Intento concentrarse en los papeles que se agolpaban formando un pequeño montículo encima de la mesa de su despacho, pero era en vano. Ni siquiera era capaz de leerlos y organizarlos como le había pedido el que ahora era su superior.
No le había podido pedir nada más sencillo y ahí se encontraba ella, sintiéndose una inútil y sin poder llegar a centrarse en esa tarea tan simple.
Se llevó la mano derecha a la sien retirándose el pelo reiteradamente, hasta que al final decidió ir a investigar y localizar esa máquina de cafés que había visualizado a la entrada, pero de la que olvidaba completamente su paradero exacto.
Se levantó de la silla y cogió la cazadora de cuero marrón echándosela por la espalda.
Definitivamente esa noche se haría un plano, pensó esbozando una forzada sonrisa.
Esa comisaría era enorme…
Doblando una esquina escuchó los esbozos de lo que parecía una prometedora conversación
-¿Pero la has visto bien? A esa tía salta a la vista que la ha dejado tirada como a una más de la interminable lista a las que ya habrá catado…
-Pobre ilusa… Definitivamente la culpa es suya, ¿quién puede confiar en ese tío? Es un mujeriego. No, no… mejor dicho; un pica flor como diría mi abuela española –fue la respuesta de la otra.
-¿Cómo se llama? ¿Belan? ¿Bezen?
-Beckett –contestó entre risas la segunda
Beckett decidió hacer acto de presencia
-Kate Beckett. –dijo apoyaba las manos a ambos lados de la cadera.
He escuchado que se mencionaba mi apellido, ¿no es cierto?
La morena miro a la rubia, mientras se mordía el labio inferior y desviaba la mirada.
-bueno yo tengo que seguir limpiando esto, encantada de tenerla aquí inspectora. Soy Anna y estoy segura de que llegaremos a llevarnos bien –dijo tendiéndole la mano a Kate.
Kate la miró de arriba abajo frunciendo el ceño y la chica desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo la rubia no se achantó tan fácilmente. Encendió un cigarro y escrutó a la inspectora de arriba abajo.
-Vaya, ya no respeta ni a las que son decentes. Ese tío es un cerdo y un egocéntrico, claro que yo en su lugar no me hubiese dejado engañar tan fácilmente... Supongo que no todas somos igual de …
-Escúchame bien. Soy una persona muy pacífica, pero no me busques las cosquillas porque has de encontrarme y no ha de gustarte lo que encuentres.
Y no vuelvas siquiera a intentar insultarlo en mí presencia. ¿Me has entendido? –continuo pausadamente pero alzando el tono de voz.
La rubia tragó saliva y pudo sentir el frio contacto de la pared del pasillo tras de sí, sin embargo parecía no entender cuando debía callar:
-Tranquila fiera, entiendo que tenga que fastidiar ser la cornuda de todo New York, pero piensa que pronto la nueva reemplazará tu puesto, sólo es cuestión de sentarse y esperar pacientemente.
Kate no pudo controlarse y la tomó del cuello de la camisa alzándola hasta dejarla de puntillas.
-Mira, no voy a repetírtelo una vez más. Me controlaré por segunda vez por respeto a mis compañeros y al sitio en el que estamos, pero créeme –dijo mirándola fijamente a los ojos- que no habrá una tercera vez.
Acto seguido la soltó y la rubia se alejo apretando los puños mientras pensaba en el siguiente asalto a la que había demostrado ser una cornuda, pero con más agallas que muchos de los hombres a los que había conocido.
A Kate empezó a recorrerla un temblor generalizado por todo el cuerpo y cuando encontró los baños, se encerró en uno de ellos apoyando las manos contra la pared mientras se deslizaba hasta quedarse sentada en el suelo. Se abrazó las rodillas mientras apoyaba su frente sobre ellas y una sensación de impotencia y desazón le sobrevino de tal manera que al final una lágrima acabo recorriendo su mejilla izquierda
En ese instante sonó el teléfono, no le apetecía tener que contestar, que llamasen en otro momento pensó, pero la llamada era insistente y quien fuese no tenía intención de parar hasta lograr su objetivo.
A duras penas rebuscó en los bolsillos de la cazadora y desbloqueo la pantalla antes de contestar.
-¿sí?
-Cariño, ¿tú sabes lo preocupada que me tenías?, ¿Cómo me haces esto?, ¿Cómo fue la mudanza? Mira que te insistí en que me dejases acompañarte. ¿Cómo es el nuevo departamento?, ¿No me habrás sustituido ya?, ¿Y los compañeros?, ¿Quieres que quedemos mañana?, claro que preferiría el fin de semana porque Gates está bastante malhumorada con tu marcha, por otra parte la entiendo, ¿tú sabes al tío que nos han encajado?,…
-Lanie por favor, esto es peor que un interrogatorio –empezó Kate al tiempo que se secaba las lágrimas con el dorso de la mano y empezaba a levantar el ánimo –Para empezar te llame ayer, claro que sólo tú sabrás que estarías haciendo…
-¿Qué insinúas amiga?
-¿yo? Nada, pero me parece como poco peculiar, que a la misma hora que te llame a ti y di con tu móvil en silencio, también…
-No, no, te conozco. De verdad que no estuve con Espo –la cortó la forense.
-¿Cómo sabes tú que iba a mencionarte que la segunda llamada fue a Espo?
Un silencio se apoderó de esa conversación y ambas rieron al mismo instante como si estuviesen sincronizadas, aún en la distancia.
-Cómo te echo de menos… cuesta pasar por tu mesa y no imaginarte en ella compartiendo un momento con los chicos, riéndote con él escuchando sus tonterías y observándoos desde la distancia mientras esbozáis esas sonrisas llenas de felicidad… y de complicidad… Se os echa tanto en falta a ambos…
-Lanie…
-No amiga, sabes que te aprecio y que no puedo darte la razón si no la llevas. Deberíais quedar y hablarlo como personas adultas Kate. ¿De verdad piensas tirar estos 6 años por la borda?
-Técnicamente llevábamos 2 años y además…
-¿Hola? Extraña voz con la que hablo, ¿dónde está mi amiga Kate Beckett?
-Lanie en serio, ¿no entiendes que ya he llegado a ese punto en el que me cansa ser yo la que tenga que dar siempre el paso?
Lanie dejó escapar un resoplido, pero cambio de tema. Ya habría tiempo para hacerla reflexionar.
-¿Este fin de semana nos veremos, verdad?
-Lo cierto es que ya he quedado con Alexis… pero podemos quedar esa noche para ir a cenar juntas... bueno, siempre y cuando no interrumpa nada… -una risa acompañó a esta última frase.
-Que graciosa es mi amiga…
Está bien, ¿cómo quedamos?
Se lo pensó un momento.
-¿Paso a buscarte al departamento y de paso hago una visita a los chicos?
-Oh, es una idea fantástica. Veo que regresa al mundo de los mortales mi Beckett.
Ambas volvieron a sonreír.
-Gracias Lanie –comenzó la inspectora mientras se toquiteaba girando entre sus dedos uno de esos rebeldes mechones que le caían a la altura de la mejilla.
-¿Perdona? –fue la perpleja respuesta de la forense
-Gracias por ser mi amiga.
Lanie sabía que Kate era escueta para ese tipo de cosas y que en frases cortas manifestaba lo que otras personas hacían en conversaciones de ½ h.
-Te lo dije poco después de conocernos, que en mí encontrarías una hermana para lo que precisases.
Se despidieron quedando pues en verse el sábado y Kate volvió a guardar el móvil mientras se incorporaba y abría la puerta del baño para toparse con esa cara que ya conocía.
