Siendo sincero, la Universidad de Trost tiene uno de los campus más bonitos que haya visitado. El aire está limpio –especialmente para estar situada en una gran ciudad-, todos los edificios han sido renovados y tiene uno de los mejores programas académicos del país. Para rematar, voy a venir aquí sin pagar nada (gracias mamá y papá).

Y sin embargo, cada mañana cuando me levanto para ir a clase, me ataca ese familiar sentimiento de completa y total repugnancia y me doy cuenta de que odio jodidamente ir a la universidad.

Vale, es verdad que solo he ido una mañana. Pero generalmente tengo bastante buen juicio para cosas como estas.

El sonido de Reiner roncando en el otro cuarto me sobresalta y, mientras me doy la vuelta en mi incómoda cama, me doy cuenta de que la hora en mi despertador es unos veinte minutos más tarde de lo que debería ser.

Huh.

Bueno, parece que algo quiere joderme.

Salgo de la cama corriendo, echando las mantas a un lado (lo cual es bastante impresionante teniendo en cuenta cómo me las arreglé para enrollarme en ellas como en una especie de capullo de plumas en mitad de la noche), y me echo al hombro mi carpeta negra de lienzos. Cojo en la mano la caja de arte llena de lápices, instrumentos para mezclas y borradores amontonados y salgo disparado por la puerta.

Ni siquiera me doy cuenta de que Marco no estaba allí hasta que no estoy a medio camino de clase, e internamente le maldigo por no despertarme.

Se va a arrepentir más tarde cuando le eche la bronca, me digo mentalmente. Las puertas del edificio Jason C. Black se abren automáticamente y entro de una zancada, caminando tan rápido que casi voy a la carrera (una carrera impresionante, se podría decir, soy un tipo bastante impresionante).

Llamo al ascensor y se abren las puertas de uno de los tres. Es como si Dios en persona estuviera aquí conmigo, en esta mañana catastrófica, en plan "aquí, Jean. Un ascensor para ti. Te lo mereces. Ten un gran día."

Así que hago lo que cualquiera bendecido por Dios con un ascensor haría: tras ver a una chica corriendo para cogerlo, pulso el botón de "cerrar" y le doy con la puerta en las narices.

Se podría decir que realmente no creo en eso de "dar lo que recibes."

Una música suave y totalmente fuera de lugar para un ascensor suena durante la subida a la última planta. Empiezo a tamborilear con los dedos muy muy muy rápido en la pared del ascensor porque se supone que debería estar en clase hace como diez minutos y cuánto tarda este estúpido y lento ascensor en llegar a la planta once e inconscientemente mis pies también zapatean al tiempo de la estúpida canción y...

Las puertas del ascensor se abren en la undécima planta y salgo corriendo de allí a la velocidad del rayo. Bueno, quizá no tan rápido porque es físicamente imposible pero os hacéis una idea.

Mientras giro la esquina, veo una cabeza de pelo castaño oscuro sospechosamente familiar avanzando hacia la sala 1131, el estudio de arte donde tiene lugar mi clase de introducción al dibujo.

- Marcooooo – le llamo desde el vestíbulo, dándome cuenta de repente de que estoy sin aliento por atravesar todo el campus corriendo solo para venir a esta estúpida clase de arte que probablemente ni siquiera me va a gustar.

Para ser sincero, no esperaba realmente que se girase al decir su nombre. Es más bien una prueba para ver si ese tío es quien creo que es; el chico vuelve la cabeza con vacilación y un par de ojos castaños se encuentran con los míos. Echo un vistazo rápido a las pecas esparcidas por sus mejillas. Definitivamente es Marco.

- Oh, h-hey, Jean – tartamudea. Este chico siempre parece estar asustado de mí, lo que me hace sentir un poco mal. Parece bastante agradable, algo cobarde y un poco demasiado inocente, pero agradable - ¿Vas a clase?

- Seh – respondo, bostezando un poco. Aún es demasiado pronto para estar despierto y lidiar con el mundo, especialmente porque durante mi horario de verano dormía hasta bien entrada la tarde todos los días. No me acostumbro a esto de "poner alarmas." - ¿Tú?

- Algo así – Marco ríe nerviosamente, alzando una mano hasta su nuca (la cual está claramente ruborizada con un incipiente tono escarlata). El sonrojo comienza a subir hacia sus mejillas, y por alguna razón lo encuentro adorable.

Espera, no.

- ¿Así que estudias arte? – pregunta Marco, carraspeando para aclarar su garganta y ladeando un poquito la cabeza. El sonrojo empieza a desaparecer.

Estoy aquí tan concentrado en hablar con pecas que en poco tiempo se me olvida la prisa que tengo en ir a la estúpida clase de arte.

- Aún no lo he decidido – digo, poniendo los ojos en blanco un poco antes de juntar los dedos índice y medio para darle un toquecito en la frente - ¿Recuerdas?

Él me mira y da un paso hacia atrás.

- Ah, sí. Lo mencionaste durante la actividad de romper el hielo... Que no te lo estabas tomando, bueno, del todo en serio.

Así que tiene algo de descaro.

- Hay muchas cosas que no me tomo en serio – replico, rozándole al pasar para entrar a esa clase a la que cada vez llego más tarde – Como sea, tengo que entrar en clase... Te veré luego, supongo.

- Espera un segundo – de repente la voz de Marco me llega desde atrás y cuando me giro sobre mis talones, él casi corre directo hacia mí. Instintivamente, da un paso hacia atrás y una ligera punzada de culpa comienza a trepar por mi estómago otra vez, haciéndome sentir como una especie de monstruo. ¿Por qué me siento tan malditamente mal por hacer que un chico se asuste de mí?

Porque rechazas a todo el mundo pienso, exasperado, y porque el pobre chico es tu compañero de cuarto. No te haría daño ser su amigo, ya sabes. Oh espera, no lo sabes, porque no tienes ningún puto amigo, estúpido.

- ¿Qué pasa? – digo, tratando de suavizar la voz. Puedo ver como se tranquiliza un poco, sus hombros tensos se relajan levemente y el miedo en sus ojos comienza a disiparse.

- Es solo – empieza, señalando la puerta que ya estaba empezando a abrir – que aquí es adonde me dirijo yo también.

Dejo escapar una involuntaria risa.

- Empiezo a tener la sensación de que me acosas o algo, da mal rollo.

Me mira un momento antes de darse cuenta de que, efectivamente, solo estoy bromeando, y también deja escapar una risa.

- ¡Te prometo que no! Bertholdt me ofreció un trabajo de posado para los estudiantes de arte el otro día y aquí estoy.

Miro fijamente a Marco durante un segundo.

Después un poco más.

Estrecho la mirada.

- ¿Sabes qué tipo de posado es este, verdad?

El parpadea dos veces.

- ¿Qué tipo?

Así que sí, termino llegando tarde, pero tan pronto me doy cuenta de lo que está a punto de pasar en clase, deseo haberme quedado dormido durante todo el día. O, mejor, debería bastar con llegar tarde un semestre entero. Porque nunca he querido evitar algo tanto como hoy.

En serio, estoy cien por cien seguro de que voy a cagarme en los pantalones, sentado frente a mi caballete en la parte más alejada del círculo que rodea la plataforma en la que Marco Bodt está sentado en este momento, desnudo.

Y cuando digo desnudo, no hablo de esa mierda de "censura de buen gusto." Quiero decir, como, completamente, con el pene colgando, pecas en su trasero, incómodamente sonrojado y desnudo.

A nadie más parece importarle. De hecho, parecen estar perfectamente de acuerdo con el hecho de que mi nuevo compañero de cuarto esté totalmente en pelotas en medio de la sala.

Detrás de mí, el profesor da un golpecito en mi caballete como diciendo "ponte a dibujar", pero por más que quiero no puedo dejar de observar el hecho de que su pene esté a simple vista y por qué tiene tantas pecas en el culo, o sea de donde vienen, ¿le dio mucho el sol ahí cuando era pequeño o algo?

Tosiendo con fuerza, saco un lápiz de mi bolsa y agito un poco la cabeza para aclarar mis pensamientos. Está bien Jean. Solo haz la tarea. No le mires a la cara. Es solo un cuerpo. Me convenzo a mí mismo de ello mientras empiezo a hacer un boceto forzado de su pose: sentado en una silla, con un brazo cruzado tras la cabeza y el otro reposando suavemente en el muslo, las piernas están algo separadas pero puedo decir que está intentando de alguna forma colocarse tan lejos de mí como puede.

Me doy cuenta de que con lo incómodo que estoy en esta situación, él debe estarlo aún más. Me queda claro que Marco no sabía que el posado que iba a hacer para la clase era desnudo hasta el momento en que entró por la puerta y le dieron un bata, le enseñaron el cuarto trasero y le dijeron que se cambiase.

Probablemente Marco no ha estado desnudo delante de nadie en su vida. Parece demasiado inocente para eso, de todas formas. Por eso está tan rojo; el sonrojo que vi en su nuca antes era simplemente un rubor comparado con lo muy abochornado y aterrorizado que está de encontrarse expuesto ante una clase llena de gente, yo incluido.

Apuesto a que ahora mismo desearía volver atrás, pero ya está aquí, así que no es como si simplemente pudiera retractarse de su ofrecimiento.

Pobre tipo, me digo a mí mismo; entonces recuerdo que tengo que compartir habitación con este chico y pienso pobre de mí.

El endereza la espalda, infla un poco el pecho y enfatiza un poco más su mirada hacia delante, probablemente intentando volver a ganar algo de confianza. Reajusto la postura en mi boceto y voy trazando desde la parte superior de su cabeza hacia abajo.

De la punta de mi lápiz empiezan a surgir rizos oscuros, muy remarcados; después trazo la curva de su nariz respingona y la línea de sus labios. Pecas punteadas al azar salpican sus mejillas. No sé qué coño estoy haciendo: al no haber dado realmente clases de arte y siendo casi todo lo que he aprendido hasta ahora autodidacta, me doy cuenta de que todos los demás parecen saber mucho más que yo sobre la figura humana. Mi dibujo son líneas garabateadas y sombreado, y después más sombreado cruzado para señalar las zonas que no creo ser capaz de dibujar.

Si dibujas su pene estarás pidiendo un momento incómodo más adelante, pienso, notando como comienzo a sonrojarme sin querer. Quisiera poder enterrarme en un agujero y morir, o por lo menos dormir hasta las vacaciones de navidad.

En un arranque de valor, mi lápiz se mueve trazando la línea de su trasero sobre la silla. Es en verdad redondo y pecoso.

El profesor aparece por detrás de mí otra vez y asiente, aprobando mi progreso (al menos espero que sea un gesto de aprobación). Espero no ser una mierda en comparación con los demás, pero justo a mi lado se sienta una especie de Da Vinci así que obviamente me siento un poco cohibido acerca de mi trabajo.

Alzo la vista hacia mi caballete y noto que los ojos de Marco dejan de estar fijos en la pared y comienzan a deambular por la sala; se encuentran lentamente con los míos, un ligero sonrojo tiñe aún sus mejillas. Pero tan pronto como nuestros ojos se encuentran, ambos apartamos rápidamente la mirada y nos sentimos mucho más jodidamente incómodos que antes.

Todavía... No sé cómo decirlo sin sonar extremadamente gay, pero aunque mirar directamente a Marco ahora mismo me hace sentir, sin ninguna duda, incómodo, cuando me pongo hacer otra vez las marcas finales de mi boceto me doy cuenta de que parezco más calmado, más a gusto. De alguna manera, captar su mirada fue... tranquilizador.

Y no estoy seguro de cómo sentirme al respecto, exactamente.

Salgo de clase tan pronto como el reloj marca las 10:45 sin molestarme en esperar a Marco. Aunque no tengo más clases hasta las cuatro, de ninguna manera puedo volver al dormitorio, una mierda voy a volver allí por si al viejo Pecas le da por pasarse por allí.

Sí, le estoy evitando. Es lo que hago cuando pasan estas cosas: las evito a toda costa. ¿Y sabes qué? Normalmente no ayuda a mejorar la situación, solamente la prolonga.

Pero ahora mismo no me importa porque me arde la nuca y el pecho y lo único que sé es que tengo que salir de este puto edificio.

No espero al ascensor, simplemente bajo las escaleras. Bajar once pisos cargando toda esta mierda que he de llevar encima no es fácil, pero me las apaño y antes de darme cuenta me encuentro fuera del edificio Jason C. Black.

Y está lloviendo.

Por supuesto que no tengo paraguas.

- ¡Joder! – maldigo en voz alta, y una chica que pasa me mira desde el libro que está leyendo bajo su paraguas, estrechando su mirada en desaprobación. Y que te jodan a ti también, pienso con amargura.

Corro hasta el lugar más próximo donde refugiarme, que resulta ser el edificio Garrison Science. Me sacudo el pelo antes de entrar, sintiéndome un poco como un perro mojado (y posiblemente oliendo como uno también, ya que no me levanté a tiempo para mi ducha matutina).

Una vez dentro, encuentro un sitio para sentarme en uno de los muchos pabellones alineados en la zona, que sería tranquilo si no fuera por una repulsiva chica comiéndose una barra de pan entera y hablando a todo volumen con un rapado con pinta de imbécil. Me doblo hacia delante tan pronto como mi trasero toca el asiento de vinilo, solamente quiero paz y tranquilidad. Ellos siguen hablando y elevando el volumen, y cuando miro de nuevo hacia la parte trasera del pabellón, veo a la chica hablando animadamente con el chico mientras se le salen migas de pan de la boca.

Es guapa, pero eso ha sido bastante asqueroso.

Suspirando, me giro de nuevo en mi asiento, pero enseguida noto una figura anormalmente alta y desgarbada entrando a través de las puertas automáticas del edificio al tiempo que sacude un paraguas. Parece como si el tipo hubiera estado escapando de la lluvia o acabara de correr una maratón, pero sé lo que pasa.

Este tío siempre está sudando.

- Hey, Bertolli – le llamo, ante lo cual me mira de forma desenfocada y nerviosa, pero cuando se da cuenta de que soy yo, parece un poco más relajado. Bertholdt, Reiner y yo nos conocimos un poco el otro día, así que no me siento raro al llamarle. No le considero un amigo, pero al menos puedo saludarle.

- Jean – sonríe - ¿Qué pasa?

Casi le digo "no mucho", pero entonces recuerdo la larga sesión de arte de dos horas y 45 minutos en el infierno con el compañero de cuarto desnudo... lo cual, si recuerdo bien, fue posible gracias a Bertholdt y sus increíbles habilidades de cazatalentos.

Me levanto inmediatamente y le miro.

- ¿Te das cuenta de lo que me acabas de hacer pasar?

- ¿Qué? – pregunta, claramente ignorante de ello.

Bajo la mirada hacia mis herramientas de arte, luego vuelvo a mirarle a él.

- ¿Sabes de dónde vengo?

Está totalmente pasmado, en silencio, y como no responde, decido darle una pista.

- Dibujo de anatomía.

Su mirada se agranda.

Yo estrecho la mía.

- Sí. Correcto. Dibujo de anatomía. Con el profesor Long. ¿Y sabes, Bertholdt, quién era nuestro modelo?

- Lo siento mucho – es todo cuanto puede decir.

- ES MI PUTO COMPAÑERO DE CUARTO – casi grito, pero en cuanto me doy cuenta de que suena un poco demasiado severo y un poco demasiado alto, una señora mayor me chista desde una oficina del recibidor.

Un sonrojo aparece en mis mejillas y, wow, me siento mal por chillarle, pero lo merece. He tenido que mirar el flexible pen... – quiero decir, el pecos... – quiero decir, el cuerpo desnudo de Marco durante una clase entera. Así que, sí, culpo a Bertholdt.

- Nunca me voy a sacar esa imagen de la cabeza – digo, dramático. Bertholdt me mira con lástima – Y tengo que compartir la habitación con él más tarde.

- Jean, ¿estás seguro de que no estás sacando esto de contexto? – pregunta, pero cuando le echo una mirada que parece decir algo como "no jodas, ¿me estás tomando el pelo?", alza las manos ante él en un gesto defensivo – No digo que no sea un poco incómodo, pero... solo es Marco. Parece un tío normal. Si no le das demasiada importancia, tal vez él tampoco lo haga.

Hm, reflexiono cuidadosamente, suena justo.

- Bueno, solo el tiempo dirá si puedo mantener una cara seria lo suficiente – digo, suspirando – Supongo que es hora de aceptarlo ¿eh?

Bertholdt sonríe tristemente. Sí, tiene suerte de no saber lo que sufro. ¿Ser hetero y ver algo como eso? Raro. Súper raro.

- ¿Quieres que te acompañe de vuelta al dormitorio? – pregunta – Tengo que dejar unos formularios en la oficina del rectorado. Solo por si necesitas un poco de apoyo emocional o algo.

Suspiro, mirando hacia abajo, y digo:

- Ojala pudiera posponer esto una semana o algo así.

- Así es la vida a veces – dice, arrepentido. Pone una mano sobre mi hombro y me empuja suavemente – Vamos. Estoy seguro de que ya ha vuelto.

Y así, cojo mis cosas mojadas otra vez y camino fatigosamente bajo la lluvia tras Bertholdt, deseando que esta lluvia tuviera algún tipo de poder mágico que me hiciera desaparecer para siempre.

- Puedes hacerlo - dice Bertholdt, apretando mis hombros con ambas manos – Tú solo entra, haz como si nada hubiera pasado y parecerá que no ha pasado nada realmente. Puedes convencerte a ti mismo de eso – suena como si Bert hubiera sacado esa frase directamente del libro de Reiner Pick-Me-Ups and How to Effectively Use Them.

Asiento con la cabeza. Puedo hacerlo, resuena mi voz en mi cabeza, y con eso, saco la llave del bolsillo trasero y la introduzco en la cerradura; la luz sobre el picaporte pita y se pone verde, yo inspiro profundamente.

Solo es Marco. Es solo un tío normal. Haz como si nada hubiera pasado. Puedes hacerlo.

Giro el picaporte y abro la puerta.

Reiner está apoltronado en el sofá viendo Property Virgins en HGTV (femenino y escalofriante, pero no pregunto). Tras echar un vistazo a la habitación en busca de movimiento, veo que es el único allí. No hay signos de inteligencia en ninguna parte.

- Hey, nene – Reiner saluda mientras Bertholdt entra detrás de mí, cerrando la puerta cuidadosamente tras él - ¿Pasaste por la oficina de correos y dejaste las facturas?

- Sip – contesta, quitándose la chaqueta antes de unirse a Reiner en el sofá.

Reiner asiente, luego me mira.

- Hey, Jean.

Durante un segundo no digo nada, y esta pausa es la causante de que me dirija una segunda mirada. Quizá estoy pálido. Me siento como enfermo.

Definitivamente, estás sacando las cosas de contexto mucho más de lo que deberías; me digo de manera aleatoria, los pensamientos corren a mil por hora en mi cabeza. Veo que Reiner abre la boca para decir algo, pero se detiene cuando Bertholdt pone una mano sobre su pierna.

- ¿Está Marco ahí? – pregunto, señalando la puerta de la habitación.

Reiner se me queda mirando con cara de póker.

- Eh, sí.

Asiento y me quito los zapatos, lanzándolos hacia la puerta; avanzo lentamente hacia la puerta tras la que evidentemente me espera un momento incómodo. Reiner y Bertholdt susurran con vehemencia a mis espaldas, pero no intento distinguir las palabras porque sé que probablemente están hablando de mí y no me importa saber específicamente lo que dicen.

La puerta chirría al abrirse y la cierro detrás de mí. Las luces están apagadas, pero puedo ver el resplandor del portátil de Marco iluminando la mitad superior de su rostro en la litera de arriba, al lado opuesto de la habitación.

Me mira.

- Hey – digo. Mi voz suena realmente grave, incluso en mis propios oídos, y me aclaro la garganta. Dejo mi bolsa y me siento en la silla del escritorio bajo mi propia litera.

- Oh – contesta Marco, débilmente – Hey.

Solo quiero que este momento se acabe. Está empezando a haber demasiado silencio y uno de nosotros debería llenar ese vacío así que digo lo primero que se me pasa por la cabeza, lo que puede ser la reacción menos apropiada al suceso ocurrido anteriormente.

Digo:

- Así que, ¿por qué tienes tantas pecas en el culo?

Marco me mira como si estuviera a punto de darle un ataque.

- Quiero decir, eh – digo, pero el repentino e inesperado sonido de una risa llena mis oídos y me fijo en que es Marco, partiéndose su pecoso culo, echando la cabeza hacia atrás y golpeándose contra el espacio que hay entre la pared y el techo.

Y, por algún motivo, cuando le veo reír no puedo evitar echarme a reír también.

Comienza despacio, porque principalmente me estoy riendo de la estúpida reacción de Marco a mi propia estupidez, pero pronto alcanza su mismo nivel porque ya ni siquiera es incómodo. Ahora mismo estoy llorando de la risa, casi cayéndome de la silla, me duele el pecho, puta risa.

- Lo siento – consigo decir, pero él hace un gesto con la mano como diciendo "no te disculpes" y emite lo que creo que es otra risa, desplomándose sobre su estómago con la cara enterrada en el colchón.

Es aquí, en este momento, cuando me doy cuenta de que puede que ser el compañero de cuarto de Marco no sea lo peor del mundo.

- Me cago en Dios – balbuceo, frotándome los ojos con el dorso de la muñeca. Le miro y hace lo mismo, con un sonrojo tiñendo sus mejillas, probablemente en parte por vergüenza y en parte por la risa.

Él es el siguiente en disculparse.

- Lo siento mucho por... eso – dice – Juro por Dios que no lo sabía, y que estuvieras allí...

Le interrumpo.

- Fue todo cosa de Bert. No te sientas mal por ello, ya lo he superado.

¿Y sabes qué? Lo superé.

Me sonríe.

- Me alegro.

Es jueves por la noche y de alguna manera sobrevivimos al resto de la semana. Marco y yo vemos tantas cosas el uno del otro que es difícil no sentir que somos amigos. Es un poco raro, tener a alguien cerca tan a menudo, especialmente alguien tan agradable como él.

Él es muy callado, y a veces simplemente trabajamos en silencio, cada uno a lo nuestro, pero de alguna forma comenzamos a pasar tiempo en la sala de estar mientras Reiner está donde Bertholdt.

El martes (el día que será siempre conocido como Nudesday: el Día del Juicio Final) acabamos viendo Jungla de Cristal con los gays a la una de la mañana. El miércoles, volvimos de química y en lugar de hacer nuestra tarea del laboratorio, jugamos al Call of Duty maldiciendo en voz alta, o más bien lo hacía yo, mientras que Marco solamente me daba en la pierna cada vez que decía una palabrota, o sea, todo el tiempo, así que tengo la parte de atrás de la pierna bastante magullada.

Es jueves y Marco sale de su clase de terminología médica a las 7:30. Estoy haciendo bocetos bajo mi litera cuando entra por la puerta, deja caer su chaqueta en el suelo y se sube a su cama de un salto con un sonoro suspiro.

- ¿Qué tal la clase? – pregunto, sin pensar.

- Meh – responde. Al menos es sincero – Me alegro de que la semana haya acabado.

- Jodidamente cierto.

Parece realmente silencioso, así que le observo a través de los barrotes a los lados de la cama. Marco está mirando su móvil antiguo y pulsando los botones.

- ¿De dónde desenterraste ese fósil? – digo, refiriéndome al teléfono mientras vuelvo a mis bocetos.

- Era el antiguo móvil de mi madre – se queda en silencio un minuto – Siento no estar tan puesto en tecnología como tú, oh privilegiado gurú, salvador de la tecnología – puedo notar su sonrisa mientras habla.

- Los smartphones ni siquiera son tan modernos, por si no lo sabías.

- Para mí sí.

- Eres un caso perdido.

Click. Click. Clickclickclick. Clickclickclickclickclick. Click.

Suspiro y suelto el lápiz.

- ¿A quién escribes con tanto entusiasmo?

- Para empezar no la estoy escribiendo, la estoy mensajeando – declara Marco, muy convencido.

- Hn – refunfuño - ¿Tu novia?

Él para de teclear y le veo sonreír, y es una sonrisa tímida, como si estuviera avergonzado de algo. Pero entonces dice:

- Mi madre – y me doy cuenta de que tiene razones para estarlo.

- Eres un niño de mamá – comento.

- Perdona, soy su pequeño angelito.

- Más bien Jesús pecoso.

Marco se echa a reír, deja el teléfono sobre su pecho y se cubre los ojos con una mano. Su risa es de alguna forma jodidamente alegre, no me gusta que sea tan contagiosa, especialmente cuando intento dibujar.

- Me voy a casa este fin de semana – dice al fin, una vez superada la risita.

Paro.

¿Por qué de repente es tan extraño no ver a Marco durante unos días? No es que lo conozca desde hace mucho y solamente nos llevamos bien desde hace unos pocos días. Sinceramente no sé la respuesta, y cuando no entiendo algo, me frustro, y esa frustración crece en mi pecho y se convierte en ira en mi cabeza.

Lo siguiente que digo son duras palabras.

- Es bastante triste que eches tanto de menos tu casa que ni siquiera puedas estar lejos más que unos pocos días.

La risa que antes llenaba el cuarto se congela por completo. Marco mira fijamente el techo, parpadea, intentando asimilar el cambio en el ambiente.

Realmente no me importa lo que piense, todo lo que sé es que estoy ligeramente cabreado porque me va a dejar todo el fin de semana solo en el campus.

- ¿Qué hay de ti? – pregunta - ¿Vas a ir a algún sitio?

- Nop – digo, enfatizando en la consonante final, haciendo el sonido de una burbuja al estallar con los labios – Al contrario que tú, ya no estoy pegado a mi madre...

- Hey – me interrumpe, apoyándose en la cama para mirarme a través de los barrotes. No me fulmina con la mirada, pero me observa con dureza y puedo ver que está dolido – Tengo que ir a casa.

La manera en que lo dice me hace pensar que no tiene elección.

- Sí, bueno – murmuro, pero cuando me doy cuenta de que no tengo nada más que decir, cierro el cuaderno de dibujo, recojo el lápiz y me levanto de la silla del escritorio – Creo que me voy a dibujar abajo.

- Claro – dice Marco. Y así se quedan las cosas.

Cuando me despierto a la mañana siguiente, las cosas de Marco no están y su cama está pulcramente hecha. Todo parece bastante normal, pero el silencio es escalofriante, e incluso en mi profundo sueño (en serio, duermo como una puta roca) podía sentir que había algo diferente.

Es porque él no está aquí para despertarme con el sonido de las perchas al deslizarse adelante y atrás en su armario mientras decide qué ponerse para ir a clase.

Hoy estoy solo.

Suspiro, pasándome las manos por la cara. Este fin de semana apesta, solo estamos Reiner, Bertholdt y yo, y aunque nos llevamos bastante bien, falta algo.

En serio, me molesta que todo se reduzca a Marco.

- Vamos a una fiesta esta noche – dice Reiner de repente, asomando la cabeza por la puerta de nuestro cuarto – Puedes venir si quieres.

Me siento deprimido y no paro de autocompadecerme así que le digo:

- No, estoy bien. Id sin mí – un suspiro acompaña a mis palabras.

- Muy bien, reina del drama – dice poniendo los ojos en blanco y cerrando la puerta.

- Caraculo – murmuro, estrechando la mirada hacia la puerta, después me vuelvo a encorvar en la silla.

Buen trabajo, idiota. Acabas de renunciar al plan para el fin de semana, a la que probablemente sea la única fiesta que te inviten jamás. ¿Ahora qué coño vas a hacer esta noche?

Me paso la noche haciéndome esta pregunta y cuando el reloj marca las 11.00, caigo en la cuenta de que no he hecho nada salvo hacer el tonto en internet, dibujar un poco y deprimirme.

En serio, eres tan jodidamente patético.

Cierro mi portátil y me levanto de la silla en la que llevo sentado cuatro horas, tras lo cual me doy cuenta de que he estado reteniendo calor corporal. El ambiente en nuestra habitación es algo frío y al instante me arrepiento de levantarme. Bueno, mi trasero al menos sí, de alguna manera.

Atravieso la puerta a zancadas hasta el cuarto de estar, dejo atrás la televisión y el sofá y miro lo que hay de comida. Hay una estantería al lado de la puerta a la que consideramos nuestra "despensa" (si se puede llamar despensa a esos míseros artículos). Hay una bolsa de Veggie Straws de Reiner; si me pilla comiéndolas me lo recordará toda la vida. Realmente le gustan esas cosas. Marco tiene una bolsa de Pop Tarts espolvoreados de rosa. Hay una botella de refresco sin burbujas y algo para hacer pasta.

Haría la pasta si supiera cómo. Nunca he sido buen cocinero.

Me ruge el estómago. Los Pop Tarts son bastante apetecibles pero no quiero robar la comida de Marco cuando es obvio que no tenemos demasiada.

Quizá le escriba y le pregunte si puedo comer algunos.

En un trozo de papel arrancado de cualquier manera de un cuaderno están los datos de los tres que vivimos en el dormitorio 432 (¡y también los de Bertholdt!), anotados a mano. La letra de Reiner es gruesa, en negrita, y algo desordenada. Justo al lado está la letra fina e inestable de Bertholdt. Yo estoy al lado de Bert, y debajo de la mía está Marco.

Casi me río de su letra. Las líneas de su nombre son firmes, rígidas, como los números que van después, y al final del renglón hay una puta carita sonriente.

Es imposible que no me burle de este chico. Dibuja caritas sonrientes al lado de sus datos de contacto, por el amor de Dios.

Saco mi iPhone, desbloqueo la pantalla para ir a mis contactos y escribir un nuevo mensaje. Con la punta de los dedos marco el número (el cual compruebo tres veces para asegurarme de que lo tengo bien y no envío el mensaje a cualquier desconocido), le añado a mis contactos y escribo:

Para: Marco

Hey tío, ¿puedo comerme algunos de tus Pop Tarts?

Espero impaciente mientras veo a los Pop Tarts llamándome desde su sitio en la estantería, y al no obtener respuesta en tres minutos, le envío más signos de interrogación, solo por si vio mi mensaje pero se olvidó de responder.

Después del segundo mensaje, me llega una respuesta:

De: Marco

¿Quién es?

Rápidamente le digo que soy yo, Jean. No puedo creer que ninguno de los dos tuviera guardado el teléfono del otro.

Un pensamiento cruza vagamente por mi cabeza: ¿y si aún está enfadado por lo de ayer? El sentimiento de culpa aparece subrepticiamente y voy a sentarme en el sofá. Fui un poco (bueno, muy) innecesariamente duro y él definitivamente no merecía que le hablara en ese tono. Pero...

Mientras estoy allí sentado, pensando en cuan solo me encuentro en este cuarto débilmente iluminado a medianoche, comienzo a desear estar en casa con mi propia familia. Hasta Marco, quien realmente no tiene mucho excepto una caja de Pop Tarts y un móvil de mierda, tiene un hogar al que regresar. Cuando pienso en ello, ni siquiera puedo enfadarme porque tiene una estupenda relación con sus padres. Solo puedo estar celoso.

Y lo estoy.

Mi teléfono suena y rápidamente miro su respuesta.

De: Marco

¡Claro! Pero no te los comas todos.

Siiiiii.

Bajo del sofá de un salto, abro la caja de cartón, saco un paquete y lo abro mientras vuelvo la cabeza hacia donde está mi teléfono. Pego un gran mordisco y suelto un gemido audible. Qué bueno. Ni siquiera me gustan tanto los Pop Tarts, pero por alguna razón saben realmente deliciosos ahora mismo.

Espero que Marco no me odie. Después de pensarlo un segundo, decido mandarle otro mensaje, con la culpa reconcomiéndome.

Para: Marco

Marco... siento lo de ayer. Soy un gilipollas más o menos el 900% del tiempo :/

Y después de haberlo enviado, le mando uno más.

Para: Marco

Y gracias por los Pop-Tarts, estaba jodidamente hambriento.

No responde en un rato largo. Realmente no me importa, porque me siento bien por haberme disculpado al menos, y sinceramente si no quiere hablarme (lo cual dudo porque este chico es verdaderamente Jesús Pecoso) entonces es cosa suya.

¿Cuándo empezaste a ser tan dependiente? pienso. Has estado solo mucho tiempo. No necesitas amigos con quienes ver estúpidos documentales en la televisión, o compartir Pop-Tarts o lo que sea.

Me echo una manta encima, que antes estaba tirada de cualquier manera en el respaldo del sillón. Es un poco áspera y huele raro... Intento no obcecarme con ello.

Así, justo antes de quedarme frito, escucho el sonido tritono de un mensaje de texto al lado de mi oreja. Alargo un brazo para buscar mi teléfono, que está medio escondido bajo el almohadón en el que apoyo la cabeza, entrecierro los ojos, pulso el botón de inicio y miro a ciegas la pantalla.

Pero ya sé quién es incluso antes de comprobarlo.

De: Marco.

Está bien, Jean, te perdono :-)

Una tenue sonrisa aparece en mi cara y me doy la vuelta, con el teléfono en la mano, perdiendo la consciencia.

El sonido de la puerta al abrirse me saca de mi duermevela. Oigo voces ahogadas, algo que suena mucho como a besos y un gruñido.

Me doy la vuelta, despego un poco los párpados y puedo percibir las figuras borrosas de dos tipos en la entrada, unidos por los labios, y por las caderas, con las piernas entrelazadas.

- Hn – gruño – Buscaros una habitación.

El sonido de sus labios al separarse se hace repentino y el Príncipe Sudoroso da un respingo.

- ¡Oh, Jean!

- Sep – es todo lo que puedo decir, sentándome erguido y restregándome los ojos.

- Vuelve a dormiiiiir – canturrea Reiner, agachándose un poco, oscilando hacia un lado al hacerlo. Suena como si estuviera borracho como una cuba – Vamos a estar en mi cuarto y...

- Dios santo – le corto, cojo mi teléfono y me levanto inmediatamente – De acuerdo, me voy. Me voy. No digas más, me voy – alzo las manos frente a mí en un intento de bloquear la extraña imagen mental y cierro la puerta de la habitación detrás de mí con un golpe que resuena en mis oídos.

¿A qué maldita hora aparecen? me pregunto mentalmente, cansado. Pulso el botón redondo de mi iPhone y leo un borroso 2:18 en negrita en la pantalla, en números blancos.

- Joder...

Un bostezo inevitable sale de mi boca y me estiro un poco, tirándome en mi litera. Las sábanas están frías y me desearía estar todavía envuelto en la áspera manta que huele sospechosamente raro.

Me meto bajo las sábanas y me doy la vuelta, creando con los pies un hoyo entre los pliegues del edredón. Justo en el momento en que estoy a punto de quedarme dormido, es cuando lo oigo.

Oh, Dios. No dejes que esto me pase a mí.

- ¡Ah, joder! ¡Reiner!

Casi se me salen los ojos de las órbitas. Al principio no puedo creer lo que oigo y me convenzo a mí mismo de que quizá Berhtoldt solo se ha dado un golpe en el dedo o algo...

Pero claramente no es el caso, porque después oigo chirriar los muelles de la cama, arriba y abajo, graves gruñidos y un extraño sonido como de golpeteo.

Me tapo la boca con una mano y me quedo allí tumbado, horrorizado por lo que oigo en la habitación de al lado. Instintivamente alcanzo mi teléfono y busco en la lista de contactos (la cual, desafortunadamente para mí, no es precisamente muy larga) hasta que encuentro el nombre que quería.

Comienzo a escribir frenéticamente, mirando sobre mi hombro a cada pocas palabras para comprobar el horror que inmediatamente conmociona mi cuerpo.

- Mierda, fóllame.

Hostia puta, ¿ese era Bertholdt? Sinceramente, no puedo creer que haya escuchado eso de su boca. Un gruñido inhumano emana del cuarto y un escalofrío recorre mi espalda.

Empiezo a escribir más rápido.

Para: Marco.

Estás despierto? Contesta Jesús pecoso POR FAVOR.

Por favor contesta, por favor contesta, por favor contesta. Sé que son las dos de la mañana pero sería genial que estuvieras despierto, en serio sería genial ahora mismo.

Después de esperar unos pocos minutos, obtengo una respuesta.

De: Marco.

Sí, ¿qué pasa Jean? ¿Va todo bien?

Trago saliva. Del otro lado del dormitorio vienen un montón de gemidos y encojo las piernas contra mi pecho, frío, incómodo y 500% trastornado.

- ¡JODER!

Mis dedos se mueven con rapidez al enviar el mensaje.

Para: Marco.

¿Puedes hablar ahora? Aquí está pasando algo que no debería y estoy flipando mucho.

Es más rápido en responder esta vez.

De: Marco.

¡Claro, dame un minuto!

Antes de darme cuenta, se enciende la luz del teléfono y comienza a sonar el tono de llamada. Deslizo el botón de "desbloquear", me llevo el teléfono a la oreja y suspiro.

- ¿Marco? – pregunto en voz muy baja.

- ¿Sí, Jean? – contesta, claramente confundido. Suena preocupado - ¿Estás bien?

- No demasiado.

Justo entonces, el sonido de la cama chirriando arriba y abajo y ese marcado sonido de golpeteo se hacen más frecuentes.

- Vale – respiro – Reiner y Bertholdt acaban de volver de una fiesta y están... – ni siquiera soy capaz de terminar. Arrugo la nariz y Dios, esto es tan desafortunado.

La voz de Marco suena ahora aún más preocupada.

- ¿Qué pasa?

Lo suelto rápidamente, formando una única palabra.

- ReineryBertholdtestánfollandoenlahabitacióndeallado.

Él tose ruidosamente.

- QUÉ.

- ¡Dije que están follando! – siseo.

Una sonora risa resuena al otro lado del teléfono, seguida de risitas nerviosas más amortiguadas (sí, este mierdecillas está soltando risitas). Me lo imagino tapándose la nariz con la camisa para no hacer ruido porque son como las dos de la mañana y sus padres probablemente estén dormidos.

- Han venido a casa, borrachos, liándose en el recibidor con la puerta abierta, me han echado del sillón... Estaba intentando dormir otra vez y han empezado a darse por detrás...

- ¿Por detrás? – repite Marco, y empieza a reírse otra vez.

Me quedo callado un segundo, escuchando su voz al otro lado del teléfono y sintiéndome algo más consolado. Pero solo un poco. Porque esto todavía sigue y aún no estoy bien con ello.

- Solo quédate callado un segundo – digo, y después añado – Voy a poner el altavoz para que puedas experimentar el horror por ti mismo.

Le escucho decir "oh, Dios" y procedo a separar el teléfono de mi oreja, poner el altavoz y esperar.

- Allá van – suspiro, aterrado.

Durante un minuto solo escuchamos el sonido de golpeteo, pero después se hace más fuerte y comienza el gran final.

- ¡Eres tan jodidamente estrecho!

Un extraño siseo sale del teléfono y sé que Marco entiende la gravedad de la situación.

- ¡Fóllame!

Un extraño sonido ahogado.

- ¡Eres una maldita y sucia perra! – gruñe Reiner.

La voz de Marco es ahora un susurro, pero está totalmente desconcertado.

- Oh por Dios, realmente está pasando.

Apago el altavoz.

- Ayúdame – mi voz suena como si estuviera a punto de llorar.

- Lo siento mucho – hace una pausa – Por suerte todo acabará pronto. Quiero decir, no pueden seguir para siempre ¿verdad?

- Solo nos queda rezar.

Marco se queda callado un minuto, luego dice:

- Jesús pecoso ha escuchado tus oraciones, hijo.

No puedo evitar escupir sin querer al empezar a reír.

- DIOS.

- Sí, pero – continúa, un poco más serio ahora – Solo dales otros diez minutos. Estarán roncando dentro de nada.

La idea de tener que esperar otros diez minutos solo en la oscuridad es terrorífica. Entonces pienso en Marco, al otro lado del teléfono, y en cómo por alguna razón el nudo de mi estómago comienza a deshacerse con el sonido de su voz viajando hasta mí desde muchos kilómetros de distancia.

Tener un amigo es algo extraño.

Pero puede que sea algo bueno.

- ¿Me harás compañía en el teléfono hasta que se haya acabado?

Puedo visualizar cómo sonríe.

- Por supuesto, Jean.

Dice mi nombre y me cubro aún más con las mantas, tapándome hasta la barbilla. Una sonrisa involuntaria se dibuja en mi rostro.

El dormitorio está frío, pero siento la cara caliente.

- ¡AHH, VOY A ACABAR!

El grito repentino de Bertholdt me hace sentir como si me ahogara.

- Uno fuera, falta el otro – digo, haciendo reír a Marco.

Espera, pienso. Espera...

No mucho después, oigo a Reiner gritar el nombre de Bertholdt junto con una amplia variedad de palabrotas tras él. No puedo evitar sentir vergüenza pensando en que nunca volveré a ser capaz de mirar a esos dos de la misma forma otra vez y en cómo Marco es tan jodidamente afortunado de no estar aquí ahora mismo para aguantar toda esta mierda.

- Bien – dejo escapar un suspiro de alivio.

- ¿Se acabó?

- Eso creo.

Él ríe por lo bajo.

- ¿Lo ves? ¿Qué te dije?

Marco es muy buen tío. El hecho de que aguantara mi sufrimiento cuando podría estar en la cama durmiendo ahora mismo sin ninguna preocupación me hace sentir culpable y agradecido al mismo tiempo.

- Gracias, tío. Sinceramente, no sé cómo habría sobrevivido a esto sin ti.

Hay una larga pausa dramática al otro lado del teléfono, pero cuando habla de nuevo algo en su voz suena diferente.

- Cuando quieras. Ahora intenta dormir un poco.

- Lo siento si te he despertado.

Ahora es él quien suspira.

- Está bien, estaba despierto de todos modos.

- ¿En serio?

- Mmm – chasquea la lengua suavemente – Estaba viendo una película.

- ¿Sí? ¿Cuál?

- "Encuentros paranormales" – responde – Una mala elección para antes de dormir. Terminó hace un rato pero me quedé pensando sobre lo escalofriante que es.

- La he visto – digo – Estuvo bastante bien. Soy aficionado a las películas de terror, de todas formas.

- ¿Ah sí?

- Quiero decir, sí, se podría decir que sí – contesto, con algo de arrogancia en la voz; después río una vez – Nah, aunque en realidad tengo una gran colección.

- ¿Tienes "Carrie"?

- Tengo "Carrie" – pongo los ojos en blanco – O sea, ni siquiera da tanto miedo, pero es un clásico.

- Creía que daba miedo.

- Bueno, es porque eres un cagueta.

Él protesta.

- ¡Eh!

- Nada – pero estoy sonriendo y, obviamente, no me importa en realidad si piensa que "Carrie" da miedo o no. Solo estoy contento de tener a alguien con quien hablar porque siento que nunca he tenido a nadie con quien hacerlo tan fácilmente.

Lo cual es extraño, especialmente porque he visto a este tipo desnudo, y se podría pensar que ver a tu compañero de cuarto desnudo haría que el curso fuera realmente incómodo. Terminó siendo una bendición subyacente, porque después de eso fue como si se derribara un muro.

Y ahora estoy hablando por teléfono con el tipo.

Es simplemente extraño, supongo.

Un suspiro escapa de mi boca.

- Bueno, voy a intentar dormir un poco. Tú deberías también, si puedes.

- Sí – responde dudoso – Lo intentaré.

- Solo recuerda que nada de la película es real y que no vas a ser poseído por demonios porque tu casa no es un antiguo psiquiátrico.

- Simplemente no me gusta el hecho de que haya que cruzar el vestíbulo para ir de mi cuarto al baño – suspira – y sigo pensando en cómo el negro se convirtió en un demonio, salió de la bañera lleno de sangre y se llevó a otro tío con él.

Ahora sonrío ampliamente, pero es una sonrisa cansada, no obstante; me siento como si acabara de correr una maratón porque el trauma que conservo de los sucesos de esta noche es demasiado grande.

- No va a pasar nada, tío. Si en un rato aún no consigues dormir, puedes llamarme ¿de acuerdo?

- Vale – ríe, aunque nerviosamente – Gracias, Jean.

Sigue diciendo mi nombre, pienso, y no puedo evitar sentir algo extraño en el pecho.

- No hay problema – digo.

Él también parece cansado; espero que pueda dormir algo antes de que amanezca.

- Buenas noches, Jean. Te veré el domingo.

La amplia sonrisa en mi rostro se desvanece un poco y otra vez me arde la cara.

- Sí, nos vemos.

Antes de darme cuenta, me quedo dormido con el sonido de los fuertes ronquidos de Reiner que vienen de la habitación de al lado... Pero apenas me entero porque la última cosa que oigo antes de caer dormido es la voz de Marco resonando en mis oídos.

Y ya no me siento tan solo.


Esta parte fue traducida por SheenaRogers, aquí sus anotaciones.

*En el original es "twin bed" que, según he investigado por internet, se refiere a lo que sería una cama individual (o lo que es lo mismo, la típica cama de 80-90 en España). El significado de la expresión "twin bed" (literalmente, "cama gemela") puede referirse a que hay dos camas individuales iguales en el mismo cuarto, la de Jean y la de Marco (como cuando en los hoteles hay una habitación doble con dos camas en lugar de una de matrimonio). En este caso, como se verá más adelante, son dos literas con una sola cama cada una, la de arriba, mientras que debajo se encuentra el espacio para el escritorio.

*Jean utiliza diferentes apodos con Marco y los demás a lo largo del fic, los que queden bien en español (como en este caso) los traduciré, los que no dejaré el original con una nota explicativa.

*En el original es "key card", es decir, una de esas tarjetas magnéticas como las que se utilizan en algunos hoteles. Lo he dejado simplemente como "llave" porque hasta donde yo sé, en español a esas tarjetas se les llama simplemente "llave" también.

*Se trata de un programa de televisión, cuya traducción al español sería algo así como "propietarios primerizos." Trata acerca de las experiencias de gente que va a comprar una casa por primera vez. Se emite en el canal estadounidense HGTV, que se enfoca en programas relacionados con el hogar, el jardín, etc.

*Juego de palabras entre "Tuesday" (martes) y "nude" (desnudo).

*En el original es "flip phone", que son esos antiguos móviles con tapa que había que abrir para acceder a teclado (por un lado) y pantalla (por otro).

*En el original, queda más clara la diferencia entre "typing" (mandar un whatsapp) y "texting" (escribir un mensaje). Marco no tiene un smartphone así que solo puede enviar mensajes. Lo aclaro porque en español se suele utilizar "escribir" para ambas acciones (o, en su caso, mandar un whatsapp). Podría poner "whatsappear" pero pienso que quedaría raro.

*Son una especie de snacks saludables en forma de pajitas, hay diferentes sabores como patata, manzana, etc. Éstas en particular son un mix de sabores (tomate, patata, espinaca) al aceite de romero.

*Se trata de unos dulces que consisten en una especie de galletas o bizcochos rellenos con masas de diferentes sabores (chocolate, manzana, fresa, canela, etc.), a veces llevan glaseado por encima.