Capítulo 2 - Recuerdos -

Gabrielle se disponía a preparar la cena en aquel claro del bosque tan acogedor donde habían decidido instalarse para pasar la noche. Tenía todas las cosas que necesitaba fuera de la bolsa y sólo esperaba a Xena que debía traer la cena y la leña para cocinarla. Se encontraba sola, perdida en sus pensamientos, pues la pequeña Lila se encontraba cepillando a Argo y Joxer y Cirene aún no habían vuelto del río.

*Estoy preocupada por la niña... ¿y si Ares lo sabe todo? Xena siempre podría matarle, pero eso la descubriría totalmente ante el Olimpo y otra vez habría derramamiento de sangre. Todavía es muy pequeña... *

Absorta como estaba en sus pensamientos, no notó que Xena ya había vuelto con la leña, que dejó caer pesadamente a su lado, sobresaltándola.

- ¡Ah! Xena me has asustado.

Xena la miró con una expresión interrogante, mientras dejaba caer a su lado los conejos que había cazado para la cena.

- Lo siento, no era mi intención pero estabas tan absorta en tus pensamientos... Gabrielle, ¿que ocurre?

- Estoy preocupada por lo de la niña, no puedo quitármelo de la cabeza, ¿Y si algo vuelve a salir mal? Habríamos luchado en vano.

- No hemos viajado atrás en el tiempo y hecho tanto esfuerzo para perderlo todo ahora. No estoy dispuesta a caer sin pelear, y supongo que tú tampoco. Además una simple amenaza de Ares no me va a quitar el sueño y a ti tampoco debería quitártelo.

- Xena, sabes que en otras circunstancias lo ignoraría, no le daría tanta importancia... pero les quiero tanto... que si todo volviese a cambiar yo no sé, si él volviese a estar muerto, si Lila no existiese me moriría Xena, no podría soportarlo yo... Soy tan feliz que me da miedo.

-Entiendo como te sientes Gabrielle. Pero sabes que no permitiré que les pase nada, ni a las niñas ni a Joxer, tienes mi palabra. Anímate, anda que no querrás que él te vea así cuando vuelva, sabes que enseguida se preocupa mucho por ti... Como el día que nació Lila ¿lo recuerdas? Yo creía que se iba a desmayar de los nervios que llevaba encima. Pobrecillo.

- Sí es cierto, pensaba que me estaban matando o algo parecido... Aunque en cierto modo me sentía así, el parto de Lila fue mucho peor que el de Esperanza y... bueno, ¿que te parece si paramos de cotorrear como dos ancianas ociosas y preparamos la cena? Joxer y las niñas ya no deben tardar mucho.

Xena dirigió una mirada poco afectuosa a los conejos y sartenes que había ante Gabrielle y mientras se dirigía al borde del claro dijo:

- Gabrielle, mejor te dejo preparando la cena y voy a ver que tal le va a Lila con Argo. ¿No te importa, verdad?

Gabrielle le dirigió a su mejor amiga una mirada del tipo "ya estamos como siempre, huyendo de cocinar" diciéndole:

- Claro que no Xena, adelante no hay problema, yo me ocupo de todo - pero pensando para sus adentros-*tendrá morro de dejarme aquí sola.*

Tras esto, Xena desapareció por el camino y Gabrielle volvió a quedarse sola, mientras se ocupaba de los conejos empezó a recordar con nostalgia aquel día, de ahora hacía algo más de seis años, cuando nació su hija.

/ / Aunque hacía tres días que había salido de cuentas y desde hacía semanas se encontraba gorda y floja como una pelota enorme, para Gabrielle el día empezó como cualquier otro. Salió con su hermana Lila a dar un paseo por los alrededores de Potedaia, pues a Lila le apetecía recoger algunas flores y Gabrielle, con la finalidad de pasar algo de tiempo a solas con su hermana, se había ofrecido a acompañarla. En todo el tiempo que llevaban en casa, Gabrielle todavía no había sacado a colación lo de su matrimonio con Joxer y aunque sabía que Lila no se lo había tomado muy bien, tampoco su hermana le había mencionado nada al respecto. Gabrielle se quedó mirando a su hermana a los ojos con un poco de preocupación, mientras le decía:

- Lila quiero que sepas que yo no... Es que no sé por dónde empezar, yo...

Su hermana le dirigió una mirada comprensiva

- Gabrielle, se lo que tratas de decirme. Hace semanas que te noto extraña justo desde que volviste a casa con Xena y con... Joxer y bueno con mi futura sobrina en la barriga. No te voy a negar que al principio yo también me sentía incómoda, pero enseguida asumí que él te eligió a ti.

- Lila...

- Espera, Gabrielle déjame terminar. No hay que ser demasiado inteligente para ver que tú estás muy enamorada de él y el amor que te profesa. Cualquiera se da cuenta de eso, hacéis muy buena pareja. Así que quiero que sepas que no estoy enfadada contigo, ni con Joxer, puedes decirle que no es necesario que agache la cabeza y mire hacia el suelo cada vez que nos cruzamos por la casa. Me alegro por vosotros, de verdad, por los dos y estoy contentísima de tener una sobrina.

- Hasta que nazca el bebé no sabremos si es niño o niña.

- Ya falta poco, pero de todas formas, tengo el presentimiento de que será una niña. Una niña preciosa como su madre y su tía.

- ¡Lila! pero que cosas tienes... Me alegro mucho de saber que no estas enfadada.

- ¿Cómo podría enfadarme el hecho de que mi querida hermana sea feliz? Las flores que quiero recoger son para hacer un adorno floral para la habitación de la niña, así que tú me ayudarás a escogerlas.

La mañana transcurría tranquila hasta que, de pronto Gabrielle comenzó a sentir dolor y dejó caer el ramo de flores que llevaba recogido. Lila al verla se asustó y corrió hacia ella.

- ¿Gabrielle estás bien?, ¿Ya viene el bebé?

- Sí creo que así es, vamos a casa. Cuando lleguemos avisa a madre y a Xena, ellas avisarán a Altea y prometieron ayudarme durante el parto, ya deben tenerlo todo preparado.

- También tendré que avisar a alguien más, ¿no te parece? Verás cómo se pone Joxer cuándo lo sepa...

- Eso es lo que me preocupa... casi preferiría que no se enterara hasta que el bebé haya nacido y los dos estemos a salvo... pero supongo que tienes razón y él debe saberlo...

Lila tomó del brazo a Gabrielle y las dos hermanas se dirigieron, tan rápido como les fue posible hacia la casa. Gabrielle quedó instalada en su habitación y Lila se dirigió a avisar a Xena y Hécuba. Su madre se encontraba en la cocina y fue fácil dar con ella y explicarle la situación, Xena estaba en su habitación cantando una canción de cuna a la pequeña Cirene que dormía en su regazo y tras escuchar el mensaje de Lila dejó a la niña en su cuna suavemente y comprobó que dormía profundamente, diciéndole a LiLa:

- Ve a avisar a Altea y cuando hayas vuelto con ella ve al establo y avisa a Joxer, está allí tratando de arreglar el techo con tu padre. Pero hazlo después de haber traído a Altea. ¿Me has entendido?

- Si claro Xena, estaré de vuelta enseguida.

Altea era la comadrona de Potedaia y había ayudado a nacer tanto a Gabrielle como a Lila. Al ir un día de visita a casa de Heródoto y Hécuba y darse cuenta de que Gabrielle estaba embarazada, a la buena mujer le faltó tiempo para asegurarle a nuestra amiga que ella la iba a ayudar en el parto de su bebé.

Altea, Hécuba y Xena lo tenían todo preparado, así que el parto transcurrió de manera muy natural. Siguiendo el consejo de Xena, Lila se dirigió al establo en último lugar.

Durante los últimos días se había abierto una grieta en el techo del establo, por donde entraban a raudales el frío y la lluvia creando un ambiente nada aconsejable para los animales. Era por eso que Heródoto se esmeraba en reparar el dichoso boquete. Con lo que no contaba el pobre hombre era con que su "querido" yerno se iba a ofrecer a "ayudarle" con tal insistencia que no pudo rechazar su ofrecimiento, aunque ciertamente Joxer no le era al granjero de gran ayuda, más bien al contrario. Una reparación que le habría costado de hacer menos de un día, le estaba llevando ya dos largos días, y lo que quedaba, pues aunque su yerno ponía muy buena voluntad en el trabajo, en realidad estorbaba más que ayudaba. Joxer se encontraba subido en una escalera con un martillo en la mano clavando un trozo de madera sobre el lugar donde se había abierto el agujero y se disponía a clavar uno de los clavos, Heródoto sujetaba la escalera y le miraba con preocupación. En ese momento la puerta del establo se abrió y Lila entró como una exhalación, acompañada de un rayo de sol de mediodía que iluminó la estancia, en penumbra hasta ese momento.

- ¡Hola papá!, Joxer, el bebé ya está en camino, mi sobrina está a punto de nacer

De la impresión que le produjo la noticia al pobre Joxer se le cayó el martillo que tenía en la mano sobre el pié derecho, empezó a retorcerse de dolor y a punto estuvo de caerse de la escalera todo lo largo que era y partirse la crisma. Menos mal que su suegro y Lila estaban allí y llegaron a tiempo de parar la caída. Una vez en el suelo, empezó a dar saltos sobre su pié sano y a proferir exclamaciones de dolor. Heródoto le dirigió una leve mirada reprobatoria pero llena de comicidad y Lila parecía visiblemente preocupada.

- ¿Te encuentras bien?

- Estoo no mi pié me duele yo.., Lila has dicho que el bebé ya va a nacer ¿Gabrielle está de parto? ¿Cómo está? ¿Dónde está Xena? ¿Está con ella? Yo.. me tengo que ir, Heródoto siga usted ya le seguiré ayudando después. Vamos Lila llévame con Gabrielle.

Heródoto suspiró aliviado *por fin podré reparar el techo en paz*

- Id hijos yo me ocupo de todo, Lila por favor avísame cuando haya nacido el bebé. Voy a preparar una pequeña celebración.

Joxer entró precipitadamente en la casa, seguido muy de cerca por Lila y se encontró en el salón con Xena que tenía a Cirene en brazos, al verle entrar se puso de pié ante la puerta del cuarto que Gabrielle y Joxer compartían en la casa, impidiéndole el paso. Mientras, desde el otro lado de la puerta, se oían los gritos de Gabrielle.

- Xena, déjame pasar ¿se encuentra bien? ¿cómo está? ¿es normal que grite tanto? ¿no le está pasando nada malo? Me necesita, voy a entrar.

Dijo Joxer a su amiga en un tono de voz firme que fue perdiendo firmeza a medida que la cara de Xena iba cambiando de la tierna comprensión a la exasperación profunda a medida que él hablaba.

- ¡Tranquilízate Joxer! Gabrielle está bien. Casi ha terminado todo. Como ya lo tenemos bajo control y Gabrielle me ha pedido que me quedara contigo es lo que voy a hacer. Y óyeme bien, no vas a entrar en esa habitación hasta que yo diga que es tiempo de hacerlo, ¿me has entendido?

Ante aquellas palabras de la Princesa Guerrera a Joxer no le quedó otro remedio que musitar un apagado "sí, está bien" por lo bajito ya que el panorama no estaba para trifulcas y menos cuando Xena se encontraba de ese humor. Aún así sus ojos no cesaban de mirar hacia la puerta cerrada con gesto de grave preocupación. Lo que ablandó de nuevo a Xena que dirigiéndose a Lila dijo.

- Quédate con él y con Cirene- la niña pasó a los brazos de Lila- Voy a ver si Gabrielle necesita algo. Y no dejes a este idiota cruzar la puerta.

Joxer se mostró bastante dolido por lo de idiota pero no dijo nada. Estaba demasiado preocupado como para replicar. Lila se sentó en un sillón del salón con Cirene en brazos y empezó a cantarle canciones mientras no le quitaba el ojo de encima a su cuñado. Esperando noticias transcurrió más de media hora de tensión y preocupación durante la cual se les unió Heródoto y Joxer no dejó de dar vueltas por todo el salón preguntando a cada momento

- ¿Estará bien? ¿y si algo va mal? No, no todo irá bien... Pero, llevan ahí dentro mucho rato...

- Joxer, tener un bebé no es nada fácil, es normal que tarden tanto. Tranquilízate, todo saldrá bien. Dentro de poco vas a tener una niña preciosa en tus brazos, ya verás.

- Euh... Gracias Lila... Siempre te portas tan bien conmigo. Incluso después de que me casé con tu hermana...En vez de estar dolida o enfadada tu...

- Tú la elegiste a ella, y ella te eligió a ti. Y yo quiero que ambos seáis felices. Vuestra felicidad es mi felicidad, así que ni lo menciones. También hablé de esto con mi hermana y ya lo sabe.

- Vaya, es un peso que me quitas de encima...

Absortos como estaban en la conversación no se dieron cuenta de que el ruido al otro lado del cuarto había cesado y ahora reinaba el silencio. En ese momento la puerta se abrió y Xena le dijo a Joxer:

- Venga papá, ya puedes pasar a ver a tu hija. Ah Lila tenías razón, es una niña.

A Joxer le faltó tiempo para entrar en la habitación y se cruzó en la puerta con Hécuba y Altea que salieron tras Xena y se pusieron a hablar con Lila sobre como había transcurrido todo.

Sobre la cama se encontraba Gabrielle, débil y agotada pero sonriente. Sobre el regazo sostenía al bebé, que dormía plácidamente sobre el pecho de su madre. Gabrielle miraba absorta a la pequeña hasta que un débil sonido atrajo su atención y se encontró cara a cara con Joxer que las miraba desde el borde de la cama, sin atreverse a dar un paso.

- Ven, acércate. Es preciosa.

- ¿Estás bien? ¿Estáis bien las dos?

- Sí, anda ven aquí a conocer a tu hija

Joxer se acercó y se sentó sobre la cama justo al lado de Gabrielle y la niña, mirándolas a ambas con infinito amor, ternura y felicidad. Alargó la mano para rozar con los dedos la mejilla de la niña:

- Hola pequeña, soy tu papá. Sí tu papá...

- Joxer, me gustaría que llamásemos a la niña Lila, como mi hermana. Es un nombre que siempre me ha gustado mucho y sería un bonito homenaje a su tía.

- Me parece un nombre precioso. ¿Me dejas cogerla?

Gabrielle le miró con un poco de inseguridad *no puedo negárselo..* y le cedió al bebé sin mucho entusiasmo.

- Joxer cuidado con la cabeza, cógela bien. Sí así, eso es..\\

- ¡Mamá, mamá me lo he pasado genial!

Lila había salido corriendo de la espesura y se abalanzó sobre su madre con tremenda rapidez, devolviendo bruscamente a la realidad a Gabrielle que ahora se encontraba abrazada a la criatura de 6 años cuyo nacimiento acababa de recordar. De la espesura apareció también Xena que se mostró encantada de que la cena ya estuviese lista y le manifestó a su amiga los progresos de la niña en el cuidado de caballos. Lila seguía emocionada, contándole a su madre lo bien que se lo había pasado, lo mucho que le había gustado la experiencia y que quería un caballo para ella sola.

- Todavía eres muy joven, cariño. Un animal así requiere cariño y dedicación, ya hablaremos de esto cuando seas más mayor.

- Mientras... ¿puedo seguir ocupándome de Argo tía Xena?

- Pues claro que sí, me vendrá muy bien tu ayuda y Argo te quiere mucho. Xena esbozó una sonrisa y miró a Gabrielle.

*No como a mí* pensó Gabrielle entendiendo el significado de la expresión de su amiga *que esa yegua siempre me tuvo manía y yo nunca le hice nada...*

- Esto, Xena-cambió de tema Gabrielle- ¿No hace mucho rato que Joxer y Cirene se fueron? El río no está tan lejos, ya deberían haber vuelto...

- Bueno, no he escuchado ningún ruido especial ni he sentido nada extraño, lo único que...

Xena se interrumpió a sí misma cuando desde el fondo del claro vio llegar a Joxer y a Cirene que llevaban un cubo de agua cada uno.

- ¡Humm! que bien huele... Sentimos haberos hecho esperar - dijo la niña con expresión seria- pero es que a papá se le cayó el cubo de agua por el camino y tuvimos que volver al río a llenarlo otra vez.- Cirene dirigió una mirada de reproche divertido a su "padre".

Joxer visiblemente avergonzado le dirigió una mirada de *mejor estás calladita* e intentó disculparse:

- Yo no tengo la culpa de que esa rama estuviese ahí en ese preciso instante. Además iba contándole a Cirene una historia sobre como me -se corrigió enseguida- nos enfrentamos a Callisto y...

Xena intentaba no reírse y Gabrielle miró a Joxer pensando *no cambiarás nunca* y suspiró.

-A Cirene le gusta mucho esa historia...

- Sí, mamá me la ha contado cientos de veces pero a mí me gusta más cómo la cuentas tú... Es mucho más divertida...

- Gracias cariño. He superado a la barda de Potedaia contando historias... jajaja.-Joxer empezó a reírse, pero la sonrisa se le heló en la cara cuando vio la expresión de enfado que empezó a asomarse a la cara de Gabrielle- Vaya la cena huele muy bien...- dijo cambiando de tema.

Los cinco se sentaron alrededor del fuego conversando animadamente mientras daban buena cuenta de la cena. Cirene y Lila jugaban a resolver acertijos, y los mayores hablaban sobre temas más importantes:

- Bueno, ¿qué os parece el plan? Es un tanto arriesgado pero debemos jugar nuestras cartas cuanto antes. He estado pensando en ello durante todo el día y es la única solución que se me ocurre.

- Yo creo que es un buen plan pero supone exponer a la niña a cierto peligro... dijo Gabrielle.

- Joxer, estás seguro de que podrás hacerlo ¿verdad? no puedes fallar...

- Claro, Xena sabes que haría cualquier cosa por esa niña. La quiero como a mi propia hija. Es un ser maravilloso y no dejaré que nadie le haga daño...Por cierto, se está haciendo tarde, voy a mandar a las niñas a dormir.

Mientras Joxer se alejaba unos metros para llegar hasta donde las niñas jugaban y las mandaba a la cama, Gabrielle le mostró a Xena sus dudas:

- Xena, ¿crees que es seguro dejar esa parte de responsabilidad en Joxer? No sé me parece peligroso exponerlos de esa manera...

- Gabrielle, ¿tengo que recordarte lo que sucedió la última vez que no incluimos a Joxer en un plan? Además siempre que le hemos pedido su colaboración en algún asunto importante ha resuelto la situación de manera impecable (la daga del sacrificio, el polvo negro...) Yo he decidido confiar plenamente en él, ¿cuándo vas a hacerlo tú?

- Supongo que tienes razón, es sólo que le veo tan vulnerable... Que me da miedo que pueda pasarle algo malo... Yo confío en él, sé que es capaz de muchas cosas pero también sé que no ha progresado mucho en el terreno de la lucha. Ha mejorado bastante y ahora es más prudente... pero me da miedo que cometa alguna estupidez.

- No lo hará, este plan va a salir de maravilla, Ares nos dejará tranquilas durante una buena temporada y evitaremos que tenga tentaciones de hablar con alguien del Olimpo sobre este tema. Vamos a seguir el plan como estaba previsto y ahora, vamos a dar las buenas noches a las niñas.

Dejaron a las pequeñas durmiendo una junto a la otra acurrucadas y tapadas cada una con su mantita de piel. Nuestros protagonistas se dispusieron a dormir como cada noche: Xena junto a las niñas y Gabrielle y Joxer un poco más hacia su derecha. Xena había dado las buenas noches y se había dormido enseguida. Gabrielle sentada y aprovechando los rescoldos de la hoguera escribía en un pergamino los acontecimientos del día. Joxer sentado junto a ella la cogió de la cintura y empezó a mirar por encima de su hombro lo que escribía.

- Es una buena historia... ¿cómo crees que acabará?

- Espero que bien, más nos vale. Ten cuidado con Ares.

- Sabes que lo tendré...

Joxer la besó en el cuello, en la cara... y Gabrielle se giró para recibir uno de esos besos que hacían erizarse su piel y hundirse sin remedio en el pozo oscuro de los sentimientos. Siempre era así, como aquel día en que se besaron por primera vez, cuando sintió que nunca nadie la había besado de esa manera y entendió que se había enamorado de Joxer sin darse cuenta. No sabía ni cuando, ni como, ni en que momento ocurrió... quizás ese sentimiento siempre había estado allí pero ella no lo había percibido...

- Gabrielle ven, vamos a "dormir"...

- No, espera quiero terminar este pergamino, mañana estaremos muy ocupados y no tendré tiempo de escribir. Quiero adelantar todo lo que me sea posible... Tranquilo, no tardaré... Ya casi he acabado...

Joxer, algo defraudado, se recostó a su lado y Gabrielle siguió escribiendo durante un rato más. Cuando terminó, Joxer dormía profundamente a su lado. No se vio con corazón de despertarlo, le dio un beso en la mejilla, se recostó junto a él y le abrazó. Se durmió a los pocos instantes.