CAPITULO 2
(Pov Hannival)
La sujeté del brazo y caminé con ella hacia la sala que tenía en la Casa Casannova, abrí la puerta con mi llave y le hice un gesto.
Ella se arrodillo con los ojos llenos de lágrimas y entró a gatas como tenía que ser.
Encendí un cigarrillo y cerré la puerta detrás de mí.
-Quítate la ropa Anna-.
Ella se quitó la ropa despacio y la dejó a un lado ordenadamente como le había enseñado.
-¿Que debería hacer con una niña tan desobediente como tú?-.
No respondió lo cual estaba bien.
-Dime que debería hacer- dije fumando y apoyando la espalda sobre la pared- ¿porque Dios me castiga con una niña tan desobediente?-.
Ella lloró y sorbió su nariz.
-Haré lo que tú me digas- susurró-.
-Eso no es suficiente, quiero que hagas lo que yo diga porque sabes que mereces ser castigada y sabes que mereces todo lo que yo te haga-.
-Lo merezco- susurró-.
Apagué el cigarrillo y exhalé el humo por la nariz, cerré los ojos un momento y la miré fijamente.
-Levántate Anna-.
-No me llames así- susurró-.
Me acerqué a ella y le di una nalgada tan fuerte que la mano me picó, ella dio un respingo y siguió llorando.
-Te llamaré como yo quiera niña desobediente- siseé-.
Asintió despacio.
-Tu placer es mío, deberías de entender que tu placer es solo mío ANNA- grité su nombre-.
Ella tembló ligeramente y asintió despacio.
-No quiero que veas, no mereces verme, no tienes ese privilegio-.
Le puse una venda negra la cual cogí del pequeño armario donde tenía los juguetes que usaba con mi esposa.
-Tampoco quiero que muevas las manos- le até las manos detrás de la espalda con una soga y luego le até los pies-.
La ayudé a llegar a un potro recubierto de cuero donde la incliné boca abajo.
-Este castigo se dividirá, serán tres días y el primero... será suave-Le di otra nalgada y ella gritó.
-Necesito oír un "si"-.
-Si- susurró sin voz-.
-¿Y eso porque?-.
Deslicé mis dedos por su sexo y esta húmeda y caliente, me encantaba verla así.
Fui hacia al armario y tomé un huevo vibrador con control, lo deslicé en el interior de su sexo sin apenas esfuerzo estaba cerca de correrse.
-No te correrás Anna, ¿porqué no te vas a correr?-.
Puse con el control del mando un número elevado.
Ella gimió y gritó.
-¿PORQUE?- grité dándole con la palma de mi mano dejando la misma marcada en su ya sonrojada piel-.
-¡PORQUE LO NO MEREZCO!- gritó mientras lloraba-.
-precisamente por eso, te quedarás aquí así hasta que me canse, y si te corres Anna... ten por seguro que no te tocaré en meses-.
