CAPÍTULO I.
Ya la Nana había terminado de servir la cena, así que comencé a llevar los platos al comedor, trataba de caminar rápido, pero con cuidado para no regar nada. Y todo iba muy bien, hasta que mis pies se enredaron, y justamente le cayó al ogro (el menor de los Evans), le regué la sopa en su parte… ¡EN SU PARTE! Aunque también le cayó en el pecho… no sabía si reírme o salir corriendo, ya que me miro de una manera que casi me asesina con su mirada.
-Lo… Siento… Mucho, señorito Evans.
-¡Mira lo que hiciste! Ve y lava la ropa del señorito Evans ahora mismo.
Estoy segura que casi me dice: "¡Mira lo que hiciste! ¡Estúpida mocosa! ¡No sirves para nada!" Pero… como estaban los Evans intento disimular… estúpida.
-Por favor señorito Evans puede seguirme para poder lavarle la camisa.
No dijo nada simplemente me miro fríamente, se levantó y me hizo la seña de que lo guiara. Es un maldito Engreído.
Fuimos a la habitación del aseo… comencé a preparar la lavadora, no era capaz de verle el rostro, en verdad me asustaba. Cuando volteé vi que ya se había quitado todo… Detalle su cuerpo… ¡Dios mío! Su rostro era sensual y su cuerpo era… era DEMASIADO SEXY! Sus piernas muy bien formadas…. Su abdomen, tenía sus cuadros muy bien formados, no era exagerado, así que se veía muy bien… seguí subiendo mi mirada, hasta llegar a su rostro, por lo cual me observaba de manera desafiante, aunque se miraba bien podría decir que algo picarón, me alzó la ceja, haciendo que me sonrojará demasiado.
-Lo-lo si-siento… P-Podrías pasarme t-tú ropa.
-Aja.- y me la paso.
Sin querer pase su ropa por mi nariz y olía muy bien. Este hombre es demasiado tentador, pero tenía que ser un maldito niño rico, engreído, malhumorado. Se sentó en una silla que quedaba al lado, y comenzó a observarme cada uno de mis movimientos, por lo cual me incomodo demasiado.
-Podrías dejar de mirarme, tranquilo… no buscaré dinero en tus bolsillos.
Cuando dije eso y volteé a verlo, me miro algo incrédulo, para después hacer una pequeña sonrisa y voltear a ver a otro lado.
-No estaba pensando eso. –Dijo de manera susurrada.
Al fin sonrió, al fin hablo! Aunque bueno… no de manera en la que muestren los dientes y haga que uno también sonría, pero por fin y su voz era demasiado sensual… ¡MAKA ALBARN! ¡¿ESTÁS LOCA?! ¡RECUERDA QUE ES UN NIÑO RICO! Volví a mirar la secadora, ya que hizo el sonido de que estaba listo el esmoquin. Lo saque, se lo aplanche y se lo entregue.
-Nuevamente, mis disculpas.
-Ya que, ya paso. –Dijo demasiado bajo y en un tono muy serio para después ir al baño, ponérselo y marcharse.
-Jum…. Al menos podría decir gracias… -Susurre para mí misma.
Fui de nuevo a la cocina, para hablar con la Nana.
-Hola… -Dije en modo de suspiro.
-Hola cariño ¿Qué te pasa?
-Pues…. Que estoy que golpeo al menor de la familia Evans.
-Ah…. Y ¿Por qué? –Y comencé a contarle lo que había ocurrido.
-Por ello… quiero matarlo.
-Jajajaja y ¿Sabes que es lo peor?
-¿Qué?
-Que viviremos con él por unos meses… así que aguantarte su malgenio.
-¡No! Podemos cambiar de papeles… yo soy cocinera y tú la mucama.
-Claro que no…. Tu sabes que yo amo la cocina…. Además tendría que aguantarme a esas perras.
-¿Por qué a mi?!
