¡Hola! Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer. Agradezco los comentarios que me dejaron, muchas gracias de verdad TwT
Aquí está la continuación, un poco más suave que el primer capítulo XD
Dissclaimer: Los personajes de KOF y todas sus referencias no me pertenecen.
Summary: Capítulo 2: ¿Cómo se llamaba esa sensación que recorría su pecho? Tranquilidad, le habían dicho. Ella sonrió inocentemente al notar que sólo estar cerca de él la hacía sentirse así. Un momento de paz, antes de que la tormenta se desatara.
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Bleed to death
Chapter two
Su inocencia sólo es comparable con su enorme poder.
– ¿Quién es esta mujer y qué quería de ti? –
La respiración de Kensou estaba agitada, mientras se ponía de pie con algo de dificultad, la sangre empapaba su torso, producto de un ataque certero y filoso. Kula se acercó rápidamente a ayudarlo antes de que la gravedad lo derrotara.
– Sinceramente… – Dijo el joven castaño con cansancio – No lo sé… –
Diana no quedó satisfecha con la respuesta. Observó a la mujer que había sido derrotada por Kula y él momentos atrás y frunció su ceño.
– Yo sólo estaba entrenando y ella apareció de la nada – Kensou se apretó el estómago con una expresión dolorida.
Diana se puso aún más seria – Pues dudo que saliera de la nada, este no es un lugar que visites por casualidad. Estamos demasiado lejos –
El muchacho desvió su mirada hacia su atacante. Su cara no le era familiar y no recordaba haberse hecho merecedor de la paliza que le habían dado.
– ¿Y bien? – La mujer pelinegra continuó preguntando – ¿Te dijo algo? ¿Por qué te atacó? –
Kensou negó cansadamente – No lo sé… no recuerdo… – Pero la debilidad pudo con él y las palabras ya no salieron de su boca.
Diana soltó un suspiro de resignación y no volvió a insistir. Ella y Kula ayudaron al herido castaño a caminar, para poder llevarlo al pueblo y ahí poder curarlo.
Pero cuando Diana regresó por la misteriosa mujer…
Ella ya no estaba.
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Los árboles pasaban uno tras otro por su ventana.
K´ mantenía su vista fija en el paisaje con su expresión más seria de lo normal.
Máxima no le decía nada, sabía que su amigo no mostraba ningún tipo de expresión normalmente y que, cuando lo hacía, era algo que no comentaba.
Llevaban ya un par de días viajando, K´ ni siquiera lo pensó para irse cuando Diana les envió un mensaje urgente diciéndoles que Kula había enfrentado a una desconocida muy poderosa y que había salvado al peleador llamado Kensou.
Sin embargo, y aunque habían derrotado a la atacante, la mujer había desaparecido sin dejar rastro. Y de Kensou tampoco sabían nada, puesto que se había marchado poco después.
Diana les dijo que era necesario verlos, que tenía un mal presentimiento con todo aquello. Sumándole a todo que Máxima se había filtrado en la red militar y había descubierto que por lo menos diez luchadores del KOF habían sido atacados y heridos de gravedad, el peliblanco prácticamente arrastró a su amigo para irse rápidamente.
El hombre mayor carraspeó un poco para conseguir la atención de su amigo. K´ volteó para encararlo, Máxima no sabía si lo estaba viendo debido a que llevaba puestos sus lentes oscuros.
– Llegaremos mañana en la noche – Máxima colocó sus brazos detrás de su cabeza – Tomaremos otro tren en la próxima estación –
K´ no se movió de su posición.
– Tal vez deberíamos contactar a tu hermana – sugirió el castaño, el muchacho siguió estático – Podría darnos más información –
–… Como quieras – respondió después de un rato.
No hubo más plática hasta que llegaron a la estación y tomaron el otro tren, para cuando eso pasó ya había anochecido.
K´ no pudo dormir durante el trayecto, todo lo contrario a Máxima que descansaba en el asiento de enfrente. El ojiazul simplemente no dormiría por más cansado que estuviera… porque estaba confundido.
No podía explicar el hecho de haber percibido la energía de Kula días atrás. ¿Eso qué significaba? No encontraba sentido alguno. ¿Ella también podía percibir su presencia?
Su cabeza era un remolino de pensamientos y sensaciones que lo confundían.
Él mismo no podía explicar su desesperación por llegar y cerciorarse de que… de que… ¡Demonios! ¡¿Quería cerciorarse de que ella estuviera bien?! ¡Pero qué estúpido! ¡Por supuesto que estaba bien! Ella podía arreglárselas sola sin importar la situación, era fuerte, él lo sabía.
Pero aún así, y como siempre le sucedía con ella, se preocupaba demasiado.
– Soy un idiota – murmuró para sí mismo.
Ya no quiso pensar nada más, cerró sus ojos y se obligó a dormir, con la imagen de una pequeña muchacha presente en su mente.
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– Esta es la lista de los peleadores que hemos encontrado y que están confirmados, General –
– Excelente – El soldado veterano tomó el informe que le entregó su subordinado y lo leyó minuciosamente. A medida que avanzaba, su ceño se fruncía más.
Desde su posición, Ralf Jones esperaba impaciente a que Heidern terminara y él pudiera enterarse de lo que estaba pasando. Detrás de él y en completo silencio, sus compañeros Clark, Leona y Whip permanecían pendientes de cualquier reacción de su superior al mando.
Heidern terminó de leer y su inmutable temple no se alteró – Los dejaré a cargo de esta misión – tiró el papel sobre la mesa de manera que Ralf y los otros pudieran ver los nombres que estaban escritos.
Las caras de asombro no se hicieron esperar, Ralf no podía creer que todos esos peleadores hubieran sido derrotados, algunos nombres que estaban escritos pertenecían a peleadores excepcionales.
Whip suspiró aliviada cuando no encontró el nombre de su hermano o el de algún conocido en la lista.
– ¿Cuáles son las ordenes, Señor? – preguntó Ralf.
– Encontrarlos… – Dijo el hombre con voz dura – Si se puede interrogarlos, si no… – miró a sus subordinados y su puño chocó contra el escritorio haciendo volar los papeles –… Tienen permiso de neutralizar –
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Fue un ataque demasiado rápido y violento.
Ni siquiera utilizando su fuerza descomunal fue capaz de acercarse un poco a él, porque cuando se dio cuenta, su mano no pudo seguir cargando la enorme bola de acero que cargaba como arma.
El ex-criminal de nombre Chang, cayó al suelo envuelto en dolor y al borde de la inconsciencia, causando un estruendo al impactar con el suelo.
Su ejecutor sonrió con ironía, como siempre lo hacía antes de dar su golpe de gracia – Oi, bola de manteca… no me causa ningún gusto matarte, preferiría estar jugando con una linda chica en vez de alguien tan inútil como tú –
Hebi se acercó a Chang y lo pateó para darle la vuelta. El hombre del equipo coreano gimió de dolor.
– Ahora me dirás qué sabes acerca de la Llave del fuego y del hielo ¿verdad? –
– Yo… no tengo idea… – chilló el peleador.
– Temee (Bastardo), ¡¿Acaso quieres morir?! – gritó colérico el atacante, al tiempo que enterraba su mano en el estomago de Chang.
El enorme hombre se revolvió y se retorció dolorosamente – ¡Te lo juro! – Lanzó un alarido – ¡No sé nada! ¡Jamás lo había escuchado! –
– Entonces supongo que debo matarte – Hebi se sentó sobre el hombre herido – Bueno, cambiaré de pregunta… ¿Has escuchado acerca de NESTS? –
Chang le miró pasmado.
– Pues supongo que sí lo has hecho – el joven se peinó su cabello oscuro – Las Llaves del hielo y del fuego están en manos de alguien que ha tenido contacto con ellos – Hebi miró de reojo al ex-convicto – Todos ustedes lo han hecho… ahora dime ¿Dónde crees que pueden estar? –
Chang suprimió el sufrimiento que sentía – No… sé nada… AHAAAAA! – su brazo izquierdo fue prácticamente destrozado.
– Respuesta incorrecta, gordo –
– ¡Ya basta! – Comenzó a suplicar – ¡No me mates! ¡No me mates! ¡Te lo ruego! ¡No me mates! –
El chico de cabellos oscuros rió – Entonces… – Con su mano levantó del cuello a Chang –… dime algo de valor y te dejaré con vida –
Chang volvió a gemir, la sangre brotaba y se escurría por todo su cuerpo, intentó apartar la mano de Hebi pero no pudo. Finalmente, el miedo a morir pudo más que su honor como peleador…
– Conozco… a personas que formaban parte de NESTS… – confesó – Poderes de fuego… son varios hombres… con hielo… una mujer… –
Hebi no pudo ocultar la sonrisa de satisfacción. Por fin la buena suerte estaba de su lado – Dime dónde están… –
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Ese pueblo sí que estaba demasiado lejos.
No es que no le gustara caminar, pero el relieve del lugar hacía bastante difícil dar un paso sin tropezar con una piedra. Fue hasta aproximadamente unas tres horas después, que pudieron ver unas casas en medio del bosque en la montaña.
– Estamos cerca – Le informó Máxima – No deben estar muy lejos del poblado –
K´ lo seguía sin decir nada.
– Démonos prisa – dijo su amigo.
Ambos hombres caminaron intentando no llamar la atención de los lugareños, cosa que fue en vano debido al tamaño del mayor.
K´ se sintió raro, tenía demasiado tiempo que no veía a tantas personas y de repente Máxima desapareció de su campo visual.
– ¿Qué? – Confundido, miró hacia todos lados. Estaba a punto de llamarlo cuando un objeto redondo apareció frente a sus ojos, demasiado cerca para su gusto – ¿Qué demonios es esto? –
– Tómalo – Detrás de él, Máxima le miraba sonriente.
– ¿Qué se supone que haré con esto? – dijo molesto el ojiazul.
– No podemos llegar con las manos vacías – El hombre castaño comenzó a alejarse – Además lo compré con mi dinero, no seas malagradecido –
– Kuso (Maldición)… – De mala gana, K´ guardó el objeto en su chaqueta, sacó sus lentes y se los puso. Y sin ningún tipo de ánimo siguió al mayor.
– Camina más rápido –
– Cállate, idiota –
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Sentía claramente la luz que se filtraba por la ventana chocar contra su rostro y escuchaba el alboroto que Foxy y Diana estaban armando en la cocina.
Kula no tenía ni la más mínima intención de levantarse, se estiró un poco por toda la cama y dejó que la pereza invadiera su cuerpo. Dispuesta a seguir así todo el día, cubrió todo su cuerpo con la sabana.
Suspiró e intentó dormir de nuevo… pero…
Una cálida onda de calor la invadió.
Sus ojos rojizos se abrieron con sorpresa, quitó la sabana de encima de ella y permaneció sentada por un rato en la cama… sintiendo ese calor.
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– Puedo agregarle un poco de pescado ¿No te parece? –
– Por supuesto que no, Foxy, el espagueti no lleva pescado –
La mujer de cabellos claros sintió una gotita de sudor recorrer su sien.
Diana únicamente negó con la cabeza – Deja que yo cocine… ¿quieres? –
– Hai (Sí) T-T –
– Ahora ve y… – Diana miró hacia la puerta – ¿Kula? ¿Qué pasa? –
La muchacha estaba parada frente a la puerta sin decir nada, Foxy se acercó a ella – ¿Te pasa algo, Kula-chan? –
– Él está aquí… – murmuró, luego extendió su mano y abrió la puerta.
– ¿Quién? – preguntó la pelinegra, Foxy por su parte se asomó para ver si encontraba a alguien en el camino.
– No hay nadie ahí, Kula-chan –
– Se está acercando – insistió la joven rubia.
Diana y Foxy intercambiaron una mirada llena de preocupación, la pelinegra estaba a punto de salir cuando su celular comenzó a vibrar, se acercó rápidamente y encontró un mensaje de Máxima en él.
"Estamos aquí" decía, la mujer se sorprendió con eso.
– ¡Ahí viene alguien! – Foxy le avisó a la pelinegra.
Diana miró por la ventana, era cierto, dos figuras se dibujaron por el sendero, una enorme y otra normal. Sin duda alguna Máxima y K´.
– ¡Se los dije! – dijo entusiasmada Kula, quien sin pensarlo dos veces, corrió para recibir a los recién llegados.
Diana y Foxy volvieron a mirarse, esta vez sin preocupación.
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El hombre castaño llevaba en su rostro una sonrisa bastante molesta. K´ lo observaba con expresión enojada.
– ¿Se puede saber por qué tienes esa cara de idiota? – no pudo seguir soportando la sonrisita de su acompañante.
– K´, deberías relajarte un poco más… ¿Qué dirá ella si llegas de mal humor? –
– ¿Qué dirá quién? El sol te afectó tus circuitos –
– Ya veremos quién es después el de la cara de idiota –
El peliblanco hizo una mueca, a veces pensaba que Máxima disfrutaba hacerlo enojar, no sabía en lo cierto que estaba. Iba a seguir discutiendo, cuando una corriente fría irrumpió su espalda. Atónito, giró su cabeza tan rápido que asustó a su amigo, Máxima copió el movimiento y entonces pudo ver a alguien corriendo hacia ellos.
– Kula… – susurró el ojiazul.
– ¡MÁXIMA-SAN! ¡K´-CHAN! –
La alegre voz de la joven llamándolos fue la mejor bienvenida que ambos hubieran recibido en mucho tiempo. La joven de blanca piel corría hacia ellos agitando sus manos.
– ¡Hey, Kula-san! – el hombre más alto devolvió con el mismo entusiasmo el saludo.
K´ ajustó sus lentes y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón.
La pequeña Kula saltó hacia el enorme hombre una vez que estuvo cerca, Máxima la atrapó en el aire.
– Máxima-san, ¡Sigues tan grande como siempre! –
– Vaya, parece que tú también has crecido mucho – respondió feliz el hombre.
Kula le regaló una sonrisa y el castaño la bajó de nuevo. Máxima le hizo una seña con su cabeza para que se fijara detrás de él, Kula obedeció y pudo observar al joven moreno que estaba ahí.
Los ojos rojizos de la chica atravesaron los oscuros lentes que K´ llevaba puestos.
– Hola… – fueron las primeras palabras que ella le dirigía después de mucho tiempo.
Una imperceptible sonrisa apareció en los labios del ojiazul – Hola… Kula… –
La muchacha no pudo evitar sentirse aún más feliz.
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Con sumo cuidado, Yuri dobló su uniforme y lo guardó en un cajón. Bajó a la cocina y tomó su monedero, era su turno de hacer las compras.
Dispuesta a salir de su casa, la joven castaña se colocó sus tenis y se dirigió a la puerta, sin embargo, en la entrada al dojo encontró a un hombre de ropas oscuras que al parecer estaba esperándola.
– ¿Es este el dojo de la familia Sakazaki? – preguntó el hombre de traje.
Yuri le miró con desconfianza – Sí, soy Yuri Sakazaki ¿en qué puedo ayudarle? –
El recién llegado metió su mano en su saco y extrajo un sobre rojo de él – Este es un avisó del General Heidern para todos los peleadores del The King of Fighters – dijo al tiempo que entregaba el sobre en las manos de Yuri.
Ryo apareció en la entrada y miró al extraño hombre y a su hermana, su ceño se frunció instantáneamente.
– He cumplido mi trabajo, me retiro – expresó el extraño, le ofreció una leve reverencia a los hermanos y salió de ahí.
Ryo se acercó a Yuri una vez que el hombre había desaparecido, la joven castaña abrió con cuidado el sobre y ambos leyeron el papel.
Ninguno de los dos pudo creer lo que ahí estaba escrito.
Los ojos de Yuri se ensancharon más de lo normal.
El mayor de los Sakazaki dio un paso hacia atrás – No… – apenas pudo decir algo – No… puede… –
Yuri miró a su hermano sin saber qué decirle.
El rubio negaba una y otra vez mientras daba pasos hacia atrás, como si con eso huyera de la realidad, Ryo tropezó y su cuerpo golpeó el piso.
La joven Sakazaki se dejó caer de rodillas.
– ¡KING! –
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– Máxima-san, ha sido muy arriesgado de su parte venir hasta acá – Foxy se sentó frente al castaño.
– De todos modos, ya ningún lugar es seguro – contestó el más grande.
– ¿Qué es lo que has averiguado? – preguntó Diana.
Los tres mayores discutían dentro de la cabaña. Fuera de ella, bajo el fresco clima del lugar, otras dos figuras permanecían inmóviles sin participar en la plática.
Kula parpadeó varias veces mientras analizaba al muchacho que estaba acostado en el pasto a un lado de ella.
El peliblanco aún llevaba puestos sus lentes, estaba algo agotado y decidió recostarse un rato, de todos modos él ya sabía lo que Máxima iba a decirles a Diana y Foxy, así que decidió quedarse un rato afuera.
Todo en ese lugar estaba silencioso, eso lo hacía sentirse relajado. Podía sentir claramente la mirada de la chica sobre él, y no sabía muy bien por qué, pero eso lo hizo ponerse nervioso, así que decidió no decir nada por un rato.
La joven rubia decidió imitar la posición de K´. De manera sigilosa se acomodó a su lado, en el proceso una de sus manos rozó sin querer el brazo del muchacho.
K´ sintió una onda fría recorrer su piel, giró su rostro y encontró a la chica acostada a un lado y mirando al cielo.
– ¿Has visto las nubes? – preguntó Kula, sin apartar su vista del firmamento.
K´ imitó la acción – Son sólo nubes… – dijo de manera fría.
Kula no pudo evitar el dejar escapar una pequeña risita. El peliblanco se sintió más nervioso con eso.
– Claro que sí, pero las nubes tienen figuras – Kula dibujó con sus dedos el contorno de una nube.
– Ahora pareces más normal, ¿sabías? – K´ colocó sus manos detrás de su cabeza.
– Diana-san y Foxy-san me han enseñado muchas cosas… – la muchacha le miró directamente – Pero tú todavía sigues siendo un amargado –
– Baka (Tonta)… – K´ no pudo sostener la mirada de la chica por mucho tiempo.
La joven de hielo se levantó de su posición, K´ sintió el movimiento y volvió a mirar a la chica, todo su cuerpo se tensó cuando la mano de Kula se acercó a su cara y le quitó los lentes.
– Me gusta más así – dijo la chica sonriente – Sin que ocultes tus ojos –
K´ se quedó petrificado, si hubiera podido verse a sí mismo en ese instante, hubiera notado que su cara se estaba tornando de un gracioso color rojo.
La muchacha terminó de levantarse y comenzó a caminar hacia la cabaña – No te quedes mucho tiempo ahí –
– ¡Oi! –
Kula se giró al escuchar que K´ la llamaba, entonces vio un objeto redondo que se dirigía hacia ella, y haciendo gala de sus reflejos atrapó lo que el moreno le había lanzado. Abrió sus manos con cuidado para descubrir que era.
– Una paleta… – dijo sorprendida.
Miró de nuevo al chico, pero este estaba otra vez en el suelo mirando las nubes.
– Arigatou… K´-chan –
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Era aproximadamente media noche.
Con el sigilo de un gato, se infiltró en el edificio sin ser detectada por ninguna cámara o ninguna alarma. Se arrastró por el tubo de ventilación sin producir la menor vibración y llegó hasta el elevador del lugar.
Era el cuarto piso, de eso estaba segura, según la última imagen del satélite que había obtenido ese era el hotel en el que se encontraba.
Iba a ser un objetivo difícil, era uno de los luchadores más reconocidos y poderosos de todo el mundo, pero confiaba en que podía con él. Podía casi asegurar que no le iba a decir nada, pero al menos podría obtener su cuerpo, que era también importante.
Por eso ella tenía la misión de matarlo…
Matar a Terry Bogard…
No cometería el mismo error que la imbécil que habían enviado a interrogar a Kensou, ella no era tan débil como el resto de los idiotas que trabajaban a su lado. Esa incompetente sin nombre había recibido su castigo por fallar.
Tora encontró al final del pasillo la puerta con el numero 45, esa era la habitación de su objetivo. Concentró su energía y respiró de manera profunda.
TRAAAHSSSSS!
La puerta fue derribada y rota en pedazos.
La mujer de cabello naranja entró dispuesta a atacar cualquier cosa que se moviera. Sin embargo, la habitación estaba en penumbras…. Y completamente vacía.
– ¡Maldición! – Gritó frustrada, el desgraciado se había ido ya – Estúpidos investigadores, voy a patearles el… –
El sonido de pasos le advirtió que pronto no estaría sola.
Resignada, sacó un celular y marcó una clave en él, haciendo que alguien le contestara casi al instante – Misión incompleta, relocalizar objetivo –
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Esa noche había dormido demasiado bien.
Incluso en la mañana, esa sensación no había desaparecido, ¿Cómo le había dicho Diana-san que se llamaba ese sentimiento? ¡Ah, sí! Se llamaba tranquilidad.
No podía explicar el por qué, pero se sentía segura rodeada de todos sus amigos… se sentía segura si él estaba cerca.
Kula se estiró por toda la cama golpeando la cara de alguien en el proceso… un momento… ¿la cara de alguien?... rápidamente quitó la sabana y descubrió al intruso.
– ¿Foxy-san? – preguntó confundida, para después recordar que la habitación de su amiga estaba siendo ocupada por el señor Máxima. Con cuidado de no despertar a la mujer, se levantó de la cama y en silencio salió de la habitación.
En la sala todo estaba callado y las ventanas aún estaban cerradas.
La joven rubia caminó hacia la cocina en busca de un bocado matutino, pero al pasar por el sofá, se detuvo, alguien estaba durmiendo ahí.
Unos mechones blancos se asomaban entre la almohada.
Estaba cansado, después de todo llevaba ya varios días sin poder dormir bien, inexplicablemente esa noche había dormido como piedra, no es que considerada el sofá cómodo, pero no tuvo problemas en conciliar el sueño, seguramente estaba tan cansado que eso no había importado.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió algo frio cerca de él, y él sabía perfectamente quién era.
K´ descubrió su rostro para encontrarse con Kula mirándolo.
– ¡Ohayou! (Buenos días) – gritó felizmente Kula.
K´ parpadeó varias a veces antes de darse cuenta de que la cara de la chica estaba tan cerca de la suya que sus respiraciones chocaban. Su cara volvió a pintarse de rojo.
– ¡AHAAA! –
La reacción de K´ asustó a Kula, quien rápidamente se alejó de él cayendo al suelo. El muchacho por su parte había tirado el sofá y se había ido de espalda con todo y el mueble.
Con ese alboroto Foxy, Diana y Máxima se habían despertado.
El más grande de todos se apareció por la puerta y miró con una enorme sonrisa la inusual escena – Hey, K´… – llamó a su amigo – ¿Quién es el de la cara de idiota ahora? – preguntó divertido.
El joven ojiazul le miró desconcertado para sonrojarse de nuevo y cubrir su cuerpo con la sabana que tenía.
Y Kula inclinó su cabeza, sin entender de qué hablaban.
El incidente de la mañana fue el tema durante todo el desayuno.
El pobre de K´, por más que fulminó con la mirada a Máxima, no pudo conseguir que dejaran de hablar de eso.
Kula reía también, pues estaba muy feliz.
Diana miraba a su protegida sin poder evitar sentirse bien, hacía mucho tiempo que no la veía tan contenta.
Y Foxy (como todos los días) intentó cocinar algo y (como todos los días) no pudo conseguir nada.
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– ¿Cuántos tenemos hasta ahora? – preguntó uno de los tantos científicos que estaban en el lugar.
– Tenemos nueve, señor – Le contestó su asistente.
– Quiero una lista con sus nombres completos y toda la información de sus habilidades, necesito también corroborar su condición –
– Sí, Señor –
En aquella enorme habitación había unos cien científicos, todos con batas de un impecable color blanco y todos ocupados con una tarea específica cada uno.
El más anciano de todos era el encargado del lugar, tenía que supervisar que absolutamente todo estuviera en orden y que cada orden fuera cumplida al pie de la letra y rápido.
La puerta detrás de él se abrió, descubriendo así, a una hermosa mujer de cabellos tan largos que casi rozaban el suelo.
– Mi señora– el científico se dobló ante la recién llegada – Es un honor tenerla aquí–
– Levántese, Doctor – la mujer de ojos negros pasó de largo ante el hombre – Deme sus nombres –
– S-sí… señoría – completamente nervioso el hombre encendió uno de los monitores y rápidamente tecleó el acceso – Estos son los cuerpos que sus luchadores han logrado capturar, Mi señora. Incluyendo a Kensou, el objetivo fallido de hace unos días, nos encargamos de él lo más rápido que pudimos –
– Los nombres, ahora – Dijo ella totalmente desinteresada.
– S-sí –
La pantalla mostró de pronto una pequeña lista.
Kasumi Tōdō
King
Shingo Yabuki
Ryuji Yamazaki
Ramón
May Lee
Blue Mary
Billy Kane
Kensou
Cada nombre en la lista incluía una foto del luchador y una breve explicación de sus habilidades.
La mujer de mirada negra no cambió su expresión mientras leía la información, el hombre mayor estaba comenzando a sudar.
– Sólo nueve… y ninguno de ellos ha dicho nada interesante – aunque en su cara no apareció ningún cambio, su voz denotaba un poco de molestia.
El científico sintió que el aire le comenzaba a faltar – Mi señora, si me permite, con la información del ADN de estos luchadores hemos podido crear a sus nuevos reclutas –
– Vaya, por lo menos han hecho algo bien… ¿Dónde están? –
El hombre hizo una reverencia y velozmente volvió a teclear algunas claves. En la parte central del lugar el piso se abrió y dos capsulas emergieron del suelo.
La mujer miró las capsulas y su contenido.
– Estos son Tsuru y Saru – señaló el científico, dentro de las capsulas habían dos cuerpos, un hombre y una mujer – Al igual que el joven Hebi y la joven Tora, estos son sus nuevos peleadores, señoría, tal y como usted los pidió –
La mujer sonrió levemente.
Una de las alarmas del lugar comenzó a sonar, y en una de las pantallas apareció un hombre de cabellos oscuros con un enorme bulto en su espalda.
Era Hebi.
– Parece que tenemos al número diez – apuntó el anciano.
– ¡Atención! ¡Abran la puerta número 32! ¡Necesitamos una camilla! ¡Nuevo espécimen arribando! –
Todo el personal se movilizó en unos pocos segundos, las capsulas del centro volvieron a sumergirse y el científico de edad avanzada corrió hacia la puerta donde Hebi había dejado el nuevo cuerpo.
Los largos cabellos de la mujer se movieron levemente por una brisa de aire causada por alguien que había aparecido detrás de ella.
– ¿Cómo te fue? – preguntó ella con calma.
Hebi mantenía una infame sonrisa en sus labios
– Encontré algo muy interesante –
La poderosa mujer se giró para verlo.
– Creo que mi suerte mejoró bastante, Señora –
Ella negó divertida – Avísale a Tora que regrese – caminó hacia la salida – Encárgate de los nuevos reclutas –
– Por supuesto –
Debajo, donde todos los científicos corrían de un lado para otro, Hebi pudo ver como metían el cuerpo del gran hombre en uno de los cuartos que había en ese laboratorio.
Sonrió con malicia y luego se esfumó en la nada.
– Nombre del sujeto: Chang, Procedencia: Corea, Número de espécimen: 10, archivando nuevo ingreso –
Continuará…
