Hola caracolas, he vuelto, quizá un poco rápido, pero bueno, como dije, esta historia me da vueltas desde hace mucho. El lemon tardara... uno o dos capítulos más, según lo planeado. Éste capítulo me pareció divertido de escribir e imaginar, espero que para ustedes sea igual de divertido de leer.

Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son invención de la grandiosisima Rumiko Takahashi. Si fueran míos, habría lemon. Muuuuucho lemon.

...

Capítulo 1: De "la charla" con Shippo, y otras conversaciones incómodas

Kagome

Inuyasha contemplaba el pozo a través de la ventana de la cabaña que había construído entre las ramas del Goshimboku. Habían pasado casi tres años desde la última vez que la vio. Tres años sin sentir el calor de su sonrisa, la tibieza de sus manos al sanarlo, el valor infinito con el que siempre luchaba. ¡Diablos! ¡Habría dado cualquier cosa por un mísero "Osuwari" de sus labios! Toqueteó distraídamente el collar de sumisión, y bajo él la diminuta perla azulada que siempre llevaba consigo.

"Kagome" pensó nuevamente. Bajo sus manos, la perla brilló y casi pudo sentirla a su lado de nuevo, evocando sus cabellos negros y sus ojos achocolatados. Sonrió. Se había vuelto un melancólico.

Hacía casi tres años que Inuyasha había rescatado a Kagome del interior de la Shikon no Tama. La perla se había purificado y él la había dejado sana y salva junto a su familia. Hacía casi tres años que el hanyou había comprendido finalmente que ella pertenecía a ese lugar, por más que quisiera mantenerla a su lado. Y el pozo, respondiendo a ese pequeño pensamiento, se había sellado para él. Kagome estaba en su hogar, a salvo. Y él se había quedado sin el suyo. Porque no había un hogar que concibiera sin ella.

Desde entonces Inuyasha se había dedicado a atesorar cada diminuto recuerdo que pudiera tener de ella. Cada tercer día visitaba el pozo, como de antaño lo hacía para esperarla cuando ella se iba a pasar un tiempo en su época, con la esperanza de que algún día éste se abriera para él. Cazaba monstruos con Miroku para revivir las épocas en las que lo hacían todos juntos. Conversaba muy seguido con Kaede-babaa, porque los hábitos de la miko le recordaban a su miko. Pero sobre todo, cada segundo que podía lo pasaba en el Goshimboku. De alguna forma, el gran árbol sagrado era la manera más fuerte con la que podía sentirse unido a Kagome. Finalmente, harto de las incomodidades del clima, terminó construyendo la cabaña entre sus ramas para resguardarse en ella, y que ni el sol, la lluvia o el frío le obligaran a apartarse del árbol.

Y así pasaban los días para él, sin orden ni concierto, desgranandose lentamente hora tras hora mientras él la esperaba. Porque durante estos tres años el la había esperado pacientemente hora tras hora. Y la esperaría los 497 años que sabía que lo separaban del futuro. De ella.

Un suave golpecito en su cabeza le sacó de sus cavilaciones. Desvió la mirada hacia el objeto causante y se encontró con uno de los hongos llorones de Shippo.

- ¡Inuyashaaaa! ¡Sé que estás ahí, contéstame por favor! -el pequeño kitsune le llamaba a gritos desde el suelo. Se preguntó cuanto tiempo debía llevar llamándolo, antes de darse cuenta que realmente no le importaba.
- ¡Sube Shippo, ya sabes dónde! -treinta segundos después, la silueta rosada de Shippo-globo se asomó a través de la ventana de la habitación, para luego desaparecer con un sonoro ¡Plop! La figura original del zorrito saltó dentro de la habitación, frente a Inuyasha. Se veía nervioso, evitando su mirada, cosa que le extrañó.
- ¿Pasó algo malo? ¿Están todos bien? -Inuyasha hizo ademán de levantarse aferrando a Tessaiga, pero Shippo negó rápidamente con la cabeza, descartando esa idea. El hanyou volvió a sentarse, profundamente desconcertado, mientras que Shippo intentaba darse valor mentalmente, repasando en su mente todas las antiguas normas que su padre la había enseñado. Finalmente, el pequeño levantó la mirada con decisión, y, contra todo pronóstico, se arrodilló frente a Inuyasha. De su espalda extrajo un fardo grande y pesado y lo expuso con sumisamente frente al confundido hanyou.
- ¡Inuyasha! ¡Solicito a tí, como macho alfa y protector de la manada, una audiencia oficial para recibir tu sabio consejo! ¡Por favor, te ruego que me escuches, bajo los estatutos de solemnidad, discreción y respeto que contemplan nuestras leyes, y te ofrezco a cambio este humilde presente!

Tan extravagante y absurdo se le antojó al hanyou el repentino exabrupto del pequeño kitsune, que probablemente no habría estado más sorprendido si de repente hubiera entrado Sesshomaru arrojando pétalos de rosas ataviado con las extrañas ropas de Kagome. De hecho, verdaderamente tuvo que arañarse con suavidad un brazo para asegurarse de que estaba despierto. Quizás había enloquecido de soledad. Bueno, eso sería agradable, podría alucinar con Kagome cuantas veces quisiera. No que no lo hiciera de todos modos, pero quizás con un poco más de realismo...

El suave carraspeo de Shippo le devolvió a la realidad. El pequeño esperaba una respuesta, e Inuyasha intuía que se sentiría profundamente ofendido si le restaba importancia a su acto. Vagamente recordaba al anciano Myoga explicándole algunas de las antiguas normas que regían a los youkai, pero la pulga no había sido precisamente el mejor de los maestros. Sin embargo, las leyes youkai eran algo instintivo, algo profundamente arraigado en la esencia demoniaca de cada individuo. Así que cerró los ojos e intentó que su instinto lo guiara para responder.

- Yo... ehh... digo, tu ofrenda ha sido... aceptada satisfactoriamente, tus condiciones son... ehh... ¿Válidas?... y... puedes proseguir con tu audiencia -Shippo arqueó una ceja y una sonrisa sarcástica se asomó entre sus labios. Inuyasha se sonrojó- ¿Qué quieres que te diga, mocoso? ¡Jamás estuve en una manada antes! -Shippo dejó de sonreir.
- ¿Nunca te enseñaron las leyes youkai? ¿No tuviste una manada que te protegiera cuando cachorro? -un flasback de recuerdos dolorosos de su etapa de cachorro corrieron por su mente, y rápidamente las aparto con una sacudida de la cabeza.
- ¿Por qué no me dices más bien que demonios quieres? -respondió con brusquedad. Pero Shippo lo conocía mejor que eso. Inuyasha estaba avergonzado y triste.
- Todo lo que pido es que me escuches y me aconsejes. Sin burlarte de mí, sin decirle nada de esto a nadie, y sin tratarme como a un chiquillo. La tradición indica que para pedir un favor al youkai jefe debo traer una ofrenda y mostrar siempre sumisión y respeto -explicó Shippo, y volvió a acercarle el fardo- Tú eres el guardián de mi madre, y nuestra manada te sigue a tí. Nos das protección y alimento, nos ofreces un lugar tranquilo para vivir, así como resguardo durante el viaje. Somos tu manada, Inuyasha, tú eres el alfa.

"Una manada" pensó con regocijo. Desde que su madre había muerto Inuyasha había perdido cualquier lugar al que llamar hogar. Por la ley youkai, un cachorro huérfano debía buscar el apoyo de cualquier guardián, humano o youkai. Si éste aceptaba protegerlo se convertiría en su padre o madre por leyes youkai, tal como Kagome había hecho con Shippo, o como Sesshomaru había adoptado a Rin, aún siendo humana. Pero a él nadie lo había querido jamás, era un sucio hanyou, despreciado por ambas razas, y por esta razón creció solo. Nunca, ni en sus más locos sueños, se imagino perteneciendo a una manada, ni mucho menos guiándola. Y todo había sido gracias a Kagome. Ella le había dado un lugar en el mundo.

- ¿Inuyasha? -llamó Shippo, al ver que el hanyou volvía a divagar.
- Lo siento. ¿Qué querías preguntarme? -el pequeño kitsune se sonrojó, recordando de repente el motivo de su visita.
- Es... un poco... penoso. Siento raro y... y me pasan cosas... y yo... bueno...
- Shippo, tranquilo, ¿Sí? No me voy a burlar de tí. Respira hondo y explicame todo desde el comienzo.
- Esta bién -el youkai inspiró aire profundamente y luego empezo a relatar- Hace unas semanas, en el campo de entrenamiento, los muchachos y yo empezamos a sentirnos extraños. De repente es como si... es difícil de explicar... es como si todo fuera más intenso. Los sonidos, las imágenes, y sobre todo los olores y las esencias se empezaron a volver más fuertes -Inuyasha lo miraba sumamente interesados- Luego, empezaron los sueños raros. Despertabamos en mitad de la noche acalorados, sobresaltados, y bueno... incómodos -Shippo se sonrojó furiosamente e Inuyasha sintió un escalofrío helado recorrerlo al comprender por donde iban los tiros. No... no podía ser...- Los mayores también empezaron a actuar raro, pero no nos querían decir nada, decían que era mejor discutirlo con nuestros padres. Ayer nos enviaron a todos a casa, y dijeron que volvieramos en el verano, cuando la primavera terminara. -eso lo hizo, esas tres sencillas palabras confirmaron sus temores. Inuyasha se puso pálido cuando su mente lo devolvió 150 años en el pasado, con Myoga interpretando su papel de "guardián responsable" - Y pues, bueno, yo realmente no tengo padres youkai a quién preguntar, y decidí acudir a tí -Shippo lo miró de nuevo y por primera vez notó la marcada palidez del hanyou. Parecía que fuera a enfermarse- ¿Te sientes bien? Yo... bueno, si no estás en condiciones podría volver más tarde. O preguntarle a Miroku-sama...
- ¡No! ¿Quieres tener pesadillas con ese pervertido, tonto? -reaccionó bruscamente, asustando a Shippo
- ¿Por qué? ¿Qué tengo, Inuyasha? ¿Estoy enfermo? -preguntó, manifestando en palabras su más profundo temor.
- ¡No, claro que no! ¡Nada de eso! -Shippo lo miró atentamente, esperando una explicación. Inuyasha se enrojeció a tal punto que competía con su traje, intentando pensar en una manera delicada de abordar el tema. No quería repetir la espeluznante historia con la que el anciano Myoga lo había sacado de la inocencia. De solo recordarlo se le revolvía el estómago. Desvió la mirada hacia el paquete que aún descansaba entre ambos y una idea brilló en su mente- Shippo, ¿Tú conoces todas las leyes youkai?
- ¡Casi todas, si señor! -exclamó con orgullo- Mi padre se encargó de enseñarme todo cuanto pudo.
- ¿Y... las leyes de pareja? -preguntó Inuyasha tentativamente y la sonrisa satisfecha del kitsune se volvió más una mueca de disculpa. Inuyasha maldijo entre dientes. De todas las normas...
- Bueno, no todas, ésas fueron las que faltaron. Dijo que tenía que ser más mayor para entenderlo -un destello de entendimiento brillo en sus ojos- ¿Tú crees que ya soy lo suficientemente mayor? Apenas tengo 110 años... -"Apenas en la edad, cachorro" pensó sarcásticamente
- ¿Por qué no me cuentas lo que conoces?
- ¡Sí señor! -exclamó y empezó a recitar alegremente- Los compañeros son sagrados, y son compañeros para siempre. La marca de los compañeros los hace únicos, el uno para el otro. Tocar a un youkai marcado, y por ende con pareja, se paga con la muerte. Esto... -exprimió su cerebro para recordarlo todo- Los compañeros se unen para tener cachorros, y la responsabilidad de ambos es cuidarlos y protegerlos hasta que puedan valerse por sí mismos. Los compañeros se cuidan entre sí, y es castigado que uno de ellos abandone al otro a su suerte. Y... ¡Ah, si! La marca puede borrarse en un reto de honor. Y eso... es todo lo que sé.
- Muy bien, te sabes casi todo -Shippo sonrió ampliamente, orgulloso de su conocimiento, e Inuyasha trago duro, sabiendo que se avecinaba lo peor. "Quítalo rápido, Inuyasha, como una espina"- Para marcar a... no, no, así no... bueno, los cachorros nacen sí... no, así tampoco...
- ¿Inuyasha? ¿Estás seguro de que puedes hacer esto?
- ¡Claro que sí! -exclamó el hanyou, repentinamente ofendido- ¡Bueno, todo esto que sientes es porque te estás preparando para tener una compañera! -Ya está, lo había dicho.

Y Shippo no había entendido absolutamente nada.

- ¡¿QUEEEEEE?! -exclamó el kitsune, entrando en pánico- Pero, pero, ¡No estoy listo para cuidar de una compañera! ¡No se conseguir comida, ni construir una casa! ¡No se cuidar a un cachorro! ¡Yo no...!
- ¡Silencio, Shippo! ¡No me refería a eso! ¡Por Dios, que apenas sigues siendo un cachorro! -gritó Inuyasha, que también se había espantado- ¡Cálmate, ¿Sí?! Te explicaré mejor -Shippo respiró profundo unas cuantas veces e Inuyasha hizo lo mismo. Cuando ambos se hubieron calmado, Inuyasha empezó a hablar de nuevo- Mira, lo que intentaba decirte es que tu cuerpo en este momento va a empezar a cambiar para que en un futuro puedas tener una compañera.
- ¿Ah sí? ¿Voy a tener super fuerza o algo así?
- Nada de eso. Simplemente... no sé... como que empiezas a percibir cosas en las hembras que antes tus sentidos no percibían. Ciertos... aromas o actitudes de ellas -"¡Diablos, esto sí que es dificil!" pensó el hanyou en extremo sonrojado- Hay ciertas... épocas, por decirlo así, en las que es más facil sentir estas cosas, y es cuando los cachorros que ya tienen cierta edad comienzan a sentirlo.
- ¿Como ahora?
- Exactamente. Se le llama "Primavera Youkai" y ocurre cada cincuenta años. Es una época muy especial. Los sentidos se agudizan, los instintos se hacen extremadamente fuertes... Es algo complicado a mi parecer. Por un lado te sientes sumamente poderoso, pero al mismo tiempo te afectan muchísimas más cosas que pueden debilitarte si no sabes controlarlo. Los cachorros maduran en esta época, pero no están realmente listos para aparearse y marcar a un compañero hasta la siguiente primavera. Les da tiempo de... acostumbrarse a todo, por decirlo así.
- Entiendo -dijo finalmente, luego de procesar toda la información- Inuyasha, ¿Cómo se hace para aparearse?

Y ahí estaba, la pregunta del millón. ¿Cómo le explicas ESO a un cachorro sin traumatizarlo de por vida? Inuyasha volvió a enrojecer y habló atropelladamente.

- Mira Shippo, confía en mí cuando te digo que ni tu y no queremos tener esa conversación. Es algo... instintivo, es más como dejarse llevar por lo que te dicta el instinto -Shippo lo miró un poco decepcionado, pero Inuyasha negó con la cabeza- Créeme, éstas cosas es mejor que las vayas descubriendo por tí mismo. Si algún día tienes una duda, vienes y yo te explico, pero mientras tanto no creo que quieras que te de una explicación detallada.

Shippo asintió y se puso de pie, listo para retirarse. Había aprendido lo que necesitaba saber.

- Oye, Inuyasha -llamó y el hanyou lo miró- Te agradezco que te hayas tomado la molestia de explicarme todo ésto. Tu sabes... eres lo más cercano a un padre que tengo -Inuyasha asintió y un recuerdo viejo despuntó en su mente. Una antigua norma, olvidada hace tiempo.
- Espera -dijo y se levantó, intentando encontrar en su mente las palabras correctas- Yo... como alfa de la manada, y aceptando que tu madre según las leyes youkai está bajo mi protección especial... te acogo a tí, Shippo, como mi hijo...según las leyes youkai- Los ojillos de Shippo brillaron llenos de lágrimas.
- ¿Lo dices en serio, Inuyasha? -el hanyou asintió, mirando al pequeñin que el mismo había visto crecer y madurar en los últimos cuatro años. El niño, a punto de llorar, se contuvo en el último momento. "Los hombres no lloran, Shippo", se dijo mentalmente- Es un honor, mi señor -respondió con una sutil reverencia- Con su permiso, me retiro.

Inuyasha rió entre dientes. "¿Desde cuando Shippo me debe respeto? Semejante mocoso insolente" pensó divertido, y entonces su mirada volvió a caer en el fardo.

- ¡Hey, Shippo, dejas el fardo! -gritó hacia la ventana. Desde el suelo, el kitsune se volvió hacia él.
- ¡Es tuyo! ¡Lo pensé para Kagome-okaasan! -le respondió, antes de salir corriendo y perderse en el bosque.

Inuyasha abrió el paquete con delicadeza, encontrándose con un largo rollo de tela color verde intenso. Inuyasha tuvo una visión de Kagome en un kimono de esta tela y sonrió. Definitivamente era una imagen agradable. ¿A quién quería engañar? ¡Cualquier imagen de Kagome era agradable!

"Kagome", llamó en su mente una última vez, antes de volver a sumirse en sus recuerdos.

...

Bueno chicos y chicas (¿A quién engaño? Solo chicas) Acabado el capítulo es mi deber socioculuroeticomoral responder a todos sus amables y dulces comentarios, que por cierto llovieron más rápido de lo que pensé. Quizás podría empezar a extorsionarlos con comentarios... no tonta, eso no se dice... digo, no se hace... O bueno, ya entendieron la idea. Así que, ¡Manos a ello!

Serena Tsukino Chiba: Bueno, tanto como muuucho lemon no se si haya, pero haré mi mejor esfuerzo, sería mi primera vez escribiendo lemon en serio y no por joder así que tendra que pasar por una rigurosa revisión de calidad muy meticulosa. Pero haré lo mejor posible para complaceros

: Te confieso que odié profundamente a Kikyo toda la serie, pero en ese capítulo casi lloro cuando murió. Fue un golpe muy duro sobre todo porque hacia lo último ella parece recapacitar y dejar de ser la completa perra que siempre era con Inuyasha. ¡Y por Dios, mi pobre Inu estaba destrozado! ¡Casi muero al verlo llorar así! Pero bueno, siempre hay que ponerle una sonrisa a las cosas, y pues esa es la labor que mejor sabe hacer Kagome. LE habría añadido una dulce y tierna cachetada, pero la pobre Kikyo ya estaba bastante muerta como para pegarle mas.

Landcaster Lee: Primero que nada permíteme felicitarte por ser el primer comentario. Primero, porque es un momento único e irrepetible, segundo porque, amig ¡Sí que tienes buena espalda! La idea del diálogo de almas es que sea algo puramente psíquico, que solo ocurre en la mente de Kikyo. En mi cabeza las veo a las dos brillando en un fondo negro, como si el resto del mundo no existiera mientras hablan, típica conversación mental en un anime. Pero bueno, cada cual es libre de imaginar lo que desee y como mejor le suene. ¡Yo también soy fan de los lemons! Pero una fan exigente, espero cumplir mis propios estándares de calidad.

Sin mas que decir, ¡Hasta la próxima amigos!