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El pacto
Kate despertó solo para verse amordazada y atada a lo que parecía ser un altar de roca. Estaba desnuda y un vistazo a su alrededor le indicó que no estaba sola; oscuras figuras encapuchadas con velas en las manos la rodeaban.
La periodista intentó gritar, en vano. Uno de los encapuchados se le acercó, revelándole su rostro…
-Bienvenida, señorita Frost – dijo el Dr. Tensier, sonriendo – Bienvenida a su última nota en vida… una vida que, mucho me temo, acaba hoy.
Kate chilló. La mordaza ahogó sus lamentos.
-Oh, no intente resistirse, es inútil. Se lo aseguro – el científico hizo una pausa y luego continuo – Vera, señorita Frost, ha sido elegida como sacrificio ritual para agasajar a nuestros invitados a esta reunión. Ellos vienen desde muy lejos y generalmente la carne humana les despierta enormes apetitos. ¡Pero no ponga esa cara! Considérese privilegiada al honrar así su vida para sustentar las ansias de los hijos de Domaag T'eel. ¡Ah, mire! ¡Ahí llegan! Que puntuales.
Kate miró en la dirección indicada y entonces supo que estaba al aire libre, en mitad de algún bosque. Era de noche y aparte de velas, los encapuchados junto a Tensier llevaban antorchas encendidas.
Con un frío horror recorriendo y sacudiendo su cuerpo, la periodista vio bajar del oscuro firmamento seis figuras sombrías. A la luz de las velas y antorchas, se le antojaron un espanto demasiado horrible para ser reales…
Eran asquerosos. Sus cuerpos eran legamosos y parecían una insólita cruza entre pulpos, murciélagos y crustáceos. Chillando de hambre, las abominaciones alienígenas replegaron sus membranosas alas y se le echaron encima, comenzando a alimentarse con su carne.
Tensier y sus hombres contemplaron el sangriento festín, impávidos. Cuando todo acabó, uno de los monstruos volvió su bulbosa cabeza hacia el científico… y le habló.
El lenguaje, por supuesto, era telepático.
"Has obrado bien, Tensier", dijo el alienígena. Sus pensamientos eran fuertes y claros. A Tensier le costaba recibir el toque de esa mente extraterrestre y no enloquecer. Merced a un forzoso ejercicio de concentración, la mente del visitante del espacio no conseguía doblegarlo del todo, "Nuestro viaje ha sido largo y nuestro apetito, voraz. Has escogido un sacrificio optimo".
-El proyecto lunar de Rice y la ONU está en marcha – dijo – Es solo cuestión de tiempo para colocarnos en la posición correcta e infiltrarnos… y así poder liberar al Amo de su prisión.
"Sí", el monstruo asintió, "Hemos visto las instalaciones que tu raza construyó en la roca donde nuestro progenitor yace encerrado. Esperamos ansiosos su liberación y la de sus hermanos en tu planeta. Serás recompensado por ello, Tensier. Domaag T'eel así lo ha prometido. Tu pacto has de cumplir, sin embargo, al pie de la letra…"
-Solo hay un obstáculo, de momento, y es Rice – Tensier sonrió – No deben preocuparse por él. Mi gente se encargara de que su fallecimiento se parezca a un accidente.
El alienígena volvió a asentir. Un tentáculo de su cuerpo se extendió y acarició al científico. Este se estremeció.
"La hora en que las estrellas estarán en posición se acerca", dijo mentalmente, "Cuando nuestro progenitor este libre, serás amo del tiempo y el espacio, Tensier. No nos falles".
-No lo haré – prometió el científico.
A continuación, las seis criaturas extraterrestres montaron vuelo y partieron rumbo al gélido vacío sideral.
