Siete Días
(Capítulo 2)
.:OmAiRiTa:.
Bueno, bueno. Segunda parte, tardía y todo pero acá esta. Tuve un momento de crisis muy severo, pero ha pasado. Prometo el próximo capítulo más pronto y mejor, Temari me inspira. Acá está… la noche del primer día. Shikamaru POV.
Disclaimer: Bueno, obvio no me pertenece nada acá más que el alma y el juego de palabras. Gracias a Kishimoto, aunque el manga me aburra, por crear Naruto.
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1. Día uno, La sonrisa sumisa.
Francamente, tenía ganas de agarrarla de las coletas y decirle que, si creía que yo no me daba cuenta, estaba loca. Y es que, teniéndolas cerca… a las dos, mujeres problemáticas, a punto de sacarnos un tic a mí y a mi padre, ¿cómo no iba a darse cuenta uno de que estaban a punto de aventarse los platos?
Me serví un poco más de comida, comida que ni siquiera me molesté en catalogar… sólo sabía que tenía carne y que sabía a… bueno me hacía recordar a mi madre. Así que la comida no me gustaba del todo, nee? En realidad no lo hice porque tuviera hambre, ni porque me importara lo que mi madre pudiera pensar sobre mi opinión de su comida, sino que… ¿quería protegerla? Quizás…
No podía seguir comiendo, sin que nadie le hiciera segunda. Somos familia, por eso mi padre se sirvió también, comprendiendo mi táctica. ¿Táctica… para salvar a la invitada de la anfitriona? Vamos mamá… cálmate. Lo mismo para Temari, que se negaba a rechazar la comida por más que mi madre la rellenara como a un saco de papas con la excusa pobre de "Estás muy flaca".
-A este paso, tu cursi vestido de Scarlett no te va a quedar…
-Traigo un corsé, bocón.
Al parecer se dio cuenta de que había hecho mal, porque tragó con fuerza la comida que, encima, había estado masticando y miró a mi madre con miedo.
-¿Un corsé, vestido, para qué? –preguntó mi padre sirviéndose por tercera vez, más por pantalla que verdadera hambre, se servía tan poco que era ridículo.
-Ino va a dar una fiesta de disfraces victoriana… -susurré, quizás molesto, esperando la típica reacción de mis padres.
Mi padre, obvio, se empezó a reír y casi se atraganta con la comida. Un bocado y se esta muriendo, viejo chocho. A mi madre por otro lado, se le iluminó la cara y como si de su disfraz se tratara dijo:
-¡¿Scarlett O'Hara?! Qué romántico… De qué te disfrazarás tú, Shikamaru? –amplia sonrisa… sonrisa de madre controladora.
-De asno, siempre ha habido burros en la historia… -dije con sorna, no quería discutir y no iba a responder lo que mi madre quería que respondiera. No Rhett Butler, no, ni loco. Me eché un bocado más.
Mi padre se volvió a reír, más fuerte y más atragantado.
-¿De asno? –me preguntó la mujer mayor contrariada.
-No me sorprendería, eres tan "ecuánime" –susurró Temari sentada a mi izquierda, mientras acercaba el plato a su boca y bloqueaba su voz de llegar a los oídos de mi madre.
-Ecuánime, que bonita palabra para "apático". –le susurré del mismo modo.
Luego me dio un codazo justo en las costillas. Leve… pero doloroso. Insisto, es más fuerte que yo y odio decirlo pero si comparáramos nuestras fuerzas… me humillaría. Tosí.
-No lo dirás enserio Shikamaru, no te irás de asno, de eso me encargo yo. –dijo la mujer palmeando la mesa. Mi padre se sobresaltó y finalmente dejó sus palillos en paz.
-Mamá… -le supliqué.
-Dije que no! A ver vamos a pensar… -mi mamá adoptó una posición de pensador en las más altas reflexiones de la vida. –Personajes victorianos, Shikaku…
-Hmm… -el viejo se rascó la barba y dijo:-¿Qué tal… William Shakespeare?
-Pfff, cursi –solté.
-¿Hola, soy Scarlett, recuerdas? –me susurró Temari amenazadoramente.
-¿Tienes mejores ideas? –me preguntó mi padre. No, no las tenía pero no quería ser Shakespeare…
-¡¿Qué tal de Laurie, el de Mujercitas?! –escupió Temari entretenida. Quería cavar mi tumba lo quería! –Seríamos contemporáneos… Sólo que yo en Georgia y tú en Massachusetts. Yo confederada, tú yanqui, tendríamos algo por qué pelear!
El viejo y mi madre empezaron a reír. ¿Qué era aquello? Un segundo las chicas se odiaban y nosotros salvábamos el honor de Temari (cielos, sonó a Harakiri), y al siguiente se reían todos de mí y de las ideas de la intrusa. Los dos, mágicamente se pusieron de pie, aún riendo, y se llevaron los platos a la cocina, dejando a Temari a mi merced.
-¿Estás loca?
-¿Qué, hice una linda sugerencia? Laurie es guapo…
¿Qué quería decir aquello? Decidí dejarlo para luego. –No cambies de tema…
-No lo hice.
-Bueno deja de confabular con mis padres en mi contra, es injusto!
-Jajaja sí, tu que comiste como cerdo para que no sufriera!
-¿Qué…?
-¿…eh? –dijo haciéndose la desentendida. Se puso de pie dispuesta a llevar más cosas a la cocina pero la detuve cogiéndola de la mano.
-No lo hagas. La cocina esta clausurada desde este momento.
Y era verdad. Había una probabilidad alta de que mis padres estuvieran en la cocina haciendo algo que ella no querría ver. Ni yo y eran mis padres, le ahorré encontrárselos besuqueándose junto al lavatrastos, así que en cambio la llevé casi a rastras al lugar donde pretendí que durmiera. Abrí la puerta despacio, no se abría a menudo y quizás habría papeles por todo el suelo, lo último que quería era desorganizarlos, porque lo estaban. Debajo de mi cama podía haber doscientas colillas de cigarro, pero acá estaba todo en orden.
-Vaya… qué lindo tapiz.
-Bueno, nos gusta leer.
También era verdad, tres de las cuatro paredes estaban llenas de estanterías y estas llenas de libros, hasta el más alto rincón. La mayoría de ellos de mi padre, que algún día pasarían a ser míos y algunos cuantos de mi madre, casi todos novelas y una que otra cosa importante.
-¿Qué es esto? –me preguntó mirando un libro. Me acerqué solo para comprobar que eran viejas anotaciones de mi padre cuando joven, que mi abuelo lo instruía en las tareas como líder del Clan.
-Ah, nada… tonterías de mi papá.
Ella abrió el cuadernillo y lo empezó a hojear. –Perdón por no pedir permiso pero… me intrigó… Tiene una caligrafía excelente. Contrario a ti que parece que escribes con los zarcillos.
-No escribo.
-Cuando lo haces lo haces feo. –dijo sin más, insultando mi caligrafía, que sí era pobre, aunque no merecía ser tratada tan mal. Digo, finalmente no soy alguien que escriba mucho que para eso están el resto de los viejos que han pasado por la línea directa del clan. –Sé lo que estás
pensando, pero un día tendrás que encargarte tú de estas cosas y mira que si no ensayas vas a tener problemas.
Sí, en verdad sabía lo que yo había estaba pensando. Sonreí, sin dejar que ella viera, claro. Abrí las ventanas y fui pasando las torres de papeles a una mesa amplia. Todo aquello mientras me maravillaba de la comunión mental que en algunos minutos éramos capaces de logar.
Quizás producto de una interacción constante o de conocernos de pies a cabeza. De algún modo no me daba miedo intentar internarme en su cabeza y al parecer ella encontraba cómoda la mía porque todo el tiempo estaba descubriendo qué estaba pensando y lo peor es que siempre acertaba. Debo aceptar que en un 90 porciento de las veces, sus resoluciones se acercaban poco a lo que yo realmente estaba pensando, pero siempre había algo que ella sabía con certeza, siempre estaba segura de algo y en la mayoría de los casos ese "algo" era la base de mi pensamiento en cuestión.
Yo, por el contrario, me abstenía todo lo posible de comprender lo que ella pensaba, a veces por inercia y a veces por decisión propia, nunca me ha gustado el cerebro de las mujeres y no por decisión iba a internarme en él. Era sólo que a veces ella inmiscuía sus pensamientos en mi cabeza cuando me veía a los ojos o con una de esas sonrisas gigantescas, nada podía hacer yo al respecto.
Tampoco quería hacer nada al respecto, su sentido común transmisible era agradable y esa sonrisa suya de "todo me importa un cuerno, soy feliz humillándote" me hacía sonreír sin pedir permiso.
-¡Oe, bebé llorón!
Me sacó de mis pensamientos el impacto de la esquina de un libro contra mi espalda. Me volví como viejito enclenco sobándome la espalda hacia la chica con una mirada desafiante y el brazo aún dispuesto hacia el frente. –Oye! –le reclamé. Bueno mi cuerpo no era precisamente resistente. Los Nara somos de anatomía débil. Buenos huesos y de músculos fáciles, pero débiles, no lo esconderé.
-¿Eres un ninja o qué? Será posible…
Y se fue. No supe qué me había dicho, nunca lo averigüé, pero me pareció que no era importante, si lo hubiera sido me hubiera estado fastidiando hasta que le hiciera caso. Pero como se fue volvió.
-Te extrañé… -y sonrió, fue tan rápida aquella acción que cuando la descubrí, su sonrisa ya se había desdibujado. – Ya, oye... ¿dónde está el baño?
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La hora de la cena llegó, entre que pusimos en orden el "cuarto" de Temari, extendimos su kimono y sacamos a orear el vestido de tres metros de diámetro, ridículamente rápido. Yo no quería sinceramente que llegara, pero no tenía opción, en mi casa uno puede no comer, pero no cenar es blasfemia. Así pues la tarde dio paso a
la noche y con ella a la que sería la última pelea entre mi madre y la chica a la que yo me había atrevido a invitar sin preguntarle a la primera.
Nos sentamos a la mesa y un montón de comida cayó frente a nosotros.
-Mamá, tanto no era necesario.
-Mujer, sabes que aquí nadie come tanto.
-Cállense, Temari creerá que los mato de hambre y que por eso están tan flacuchos. –se quejó la señora sirviéndonos raciones alarmantes a TODOS. Sí, a todos.
-Yoshino-san, no sé preocupe, sé que Shikamaru come poco… y seguramente también su marido, créame no me queda mucho que descubrir de su hijo…
Silencio incómodo, MUY incómodo.
-¿Temari, ya probaste el arroz? –le reproché con la mirada. Y hasta entonces entendió.
-¡Ay no eso sonó muy raro, lo siento no me refería a…!
Mi padre empezó a reír por lo bajo, mi sufrimiento le causaba gracia, al parecer. –No te angusties Temari… sabemos lo que quieres decir. Además mi hijo es muy predecible, no te culpo.
¿Qué?
-Cierto, Shikaku-san. –sonrisa… una sonrisa rara. ¿Qué sonrisa falsa era aquella?
No quiero sonar ansioso ni demandante, pero en verdad pocas cosas en la vida me sacan de mis casillas y una de esas cosas son las mujeres. Las mujeres como mujeres no me perturban en lo absoluto, por lo general estar con UNA mujer no es malo, uno encuentra como lidiar con ellas, pero son camaleónicas, son raras. ¿Qué necesidad tenía esta de parecer perfecta frente a mis padres? Cómo si no la conocieran, como si no supieran que era una sado que intentó partirme en dos unos tres años atrás!
Tenía ganas de decirle que todo el mundo había visto sus huesos, que no los ocultara ahora con su manita de uñas terriblemente descuidadas. Después de todo, su sonrisa no era algo feo, por más que la etiqueta no le permita a uno sonreír ampliamente, ni siquiera sé bien porqué. ¡A mí me parecía que estaba tratando de ocultar quien era realmente y me exasperaba! Me aseguré a mi mismo que si mi madre no hubiera estado allí, ella hubiera actuado con total normalidad. Pero así son las mujeres, son complicadas.
Por desgracia las necesitamos. Somos unos idiotas.
-Hijo, come. –ordenó la matrona de la casa, mirándome con cara de "O si no…"
Yo obedecí, inconscientemente. No quería problemas y estaba ocupado pensando cómo era posible que cuando todo el mundo me llamara genio, yo supiera tan poco de una de las escasas cosas que de verdad me importaban.
Temari…, que quiere decir "cuenta", estaba loca. Podía hacer trizas al enemigo en un abanicazo, pero no podía decirle a mi madre que la dejara en paz. Tenía las manos más feas y lo pies más bonitos del mundo. Pestañas largas… ojos azules. ¡Y se servía una vez más!
Mi madre se puso de pie y fue a la cocina. ¿Más comida? De sólo pensarlo estuve a punto de ponerme de pie y gritarle que se detuviera, pero me ganó la desidia. ¿Uno se mantiene fiel ante su modus operandi, no? Solo me detuve a pensar cuestiones que si intento explicarles no entenderán… pasa que si trato de decir lo que pienso, en menos de dos segundos he pasado de "Mi madre pelea con Temari" a "Ino no tiene novio aún", haciendo conexiones absolutamente verídicas entre idea e idea. Así que ahora hacemos una pausa de un minuto.
Listo. Los cuatro platos se vaciaron y quedamos todos en silencio. Silencio que aproveché para mirar fugazmente a mi madre y a Temari.
-Vi tu vestido, linda. –dijo mi madre, normalmente hablando, casualmente volviendo al tema de la fiesta de Ino… la que no tenía novio aún y que fastidiaba cada que veía a un chico que le parecía atractivo.
-¿Eh…Sí? –respondió vagamente. Y no la culpé, ¿qué más podía responderse?
-Sí, me parece que no está muy bien hecho.
En ese instante la tensión volvió al ambiente, mi padre recogió sus palillos y se puso a pescar los pequeños arroces que habían quedado en su tazón. Yo decidí observar el choque de miradas, inevitable entre la agredida y su agresora.
-Yo lo hice… señora.
Sí, yo lo sabía, pero quería ver qué iba a hacer mi madre al respecto.
-Ah, es bueno saberlo, así quizás te ayude a zurcirlo de nuevo… y te dé unas clasecitas.
-Mamá…
Mi intervención fue tardía. Temari ya se había puesto de pie, con las piernas temblorosas y la mirada sombría, directa hacia mi madre.
-Dígame… ¿quiere o no que yo me quede en su casa? ¡Porque si la respuesta es no, le aseguro que puedo conseguir un lugar donde dormir, no se preocupe!
Mi padre y yo abrimos los ojos de manera tal que era difícil reconocernos. ¿Qué iba a hacer mi madre? Yo no conocía esa faceta suya. Mi mente empezó a vagar y en menos de medio segundo ya había intentado preguntarle a mi padre mentalmente ¿Qué tan loca podía estar su mujer? ¿Qué tan sangrienta eres mami?
-P-pero Temari…
Oh cielos… Entre todas las reacciones no esperé nunca, NUNCA, esa.
-Si yo lo único que quería era ayudarte, el vestido es lindo pero no está bien cosido.
La cara de angustia en el rostro de mi padre sólo se acentuó, yo cerré los ojos, pero tuve que abrirlos una vez más, no podía dejar que se aventaran una contra la otra sobre la mesa y se sacaran los ojos a zarpazos, rompieran los platos y nos bañaran de sangre a mi padre y a mí. Mujeres problemáticas.
Cuando mi madre bajó los platos ruidosamente a la mesa y se puso de pie, supe que algo estaba muy mal. Mirando a los ojos de ambas comprendí que lo que estaba apunto de pasar a nosotros los hombres… nos iba a causar un horror sin nombre.
-¡Mamá, Temari ya basta! –dije con elevado tono de voz poniéndome de pie. Ambas iban a tratar de asesinarme, pero yo sabía que ningún iba a hacerlo. –No sé… qué te pasa mamá, pero no tienes derecho de hablar así de lo que Temari hizo…
Temari esbozó una tremenda sonrisa de triunfo.
-Y tú, no vuelvas a gritarle a mi madre. Es MI madre y yo no lo hago. –terminé. No quería ser grosero con ella, pero sabía que sólo así cerraría la boca. Y lo hizo, sólo que con una horrible mueca. –No, no quiero que te vallas, solo quiero que aprendan a convivir. Si no se entienden, no las culpo, yo tampoco lo hago, ni siquiera quiero que platiquen, sólo… Mamá, Temari estará una semana, es tan difícil?
-¡Si se comporta no!
Temari estaba apunto de contraataca cuando mi padre tomó la mano de mi fúrica madre y le habló. -Mujer, se ha comportado todo el día. No la fastidies… -susurró mi padre, suficientemente audible para todos.
Temari y yo nos relajamos, el hombre de la casa había hablado. Mi madre se sentó, aún molesta, la vena de su frete seguía latiendo con insistencia, pero sonrió normalmente.
-Perdón Temari, un día entenderás esto que estuvo rondando mi cabeza todo el día…
-Yoshino-san… -empezó Temari aún molesta. Yo la tome de la mano como queriendo callarla, le di un fuerte apretón y me comprendió.
-Sí, creo que estuve fastidiándote todo el día, pero lo último lo dije en serio. Me hace mucha ilusión tu vestido y quiero que sea el más bello de todos.
-Señora… -intenté callarla de nuevo, pero apartó su mano de la mía bruscamente. –por favor… -dijo burlona.– ¿Usted cree que un vestido de Scarlett O´Hara puede ser mejor que el de Maria Antonieta? Estoy segura de que Ino ya hizo de las suyas y por más que tratemos no podremos vencerla.
Mi madre se sonrió. ¿La guerra había terminado? –Qué bueno, entonces mientras pienso qué le haremos para que se vea más bonito puedes lavar los trastes.
Y habiendo dicho aquello, se puso de pie y desapareció tras la puerta que daba a la sala. Yo… caray, quería morirme de vergüenza.
-¡Mamá!
-No, no, deja. Puedo hacerlo –me dijo Temari sin mirarme a los ojos y al igual que mi madre, desapareció en la cocina, tras recoger todos los platos en la mesa.
Me senté derrotado, no sabía que hacer, me estaban poniendo nervioso y bajo ciertas circunstancias soy un imbécil. Me rasqué la cabeza, quejumbroso yo, ya me conocen. No sabía qué decir, ni qué hacer, era un momento completamente nuevo para mí, que es estaba tornando demasiado serio para mi desgracia.
Entonces, y como en cualquier novela rosa, mi padre llegó al rescate, reacomodando las flores en el centro de la mesa y dándome un cigarrillo.
-Creí que lo habías dejado.
-Aún fumo en la habitación, tu madre lo odia pero para su desgracia yo gano el dinero de esta casa.
-Te lo da el clan… -no debía creer que yo no sabía aquello, después de todo iba a ser mi destino tarde o temprano.
-Una parte. –y se sonrió cínicamente. Después de encender el cigarrillo y fumarlo un poco, dejándome completamente sorprendido de su aparente hábito habló despacio. –Sinceramente, estas pasando por un momento difícil, sé que no entiendes nada de lo que pasa por sus cabezas. No espero que lo hagas tengo más de veinte años de conocer a tu madre y aún no se qué piensa cuando hace cosas como esta… pero… -hizo una pausa en la que carraspeó. -Para ser feliz con una mujer, tienes que quererla mucho y no intentar nunca entenderla.
Me quedé callado. Bueno, eso lo sabía, pero nunca había siquiera intentado aplicarlo a mi vida, sobretodo porque ahora sonaba muy fuera de contexto. ¿Quererla? Pero si claro que quería a mi madre.
-Y no me refiero a tu madre, que para quererla estoy yo.
-Eh, no quería oír eso.
-Pero lo hiciste, porque lo necesitas. Necesitas… entender que no necesitas entender, así que no te esfuerces, esos campos de batalla son imposibles de analizar. Sólo ellas saben hacer estrategias así… Somos unos ineptos en sus áreas.
-Supongo. ¿No estas tratando de insinuarme algo, o sí?
-La verdad sí. –se puso de pie. –Termina tu cigarro antes de que las chicas te vean y… espérala aquí, no seas burdo.
El hombre se fue, dejándome solo mirando las flores. No encendí el cigarrillo, no quería, después de todo había dejado de fumar como hábito desde que vengué la muerte de mi sensei y no quería volver a caer. Digo, lo haría tarde o temprano pero pretendí que fuera en algunos años cuando mi salud ya no fuera importante.
Cuando ella volvió, secándose las manos y me vió aun sentado allí me dedicó una sonrisa tímida. Quizás ella sabía que me estaba causando problemas, y así me lo aclaró.
-Oye, lo siento, esto es mi culpa. –susurró.
-¿Tu culpa? Claro que no yo te invité. Es culpa de mi madre, está loca.
-Es culpa mía, sé lo que esta pensando tu madre y no te lo diré porque es bizarro e incómodo… así que… lo siento, sí?
Empezó a caminar hacia su habitación. Era tarde cerca de la medianoche, así que la seguí, no sabía muy bien porqué pero lo hice. Llegamos a su puerta y se volvió para mirarme. Estaba cansado así que me recargué en la pared.
-¿Tienes que despertar temprano mañana?
-No tanto. Me despertaré sola no te preocupes.
Se acercó un poco a mí, pero al parecer dudó porque se alejó al instante. Me perturbó su actitud sumisa.
-No estaba preocupado.
-Tonto.
Abrió su puerta y me dejó parado afuera, inquieto. Necesitaba una prueba de que todo iba bien, que invitarla no había sido un error. Di un paso dentro y la vi sin la banda de Suna y con el liberado rebelde y rubio cabello cayendo por sus hombros, junto a las curvas de su rostro cansado. Me sentí extraño de estar en la misma habitación que ella… así que di un paso atrás y con ello notó mi titubeo mirándome a los ojos. Sonríeme Temari… sonríeme o no voy a poder dormir, pensé.
-Buenas noches, llorón.
Y al final de la frase estuvo allí… mi pase directo al descanso profundo. Una sonrisa gigantesca y despreocupada que entrecerraba sus ojos por la amplitud. Recuperé el aliento y le sonreí…
Joseph Conrad dijo un día… "Ser mujer es una tarea terriblemente difícil, porque consiste principalmente en tratar con hombres" En un principio pensé que la frase debía ser utilizada a la inversa, pues eran para mi problemáticas las mujeres, pero viendo la sonrisa amplia y desvergonzada de la visitante comprendí su punto. Agradecí a kami en silencio, tras salir de aquella habitación, por tener a dos mujeres cerca de mí… dispuestas a convivir por mi culpa durante siete días.
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Y tardó muchísimo más de lo que esperaba. Uchihahannabi es testigo de la gran crisis existencial por la que pasé para escribir este capítulo pero acá esta y acá estoy vivita y coleando!
Gracias a mis reviewers! Muy buenos seis n.n
Rose Hatake Nara me mató con su review porque amo su fic "Un Tiempo para Nosotros" léanlo, sé que se les hará largo pero es tan bueno que s eles irán los capítulos en un santiamén. Un honor y mil gracias.
Rozeta. Amo tu nombre, de verdad, amo esa palabra. Espero que te haya gustado este capi! n.n
Shen-sii-chan. Siii arriba el Shikatema!! No creo que sea largo, verás que se pasan rápido, intentaré no hacerlo tedioso ú.u. Siento haberme tardado, gracias por leer n.n.
Ichi-hana. Bueno, en realidad no tenemos bases para decir qué piensa o qué no piensa Temari, asi que me sentí con libertad de inventarlo. Gracias por leer, prometo dar mi mejor esfuerzo para cumplir con sus expectativas! Arigato!
Narue-neechan. Gracias, me gusta la palabra "genial"!! El shikatema tmb es mi favorito, amo cuando comparten mis opiniones xD. Y sí, Yoshino es la mejor mujer madura que haya inventado el anime, la adoro. Acá esta la continuación, gracias!
Y mi hermosa Hannabi, te amo preciosa!! SP&M! TE agradezco más que a nadie por soportarme estos días que he estado insoportable con mi "Awwe no puedo escribir" "Debo escribir" "Ando emo!" y tonterías! De no ser porque hoy me regañaste no habría estado nunca! I kissed YOU and I liked it!! ¡Sólo por eso te lo dedico, aunque no sea tu pairing favorito! Porque sabes que estas palabras acá escritas están inspiradas en ti y en la ayudad que me has brindado para dejar de sentirme una anciana! Dicen que los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que están ahí. No te he visto nunca… pero si debo hacer una lista de mis mejores amigo en TODA mi vida… y acomodarlos en los dedos de una palma de mi mano. Definitivamente estás allí… en medio.
Gracias! Dejen Reviews y nos vemos en el próximo capi!
