Capítulo 2.

Una vez más se cuestionó sobre por qué dijo sí. Eren no quería salir con gente si no existía ningún interés por su parte. Podía sonar cruel que aceptara ir a una cita sin intenciones de una segunda, porque estaba creando falsas ilusiones que, tarde o temprano, terminaban en cualquier sentimientos menos felicidad. Aun así, no estaba teniendo un cargo de conciencia tan terrible. A lo mejor, al día siguiente olvidaría todo.

Abrochó con paciencia cada botón de su camisa. Quedaba menos de una hora para salir, pero antes quería pasar por Mikasa, para que ella hiciera alguna excusa para que él no tuviera que ir a la cita. No quería cancelar sin excusa, por lo menos quería preparar una excusa que pudiera comunicar. No tenía ganas de decir: Hola, te cancelo porque sigo confundiendo a mi ex. Entonces usaré eso para volver con él. No espero que entiendas, pero lo nuestro no va a funcionar. Adiós.
Rió ante su propia idea. Todo sonaba como típica película de Hollywood donde dos personas no se veían hace años, se reencontraban, intentaban fingir que no se amaban y luego terminaban en un apasionado beso bajo la lluvia. Entonces la película cambiaba de escena para mostrar un 5 años después maravilloso. Cómo detestaba esas películas.

Las llaves estaban sobre la mesa de la cocina, junto a una nota y dinero. El tiempo que pasaba con su madre no era mucho, pero estaba acostumbrado. Después de un tiempo, se hizo común encontrar las llaves —Eren olvidaba donde las dejaba—, una nota sobre qué debía hacer y dinero para lo que fuera necesario.

El próximo año la misma rutina acabaría. Debía entrar a estudiar, buscar un trabajo part-time, levantarse temprano y acostarse tarde. Cuando eso llegara, menos tiempo tendría con su escasa familia. La idea dolía un poco, pero debía aceptar la verdad.
Eren no estaba feliz con que el tiempo pasara tan rápido. El recuerdo de tener diez años se sentía tan lejano, todo sus recuerdos cuando su familia estaba completa, cuando no era más que un niño, todo parecía tan lejos como la luna. Muy pocas cosas —y personas— se mantenían en su vida con el tiempo. Era una maldición o parecido que nada bueno fuera de larga duración en su vida. Aun así, no se quejaba mucho. Era mejor dejar ir un montón de recuerdos para dejar espacio para los que venían.

Mikasa no vivía tan lejos de él, por lo que caminó hasta ella. Una caminata de unos quince minutos que pareció corta para su duración.
Conocía a la chica desde que iba en tercer curso básico. Y desde ahí había pasado mucho. Ninguno tenía nueve años, de hecho, ya eran diez años mayor. Era increíble ver tanto cambio en ellos. Y en el mundo.

—¿Tú no tenías una cita? —Mikasa dijo al abrir la puerta.

Su ceño fruncido confirmó los pensamientos de Eren. Ella ya había visto venir que él iría por excusas.

—Hola, estoy bien, gracias. ¿Y tú? —Eren rodó los ojos.

Se hizo el silencio hasta que ambos estuvieron en la habitación de ella. Eren se sentó en la cama, acomodando una almohada en su espalda. Mikasa, frente a él, sentada en posición de loto con sus manos sobre las rodillas, esperaba que Eren fuera directo al punto.

—No quiero ir —confesó—. He visto a Levi y…

Mikasa se llevó un dedo a los labios, haciéndolo callar. Eren estaba acostumbrado que fuera silenciado por sus amigos cuando se trataba de Levi. Todos, por primera vez, estaban de acuerdo en lo mismo: si sigues queriéndolo, anda a intentarlo. No seas idiota.
De comienzo, Eren se encargaba de negar todo, diciendo que ellos sacaban conclusiones apresuradas. Luego aceptó lo que sentía, pero se negaba a oír los consejos de sus amigos. Él creía que era hora de dejar que Levi siguiera su vida. Desde que tenía dieciséis que estaba enganchado a él. Unas semana antes de cumplir los diecisiete Levi aceptó salir con él y comenzó todo. Aquello lo preocupaba. ¿Cómo podías seguir queriendo con la misma intensidad a una persona por años? Se preguntaba bastante si era bueno o malo.

—Déjame terminar —pidió Eren—. Estoy muy seguro que Levi me quiere. O, por muy mínimo que sea, no lo sé, pero me quiere. Y no me quiere como tú a mí o yo a ti, es diferente. ¿Entiendes? —esperó que Mikasa asintiera—. ¿Cómo se supone que vaya a una cita sabiendo eso? Si antes no quería ir, menos ahora.

—Eren —habló—. Nunca entenderé porque actúas así. No quieres decirle a Levi lo que sientes, pero tampoco quieres dejar ir ese sentimiento, y te complica, lo sé. Pero debes hacer algo, maldita sea, no puedes quedarte pensando. Siempre respondes que quieres que Levi siga con su vida, y ahora sabes que él tampoco ha dejado ir, y por lo que lo he conocido, ni dejará ir la tuya, ¿no te cambia algo? Y, si no lo hace, porque sigues queriendo cambiar de página, ¿por qué te niegas a salir con otras personas? No hay nada malo con eso. Puedes ir olvidando a Levi mientras desarrollas amor por otra.

Se molestaba cada vez que escuchaba esas palabras. Comprendía que Mikasa no quería ser pesada ni ser repetitiva con sus palabras, pero siempre terminaba viéndolo de esa forma. Ella —ni nadie— podía entender todo lo que Eren pensaba. Había más que ellos dos. Levi tenía novia y, por mucho que todos supieran que Levi lo escogería a él, Eren no quería que ella fuera un daño colateral. Estaba preocupado por el resto. No era un egocéntrico egoísta.
No tenía ni idea de cómo reaccionaría el resto. O, quizás, lo sabía y no quería admitirlo. En ocasiones se planteaba la tesis de que buscaba un "pero" para no seguir porque tenía miedo del rechazo.

Sin embargo, no tenía excusas para seguir pensando lo mismo. Estaba claro que no habría rechazo.

—En fin —Eren sonrió—. Iré antes de que se haga tarde.


Venir fue una mala idea. Desde que se juntaron, Eren supo que no iba a sacar nada bueno. Su mente seguía en la conversación con Mikasa. Con su mente en otro lado no podía disfrutar todo el momento, ignoraba el agradable paisaje que lo rodeaba, no daba atención a la persona que caminaba a su lado. Lo único que hizo fue apartar su mano cuando otra quiso agarrar la suya. Un reflejo de él. No estaba acostumbrado a que la gente se comportara cariñoso con él en público. Ni siquiera con Levi había amor en público, sólo en ocasiones acostumbraban besarse o jugar con las manos.

—Podemos sentarnos ahí —el otro chico señaló una banca.

Detrás había un suelo verde cubierto con pequeñas flores, árboles, niños jugando. El camino era de tierra clara, bien trabajada para que la gente paseara tranquila por el jardín. El lugar era uno que Eren, por cuenta propia, no hubiera venido. Pero no estaba con el interés suficiente para buscar lugares, así que aceptó lo primero que él dijo.

Eren se sentó al lado del otro chico, mirando al paisaje que tenía en frente. El poco interés seguía ahí, por lo que prefería observar. El improvisado jardín estaba en un cerro y ellos ya estaban en altura, por lo que, en el horizonte, Eren veía la ciudad. En esos momentos pensaba que rodar cerro abajo era mucho más entretenido.
Cuando tenía sus citas con Levi, recordaba que aburrirse no era posible. De un modo u otro conseguían hacer que el momento fuera interesante y ninguno quisiera volver. No había tenido muchas citas con Levi, unas tres o un poco más, porque se conocían desde hace tiempo, por lo que no había necesidad de la primera etapa: conoce a quién quieres a tu lado. Sus citas fueron más porque no querían adelantar las cosas y terminar dándose cuenta que ninguno podía pasar mucho tiempo con el otro.

—¿Y tú? —Eren escuchó que preguntaron.

No había escuchado lo que el chico estaba hablando, por lo que no sabía qué responder.

—Estaba en otro mundo —intentó sonar divertido—. ¿Qué has dicho?

—Desde el principio pareces ido.

Él apartó el cabello del rostro de Eren, recorriendo con su dedo índice desde la sien hasta la mandíbula. Con el toque Eren sintió ganas de irse, no quería ser tocado por manos extrañas. Dejó claro que no quería nada de muestras cariñosas, recibiendo una seca respuesta.

—Lo siento —Eren se paró—. Esto… No. No quiero citas, ¿entiendes? Pero no estoy diciendo que quiero una relación. Me sentía algo curioso por ti, por eso acepté. La verdad es que me gusta otra persona, y me gusta mucho. No es justo para ninguno salir ahora —intentó que la mirada dolida no lo afectara a él—. Por ahí debe estar la persona correcta. Si después de esto no me odias, podemos seguir hablando. Hasta pronto, ¡cuídate!

Antes de que pudiera llegar la respuesta, Eren se alejó con paso rápido. Se sentía mucho mejor solo. Buscó las escaleras que bajaban el cerro, bajó unos metros y se detuvo. Sacó su teléfono móvil para mandar un mensaje. "Tú ganas. Tenías razón. Huí.". Poco después de que el mensaje se enviara, recibió la respuesta de Mikasa.

Su decisión estaba tomada. La próxima vez que tuviera una cita, iba a ser con Levi. Lo asaltó la duda de si era necesario otra cita para volver con Levi, pero cual fuera la respuesta, decidió Eren, lo haría de todos modos.

Terminó de bajar los escalones con ánimo. La idea de comenzar sus movimientos para recuperar a Levi lo animaban bastante. No dejaría que pensamientos negativos arruinaran su día. Llegó hasta la calle, donde hizo una llamada.

—Eren —la familiar voz de Levi contestó.

—Seré directo, —dijo— ¿te parece si salimos?

Decir "¿te parece si salimos?" con un interés romántico hubiera sido perfecto, pero se conformó con dejarlo como otra salida común.

—Estoy en el centro comercial, tengo que comprar un regalo. Si no te molesta venir, puedes acompañarme.

—Dime la dirección y ahí estaré.

Lo que no dijo fue que, si se trataba de él, iría a cualquier lugar necesario. No quiso decirlo porque el momento no era el adecuado, porque sonaba muy romántico y cliché. No eran palabras que se podían escuchar muy a menudo de Eren Yeager.