2-. El caso Malfoy

Harry y yo caminábamos por los pasillos del ministerio hacia el despacho del ministro.

Ambos nos preguntábamos silenciosamente que sería lo que quería comentarnos con tanta urgencia. Pero no se me ocurría nada, y a juzgar por la expresión de Harry le pasaba exactamente lo mismo. Ya nos encontrábamos en la puerta del despacho, levanté la mano y golpeé suavemente la puerta.

- Adelante.

Pasamos y nos sentamos en las sillas de enfrente de la mesa. Arthur Weasley nos miraba sin mostrar expresión alguna. Sí señores, Arthur es el nuevo ministro de magia, cargo que ocupo hace ocho meses.

- ¿De que quería hablarnos, señor Weasley?

- Harry, Harry, después de tantos años, ¿aún me sigues llamando por mi apellido? ¡ Qué hay confianza, hijo! Eres mi yerno.

- Disculpe señor W... Arthur. ¿Que es eso tan importante?

- En realidad con quien quiero hablar es con Hermione- contesta observando mi reacción-. Pero hemos creído conveniente que tu estés presente- al ver que ninguno de los dos comentábamos nada siguió hablando.- El motivo por el que os hemos llamado es muy simple. Hermione tienes un nuevo caso.

- ¿Nuevo caso? Creo recordar que los casos los elijo yo, Arthur- replico molesta. Nunca me han gustado que me digan lo que tengo que hacer.

- Ya lo se Hermione. Pero es un caso especial. El asunto es que dicha persona quiere que por todos los medios lo defiendas tu. No quiere aceptar ningún otro abogado. Y está dispuesto a donar una gran cantidad de dinero a ti y al ministerio.

- ¿Dinero? ¿En eso se resume todo, no? Como sabrás, Arthur no es que me haga falta especialmente- le corto sarcástica.

- No digas que no antes de saber de que va, porfavor.

- ¿ Y quién es quien quiere por todos los medios que lo defienda Hermione?¿Y por qué tengo que estar yo presente?

- Todo a su debido momento, Harry. Y a lo de qué estés presente, al fin y al cabo eres auror, ¿no? Ten presente que tanto si es inocente o no, es un delincuente. No podemos dejar que Hermione se cite a solas con él. Y como mejor amigo he pensado que ese deber te pertenece.

- ¿ De qué trata el caso?- pregunto curiosa. Tanto secretismo me está poniendo nerviosa.

- Intento de asesinato, cómplice de asesinato, autor de allanamiento de morada, seguidor de Voldemort...

- ¿No pretenderas que defienda a Malfoy, verdad?

- Así es Harry.

- Espera, ¿que?- defender a Malfoy. ¿Es que acaso se ha vuelto loco?- ¿QUE? ¿Estas loco, Arthur? ¿Es qué acaso no sabes que me ha echo la vida imposible? Mi vida en Hogwarts era un infierno por su culpa y su estúpida idea de los estúpidos estatus de sangre. ¿ Y ahora quieres que lo defienda? Antes muerta. Estaremos todos mucho mejor si lo encierran en Azkaban para siempre.

Había acabado gritando sin poder evitarlo. Esto era indignante. Sin previo aviso mis piernas empezaron a correr con un único objetivo: aire.

Pero, ¿que se había creído el idiota de Malfoy? Sobornar al ministro, creo que no se ha dado cuenta de que eso es un delito. Pero tan culpable es él como Arthur. Y no puedo culpar a uno sin salpicar al otro y al fin y al cabo no le puedo hacer eso a mi suegro. Demasiado listo.

- Estúpido Malfoy.

¿ De verdad se cree que por unos cuantos galeones le voy a defender? Como se nota que no me conoce. Ni por todo el oro de Gringgots lo haría.

No se ni porque me estoy preocupando por mi que se pudra.

Me aparezco a unas cuantas colinas de la madriguera. No estoy de humor para hablar con nadie todavía. Lo que más necesito en estos momentos es tranquilidad.

Estúpido Malfoy, se cree que por tener una de las mayores fortunas del mundo mágico puede hacer lo que le de la gana, pues está muy equivocado, con Hermione Granger no se juega.

Decido que es mejor olvidar el tema, hacer como que no ha pasado nada, como si nunca hubiera salido de la madriguera y nunca hubiera llegado el dichoso patronus del dichoso ayudante del ministro, osease, el dichoso patronus del dichoso Percy Weasley. Será mejor para todos olvidarlo, mejor dicho, será mejor para mi olvidarlo.

- Ya está aquí- grita Ginny nada más verme-. Harry dice que os aparecisteis a la vez pero que te has debido de perder.

- Oh... si. Ya sabes que no se me da muy bien aparecerme- agradezco internamente la mentira piadosa de Harry. No se me apetece que se abra un debate sobre Malfoy.

El resto de la tarde pasó sin ningún inconveniente más. En el momento de partir me acordé de algo.

- Liam, ven- el pequeño de casi cinco años vino corriendo-. Toma esto es para ti.

Saque de mi bolso una pequeña cajita que con un toque de varita y una palabra volvió a su tamaño natural.

- Pero tía Herm, mi cumpleaños no es hasta el mes que viene.

- ¿Asi? Si no lo quieres me lo llevo- digo haciéndome la inocente, preparándome para volver el regalo pequeño.

- No, no, no, no. Has dicho que es para mí- replica enfadado rompiendo el papel de regalo. Su cara se iluminó por momentos- Pero, pero... si es la replica exacta del campo de quidditch de Londres, con todos los jugadores. Mira mamá, es la tía Gin- dijo casi gritando de la emoción mientras los pequeños jugadores se colocaban en sus puestos dispuestos a comenzar con el entrenamiento. Katie murmuro un silencioso gracias mientras Liam me abrazaba.

- Bueno, ¿que? ¿Nos vamos ya?- saltó Ron.