Denial
Por Alisse.


Capítulo II.


Sí, había llegado la hora de la verdad y aunque Dudley podía casi asegurar que estaba preparado psicológicamente para ello, en ese momento no se sentía para nada así. Sentía que sus pies eran de plomo o como si llevara una gran carga que no lo dejaba moverse a libertad.

¿Qué era lo que temía, a fin de cuentas? Con sus hijos magos se había dado cuenta que ese tipo de gente no era del todo extraña (más que nada lo eran aquellos no tenían ningún tipo de contacto con la gente "normal") y que incluso podían relacionarse bastante bien.

En ese caso, ¿qué podía ser?

Quizás era el hecho de encontrarse rodeado por ellos y que de alguna manera comenzaran a actuar como aquellos amigos de Harry cada vez que lo veían. Si pensaba bien las cosas, había tenido cola de cerdo, había visto un automóvil volador que se había llevado a su primo lejos, había comido unos dulces que algún daño le habían hecho. También recordaba alguna vez que había tenido que huir con Harry de algo que no podía ver, pero que sentía perfectamente… ya ni se acordaba del nombre de aquellos seres.

Recordando todo eso, podía considerar que tenía bastante qué temer. Sobre todo sabiendo que aquellos que le hicieron todas esas cosas, seguramente estarían dentro de esa casa.

Por otro lado, podía pensar en lo que Harry podría hacer cuando lo reconociera. Estaba casi seguro que tendría que conocer el apellido de Mara, pero dudaba que pudiera pensar que necesariamente sería su sobrina. Vamos, tenía que ser realista. Con la alergia que la familia Dursley sentía con la sola mención de los magos, el que él, Dudley Dursley aceptara que una hija suya (en realidad, sus dos hijos) asistiera a esa escuela de raros era algo casi imposible.

Pero bueno, cuando Harry se fue definitivamente de su vida, había pensado que era imposible el volverlo a ver.

Sí, estaba convencido que alguien debía estar riéndose de su vida en esos momentos.

¿Qué tal si decidía vengarse de cómo había actuado con él cuando eran niños? Dudley podía palidecer con sólo pensar en ello. Además, no podía dejar de pensar que sus hijos se referían a su primo como "el gran Harry Potter", lo que le daba a entender que era muy respetado, no sólo por los niños, sino quizás por toda la comunidad mágica.

Definitivamente, con cada paso que daba hacia la casa, le daban deseos de salir corriendo hacia el lado contrario.

-Dudley, ¿qué pasa contigo?- preguntó Edith, mirándolo sorprendida -¿por qué estás tan tenso?

-Ehh…

-Sé que todo esto de los magos te ponen nervioso, pero pensé que era un tema superado. Tenemos a dos magos en nuestra casa, ya deberías estar acostumbrado a ellos…

-Eh… sí…- balbuceó el otro, notablemente nervioso. Edith lo quedó mirando con seriedad y fue en ese momento que Dudley pensó que debió ser honesto con ella y contarle toda la verdad ese día en que Mara recibió la carta.

De haberlo hecho de esa manera, estaba seguro que ella en esos momentos estaría dándole seguridad o consolándolo y no viéndolo como si hubiera perdido la razón en el camino desde su casa hacia la fiesta.

-Creo que… hay muchas cosas que no te he dicho…- murmuró él, notando cómo ella enarcaba una ceja.

-¿Ah si? ¿Y crees que no me había dado cuenta de ello hace tiempo?- le preguntó ella, con cierta ironía en su voz.

Antes que Dudley atinara a decir cualquier cosa, Mara los había empujado a ambos hacia el interior de la casa, casi riendo porque se estaban demorando mucho en entrar. Para su horror, Dudley de pronto se vio rodeado por personas vistiendo túnicas de diferentes colores, la mayoría de ellos pelirrojos, que conversaban animadamente entre ellos.

Ya era tarde para correr.

-¡Hey, familia!- dijo Fred, adelantándose. Todo estaba tan animado, que no se habían dado cuenta de la llegada de los Dursley -¡Querida familia, su atención por favor!

Dudley vio cómo de pronto todos se fueron quedando en silencio, mirando a Fred con curiosidad. Quizás de verdad aún no era muy tarde para salir corriendo, pero Dudley se dio cuenta que Edith lo sujetaba con bastante fuerza por el brazo (quizás sabía sus intenciones), evitando que se moviera del lugar en que estaba. Sí, también su esposa lo conocía muy bien.

-¡Aquí están los invitados que faltaban!- anunció Fred, sonriendo. Mientras hablaba, Dudley buscaba disimuladamente a su primo, entre toda la gente que había en la casa –les quiero presentar a mis casi suegros, Edith y Dudley Dursley.

Antes que cualquiera pudiera decir algo, como un saludo de bienvenida, en el lugar se escuchó como si alguien tirara de su boca la bebida que tenía en ella, sin poder evitarlo. Después de eso siguieron una serie de tosas, y cuando Dudley siguió el ruido se dio cuenta que su búsqueda llegaba a su fin.

Ahí estaba Harry Potter, tosiendo como si tuviera atravesada en su garganta más que la sorpresa de escuchar el nombre de su primo en el último lugar que esperaba. Dudley se dio cuenta que su primo era el centro de atención del lugar, lo que en parte agradeció. También debía reconocer que por lo ocurrido con él, todo el nerviosismo que había sentido prácticamente se había disipado.

-¿Estás bien, Harry?- le preguntó una mujer de cabello castaño que estaba cerca de él, parecía tan confundida como los demás.

Fue ahí que Harry se calmó un poco, levantando los ojos para ver a su primo, prácticamente con la boca abierta. Pareció, durante algunos momentos que fueron eternos para Dudley, que trataba de comprender qué era lo que hacía ahí. Le costó un poco más de tiempo encontrar las palabras para expresar todo lo que sentía.

-¿¡Qué demonios haces aquí!- dijo Harry. Su voz no sonó para nada violenta, pero en sí la frase sí lo era.

Dudley hizo ojos al cielo. Al menos no le lanzó un hechizo con su varita ni nada de eso. De hecho, se veía tan shockeado que no parecía que pudiera armar una frase más o menos coherente.

-¿Qué pasa contigo, Harry?- le preguntó una pelirroja, mirándolo entre molesta y sorprendida –no trates así al invitado de Fred.

-¡Pero, Ginny…!- comenzó a decir él, pero ella lo interrumpió.

-¡Harry Potter!- dijo ella, haciéndolo callar inmediatamente. Dudley, con eso, se dio cuenta que con respecto a ellos habían dos posibilidades: o estaban casados o eran muy buenos amigos. Estaba más inclinado por la primera opción -¡¿Cómo se te ocurre decirle algo así? Es un muggle, debe estar incluso asustado por conocer a una familia de magos y tú vienes y gritas todas esas barbaridades.

-¡Pero Ginny, él es mi primo!- dijo Harry, y Dudley se dio cuenta perfectamente como todos en el lugar, sin excepción, los quedaban viendo a ambos como si tuvieran súbitamente la piel color azul o verde -¿te acuerdas de él, cierto? ¿Dudley Dursley? ¿Te suena el nombre ahora?- preguntó, algo de ironía en su voz, como también se veía por ella que estaba algo alterado. Dudley no se hubiera sorprendido de ver algún tic nervioso en alguna parte de su cuerpo.

Dudley sintió perfectamente que ahora el centro del lugar era él. Y eso no era algo que lo pusiera muy contento, sobre todo porque también sabía que tanto Edith como Mara lo miraban de la misma manera que el resto. Si podía considerar en algún momento que su familia no podría tomar muy bien que él sí conociera sobre el mundo de los magos, no quería saber cómo reaccionarían que él tenía un familiar que lo era… y que ese familiar fuera justamente Harry Potter…

-¿Es verdad lo que él dice?- escuchó que Edith le preguntaba. Cuando Dudley la miró se dio cuenta que ella estaba reaccionando de la misma manera que él pensaba: para nada bien.

-Escucha…- comenzó a decir Dudley, tratando de calmarla. Ella lo soltó y lo quedó mirando fijamente. Fue así que él se dio cuenta que esa batalla la tenía más o menos perdida de hacía un buen tiempo –eh… te lo iba a decir… de verdad…

-¿Y cuándo, si se puede saber?- le preguntó ella, con ironía –porque según recuerdo, hace años que Mara recibió esa carta, así que has tenido un buen tiempo para contarlo.

Dudley, sin querer responder ni seguir con el tema en ese momento, miró a su alrededor. Pudo ver las caras sorprendidas de los invitados, incluso la de su primo, que lo veía con cierta lástima y arrepentimiento (después de todo, él era el causante de todo eso).

-¿Podemos seguir conversando esto en la casa, por favor?- le dijo, después de unos momentos, tratando de sonar calmado. Toda esa situación le tenía los nervios de punta –este no es el momento ni el lugar.

Ella no le contestó, pero lo quedó mirando con tal seriedad que Dudley finalmente se decidió por mirar hacia otro lado, más que nada para evitar una discusión con su esposa en ese mismo lugar. En todo caso, estaba muy claro que el culpable de todo eso era él… y en ese momento se arrepentía de no haberle contado nada a su familia sobre su primo mago. Quizás cuántos problemas se hubiera ahorrado con sólo decirlo.

-Espera, que yo no entiendo- dijo Mara, mirando a su padre. Con eso Dudley se dio cuenta que no le costaría poco dejar el tema pasar.

-Mara… tú padre tiene razón…- Fred comenzó a decir (y Dudley fue consciente inmediatamente que el muchacho se había ganado su favor) –será mejor que ese tema lo dejen para otro momento. Ahora estamos celebrando otra cosa.

-Es que tú no entiendes, Fred- replicó Mara, notándose molesta –con todo lo que costó convencerlo, que ahora salga con esto de que sí conocía a la comunidad mágica y que tenemos un familiar que pertenece a ella… todo esto no me cuadra…

Dudley y Harry se miraron unos momentos, el primero casi temiendo que su primo se desquitara de alguna manera todo lo que él y sus padres le habían hecho pasar de niño. ¿Se lo merecía? Quizás… la verdad es que sí…

Pero… ¡ese no era el momento!… ni el lugar.

-Eh… bueno, sigamos con esto- dijo la misma mujer que se había acercado a Harry cuando él escuchó que Dudley estaba ahí –ya tendrá la familia tiempo para hablar, Harry incluido, y aclarar porqué han sido así las cosas. Ahí podrán agarrarse a golpes si lo desean, de momento, concentrémonos en el compromiso.

Si bien Dudley se dio cuenta que más de un presente quería continuar con el chisme, el tono utilizado por ella no dejaba sitio para ninguna réplica y, para ser sincero, Dudley se sorprendió de que Mara le hiciera caso a ella.

-Tienes mucho qué explicar- gruñó Edith, mirándolo feo. Antes que Dudley alcanzara a decir cualquier cosa, a ellos se acercó una mujer.

-Hola, soy Alicia- dijo la mujer, sonriendo ampliamente y extendiendo su mano a ambos –soy la mamá de Fred y no tienes idea de las ganas que tenía de conocerlos…

Dudley agradeció internamente la interrupción, ya que sabía que no podría soportar más tiempo teniendo la atención de todos ellos sobre él, mirándolo entre sorprendidos y divertidos, quizás pensando de qué manera lo volverían a hacer sufrir nuevamente.

Fue en ese momento que decidió no probar bocado en toda la reunión (y siendo sinceros… no podían culparlo) ni tampoco probar nada de beber. Prefería pasar hambre (como seguramente ocurriría) a volver a hacer el ridículo en frente de ellos por cualquier cosa. No, no volvería a caer en lo de hace años.

Mientras hablaba con algunos invitados (se dio cuenta que el abuelo de Fred, el señor Arthur Weasley, estaba de lo más interesado de hablar de toda la cultura "muggle"), podía notar que su primo lo miraba de vez en cuando, mientras que hablaba con un pelirrojo alto y la misma castaña que había intervenido anteriormente en la reunión. No pasó desapercibido que los amigos de Harry se abrazaban… seguramente estarían juntos.

Se dedicaba a observar a los demás mientras pasaba la reunión. Tenía el mismo vaso en la mano desde que había llegado (se repetía una y otra vez no comer nada de lo que ellos le dieran) y prácticamente no se había acercado a la parte de "comida". Había hablado con algunos invitados, sobre todo con su futuro yerno. No fue muy difícil para él, el darse cuenta que su familia lo estaba evitando de forma bien disimulada. No le tomó la mayor importancia.

No era que no le importara, pero en esos momentos hasta se sentía cansado y más viejo. Se sentó en un sofá, tratando de pasar desapercibido y quitando de su cabeza cualquier imagen de comida que pudiera haber. Trataba de poner en práctica cualquier técnica posible para poder controlar el hambre que estaba sintiendo… no podía creer cómo era que Edith comiera sin ningún problema la comida que ellos le daban.

Aunque claro, ella no tenía ningún problema de confianza con todo eso.

Fue cuando estaba sentado ahí, que de pronto Phillip llegó y se puso en frente de él, con el rostro radiante. Era acompañado por dos niños más, uno de ellos pelirrojo.

-¿Qué quieres, Phil?- le preguntó, su voz sonando más cansada de lo que hubiera deseado.

-¿Es verdad que Harry Potter es primo tuyo?- le preguntó su hijo. Dudley, antes de responder, pensó que Edith tenía razón cuando le decía que consideraba que Phillip tenía poco tino para algunos temas.

-Sí, Phil, lo es- contestó Dudley, haciendo ojos al cielo y tratando de sonar lo más amable posible –pero hace años que no nos veíamos, por eso nunca les dije que él- evitó decir la parte en que de verdad esperaba no volverlo a ver. No se habría visto bien en él.

-Eso no importa- sonrió ampliamente Phil, abrazando al niño que estaba al lado de él -¡eso nos hace primos, Albus!, ¿cierto que es genial?

-¿Primos?- preguntó Dudley, enarcando una ceja.

-Mi papá es Harry Potter- sonrió orgullosamente el niño –tengo dos hermanos más, ¿quiere conocerlos?- Dudley pudo notar perfectamente que los dos niños lo veían animadamente, pero no andaba de humor para nada de eso.

-Quizás en un rato, chicos, gracias- les dijo y en parte agradeció que lo dejaran tranquilo. Quizás Phillip sí se había dado cuenta que necesitaba pensar algunas cosas.

-No se qué me tiene más sorprendido- escuchó de pronto Dudley y vio a Harry sentado a su lado. Ni siquiera se había dado cuenta del momento en que se sentó a su lado –el tenerte aquí sentado, o el saber que aceptaste que tus hijos fueran a estudiar a Hogwarts.

-Tácticas como la Ley del Hielo funcionan a veces- replicó Dudley, que se dio cuenta que Harry no sabía si estaba bromeando o hablando en serio.

-¿Los tíos lo saben?- le preguntó Harry, con notable curiosidad.

-Claro que no, ahí sí que les da ataque- contestó rápidamente Dudley, Harry sonrió –así que no, llevamos una mentira más o menos decente…

-¿Un internado?- preguntó Harry, a lo que Dudley asintió. El mago enarcó una ceja -¿San Bruto… o cómo fuera que se llamara ese lugar?

-No, para nada- contestó Dudley, riendo –el tema es que no sepan que ellos son magos… y mucho menos que yo acepté a que asistieran a esa escuela.

-Ahora, en serio, ¿cómo fue que aceptaste a que ambos asistieran?- preguntó nuevamente Harry.

-De verdad que fue la Ley del Hielo- contestó Dudley –Mara recibió su carta y yo dije que no. No me hablaron cono por… dos o tres días. En algún momento tenía que ceder.

-Sí, entiendo lo que es eso- suspiró Harry –Ginny también se pone así de terrible cuando quiere obtener algo.

Los dos se quedaron en silencio durante unos minutos, cada uno metido en sus pensamientos. Pero ninguno de los dos se movió del lugar en el que estaban.

-¿Por qué no les contaste?- preguntó de pronto Harry.

-No sé… primero no lo consideraba importante, considerando las posibilidades de que nos volviéramos a ver- comenzó a decir Dudley, encogiéndose de hombros y sin mirarlo –y después que Mara recibiera la carta… ¿Cuántas habrían sido las posibilidades de volver a reunirnos? Ni siquiera tenía considerado el tener que relacionarme con magos y…ya ves, a Mara se le ocurrió casarse con uno… que algo tiene que ver contigo…

-El mundo es pequeño…- dijo Harry –por cierto, ¿has comido algo? Me da la impresión que has estado todo el rato con el mismo vaso…

-¿Después de todo lo que ocurrió cuando éramos chicos?- le preguntó Dudley con ironía, enarcando una ceja –sí, claro, me darán muchas ganas de comer cualquier cosa aquí.

-¿De veras crees que…?

-Sí- contestó rápidamente Dudley –y ahora comeré mucho menos, sabiendo que ellos ya saben quién soy.

-¿Estás consciente que fue mi suegra la que preparó todo para esta noche, por lo que si ellos intentan algo contra ti, tendrán que vérselas con ella?

-Prefiero ser precavido…

Los dos se quedaron en silencio, observando a su alrededor. Dudley pensó, a esas alturas, que todo eso estaba resultando bastante más pasable de lo que había considerado en algún momento. Al menos no era el centro de atención ni se estaban riendo de él, lo que ya era algo. No demoró mucho rato en darse cuenta que Harry estaba mirando a Edith.

-Tú esposa es muy simpática- dijo Harry, casualmente –se nota que ha encajado bien entre nosotros.

-Siempre ha sido así- sonrió Dudley, sin darse cuenta que lo hacía como verdadero enamorado (a lo que Harry sonrió) –muy social y siempre me ha dado la impresión que le gustan las cosas extrañas. Cuando Mara recibió la carta se notaba tan contenta como ella por el tema de los magos.

-¿Cómo se lleva con la tía Petunia?

-Pésimo… ya sabes cómo es mi madre… con sólo verla combinar el negro con el fucsia en su cabello le hizo la cruz…

-¿La llevaste así a tu casa?- preguntó Harry, tratando de aguantar la risa.

-Lo tenía teñido…- Dudley se encogió de hombros –además, a mí me encantaba.

Los dos volvieron a estar en silencio. Disimuladamente, Harry se dio cuenta que Dudley observaba la comida que estaba en la mesa. Sonrió levemente.

-¿Estás seguro que no quieres comer?

-Hum… sólo si tú lo pruebas primero.

-Hecho.


Holas!

Bueno, seré completamente sinceras con ustedes. Tenía escrito el primer cap de este fic y estuve a punto de borrarlo, pensé que no iba a ser interesante. Pero, ¡sus reviews demuestran lo contrario!

Mil gracias por sus comentarios, estoy feliz, sobre todo porque a pesar que me gusta bastante Harry Potter, no suelo seguir el fandom (de vez en cuando lo hago, pero no muy seguido)

En fin, espero que les haya gustado el cap, y será hasta la próxima!