HOLA MIS QUERIDOS LECTORES, LAMENTO MUCHISIMO LA TARDANZA EN SUBIR EL CAP, NO TENGO EXCUSA NI PERDON DE DIOS. PERO FINALMENTE PUDE ACTUALIZAR. ESPERO QUE DISFRUTEN ESTE CAPITULO TANTO COMO YO DISFRUTE ESCRIBIENDOLO...


CAPITULO2: UN ANGEL SONRIO

El baile de graduación. Todas las chicas mueren por estar en él y todos los chicos consiguen una chica esa noche. Desde temprano Caroline nos obligó a Bonnie y a mí a acompañarla por toda la plaza buscando un vestido bonito y zapatos que combinen; Bonnie y yo ya tenemos nuestros vestidos. Ella optó por algo rojo y largo que resaltara el color de su piel y mi madre compró para mí un vestido azul abierto por un lado y con la espalda descubierta. Luego de varias horas de caminata Caroline encuentra algo amarillo y ajustado que de seguro llamará la atención de todos los chicos esa noche. A veces pienso que me gustaría ser como mis amigas: tener la confianza y belleza de Caroline que con solo pestañear ya tiene diez chicos haciendo fila a sus pies, o la seguridad de Bonnie que sabe que es hermosa y no se preocupa por algo tan terrenal como encontrar un novio o pareja para el baile, a pesar de esto ellas fueron de las primeras en hallar pareja; yo aún no conseguía alguien con quien ir y no quería ser la torpe que lleva a su hermanito al baile de graduación.

Maquillaje, vestido, peinado. Todo listo. Planeaba ir al baile sola como la chica independiente que soy a la cual no le afectan los futuros comentarios que harán sobre la pobre y solterona Elena que fue sola a su baile de graduación y que refunfuño toda la noche viendo a las parejas bailando en la pista. Con lo que no contaba era con encontrar en la puerta a Damon enfundado en su traje de gala y sonriendo arrogantemente porque sabía que lucía genial en traje negro.

- llevo horas esperando, mujer. Tu carruaje espera afuera para llevarte a tu baile de ensueño y bla, bla, bla…

- ¿Qué haces aquí, Damon?

- ¿Qué parte de "hay un carruaje afuera esperando por ti" no entendiste? Apresurate que el baile no dura eternamente y debes concederme un par de canciones.

En ese momento mi corazón golpeaba fuerte en mi pecho y mil mariposas hacían juerga en mi estómago, malditas mariposas ¿Por qué siempre aparecían cuando él estaba presente?

- ¿este es mi carruaje, gallardo príncipe? Realmente me siento decepcionada – diego riendo mientras contemplo la camioneta destartalada del padre de Damon.

- no te quejes que fue lo único que pude conseguir. Era eso o venir en bicicleta y casi puedo jurar que ese hermoso vestido se echaría a perder.

Sigo riendo mientras entro en el auto y Damon cierra la puerta. Todo hubiera ido perfecto si al cerrar la puerta el impacto no hubiera hecho que el espejo retrovisor se cayera al suelo. Damon lo observa con la expresión de quien descubre que su rival es un insecto y yo de repente no puedo parar de reír.

Cuando llegamos a la escuela, vemos todo hermosamente decorado, las parejas ya han empezado a bailar y la comida luce deliciosa. Mi mirada se desvía un poco y veo a mis amigas bailando con Matt y Tyler, un par de chicos del equipo de baseball; en la mesa tras ellas esta Katherine luciendo espectacular en un vestido dorado, obviamente todas las miradas masculinas se fijan en esa mesa.

- bien, es hora de hacer que esto valga la pena – dice Damon interrumpiendo mis pensamientos y ofreciéndome una mano - ¿bailas, princesa Elena?

Con una sonrisa en mi rostro tomo su mano y nos dirigimos hacia la pista de baile llena de parejas enamoradas solo por esta noche, porque ese es el efecto que tiene los bailes en las personas, hacen que te enamores por un rato de tu pareja de baile.

- Espera Elena, tengo algo para ti – dice y saca de uno de sus bolsillos una delicada flor branca que coloca con cuidado en mi cabello, su mano se detiene en mi mejilla y siento el calor subir a mi rostro – ahora si podemos bailar, princesa.

Sus manos toman mi cintura y me estremezco con su toque en mi espalda desnuda, lo miro mientras nos movemos al ritmo de la melodía lenta y una leve risa sale de mis labios.

- Me siento como una fracasada viniendo al baile con mi mejor amigo.

- si quieres puedes fingir por hoy que no soy tu mejor amigo.

- ¿ah sí? ¿Entonces que eres? – digo con una sonrisa

- no lo sé, dímelo tú ¿Qué quieres que yo sea esta noche para ti?

Su pregunta me toma desprevenida, lo miro a los ojos e inmediatamente me doy cuenta que fue un grave error. Esta noche con las luces del gimnasio brillando sobre nosotros, sus ojos lucen más celestes que de costumbre y tienen esa arrogancia de siempre; inmediatamente bajo la mirada avergonzada.

- Mírame Elena, dime que ocurre.

Yo seguía mirando al suelo mientras nuestros pies se movían al ritmo de la melodía lenta.

-Mirame Elena – repitió

- no puedo.

- ¿Por qué?

- porque… me pones nerviosa, esa es la verdad.

El tomo mi barbilla en su mano obligándome a mirarlo a los ojos, a esos ojos que hacían mis piernas gelatina.

- ¿Por qué te pongo nerviosa? Eso nunca había pasado antes ¿qué cambio entre nosotros, Elena?

De mi boca solo pudo salir una risa sarcástica. Si el supiera todo lo que cambio entre nosotros.

- solo olvidalo ¿quieres?

Damon desvía su mirada hacia la mesa donde está Katherine observándolo fijamente con la ira destellando en sus ojos marrones, es entonces cuando sus labios se acercan peligrosamente a mi oído y susurra "te ves tan hermosa esta noche" se separa y me regala su sonrisa torcida, obviamente mi sonrojo llega a niveles insospechados. Pero entonces lo entiendo todo: el que me pidiera bailar, la rosa que me regaló, las sonrisas, susurros y cumplidos; todo lo hizo para que Katherine lo viera, solo lo hizo para ponerla celosa. Ahora soy yo quien está totalmente cabreada, solo quiero salir corriendo de ese teatro y eso es lo que hago, noto que lágrimas de frustración empiezan a salir y aumento la velocidad. He llegado al parqueadero de la escuela y me detengo para respirar, escucho unos pasos trotando tras de mí, ya me imagino quien puede ser.

- ¿Por qué corriste de esa forma, Elena?

- ¡ah! Y me preguntas por qué – digo enojada quitando las lágrimas que resbalan por mis mejillas.

- no comprendo a que te refieres ni porque estas enojada.

- ¡No soy un objeto al que puedas usar cada vez que quieras darle celos a tu novia! – digo sintiéndome totalmente humillada.

- Ella no es mi novia, Elena. Y no trataba de darle celos, solo quería demostrarle que ella ya no me afecta en lo absoluto, que ya no siento nada por ella – dice Damon con desesperación en sus ojos, estuve tentada a creerle.

- ¿Qué pasa contigo, Damon?

- solo diré que ya no me siento de la misma forma que antes.

- ¿entonces la odias?

- ¿Qué es el odio, sino un amor cruelmente herido?

- la amaste entonces, lo hiciste.

- la amé profundamente.

- Tal vez aun lo haces – digo dando media vuelta, tratando de evitar que él vea cuanto me ha afectado su afirmación.

- ¿Por qué eso te molesta? ¿Es porque eres mi amiga celosa? – dice riendo.

- hace mucho que ya no me siento tu amiga. Hace mucho que eso cambió y hace mucho que me siento diferente contigo.

- dime que sientes por mí, Elena. ¡Dímelo para poder comprenderte!

- No puedo decirlo porque sería afirmar que muero por ti, que tus brazos a mi alrededor me hacen sentirme segura, que tus caricias me elevan suavemente hasta el cielo y me estrellan cruelmente en el infierno, que tus palabras me causan mil y una sensaciones cuando me susurras al oído cosas hermosas, que tus ojos provocan que tartamudee como idiota y pierda el hilo de lo que pienso; no estoy dispuesta a decir que te amo más que a nadie en mi vida y que me haces la persona más feliz del mundo, porque la felicidad es de los cuentos y hace mucho dejé de creer en los cuentos de hadas donde la princesa se enamora del gallardo príncipe y son muy felices por toda la eternidad, eso nunca me pasará porque el amor es imposible en muchos sentidos, porque la felicidad nunca ha estado de mi parte; no puedo decirte que te amo porque en la vida real las mucamas no se casan con el príncipe como en cenicienta, ni son salvadas por el héroe de la maldad de los que los separan, porque ni siquiera siendo también una princesa podría aspirar a hacer feliz a un príncipe como tú en un castillo mágico, no te merezco; ¡no puedo decirte que te amo Damon! porque si lo dijera, te lo juro, me condenaría.

Damon solo me observa fijamente mientras las lágrimas corren libres por mi rostro. Listo, ya lo dije, no hay marcha atrás, ahora sabe lo que siento por él. Parece que mi respuesta lo había sorprendido porque se quedó petrificado con sus labios levemente abiertos. Cuanto no daría yo por besar esos labios solo una vez.

Su expresión cambia de repente y me doy cuenta que sus ojos se anegaron en lágrimas. No lo vi venir, pero de un momento a otro esta abrazándome con fuerza, como si mi cuerpo fuera un salvavidas y él un náufrago en el mar; nuestros labios están a pocos milímetros y es entonces cuando susurra: "condenémonos juntos, porque también te amo". Y me besa… Mi primer beso con mi primer amor el día de mi graduación, con el rímel corrido, el vestido desaliñado, el peinado arruinado y mi corazón explotando en felicidad.

La continuación de la historia lo dejo a la imaginación de quien este leyendo esto. Solo comentaré que nuestro amor duró por años y dejó un fruto producto de la unión de dos corazones desesperados. Mi turno de contar la historia ya terminó, solo espero que no sean muy duros con quien la seguirá contando. Él siempre hizo lo que creyó correcto.


Habíamos ido a la misma universidad, habíamos pasado años diciéndonos cuanto nos amábamos, habíamos compartido miles de hermosos momentos, habíamos intercambiado corazones frente a un altar y esperábamos con ansias nuestro primer hijo; no había imagen más hermosa que la de Elena sentada en el alfeizar de la ventana, con la luna a media luz sobre su rostro acariciando su enorme panza. ¿Qué pasó? Te preguntarás. Pasó que el universo siempre debe equilibrarse y al parecer Elena y yo habíamos sobrepasado nuestro límite de felicidad y nos hacía falta sentir dolor. Un traspié, un mareo o el destino llevaron a que un delicado pie enfundado en una zapatilla cómoda se desviara de su camino en unas empinadas escaleras y para colmo una enorme panza dificulto la tarea de evitar caer por ocho infernales escalones. Todo termino en un hospital con Elena tratando de luchar por su vida y la de nuestro bebé nonato de siete meses. La desesperación me llevo a caminar de un lado a otro de la sala de espera mientras en mi mente pasaban mil y una imágenes de aquella caída fatal y como esta situación podría finalizar. Confiaba en la palabra del doctor que se llevó a mi Elena a la sala de cirugías cuando dijo que todo estaría bien; pero eso no fue lo que una enfermera me informó cuando salió de aquella sala con su vestido pulcramente blanco manchado con la sangre de mi esposa y una expresión desesperada en su rostro.

Ahora es que me pregunto ¿Qué pasa cuando todo por lo que has vivido se esfuma de repente y te quedas solo, completamente solo, sin motivos por los que seguir adelante, continuar tú camino sin perder las más mínimas esperanzas? Me pregunto últimamente ¿Qué fue lo horrible que hice para merecer el castigo que la vida me impuso arrancándome lo único realmente importante que tenía en mis manos? Y sin posibilidad de decir adiós, sin la posibilidad de un último abrazo, un último suspiro, una última palabra que me mostrara realmente que no estoy solo y que vendrás por mí en algún momento con tus hermosos ojos cálidos como el chocolate, tu cabello ondeante que al verlo daban ganas de bailar a su ritmo, pero en especial lamento que no podré escuchar tu risa melodiosa en las mañanas, esa risa que me cautivó desde aquel día en el parque, esa risa tan contagiosa. Recuerdo que cuando solías reír en el parque todas las aves detenían su canto solo para escucharte.

Me pregunto qué puedo hacer para verte otra vez y varias ideas cruzan mi mente: un veneno efectivo, una bala cruzando mi cerebro. Pienso que podría volver a casa y llevar a cabo algo que me lleve de regreso a ti, pero justo cuando volteo para tomar el ascensor una mano se aferra a mi saco, doy media vuelta dispuesto a golpear al que se atrevió a detener mi camino; un hombre mayor de posiblemente 60 años me observa fijamente, pienso que su rostro me es familiar y recuerdo que él es el doctor que se llevó a mi Elena y prometió traérmela a salvo. La rabia me consume nuevamente y tomando con fuerza los brazos del doctor le grito con todas mis fuerzas lo que llevaba guardándome desde que supe que mi Elena había muerto:

- ¡USTED ME LO PROMETIO! ME DIJO QUE SALVARÍA A MI ELENA Y NO CUMPLIO, LA DEJÓ MORIR, LA ARREBATÓ DE MIS BRAZOS PARA SIEMPRE – de repente estoy en el suelo arrodillado, completamente desmoronado, no soy nada, no soy nadie; soy la sombra de un hombre enamorado que perdió su razón de vivir.

Sé que estoy sollozando porque los espasmos recorren mi cuerpo y trato de hablar pero solo me invade la tristeza y sale de mi boca lamentables gemidos de dolor; es más allá del dolor físico, es más alá del dolor de morir, mi cuerpo se ha quebrado en dos y mi corazón ya no tiene forma de ser reparado. Siento el brazo del doctor sobre mi hombro reconfortándome pero solo logra enfurecerme más así que lo aparto bruscamente como si su tacto me produjera asco.

- lo lamento mucho señor, pero ¿le gustaría ver a su bebé?

Solo eso bastó para regresarme a la tierra de un golpe, el bebé sobrevivió, aquel que esperábamos con ansias pero que terminó asesinando a su propia madre poco a poco. Me levanto de un salto caminando hacia el lugar de donde llegó el doctor con el enojo y la impotencia que siento al saber que lo único que ese inepto pudo hacer fue traer al mundo al culpable de la muerte de mi Elena.

Alcanzo a escuchar que el doctor grita algo en mi dirección pero no encuentro sentido a sus palabras. Vago por varios pasillos hasta que encuentro la sala cuna donde a través del cristal logro divisar muchos bebés clasificados por el color de sus mantas azules y rosas, no sé cuál de esos es el bebé y me asomo en el cristal esperando ver… ¿Qué? Algún tipo de rótulo tal vez, pero al parecer todos son iguales, los diferencia las mantas y el hecho que algunos duermen y otros lloriquean como si sus vidas dependieran de ello.

En el fondo del pasillo veo al doctor corriendo en mi dirección llevando en sus manos una extraña bata azul.

- señor Salvatore, espere por favor; su bebé no se encuentra allí

Y tomando de nuevo mi brazo me conduce a un pasillo a la derecha donde hay otra sala cuna pero totalmente diferente a la anterior, en esta los bebés están en extrañas capsulas transparentes y están rodeados por múltiples aparatos y cables; cada bebe está separado del resto por una blanca pared antiséptica y a simple vista nada los diferencia unos de los otros.

- si quiere ver a su bebé debe usar esta ropa – sus palabras me regresan a la realidad e impulsado por el deseo de ver lo que hay más allá del vidrio.

Después de ponerme la ridícula ropa azul sigo al doctor por una puerta hacia la habitación de los frágiles y diminutos bebés conectados a las máquinas. Mis piernas no responden a mis órdenes – no tenga miedo señor, acérquese – lentamente me obligo a caminar y finalmente puedo ver un pequeño bultito pálido acurrucado con un adorable puchero en su rostro, sus ojos están cerrados y sus manitas fruncidas en puños como si luchara cada momento; su pequeño cuerpo luce tan frágil y delicado que parece porcelana. No puedo creer que sea tan pequeño.

- señor Salvatore, necesito llenar el registro con los datos pero aun no me ha dicho cuál será el nombre de su hija…

- ¿es una niña? – pregunto en un susurro estúpidamente mientras contemplo mejor sus facciones. Tiene las mejillas regordetas como las de Elena y una pelusilla color marrón asoma en su cabecita; no sé qué decir o hacer, hace solo algunos minutos tenía el pensamiento que la criatura que tengo ante mí había sido la culpable de la muerte de mi Elena pero en realidad es lo único que me queda de ella, el mejor recuerdo que me pudo dejar antes de partir. Es mi hija, es nuestra pequeña hija.

- Elena… su nombre es Elena – le susurro al doctor que se aleja con los papeles mientras yo introduzco lentamente una mano al tanque para sentir su piel de alabastro. Tomo su pequeña manita convertida en puño y estiro los deditos con cuidado sintiendo su suave tacto, tal y como el roce de los dedos de Elena, de repente la bebé abre los ojos y me llevo una hermosa sorpresa, son tan grandes, azules y profundos como los de mi madre pero con un bonito borde color chocolate enmarcándolos aún más; ella observa todo a su alrededor con sus ojitos curiosos como si se propusiera memorizar todo en un momento, su mirada se conecta con la mía y todo mi mundo desaparece, solo estamos este pedacito del amor de Elena y yo compartiendo este momento de reconocimiento.

Varias horas después el doctor me informa que la niña está muy delicada, que su salud pende de un hilo. Pero con ayuda de los especialistas y con mi continua compañía, mi pequeña puede irse a casa conmigo luego de dos meses. Durante ese tiempo mi dolor por la muerte de Elena esta adormecido por la preocupación de perder lo único que me queda de ella pero cuando pasa la primera noche de la bebe conmigo, los recuerdos me aplastan y todo se vuelve en mi contra. De repente me encuentro sollozando en la almohada de Elena con el recuerdo del angustioso momento en el que cayó por las escaleras. Solo el llanto de mi hija me despierta de mi burbuja de dolor y entro en pánico. Yo nunca había estado a cargo de un bebé, no sabía si quería comer o debía cambiar su pañal, no entendía que ocurría con ella, así que hice lo único que se me vino a la cabeza: llamar a mi hermano.

Contestó al segundo timbrazo gruñendo: "como esto no sea una emergencia te mato". Sonreí al escuchar su voz.

- hermano, te necesito – se escuchó el chirrido de la cama y un suspiro.

- Damon ¿te das cuenta de que hora es?

Miro al reloj de la pared. 3:45 de la mañana. Al momento me siento mal por haberlo llamado tan tarde.

- ¿Cuál es la emergencia hermano?

Después de haberle contado la situación a Stefan transcurrió una hora antes que el timbre de la casa me distrajera del llanto desesperado de mi hija. Abrí la puerta y encontré a Stefan con una maleta diciendo "te ves realmente mal. Pero no te preocupes, traje refuerzos" y con una sonrisa desapareció adentro del departamento, segundos después una chica rubia toma a la bebe de mis brazos mirándome como si me reprochara el hecho de no haber aprendido a ser papá.

- Hola Caroline, también me da gusto verte – le digo con sarcasmo.

Cierro la puerta y froto mis ojos con el dorso de la mano. Me siento realmente agotado.

-¿Damon, que paso por aquí? Parece como si un tornado hubiera arrasado con este lugar – dice Stefan haciéndose un lugar en el sillón.

- y ni hablar de la niña. Si no hubiéramos llegado la pobre hubiera muerto de hambre – dijo Caroline saliendo de la cocina con la pequeña en brazos y un biberón. Stefan le lanza una mirada de reproche pero sé que tiene razón. Me siento en el sillón totalmente abrumado.

- esto no estaría pasando si ella estuviera aquí – digo en un susurro – se supone que ella era la que sabría cuando nuestra hija tuviera hambre, ella siempre sabía qué hacer. Yo debí haber muerto, no ella. – las lágrimas han vuelto a mis ojos y un par se escapan.

- no te preocupes hermano, nosotros te vamos a ayudar con la niña – dijo Stefan palmeando mi espalda.

- así es, no te dejaremos solo en este asunto. Yo vendré todos los días hasta que aprendas como cuidar de ella, lo prometo – dice Caroline con los ojos cristalizados. A ella también le afectó la muerte de Elena – por cierto ¿Cuál es el nombre de esta hermosa princesa?

- Elena, su nombre es Elena.

Las lágrimas que Caroline trataba de contener se derramaron por sus mejillas mientras observaba a mi hija. Stefan solo baja la mirada con tristeza.

La promesa de Caroline fue muy seria, ella realmente venia diario a comprobar cómo nos iba, me enseño como cambiar un pañal, como tomar la temperatura, me acompaño a las visitas al pediatra y estuvo en las noches angustiosas cuando Elena caía enferma. Stefan tampoco me había abandonado, él nos visitaba continuamente y era quien cumplía los caprichos de Elena diciendo que por ser su única sobrina debía mimarla mucho, gracias a él la habitación de Elena estaba llena de muñecos de felpa y juguetes. Realmente ellos se convirtieron en alguien muy importante en nuestras vidas durante estos cinco años. Ellos me ayudaron cuando el momento más temido para mí llegó, el momento de que Elena conociera a su madre.

Ese 20 de mayo fuimos solo los dos en el auto con los Beatles de fondo con rumbo al cementerio de Forks. Era el aniversario de la muerte de mi amor, hace cinco años que se había ido.

Mi pequeña Elena se había convertido en mi universo, me levantaba cada día solo con la esperanza de verla sonreír. Era tan hermosa como su madre, ese día traía su mejor vestido azul, su cabello adornado con un lacito azul caía en suaves onditas marrones hasta su diminuta cintura y sus vivaces ojos claros miraban por la ventana con impaciencia; llevaba un ramo de margaritas en las manos y una enorme emoción en el corazón. Esa misma mañana le pedí a Caroline y Stefan que no vinieran y les conté mis planes. Tan pronto como mi princesa desayunó su cereal favorito le hable de su mamá. Abrí la caja de madera donde guardaba los recuerdos de mi gran amor, le conté nuestra historia y como nos habíamos querido tanto, también le mencioné que iríamos a verla el día de hoy.

Caroline y yo le habíamos explicado que su madre había ido al cielo y que por ese motivo ella no podía estar con nosotros tal vez fue esa la razón por la cual al estar frente a la tumba de Elena mi hija mientras apretaba con fuerza las flores susurro unas palabras que solo yo capté y que rompieron mi corazón por completo: "mami, baja del cielo un ratito que quiero darte un abrazo". Las lágrimas no demoraron y el dolor tampoco se hizo esperar.

- ¿papi, porque lloras? Mamá va a bajar del cielo – dijo mi pequeña apretando mi mano. Me agache a su altura y la abracé con fuerza como si quisiera fundirme con ella, con ese pedacito de mi Elena.

Esa noche mi hija insistió en dormir conmigo y se lo agradecí internamente pues al sentir la calidez de su pequeño cuerpo contra el mío, mi corazón se liberó de una opresión que lo asfixiaba. Esa noche me sentí tranquilo y cerrando mis ojos le di gracias al amor de mi vida por haber dejado un pedazo de su alma conmigo. Para finalizar solo diré que por primera vez en cinco años pude dormir tranquilamente.

Lo que Damon jamás supo fue que en el cielo alguien permanecía siempre vigilante siempre observando con nostalgia como su hija crecía hermosa y como su esposo dejaba de sentirse tan triste. Nunca hubo un momento en el que aquellos ojos chocolate dejaran de mirar a la familia que había dejado, y esa noche en el cielo por primera vez en cinco años… un ángel sonrió.

FIN...


ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. AGRADEZCO A AQUELLAS QUE ME DEJARON UN REVIEW EL CAPITULO PASADO, GRACIAS CHICAS ESTO ES POR USTEDES :) PORFA LES PIDO QUE ME DEJEN UN ULTIMO REVIEW CONTANDOME QUE LES PARECIO LA HISTORIA. SE QUE ES CORTA PERO NO QUERIA ALRGARME DEMASIADO CON LA NARRACION. FINALMENTE AGRADESCO A LOS QUE LA PUSIERON EN FAVORITOS Y LOS INVITO A LEER EL RESTO DE MIS HISTORIAS. YA PRONTO SUBIRE CAP EN LA QUE TENGO PENDIENTE, NO DESESPEREN.

GRACIAS POR HABER ESTADO CONMIGO HASTA EL FINAL. LAS QUIERE -V-