Disclaimer: Nada es mío, sólo he modificado algunos de los personajes ya creados por JK Rowling.

Disclaimer: I don't own anything; I only have modified some characters. Everything has been created by JK Rowling.

" " → pensamientos

cursiva → prisionero

normal → aurora Johnson

Habían pasado ya varios años desde que el prisionero fue transferido a esa celda de alta seguridad sin razones aparentes. Nadie sabía exactamente quién o qué era, ni cuándo había llegado. Desde que llegó hasta la actualidad, los pocos que sabían su nombre habían sido convenientemente prejubilados, encontrados muertos, destinados a países remotos… Al parecer nadie quería acordarse del nombre de aquel prisionero silencioso cuya profunda e intensa mirada producía escalofríos. Nunca pareció dar señales de querer hablar, ni nadie hizo el menor intento por entablar conversación con él. La "sangre nueva" que iba llegando para cuidar la prisión era siempre advertida por aquellos que llevaban un tiempo en Azkaban de que no debían hablarle ni mirarle a los ojos, pues se volverían locos. Nadie cuestionó las órdenes que les fueron impuestas ni se preguntaron por el prisionero ni el porqué de su estancia allí. Si estaba en esa celda, algo malo debió hacer en su día. Nadie quería saber nada más al respecto, y todos parecían conformes con la situación.

La aurora Johnson nunca había hecho una cosa sin haberlo comprobado antes. Cuando fue destinada a patrullar Azkaban, como todos los demás aurores, fue advertida de los peligros que podía causar el prisionero. Así que cuando le dijeron que no le mirara ni hablara, la celda a la cual iban los prisioneros más peligrosos, sintió una gran curiosidad por aquella persona confinada a pasar el resto de sus días en ese lugar.

Pasado un tiempo, le tocó el turno de llevarle la comida al prisionero. Decidida a averiguar si el temor era cierto, observó el historial del prisionero. Los primeros 6 años habían desaparecido, por lo que sólo podía guiarse por los datos de los últimos 5. Sorprendentemente, en los recientes años nadie había escrito absolutamente nada, debido al "terrorífico" odio reflejado en su mirada (palabras del comisario de Azkaban Seamus Finnigan). Estas últimas, pero no recientes, declaraciones le incomodaron algo, pues nadie escribía a la ligera aquellas palabras…

Tal era la superstición reinante alrededor de él que, al ir con la bandeja de la comida, fue reprendida por no llevar una venda para taparse los ojos, la cual ella cortésmente aceptó, alegando que no estaba al corriente de aquellas precauciones. "¡Por Merlín, somos aurores, la policía del mundo mágico!" No deberían temer a alguien que lleva once años en Azkaban… Pensaba ella mientras se dirigía a la celda.

El pasillo era angosto y estrecho, cargado de una humedad agobiante. "Las viejas piedras de Azkaban resisten el paso del tiempo asombrosamente, sin ninguna pequeña grieta" pensó la aurora Johnson. Así como la zona de las oficinas y las demás celdas aparentaban ser del siglo XV, esta zona era diferente. Parecía edificada recientemente, con el fin de contener algo o a alguien. Además, se podía notar algo diferente en aquel pasillo. El aire parecía más cargado, y como aparte carecía de una correcta iluminación, ese lugar adquiría un tono asombrosamente tétrico que incomodó a la mujer.

Tras depositar la bandeja de comida en una banqueta al lado de la puerta, insertó la llave de seguridad en la cerradura, a la vez que con ambas manos tecleaba diferentes códigos de seguridad. Automáticamente se oyó una voz por un pequeño altavoz que le comunicaba lo siguiente: « ¡Prepare su varita y esté alerta! El prisionero puede saltar sobre usted en cualquier momento, no baje la guardia. »

Tras escuchar esta advertencia, la aurora no pudo aguantar una carcajada alegre y cantarina. Negando levemente con la cabeza, cogió la varita (por si acaso) y la bandeja de comida, y entró sonriente y sin la venda, curiosa por saber que se iba a encontrar en aquel lugar…

Lentamente, levantó la cabeza hasta observar la entrada a la celda. La poca luz que había en el pasillo parecía reacia a entrar en aquel recinto. Lo primero que se encontró fue una tabla de madera que estaba colgada de la pared por medio de dos cadenas (N/A: como las que hay en las cárceles típicas de los cómics y películas). Al no verlo en la cama la mujer se sorprendió, girando la cabeza para observar el resto de la habitación. y lo vio.

El prisionero se apoyaba en la fría pared de la celda, mientras descansaba sentado en una pequeña banqueta de aspecto desgastado. La expresión de su cara era tranquila y su piel pálida, sin ninguna imperfección ni cicatriz La larga melena desaliñada y desatendida le descendía elegantemente por la espalda hasta la cintura. Su cuerpo estaba tapado por una raída túnica que debió de llevar el día que ingresó en Azkaban, pues era diferente a las túnicas empleadas por los demás presos… Nadie parecía querer llevarle el uniforme. Mientras la aurora Johnson le observaba, el preso pareció despertarse de su sueño, mirándola fijamente.

Tan pronto como le dirigió la mirada, la mujer sintió que las piernas comenzaban a temblarle. "Éste era el convicto del cual todo el mundo decía horrores"- pensó. Sus ojos, intensos e indiferentes al mismo tiempo, se clavaron ardientemente en los suyos, transmitiendole cantidad de sensaciones desconocidas hasta el momento. Miedo, fascinación, compasión, terror… Sin saber que decir, la mujer se quedó mirando embobada al prisionero, tratando de encontrar las palabras adecuadas para hacer una pregunta coherentemente, hasta que de sus labios fluyó en un susurro la pregunta: -¿Cómo te llamas?- De todo lo que había llegado a pensar sobre el prisionero, esto era lo que más le llamaba la atención, que ni siquiera en el registro apareciese su nombre, como si alguien hubiese querido borrar su existencia del mundo.

Por primera vez en once años, el preso sintió la voz de alguien que trataba de entablar conversación con él, el terrorífico hombre del que nadie quería saber nada. Sorprendido ante la nueva sensación de oír la voz de alguien, continuó mirando fijamente a la mujer que había aparecido sin venda por la puerta para traerle la comida, la mujer que le miraba con una mezcla de curiosidad y miedo, como un niño pequeño ante una persona desconocida que le dirige la palabra.

Tras un breve tiempo en el que se cruzaron sus miradas, la aurora Johnson observó como el preso, indeciso, parecía querer decir algo. Desgraciadamente, el ruido de pasos procedentes del corredor hicieron que el preso volviese su mirada y le dejara de prestar atención, volviendo a su ensimismamiento eterno. La mujer decidió sacar del bolsillo la venda que había traído, taparse los ojos y simular que acababa de dejar la bandeja de comida. No sabía porqué pero tenía la sensación de que no estaría bien visto verla entrar en la celda XY-21 sin la venda que le protegía de la aterradora mirada del prisionero, la cual era bastante bonita para ella por cierto.

Antes de que el auror llegase hasta la celda, ella salió del lugar con la varita en la mano y la venda en los ojos, para después cerrar la puerta de nuevo y aplicar todas las medidas de seguridad necesarias para hacer que el preso no pudiese salir de aquel lugar. Durante ese mes de octubre tendría que realizar ese camino unas dos veces diarias. Y en aquel momento, justo después de haber salido de la habitación, ya estaba deseando volver a encontrarse con aquella mirada misteriosa cargada de una intensidad abrumadora…..