Ya vengo, ya vengo…
¿Tuvieron una buena semana? Espero que sí. De cualquier forma, quiero agradecerles a todos por la rápida respuesta que dieron a esta historia. Estaba nerviosa, creyendo que quizá ya no tendría interés en esa pareja inusual.
Qué bueno que no es así…
Contesto a sus reviews :3
Kleine Marionette: Espero sigas feliz xD Y que tu felicidad siga creciendo con este capítulo… Usualmente uno escribe cuando se siente animado, por lo que deseo animarte aún más para poder ver más actualizaciones de "Claroscuro", jajaja. ¡Gracias por comentar!
Hikari-Moonlight: Perdón por la demora! Espero el ansia haya valido la pena. También estoy esperando que actualices, sigo releyendo la carta de Minos xD ¡Gracias por leer y comentar, espero te guste lo que pronto leerás!
Yolandachiku: Tú también eres increíble ;w; ¡Gracias por venir de nuevo a la secuela de este fic! Espero te guste…
Lilus de Geminis: Todos estamos a la expectativa para saber qué rayos hará el pez cuando se entere. Mientras tanto, Minos aprovecha bien el tiempo xD ¡Gracias por leer otra de mis historias! Ojalá te guste este capie.
Guest: Es genial tener a un "invitado" leyendo y más aun comentando. Muchas gracias. Y si vuelves a leer y te encuentras este recado, por favor, la próxima vez que me dejes un comentario, agrega tu nombre o el alias que gustes, para dirigirme a ti por este X3 ¡Gracias otra vez!
Cuatecatl88: ¡Aguarda! Espero no hayas torturado a Agasha (aunque admito que yo también quiero hacerlo…) Es que "este" Minos es más aprovechado y "juguetón"(?) No sé que cosas te hayas imaginado pero, creo que tus dudas se saldarán ahora xD Y es cierto, la parte difícil la llevara Agi, pronto se le complicará todo, creeme. ¡Gracias por leer y darme tu opinión! Espero te guste la continuación…
AlmaV: Jajaja, cuando una historia es demasiado excitante es difícil ser "profesionales". Pero ya luego pasa la emoción y podemos dar una buena crítica. Gracias por el apoyo… quizá solo sean esos tres capítulos, cuatro a lo mucho. Pero espero traerles mucha tensión romántica(?) y golpes entre estos dos guapetones muchachos xD ¿Lo ves? Ni siquiera yo puedo ser seria… ¡Gracias por comentar!
Ahora sí… sin más demoras: ENJOY…!
Cuentas qué saldar
"Querer, es tener el valor de exponerse a un inconveniente; exponerse así es tentar al acaso y es jugar".
Stendhal (1783-1842) Escritor francés.
-Capítulo 2: Por jugar con tus sentimientos-
Caminó sin rumbo sobre el trayecto empedrado. Su sombra la persiguió a un costado, con la misma bolsa de lana en su hombro encorvado.
El panadero la miró cuando pasó frente al local. Gritó un amable saludo, sin recibir respuesta a cambio. Intrigado, el hombre la miró alejarse hasta desaparecer en la esquina de otra calle.
Un par de niños corrió, persiguiéndose por alguna clase de juego. Rodearon sus rodillas, correteando y gritando. Ni siquiera cuando estuvieron a punto de tirarla entre sus jaloneos, ella fue capaz de verlos. Las risas infantiles desaparecieron cuando la persecución se dirigió a otro punto.
Y ella, simplemente, siguió caminando. Los ojos verdes enfocaron las piedras desiguales poco antes de pisarlas, intentando comprender sus formas para no pensar en ello…
Se detuvo repentinamente.
La mente volvió a jugarle sucio, trayendo todo lo ocurrido. Las manos le temblaron, igual que las rodillas; se pegó a la barda a su izquierda, recibida por la sombra del muro contrario. El contraste del calor en la pared fría trajo una sensación peculiar, estremeciendo su piel con fervor. Como aquella vez…
. . .
Apenas vislumbró su sonrisa entre la oscuridad.
El gesto pérfido, decidido a cumplir sus últimas palabras, y el tacto insistente fueron demasiado para ser soportados. Sintió su mano recorriendo su pierna, la caricia en su muslo bajo el vestido la alertó por completo.
—¡Espera! —lo empujó con los puños—. ¿Qué haces? ¡Quítate de encima!
La calló, de nuevo con el mismo método. Su boca quedó presa de un beso más voraz. Haciendo acopio de su consciencia, ladeó la cabeza. Lo oyó reír contra su oreja, la mordieron suavemente. Entonces recordó quién era realmente, evocando la primera imagen de ese sujeto frente a ella. La realidad de esos días de guerra fueron suficiente.
Volvió el rostro, con la mirada ceñuda, para espetar con rudeza.
—Aléjate, espectro —sus puños empujaron más firmes esta vez.
Pero esa mueca curva no desistió.
—¿Ahora tienes miedo, pequeña flor? —murmuró sobre sus labios.
La ira la consumió. Su mano se estampó contra esa mejilla: —¡Dije que te quites! ¡No te tengo miedo!
La calma se mantuvo apenas un instante.
El renovado fuego que invadió la mirada contraria fue demasiado agresivo esta vez. Su muñeca quedó prensada por una garra que la aplastó junto a su rostro. Agasha lo miró erguirse lentamente, amenazante.
—Sí… Ya lo sé… —apretó su delicada piel—. Y ese fue tu primer error, niña. Porque ahora, no sabes cuánto deseo destruir esa estúpida terquedad tuya… Estoy ansioso de hacerte temer, de una forma que a ambos nos gustara.
La besó de nuevo, apretándole la nuca para no dejarla escapar. Sujetó el escurridizo cuerpo con su otro brazo, apretando la frágil cintura. Jaló suavemente los cabellos castaños para alzarle el rostro, se apoderó del cuello, oyéndola maldecirlo. Las pequeñas manos lo aferraron de su propia cabellera, arañaron su mentón y la piel bajo este. Sonrió, incitado aún más por sus acciones.
Ascendió a sus labios nuevamente. Invadió la boca rebelde por completo. Quería hastiarla, romperla sin reparos como a cualquiera de sus marionetas. Quebrantaría su voluntad hasta demostrar la veracidad de sus palabras.
"Espectro…", le habían dicho.
Sí. Y él seguía siendo el peor.
Abrió espacio entre ambos. La obligó a girar, posándose delicadamente sobre su espalda. Miró sus puños crisparse cuando atravesó los brazos por debajo de ella, acariciando el vientre y el pecho que jadeaba. Retiró los cabellos que impedían el paso de su boca a la espalda del cuello, la mordió con una fuerza evidente, saboreó su piel sin escrúpulos, aumentando sus caricias.
Deslizó la mano sobre el torso, descendiendo más y más. La sintió estremecer, escuchando la respiración cada vez más inconstante. Lamió la oreja, escudriñó el rostro sonrojado, carente de disfrute. El sollozo tenue que interrumpió el nuevo suspiro, lo frenó.
No pudo concentrarse en nada más que el rostro acongojado…
Agasha abrió los ojos cuando zafaron su cuerpo. El peso sobre ella la liberó lentamente. Absorta, se irguió también, tratando de ignorar el hormigueo que aún sentía bajo su cintura. Miró al sujeto frente a ella, ya no se volvió a verla.
—Vete de aquí, niña… —le ordenó bajo—. Y ya no me hagas perder el tiempo.
La penumbra aún era mucha como para que Agasha pudiera interpretar ese rostro cabizbajo, pero en su cara, una propia sonrisa se pintó clara y burlona.
No podía creerlo… Ese sujeto, ese espectro idiota, había caído de nuevo con su actuación de miedo y llanto.
Agasha se encogió sobre sí misma, lanzando una carcajada. Siguió riendo hasta que le faltó el aire, el pudor y la agradable sensación de placer incluso se disiparon. Pese a no poder verlo bien, gritoneó.
—¡Tonto! ¡Tonto! ¡No puedo creer que seas tan crédulo! ¡Ahora confirmo mi teoría: sólo te quedas con mujeres que no conoces muy bien! Parece que no puedes…
Guardó silencio cuando lo vio levantarse.
Sin siquiera gruñir, el juez se dirigió a la ventana frente a la cama, corriendo las cortinas al llegar. La luz del raso lo iluminó, Agasha miró su espalda, tensa bajo el gabán oscuro.
—¿Qué no escuchaste? —el tono fue severo—. Lárgate.
El corazón le dio un vuelco.
Pero la ofensa la enfureció deprisa. Apretando los puños, se levantó también.
—¡Claro que me voy! —caminó con aire fatuo. Se detuvo ante el pestillo, él ya no volvió a verla—. Idiota…
Cerró de un golpe tras de sí.
. . .
¡Y eso era en realidad!
¡Un idiota!
¿Quién se creía? ¿Acaso él podía cotillearse sin vergüenza y esperar a que ella no le regresara el "favor"? Sólo era un espectro pervertido demasiado galante, ¡su sonrisa carismática no era razón suficiente para que se burlara de los demás! ¡Menos aún de sus sentimientos!
Le dolió el pecho…
"Idiota, idiota, idiota…", gruñó con furia pensando en su última expresión, en su rostro agachado y la mirada perdida tras la ventana. Si sus caricias eran difíciles de olvidar, su expresión adolorida era peor todavía.
Pero ya no lo molestaría… No, ya no perdería el tiempo con él.
Dejó el apoyo en la pared y retomó su camino. Agradeció el calor, su excusa para defender su rostro enrojecido. Su hombro golpeó quedamente a un transeúnte que iba en dirección contraria. Sin mirarlo, pidió disculpas y continuó su decaída marcha.
Detestó sus pensamientos. Detestó tenerlo a él dentro de ellos.
~O~
Albafika se detuvo en seco, reaccionando, lleno de incredulidad.
Giró la cabeza, haciendo sombra con su mano en sus ojos para ver con atención…
Acaso… ¿acaso esa chica lo había ignorado?
Esperó un par de segundos, mirando su espalda alejarse. Ella voltearía, en cualquier momento, con su rostro avergonzado por haberlo pasado por alto. Escucharía su voz, ahora más madura por los años, pero con el mismo toque de inocencia y admiración.
"¡Perdóneme, Señor Albafika! ¡Qué gusto me da verlo!"
Lo haría…
Lo haría…
Lo…
La miró doblar la esquina en dirección a su hogar.
Se pellizcó el brazo, sintiéndose como un idiota de inmediato. Pero no encontraba otra explicación. ¡Seguro seguía dormido en Piscis! Pero el sol aplastándolo ese verano era una buena razón para saber que estaba bien despierto, parado sobre la calle, con una pose estúpida, torcido medio torso y la cabeza de lado.
Suspiró, sintiendo las miradas curiosas de costumbre sobre él.
¿Qué no era de esperar que tarde o temprano sucediera?
Sería muy imbécil si había creído que la devoción de esa muchachita perduraría por siempre, cuando él mismo se había asegurado de disipar cualquier intención amistosa de su parte. Satisfecho de que finalmente su indiferencia había cobrado resultado, continuó la marcha rumbo al interior del pueblo.
Compró las despensas de té y café que el patriarca había encargado, junto a los libros que Degel y Shion solicitaron. Las bolsas sobre ambos brazos no eran demasiado pesadas para ser un problema, pero el calor entre ellas y su pecho, provocando un fastidioso sudor, fue razón para detenerse en una de las fuentes. Dejó su carga junto al pequeño muro donde se sentó también, tomando entre sus manos el líquido vital para beber.
Observó el reflejo de las personas que acudieron prontamente a curiosear su acción. Hacía tiempo desde su regreso a la vida, que había conocido lo poco peligrosa que era en realidad su sangre. Recordar la manera con la cual se había enterado de ello no era algo muy agradable, pero admitía estar agradecido por saber ese importante dato.
Sin embargo, su relación con los demás no había mejorado ni siquiera un poco a pesar de eso.
Miró al frente, en un intento por socializar. Las miradas femeninas aumentaron su atrevimiento en cuanto se supieron respondidas. Las sonrisas coquetas trajeron a su mente una más pura, familiar, el recuerdo de los enormes ojos verdes…
Soltó una brazada contra el agua, disolviendo sus pensamientos también. Las jóvenes del otro lado se alejaron, temerosas, hasta desaparecer. Albafika exhaló hondo, un poco avergonzado. Asmita tenía razón, le faltaba autocontrol.
Tomó las bolsas de papel de nueva cuenta y se dirigió al Santuario. El gesto severo obligó a cualquiera a no acercarse más.
De pronto, sus pasos se detuvieron, junto a la esquina que llevaba a la única florería del pueblo. Sin pensarlo demasiado, dejó la calle principal y se adentró en esa otra hacia su derecha. No tardó mucho en vislumbrar el tejado del local y las flores sobre el dintel del enorme ventanal.
Entró, anunciándose por la campanilla sobre la puerta.
—¡Buenas tardes! —apareció el hombre—. Señor Albafika… cuánto tiempo.
—Sí… —trató de reír—. Ha pasado mucho.
Colocó las cosas sobre el mostrador, odiando el silencio que continuó. ¡Era tan jodidamente malo para las conversaciones! El vendedor ensanchó su sonrisa, viéndolo con atención.
—¿Qué puedo hacer por usted? No me diga que necesita ayuda con esas rosas…
—Aah, no… Yo… No se trata de flores… es…
Tartamudeó indefinidamente. El hombre enarcó las cejas, confundido.
"¡Quiero saber por qué demonios tu hija me ignora!"
Inhaló hondo. Recordó una de las muchas peroratas de Shion: "Cuando hables sólo sé tú mismo, sé sincero, no lo pienses mucho".
"Cómo si eso fuera tan fácil…"
Sus dedos tamborilearon la madera. Miró a un lado, viendo los adornos florales. Reconoció los lillium, las mismas flores que protegió con su capa en esa noche lluviosa.
—¿Agasha se encuentra en casa? —lo miró de nuevo, sin rodeos.
El otro abrió los ojos, suspicaz. Luego negó quedamente.
—No, no… De hecho, llegó hace un momento con cosas para la cena pero se fue de inmediato. No me dijo a dónde iba… —cruzó los brazos, adustamente—. ¿Por qué?
Albafika tragó, nervioso—. Sólo es curio… —¿curiosidad? ¿en verdad podía ser tan idiota con sus excusas?—. Ha estado muy distraída últimamente. Me sentía un poco preocupado por ella, es todo.
Una sonrisa interior se ensanchó con victoria. ¡Esa había sido una frase memorable! ¡Larga y corrida, sin vacilaciones!
"Un punto para mí. Gracias, gracias…"
—Es cierto —intervino el hombre—. Yo también la he visto muy ensimismada en sus pensamientos… —rio, misterioso—. Creo que ya está en esa edad.
El triunfo desapareció, aplastado cruelmente por la malintencionada frase.
—¿Esa edad? —su sien palpitó.
—Claro… Estuvo rechazando a todos sus pretendientes durante los últimos años pero creo que esta vez, uno ha dado en el clavo. Si sigue así, puede que pronto despida a mi pequeño retoño —se vio conmovido—. No había pensado en lo difícil que es ver crecer a un hijo, mi única hija… Quizá lo entienda cuando tenga a los suyos…
Bla bla bla…
Su voz quedó lejos, a la deriva de un Albafika más y más perdido. Una amarga desilusión lo bañó como agua helada, evaporando cada gota con su ira. Pensó en el débil cosmos de la jovencita, lo había guardado en su memoria inconscientemente por sus constantes cercanías. Lo percibió, lejano, apartándose cada vez más y más, para siempre.
—Por favor, cuide de mis compras… —fue casi una orden.
El robusto vendedor no pudo presentar queja. La ola de cabellos celestes que revoloteó a prisa, fue lo último que vio antes de que la puerta se cerrara.
~O~
Miró el atardecer. Ver al día morir era lo que más le agradaba de la Superficie. Los rojos chillando contra el Sol siempre podían ser tomados por sangre.
Su atención se perdió en el firmamento, pero sus pensamientos volaron, hacia otra dirección, la misma desde hacía una semana. Se sintió repugnante y, miserable.
Oyó pasos, los reconoció. Apenas se giró cuando la miró.
—Viniste —se oía aliviada. Eso le repugnó aún más.
Alzó el pequeño recado que lo había solicitado en ese preciso lugar, escrito por el tabernero, firmado por ella.
—Si no lo hacía me habrías molestado de nuevo en el bar… —regresó la mirada hacia el paisaje—. ¿Qué quieres?
Alcanzó a verla de perfil, acomodándose a poca distancia. Notó el gesto arrepentido bajo la cabeza agachada. Pero ella no habló.
—¿Y bien…? —la miró con insistencia—. Soy un hombre ocupado, ¿sabes? Si sólo será esto, me marcho…
—Espera —detuvo sus pasos—. Yo… yo… —apretó los labios, indecisa.
Minos frunció el ceño. Sonriendo con malicia, se acercó al rostro enrojecido.
—¿Viniste a pedir perdón, niña? —la miró crispar la mirada también. Rio ante eso—. Tengo una excelente idea para hacer que te disculpes…
Jaló de ella, apretando su cintura. Percibió la aceptación del pequeño cuerpo, amoldándose instintivamente a él. Acercó ese mentón, rozó los labios entreabiertos que lo aguardaban.
Y sonrió con crueldad.
—Déjame tranquilo… —la empujó con fuerza, lanzándola al piso.
Su carcajada salió de inmediato al verla, completamente vulnerable. Observó las esmeraldas sin su brillo terco, sin la severidad o la confianza.
¡Lo había logrado! La había atado plenamente como quería. Había valido la pena esa noche en vela, consternado, tras dejarla ir. Pero ahora, satisfecho por el resultado, sólo le quedaba seguir riendo. Y marcharse pronto, antes de que todo cambiara…
Giró, dispuesto a seguir su divertida noche. Sacudió la cabeza, disuadiendo, disuadiendo…
—¡Oye, idiota! —la escuchó, su tono era tan agresivo que quiso mirar sus ojos también.
Pero los ojos verdes que había dejado atrás, estuvieron demasiado cerca de un momento a otro. Apenas comprendiendo algo de esa situación, recibió la veloz figura que se prensó a él. Las "quietas" manos lo asieron de la nuca, llevándolo hacia adelante, atrapándolo por completo.
Unió sus labios al beso rebelde, tan intrépido como todo en ella, tan voraz como de verdad era.
No se sorprendió de responder del mismo modo, ni de ser motivo para intensificar la caricia.
Dejó las quejas, olvidó su propia soberbia. Su mente le ordenó dejar de pensar en nada que no fuera el momento, dejarse arrebatar o ser consumido por la necesidad de hacerlo.
Tenía que elegir. Y claro que no demoró en hacerlo…
La encerró entre sus brazos sin más contemplación, le ayudó a subir cuando la sintió ponerse de puntillas para alcanzarlo. Apretó sus cuerpos con afán de ser uno, sus piernas temblaron ante el peso de ambos, o eso quiso creer…
Cayeron al pasto, tremolando. Las manos masculinas detuvieron lo que habría sido una dura caída, pero volvieron a aferrarse al cuerpo debajo. El corazón del espectro se disparó sin su consentimiento cuando el apoderarse del delicioso cuello fue prontamente consentido, alentado aún más por su poseedora que le acarició la nuca con insistencia.
Frenó de nuevo, antes de abrir el lazo que resguardaba la castidad de ese pecho. Y volver a escuchar ese maldito debate interno entre sus deseos y su consciencia moral, le causó un miedo desconocido.
Pero no continuó. Usó toda esa fuerza de voluntad acumulada por años y experiencia, enfocando sus pensamientos en calmar sus instintos avasallantes.
Beso por última vez las cadentes clavículas y subió a mirar las ansiosas esmeraldas. El nuevo brillo ávido le fascinó.
Sonrió, dulce, a su mirada inocente—. Vaya chica atrevida… —la besó cariñoso.
Una mano se deslizó por su mejilla, atrapando los cabellos blancos detrás de su oreja.
—Por favor, quédate conmigo… —le suplicó suave, paralizándolo de nuevo.
Minos se descubrió buscando excusas, ignorándolas todas. Por vez primera, el anhelo de salir huyendo se acumuló en sus entrañas.
Abrió la boca para responder pero ambos dejaron de mirarse.
Volvieron los rostros hacia un costado, cambiando las expresiones de inmediato ante la visión. La sonrisa maliciosa regresó al juez, envolviendo sin recatos la cintura bajo él, mientras que la castaña se llenaba del pudor y del asombro. Repitió el nombre que tantas veces había dicho, ahora como una disculpa:
—Señor Albafika…
Quedó helada a la mirada cobalto cuando ésta cambió de la incredulidad a la ira de un asesino.
Un cosmos ardió.
Pronto, otro no tardó en responderle…
~O~
To be continued…
¡Golpes, golpes, golpes, golpes!
Saquen su lado malvado, chicas, que el próximo capítulo tendrá sangre… Jajajaja.
¡GRACIAS POR LEER! ESPERO SUS COMENTARIOS!
Feliz inicio de semana a todos, se les quiere bastante! X3
