Adaptándose al destino

Continuación de mi historia:

Cierta mañana de un día de enero, sonó el timbre del teléfono de mi casa. Yo estaba leyendo un libro de historia, mi materia favorita en mi cuarto. Mi madre quien estaba haciendo la limpieza contesto tal y como yo esperaba, pues estábamos solos:

— Bueno, ¿con quién tengo el gusto? — preguntó mi madre con su tono serio

— Buenas tardes señora — se escuchó del otro lado de la bocina — ¿se encontrará el joven Inuyasha Taisho?

— Está ocupado pero yo soy su madre Izayoi, ¿para qué lo buscan?

— Estamos llamando desde la embajada japonesa para comunicarle que su honorable hijo acaba de ganarse una beca para estudiar una licenciatura en historia en este país.

— ¿Cómo dice? ¿Se equivocó de nombre? — le costaba trabajo creerlo, mientras yo ignorante de todo sólo escuchaba desde la puerta abierta de mi cuarto la voz cortante de mi madre que provenía de la sala

— No lo creo, usted misma me ha dicho que es la madre del chico.

— Pero él jamás ha presentado un examen para ser permitido — trata de ser convincente

— Ha venido a buscarnos en varias ocasiones para solicitar una beca, nosotros lo entrevistamos al momento de hacerlo y sus razones para venir a estudiar aquí son muy buenas, aparte he de decir que el tercer lugar que ganó en un concurso nacional en el área de historia habla muy bien de su hijo. No deje que su hijo haga pasar esta oportunidad, no cualquiera tiene la suerte de estudiar en otro país.

Mi madre no soporta más la impresión que la causó la noticia, y escuchó desde mi habitación el sonido de un objeto caer al suelo. Me levante preocupado sin alterarme y vi que la bocina del teléfono estaba tirada, antes de recogerla para entregársela en la mano mi madre me dirigió una mirada de rabia, confusión y sorpresa, yo no veía la razón así que seguí enfrentándola con la misma cara aburrida de siempre. Pero algo me decía que no debería acercarme por precaución a ella, o recibiría una reprimenda por algo o hasta una golpiza, de esas que desde los diez años no me daba.

— Ven aquí — me ordeno con voz baja, pero amenazadora.

— No, ¿para qué? — la verdad que no me daba ni un poquito de confianza

— Te están hablando desde la embajada japonesa

— ¿¡Quién!? — dije alterado, de pronto me emocione porque de haber sido rechazada mi solicitud de beca ni siquiera se hubieran molestado en llamar, así que solo significaba una cosa: que me habían aceptado.

— Ven y contesta — seguía amenazándome con la mirada, pero me armé de valor y me acerqué sin quitarle la vista de encima a ella.

Inuyasha_ Hola — hable tembloroso al sujeto que estaba detrás del teléfono

— ¿Usted es el joven Inuyasha?

— Si soy yo — contesté plenamente convencido

— ¡Pues felicidades! Usted ha sido aprobado para terminar sus estudios en el lejano Japón, mi nombre es Takashi Suzuki, y le diré las reglas a las que tendrá que acatar para viajar hasta allá y cumplir sus sueños "aventurero" — me dijeron aventurero a mí, seguramente porque a casi nadie se le metía la loca idea de irse al otro lado del mundo.

— Espere… ¿me está hablando en serio?

— Nosotros no bromeamos — me dijo seriamente — y menos en este tipo de cosas.

— Somos una embajada y de nosotros dependen las relaciones que tenemos con su país. Ahora si me permite: hace 2 meses usted metió la solicitud en nuestra embajada pidiendo una beca, analizamos su solicitud y lo entrevistamos dos semanas después, creemos que sus razones para irse hasta Japón son justificables y muy buenas, querer divulgar el arte de la historia en ambos países para nosotros es admirable — ok pensé, yo no quería divulgar nada ni convencer a la gente de estudiar esa materia, solo quería que mi familia me admirara y dejara de criticarme diciéndome que soy un fracasado — es todo un ejemplo a seguir joven. Deberá presentarse en los próximos 5 días de nuevo aquí en nuestra embajada para arreglar los tramites con su gobierno, preparar su visa y sus papeles, con el fin de irse inmediatamente después de culminar sus estudios en la preparatoria, así no perderemos tiempo y se incluirá pronto en las filas de la siguiente universidad la cual lo ha aceptado en su plan de estudio: la universidad de Josai en la prefectura de Saitama lo ha incluido, y espera que usted pueda llegar a finales de agosto al país para integrarse, le han ofrecido el asesoramiento del profesor Naraku Matshusima para que se haga cargo de usted, le muestre las instalaciones y le sirva de apoyo en nuestro país. ¿Está de acuerdo?

— Sí; to..totalmente — tartamudee, hasta la pregunta era tonta, por supuesto que no me iba a negar a tal propuesta, me estaban poniendo todo en bandeja de plata cuando había existido un 95% de probabilidad de que no me llamaran.

— Entonces váyase preparando, porque aquí en la capital, tiene muchas cosas que hacer todavía — me colgó el teléfono y yo me quede en el limbo. Pero volví por desgracia a la realidad cuando mi madre me exigía con su solo gesto endurecido una clara explicación.

Ahí le fui explicando paso a paso de todo lo que había ocurrido mientras ella permanecía tensa sentada en el sencillo sofá, le dije mis preocupaciones, aquello que me hizo decidir separarame de mi familia, lo que planeaba hacer y cómo iba a resolver los problemas que surgieran allá por la diferencia inmensa de cultura. Iba a ser todo un reto acostumbrarme a esa sociedad e integrarme, faltaba todavía que los orientales me aceptaran por ser extranjero, porque había escuchado en varias ocasiones por foros de internet a los que me metía para conocer de la cultura asiática, que los japoneses solían llamar a un extranjero "Gaijin" de forma despectiva que quiere decir "bárbaro" o sea que nos consideran a los occidentales unos bárbaros por ser demasiado libertinos con nuestra educación, somos en pocas palabras un mal ejemplo para los japoneses que generación en generación cada vez más los jóvenes de allá las copian, generalmente nos llaman "Gaijin" los viejos japoneses, aquellos que notan que las nuevas generaciones japonesas se están dejando influencia por nuestras "malas" costumbres y están perdiendo el camino del bien. Ustedes deben de saber que los antiguos japoneses estaban tan orgullosos de su cultura, su educación y sus costumbres que le prohibían al extranjero la entrada en su país hasta el siglo antepasado con los famosos samurái, y ahora actualmente demuestran ese orgullo prohibiendo la doble nacionalidad a sus ciudadanos e incluso negándosela a un extranjero de por vida.

En fin; todo esto lo investigue con el único fin de saber en qué terreno desconocido me metía, era mejor estar prevenido como bien dice el dicho: más vale prevenir que lamentar.

Mi mamá al principio se disgustó por mi extraña idea, pero no le quedó de otra más que apoyarme ya que a mis 19 años, ya todo un joven a punto de ser adulto, era difícil que me influenciara para que no tomara mis propias decisiones.

Hablamos con toda la familia, y todos se resignaron porque sabían lo terco y caprichoso que era, cuando algo se me metía a la cabeza nadie me lo sacaba; ni siquiera yo.

Transcurrieron rápidamente pero también muy difíciles 7 meses en los que tuve que aprender todo de todo, de Japón. La embajada japonesa en mi país me ordenó directamente que fuera a tomar cursos intensivos de japonés durante esos siete meses, así que tuve que arreglármelas con mi limitado tiempo para poder ir a la preparatoria que no terminé hasta junio y al mismo tiempo ir cada tercer día a mis clases de ese idioma. Yo estaría en Japón a finales de agosto para iniciar clases en la primera semana de septiembre.

Luego de haberme ido de la capital hasta un vuelo directo al país del sol naciente, el trayecto fue larguísimo, aproximadamente 20 horas de vuelo sin escala, claro que tuve la opción de irme a Estados Unidos a tomar un avión; sería un viaje más seguro a Saitama pero digamos que las autoridades migratorias de aquel país lejano nada más no me convencen, como todo hispano, sería como una rata perfecta para ser cazada por los gringos.

Mi madre fue quien me despidió en el aeropuerto internacional de la ciudad de México junto con mi inseparable hermano y otros familiares que como la típica despedida mexicana en vez de decirme "te vamos a extrañar Inuyasha" me dijeron "vamos a celebrar que te has ido, ojalá y no regreses" claro que ese antipático mensaje es de doble sentido, por un lado me dicen de broma que me desean lo peor pero por el otro realmente me están deseando mucha suerte.

El viaje fue de lo más cansado y eso era solo el principio.

Hablando de maestros, mi tutor Naraku Matshushima, al principio se había ofrecido a recibirme en el aeropuerto, había mandado una foto suya a mi correo para que lo reconociera. Pero a última hora surgió un inconveniente y se tuvo que disculpar conmigo por teléfono para decirme que estaría de viaje durante tres días en Osaka por órdenes del director de la universidad a donde yo iría, ya que él también fungía como una especie de subdirector de la institución, aunque no oficialmente porque su "jefe" por decirlo de alguna forma era tan egoísta que solo quería ser la única persona con poder en la escuela, según me imaginé.

Llegue al aeropuerto hecho un desastre en mi cara, con mi piel pálida casi amarilla por estar completamente mareado, acalorado pese al frío de esa noche, cansado, estresado, confundido y nervioso.

Vi a un chico joven acercarse a mí, traía entre sus manos un letrero blanco donde venía mi nombre escrito: inuyasha. Mi vista algo borrosa por el mareo debido a la diferencia de altura entre Japón, México y el avión me aturdió, pero afortunadamente pude ver al joven que me buscaba aparentemente.

— Hello, ¿how are you? — me dijo en inglés, yo era pésimo hablándolo así que le hice una seña y le dije "spanish", y como él no sabía español ni yo inglés optó por hablar su lengua natal, algo neutral. No del todo fue una desgracia para mi pues gracias al curso de siete meses que me obligaron a tomar los de la embajada, yo entendía lo básico, como lo siguiente que me dijo:

— Mi nombre es Hōjō Akitoki y soy el presidente de la asociación de estudiantes de la universidad Shiroi, y he venido por órdenes del subdirector, quien viene siendo tu tutor.

— Ho — fue lo único que dije, estaba agotado y me estaba durmiendo, solo quería tumbarme en un cama y dormir profundamente toda la noche, porque ya eran las 7 y algo.

— Entonces, lo siguiente que haremos es tomar un taxi en dirección de la universidad, ahí existe una parte del alumnado que prefiere vivir en el área de los dormitorios de la institución, aunque la gran mayoría prefiere dormir en su casa, es voluntad de cada quien decidir donde desea pasar su tiempo después de terminar las clases.

Obviamente tú no tienes opción, porque no tienes familiares en este país con los cuales quedarte, así que te enseñaré tu habitación la cual estarás compartiendo con dos alumnos más.

Inuyasha_ Ajá – es todo lo que dije. Salimos del aeropuerto; yo cargaba mis dos maletas, tomamos un taxi bastante curioso, lo primero en que me fije fue que el taxista manejaba del lado derecho del auto, donde usualmente iría el copiloto, no dije nada, porque también había leído que por extrañas circunstancias los coches japoneses tenían el volante de ese lado.

Los edificios de la prefectura de Saitama al norte de Tokio en plena noche se veían asombrosos, lujosos y muy brillantes a causa de esas luces grandiosas originadas por los espectaculares inmensos de las calles, era muy similar a una ciudad estadounidense, puro lujo y muchos negocios por todos lados.

Nos detuvimos luego de 15 minutos frente a dos edificios unidos como de 4 pisos, totalmente solitarios, solo los focos daban luz por las ventanas.

Nos adentramos las puerta estaba cerrada pero sin seguro, subimos por las amplia escalera y llegamos a lo que parecía el área de dormitorios, muy silencioso se me figuró a los de un hospital psiquiátrico, de repente me dieron escalofríos por la espalada al imaginar que quizás una loca amarrada con una bolsa de fuerza llegaba por atrás y nos asustaba con sus gritos, eso me sucedía por ver tanta película de terror, a ver como dormía.

El joven abrió la puerta de la habitación con llaves.

— Ven, esta será tu nuevo hogar — abrió la puerta y me dejó pasar primero.

— ¿Y los demás? — pregunté confundido

— Miroku Otiwa y Kouga Tohru me imaginó que se han de haber ido de fiesta como siempre, y te dejaron solo por el momento. ¿Te sientes incómodo?

— No para nada – me recosté bocabajo en la cama dejando mis maletas tiradas en el suelo — estoy mejor así, sin ningún ruido.

— Bueno, si necesitas algo yo no voy a estar aquí, yo tengo que regresar a casa; desde hace tiempo que debí haber llegado pero el doctor Matshushima, me pidió que te recogiera en el aeropuerto, ya echo el favor no me queda más que desearte suerte de ahora en adelante, en 6 días iniciaras tus clases, por el momento es todo, nos vemos después — me hizo una reverencia que me desconcertó pero no moví ni un cm de la cama, mis huesos ya estaban relajados en el colchón individual — ha otra cosa — me dijo desde la puerta — aquí a los lados hay 8 habitaciones más, todas están ocupadas así que hay gente, si necesitas ayuda puedes ir con ellos — espero una respuesta pero yo perezosamente lo deje con las ganas y lo ignoré, entrecerré mis ojos y él se marchó.

Ahora sí, mi vida en el sol naciente daba inicio.

Por la madrugada y ya con las luces apagadas, cerca de las dos de la mañana alguien abrió la puerta, eso no lo te hasta que escuche que alguien había golpeado mi maleta con el pie. Giré mi cabeza aun adormilado y pude ver dos sombras, ambas se estaban riendo sigilosamente una más que la otra. O estaban borrachos o estaban haciéndose los idiotas, eso creí.

Uno de ellos se acercó a la cama, se sentó para quitarse los tenis y sin fijarse lo hizo arriba de mí. No me quejé porque no solía ser escandaloso pero el sujeto sintió extraño su trasero, para ser un colchón estaba demasiado duro. Se levantó asustado y prendió la luz cerca de la puerta.

Ambos se me quedaron viendo acojonados.

— ¿Y tú quién eres? — me dijo el más blanco de los dos pues el otro era ligeramente más moreno y más bajo de estatura — Oye Kouga, un ladrón se vino a meter y sin darnos cuenta

— Como nos íbamos a dar cuenta idiota si estábamos jugando póker en el club — le reprocha — dime quien eres y que haces aquí.

— Mi nombre es Inuyasha — me senté en la cama aún adormilado — y seré su nuevo compañero de habitación

— ¿Eres de aquí? — se me acerco solo un poco bastante impactado ese tal Miroku

— No; soy de México y he sido transferido a su escuela para iniciar mi carrera como licenciado en historia y arte. Miroku dió un suspiro.

— con razón eres bastante raro, ya se me hacia extraño que fueras blanco y con ojos de color si supuestamente resultabas ser japonés.

— Si es verdad, ese tipo de ojos son poco usuales acá. Por cierto, ¿Dónde está México? — me preguntó confundido el otro joven, llamado Kouga.

— Debajo de Estados Unidos, en américa — puse mis manos en la cintura, ya de pie fuera de la cama y le dije pacientemente, la verdad es que ya sabía que aquí por Latinoamérica, los países estaban muy olvidados. Parecíamos un territorio perdido, donde nadie que este afuera sabe nada de nosotros. ¡Agradézcanselo a sus gobernantes!

— Entonces… ¿te quedarás aquí? — se me acercó un poco más Kouga, muy falto de confianza

— Sí; así es. Así que llevémonos bien.

— Si mira todo correcto pero la cama en la que estás es donde yo duermo — Intervino de repente Miroku como importándole nada lo que dije, acercándose a su cama.

— Ha – mire a la cama con pesadez — por mí no hay ningún problema. Ustedes díganme donde dormir y ahí pasaré a noche.

— Hay una cama cerca del baño — Dijo otra vez Kouga.

Me acerqué al baño mientras ellos se cambiaban, y así como entre debajo de la sabana me dormí. Lamentablemente solo por unas dos horas porque yo creo que los tipos estaban tan crudos (borrachos) que solían ir al baño a cada momento, escuchaba como jalaban la palanca del retrete cada media hora y me desesperaba; lo peor fueron los gases pestilentes que se echaban, ya no sabía si la comida japonesa era tan pesada que les causaba andar sueltos del estómago o de plano simplemente no se lavaban el trasero al bañarse y eso les provocaba infecciones en el recto.

Al día siguiente el desvelo de esa noche se me noto en las ojera de perro que aparecieron. Me invitaron a desayunar en una cafetería. Las vacaciones escolares continuarían hasta pasado mañana, ya luego tendríamos que regresar a clases. La verdad a pesar de lo fatigado que estaba por la falta de sueño y mí reciente llegada a Japón disfruté que me llevaran a recorrer las calles más populares de Saitama, nos llevamos bien aunque aún batallaba para entenderles del todo su idioma, había frases y sobre todo palabras que desconocía así que parecía un bebe a lado de ellos, apenas aprendiendo palabras. Me ofrecieron a que los acompañara a jugar videojuegos en un club pero me negué porque así era yo, solía aislarme de la gente cuando menos lo esperaba, no si era timidez o soberbia de mi parte pero nunca cambiaría…

Pedí un taxi y le di la dirección de la escuela en una hoja de papel para que me levara a ese lugar, yo no recordaba el nombre de la calle, es más ni siquiera de la universidad, todo era nuevo para mí.

El taxista amablemente me trajo a la escuela, intente darle una propina pero se negó, me dijo que en Japón darle propina a la gente no era bien visto, porque significaba una humillación para ellos ya que una persona que le daba propina a otra daba a entender que su estatus económico era mucho mejor que el de otro, así que era mejor no dar nada de dinero extra u ofenderías a la gente.

Me salí del auto y me adentre al instituto, en el recorrido por los pasillos algunas señoritas que utilizaban los dormitorios se me quedaban viendo libidinosamente, yo las ignoré porque no me interesaba en lo más mínimo relacionarme con chiquillas descaradas.

Llegue a mí cama, saque las maletas debajo de la cama y saqué mi equipaje, todavía me faltaba arreglar mi ropa en un clóset sencillo que por ahí se hallaba.

Salí de nuevo para conocer el lugar donde estudiaría los próximos cinco años, no estaba nada mal el edificio, todo en orden y limpio como en las calles de Japón, muy pulcras y silenciosas; como me gustaría que así en México la gente fuera más consciente y copiara e ejemplo japonés de ser cuidadoso con sus calles, tirar la basura en su lugar y mantener la tranquilidad, pero no, desgraciadamente la violencia allá era el pan de cada día y ni qué decir de la contaminación. Ahora sí que, que ¡diferencia! tan abismal de culturas entre un país y el otro.

Volví a mi cuarto, estuve esculcando algunas cosas, muchas de las cuales no me incumbían y encontré debajo del colchón de la cama de Miroku varias revistas xxx bastante bochornosas, no me pude resistir y a pesar de que no comprendía los kanjis, me anime a verla por los dibujitos pornográficos, todos como un manga, de esos llamados "Hentai" me di cuenta de algo más interesante que la perversión, el manga se leía de derecha a izquierda, o sea al revés, eso o note cuando vi la frecuencia de la historia del manga Hentai, para un occidental resultaría confuso leer así puesto que nosotros leemos de izquierda a derecha, pero ¿Quién dijo que todos teníamos que ser iguales? Supongo que para los japoneses nosotros también somos extraños.

Así me estuve entretenido en ese manga incomprensible hasta que vino Kouga y Miroku con varias bolsas de plástico en las manos las cuales contenían comida echa, aproveché para arrojar por la ventana aquel manga por la ventana, para que no lo hallaran entre mis cleptómanas manos.

Comieron, yo me aguanté mi hambre por miedo a lo desconocido, ni me gustaban los mariscos y por desgracia el 90% de la cocina japonesa consistía en eso, al ser Japón una isla, el alimento marítimo era primordial. Pero yo era vegetariano, así que… o me atenía a lo que había; o me moría de inanición.

Continuará...