Desafortunadamente los personajes del Hobbit y de El Señor de los Anillos no me pertenecen, sino a Tolkien.
¡Entonces sí recibí un par de comentarios positivos!, bueno, traigo el segundo capítulo (o primero, considerando que el anterior era un prólogo). Aquí traté de explicar a grandes rasgos lo que pasó con los miembros de la compañía; tal vez sea un poco cursi, pero espero que les guste.
La comarca y el rey.
2. Deshonor.
—Entonces… ¿lograron recuperar Erebor?
—Oh, muchacho… —Balin suspiró profundamente y miró con tristeza a Bilbo—. Ya no existe Erebor…
Las palabras se atoraron en la garganta de Bilbo, que de pronto parecía muy seca e incapaz de emitir sonido alguno. Miró a los ojos de Balin, para asegurarse que no había sido una broma ─una de muy mal gusto, de hecho─, pero los ojos del enano parecían tristes y sinceros.
—¿Erebor?, ¿no existe?... —logró decir luego de un tiempo—. ¿Cómo es eso posible?
—No podría explicarlo completamente… sólo puedo decir que en su ira y su dolor, Smaug terminó por destruir la montaña y sus tesoros. —Bilbo se quedó sin comprender pues, ¿cómo podría haberse destruido la montaña?, ¿y el oro que la contenía?—. Sé lo que se pregunta, pero recuerde que los dragones tienen una fuerza descomunal y su fuego abrasa todo a su paso; suerte tuvimos en salir de ahí.
Bilbo estaba perplejo—. Entonces, ¿cómo escapamos?
—Pues verá, fue cuestión de suerte más que de otra cosa… ¡ah!, ¡pero si olvidé el motivo por el que vine a verle! Los demás esperaban que ya estuviera despierto y se uniera a nosotros para el desayuno. Estarán muy contentos de verle de pie de nuevo y seguramente Fili y Kili querrán contarle la historia completa.
—¡Por supuesto!
Bilbo se levantó con cuidado, ayudado de Balin y se puso su ropa; recién entonces se dio cuenta de la gran cantidad de sonidos que provenían del exterior: el murmullo de decenas de pasos pesados sobre la hierba, el entrechocar de metales y algunas conversaciones animadas. Cuando finalmente estuvo listo y pudo salir de su propia tienda, se dio cuenta del motivo de tales ruidos: se encontraban en un campamento de hombres y elfos.
—¿Qué hacen ellos aquí?
—Llegaron hace dos días, poco después de que se desmayó, de hecho; ahora nos ayudan con la parte del tesoro que se pudo salvar… se lo terminaremos de contar junto a una buena fogata, vamos, será mejor apresurar el paso: no me gusta la idea de estar mucho tiempo por aquí.
El hobbit asintió y le siguió, creyendo al principio que el desagrado de Thorin por los elfos también era compartido por Balin, pero cuando miró a su derecha, supo que se refería a otra cosa. Estaban justo frente a las ruinas de Erebor.
Las columnas delanteras, talladas en la misma piedra, se habían venido abajo, así como todos los pilares interiores, provocando que los techos de los salones colapsaran y rompieran el suelo de pasillos y salones y se precipitaran hacia el inmenso vacío de las minas inferiores, perdiéndose para siempre. Incluso la ladera frontal de la Montaña Solitaria se había derrumbado por completo, impidiendo la entrada al destruido interior.
—¡Señor Bilbo!, —una voz familiar le sacó de su ensimismamiento. Se giró para encontrarse a casi todos los miembros de la Compañía alrededor de un buen fuego y con idénticos tazones de color marrón. Bofur levantó la mano y le invitó a sentarse con ellos.
—¡Me alegra que esté bien, Señor Bolsón!, nos preocupaba que no se hubiera despertado ya, —comentó Dwalin, que al igual que su hermano, parecía ileso. Bilbo asintió, notando que Thorin no estaba presente, pero por alguna razón, no se atrevió a preguntar por su paradero.
—Y yo le había dicho al maestro Dwalin que no nos preocupáramos: los hobbits son muy dormilones, —comentó Kili y Bilbo no pudo sino dejar escapar una sonrisa. No por la broma en sí, sino por el hecho de que los sobrinos de Thorin parecían tratar de darse de comer entre sí, ya que ambos tenían uno de sus brazos en un cabestrillo.
—¡Pero denle un plato al señor Bolsón!, —apuró Fili.
Mientras comían, Bilbo observó a los enanos; además de las fracturas de Fili y Kili, Glóin, Dori y Bifur se habían roto una pierna y Nori caminaba con dificultad, tal vez por una costilla rota. El resto estaban prácticamente ilesos salvo por unos cortes leves y unas barbas chamuscadas. El tono que usaban para hablar era alegre y las bromas no faltaron durante esa comida, pero debajo de aquellas relajadas caras, Bilbo pudo ver una profunda tristeza, tristeza que él mismo compartía, pero que no era tan bueno para ocultar como los enanos.
Durante el resto del desayuno, se enteró de la manera en la que habían escapado: al parecer, luego de que cayera desmayado, Thorin había ido en su ayuda, y como no lograra despertarlo, había cargado con él. Entonces, dada la furia del dragón, decidieron escapar; en su camino a la salida, el viejo Smaug los había perseguido, destrozando todo a su paso. A punto estuvo de alcanzarlos e incinerarlos, cuando una pequeña grieta en el suelo, cerca de la salida, los hizo caer y escapar por un pelo del fuego devastador. Smaug, se había seguido de largo hasta la salida, donde Gandalf y la ayuda los esperaban. Entonces el hombre llamado Bardo le había disparado y asesinado. Thorin, además, estaba en una reunión importante con el mismo Bardo, Gandalf y el rey elfo.
El hobbit abrió los ojos muy sorprendido: verdaderamente habían escapado por pura suerte.
Para aliviar la congoja, preguntó—. Entonces, ¿sobre qué es esta reunión importante?
—Sobre los tesoros que se pudieron rescatar, —respondió Dwalin—. No son muchos, pero elfos y hombres quieren su parte por venir aquí y matar al dragón. Además, los hombres dicen que una parte importante del tesoro pertenecía a la Ciudad de Valle.
—Sólo espero que ninguno desee reclamar la Piedra del Arca, —comentó Bilbo, pero de inmediato se arrepintió, al ver los rostros lúgubres de los enanos.
—No logramos salvar la Piedra del Arca, —murmuró Balin, ya que los demás parecían incapaces de hablar—. A Thorin se le resbaló de la mano cuando salimos de la Cámara del Tesoro. Yo mismo vi cuando caía hacia las profundidades de las minas cuando el suelo cedió.
—Lo lamento mucho… —dijo Bilbo sinceramente.
—No lo lamente, muchacho, —le dijo Balin—. No hay nada que lamentar: seguimos vivos y aunque no tengamos todo el oro de Erebor, todos tenemos un lugar en el que encontrar consuelo… —dijo, luego agregó en un tono más amable—. Aunque tal vez alguien de nosotros necesite ayuda para encontrar ese lugar.
Bilbo no supo a qué se referían sus últimas palabras, pero asintió. El resto de los enanos permanecieron en silencio un buen rato, dejando que las conversaciones de los hombres contrarrestaran su mutismo, mientras, poco a poco, las voces regresaban a sus gargantas y las sonrisas a sus bocas.
El hobbit no los empujó a la conversación, sino que se unió a su pérdida conjunta; de verdad hubiera deseado que las cosas no terminaran de ese modo. Aquella vez antes del ataque de los orcos, había dicho la verdad, que quería ayudarlos a recuperar el hogar que ellos no tenían, pero todo parecía haber fracasado. Balin fue sincero al decirle que todos tenían un lugar en el que encontrar aprecio y consuelo, pero Bilbo no estaba seguro de que todos los enanos quisieran volver con las manos vacías, al menos no Thorin.
Como si aquellos pensamientos le hubieran llamado, la robusta figura de Thorin salió de una tienda de campaña cercana a ellos; con expresión airada y melancólica. Gandalf apareció detrás de él, diciendo algo que no alcanzaban a escuchar. El enano caminaba velozmente, como queriendo ignorar las palabras del mago, hasta que éste, finalmente desesperado, levantó las manos y dio media vuelta.
El rey enano se detuvo en seco; llevaba las manos en puños y los nudillos blancos. Notó de pronto que su compañía lo miraba desde la orilla del campamento y se encaminó hacia ellos, pero cuando hubo recorrido la mitad del camino, pareció pensárselo mejor y salió a paso veloz hacia el bosquecillo que los rodeaba.
—¡Thorin!, —llamó Dwalin sin ser escuchado; los enanos bajaron las miradas.
—Thorin… —murmuró Bilbo y se volvió hacia Balin—. ¿No deberíamos…?
—Ve con él, —respondió el anciano leyéndole el pensamiento—. Necesitará de una voz amiga ahora más que nunca.
Sin esperar escucharlo dos veces, Bilbo saltó el tronco que le sirviera como asiento y corrió tras el rey de los enanos.
El pequeño bosque que estaba alrededor del campamento no era ni demasiado oscuro ni demasiado tupido, ─mucho menos si se le comparase con el Bosque Negro que habían pasado semanas atrás─, pero le costó un rato encontrar a Thorin, pues el dolor en el pecho no le había abandonado por completo y le hacía detenerse a ratos.
Cuando finalmente encontró al enano, su corazón se encogió. En el medio de un claro soleado, estaba Thorin con la rodilla hincada y el rostro clavado en la tierra. Un nudo se atoró en su garganta cuando se dio cuenta de que lloraba; lloraba… Thorin Escudo de Roble, lloraba…
—Sé que estás ahí, Bilbo, —el aludido tardó un momento en darse cuenta de que Thorin le hablaba y se sintió avergonzado. Lentamente, salió de entre los arboles, hacia el claro—. No deseaba que nadie de la compañía me viese en este estado, —dijo y levantó el rostro, sus ojos rojos de rabia e impotencia.
—No sé qué decir, Thorin… sólo que no es culpa tuya lo que pasó, —respondió el hobbit, dubitativo.
—¿No es culpa mía? Era mi misión recuperar la montaña de mis ancestros, nuestro hogar y les he fallado. A ellos, a mi hermana y a la compañía. ¡El oro nubló mi vista y yo me dejé engañar! Ni siquiera puedo pagarte a ti, lo que te corresponde por completo, ni a ellos…
—¡Pero estamos vivos!, —saltó Bilbo, recordando las palabras del anciano enano—. ¡Y no importa que no hayan recobrado una sola moneda del tesoro!, todos podemos volver… a un lugar donde podemos tener consuelo. ¡A las Montañas Azules! ¡No todo está perdido!
—No, todo está perdido, —corrigió el enano y se dejó caer de nuevo, golpeando al suelo con desesperación—. ¡No había otra salida! No al menos para mí. Recuperar Erebor era lo único que me quedaba del viejo honor de mis antepasados y lo he manchado con mi fracaso… no podría volver a las Montañas Azules y enfrentarme al deshonor que representa la destrucción de Erebor. No podría volver a mirar a la cara a ninguno de mis amigos ni a mi hermana… no me queda nada ya.
Bilbo se inclinó junto a él; los negros cabellos le impedían ver su rostro, pero se contentó con que el enano supiera que estaba ahí. El hobbit pensó muy bien sus palabras y luego, dulcemente, le dijo:
—No creo que así sea; con Erebor o sin él sé que sigues siendo igual de honorable que tus ancestros. —Thorin levantó el rostro, y por primera vez, Bilbo pensó que se veía vulnerable—. Aún tienes una familia y sé que ninguno de ellos dejará de amarte por ningún motivo, ni tus amigos… tus verdaderos amigos.
—… aún así no puedo volver. La vergüenza es demasiada.
—No creo que fracasar deba ser un motivo de una vergüenza tan grande, sino símbolo de que tuviste el valor para luchar, —a Bilbo le pareció que las palabras salían de la boca de Gandalf y no de la suya. Alentado por esta súbita confianza, continuó—. Protegiste bien nuestras vidas y fuiste cuidadoso… pero si no deseas volver, o no al menos por un tiempo, te ofrezco mi hogar, —Bilbo no supo de dónde había salido aquello, pero sin duda eran sinceras sus palabras y deseaba que el enano las tomase a consideración antes de decidir vagar por la Tierra Media con su "honor perdido"—. Serás bienvenido en mi casa por el tiempo que desees.
—¿Cómo puedes ser tan benevolente, hobbit?, aún después de que descuidé tu vida enviándote solo por la Piedra, —preguntó Thorin.
—La enfermedad del oro nublaba tu mente…
—¡Pero ya no más!
—No, no… —apoyó el hobbit con una sonrisa—. Así que lo repito sin temor: te ofrezco mi hogar en Bolsón Cerrado… y mi amistad sincera porque…
Antes de que pudiera terminar, Bilbo sintió que los brazos de Thorin le rodeaban; como aquella vez después del ataque de los orcos, sintió un profundo agradecimiento y una calidez abrumadora.
—Gracias, Bilbo, —dijo. Y Bilbo sonrió.
Bueno, y eso es todo; claro que quería incluir algo de Thilbo desde ahora, pero no me sonaba realista, así que tendré que esperar.
Agradezco a quienes me han dejado review, (sus palabras alimentan a la escritora :D )
Ojalá les haya gustado y actualizaré pronto (unos cuatro o cinco días, espero).
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