Disclaimer. H.P no me pertenece
Capítulo 1
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Se había acabado, Harry había caído frente a Voldemort y éste tenía su varita apuntándole hacia su cabeza. Quiso cerrar los ojos y suspirar cansado, pero en cambio miró tras el mago y encontró tras el hombre a Lucius Malfoy, Bellatrix Lestrange y Narcissa Malfoy, quienes cuidaban que no hubiera escape para él.
No importaba. Todos sus conocidos estaban lejos en la batalla y no tendrían que ver moriría. Mirando a los Malfoy, Harry no pudo evitar pensar en Draco, quien había desaparecido pocos días después de su plática en la torre de astronomía. Sus amigos lo habían buscado desesperados y sus padres estaban furiosos por ellos, pero Harry estaba aliviado de que no estuviera ahí presente, de que se hubiera ido, no tenía manera de salir dañado, y al menos uno de ellos había escapado de esta tonta guerra.
Sonrió y sostuvo las lágrimas que se empeñaban en salir de los ojos, y entonces miró a Tom a los ojos, listo para ser derrotado, porque él sabía qué, en algún lugar, alguien más terminaría su batalla. Que en algún lugar, alguien, quizá Draco, le diría al mundo que a pesar de estar aterrado había ido a afrontar a ese monstruo.
Como si sus últimos pensamientos hubieran llamado a alguien, una daga cruzó el aire y se clavó en la mano de Voldemort, quién dejó salir un grito de dolor y retrocedió, a la vez que sus guardianes alzaban su propia varita.
-¿Quién está ahí?-gritó Bellatrix, mirando alrededor a la vez que Narcissa corría a socorrer a su maestro.
-Lucius-exclamó ella, pero apenas el hombre la miró un rayo rojo lo golpeó, dejandolo en el suelo. Lo demás fue muy rápido, Narcissa también cayó y cuando la última mortífaga en pie lo miró, y alzó la varita, Harry corrió rápidamente hacia donde su varita estaba tirada. Un rayo rojo cruzó junto a él, hacia Bellatrix y falló, pero ayudó a que él pudiera levantar a tiempo la madera.
-Te mataré-gritó la mujer a su enemigo invisible pero fue golpeada finalmente por uno de los hechizos, intentando proteger a su maestro y cayó al suelo. Voldemort, se puso de pie y lanzó hacia Harry la maldición mortal.
-¡Avada Kedavra!-gritó también Harry y las magias chocaron en una batalla en la que solo habría un ganador. Su magia empezó a disminuir y Voldemort dejó salir una sonrisa de triunfo, propia de quien anticipaba su victoria. Cuando Harry creyó que todo había acabado, un rayo se unió al suyo añadiendo la energía faltante para lograrlo.
Con todas sus fuerzas, impulsó lo último de su magia hacia su varita. Cuando Voldemort finalmente murió, Harry cayó al suelo y miró a sus alrededores. Bellatrix estaba muerta, sus ojos negros estaban abiertos, impactados de la sorpresa y su boca demostraba qué había intentado gritar antes de perder la vida. Narcissa y Lucius Malfoy, en cambio, tenían un incarcerous y un gran demaius.
¿Por qué? Se preguntó interiormente, sin saber quién podría no querer herirlos. Sus ojos lucharon por no cerrarse, cuando miró una figura caminando hacia él y deteniendose solo para recoger la daga en el suelo. El sujeto estaba encapuchado, pero aún si fuera un enemigo, a Harry ya no le quedaban energías para pelear.
Cuando la persona se agachó frente a él, Harry estaba prácticamente cerrando sus ojos; pero algo le decía que debía luchar con fuerza para mirar la cara de la persona.
Cuando lo logró, le recibieron unos preciosos ojos grises que le miraban orgullosos desde aquel rostro que tenía una ligera sonrisa en la cara.
-Lo lograste, Potter. Felicidades.
Si, lo había logrado. Y había encontrado a Malfoy.
Pero cuando despertó, en el ala del hospital, se dio cuenta que esas habían sido sus palabras de despedida.
Y ya no le vería más.
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Ocho años después de la guerra, Draco vivía en West End en la parte muggle de Londres; porque eso era lo que era ahora, un muggle. Sin pensarlo mucho, abrió un cajón en su habitación y tras revisarlo excesivamente encontró una caja de caramelos, así que sacó unos pocos y los puso en su boca, mientras se quitaba su camiseta sudadada y la tiraba en el cesto de la ropa sucia. Luego tomó una camisa negra y unos pantalones, y se metió en la ducha. Estaba lavando su cabello cuando recordó que el siguiente día, sería el aniversario del día de la Victoria.
Cerró los ojos un segundo y recordó como tras volver a la sala común después de haber platicado con Potter esa noche, fue a su habitación y se tiró en la cama, preguntándose cómo podría ayudar a Potter e intentar salvar a sus padres al mismo tiempo. Se preguntó como podría lograr que ninguno de sus amigos fuera marcado y en su inocente y tonta mente de adolescente decidió qué irse era la única manera de lograr las tres cosas. Bueno, no totalmente irse. Draco estaba seguro que en ese tiempo había más en esa idea pero ahora no lo recordaba. Lo que si recordaba era como reunió sus cosas y con cuidado fue despidiéndose de sus amigos. Fue de compras con Pansy, jugó al quidditch con Blaise y platicó con Theo en la biblioteca. Fue amable. Fue servicial. Fue atento y cariñoso.
Meses más tarde ayudó a Potter.
Y luego se marchó del mundo mágico.
Nadie sabía qué había sido de él; y creía que francamente, nadie se interesaba por su paradero. Había otros problemas como mortífagos que capturar, casas que reconstruir, magos que juzgar e incluso personas que enterrar. Nadie podría culparlo de pertenecer al bando oscuro, ni tener excusas para detenerlo y juzgarlo.
Ahora, pese a su ignorancia total sobre el mundo muggle al principio, había conseguido estudiar una carrera y trabajar, debido a sus habilidades de intuición, con la policía. Con el paso del tiempo logró ser parte de una pequeña empresa de detectives privados cerca de casa. Y siendo buena la paga, había terminado por no ejercer su carrera, que era de abogado.
Tomó una toalla y secó su cabello rubio, antes de vestirse, ponerse unos zapatos y una chaqueta encima. Se peinó con cuidado y luego tomó su billetera, y estaba tomando su celular cuando al alzar la mirada sus barreras vibraron, advirtiendole la cercanía de algún mago. Como el zumbido persistía, Draco se asomó por la ventana y miró a la calle, esperando que fuera un mago pasando por ahí. Cuando no encontró a nadie sospechoso alzó la mirada, y, para su sorpresa un mago con una capa negra se apareció repentinamente en el techo del edificio frente a él, antes de que otras dos personas con ese peculiar uniforme aparecieran y lo tiraran al suelo.
Aurores.
Mierda. Se ocultó tras la cortina, sabiendo que si era descubierto alguien mandaría a empleados del ministerio a borrar su memoria. Aún así se asomó lentamente y miró como otro hombre se acercaba a ellos y asentía antes de que los tres desaparecieran.
Eso estuvo cerca.
No es que fuera precisamente un prófugo de la justicia mágica, pero pretendía seguir siendo un muggle cualquiera; así que respiró aliviado cuando se fueron y terminó de acomodar sus cosas en su bolsillo. Luego miró a la ventana de nuevo y dudó unos segundos, pero finalmente fue hacia un cajón y sacó un pequeño chivatoscopio modificado, que le permitiría saber si algún mago estaba cerca. No lo había usado por años pero si los aurores estaban cerca, quizá uno de 'ellos' lo estaría también y Draco tenía que estar preparado para ello. Lo colgó en su cuello y lo ocultó tras su camisa. Después salió de casa, caminó por la calle, dirigiendose a su lugar de trabajo; tenía una cita con un hombre que decía que su esposa se había llevado a su hija con él sin motivo. Solo era un caso normal, pero dado que últimamente la policía parecía estar llena de casos parecidos, el slytherin debía, como buen ciudadano, colaborar.
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Harry abrió los ojos y se descubrió pensando en Malfoy con amarga ironía. El día siguiente sería el día de la victoria, y los mortífagos parecían inspirados a atacar con más frecuencia ese día. También volvía paranoico a Harry, si le preguntabas.
-Síganlo-ordenó a su escuadrón cuando el hombre que intentaban capturar se mezcló entre los muggles y se apareció repentinamente haciendo que varios de ellos voltearan y gritaran. -Encarguense, llamen de emergencia a los inefables- les gritó a dos de ellos y sus compañeros obedecieron y se dividieron; lograron atraparlo en lo alto de un edificio. Antes de desaparecerse, Harry se preguntó porque vendría a este lugar. Los datos en la oficina de aurores afirmaban que había una gran concentración de ex-mortífagos visitando esa parte muggle de Inglaterra. No sabían porqué ni para qué, pero parecían estar cumpliendo un objetivo porque era mucha coincidencia que estuvieran siendo atrapados en la misma zona.
Cuando aparecieron en el Ministerio, descubrió su rostro y lo buscó en la lista que tenía en la mano. Después de unos minutos lo tachó y vió como era llevado de regreso a Azkabán.
-Uno menos-sonrió Seamus y le dió un apretón de hombros. Harry sonrió levemente y se separó de él, antes de mirar nuevamente el pergamino que tenía en sus manos.
Uno menos, pensó.
Aún quedaban más que capturar.
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Un caso, había dicho.
Un caso, había prometido.
¿Entonces por qué todo su escritorio estaba repleto de casos? Se preguntó hojeando de mala gana los papeles frente a él. Su jefe había dicho uno, pero luego ese uno era parecido a otro y Draco había terminado siendo asignado a todos ellos. Tomó una taza de café y se sirvió más del alentador líquido antes de hacer algunas anotaciones sobre el patrón que había encontrado. Bebés. Personas cuyos bebés fueron robados en West End y sus alrededores, decían que sus parejas habían desaparecido con sus hijos. No parecía extraño que uno o dos lo hicieran, siendo sinceros ser padre era una locura, pero lo extraño fue que sin importar como buscara, por alguna razón, no estaban registrados. Legalmente no existían.
-Por favor, regrese la siguiente semana y le avisaré que he encontrado- exclamó por casi décimo sexta ocasión en el día a su nuevo cliente y éste asintió, como el resto, decepcionado, antes de marcharse.
El rubio suspiró y se masajeó la nariz, cerrando los ojos. Estaba a punto de empezar a dormitar cuando unos toques se escucharon y una risita se dejó escuchar.
Draco no tenía que voltear para saber quién era. Era Jackson, su mejor amigo y compañero de trabajo.
-Mal día, ¿eh?
-Espantoso.
-Venga, vamos a comer.
-¿Hoy no comeremos en tu casa?-preguntó con una sonrisa divertida, y el otro negó.
-Estoy exhausto para cocinar.
Divertido, Draco asintió y se puso su chaqueta antes de asentir. Caminaron juntos hacia una pequeña cafetería y mientras esperaban la comida, Draco le puso al tanto del caso en el qué trabajaba. Tal vez no debería decirle pero lo único que se le ocurría era que sea un grupo de personas utilizaban identidades falsas para secuestrar niños. Sin embargo, admitía que su idea tenía una gran falla, pues no encontraba una razón por la cual robarían a sus propios hijos.
-¿No es alguna tonta moda? – preguntó a su amigo, pues no era muy fanático de seguir las tendencias sociales.
Jackson se rió de él.
-¿Me has visto tomar a mi hijo y marcharme?-bromeó y Draco negó con la cabeza divertido.
-Perderías la cabeza-exclamó.- Ella jamás dejaría de buscarte.
-Oh, pero es porque me ama.-Draco estaba a punto de debatir ese punto cuando una pareja cruzó a su lado, y lo rozaron al caminar. Detuvo el camino de su tenedor hacia la carne y volteó como respuesta, iba a disculpase cuando el chivatoscopio vibró, y aútomaticamente miró al lado contrario. La pareja parecía dirigirse al baño así que Draco suspiró aliviado de que se alejaran, e iba a dejarlo pasar cuando notó que el hombre le parecía familiar.
Se parecía a un hombre qué, según el sabía, había parado en Azkabán.
-¿Estás bien Mark?-preguntó su amigo cuando el rubio dejó caer su tenedor y palideció.
-Necesito ir al baño-respondió y siguió a la pareja la cual parecía haber decidido compartir el baño de mujeres. Lanzó un hechizo ilusionador sobre él y caminó, dispuesto a averiguar si realmente era quién creía cuando escuchó como ella reía y decía al otro que se detuviera.
Se relajó e iba a alejarse cuando lo sintió. La magia rodeando el lugar.
La puerta se abrió de nuevo pero ahora la chica estaba sola. Sin el bebé. Parecía perdida por un momento pero luego continuó como si nada hubiera pasado. El hombre, el detective notó, se había aparecido a otro lado.
Congelado, Draco se obligó a reaccionar y correr, buscando a la chica. Cuando estaba saliendo vió a Jackson acercarse y le preguntó si la había visto, describiéndola rápidamente. Dado que las preguntas rápidas eran parte del trabajo, Jackson le respondió y le preguntó si quería que lo acompañara.
Él negó con la cabeza.
Corrió tras la chica y disimuladamente le lanzó un confundus, haciendo que ella diera la vuelta y lo abrazara, diciendo lo mucho que lo amaba. Draco sonrió y la abrazó diciendo lo mismo. Para cualquiera, eran una pareja común pero él sabía que había algo mal en la chica, lo podía notar.
La llevó a su casa donde le pidió que esperara y le dió un poco de té. Entonces, le lanzó un legeremens y notó que la mente de la chica estaba llena de imperius y obliviates.
La liberó.
-¿Qué?¿Dónde estoy? ¿Quién eres? ¿Dónde está mi bebé?-gritó la mujer, poniendose de pie, y Malfoy tuvo que tomarla entre sus dos brazos para detener su ataque de pánico. La desmayó.
Más tarde, luego de llevarla a casa y explicarle que la había encontrado desmayada en la calle y que había sido víctima de un ataque, Draco revisó sus notas con las preguntas que le había hecho a sus clientes. ¿Dónde conoció a su pareja? ¿Cuándo fue la última vez que lo/la vio? ¿Quién sabía que estaba embarazada? ¿Por qué no le comento a nadie que esperaba un hijo?
Las respuestas en los clientes eran casi las mismas; sus parejas querían discreción por diferentes motivos, les conocieron alrededor de un año y todas pertenecían a la misma área de Inglaterra. Draco llamó a cada uno de ellos y les pidió conocer el lugar donde habían 'vivido' con aquellas personas. Cuando sus clientes iban al baño o se ofrecían a darle algo de beber, ejecutaba un hechizo de protección de mentes sobre ellos por si los 'otros' deseaban terminar el trabajo. Después, agitaba nuevamente la varita y robaba las memorias de la construcción donde estaban, y las metía en pequeños frascos que analizaría con detenimiento en casa.
Quería cumplir su trabajo y ayudar a estas personas, pero cada vez que guardaba su varita, se preguntaba qué tanto debería involucrarse en esos casos; porque si tenía que usar magia algo grande estaba pasando.
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La huída de Azkaban a manos de Lucius Malfoy, tras la muerte de Narcissa hace un año, costó la vida de alrededor de 30 aurores, quienes habían tenido la mala suerte de hacer vigilancia ese día. Más de cien personas escaparon ese día de Azkabán, contando a personas en estado mental dudoso, y besados por el dementor que probablemente habían sacado solo para enloquecer al Ministerio, y a sus más recientes prisioneros, las personas sentenciadas durante la guerra con Voldemort y otros asesinos, ladrones y corruptos.
Harry estaba agradecido de haber podido capturar a alguno de ellos, pero cuando estaba en su escritorio después de capturar a aquel hombre cerca de West End frunció el ceño al notar que los reportes de sus aurores indicaban que algunos de ellos tenían un bebé en sus manos cuando fueron detenidos. Interesado en este hecho, Harry mandó a su equipo a investigar sobre los bebés. Eran mágicos y las pruebas genéticas habían demostrado que eran hijos de las personas que los cuidaban cuando fueron arrestados. Lo que significaba, por lo menos de momento, que esas personas habían rehecho su vida lejos del mundo mágico o al menos lo habían intentado.
-Solo estoy siendo paranoico-rió y ocultó su cabeza entre sus manos. Era el día de la Victoria después de todo y ese día solía estar lleno de pesadillas, pensamientos de Remus, Sirius, Fred, Cedric y de sus padres …
Y de Malfoy.
Hace ocho años, exactamente este día, se levantó después de haber derrotado al mago más tenebroso de todos los tiempos y esperando ver a Draco Malfoy para agradecerle su ayuda, pero solo despertó para darse cuenta que se había vuelto a marchar.
Ese idiota.
Miró su túnica de auror en el espejo pensando en que probablemente de no haber sido por él, Harry no estaría ahí, ayudando a la gente; y que quizá estaba feliz en algún lado sin un bando, un destino o una familia… viviendo una vida sin temor a nada ni obligaciones familiares; y sonrió levemente imaginandose al rubio viviendo como un niño rico aventurero, viajando de país en país. Un alboroto de festejo fuera de su oficina lo distrajo y caminó hacia afuera, deseando distraerse.
Cuando Ginny lo miró y lo llamó a la fiesta, Harry olvidó los papeles, a Malfoy, a Cedric y a Fred… y en cambio, sintió la alegría de saberse vivo y ver a sus amigos estarlo.
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Pero Draco no festejaba el día de la Victoria, para ser sincero, había olvidado por completo la fecha desde que había iniciado sus primeras investigaciones; mientras se preguntaba cuál era el punto de desaparecer con los hijos de unos muggles, los cuales posiblemente no tendrían magia en el futuro. Sentado frente a un pensadero, examinó uno por uno las memorias en las construcciones e hizo una lista de los hombres que había reconocido entre ellos. Algunos magos eran nuevos para él, y no tenía ni idea de dónde vinieron o para qué. Tomó un mapa de las ubicaciones de las viviendas de sus clientes y con las memorias que había robado en sus legerimens tachó los lugares en los mapas donde los padres habían visto por última vez a sus hijos. En poco tiempo había detectado dos mortífagos y estudiado sus movimientos.
Pidió permiso para ausentarse mientras resolvía el caso.
Ese mismo día, al atardecer, se paró justo detrás de Gregory Goyle disfrazado con una poción multijugos que le había robado a su amiga y sacó el último cabello que tenía de aquel mago que había conocido una vez en uno de sus viajes con sus padres. No solía usarlos, pero no quería usar la apariencia de alguien a quien Greg pudiera encontrarse por la ciudad. Por suerte no había usado multijugos en un largo tiempo y los único que sabían que usaba esa identidad eran Pansy, Theodore y Blaise; y ninguno de ellos estaba cerca para reconocerlo.
Se echó un hechizo desvanecedor y silenció sus pasos. Greg había cambiado bastante, pero no lo suficiente para que Draco olvidara su rostro. ¿Por qué? se preguntó, Greg era un seguidor, era cierto, pero ¿por qué razón tendría un hijo con una muggle y luego lo robaría?
Con un poco de desagrado lo observó besar a la chica que tenía de la mano. La cara de Goyle reflejaba amor y por un momento el rubio dudó de su participación en aquella telaraña de casos, pero cuando hizo una mueca apenas la chica se dió la vuelta, y se limpió la boca, no pudo evitar preguntarse en qué estaba pensando. Los vió alejarse hacia un callejón y él los siguió sigilosamente. Si sus cálculos eran correctos, el bebé tenía alrededor de un año, edad suficiente para que viva sin la madre...edad en que desaparecían en promedio los bebés que le fueron reportados. El slytherin, como era de suponer, le lanzó un obliviate a la chica, y tomó al bebé en sus brazos. Rápidamente el detective tomó la orilla de su capa y sintió como desaparecían conjuntamente.
-¿Pero qué diablos?-exclamó el grandote al sentir la aparición conjunta. -¿De verdad toma tanta energía aparecer con un bebé?-exclamó, pero Draco no le prestó atención porque, según su celular, estaba en la vieja fábrica de juguetes abandonada cerca de la ciudad. Una fábrica donde el dueño se suicidó entre los juguetes tras la pérdida de su hija. Estaba lejos de West End.
-Greg-exclamó alguien alegremente a lo lejos y ambos ex-slytherins voltearon ante la voz- ¡Regresaste!
Greg asintió y permaneció callado pero le entregó al hombre al niño cuando apareció detrás de una puerta.
-Oh mira, no se parece a ti.
-Se parece a esa insulsa muggle.
-Oh, se cuanto te sacrificaste, pero valdrá la pena. Lo pondré con los otros.
A Greg no pareció importarle, en cambio miró hacia otro lado donde se escuchaba un golpeteo cada cierto tiempo. El corazón de Draco casi se detuvo cuando Lucius apareció por la puerta y casi olvidó que estaba a punto de seguir al hombre de blanco hacia los 'otros'.
-Papá-susurró sin sonido.
-Greg, veo que por fin volviste.
-Señor Malfoy. Lo he traído.
-Bien. Sabía que podía confiar en ti ¿Cómo va la situación en Londres?
-La policía ha incluido a personal privado en los casos. West End parece haber notado el patrón.
Lucius se burló.
-Por favor, no encontrarán nada. Los muggles son tan tontos.
El individuo que había desaparecido con el niño regresó.
-Oh, Lucius, estaba a punto de ir a buscarte ¡Lo logramos!
¿Qué lograron?,fue su pregunta y siguió a los tres hombres a un cuarto blanco donde un bebé estaba conectado a unas máquinas que indicaban, en lo que a Draco concernía, sus niveles de magia. Frunciendo el ceño, el rubio calculó que debían estar forzando a los infantes a despertar la primera explosión de magia.
-Bueno si está listo, quiero obtener la magia de ese bastardo.
-Sabía que dirías eso, por eso lo preparé todo.- El 'sanador' lanzó algunos hechizos y como Draco predijo el niño se agitó con dolor y lanzó la primera muestra de magia. Él pensó que era suficiente, excepto que la maquina no se detuvo y forzó al bebé a llorar más hasta que la magia empezó a ser succionada. Impactado, Draco retrocedió unos pasos y con espanto escuchó la risa de su padre, imitada rápidamente por la de los otros dos.
Lo estaba volviendo squib.
-¡Te lo dije Lucius! ¡Te dije que podría tomarla! ¡Pronto no tendrá magia Y podrás tomarla! La magia de Narcissa, el último rastro de ella será tuyo.
¿Cómo? Con cuidado el rubio se acercó al infante y tembló cuando miró a través de sus ojos. Grises, pero no cualquier gris. No era el gris de los Malfoy, era el gris de los Black.
Eran los ojos de su madre.
Retrocediendo, todo empezó a ser demasiado para Draco. Para empezar su madre estaba muerta, y éste era su hijo… y su padre había creado un plan para quitarle su magia… ¿Por qué? ¿Quién era el padre del niño? ¿Cómo había muerto? ¿No se suponía que ambos estaban en Azkabán? Una carcajada alegre lo devolvió a la realidad y miró al hombre de bata blanca casi brincar de felicidad ante su obra, mientras su padre miraba todo con una sonrisa satisfecha.
¿Por qué?, se preguntó. Todo debía ser perfecto. El mundo mágico debía estar en paz ¿Qué estaba pasando?
El aire le falló y miró como la maquina emitió una luz roja a la vez que el infante dejaba de luchar y comprendió que lo estaban matando y que aquella esfera flotando sobre él era magia. Magia pura. No alterada por el carácter, la herencia o los sucesos en la vida de un mago. Con una casi morbosa fascinación, Lucius colocó su varita sobre ella y la absorbió, y Draco pudo sentir un ligero aumento de poder en su magia.
Entonces Draco lo entendió. Entendió el plan de su padre, porque habían tenido hijos con muggles, porque habían tomado a todos ellos… Iba a tomar la magia de cada uno de ellos, se apoderaría de ella, la amoldaría a él y después se volvería invencible.
-Deshazte de él- le ordenó el Líder de los Malfoy a Goyle, y él lo tomó como a un muñeco cualquiera y caminó hacia una puerta, la cual abrió y por la cual lo tiró, antes de volver a entrar a la fábrica.
Draco, con la adrenalina al cien, se escabulló en el hueco de la puerta y lo que encontró lo congeló aún más que ver a su padre después de ocho años.
Estaba parado frente a un cementerio de cuerpos.
Había alrededor de diez niños y todos parecían de la misma edad. Experimentos. Draco estaba seguro de que tenían, exactamente un año y medio. Puso su mano en su boca, y tragó. Durante su trabajo había visto muchas cosas, pero nada como esto. No pudo evitarlo más, vomitó, sacando todo lo que llevaba en su estómago y al terminar, se arrodilló, notando que estaba llorando. No sabía si era el dolor por el vómito o simplemente las emociones que lo invadieron al notar que su padre era quién estaba haciendo esto; pero si sabía que se sentía asqueado y si permanecía un segundo más ahí, vomitaría de nuevo.
Sacó su varita y estaba listo para desaparecer cuando escuchó un pequeño gemido de dolor. Alzó la mirada y vio al bebé rubio temblar y respirar dolorosamente. Temblando, le cargó delicadamente, como si intentando que no estuviera solo en sus últimos momentos. Notando que sus manos volvían a ser blancas y delgadas, se dio cuenta que algún momento la poción perdió su efecto. Estaba vivo… Vivo… repitió su mente, poniéndolo nuevamente en marcha.
Así que sin pensarlo mucho, se apareció.
