Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer solo la trama es mía.
Aviso: Alto contenido sexual y tema fuerte
Bella es una rebelde estudiante en un prestigiado colegio, pero todo cambia cuando conoce al profesor Cullen, quién le enseñará el verdadero significado de la obediencia. (Editada, misma temática, partes Inéditas)
Jouer le jeu
(Deseo)
Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.
Jacques Lacan
Caminé temblorosa al baño, abrasándome el torso, como si así pudiera evitar el quebrarme. Me estaba sosteniendo y cada paso se hacía más pesado.
Sentía como el frío del aire acondicionado me calaba en los huesos. En este momento estaba sintiendo todo con asombrosa nitidez.
Lo curioso es que dentro de mí, no sentía nada.
Estaba como extrañamente vacía. No estaba bien, eso estaba claro, era como una calma, la calma que precede a una tormenta.
El olor a sexo estaba impregnado mí. Toqué mis pechos suavemente, sintiendo mis aun duros pezones qué no recibieron ninguna atención a excepción del rocé con el frio escritorio.
Sin darme cuenta había llegado ya al baño y entre rápidamente, ahora si dándome cuenta de lo acelerada de mi respiración.
Mi mente estaba en pausa, completamente en blanco, aun no asimilaba lo qué acababa de pasar con él.
Edward Cullen.
¿Cómo demonios deje qué esto pasará?
Jamás, jamás en mi vida me habían puesto una mano encima, jamás me había sentido tan humillada…pero jamás me había sentido tan excitada y por más que quisiera negarlo, estaba segura que quería más, mucho más de él.
Y eso me asustaba, simplemente no era normal, no podía creer las emociones qué me embargaban en este momento y gracias a un bastardo desconocido.
Sexy y delicioso bastardo…
El baño estaba vacío lo cual era un alivio. Deje caer mi bolso con los libros sin importarme dónde cayó.
Con pasos temblorosos llegue al espejo. Apoyé mis manos en el lavabo sintiendo el frío mármol en la palma de mis manos.
Cerré los ojos con fuerza tomando bocanadas de aire que no alcanzaban a llegar a mis pulmones.
Con los ojos cerrados abrí el grifo y puse mis manos bajo el agua y en el momento en que el frío del agua hizo contacto con mi piel, me sentí sucia, aunque en teoría estaba sucia, pero el punto es qué me sentía mal, me sentía utilizada y si también me sentía una zorra descarada.
Las lágrimas comenzaron acumularse en mis ojos.
Creo que ya empezaba asimilar lo ocurrido…
Abrí los ojos y mire mi rostro y mi cuerpo en el espejo.
Me veía completamente…rota.
Mi maquillaje estaba corrido, las lágrimas dejaban un negro camino por mis mejillas las cuales estaban sonrojadas, mis labios estaban rojos y tenía una pequeña herida en el lado izquierdo de mi labio inferior, no sabía si yo me la había causado por morder mis labios para evitar gritar o había sido él con su furioso beso.
Pero lo más perturbador en esa imagen eran mis ojos…era mi mirada. Reflejaba una angustia enorme, tristeza y desolación…pero ahí estaba ese brillo.
El brillo qué representaba anhelo y excitación.
Sin darme cuenta ya me encontraba hiperventilando. Todo me parecía tan bizarro, incluso estaba comenzando a pensar que nada de esto había pasado. Esto no pasa en mi vida. Por años he vivido la misma rutina, las mismas emociones, la melancolía permanente, la anestesia que traía consigo ciertos momentos de felicidad. La facilidad para obtener todo lo que quiero sin mayor esfuerzo. Una profunda y completa normalidad
Plano, gris.
Y ahora estaba aquí, sintiéndome completamente perdida, sintiendo cosas que jamás había sentido, cosas que se contradecían. Humillación y anhelo.
Un extraño anhelo, de esos que traen angustia, de esos que temes con toda tu alma no obtener, esos raros anhelos que yo no me permitía sentir. Que de hecho, nunca había sentido con tanta intensidad.
Deseaba sentirlo nuevamente, deseaba ser castigada de nuevo…quería más de él.
Acostumbrada estaba, como dije anteriormente a obtener todo lo que quiero, todo lo que me propongo, siempre ha sido así.
Pero en este momento, no siento que sea así, no siento que sería posible volver a tenerlo, al mismo tiempo, no es lo correcto. Está mal.
Sé que lo que debería hacer es gritar lo que paso, llorar u simplemente olvidar lo que paso, bloquear todo esto de mi mente y seguir como siempre.
Acusarlo no era opción.
Yo había sido participe activa en todo lo que paso en el salón. Tal vez yo ya intuía lo que iba a pasar, tal vez por eso yo había fallado al resolver el problema. Había aceptado ser castigada.
Aparte de eso, por nada del mundo me involucraría en un escándalo de tal tipo. No iba darle más armas a Sue contra mí.
La verdad es que desde el momento en que su mirada se encontró con la mía, un fuego se encendió dentro de mí. Lo provoque, aunque todo me decía que debía parar, yo lo inicie, seguí, prácticamente pedí a gritos que pasara lo que paso.
A excepción de los azotes…
Fue en maldito juego perverso.
Podía imaginar sus labios sobre mi cuerpo, sus manos explorándolo, su lengua saboreándolo, el prácticamente me hacía el amor con la mirada.
Aún podía sentir sus manos explorando mi cuerpo, su lengua en mis labios…
Él me había jodido, literalmente. Y me gusto. Era deseo puro, enfermo, oscuro y desmedido.
No era lo correcto. Pero lo correcto era aburrido y sin mentirme más realmente odio lo correcto.
No existe una normalidad absoluta, así que lo correcto o incorrecto es relativo.
Aunque esto no tuviera realmente nada de correcto.
Respire profundamente, estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.
La primera regla qué he seguido después de lo que paso con James, y de la gran desilusión que me causo Charlie, ha sido no crear expectativas, no idealizar y no perder la cabeza nunca.
Y tal vez esto haya sido cosa de una sola vez y no vuelva a ocurrir. Y es a esa idea a la que realmente debía apegarme.
Aunque el pensamiento de no volver a sentirlo en mí crea una profunda ansiedad, y parte caprichosa aparezca en escena haciendo un berrinche, como si le hubieran quitado su juguete favorito.
No debía tener expectativas. Ni buenas ni malas.
Edward Cullen... mi juguete.
Sonreí ante el pensamiento, eso sería…perfecto. Pero tengo la sensación de que quien terminarían siendo el juguete no sería él.
Me miré al espejo y esa sonrisa era la de una desquiciada y realmente daba miedo por mis aspecto.
Edward Cullen no solo había jodido mi cuerpo, si no mi mente, mi vida rutinaria y todo lo demás.
No podía ser tan ingenua, sabía que las cosas no volverían a ser igual. Incluso si no volvía a pasar.
Lavé mi rostro y quite todo resto de maquillaje, recogí mi bolso y después me maquille un poco, peine mi cabello, encontrando un pequeño prendedor rosa pastel en forma de moño el cual puse en mi cabello.
Se veía adorable. Yo era adorable, para la mayoría de los hombres, lo era.
Me puse un poco de mi dulce perfume de fresas y salí de ahí, tratando de dejar el "asunto" por la paz.
Ya mañana vería que pasaría.
Me estaba engañando obviamente, casi comenzaba a crearse en mi mente otro plan perverso para volverlo a provocar.
Era un maldito y sexy bastardo, ya podía darme por jodida, no acostumbraba obsesiones… hasta ahora.
Mi siguiente clase era literatura, lo cual era mi favorita, algo que me ayudaría a distraerme un poco de todo esto. Y después tenía tres horas dolorosas de Ballet clásico.
Amaba bailar, amaba el maldito ballet, amaba la sensación de desconectarme del mundo, que solo ocurría cuando estaba bailando. Era admirada por todos. Era sublime.
Y es algo tan mío. Obviamente era la mejor de la clase y eso no cambiaría nunca.
Me sentía frágil y hermosa y muy feliz cuando bailaba, sentía libertad. Expresar con mi cuerpo lo que mis labios quieren gritar.
Valía la pena el dolor por tal placer.
El solo pensar en esas clases, una sonrisa se instaló en mi rostro e inmediatamente me sentí un poco más relajada.
El timbré sonó y apresuré el paso, entre más rápido llegara a la clase mejor, no quería toparme con Alice y dar explicaciones, no tenía ganas de inventar una historia, con Alice todo consistía en exactos detalles de todo.
De repente fui interrumpida en ese momento por alguien, alguien que hace apenas unas horas ocupaba gran parte de mis pensamientos, alguien que desapareció de mí en el momento en que esos ojos verdes se cruzaron en mi camino.
La última persona con la cual me hubiera querido encontrar en este momento.
James.
Me interceptó justo cuando daba la vuelta en el pasillo, sus brazos me rodearon y sentí sus labios en mi mejilla, besándome más tiempo del necesario.
—Te extrañé preciosa. No te vi con Alice ¿Dónde te metiste? —preguntó contra mis cabellos, inhalando profundamente.
Sus manos acariciaban mi espalda suavemente, parecía que James no había entendido que nuestra relación ya había terminado. Siempre se comportaba así, como si nada hubiera pasado, como si no me hubiera roto el corazón.
Yo me relaje un poco entre sus brazos y recargue mi cabeza en su pecho. Él era tan familiar.
Yo no hacía nada realmente para detener lo cariñoso que era James conmigo. Aún lo quería, pero no estaba dispuesta a perdonar y olvidar. No cuando ella seguía en si vida. El que fuera cariñoso me daba la satisfacción de ver el dolor y el coraje de la puta con la que me había engañado.
Sabía que ella no conocía al James cariñoso y atento que yo conocía a la perfección y eso la mataba.
Sin embargo, yo no conocía a su James. Al hombre ardiente que no hacía el amor, si no que cogía, que era carnal y sucio.
Y ella sabía que eso a mí me mataba.
Era una relación enfermiza, a la que estaba acostumbrada. Era familiar. Era parte de mi melancolía.
Sentí lágrimas acumularse en mis ojos, me estaba quebrando de nuevo. Su cariño me estaba lastimando más que de costumbre.
Me estaba sintiendo sucia de nuevo. Sentía extrañamente qué había traicionado a James, él había sido mi primera vez y el primer chico al que había amado y entregado mi cuerpo y gran parte de mí.
Fuimos novios por dos hermosos años, los mejores años de mi vida o eso pensaba antes, antes de que mi mundo perfecto se fuera al carajo.
Desde el momento en qué me hizo su novia no volví a sentirme sola nunca m
Las cosas se complicaron con la llegada de Victoria. Una zorra con cabello rojo y largo, con cara de ángel perverso. Ella era sexual, no sensual y capto la atención de James.
Ella lo sedujo en una fiesta, él estaba algo tomado y yo no estaba ahí. Ella aprovechó la oportunidad y terminaron teniendo sexo en el auto de James.
Esa es la versión corta.
No le hecho toda la culpa a Victoria, él estaba tomado, no inconsciente y sabía perfectamente bien qué estaba haciendo, simplemente el alcohol lo ayudo a tomar valor y a que se le hiciera fácil. Se desinhibió y dio rienda suelta a su deseo pro ella.
Yo sabía muy bien de sus coqueteos. A él simplemente le encantó Victoria desde que la vio, pero nunca me lo acepto. Decía que no fuera celosa, que el solo tenía ojos para mí. Yo siempre supe que no era así.
De nuevo, había decidido no escuchar mis instintos, tenía un largo historial de eso.
James no sabía lo fácil qué era de leer para mí, no sabía qué yo lo conocía mejor el mismo, yo siempre manejaba con él una cara de mí, a pesar del amor, nunca la mostré realmente todo lo que soy.
El necesitaba sentirse importante, él creía qué me había enseñado el mundo con sus palabras, qué yo lo adoraba como a un dios.
Pero no era así. Yo sabía cómo manejarlo, como mostrarme ante él, sabía qué hacer y qué no hacer.
No fingía el amor, pero tal vez me había equivocado. En un principio todo fue puro, natural, pero solo le mostré una imagen de mí. Sabía que debía guardarme algunas cosas para mí…pero tal vez si me hubiera mostrado un poco más, todo hubiera sido diferente.
Me sentía como una niña pequeña entre sus brazos, él era muy alto y lindo, lo quería mucho y me sentía amada y respetada cuando estaba así con él.
James se arrepintió de lo ocurrido con Victoria, me lo confesó y prácticamente rogó por mi perdón.
Dolió más de lo qué puedo decir, lo perdoné pero no volví a ser su novia, ya no había confianza y ambos habíamos sido culpables, me había cerrado definitivamente a él así que no había más que hacer.
Victoria prácticamente gritaba por los pasillos qué pronto sería la nueva novia de James, cosa que por supuesto no ocurrió.
El sigue esperando por mí, decía que me seguía amando.
Sé qué él se sigue acostando con Victoria y que si yo hubiera vuelto con él, eso no hubiera cambiado.
James me tomaba delicadamente, besaba lentamente cada parte de mi cuerpo con suavidad, antes de penetrarme me hacía llegar al orgasmo con sus caricias, me decía cosas lindas mientras me llevaba al clímax, me trataba como si me fuera a romper.
Me hacía el amor.
Y a ella…bueno a ella la cogía, duró. Ella lo volvía loco, él la deseaba mucho y con ella podía cumplir sus más sucias fantasías.
Ella era su zorra. Y yo era su bailarina de cristal.
Y yo hubiera querido con toda mi alma ser las dos. La bailarina suave y frágil y la zorra lasciva que lo volviera loco de deseo.
Dos partes de mí que aún no podía juntar.
Si el supiera qué hace unos momentos fui la zorra de Edward Cullen…
Suspiré frustrada ante mis pensamientos.
— ¿Estás bien preciosa? —preguntó preocupado.
—Si—murmuré contra su pecho. Escondiéndome de su mirada.
Él tomó mi rostro entre sus manos.
— ¿Por qué lloras? ¿Te sientes mal? —preguntó frenético al ver mis lágrimas.
No me había dado cuenta que había empezado a llorar. Edward había tocado una fibra de mi ser qué me desequilibro.
Supongo que es el gran remolino de emociones se desataron gracias a él.
James sabía qué yo no lloraba frente a nadie, qué era algo qué simplemente no me permitía, para mi mostraba debilidad.
Me sentía avergonzada y al mismo tiempo quería gritarle en un momento de rabia "¡Yo también puedo ser toda una zorra!"
¡Me estaba volviendo loca!
Siempre supe qué debí encontrar el equilibrio en nuestra relación. ¿Por qué no podía ser tierno y cariñoso y al mismo tiempo follarme duró, sin tanta "miel"?
Por mi culpa, en parte por mi culpa.
—Bella—dijo con un toqué de pánico en la voz. — ¡Dime qué tienes por favor! —dijo sacudiéndome levemente.
Que podía decirle.
"Oh, nada James, solo qué el nuevo profesor de Algebra, ya sabes Edward Cullen el sobrino del rector me castigo por provocarlo enseñándole mis bragas y ser una insolente irrespetuosa, así que me dio nalgadas y después me cogió duro, hizo qué le diera una mamada y termino en mi ropa interior para recordar lo zorra e idiota qué era."
Viéndolo de esa manera, debería sentirme asqueada.
Lo miré a los ojos y quise desesperadamente sentirme igual, sentirme normal, quise sentir fuego, ese fuego que sentí con un completo extraño.
Así qué me lancé a sus brazos y lo besé desesperadamente, tratando de borrar la imagen de Edward de mi cabeza, tratando de olvidar lo ocurrido, tratando de arder, de demostrarle una parte de mí que ni yo conocía a la perfección.
James rápidamente me correspondió el beso, él solía perderse en mis labios. El sabor dulce en sus besos no había cambiado.
Pero no ardía.
Ya ni si quiera el calor del pasado inundaba mi pecho. Ya no había añoranza.
Sintiéndome desesperada lo besé con más fuerza, temiendo que mi melancolía fuera hueca, más oscura, sin el bálsamo de la dulzura que a veces le permitía verter en mí.
Podía escuchar a los demás alumnos pasar a nuestro alrededor, caminando apresuradamente para llegar a sus clases. No había escuchado el timbre que daba inicio a nuevas clases.
Abrí mis ojos por un segundo, solo para ver la mirada acuosa de Victoria acompañada de una gran furia en su rostro.
Inmediatamente los cerré de nuevo y abrasé a James. Feliz de qué ella nos viera en esta situación. Feliz de que al menos, el frío bálsamo de la venganza aún me llenaba de satisfacción.
James me arrincono contra la pared, me besaba apasionadamente, con ansias. Ya hace mucho tiempo de nuestro último beso.
Paso sus manos de mi cintura hacía mis caderas, las cuales apretó suavemente, presionando su cuerpo con el mío.
Podía sentir su creciente erección contra mi vientre.
Me tensé sintiéndome extraña.
James subió sus manos lentamente hacía mi cintura, pero no se detuvo ahí, podía sentir como iban subiendo cada vez más.
Sabía qué ya no había nadie por los pasillos, todo el ruido se había apagado así qué no había nadie más qué presenciara esto más qué nosotros.
James se separó de mis labios, pero no de mi piel. Siguió su recorrido por mis mejillas hasta llegar a mi oído, suspiró justo en el haciéndome estremecer. Su respiración era acelerada y sus manos más bruscas que de costumbre…nunca había sido así.
—Bella, te he extrañado tanto preciosa, te necesito como nunca—dijo y después comenzó a besar mi cuello con urgencia.
Sentí calor, sabía qué estaba empezando a excitarme, James nunca antes había perdido el control conmigo, no así.
¿Qué demonios estaba pasando en este día?
—James—quería decirle qué parara, qué esto no estaba bien pero su nombre salió de mis labios más como un gemido qué como una protesta.
—Te amo Bella, vámonos de aquí…déjame amarte.
Sus palabras me derritieron un poco y también fueron un balde de agua fría. Al mismo tiempo. La culpa comenzaba a ganar terreno, lo irracional porque siempre había querido regresarle un poco de lo que él me hizo sentir. La excitación y la duda del porque lo estaba haciendo sentir así, tan fuera de control.
Como si algo carnal y lascivo se hubiera despertado en mí, y el pudiera percibirlo.
—Déjame hacerte mía, vuelve a mí, vuelve a ser mía —dijo como una súplica mientras besaba mi cuello y acariciaba mis pechos sobre la blusa suavemente.
Estaba a punto de contestarle. Aun sin saber que decir exactamente cuando sentí una corriente eléctrica pasar por todo mi cuerpo poniéndome completamente alerta.
Abrí mis ojos de golpe, no me había dado cuenta qué los había cerrado hasta ese momento, y al hacerlo…
Se me cayó la sangre de golpe, incluso sentí un pequeño mareo antes de arder en llamas de deseo y miedo.
Toda la excitación por James había desaparecido.
Edward Cullen estaba justo en medio del pasillo, seguido por dos hombres altos, uno rubio y el otro tenía el cabello negro y rizado.
Sentí qué las piernas me temblaban, en el momento en qué mi mirada se cruzó con la suya.
Reflejaba coraje, mucho coraje y repulsión, pude ver como sus manos se convertían en puños, su pecho subía y bajaba agitadamente.
Luego el cerró los ojos y apretó el puente de su nariz. Jadeé y trate de separarme de James inmediatamente
— ¡Isabella! —gruño haciendo qué James saltará asustado.
Inmediatamente se separó de mí, sentí la adrenalina y el miedo correr por mis venas, comencé a respirar agitadamente, estaba aterrada.
Pude ver como el hombre rubio qué lo acompañaba me miraba intensamente, podía decirse qué se veía divertido con la situación, ambos me sonreían sádicamente.
¿Quién demonios son estos tipos?
Edward finalmente abrió los ojos, el verde color de sus pupilas había sido remplazado por un oscuro color.
Estaba más qué enojado.
Caminó lentamente hacía nosotros, mirándome fijamente con rabia, su mirada solo enfocada en mis ojos, una vez qué estaba frente a mí me tomó del brazo con fuerza y ese toque me quemo inmediatamente.
James me miraba impresionado y confundido por la manera en qué Edward me estaba tratando.
— ¡Hey! ¡Suéltala! —reacciono James tomándome de la cintura.
Edward tenía una expresión asesina en su rostro e hizo más presión en mi brazo haciendo qué soltará un gemido de dolor.
—Cállate—murmuró mirándome a los ojos, haciéndome cerrar la boca de golpe.
— ¡Quién te crees que eres! —le gritó James sin soltarme.
Edward lo miró con odio y apretó más su agarre.
—Soy Edward Cullen. —dijo en voz baja, casi como un gruñido. James abrió los ojos como platos —Si sabes lo que te conviene, la vas a soltar y te vas a largar. Si no, pagaras las consecuencias.
Consecuencias. Con Edward todo eran consecuencias.
James inmediatamente me soltó, y yo lo miré impresionada por su reacción.
Él siempre me protegía de todo y ahora me abandonaba aun viendo la manera en la qué Edward me estaba tratando.
Inmediatamente, Edward me jaló hacía su pecho, yo no podía ni respirar, vi como Edward miraba a James despectivamente, con mucho odio.
Él nunca me había visto así.
Sentí mi corazón encogerse en mi pecho.
— ¡Desaparece! —gritó Edward y de inmediato James bajo la mirada y caminó en dirección apuesta.
Antes de llegar al final de pasillo, volteó para darme una mirada triste y rabiosa, negando con la cabeza con incredulidad.
No era posible… James no podía saber lo que había pasado…
¿Qué rayos pasaba? El jamás se dejaba intimidar y menos por algún profesor.
Edward me abrazó posesivamente de la cintura y me giro bruscamente a su dirección.
Aspiro profundamente en mi cuello— fresas—dijo en un susurró, como hablando para el mismo.
Sentí su húmeda lengua lamer mi cuello, haciendo qué me derritiera en sus brazos, haciendo qué me olvidara de todo a mi alrededor y todo lo que había estado pensando y sintiendo. Una de sus manos apretaba mis pechos suavemente. Y yo me sentía en el cielo al sentirlo tan cerca de mí nuevamente.
Esa misma mano viajo hasta mi vientre y de ahí sin previo aviso levantó mi falda, dejando nuevamente mis bragas expuestas, tocando por encima de ellas mí ya húmedo coño.
—Bien, sigues húmeda, no te quitaste las bragas…—susurro y de repente con su otra mano jaló fuerte mi cabello—Pero eso no te librará del castigo qué te espera. — gruño jalando con más fuerza.
¿Otro castigo?
Abrí los ojos como platos al escuchar sus palabras, mi corazón se aceleraba cada vez más…
Fue ahí donde me di cuenta que los dos extraños y sexys hombres seguían ahí mirando lascivamente como Edward me manoseaba.
El seguía acariciándome, mostrándole mis bragas a los dos extraños, exhibiéndome.
Me sonrojé furiosamente, no podía creer que todo esto estaba ocurriendo en el pasillo del colegio, donde cualquiera podía pasar.
No podía creer qué yo me dejara exhibir de esa manera…y qué la situación me estuviera excitando tanto.
—Deliciosa—gimió Edward haciéndome gemir a mí por sus palabras. Aceleró sus movimientos, haciendo qué me retorciera, comencé a sentir el calor inundarme con más potencia, mi cuerpo se tensó deliciosamente hasta llegar a un orgasmo, el me abrazó pues mis piernas no podían sostenerme debido al increíble placer qué recorría mi cuerpo.
La voz de uno de los hombres me sacó de mi letargo. —Si qué es deliciosa hermano—dijo el hombre rubio mirándome con hambre.
Edward sonrió hacía el orgulloso. —Lo sé Jasper ¿es perfecta no crees?
¿Perfecta para qué?
—Mierda, si—dijo el otro hombre musculoso con una sonrisa traviesa.
Edward rio divertido. —Les dije qué lo era—dijo y después acarició mi cabello suavemente y entonces un dolor lacerante me hizo lanzar un pequeño grito. Me había arrancado el pequeño prendedor qué llevaba de adorno.
El me miró mientras lo guardaba en la bolsa de su pantalón. Yo estaba sin habla, todo esto surreal.
Tomó mi rostro entre sus y me besó.
Sus labios suaves y exigentes llenaron mi cuerpo de una absurda felicidad haciéndome suspirar en el beso y pegarme más a su cuerpo.
Deseo. Puro deseo.
Me besó posesivamente, su lengua dominaba la mía y la masajeaba sensualmente, el beso termino abruptamente de la misma manera que comenzó.
Edward toco mis labios suavemente mientras me sonreía, esta vez su sonrisa no era tan perversa, era más relajada. —Estos son míos Isabella. Pagaras por dejar qué él los tocara con sus asquerosos labios…y él también lo hará.
¿Suyos?
Me solté de su agarré. —Yo no soy tuya—murmuré mirándolo fijamente en un impulso. Cuando las palabras salieron de mis labios sentí que estaba diciendo una blasfemia.
Él sonrió más y me tomo de la cintura nuevamente. —Algún día me reconocerás como tal mi dulce niña, yo seré tu dueño.
¡Dios!
—Y no serás de él, no quiero saber qué algo pasé entre ese idiota y tú o te juro qué algo muy malo le va a pasar—gruño posesivamente borrando la sonrisa de su rostro.
Yo temblé ligeramente.
No tenía ni tres horas de conocerlo y él ya me llamaba suya, esto era realmente perturbador, jamás algo tan extraño y excitante me había pasado.
—Ahora ve a clase, te esperó en mi oficina cuando terminen tus lecciones de Ballet—dijo contra mis labios. Su frente estaba pegada a la mía.
¿Cómo sabía de mis clases de Ballet?
— ¿Co…como sa…sabes? —dije en un hilo de voz entrecortado. Afectada por sus palabras y sus cambios drásticos de humor.
—Yo lo sé todo mi Isabella. Todo lo que tiene que ver contigo. Ahora vete y más te vale qué vayas a mi oficina al terminando tus clases. Si no lo haces…
Dejo sus palabras al aire como una amenaza velada.
¿Mi Isabella?
¿Irme peor?
¡Dios!
Asentí sin mirarlo a los ojos y una vez qué me soltó corrí por impulso hacía las escaleras sin mirar atrás, no deje de correr hasta que llegue a los jardines, y una vez ahí camine hasta nuestro mi sitio secreto.
Así le llamábamos Jane y yo a esa parte, estaba tan alejada de todo y había un enorme roble, siempre íbamos ahí a fumar cuando las prácticas de Ballet eran muy pesadas…
¡Jane!
Si a alguien voy a contarle esto es a ella, estoy segura qué Alice se desmayaría o haría un escándalo y después me obligaría a denunciarlo o algo por el estilo y eso no lo iba hacer.
Prendí un cigarro qué saqué de mi bolso el cual estaba sucio por tantas veces que lo había dejado caer, necesitaba tranquilizarme un poco, aun podía sentir la adrenalina corriendo en mis venas, me sentía como en las nubes pero no en el buen sentido.
Mi celular comenzó a sonar, rápidamente lo saqué de mi bolso y como si la hubiera llamado con la mente, era Jane.
— ¡Jane! Necesito hablar contigo urgente—fue lo primero qué dije al contestar.
—Tranquí Bella, respira ¿dónde estás? —dijo lentamente tomando respiraciones entre cada palabra.
—En el árbol idiota….mierda Jane no sabes lo que me ha pasado este día—dije algo angustiada.
—Adelanta mientras llegó ahí, no entré a clase, me quede en el auto de Alec dándole una mamada y el maldito decidió después de media hora de trabajo qué quería cogerme, estoy en el baño del tercer piso tratando de dejar de verme cogida y estar un poco más presentable—dijo como si nada.
Descarada.
Y esa era la razón por la cual podía confiarle esto a Jane. Ella era tan bizarra como esta situación, si ella podía entenderme era ella.
— ¡Es tu primo Jane! —grité riendo un poco, ya me había cansado de decirle lo mismo.
—Si lo sé y aunque no lo creas Bella, eso es malditamente sexy, amo el incesto, no tienes idea de los fabulosos fines de semana familiares en Los Hampton, follamos, nos drogamos y bueno así sucesivamente—dijo riéndose.
Rodé los ojos, no tenía remedio.
Ella no me juzgaría, además yo sabía demasiadas cosas de ella no podíamos traicionarnos entre nosotras, si una se hundía la otra también.
—Ya suéltalo Bell—dijo Jane.
Ok, aquí va.
—Jane… Edward Cullen, el nuevo profesor de algebra, el sobrino del rector…me follo en el escritorio después de la clase.
Ya está, lo dije.
Al otro lado del teléfono no se escuchaba ni un ruido, ni siquiera su respiración. — ¡Jane! —grite contrariada por su silencio, aunque claro qué era de esperarse con tal noticia.
— ¡No jodas Bella! ¿Edward Cullen? En qué te metiste idiota, el maldito es el demonio encarnado ¿En qué jodidos estabas pensando? —gritó Jane bastante alterada lo cual me puso frenéticamente asustada, Jane no era una persona qué se perturbaba fácilmente. Obviamente.
Al parecer todos sabía quién era Edward Cullen menos yo.
—No sé Jane, no tengo idea. No estaba pensando…
— ¡Obviamente no pensaste! —gritó.
El timbre sonó, indicándonos el término de la clase y el inicio de las lecciones de Ballet. Ya no me sentía con ganas de ir, pero debía hacerlo.
No tenía idea de cómo soportaría a la señorita Gretell durante tres largas horas.
—Corre a los vestidores Bella, necesito detalles—dijo Jane y colgó.
Apagué mi cigarro y corrí con el celular en la mano a los vestidores, no quería volver a verlo, por lo menos hasta la salida.
El pensar eso mi vientre se contrajo y el traicionero rubor de siempre cubrió mis mejillas.
Llegué los lockers y tomé mi maletita con mi leotardo y mis zapatillas de ballet de punta, rápidamente llegué a los vestidores y comencé a cambiarme, no había señales de Jane en ningún lado, pero de todas maneras me cambié apresuradamente, yo siempre era la primera en estar lista, era muy importante la puntualidad para la señorita Gretell.
Respiré profundamente, necesitaba relajarme o me iría fatal en las prácticas y eso era algo qué no me podía permitir.
Una vez lista caminé hasta el salón de prácticas.
Agradecí el silencio qué nadie había llegado aún, sabía qué no tardarían pero por lo menos tenía unos minutos para mí y para poder tranquilizarme.
Me senté en el ventanal y trate de concentrarme en mi respiración pero no estaba funcionado.
Ese maldito bastardo estaba bien metido en mi cabeza.
Cerré los ojos con fuerza y bufe.
Abrí los ojos y vi a una chica rubia mirándome, era muy bonita y sonreía amigablemente, nunca la había visto pero por lo que veo era una nueva alumna pues traía puesto un leotardo azul y zapatillas de punta.
Me quité los audífonos y apagué el ipod. —Hola—la saludé mientras caminaba hacia ella.
—Soy Isabella Swan, pero llámame Bella—le dije una vez qué estaba frente a mí, ella sonrió más y me ofreció su mano en forma de saludo.
—Yo soy Rosalie Cullen pero llámame Rose, soy nueva obviamente—dijo rodando los ojos. —Vengo de Londres estuve en un internado ahí desde los trece años—explicó.
¡Cullen!
¿Qué será de Edward?
— ¿Enserio? Wow, un internado. Creo que la esposa de mi papá hubiera estado encantada de enviarme a uno—dije como si nada.
Yo realmente me portaba medio perra con las nuevas pero Rosalie parecía diferente, además era algo de Edward así qué era importante.
—Pues no estaba tan mal, mis padres viven en Londres y salía los fines de semana de ahí—dijo y yo fruncí el ceño.
—Y ¿Por qué estabas en un internado si tus padres estaban en la misma ciudad qué tú? ¿Fue un castigo o algo así? —pregunté con curiosidad.
—No nada qué ver, fue por qué mi hermano se fue a vivir con nosotros a Londres y bueno algo grave había pasado en torno a él… así qué mis padres me quería lejos de él y fue por eso qué entre al internado.
— ¿Tú hermano? —pregunté con el corazón latiéndome a mil. Estábamos llegando a donde quería.
Quería más información sobre Edward.
— Edward Cullen, supongo que lo conoces, es el nuevo profesor de algebra—dijo rodando los ojos—el estudio finanzas y administración de empresas, es un genio para las matemáticas y eso, yo pensé que ejercería su profesión en una de las compañías de la familia pero en lugar de eso decidió venir a dar clases aquí por qué el tío Aro piensa heredarle esta "honorable institución" —dijo burlándose.
Rosalie me está dando mucha información valiosa. ¿Qué habrá hecho Edward para qué sus padres no lo quisieran cerca de su hermana?
Suspiré. —Si lo conozco—no tienes idea lobien qué lo conozco—es mi nuevo profesor.
—Es un idiota pero lo adoro—dijo sonriendo.
— ¿Enserio? Bueno es qué el algo…estricto por así decirlo—me sonrojé horriblemente ante el recuerdo.
Me estaba poniendo en evidencia yo solita.
Rosalie me miró fijamente con los ojos un poco entrecerrados. —Sí, lo es pero tiene un lado dulce qué no muestra. Es muy sobre protector y algo celoso, pero es un buen hermano dentro de lo que cabe, algunas veces es muy cariñoso. —me miró fijamente levantando una ceja. —Nuestra relación es muy especial, puedo decirte que él es realmente magnifico—dijo sonriendo con algo de ¿malicia?
No me gustó nada de nada eso de la" relación especial."Ni su sonrisita.
No pude evitar verla algo molesta por eso, después de lo que y viví con él estas horas de conocerlo podía esperar lo qué fuera de su parte.
Y sentí celos, horribles celos, peores de los que alguna vez sentí con James.
Además Jane decía qué el incesto es genial, sexy y placentero. —Pues qué lindo qué se lleven tan bien—le dije algo mordaz, creo que después de todo no nos llevaremos muy bien qué digamos.
Ella me miro por unos momentos y luego comenzó a carcajearse en mi cara. ¿Qué demonios le pasaba?
—Te gusta Edward ¿verdad? —dijo aun riendo.
Este día solo se pone cada vez más raro.
Yo me tensé. — ¡No! Él es mi profesor—dije histéricamente.
Ella rodo los ojos y movió su mano como restándole importancia.— Tiene veinticuatro años y por lo que veo tú estás en último año por lo tanto tienes dieciocho o estas próxima a cumplirlos, así qué acepta qué te gusta por qué se te nota y yo te puedo dar una ayudadita—dijo divertida.
— ¿Cómo qué se me nota? —grite haciéndola reírse más fuerte.
— ¿Cómo no notarlo? Estas toda histérica y la manera en la qué te sonrojaste al hablar de él, sé él efecto que causa en las mujeres Bella, probablemente le gusta a todas las chicas que lo han visto por aquí y no sé diga qué casi me matas con la mirada cuando te hable de nuestra "relación especial" —dijo con lágrimas en los ojos por la risa—No tenemos una relación incestuosa Bella, sé qué Edward es muy…pervertido por así decirlo, pero no llega a esos extremos.
Ella era rara. Pero me tranquilizo que el comentario sobre si me gusta era algo generalizado nada más.
—Bueno no es qué me gusté, el…bu…bueno yo—estaba muy nerviosa de todas maneras, hablar de él con su hermana no me era fácil y no sabía qué decirle, mi respiración se aceleró y sentía mi rostro muy caliente.
No quería que nadie se diera cuenta de lo que paso, menos ella.
— ¿Bella él te hizo algo? —preguntó Rosalie volviéndose seria, toda la risa se había ido de su rostro.
Entré en pánico. — ¡No! El...él no me hi…hizo na…nada de nada—dije completamente alterada.
Me estaba comportando como una estúpida.
La puerta del salón se abrió y más de la mitad de las chicas de la clase entró incluidas Alice y Jane, gracias al cielo, necesitaba acabar con esta conversación.
Rosalie me miraba seria y confundida, pero de repente abrió mucho los ojos, como si hubiera comprendido algo.
¡No! Dios ¡no! Qué no se haya dado cuenta de nada.
Jane gritó mi nombre, la señorita Gretell ya venía entrando al salón así qué ya no habría tiempo de hablar.
Pero de la nada Rosalie me abrazó y me dijo en un susurró en el oído. —Jouer le jeu Bella y hazlo bien…no te conviertas en el juguete—dijo, se separó de mí y camino hacia la señorita Gretell.
¿ Jouer le jeu?
— ¡Isabella! ¿Qué no escuchaste? Te quiero en primera posición—grito la señorita Gretell, rápidamente me formé e hice lo qué me pidió.
Serían tres largas horas…
.
.
.
Y lo fueron.
Estuve completamente distraída y me llamaron la atención mil veces, el trasero me dolía un poco así qué me fue cansado hacer algunas posiciones por mucho tiempo y Victoria no dejaba de matarme con la mirada eso sin mencionar la mirada exasperada de Jane, la molestia en los ojos de Alice cada vez qué me veía y la insistente mirada de Rosalie.
Al terminar la clase rápidamente camine hacia Rosalie. — ¿Qué quisiste decir con eso? Yo no tengo nada que ver con tu hermano —dije una vez que la alcancé. Tratando de cubrirme.
Ella me miro seria, podía ver algo de enojo en su mirada. —Simplemente, no confundas deseo y amor.
La miré confusa, no entendiendo eso. Simplemente ella ignoro mi comentario — ¿Cómo…? ¿Qué…?—dije haciéndome la tonta pero queriendo saber más.
Ella sonrió sin humor. —Esa es su especialidad. Confundir. Para el… o no existe o si llega a existir, simplemente no hay diferencia.
No tenía ni una puta idea de qué demonios estaba hablando. Y estaba a punto de seguir indagando cuando Alice y Jane llegaron a mi lado.
— ¿Qué demonios te pasa Bella? Después de lo del profesor Cullen desapareciste, estuviste toda distraída y hay un rumor de qué tú y James están juntos de nuevo—dijo Alice enojada.
Rosalie murmuró un "por eso estaba tan feliz" mirándome molesta y fijamente. —Tenemos qué hablar Bella—dijeron Jane y Rosalie al mismo tiempo.
— ¿Tú de qué tienes qué hablar con ella? —preguntó Jane a Rosalie.
—No es algo qué te importa—contestó Rosalie agresivamente.
—Perra—dijo Jane, reaccionando como siempre.
— ¡Cállense las tres y déjenme en paz! Este ha sido el día más extraño de toda mi existencia y lo único que quiero es llegar a mi casa y dormir para olvidarme de todo—dije enojada sin darme cuenta de mis palabras.
Solo quería desaparecer.
No quería hablar con Rosalie, ni inventar excusas a Alice no contarle nada a Jane.
Salí de los vestidores con Alice, Jane y Rosalie detrás de mí parloteando cosas a las qué no les estaba poniendo la mínima atención.
Ya no había un alma en la escuela, nos habíamos tardado milenios en los vestidores.
Iba caminando hacia la salida con las idiotas siguiéndome dispuesta a huir y no venir ni si quiera mañana a la escuela cuando su voz me detuvo. — ¡Isabella!
Sentí de nuevo calor, pero esta vez, mezclado con coraje.
Me giré rápidamente y miré hacía su dirección, Él estaba ahí parado en el pasillo, su rostro sin ninguna expresión…
Me hizo una seña con su dedo índice para qué me acercara. —A mi oficina ahora—dijo tranquilamente con su sexy voz.
Caminé hacía su dirección, no había punto en negarme, estaba cansada.
Una vez que estuve frente a él, me jaló del brazo y me acerco a su cuerpo ante la mirada atónita de Alice y la molesta de Jane.
Rose solo negaba con su cabeza mirándolo fijamente.
—Espérame en el auto Rosalie—dijo sin apartar su vista de mí.
—Te espero en el estacionamiento Bella—dijo Jane con voz firme, haciéndola saber a Edward qué no estaba sola.
Edward volteó a mirarlas. —Pues espera sentada por qué esto no será rápido—dijo con su sexy voz aterciopelada haciéndome temblar.
— ¡Edward! —grito Rose en tono de reclamo. A lo que el solo contesto con un gruñido.
— ¿Para qué necesita a Bella, profesor? —preguntó Alice en un murmullo asustado.
Edward la miró despectivamente. —No es tu asuntó—dijo molesto.
Sin decir una palabra más mee arrastro hacía su oficina y una vez ahí, me aventó hacía un sillón y cerró con seguro la puerta, mi respiración se aceleraba cada vez más por el miedo y la excitación.
Otra vez, no sabía qué demonios estaba mal conmigo ni como reaccionar.
Volteó a mirarme y se fue acercando a mí lentamente, como un depredador rondando a su presa, sus ojos estaban oscurecidos y su respiración estaba igual o peor qué la mía.
Me levantó de un jalón y me estampo contra su escritorio. Él se sentó en su sillón y me miró fijamente.
—Desnúdate Isabella…
Deseo, puro deseo. El deseo… es falta.
Gracias a todas por su recibimiento y sus comentarios. El próximo capítulo se notara un poco más de diferencia que en estos dos primeros.
Muchas gracias a todas por leer.
Para quienes me preguntan, el blog esta cerrado y nadie tiene invitación, si lo vuelvo a usar lo haré publico. NADIE TIENE INVITACIÓN. Esta cerrado, espero después abrirlo.
SAM será tmb editada, pero esa solo ortografía y coherencia. No cambiara.
Nos leemos el otro lunes, espero sus comentarios, leo cada uno de ellos.
XOXO
EffyLove.!
