Título: Guardajuramentos
Claim: Jaime Lannister/Brienne de Tarth
Notas: Spoilers hasta Festín de Cuervos. Se ignora lo que pueda sucerder a partir de Danza con Dragones. Post-series. Posible fuera de carácter.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Abecedario
Tema: 43. Luna
He roto mis votos. Se dice Brienne, mientras observa las sombras que son sus manos, pálidas como fantasmas en la oscuridad, temblorosas como el resto de su cuerpo. Juré que me casaría cuando llegara el adecuado, cuando hubiera un hombre capaz de derrotarme. Jaime Lannister ya no era capaz de ello, no cuando la mano de la espada le había sido arrebatada, pero en el pasado hubo un momento en que casi pudo hacerlo, en que le hubiera sido fácil dejarla tendida en un charco de sangre, bajo la luz de la luna. No lo hizo y ella sabe que sólo se está poniendo excusas para huir del momento, de la noche, del frío que sube por sus brazos, libres de la pesada armadura, los guanteletes, las piezas de cuero que usaba para protegerse de golpes fuertes.
—Ya te ha visto desnuda, no tienes nada que no haya visto antes, nada que Cersei Lannister no le haya dado incrementado —los temblores aumentan, Brienne se pregunta si no ha cometido una locura, si no es todo una burla, una apuesta como la que hicieron alguna vez sobre su virginidad.
—Maldición, deja de moverte, no puedo desatar esta cosa —el aliento de Jaime le hace cosquillas en la nuca, pero la situación dista mucho de ser romántica o aquella que ella imaginó alguna vez con Renly. Pero de algún modo agradece que Jaime no haya puesto una fachada de hombre romántico, algo que no es y que siga siendo, de alguna manera, el mismo hombre que la vio en los baños de Harrenhal, burlón pero sincero—. Estúpida mano de oro, ya sabía yo que no servía para nada.
Sus palabras la hacen sonreír cuando se da cuenta de que, muy a su modo, Jaime está tratando de tranquilizarla, sin embargo, los temblores no se detienen, incluso aumentan cuando por fin siente que el jubón cede ante su torpe mano izquierda. Él se levanta para encararla, arrodillándose al pie de la cama que una tabernera les ha prestado, con una sonrisa burlona en los labios, para mirarla directamente a los ojos, sin dejar de recordar las palabras que le escuchó decir a alguien alguna vez, quizás a Tyrion, pues ese tipo de cosas son más su estilo.
Toda mujer es bella en la oscuridad.
Sin embargo, la oscuridad no es total en el recinto, puede ver sus ojos azules perfectamente brillantes frente a él, los temblores que azotan su cuerpo, la línea dura de su cuello, el blanco de sus ojos, similar al de la luz de la luna que entra por una de las ventanas y la sombra extraña que proyecta la carne faltante en su mejilla, un recordatorio de la guerra, así como su mano de oro, las mentiras y la sangre. Y aún así, Jaime lo agradece mientras se acerca a ella para cerrar la distancia, ese haz de luz que rompe el dicho estúpido de su hermano o de quien sea; él no quiere a cualquier mujer en la oscuridad, él nunca ha sido así. Ella es Brienne de Tarth y si ha aprendido a llamarla por su nombre, hará lo mismo por las noches, siempre buscando una luz que los deje a ambos apreciar al otro, aquello que todavía parece un error, pero que tienen que demostrar que no lo es. No lo es.
