cocina, en donde me serví una copa de vino hasta arriba y me la bebí de golpe.
-Sé que no estás bien, Kate – dijo tras un largo rato de silencio -. Se te nota en la cara que no descansas lo suficiente, que sufres demasiado, que no te diviertes...
-Hace tres días nos besamos – le confesé, completamente indiferente a lo que acababa de decirme -. Y después no me atreví a ir al trabajo por miedo a que se supiera que estoy enamorada de él.
-¿Cómo te sentirías si él finalmente se rinde y se va con otra mujer?
-Creo que tendría que volver a echarle del equipo porque no sería capaz de convivir con ello – reí sarcástica.
-Ocea que lo quieres todo para ti, pero no quieres estar con él.
-Sí quiero estar con él, pero no puedo.
-¿Dónde está escrito que Kate Beckett y Richard Castle no pueden estar juntos? Yo no he visto esa ley ni esa norma. Así que si no le confiesas que le quieres y que quieres estar con él, se te escapará y para entonces será demasiado tarde.
Me quedé mirándola como si la cosa no fuera realmente conmigo. Me sentía profundamente culpable por esperar cuatro años a confesar a Lanie que en realidad me moría por lanzarme en sus brazos, ser completamente suya, como muchas veces había soñado sin ningún tipo de rencor.
Los ojos se me humedecieron y giré la cabeza hacía la ventana para evitar que me contemplara llorar.
-¿Le quieres, verdad?
La miré de nuevo, sorprendida por su pregunta. Asentí lentamente entretanto una lágrima resbalaba por mi mejilla rápidamente.
-Ábreme tu corazón, Kate – susurró y me sujetó la mano que permanecía temblorosa sobre mi pierna.
-La primera vez que le vi... - me costó mucho recuperar la voz y tuve que coger aire fuertemente -...Era un completo estúpido, pero me gustaba. Oh, como me gustaba...estaba loca por él, pero no podía tener una relación con un hombre que se acuesta una noche con una mujer y luego ya está.
-Tu necesitas a alguien que esté a tu lado – me interrumpió frunciendo los labios.
-...Así que creí que esperar a que comprobara que realmente estaba enamorada de mi sería suficiente, pero cuando empezó a investigar el caso de mi madre todo cambió.
-¿Qué pasó?
-Empecé a ir al psicólogo de nuevo, me estaba volviendo loca – me froté la frente con la mano libre -. Por eso no puedo mantener una relación con él, porque cada vez que le veo me recuerda a...
-Kate – me interrumpió Lanie de nuevo -. Hace catorce años conocí a una adolescente que vencía sus miedos por superarse a si misma cada día. ¿Dónde está esa Kate que conocí?
La miré de nuevo. Comprendí que en sus palabras había algo más que una simple recomendación.
-¿Qué debo hacer, Lanie? - pregunté con la voz temblorosa.
-Haz lo que te pida el corazón, cariño. ¿Sabes? Cada vez que veo a un muerto sobre mi mesa de metal me pregunto: ¿Y si mañana me toca a mi? ¿Y si aprovecho el tiempo que me queda?
Asentí. Tenía razón, no podía luchar contra sus palabras.
Pensé en Castle cuando Lanie se marchó con una sonrisa en la cara y con un ''Llámame''.
Me quedé absorta mirando como la noche iba apoderándose lentamente de Nueva York.
Llevaba tres días pensando como excusarme ante Castle para que no terminara en sus brazos, pero en esos momentos solo podía pensar en ir a comisaria, confesar todos mis sentimientos.
El timbre volvió a sonar. Cuando me levanté para abrir, pensé que era Lanie, que se había olvidado de algo.
Pero era Castle, y estaba serio.
-Hola. ¿Ocurre algo? - pregunté con la voz entrecortada.
-Tenemos que hablar, Beckett.
Le invité a pasar preguntándome qué querría. No se sentó, únicamente esperó a que cerrara la puerta.
-¿De qué quieres hablar?
-He visto a Lanie marcharse.
-Sí, ha estado aquí ..¿Por qué?
Miró a los lados, ligeramente preocupado.
-Lo siento, no quería que te enteraras así.
-¿De qué estás hablando? - fruncí las cejas.
-De lo que he echo...Yo...
-¿Qué has echo, Castle?
-Tienes que dejar de investigar la muerte de tu madre – soltó de repente, con voz dura.
Le miré desconcertada con el tono de su voz. Me acerqué a él con los brazos cruzados.
-¿Cómo dices? ¿Por qué?
Seguro que se había enterado de que había estado investigando por mi cuenta durante esos tres días que había estado medio ausente en el trabajo y ahora quería echarme la bronca.
Me miró muy preocupado, algo impropio en él.
-Porque te matarán y no quiero que eso suceda.
-¿Por qué iban a matarme? - reí sarcástica -. Además, ¿Quién va ha hacerlo?
-Personas muy poderosas están apunto de decidir.
-¿Puedes hablar claro, por favor?
-Van a matarte por abrir el caso del asesinato de tu madre otra vez.
Le miré a los ojos un buen rato y luego le di la espalda con una mano en la cabeza. Él no se movió, permaneció quieto detrás de mi, respirando con agitación.
-¿Cómo sabes todo esto?
-Hace un año, cuando Montgomery murió, firmé un trato con uno de ellos. Si tu no investigabas estarías a salvo, así que utilicé información que podía perjudicar al asesino para protegerte.
-¿Quién es? - pregunté con la voz entrecortada.
-Es una sombra en un aparcamiento, una voz en el vacío.
-¿Me estás diciendo que no sabes a quién has confiado mi vida? - mi voz empezaba a temblar, pero no de miedo , si no de ira.
-Tenía que protegerte de él, Kate – se excusó con voz triste.
-¿¡Protegerme!? - me volví rabiosa hacía él -. ¡Has firmado mi vida como si fuera una niña pequeña!
-¡Lo hice porque me importas!
-¿Ah, si? - reí sarcástica.
-Sí, y si te importo lo más mínimo no sigas investigando, Kate.
-¿Por qué tendría que confiar en ti, Castle? , Díme: ¿Por qué debería confiarte mi vida?
-Porque te quiero – me confesó de nuevo y me miró directamente a los ojos.
Aparté mi mirada molesta. Aquél no era el momento para confesarme que me quería.
-¿Pones como excusa que me quieres después de traicionarme? No, Castle, conmigo no – me dirigí hacía la puerta para que se marchara.
Él me siguió con pasos silencios, y antes de que llegara, me cogió del brazo y me obligó a mirarle.
-Tienes que comprender que estás en peligro.
-¡Si estoy en peligro es por tu culpa! - me libré de su mano -. ¡Tú me empujaste de nuevo a investigar!
-Sé que la culpa es mía, por eso debía encargarme de que no investigaras de nuevo.
-Ya, claro, tu no tienes la conciencia encima de que tu madre ha muerto.
-No, pero tengo la responsabilidad de que si te sucede algo, me maten a mi también.
-¿Pero tú te das cuenta de las estupideces que estás diciendo? Esta no es una de tus novelas en las que puedes elegir el final – solté con frialdad.
Castle me miró con tristeza. Sus ojos azules se apagaron y se posaron sobre la puerta cerrada detrás de mi.
-Te demuestro que doy mi vida si te pasa algo y no lo valoras.
-Tu vives de la ficción, Castle. Eso sería como valorar a uno de tus libros.
-Tienes una mala imagen de mi, Kate.
-No, no la tengo. Me has traicionado y eso ha empañado todo lo que creía que estaba haciendo contigo todo este tiempo.
-¿Qué estábamos haciendo? ¿Qué eramos? Porque yo no lo sé.
-Compañeros. Eramos compañeros hasta que tu estúpido empeño por protegerme lo ha destrozado todo.
-¿Hubieras preferido que te hubieran matado aquella vez cuando...?
-¡Oh, joder Castle, deja ya de justificar tus errores! - le grité con ganas de golpearle.
-No puedo dejar que ése desgraciado te mate como lo hizo con tu madre.
Cuando pronunció a mi madre, noté la ira descender desde mis pies hasta la cabeza, golpeándome de pleno en la visión ya borrosa.
-Escúchame Castle: Ningún poderoso hijo de puta va a matarme como lo hicieron con mi madre por mucho que tu te empeñes en protegerme.
-Tu madre...
-También me has ocultado cosas – esta vez mi voz era frágil, inestable.
-No, Kate, yo no haría eso.
-¡Claro que si! , ¡Me estás ocultando algo sobre el asesinato de mi madre y ni te dignas a contármelo!
Castle apretó la mandíbula y me miró con los ojos cansados. Yo me acerqué más a él, esperando a que saliera alguna palabra de su boca fruncida.
Una lágrima brotó de nuevo por mi cara, pero no me moví, permanecí quieta delante de él, esperando a que respondiera.
-¿Qué sabes, Castle? - mi voz le rogaba entre sollozos que me respondiera -. Si no me lo dices moriré en el intento de averiguarlo. Te lo prometo.
-No, no pienso dejar que te hagan daño.
-¡Pues entonces dime!: ¿Quién mató a mi madre?
-No lo sé.
-¿Esperas que crea que no sabes quién mató a mi madre?
-Kate no lo sé, eso es todo. Y si es mentira yo...yo no te quiero.
Una parte de mi optó por creerle. Otra, sin embargo, estaba deseosa por sonsacarle más información sobre el caso de mi madre.
