Como Entrenar a tu Dragón y sus personajes, no me pertenecen, son propiedad de Cressida Cowell, y DreamWorks skg.
¨Convierte tu Muro, En un Peldaño¨
¨Un Nuevo Hogar¨
Pasaron la noche en el sitio más alejado de Berk que pudieron encontrar, teniendo especial cuidado de no dejar rastros que bien fuera su padre, o algún otro vikingo de la aldea pudiera seguir, eso si después de que Astrid lo dejara frente a todos como el traidor que le dio la espalda a su propia tribu, al proteger y cobijar a un dragón en el mismísimo corazón de la isla, les quedaba algún motivo para buscarlo...
sin embargo ya no había marcha atrás, regresar significaría entregar la cabeza de su mejor amigo, y eso era exactamente lo que desde el primer momento había tratado de evitar, y lo habría logrado, si al menos su padre hubiera estado dispuesto a escucharle alguna vez...
durante días y días volaron, refugiándose en cualquier sitio deshabitado en el cual pudieran proveerse de lo necesario para sobrevivir, agua, comida, y una buena fogata que los resguardara del frío durante las noches, para después continuar, en busca de un sitio más cálido, donde pudieran construir su nuevo hogar, hasta que una oscura y gélida tarde de invierno, se encontraron con algo que cambiaría el curso de su destino...
estaban volando sobre el océano, en medio de un banco de niebla, cuando de pronto escucharon el ruido de lo que parecía ser un combate de espadas, acompañado de varias amenazas, y ordenes por parte de alguien a quien otros se dirigían como capitán, descendiendo en ese instante para averiguar de que se trataba...y entonces lo vieron...
un gran navío mercante estaba siendo atacado por piratas que intentaban saquear su valioso cargamento, peleando con cada hombre en la tripulación que osaba interponerse en su camino - ¡Matenlos a todos si hace falta, pero quiero ese cargamento en mi drakkar! - Gritó una voz que Hipo reconoció en seguida...
- ¡Alvin! - Confirmó el chico mientras descendían en picada, tratando de ayudar a la tripulación de aquel barco a repeler el ataque de ese sinvergüenza y su maldita plaga de marginados, recordando todas las veces que habían atacado Berk, saqueando la pequeña aldea, cada vez que su padre salía en una búsqueda más, en su afán de encontrar el nido de los dragones...
Chimuelo planeó sobre la cubierta, lanzando pequeñas bolas de fuego violeta hacia los marginados, sacando de combate a unos, y obligando a otros a huir asustados, saltando de inmediato a bordo de su propia embarcación, hasta que solo quedó el propio Alvin, peleando con un fornido guerrero que se las había ingeniado para acorralarlo contra la escotilla, obligandole a saltar al agua y nadar como una rata asustada hasta donde sus hombres se preparaban a toda prisa para emprender la retirada...
al ver a aquel chico montado sobre aquella imponente y peligrosa bestia, los miembros de la tripulación retrocedieron asustados, empuñando sus espadas con fuerza ya que temían ser los próximos en la lista, ganándose con aquello una mirada hostil, y un gruñido de advertencia por parte de Chimuelo...
- ¡Bajen las armas! - Les ordenó uno de ellos, que parecía ser el capitán - ¡Que las bajen, les digo! - Gritó adelantándose para mirar de cerca, ignorando la advertencia implícita en los gruñidos de aquella bestia...
- Había escuchado hablar de ellos, pero siempre creí que no existían - Dijo para si mismo, cerrando en un solo paso, la distancia que los separaba - Yo soy Sir Ranald MacKenzie, ¿Cual es tu nombre muchacho? - Le pregunto mientras se acercaba peligrosamente a ellos...
- Me llamo Hipo, Hipo Horrendo Haddock III, señor - Respondió el chico, provocando las carcajadas de todos los hombres a bordo de la embarcación...
- ¡Silencio! - Bramó MacKenzie, parando en seco las innecesarias burlas de su tripulación - Creo que la situación, no es la más apropiada para una broma, si es que esa ha sido tu intención - Le advirtió - Yo pregunté, ¿cual es tu nombre, muchacho? -Repitió de nuevo la pregunta, ganándose una extraña y amenazadora especie de zumbido por parte de aquella impresionante criatura...
(¨¿Eres sordo?, ¿o solo finges para verte más interesante?, ¡ya te ha dicho cual es su nombre!, pedazo de idiota¨)...
- Si fuera una broma, me estaría riendo igual que sus hombres, señor - Dijo adoptando su mejor gesto de seriedad - Ya he dicho que mi nombre es Hipo, Hipo Horrendo Haddock III...
-Ya veo - Convino MacKenzie, comprendiendo en ese instante que el chico no bromeaba, lamentando las burlas de sus hombres, los cuales al igual que él, ahora debían sus vidas al muchacho, y a su mítica bestia...
- Pues es un verdadero placer conocerte, Hipo - Externó inclinándose en solemne reverencia, misma que fue imitada de inmediato por el resto de los tripulantes - A ti, y a la interesante bestia que te acompaña...
- Su nombre es Chimuelo, y es mi mejor amigo - Le corrigió el chico, acariciando la cabeza de su dragón, el cual se encontraba ocupado mostrando su espléndida dentadura a los bromistas que un minuto antes se habían reído al escuchar el nombre de su amigo - Pasábamos por aquí, y vimos lo que sucedía- Le explicó...
-Mis hombres y yo les agradecemos- Dijo inclinando la cabeza ante ellos, expresando con ese gesto su gratitud- Nuestra deuda es ahora con ustedes...deben estar cansados y hambrientos, tal vez si tu amigo descansara por unas horas en la cubierta, podría reanudar el viaje más fácilmente, ¿que te parece si ambos nos acompañan a cenar?...
al ver a su amigo agotado por las pesadas y largas horas de vuelo, pensó que tal vez no fuera tan mala idea aceptar la gentileza de Sir MacKenzie, por no mencionar que después de días y días de alimentarse tan solo de raíces, moras, y pescado asado, realmente le apetecía probar algo diferente...
- ¿Y a que tierra perteneces, muchacho? - Le preguntó su anfitrión, deseoso de saber más sobre sus invitados...
- A ninguna señor, viajamos sin rumbo, buscando un sitio al cual podamos llamar hogar- Explicó Hipo, bajando la cabeza con una profunda tristeza en su mirada...
Sir MacKenzie escuchó la historia de Hipo y Chimuelo con atención, lamentando la serie de hechos desafortunados que lo habían llevado a tomar la decisión de abandonar su tierra, viéndose orillado a buscar un nuevo hogar, un lugar donde tanto él como su amigo pudieran llevar una vida tranquila, lejos de la guerra...
al igual que sus hombres, se sintió impresionado al escuchar a Hipo hablar sobre aquella gigantesca y descomunal bestia que había visto emerger de las profundidades de ese volcán a donde Chimuelo lo había llevado cuando volaban en medio de aquella parvada de dragones en la cual se habían visto atrapados cuando escapaban, comprendiendo finalmente los motivos que sus nuevos amigos habían tenido para renunciar a todo y aventurarse a lo desconocido, no sin antes habérselas ingeniado para fastidiar a esa chica de la que Hipo hablaba, y reducir las posibilidades de su padre de encontrar el nido de aquellas magníficas bestias...
- Nosotros nos dirigimos hacia las islas de Arcaibh, a la región más grande y próspera de las tierras altas, la isla de Mandala, llevamos un cargamento de miel, especias, y sedas de oriente para Lord Malcom Duncan, nuestro buen Laird, y señor del clan Duncan - Habló MacKenzie, levantando su jarra de estaño para brindar en su nombre, seguido por el resto de sus hombres - Sé que estará agradecido cuando sepa lo que han hecho por nosotros, y no dudará en ofrecerles trabajo, y un lugar como miembros de nuestro clan...
Hipo estaba agradecido, luego de la promesa de Sir MacKenzie, de que nadie haría daño a Chimuelo en Mandala, había aceptado el ofrecimiento que este le hacía, pasando el resto de la travesía imaginándose como sería su nueva vida en aquel lugar, en medio de aquellas personas, y un aire completamente distinto a ese que se respiraba en Berk...
tocaron puerto una mañana nublada, comenzando a descargar la mercancía que llevaban, en medio de un sustancioso grupo de espectadores, que miraba asombrado a la impresionante criatura y a su jinete, los cuales ayudaban a Sir MacKenzie a transportar el cargamento del barco hasta Duncan Creag, el imponente castillo de amenazantes paredes de piedra gris, que se alzaba orgulloso en la cima de un acantilado, hogar del clan Duncan, a cuyo señor serían presentados en poco tiempo, como invitados y amigos de Sir MacKenzie, al igual que de toda la tripulación...
Sir MacKenzie y sus hombres los guiaron hasta una especie de bodegón de grandes puertas claveteadas en hierro, donde guardaron el gran sinnúmero de cajas y barriles repletos de la mercancía que poco antes habían descargado, y al terminar se dirigieron hasta el salón de Lord Malcom, donde ambos amigos fueron presentados ante el Laird del clan Duncan, como los salvadores de su cargamento y la tripulación del barco, contándole la forma tan heroica en la que ambos amigos habían acudido en su ayuda, en el momento de mayor necesidad...
Lord Malcom agradeció su ayuda; A pesar de sus cortos dieciocho años entendía la difícil situación por la que los dos amigos estaban atravesando, sus padres habían muerto tan solo diez meses atrás, cayendo sobre sus hombros la gran responsabilidad de cuidar y atender las necesidades de su clan, así como también debía educar y proteger a sus tres hermanos menores, Ian de quince años, Tayra de trece, y la pequeña Bonnie de tan solo un año de edad, por lo que no dudó ni un solo instante en ofrecerles un lugar como miembros del clan Duncan, por lo cual comenzaría con su adiestramiento bajo la responsabilidad de Sir Ranald MacKenzie...
- ¿Porqué debo aprender a pelear? - preguntó Hipo con algo de aprensividad, mientras era llevado por Lean, el joven escudero de Lord Malcom hasta la que sería su nueva habitación - ¿para luchar contra quien? - dijo expresando su preocupación, temiendo que la historia comenzara de nuevo...
- Contra nadie especificamente, mi joven señor - explicó el muchacho - Pero aquí en Duncan Creag, no importa mucho si se es señor o un simple sirviente, es escencial aprender a defenderse - Lo persuadió Lean, abriendo la puerta de una gran recamara de piedra, invitando al chico y a su amigo a tomar posesión de ella...
aquella noche, Hipo durmió como no lo había hecho desde hacía bastantes noches, y a la mañana siguiente, luego de un buen desayuno, salió al patio donde Sir MacKenzie ya lo esperaba para comenzar con su entrenamiento, iniciando por enseñarle a usar la espada, lo cual en un principio parecía ser un asunto realmente complicado, pues el chico se iba de espaldas cada vez que intentaba empuñar el arma con ambas manos, causando toda una cadena de accidentes a su alrededor, sin embargo, para el final de su primera sesión de entrenamiento, era capaz de sostenerla en alto, mientras conseguía mantenerse de pie...
había terminado con su primera lección, completamente cansado, todo lo que le apetecía era tomar un baño, y descansar en su cama durante el resto del día, pero le había prometido a Chimuelo que después del entrenamiento irían a volar un rato, por lo que no tuvo más remedio más que llevar a su amigo a surcar el cielo vespertino de Duncan Creag, mientras disfrutaban juntos de su nueva libertad...
se hallaban sentados junto al muelle, donde Chimuelo comía despreocupadamente los peces que Hipo había conseguido atrapar especialmente para él, mientras observaban distraídos el hipnótico vaivén de las olas rompiendo en la base del acantilado, cuando algo que no habían notado, llamó repentinamente su atención...
cerca de ahí, una chica montaba a todo galope sobre un enorme caballo negro, saltando agilmente sobre los troncos y rocas que había junto a la costa, llevaba un hermoso vestido verde con pasaliston dorado en el dobladillo de su falda, y sus cabellos rubios ondeaban libres, despeinados por el viento...
llegó junto a ellos, bajando hábilmente de su montura mientras se acercaba despacio, entornando los ojos con curiosidad...
- Mi hermano y Sir Ranald nos hablaron mucho sobre ustedes anoche, pero dijeron que estarían ocupados, y que no debíamos interrumpirlos antes del atardecer...mi nombre es Tayra Duncan, y es un placer darles la bienvenida a Duncan Creag - Dijo la joven, haciendo una pequeña reverencia, la cual para sorpresa de Hipo, Chimuelo respondió...
- Gracias, mi lady, nos alegra haber venido - Respondió Hipo, clavando su mirada en los ojos dorados de la pequeña dama, que en ese momento desenvolvía un enorme pez que llevaba consigo y se lo ofrecía a su amigo, el cual lo olfateó unos segundos antes de engullirlo entero...
- ¿Sabroso? - Le preguntó sonriendo, mientras el dragón componía un gesto en su cara que Hipo conocía bastante bien...
- Creo que no le gustará conocer la respuesta a esa pregunta, mi lady - Le advirtió Hipo mirando a su amigo regurgitar la mitad, para después ofrecérsela a Tayra...
sin embargo, la chica tan solo estudió con cuidado el comportamiento de su amigo, antes de tomar aquel trozo de pescado del suelo para pegarle tremendo mordisco, el cual saboreó, y tragó con una inconfundible sonrisa de satisfacción, plasmada en su rostro...
- Mmmm...¡si que lo es! - Exclamó cediéndole el resto al sonriente dragón que la veía divertido, sentado junto a Hipo quien se había quedado con la boca abierta (¨¡Oye!, ¡esta chica me agrada!¨)...
-¿Nos acompañarán a cenar esta noche? - Les preguntó sonriendo, a la espera de una respuesta afirmativa...
- Mi lady...nosotros... - Intentó disculparse Hipo, ya que no le parecía apropiado que a tan pocas horas de su llegada, lady Tayra los tratara a ambos con aquella familiaridad, pero al parecer, la chica opinaba todo lo contrario...
- Tayra, mi nombre es Tayra, insisto en que me llamen así - Le corrigió la muchacha - Y de verdad me gustaría mucho que ambos aceptaran mi invitación...¿que me dicen?, ¿vendrán?...
Al ver la decisión brillando en los dorados ojos de su nueva amiga, Hipo comprendió que no tenía opción, por lo que después de una pequeña reverencia, se incorporó sonriendo, antes de responder...
- ¿A cenar mi lady?...será un honor...
- Tayra...me llamo Tayra...
- Tayra, por supuesto...ahí estaremos...
- Maravilloso, pediré que pongan otro lugar en la mesa...los estaré esperando...
Dijo antes de montar de nuevo a lomos de su caballo, cabalgando a todo galope en dirección al castillo, mientras que Hipo y Chimuelo la veían alejarse, incapaces de contener la sonrisa que se había dibujado en su cara...
- ¿Sabes amigo?, creo que comienza a gustarme la idea de vivir en este lugar...
- (¨Si...a mi también¨)...
Dijo mientras recogía la espada del suelo, junto con el resto de sus pertenencias, comenzando a andar de vuelta al castillo, para lavarse antes de presentarse en el salón comedor, mientras Chimuelo trotaba a su lado, pensando en el interesante comienzo de su nueva vida en Duncan Creag.
