fAIRY TAIL y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima (¡yay!)

Este fanfic es mío (ah...)

Pequeña introducción:

Varios meses han pasado desde el ataque de Gilmoire Hearth a la isla donde se llevaban a cabo los exámenes clase S. Después de que Hades fuera arrestado, Fairy Tail fue absuelto de todos los cargos que tenían para con ellos el Consejo. El paradero de Zeref es desconocido. El consejo está en estado de alerta. Pero el asunto se mantiene en secreto...

Capítulo I La misión

Era un día normal en la bella ciudad de Magnolia, se podía respirar tranquilidad en el ambiente, algo demasiado sospechoso. No podrían pasar menos de quince minutos desde que la gente había empezado a transitar las calles cuando… -¡Deja que te ponga las manos encima, maldito pervertido de hielo!- …sip, como decía, una mañana normal para la (digna de compasión) ciudad sede del Gremio de Fairy Tail.

Pero los habitantes de Magnolia no encontraban nada raro en las constantes peleas de las calles. Incluso podría decirse que se extrañarían mucho si los miembros del Gremio más "fuerte" de todo el reino dejarán de tener estas pequeñas escenas alrededor de toda la ciudad (pero definitivamente ninguna persona de la ciudad osaba pasar por la zona del Gremio, a riesgo de salir lesionado, o algo peor…)

Esta vez, el equipo más "fuerte" de Fairy Tail venía de regreso de una misión (en la que, para variar no recibieron/aceptaron la paga, para disgusto de cierta rubia) [*N/a: ¡OMG! ya en buen plan, ¡¿CÓMO le hacen estos tres para pagar la renta? puntualizando el hecho de que el 98. 9% de las veces no les pagan/aceptan el dinero, entonces como es que Lucy es la única con problemas financieros, considerando además el hecho de que Erza paga 50, 000 jewels de renta…].

Un muy molesto Salamander venía discutiendo con el alquimista de hielo, Dios sabe esta vez por qué. De repente, para la sorpresa de nadie, se encontraban muy ocupados destruyendo el Centro de la ciudad, recién remodelado. No fue que pararon hasta que la gran Titania entró en escena, golpeandolos a los dos, y arrasando a su vez con la fuente del parque (anotar esto también en la lista de deudas del Gremio para con la ciudad). En fin, lo normal.

Al fin, el equipo arribó a la sede del Gremio. Erza se retiró para darle al maestro la lista de daños de la semana (personalmente firmada por el alcalde) En cuanto desapareció de vista, Natsu y Gray continuaron con su pelea, esta vez con medio Gremio incluído.

Y el día transcurrió como cualquier otro. Lucy se quejó porque no había podido conseguir el dinero para pagar su renta, y Mira la reconforto. Le sirvió una malteada de chocolate mientras le daba unas cariñosas palmadas en la cabeza a su amiga, quién mantenía el rostro pegado a la mesa, como si quisiera fundirse con ella.

-Ya, ya- le dijo la mujer peliblanca, sonriendole de manera reconfortante a la maga celestial, a vez que le tendía la malteada de chocolate.

Lucy, con la cara aún pegada a la mesa, cogió la malteada con la mano que tenía libre, murmurando. Cuando se hubo repuesto un poco, le comentó a Mira lo sucedido.

-Medio puebló desapareció- gruñó Lucy de manera frustrada -¡deberías haberlo visto! ¡Te juro que fue casi tan malo como la vez de Hargeon!- se detuvo en seco, meditando, para luego continuar -No, no, pensándolo bien, esto fue mucho peor, porque en esta ocasión, además de destruir la cuidad, Erza casi mata a la persona que teníamos que recuperar para el trabajo- hizó una nueva pausa, como recordando -claro que no fue buena idea de parte del niño llamarla…- trago saliva nerviosamente -anciana…- al decir esto su cuerpo fue recorrido por un temblor de miedo. El solo recuerdo de una muy, MUY molesta Titania, la hacía querer esconderse debajo de su cama.

-El pobre chico terminó con numerosos huesos rotos y órganos dañados- agregó la chica –Parte de la recompensa fue usada en gastos médicos, y el resto para la reparación del pueblo –suspiró desanimadamente mientras Mira solo reía -sinceramente no se qué pasa con ellos…- terminó, empezando a tomar la malteada que Mira le había preparado.

-Oi, Lucy- dijo Natsu apareciendo de quién-sabe-dónde, poniendo su mano en el hombro de su desanimada compañera.

-¿Hmmm…?- dijo esta mientras sorbía con su popote. Para sorpresa general, en esta ocasión no se había puesto a gritar histérica por la súbita aparición del dragon slayer. Estaba demasiado cansada para eso.

-Aye, Lucy, encontramos esta misión- dijo Happy, volando hacia la maga estelar -como suponemos que no tienes dinero para pagar la renta de este mes, creímos que lo mejor sería que…

-¿Como que suponemos?- lo interrumpió Lucy, mirándole amenazadoramente -¡Es gracias a USTEDES- los apuntó con un dedo -y sus estupideces por las que estoy de nuevo en esta situación!- Lucy les observó sombría.

-Aye Natsu, Lucy da miedo- dijo Happy encogiéndose en la barra.

-Tu…- susurró Lucy con una mirada asesina.

-Bueno Lucy, dime ¿Vendrás? ¿Eh? ¿Qué dices?- preguntó Natsu, ignorando todo el diálogo que sus dos amigos habían compartdido, en su rostro esbozada su característica sonrisa.

Lucy le sostuvo la mirada al sonriente mago de fuego. Después de unos minutos suspiró. No podía negarsele a estos dos idiotas. Finalmente contestó, mirándole directamente a los ojos -De acuerdo- aceptó -pero primero dime, ¿de qué se trata?

Un feliz Natsu le tendió el papel de la encomienda. Lucy lo cogió entre sus manos y leyó:

Requerimos de magos para librar a nuestro pueblo

asediado por una banda de trolls

Así como recuperar a los cinco niños que estos han robado en el transcurso del último mes

Pago total: 500, 000 jewels

Lucy lentamente permitió que en su rostro se formara una sonrisa.

Natsu le devolvió la sonrisa. Justo cuando los dos estaban a punto de empezar a hacer planes, un par de manos se posaron sobre los hombros de la chica sentada en la barra -No se habrán olvidado de nosotros, ¿verdad?- Lucy volteó para encontrar su mirada con la de la mujer pelirroja. Le contestó, reprimiendo una risita -¿Cómo podría?

Erza sonrió también. Volteo a mirar a Gray, quien estaba a tan solo unos cuantos pasos de distancia. Este asintió con la cabeza, para después oír cuando Cana decía, con evidente fastidio, la ya conocida frase: "Gray, tu ropa", y con la misma contestación de siempre "¡MIERDA!".

-Bien, entonces está decidido, partiremos mañana en la mañana en el primer tren que se dirija a la ciudad de…-Scarlet se inclino para ver bien la hoja de la encomienda, en la mano de Lucy –Burdock…- finalizó satisfecha, mientras una sonrisa curvaba sus labios.

Gray asintió mientras sostenía de mala gana a un enfermizo Natsu, el cual al oír la sola mención de la palabra "tren" se había puesto así.

Cuando terminaron de acordar los términos en los que viajarían (temprano por la mañana se verían en la estación de trenes), partieron del gremio a sus respectivas casas, para prepararse para la misión.


Cuando Lucy partió en dirección a su casa, se dio cuenta, con no poca sorpresa, que ya era de noche. Así que aceleró su paso. Pero cuando sólo estaba a unos metros de llegar a su casa, una enorme corriente de energía la dejo sin respiración.

Se tambaleó, mareada por la falta de oxígeno. Acababa de recuperar la compostura, cuando un súbito relampagueo de emociones la invadió. Sentimientos se mezclaban en el aire, sí como en su interior. Lucy dió un respingo cuando se dió cuenta de que la que predominada por encima de todas era... dolor.

Este conjunto de emociones se parecía un poco a lo que sentía observando una tormenta: un poder deslumbrador, imparable e implacable, pero también le parecía una belleza algo melancólica…

La corriente de pensamientos en su cabeza se paró en seco. Con no poca sorpresa observó una mujer caminando en su dirección. Se dió cuenta que, aunque se movía de manera lenta, parecía transmitir una gran cantidad de energía a cada paso. Las emociones que se revolvían en su interior se fueron intensificando, a medida que ella se acercaba.

La miró, totalmente anonadada. Una larga capa blanca de viaje ocultaba su cuerpo, pero su rostro estaba descubierto y levemente iluminado por la pálida luz de los faros. No tendría más de veinte años. La piel que se podía ver teñida de un delicado tono moreno que, en cierta manera, asemejaba al de una galleta algo quemada. Su cabello negro le llegaba hasta la cintura, despidiendo un brillo plateado y bamboleandose con el viento.

Pero lo que más impresiono a la joven fueron sus enormes ojos, de un color negro intenso.

En el mismo momento en el que Lucy cruzó su mirada con la de ella, fue como ser golpeada por un relámpago azul. Lucy se removió incomoda, sentiéndose bajo el efecto de un encantamiento, aunque sabía que no era eso.

La mujer pasó con una suavidad fantasmal a su lado. La maga permaneció inmóvil, con su vista fija en ningún punto en particular y temblando bajo el peso de las emociones en su cuerpo.

Descubrió, sorprendida, que no podía determinar a ciencia cierta si la mujer a su lado tenía algún tipo de poder mágico. Sin duda, su presencia imponía de una manera algo arrolladora, no sentía la más ligera energía mágica proviniendo de su cuerpo. No podía ser que esta mujer pudiera suprimir todo su poder mágico. No había manera de que esto fuera posible.

Había comenzando a reaccionar por fin, cuando oyó un sonido que le hizo pensar en una tormenta. La mujer estaba silbando. Era una melodía triste que la madre de Lucy le había enseñado una vez, cuando era pequeña, "The storm lady lullaby". Era una canción vieja, más bien un cuento cantado, pero muy triste.

Narraba la historia de una hermosa joven, la hija única de un matrimonio viejo. Era conocida y admirada por su gran belleza y destreza para bailar.

Tal era su talento que diversos nobles, reyes e incluso dioses le habían pedido, al menos una vez, que bailara para ellos. Los que más gustaban de su danza eran los dioses del rayo y el trueno, quienes le pedían a menudo que bailara en las nubes de sus rayos y truenos, llegandola a tener en tan alta estima que decidieron nombrarla su protegida.

Muchos hombres habían pedido su mano, pero ella sólo tenía ojos para uno. Uno de sus pretendientes, un adinerado noble, conocía este hecho y entonces mandó asesinar a su adorado.

La joven, desconsolada por la pérdida, lloró de día y noche, llegando a hacer llover con su inmensa tristeza. Los dioses se apiadaron de ella, y permitieron que su espíritú se fundiera con los rayos y truenos. Su llanto se unió con estos, y se convirtió en la señora de las tormentas. La leyenda rezá que, si te fijas bien en una tormenta especialmente lluviosa, podrás observar su grácil figura danzando en las nubes, mientras canta una triste canción...

La mujer prosigió silbando mientras se alejaba. Poco a poco el silbido se perdió en la distancia, dejando tras de sí el eco de su melodía resonando con intensidad en los oídos de la maga estelar.

Lucy movió fréneticamente su cabeza. Habiendo recuperado la capacidad de moverse, volteó, buscando a la mujer, pero fue en vano.

Empezó a caminar de nuevo, reflexionando el episodio una y otra vez. No notó, que cuando estaba allí, un leve, levísimo toque que la mujer hizo en su hombro. Y tal vez nunca lo supiera...

Mientras reanudaba su camino a casa, intentaba recordar la letra de la melodía que había escuchado, pero no lograba dar con ella. Sólo podía recordar la historia. Frustrada, sacudió su cabeza, resolviendo no volver a pensar en eso. Pero, aún había algo sobre aquella persona que la inquietaba un poco.

En cuanto llegó a la puerta de su casa, se olvidó del asunto. Sus pensamientos ahora estaban ocupados con la misión del día siguiente. Después de cambiarse a su ropa de dormir, empezó a preparar sus cosas para el día siguiente. Fue todo un martirio escoger la ropa que debía de usar, y terminó ya muy tarde. Al dejar la última maleta al lado de la puerta, se fue derecho a su cuarto. Se acomodó en su cama e inmediatamente se sumió en un profundo sueño. Uno de lo más extraño…


Cuando Lucy se despertó a la mañana siguiente, se dió cuenta de lo tarde que se le estaba haciendo. Con un gemido y aún adormilada, se levantó de su cama. Fue al baño para vestirse y terminar de arreglarse. Al salir, se fijó en algo que no recordaba haber tenido nunca, allí, encima de su escritorio.

Todo lo ocurrido en la noche anterior le cayó como de golpe. Asustada, se apresuró en llegar a su escritorio y guardar el objeto. Cuando lo revisó mejor, tomó una súbita decisión: llevarlo consigo. Sólo era una corazonada, pero sentía que, tal vez, podría descubrir que era lo que...

Con cuidado, lo deposito en su mochila de mano, de una manera en la que evitara que fuera visto.

-¡Hey Luuuuuuuucy, hey, oye Luuuuuucyyyy!- el hiperactivo dragon slayer exclamó, causando que Lucy pegará un brinco. Alterada, miró al chico sentado en su sillón.

-¡Natsu, deja ya de gritar así, vas a molestar a mis vecinos!- gritó Lucy, enojada por el comportamiento de su compañero.

De repente saltó, diciendo -¿¡Qué demonios haces en mi casa!- En serio, ¿es que estas personas no tienen sentido de la privacidad? Pensó Lucy, perturbada.

-¡Tsk, lo dices como si nunca lo hiciera!- dijo él mientras le sonreía, acto seguido empezó a correr escaleras abajo, debido al bombardeo de cosas que le estaban empezando a caer en la cabeza. Se fue todo el camino riendo y gritando lo rara que era Lucy.

-¡ESTÚPIDO!- le gritó ella casi quedándose afónica. Luego de meter bien las hojas, coger sus cosas y cerrar su puerta, corrió detrás de él. Happy salió de la nada, riéndose de las estupideces de sus nakamas.

Cuando al fin llegaron a la estación de tren, Gray y Erza ya estaban allí.

Lucy suspiró, cansada. Había tenido una noche larga y era justo ganarse un descanso, lo que planeaba hacer durmiéndose en el tren. Natsu se planto en frente del tren con los brazos en jarras y el ceño fruncido:

-¡No me dejaré vencer por ti nuevamente!- exclamó mientras señalaba al tren y esbozaba una sonrisa triunfal. Lucy se rió, Erza sacudió la cabeza mientras rodaba sus ojos, Gray en cambio, dijo:

-Eres patético, flamitas.

Natsu lo miró, desafiante: -Lo dice el de cerebro de hielo.

-Cabeza de flama.

-Perdedor.

-Fracasado.

-¡Imbécil!

-¡Estúpido!

-¡Tarado!

-¡Flameado!

-¡Stripper!

-¡CIERREN LA BOCA!- gritó Erza

-¡Aye, sir!- dijeron los dos a coro.

Lucy se llevó una mano a la cabeza. Sus compañeros eran demasiado ruidosos...

Un hombre los observaba divertido, desde una ventanilla del tren en el que se encontaba. Sostenía un largo bastón con su mano derecha. Llevaba una polvosa capa de viaje y parecía estar cansado. Sus ojos dorados brillaban divertidos al ir parando en cada uno de los muchachitos que armaban ese pequeño teatrito.

Se pararon en el niño de cabello rosado, observando con cuidado cada uno de sus rasgos. La sonrisa en el rostro del hombre se amplió aún más. En ese momento la joven de pelo rubio le gritaba algo encolerizada al chico peli-rosa. Entonces se fijó mejor en la joven. Con que una Hearthfilia ¿eh? Sacudió la cabeza y miró con atención al resto de los muchachos

Lentamente, su rostro se llenó de sorpresa al reconocer al Alquimista de Hielo y a la Gran Titania. Fairy Tail.

Notó que la joven rubia sacaba con cuidado algo de su bolsa, sin que sus compañeros (ocupados en discutir) lo notarán, y lo guardó en su bolsillo. Obviamente no contaba con la mirada atenta del hombre en la ventana. Él apartó su vista de la joven, y se alejó de la ventana.

Con que era eso. Su sonrisa se amplió aún más. Parecía estar muy entretenido con sus pensamientos. Ya era hora de que las cosas empezarán a tomar su lugar...

"No es así, Desmi...?"

Y hasta aquí acaba el capítulo. Perdón, está un poco largo, y creo que me salió algo mal...