La chica del País Lejano

Primer encuentro

Sus ojos se miraban fijamente, las miradas se mezclaban creando un extraño nudo en sus gargantas. ¿Qué era lo que sucedía? Ya ninguno decía una palabra, nadie formulaba una oración. Sus ojos, esos de colores tan característicos, preferían quedarse fijos solo en ese punto específico, sumergiéndose en un mar Verde-Azulado.

Pero, ya era suficiente, pensaron ambos en sus mentes. No había explicación ni motivo alguno para encontrarse de esa manera. Hablar, hablar es lo que debían de hacer.

–Hola. –Exclamaron ambos al unísono.

De nuevo donde comenzamos. El nudo ahora no se encontraba solo en sus gargantas, ahora se había expandido a lo largo de su pecho hasta su estómago. Ni un susurro, solo la respiración de ambos se oía en el ambiente.

–Lamento si interrumpo algo, niños. –Musitó a espaldas de ellos una voz madura. –Pequeña Razuri, se te ha quedado esto en mi bote. –El viejo, estiró su largo brazo hacia la chica que ya se había separado de aquel joven. –Supongo que es tu bolsa de viaje, que no se te vaya a perder.

–¡Capitán Arenque! –Gritó el joven de ojos verdes, acercándose al marino. –No pensé que nos volveríamos a encontrar alguna vez. –Extendió su mano la cual fue estrechada fuertemente por el octogenario.

–Green Oak, mírate cómo has crecido y me alegra mucho que ya no seas un pedazo de mármol. Puedo decir que ahora si te ves bien parecido. –Se echó a reír el veterano.

–¿Dijo, Green Oak? –La lapislázuli, abrió sus ojos de la impresión. Justo se había topado con el chico con el cual debía de toparse. –¡Qué fortuna la mía! Justo a usted lo estaba buscando. Mi nombre es… Bueno, dejemos en que me llamo Razuri. –La chica extendió su mano para presentarse cortésmente.

–La Señorita Johanson. Es un gusto. –El ojo verde, tomó su mano y se presentó ante la chica de la misma forma. –Mi abuelo me dijo que usted llegaría el día de hoy aquí, vine en su nombre para conducirla hasta Pueblo Paleta.

–Gracias. –Respondió la azabache. –Estaba un poco preocupada, pues creí que era broma del profesor y que no enviaría a nadie por mí. –Soltó una risilla nerviosa. –Y… Bueno, me alegra que viniera… –Bajó la mirada, sentía algo de pena, aunque no supiera el motivo.

-Ah, por cierto. –El joven, buscó en su chaqueta una cajita que le había entregado su abuelo y la puso en manos de la azabache. –Te mandan esto.

La chica, agarró la caja con cierto brillo de ilusión en sus ojos azulados. La miró detalladamente y puso con suavidad, la palma de su mano sobre la tapa con firmeza. Respiró hondo y la levantó lentamente. Su contenido, sorprendió a los presentes e hizo que ella estallara en lágrimas de orgullo y alegría.

–¡Una...Pokédex! ¡Es una Pokédex! ¡Lo logré, lo he logrado! –La joven, giraba sobre si una y otras vez, sosteniendo el aparato por todo lo alto. –Bien, entonces. –Paró en seco y dirigió su mirada hacia un muy impresionado ojo verde. –Usted es mi Superior ahora ¿Verdad? Espere… ¿Me acaba de tutear hace un momento? –Le cuestionó la chica llevando una mano hacia la boca del asombro.

–Lo siento, no fue mi intención. –Trataba de disculparse el chico.

–¿Pero por qué te disculpas, Superior? –Reclamó la azabache con un ligero sonrojo en las mejillas. –Es un alivio el poder tener alguien con quien hablar en confianza, es que mi Lucario es demasiado… Sobre protector y por esa razón, muy pocas personas me hablan de "Tú".

–Bueno…Los que poseemos Pokédex, tenemos mucha confianza entre nosotros, pues nos consideramos grandes amigos y no solo eso, también una enorme familia. –Con esto último, la imagen de su mejor amigo y rival Red, junto con la de su querido alumno Silver, se manifestaron en su mente.

–Ese es un pensamiento muy hermoso, es un honor para mí entonces, el pertenecer a su familia, Superior Green. –La chica, sonrió de tal manera, que el joven ojo verde quedó estético y sin responder de alguna manera.

–¡Green!

Nuevamente una interrupción. Ahora, alguien llamaba al primer Pokédex-Holder desde las alturas. Un chico con gorra roja y chaleco del mismo color, que venía agarrado de su espala por un Aeordactyl, agitaba su brazo saludando. Ordenó al Pokémon soltarle y de esa manera, aterrizó en medio de la escena al mejor estilo de un campeón.

–¡Le oí decir a Crys, que le darías la bienvenida a una nueva compañera! ¿En dónde está? –Cuestionó con aquella alegría que le caracterizaba.

–A tus espaldas, idiota. –Exclamó un enojado Green.

–Ah, pues hola ¡Bienvenida compañera! –El tomó las manos de la chica y comenzó a agitarlas con brusquedad una y otra vez. – ¡En serio que es una alegría tener un integrante más en el equipo! ¡Mi nombre es Red! ¿Y el tuyo cuál es?

–Se llama Razuri, brusco. –El ojo verde, se interpuso entre ambos y tomó a la chica por los hombros mirando de una forma furiosa a su mejor amigo. –Es más joven y es una mujer, ten más cuidado con lo que haces.

–¡Ajajaja! ¡En verdad que lo siento! Me emocionado de más. –Se disculpaba un muy apenado campeón.

–Te está haciendo daño el juntarte con la ruidosa. –Y sí, de aquella castaña de lamparines azules hablaba el señalado.

–Jóvenes…Qué bella etapa de la vida es la adolescencia. –Exclamó en tono burlesco el carcamal. –Bueno, me retiro. Adiós, pequeña Razuri. Green, Red, con permiso. –Así el viejo Arenque, subió en su bote y se perdió en la distancia.

–Disculpa…Superior. –La azabache sumamente sonrojada, pidió de la manera más gentil posible, que la soltaran del agarre.

–Lo siento. –Respondió el joven, soltándole rápidamente.

El ambiente se tornó extraño. La azabache miraba en una dirección, tratando de escapar de la mirada del chico de orbes verdes, mientras que el mencionado, le observaba detenidamente con cierta intriga. Entre tanto, el campeón presenciaba la situación ingenuamente, aunque sí lograba entenderla un poco, porque vamos, el chico ya no era un niño, era todo un adolescente cómo todos los allí presentes.

–Yo igual lo siento, Razuri. –Cortó finalmente el silencio aquel campeón. –Me disculpo nuevamente por mi brusquedad. Hagamos una cosa, les invito a ambos unos licuados de baya, así me disculpo bien contigo por el zarandeo y con Green por venir sin avisar. –Sonrió el joven. – ¿Les parece bien?

–Haz lo que quieras. –El ojo verde, comenzó a adelantarse con una mueca molesta.

–Y ahí está de nuevo, aún no logro entender ese mal genio de él. –Finalizó el campeón, tratando de seguirle el paso al joven de los orbes verdes.

La chica Lapislázuli, se quedó rezagada para finalmente seguirles el paso corriendo. En su mente, el único pensamiento que tenía era: "¿Por qué me sentí tan rara? No es más que un simple mortal"

Continuará.