¡HOLA! Aquí tenéis el segundo capitulo de la historia Que debo elegir. Siento el retraso, pero lo he subido mas tarde para ver como iba de entrada el primer capitulo y que cosas me decíais para mejorar la historia entonces me espere un poco para ver que decíais. Bueno e aquí el segundo capitulo.

Anabeth:

Anabeth se levanto esa misma mañana con mareo y nauseas, había tenido pesadillas constantemente de manera que no había podido dormir, y para colmo la tarde anterior había sido perseguida por una horda entera de mounstros y había arrollado a un chico de su misma edad.

-Hora de desayunar-se escucho decir a unos cuantos semidioses de la cabaña de Hermes que iba despertando a cada uno de los campistas.

Anabeth aun aturdida por la falta de sueño se ducho y se cambio de ropa.

-¿Que tal ha ido la noche?-dijo Quirón apresurándose hacia Anabeth.

-Como casi todas-respondió Anabeth suspirando.-Ayer me persiguió una docena de mountros camino del campamento.

-Pero te encuentras bien-pregunto preocupado Quirón.

-Claro que si-respondió Anabeth.

-Bien pues desayuna y equípate bien, hoy toca jugar a capturar la bandera-se despidió Quirón alejándose.

Mas tarde Anabeth se fue a desayunar.

-¿Que tal?-pregunto Grover-¿Ya estas mejor después de lo que paso ayer?

-Si, Grover-contesto decepcionada Anabeth-Me encuentro bien lo que pasa es que me impacto que ya sabes quien este haciendo este tipo de cosas, lo conozco desde los siete…

-Venga no recuerdes ese tipo de cosas te harán sentir peor.

-Tienes razón, tengo que dejar de pensar en eso Grover-admitió Anabeth-Voy a prepararme para capturar la bandera.

-Pero si nos has terminado de desayunar-replico Grover.

-Lo siento Grover no tengo hambre-replico Anabeth.

-Entonces me dejas comerme tu desayuno.-dijo sonriendo Grover.

-Siii.-respondió Anabeth riendo mientras se iba a la cabaña de Atenea.

Tras que Anabeth se preparara para el juego y Quirón le diera inicio Clarisse y Anabeth se quedaron vigilando la bandera colocada en la colina mestiza.

-Anabeth, me permites hacerte una pregunta-empezó diciendo Clarisse.

-Claro.

-¿Por que no vas con tu gorra de yankee? Últimamente siempre la llevas-formulo Clarisse

-Por Zeus Clarisse claro que la llevo-dijo Anabeth mientras se tocaba la cabeza y se daba cuenta de que su amiga le decía la verdad.-Oh no, ¿Dónde la habré dejado?

-A lo mejor ayer cuando te persiguieron se te callo.

-Tienes razón-dijo Anabeth como si le hubieran dado respuestas a el mas difícil de los enigmas.

-Cuando tropecé con aquel chico-dijo Anabeth mientras de ruborizaba al pronunciar la palabra ``chico ´´.

-Valla, Anabeth la invencible hija de Atenea se ruborizada por pensar en un chico-dijo su amiga dándose cuenta de los pensamientos de su amiga.

-Ja, ja, ja.-dijo Anabeth indignada-Le pediré a Grover que siga el rastro e iremos a reclamarla.

-Bien lo único que espero es que no te quite confianza en ti misma-dijo Clarisse sonriendo

-Puede que si que me quite pero no la suficiente para perder contra eso idiotas que vienen por ahí-dijo Anabeth señalando con la barbilla a unos mestizos ocultos detrás de unos matorrales.

De repente estos atacaron y Clarisse y Anabeth contestaron de la misma manera.

Percy:

-Venga Percy, despierta-dijo la voz de su madre desde el pasillo.- ¿No habías quedado con tu amigo Grover esta mañana?

Percy abrió los ojos de golpe, se levanto de golpe de la cama y miro el reloj, ¡eran las 11:00 de la mañana!

-Gracias mamá-dijo Percy.

Quince minutos después Percy se había levantado, duchado cambiado y dirigió hacía la cocina

-Creo que alguien se acostó ayer tarde con el ordenador-dijo nuevamente su madre.

-Mamá, ayer era viernes-se justifico Percy.

-Y hoy el día en el que has hecho esperar ha tu amigo en el salón-le replico la madre de Percy.

-¡Ya esta aquí!-dijo avergonzado Percy.

-Si ya estoy aquí, Percy-dijo Grover entrando en la cocina.

-Lo siento Grover, venga ya nos podemos ir.

-Espera Percy no vas a desayunar-Replico Grover.

-Tranquilo, ya me comprare algo por ahí.

-Bien nos podemos ir-afirmo Grover.

-Adiós-dijeron los dos al unísono mientras salían por la puerta.