El trastorno de personalidad antisocial, es una condición psiquiátrica caracterizada por conductas persistentes de manipulación, explotación o violación de los derechos de los demás. A menudo está implicada también en comportamientos criminales. A las personas que padecen este trastorno se les conoce como sociópatas.
Los sociópatas son individuos egocéntricos, que no tienen sentido de responsabilidad personal ni moral. Son impulsivos, manipuladores y mitómanos. No tienen remordimiento alguno de sus actos. Suelen ser agresivos pasivos, hostiles, con conductas violentas, excelentes actores, y siempre dan la impresión de estar en control.
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Capítulo 2: Pensamientos secretos.
By:
HirotoKiyama13
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—Estúpido Sebastián… Apenas y puedo sentarme.
—No sé a qué viene eso, Ciel.
Se encontraban en la cafetería de Eastcourt School, en Londres. Estaban sentados justo en la mesa hecha del más fino árbol que se podría encontrar por esos lugares. Ciel, como todo un descendiente, como todo un Conde, se encontraba cruzado de piernas, con sus pequeños brazos apoyados en la mesa y con el ligero dolor en su espalda baja.
Al lado suyo, con cara de sorpresa y tomando algo de limonada, se encontraba su mejor amigo, Alois Trancy: Rubio, alto, ojos azules, brillantes. Piel pálida y de porcelana, siendo uno de los más populares de ES. A pesar de tener 14 años y que debería de estar en una Secondary Independent Schools de pago, estaba aquí por perder un año. O por su profesor de Historia, pensó Ciel.
—Mi hermana llegó a la mansión más temprano de lo que pensé. —Dijo al fin, con un suspiro.
— ¿Eva? Vaya… Así que estabas con Sebastián—Habló el pelirrubio con un tono burlón en su voz.
El descendiente actual de la vieja familia de la realeza, los Trancy, sabía muy bien el tipo de relación que tenía su amigo con el novio de su hermana. Cuando éste se lo mencionó, no pudo evitar chillar de la emoción porque, al parecer, estaba aprendiendo algo de él.
—Sí. Y no paramos. Ni siquiera cuando Eva pudo romper la puerta o algo por el estilo. ¡Tuve que morder la sábana blanca para no gemir! —Exclamó Ciel, ofendido.
— ¿Los escuchó?
—Si nos hubiese escuchado, ¿crees que te llamaría para preguntar por mí?
Alois se quedó pensando ante la incógnita. Suspiró pesadamente y, tomando otro trago de su limonada, respondió con parsimonia:
—No.
—Hay veces en que llego a pensar que eres un retrasado mental, Alois—Escupió fríamente.
—Entonces tú también lo eres, ya que eres mi amigo. Retrasado mental, con retrasado mental, ¡juntos por siempre! —Y el pelirrubio estalló a carcajadas.
Ciel, muy en el fondo, tenía ganas de hacerlo igual. Su amigo era tan… Tan Alois. Pero no, reprimió la efusividad que sentía en esos momentos.
Pero mostró una pequeña sonrisa que sólo pudo ser vista por su amigo, El Retrasado Mental.
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—¡Sebas-chaaan~!
El aludido suspiró cansado mientras tomaba algo de café, sentado detrás del escritorio de vidrio que adornaba su oficina. Él, ahora, era el presidente absoluto de la empresa Michaelis, creadora de una cadena de hoteles lujosos que se extendían por toda Inglaterra.
—Buenos días, Grell.
—Oh, Sebas-chan, ¡siempre tan frío conmigo! —Exclamó el enigmático personaje de rojo que entraba a la oficina.
Grell Sutcliff era su extravagante compañero de piso, hijo del mejor amigo de su difunto padre. Su largo cabello rojo, su dentadura afilada, sus ojos verde amarillento, lentes rojos, pestañas falsas y comportamiento femenino, le hacían pensar a Sebastián el porqué no estaba en un maldito manicomio.
—Habla ya.
—Oh, Sebas-chan—La voz del pelirrojo cambió de una chillona a una grave. El ojicarmín, al escucharlo, lo miró a los ojos—. ¿Aún estás con el mocoso ese?
—No es ningún mocoso. Se llama Ciel.
— ¡Sí es un mocoso! —El repentino cambio de voz de Grell causó un severo dolor de cabeza en Sebastián.
De nuevo, enfocó su vista en los documentos que leía con anterioridad. Suspiró cansado. No quería pelear con Grell, porque sabía que cuando a este chico se le metía algo en la cabeza, nadie podía sacárselo jamás.
—Habla ya. —Repitió otra vez.
—Bueno, bueno… ¿Aún eres novio de Eva?
—Sí, ¿eso a qué viene?
—Hay algo… interesante respecto a la otra.
Sebastián sonrió. Instantáneamente, recordó aquella charla que sucedió meses atrás, en la que le aclaraba a su amigo que, para él, la 'otra', era la mismísima Eva, no Ciel. ¡Por supuesto que no! Ciel no podía bajar a la categoría de ser la otra… O, en este caso, 'el otro'.
—Haber, haber… ¿Qué es eso interesante respecto a Eva? —Preguntó Michaelis, imitando el tono de voz de Grell, para después alzar de nuevo su vista y mirarlo.
Y se dio cuenta, por los ojos del pelirrojo, de que era algo verdaderamente interesante.
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Eva no podía evitar recurrir a la mitomanía.
Y es que, a sus ojos, ella se merecía toda la herencia que sus padres le dejaron. Pero no. Se la dieron al mocoso que tenía como hermano.
Ya estaba cansada. A la vista de todos los demás, tenía que fingir que amaba a su hermano, que lo idolatraba. Y era todo lo contrario. Lo repudiaba, lo odiaba con todo su ser. Más de 1 noche intentó deshacerse de él. Intentó envenenarlo, ahorcarlo, ahogarlo, dispararle, abandonarlo o drogarlo. Pero no funcionaba. Incluso recurrió a la prostitución con aquellos seres asquerosos que ni siquiera se merecían mencionar su nombre o respirar su aire. Y no funcionaba.
¡Por eso tenía que saciarse con los demás!
Y sus padres… Ni qué decir. Al enterarse, por boca de su padre (antes de morir, claro está), que toda la herencia caería en manos de Ciel, se enfureció. ¿Y a ella qué le daban? ¡Le daban una simple empresa de todas las que tenían en Inglaterra!
De nada sirvió, ya que ésta entró en bancarrota después de estar en sus manos. Era, a palabras frías de su padre, una irresponsable. Su hermano a sus escasos 13 años, controlaba todo a la perfección. Su hermano era más hermoso que ella, más agraciado. Más reconocido. A la vista de la sociedad, ella no era Eva Phantomhive, era 'Mantenida Phantomhive', ya que vivía en la gran mansión que heredó el mocoso del ojiazul.
Lo odiaba, al igual que a sus padres.
Pero tenía algo que su hermano no tenía: Sebastián. Y sí, ella es una superficial, ¿pero a eso a quién le importa? Estar en ese lugar no le sirvió de mucho. Siguió siendo la misma de antes.
Aún así tenía sus sospechas. Ciel miraba mucho a Sebastián. Sebastián mira mucho a Ciel. Más le valía a esos dos que no le estuviesen viendo la cara de estúpida.
Porque de ser así, acabaría con eso. A Sebastián lo usaría como un objeto, saciaría sus conductas violentas con él. Lo manipularía y le sacaría provecho a todos los millones y millones que él posee.
Y se quedaría con la fortuna Phantomhive. Desaparecería a Ciel de la faz de la tierra.
… Así como lo hizo con sus padres.
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— ¿Qué quieres?
—Muy seco, Bocchan.
Ciel, al observar y escuchar que Alois no dejaba de insistirle, contestó el teléfono con parsimonia. Puso los ojos en blanco al escuchar esa palabra. Aunque debía de admitir que en el fondo le gustaba.
—Amor mío, ¿qué se te ofrece? —Habló, con una voz por demás inocente, haciendo reír a Sebastián y espantar a Alois, que no paraba de carcajearse y revolotear a su alrededor.
—Saldré con tu hermana en un rato—Le informó, como si fuera lo más normal del mundo. Ciel pudo distinguir el aburrimiento en su voz—. Así que, pensé: 'Sebastián Michaelis, ¿por qué no, después de cenar con Eva, le pides a Ciel que vaya al hotel para hacerlo tuyo otra vez?'. Y me respondí: '¡Oh, grandiosa y excitante idea!'
Ciel no pudo evitar el hecho de pensar en que Sebastián, en ocasiones, se comportaba como todo un infante. Se limitó a suspirar y que quedó pensando. No podía contestar cualquier cosa teniendo a Alois casi atravesándolo con sus ojos azules cual cielo despejado.
—Tsk—Fue lo único que dijo, pero en el fondo le encantaba la idea.
— ¿Lo tomo como un: 'Sebastián mío, ¿qué te parece si lo hacemos aquí y ahora, por teléfono'?
El Phantomhive no pudo hacer nada, más que ruborizarse y cubrirse la cara con su manita pálida. Alois, atento a todos sus movimientos, sonrió con picardía. Así que decidió jugarle una bromita a su amigo. Se acercó un poco a él, para que su voz encantadora se escuchara hasta el auricular y llegara a los oídos de Sebastián.
— ¡Oh, Ciel! ¿Estás sonrojándote?
—M-Mierda… ¡Alois!
Michaelis, al otro lado de la línea, abrió sus orbes carmín con sorpresa, para después sonreír pervertidamente. Agradecía al pelirrubio su comentario. Suspirando después y, con voz ronca, habló:
—Te espero en el The Montcalm, Ciel mío. Espero y sus paredes eviten que tus sonidos lleguen hacia otra parte.
— ¿Piensas dejarme afónico, o qué? —Preguntó Ciel, algo brusco, mientras le pedía a Alois un pedazo de papel y, con su perfecta caligrafía, escribía el nombre que Sebastián le proporcionó.
—No pienso—Habló con voz ronca—. Lo haré.
Dicho esto, colgó, dejando a un Ciel más rojo que un tomate y a un Trancy estallando a carcajadas.
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Sebastián conducía a toda velocidad en su Lancia Ypsilon negro, con una Eva emocionada al lado. Debía de admitir que estaba más que aburrido. Más de una vez intentó alejarse de ella pero, después… ¿Cómo vería a Ciel? Aparte, Eva era demasiado… Y lo recordó.
No había hablado mucho en todo el trayecto, ¿porqué? porque las palabras de Grell lo dejaron pensativo.
FlashBack
—Bueno, debido a que sigues siendo frío conmigo, Sebas-chan—Departió Grell, cruzándose de piernas en el asiento de cuero enfrente del pelinegro—, te diré que a Eva fue sospechosa.
—Sospechosa—Reincidió Michaelis, con la ceja finamente alzada— ¿Sospechosa de qué?
Grell, por primera vez, le dedicó una mirada maléfica y compasiva. Su cara mostraba una sonrisa y, de emociones, una terrible preocupación. Tomó aire y, haciendo un gesto con la mano, como si fuese lo más normal del mundo, continuó:
—De asesinato.
Fin FlashBack
¿Podía ser cierto? Es decir, no es que confiara en Grell, pero… Ni siquiera le mostró alguna prueba para corroborar lo que le había dicho; nada. Meneó un poco la cabeza, para después mirar de soslayo a Eva: debía admitirlo, era hermosa. Pero (y he aquí donde él mismo se reprochaba el inacabable deseo hacia su allegado que, aún en las circunstancias más peligrosas, bizarras y patéticas, le causaba olvidar todo y acordarse de él), lamentablemente, su pequeño hermano lo era aún más.
Recordó el momento en el que Eva le había revelado que odiaba a su hermano, aunque minutos después se retractó, diciendo que lo decía de broma.
Y vamos, ¡tenía que admitirlo! La mujer que tenía como novia y que estaba sentada en el asiento copiloto, era una impulsiva. Que no mostraba arrepentimiento.
A nada, ni a nadie.
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Ciel llegó con cansancio al lujoso hotel que Sebastián le había indicado algunas horas atrás. Entró en el y, con sus ojos fríos, le pidió a la recepcionista una habitación. Primero lo miró dudosa, para luego sorprenderse de que tenía enfrente de ella tenía al mismísimo Ciel Phantomhive, al pequeño descendiente de los Condes que eran líderes de las aún vivas empresas Funtom. Ciel bufaba molesto, cuánto odiaba eso.
Caminó con pasos elegantes hacia el elevador para ir directo a su habitación. El hotel era hermosos, con una linda vista panorámica y predominaba en él su color preferido: azul.
Al darse cuenta de que el elevador se detenía, salió a toda prisa a la habitación, pero se detuvo, ya que sentía una mirada encima de él, estrujándolo. Lentamente, se dedicó a buscar al causante de esa sensación. Y lo vio: alto, fornido, con piel bronceada, una dentadura perfecta, cabello grisáceo y ojos verde oliva, que aparentaba unos 18 años. Se dedicó a fulminarlo con la mirada al ver que el joven lo miraba de arriba abajo. Cuando vio que se disponía a acercarse a él, con paso lento entró a su habitación. Tienes que admitir que era… Atrayente, pensó el peliazul.
Tomó un poco de aire y se quedó quieto en la puerta.
Y, entonces, recordó que no le había mencionado a Alois que lo encubriera. Con cansancio y olvidándose completamente del guapo peligris que intentaba acecharlo, recorrió la habitación con la mirada.
Tenía una gran cama en medio, demasiado espaciosa, con dos silloncitos de cuero al lado, dándole una vista perfecta de la ciudad. El suelo tenía una alfombra y una costosa lámpara de vidrio colgaba del techo. El olor a algo que él mismo eligió y que ni siquiera sabía que era, inundó la habitación. Por supuesto, había pedido una Suite Deluxe. Metió su tarjeta JBC a su bolso del pequeño pantaloncillo que llevaba.
Entonces se dio cuenta de algo: No importaría el orden o la presentación de su recámara. Es decir, ¿Cómo iba a importarle cuando haría eso con Sebastián? Si era cierto lo que le dijo el azabache, esa tarde sería muy movida, hasta dejarlo afónico. Así que desechó el pensamiento de "La habitación es bonita".
Y, sin darse cuenta, se imaginó a su hermana con Sebastián. En la cama. Besándose. Le dio un tremendo asco y unos grandes celos que se sintió sofocado. ¿Él, celoso? Por Dios, si su futuro cuñado lo veía en esos momentos, estallaría a carcajadas por verlo. Frunció el ceño. Es decir, él no podía estar celoso de que Sebastián aún salga con Eva, ¿o sí? ¡Deja de pensar en eso, mierda!, se gritó mentalmente al tener de nuevo presente la imagen de una cama desacomodada con su hermana y el ojicarmín en ella. Pero muy en el fondo quería decir con LA hermana y SU ojicarmín.
Colocó sus pensamientos pecaminosos y posesivos de lado para después lanzar su mochila y su laptop a la cama y tomar el celular. Buscó entre sus contactos a "Trancy retrasado" y le dio un clic al botón "Llamar". Esperó dos largos y eternos pitidos y, al tercero, puso los ojos en blanco. Su amigo pelirrubio no tardaba ni 2 segundos en contestar, y ahora él llevaba un minuto esperándolo. No le sorprendería que estuviera con algún amigo suyo haciendo quien sabe qué cosas.
Suspiró.
No podía quejarse, porque él estaba así con Sebastián… La única diferencia era que él y Sebastián ya habían estado juntos (muchas, muchas, MUCHAS veces) y Alois, como un completo enamorado, seguía esperando que Claude Faustus, su profesor de historia, le insinuara una relación pecaminosa.
Lanzó un bufido y, justo cuando iba a colgar, escuchó un jadeo y dos respiraciones al otro lado de la línea. Parpadeó efusivamente, confuso. Alejó el celular de su oído para verificar el hecho de que no se haya equivocado de número. Al darse cuenta de que no era así, acercó algo dudoso su rostro al aparato.
— ¿Alois? —Preguntó, con voz grave.
— ¡A-ah! —Fue la respuesta. Ciel lanzó un chillido hasta ponerse rojo. ¡Alois acababa de gemirle en su oído? — ¿C-Ciel?
—¿Qué mierda haces? —Se atrevió a averiguar. Se quedó estático en el lugar esperando respuesta alguna, dejándose caer en la cama. Tragó grueso. Espero y no sea lo que creo, pensó.
No recibió respuesta. A cambio de eso, escuchó movimiento, como si le hubiesen quitado el celular al pelirrubio y lo pasaran a través de una alfombra o cama. Entrecerró los ojos al escuchar una nueva voz hablarle.
—Joven Ciel—Le llamó la voz, proveniente de, quizás, alguien que rondaba por los 26 años. Rodó los ojos. Alois y sus traumas por tener sexo con mayores—, no me importaría en lo absoluto si colgara ahora mismo y nos dejara a Alois y a mí seguir con nuestro… Trabajo.
Ciel se mordió los labios al sentir unas tremendas ganas de reír. Si a eso el tipo le llamaba trabajo, no quería saber que era sexo para ellos. Pero la voz se le hizo tremendamente familiar.
— ¡C-Claude! ¡Dame ese… Teléfono!
El pequeño de 13 años abrió sus orbes como platos. ¿Claude Faustus? ¿CLAUDE FAUSTUS?
— ¿¡Claude Faustus! — Gritó Ciel al teléfono, sin proponérselo.
—¡M-Mierda, Ciel! ¡Me has roto el tim- Ah!
—¡Deja de gemir! —Gritó Ciel, saliendo de su trance e imaginándose a Sebastián y a él en una situación parecida.
—¡Entonces cuelga el maldito celular si no quieres escucharme llegar al maldito orgasmo!
Y colgó.
Y después miró su miembro. Se maldijo por lo bajo y no pudo evitar reírse a carcajadas. Maldito Sebastián. Maldito Alois.
Definitivamente tomaría una ducha bien fría.
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Sebastián miraba ya la hora, estaba más que aburrido con Eva.
Se la pasaba platicando de chicos, chicos que no la merecen, que ni le llegan a los talones, que sólo él y bla, bla, bla.
La miró por una milésima de segundo. No tenía nada de parecido a Ciel. Meneó lentamente la cabeza, intentando sacárselo de sus pensamientos. Ya casi, aguanta, se regañó.
Y un pensamiento vago le vino a la mente: Había conoció a Eva por medio de una amiga suya, Kristen, la cual estaba enamorada de él. Más de una vez intentó declarársele y siempre notó el interés superficial que despertó en Eva. Y la bomba estalló.
Una noche, Kristen llegó asustada a su mansión, agitada y sangrante. Le preguntó algo espantada que qué rayos tenía, y aún recuerda perfectamente sus palabras "¡F-Fue Eva, fue ella! ¡Está L-O-C-A! Le mencioné que te amaba y, ¡mira! Casi me mata. Hubieses visto su mirada, Sebastián"
Y, semanas después, Kristen desapareció sin dejar rastro alguno. Para luego encontrarla asesinada y después una Eva feliz… Y se espantó.
Si Grell le mencionó que fue sospechosa de asesinato…
¿Habría sido capaz de asesinarla?
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—Amber, ¿Qué ha averiguado?
—Un poco, comandante.
Una hermosa mujer con traje de joven rica entraba con n viejo de ya entrada edad a la estación de policías. La chica llevaba su cabello rubio rizado amarrado a una coleta alta, con un traje color rosa pastel. Era una agente encubierta tratando de investigar dos casos de asesinato.
—Y bien…
—Definitivamente lo odia, comandante.
— ¿Crees que haya matado a sus padres y a aquélla joven?
—Por supuesto. Y no dudo que, las veces en que el joven Phantomhive cruzó por la muerte, ella estuviese detrás de todo eso.
—Ya veo, ya veo—Dijo el hombre, con su arrugada mano en su mentón y moviendo ligeramente la cabeza—. Ahora, sólo tenemos que investigar quién fue el doctor que estuvo a cargo de ella en el psiquiátrico.
—Ya lo sé, señor. De hecho, ahora está como profesor de Historia en el Eastcourt School. Después de saber que no pudo ayudar a Eva, decidió alejarse de eso para siempre—Habló Amber, con voz de sabia.
—Bueno. Ya eres la mejor amiga de la sospechosa—El viejo miró a la pelirrubia, como confirmando lo que había dicho. Y, a modo de respuesta, la joven asintió—, y te sabes el nombre de alguien que podría ayudarnos en el caso. ¿Cuál es su nombre?
Amber Brust sonrió.
—Claude Faustus.
Sí, definitivamente atraparía a Eva Phantomhive.
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Capítulo algo.. Largo xD.
Bueno, bueno, ¡aquí estoy! Dije actualizarlo el viernes pero pues, como lo acabé hace unos segunditos, decidí subirlo de una vez :B.
Eva está enferma, es una sociópata D:. En las partes de Eva, o en donde Grell hace aparición y le dice a nuestro Sebas-chan sobre la hermana de nuestro Ciel, me inspiré en Hurricane, de 30 Seconds to Mars (canción que aparecerá en el siguiente capítulo como música de fondo :G).
¡MUCHAS GRACIAS A TODAS AQUÉLLAS QUE COMENTARON EL FIC!
La escena de la llamada de Ciel con Alois es, digamos, improvisada xD. Debido al review de Breyito en FF, decidí meter a Claude en la historia. Cuando me imaginé la historia, no tenía pensado incluír a Faustus. Pero ya ven, será un personaje crucial en la historia.
¡OMG! ¡Amber es un agente! o.o.
Si tienen dudas sobre el capítulo, comentarios, tomatazos etcétera, favor de dejar reviews, que yo los recibo con gusto. Y disculpen si el capítulo es algo pesado D:. Nada de SebasxCiel en él, ah (suspiro de desepción).
En lo personal, amé la frase de Alois: "¡Entonces cuelga el maldito teléfono si no quieres escucharme llegar al maldito orgasmo!" hahahahaha, bueno, vale, ya ._.. Hablando de Alois, a petición o comentario de Breyito, lo pondré como alguien que le sacará celos a Sebastián.
Bueno, sin más, me despido. RECALCO: Éste fic es psicológico (por la socipatía) y algo bizarro(por la sociopatía también xD).
Así que, ¡besos y abrazos! Disculpen si el capítulo es algo pesado.
Se despide,
HirotoKiyama13
¡Review no Jutsu!
