Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.
Bella.
Quisiera decir que no grité cuando Victoria me empujó pero estaría mintiendo.
—¿Te encuentras bien? —Elevé la mirada al escuchar esa voz. De pie frente a una gran ventana que dejaba ver toda la ciudad, estaba un hombre alto enfundado en un precioso traje.
Me quedé muda, su cabello rebelde y cobrizo brillaba, literalmente, con la luz del sol. No me miraba, él estaba contemplando la vista, o eso supuse. Su traje de color negro resaltaba su blanca piel, sus manos estaban metidas en sus bolsillos de forma despreocupada. Sus labios delgados, formaban una perfecta línea recta, dándole un aspecto de seriedad a su rostro, ¿o quizás estaba molesto? Dios, nunca en mi vida había visto algo tan hermoso y tan intimidante.
Supongo que mi silencio se hizo notar, ya que se giró hacia mí y no sé qué cara vería pero sonrió. Su sonrisa me recorrió como una descarga vibrante, sentí inmediatamente el rubor colorear mi rostro, Dios como idiota ya tenía el puesto. Sus ojos se estrecharon recorriéndome, verde esmeralda que logró dejarme sin aliento. No, definitivamente me encontraba en un sueño y no en una entrevista. O quizás me había equivocado de lugar…
—¿Se te olvidó cómo hablar? —Negué con la cabeza aún incapaz de articular palabra, él elevó una ceja, una petulante sonrisa torcida dibujándose en sus labios—. Eres mi última entrevistada toma asiento por favor. —Mierda, esa voz linda y aterciopelada sería mi perdición.
La escucharía cuando me dijera: No tienes el puesto, que tiene, canturreó mi voz interna, la reproduciremos miles de veces mientras fantaseamos antes del orgasmo. Mi rubor de incrementó del uno al cien. Sacudí la cabeza, conteniendo el deseo de taparme el rostro y simplemente salir disparada de ahí.
—Lo siento… yo… gracias. —Casi me dejé caer sobre el asiento, preguntándome si sería capaz de responder a más preguntas.
—Las cosas están así, básicamente necesito una persona que me ayude a manejar este desastre como veras —dijo mientras con su mano señalaba un montón de papeles en su escritorio y cajas de más papeles en una esquina. Y espera esto solo quería decir una cosa…
—Disculpa tú... ¿no eres el de recursos humanos? —Él elevó una ceja antes de mirarme de forma divertida, esa sonrisa torcida dibujándose de nuevo en sus labios.
—¿Eso te parezco? —sacudí la cabeza.
—Lo siento, Dios, ¿de verdad eres el Director Ejecutivo? —Sí seguramente hablando como babosa y en susurros iba a darme el empleo. Él se miró las ropas.
—Hum, supongo que este desorden no me da la seriedad adecuada —sonrió brevemente—. Si me viera mi padre ya me habría corrido, o quizás me habría mandado a recursos humanos —bromeó con una maldita risita musical. Dios, estaba en shock—. Y bien... —continuó jugueteando con el borde del escritorio—. ¿Me podrías dar referencias de ti?, ¿qué sabes hacer? —Su tono oscuro mandó una descarga directa entre mis piernas, sus ojos me atravesaron y mientras el rubor de nuevo coloreaba mi rostro, me pregunté si era yo una maldita pervertida o de verdad estaba entendiendo las cosas—. ¿Eso que tienes ahí es tu solicitud? —preguntó mientras observaba mi carpeta. Gemí, ya la había arrugado de tanto que la retorcí en mis manos.
—Lo siento tanto. —Lentamente extendí mi mano para entregársela mientras mordía mi labio inferior, me daba tanta vergüenza ver la carpeta hecha un asco.
Pero cuando estiré mi mano para darle la solicitud rocé su piel. Fue como si miles de terminaciones nerviosas que ni siquiera sabía que existían, cobraran vida, sentí fuego recorrerme como si yo fuera gasolina. Diablos, definitivamente me estaba volviendo loca, y asustada retiré mi mano. Él me miró, de nuevo sonriendo torcidamente. ¿Qué diablos me estaba pasando? ¿Cómo podía sentir todo eso con un hombre que apenas estaba conociendo? Tomé aire profundamente, necesitaba tener un poco de control de mi misma para responder sus preguntas.
—Te puedo decir que me gradué de Harvard y que trabajé en algunos despachos contables en Washington, para ser más exacta en el pequeño condado de Forks. Nunca he trabajado de asistente pero te aseguro que no te arrepentirás si me contratas, aprendo con facilidad y manejo muy bien los balances generales.
Fue todo lo que se me ocurrió decir, pff que absurda respuesta, no había mencionado nombres de ninguna compañía importante y en mi currículo podría verificarlo, lo más probable es que no me dieran el empleo, pero al menos había conocido a el hombre más guapo que jamás creí que existiera, no olvides su voz para los orgasmos, molestó mi voz interna y esta vez sonreí de solo pensar en eso.
—Aprendes rápido —murmuró ojeando mi carpeta—. ¿Sabes qué? me parece excelente. —Sus ojos chispearon de una extraña forma mientras me veía, el aire cargándose de forma extraña a nuestro alrededor me dejó sin aliento, por eso cuando sonó el teléfono, no pude evitar dar un respingo—. Cullen. —Pausa—. Victoria te he dicho que no me interrumpieran… —pausa—. Dile que ya sabe bien la respuesta, sí, ¡como cada noche! —furioso colgó el teléfono, me quedé muy quieta temiendo que su enojo me alcanzara, él respiró profundo, sus largos dedos pellizcando ahora el puente de su nariz.
—Creo… creo que debo irme —susurré poniéndome de pie. Él me miró, ojos oscuros y semblante duro que aún así, lograron derretirme.
—Haz de disculparme por esto, yo también me tengo que retirar, esto es una de las cosas que más me molesta… contestar el teléfono, espero que no te moleste cuando recibas miles de llamadas —suspiró guardando un par de cosas en su portafolio.
¿Eso que quería decir? ¿Qué me daba el empleo? A lo mejor solo lo dijo al aire... Extendió su mano en señal de despedida y yo rápido la tomé, de nuevo esa sensación rara corrió por mi cuerpo quemando cada parte de mi ser, me asustó esa nueva sensación y solté rápido su mano. Sí otra vez, como niña de campo.
—Muchas gracias por su tiempo señor Cullen. —No esperé su respuesta, di media vuelta quería salir disparada de su oficina. Estaba aturdida, excitada, asustada por eso casi me estampo con un enorme macetero.
—Nos vemos mañana, señorita Swan. —Ni siquiera me detuve a mirarlo, necesitaba aire o me iba a desmayar.
Traté de no pensar en eso mientras viajaba de regreso al departamento, al llegar, Jacob no estaba, siempre llegaba muy tarde ya que saliendo de la universidad trabajaba en un despacho de abogados y muchas veces le dejaban trabajo de tiempo completo. Había casos que tenía que tener listos por la mañana, inclusive algunas veces salía de viaje con sus jefes para hacer auditorias en diferentes estados.
Suspiré sintiendo un poco de remordimiento al sentirme agradecida de que no estuviera, me quité los zapatos y me tumbé sobre la cama, cerré los ojos y dos orbes verdes me robaron un escalofrió. No detuve la línea de pensamientos en mi mente, tan solo quería verle de nuevo...
Era increíble que él fuera el director de la casa de valores. Que tonta había sido al asumir que era el de recursos humanos, si la misma Victoria había dicho su nombre… sonriendo por mi torpeza, me conecte al internet desde mi celular para buscar más información, y ahí estaba...
Edward Anthony Cullen Massen, egresado de Harvard, maestría en Finanzas, es uno de los herederos del imperio de la Casa de Valores Cullen, su padre, el reconocido Carlisle Cullen fundó el imperio a la corta edad de 27 años. Edward, además tiene otros dos hermanos Emmett y Alice, su madre la famosa y aclamada Esmerald Massen como se le conoce en el medio, es dueña de la cadena de Hoteles Massen...
Dios sí que estaban nadando en dinero, que en realidad es lo último que le hace falta, pensé. Tiré el celular aún lado y me recosté sobre la cama, sin pensarlo seguí recordando su rostro. No era como si Jacob hubiera dejado de gustarme o porque tenía esos pensamientos, simplemente entre Jacob y yo también las cosas andaban un poco frías y... a nadie le hacía daño soñar tantito ¿No? Todas lo hacemos, pero Edward, él removió un poco esa delgada línea de la fidelidad hasta con el pensamiento.
No habían pasado dos segundos cuando escuché como giraban la llave de la puerta, me pare de inmediato, asustada como cuando te atrapan haciendo algo malo.
—Hola ¿amor? vengo a comer antes de irme a el trabajo —gritó Jacob, caminé a su encuentro y cuando me miró, sus ojos grandes y oscuros me recorrieron de arriba abajo.
—Pues... veras vengo llegando… —nerviosamente empujé mi cabello detrás de los oídos—. No hice comida, deja te caliento rápido algo. —Me encaminé a la cocina donde saqué del refrigerador algo de pasta que había quedado del día anterior, la puse en el microondas cuando sentí que unas enormes manos me tomaban por la cintura.
—¿De dónde vienes tan guapa? —Su voz era ronca mientras movía mi cabello hacia un lado, pronto sus gruesos labios besaban mi cuello. Me estremecí cuando una de sus manos subió de forma sugerente por mi blusa.
—Te dije que iría a una entrevista de trabajo, ¿lo recuerdas? —Me molesto que ni siquiera lo recordara, por lo que con uno de mis brazos me zafé de su abrazo empujándolo hacia atrás.
Jacob gruñó retrocediendo, no le di importancia mientras ponía tiempo a la comida, me recargué contra la barra sin encararlo. De pronto sentí como sus manos, subían mi falda e inmediatamente después intentaba bajar mis bragas.
—Jake ¿qué haces? —Traté de girarme para lanzarle una mirada furiosa.
No estaba de humor para esto pero él me sujetó, apoyando una mano en mi espalda, Jake era grande y fuerte, así que con facilidad me reclinó sobre la barra, impidiendo que pudiera mirarlo o moverme, gemí bajito al sentir su erección entre mis nalgas.
—Así que… ¿te pusiste muy guapa para coquetear con el Director General, eh? —Escuché como se desabrochaba el pantalón.
Aún seguía deteniéndome con una mano por lo que no podía mirarle. Mentiría si dijera que estaba molesta por cómo estaban sucediendo las cosas. Hacía mucho que ni siquiera me tocaba, menos tener la audacia de tener sexo en la cocina, no pude evitar estremecerme cuando sentí como su erección me acariciaba las nalgas, dándome pequeñas nalgadas.
—Basta Jake, deja servirte la comida se te hará… tarde. —De verdad intente sonar molesta pero me falló la última palabra al quebrárseme la voz.
Eso bastó para que se introdujera en mi con fuerza, sin preámbulos y sin juegos previos, jadeé presa de la sorpresa y mi sexo húmedo le facilitó la invasión, comenzó a moverse de arriba hacia abajo, se me escapó un traicionero chillido ante la fuerza que utilizó, él retiró su mano de mi espalda, tiró suavemente de mi cabello para que me arqueara hacia él, la penetración profunda me hizo gimotear.
—Tú solo eres mía, ¿verdad? —Su voz ronca y entre cortada por la excitación me hizo gemir, sin embargo no le respondí, yo no era de nadie.
Apretó mis pechos con sus manos, luego volvió a reclinarme sobre la barra, esta vez la use como apoyo para controlar mi cuerpo que se movía junto con el suyo, sus duras acometidas cesaron, estaba esperando que le dijera lo que quería escuchar. Ya podría esperar sentado. Estaba molesta y muy caliente, Dios mi piel quemaba, así que empujándome un poco hacia afuera, comencé a empalarme yo misma.
Eso lo excitó aún más, pude sentirlo en la manera en la que se tensaban sus manos en mis caderas, en la manera en la que un siseó abandonaba sus labios, perdió el control. Se enterró en mí apoyando su cabeza sobre mi hombro, sus embistes duros mientras jadeaba en mi oreja que me amaba. Pronto su cuerpo se tensó al llegar al orgasmo con un grito, dejándome malditamente caliente. ¿De verdad esto se había acabado?
Quería llorar de frustración.
—Eres sensacional —susurró saliendo de mi al tiempo que daba pequeños besos en mi espalda. Temblé de impotencia.
—Será mejor que te vayas —gruñí mientras caminaba hacia el baño.
Pensé en ducharme con agua fría pero mi odio y frustración no llegaba a tanto. Suspiré enjabonando mi cabello. En realidad hacia mucho que no teníamos sexo, ya hasta estaba pensando en no tomar anticonceptivos inútilmente. Quería creer que eso se debía a su escuela, él tenía muchos exámenes y cuando no estaba haciendo eso, estaba revisando casos, por lo que no me ponía mucha atención a pesar de la brusquedad del encuentro no voy a negar que fuera muy excitante… hubiera sido genial llegar al orgasmo, había estado tan cerca…
De pronto, mi traicionero subconsciente me mandó unos ojos verdes, un enorme cuerpo enfundado en un traje de tres piezas. Me estremecí mientras me enjabonaba los pechos, ese cabello cobrizo o esas enormes manos… me vino a la mar de bien el pensamiento, sobre todo, para quitar esa tensión sexual que había sentido con… Edward.
—Amor no creo llegar esta noche, te amo ¡nos vemos mañana! —Después de escuchar el sonido al cerrarse la puerta, dejé que mi mente terminara lo que mi novio no había podido.
Edward.
¿A qué hora se terminaría este día de mierda?
Ahí me encontraba mirando de nuevo por la ventana, como anhelaba que el jodido día ya terminara. Había recibido muchas mujeres para el puesto, todas ellas haciendo voces ridículas en un intento de parecer seductoras, mostrándome escotes como si nunca hubiera visto un par de buenos pechos…
—¡Oh! Perdón, lo siento tanto yo… —Fruncí el ceño ante los cuchicheos fuera de mi oficina y luego… nada.
Mierda, ¿ahora qué?, ¿habría entrado alguien o no? Suspiré, no tenía ganas de voltear, de seguro era otra mujer más con alguna recomendación de algún amigo millonario, o mejor aún quizás otro vestido sugerente, otros pechos de fuera… que flojera. El silencio comenzó a descolocarme, ¿alguien había gritado antes o lo había imaginado?
—¿Te encuentras bien? —pregunté sin obtener respuesta, frustrado me giré para ver al mudo o muda que estuviera allí.
Casi por salir corriendo, o quizás demasiado cohibida para hablar, había una diminuta chica frente a mí. Ella no era la excepción, sus enormes ojos marrones mirándome como deslumbrada. Evité rodar los ojos, era exactamente como las demás, sin embargo algo en su persona me llamó la atención, al mirarla detalladamente vi que no estaba vestida de ninguna manera sugerente, de hecho… se veía recatada.
—¿Se te olvidó cómo hablar? —pregunté en tono burlón, ella negó con la cabeza. Elevé una ceja, que curiosa chica, por alguna razón sonreí ante su forma cohibida—. Eres mi última entrevistada toma asiento por favor.
La blusa azul resaltaba su pálida piel, la falda le daba vida a su silueta, seguramente debajo de toda esa ropa escondía un hermoso cuerpo. De pronto, un rubor coloreó sus mejillas, como si estuviera pensando algo sacudió la cabeza para después, literalmente dejarse caer sobre el asiento.
—Lo siento… yo… gracias —suspiré tratando de no mortificarme ante semejantes actitudes.
—Las cosas están así, básicamente necesito una persona que me ayude a manejar este desastre como veras —dije señalando el vergonzoso desorden.
—Disculpa tú... ¿no eres el de recursos humanos? —¿Qué? Sorprendido la miré de forma divertida, de verdad me iba a robar una sonrisa. Una genuina al menos.
—¿Eso te parezco? —inquirí atónito, ella sacudió la cabeza.
—Lo siento, Dios, ¿de verdad eres el Director Ejecutivo? —Mierda, ¿esto era en serio? Inconscientemente miré mi ropa, traje formal pero sin corbata y seguro mi cabello estaba revuelto, haciéndome parecer todo menos el director de algún sitio.
—Hum, supongo que este desorden no me da la seriedad adecuada. —Ni mis ropas, pensé sonriendo ante la situación absurda—. Si me viera mi padre ya me habría corrido, o quizás me habría mandado a recursos humanos —bromeé por primera vez en siglos al recordar a papá, ya estaría sermoneándome, respiré hondo tratando de retomar las cosas—. Y bien... ¿Me podrías dar referencias de ti?, ¿qué sabes hacer? —La miré detenidamente, quizás además de mi asistente podría darme otras atenciones, ¿o no? Cuando el rubor coloreó deliciosamente su cuello, no pude más que sentirme mal. ¿Qué mierda pasaba conmigo? Nada de fijarme en las asistentes, carraspeé tratando de controlarme—. ¿Eso que tienes ahí es tu solicitud? —pregunté observando cómo había sido triturada la pobre carpeta.
—Lo siento tanto. —Lentamente extendió su mano para entregármela. Me apresuré a tomarla ya que, con sus movimientos, me daba la impresión de que se le caería y se pondría aún más sonrojada de lo que ya estaba, y por lo mismo chocaron nuestras manos.
A penas nos rozamos y esto no tenía ningún sentido. No tenía pies que sintiera un estúpido escalofrío desde la nuca hasta la espalda baja, pero peor aún, que la corriente viajara rápida e tan intensamente hasta mi miembro, eso fue lo más jodido de todo. Casi podría jurar que estaba duro. Sonreí torcidamente al ver sus ojos chocolates, oscuros, llenos de un deseo increíble e imposible de refrenar u ocultar, ¿podríamos acaso tener algo más que una entrevista? Sin embargo ella me sorprendió cambiando rápidamente el rumbo de la situación.
—Te puedo decir que me gradué de Harvard y que trabajé en algunos despachos contables en Washington, para ser más exacta en el pequeño condado de Forks. Nunca he trabajado de asistente pero te aseguro que no te arrepentirás si me contratas, aprendo con facilidad y manejo muy bien los balances generales.
Fruncí el ceño dejando de lado mis pensamientos, a diferencia de mis otras entrevistadas que se preocupaban más por subirse un poco la falda o hablar de sus relaciones con algunos amigos míos, ella me había dicho lo que en realidad sabía hacer, por ultimo sonrió de una manera que me hizo sentir que estaba muy segura de sí misma y eso volvió a malditamente picar mi curiosidad.
—Aprendes rápido —murmuré pensando la infinidad de cosas que podíamos hacer a parte de estados de cuenta, necesitaba esto y ella me lo iba a malditamente dar, cerré la carpeta—. ¿Sabes qué? me parece excelente.
La miré casi de forma hambrienta, ¿qué se había apoderado de mí? Claramente un pervertido muriendo de inanición, porque no había manera en el mundo para que me sintiera así, pero lo más retorcido y gratificante de la bizarra situación en la que me encontraba, era mirar en sus ojos y de alguna manera saber que ella malditamente me deseaba también. Dejé la carpeta aun lado, pensando seriamente en tomarla en el suelo cuando el teléfono comenzó a sonar, irritándome más allá de lo posible.
—Cullen —gruñí.
—Disculpa, cariño pero es tu novia, Jessica esta en la línea, ¿te la paso? Solo quiere saber si iras a cenar esta noche…
—Victoria, te he dicho que no me interrumpieras…
—Lo sé y lo siento, Edward pero ella es muy insistente ¿aunque eso ya lo sabes, no?
Me habló de esa manera suya que lograba apaciguarme. Victoria era mucho mayor que yo, de hecho, era asistente de mi papá y había accedido a quedarse conmigo cuando mi papá se retiró, la apreciaba mucho y era la única que sabía cómo tratarme cuando estaba de tan mal humor.
—Dile que ya sabe bien la respuesta, sí, ¡como cada noche! —furioso aunque no con Victoria, colgué el teléfono. Elevé la mirada tan solo para observar a esa especie de ángel seductor mirarme con ojos asustados. Mierda, respiré profundo, pellizcando el puente de mi nariz intentando calmarme.
—Creo… creo que debo irme —susurró poniéndome de pie. Mierda, quería tomarla, sobre el escritorio y desfogar toda la tensión que Jessica me daba. Sin embargo me encontré diciendo:
—Haz de disculparme por esto, yo también me tengo que retirar, esto es una de las cosas que más me molesta… contestar el teléfono, espero que no te moleste cuando recibas miles de llamadas —suspiré guardando un par de cosas en el portafolio
—Muchas gracias por su tiempo, señor Cullen. —Su suave voz inflamó más mi creciente erección, por suerte ella no esperó mi respuesta, se dio media vuelta cabizbaja y por eso no se fijó en el enorme macetero y aunque afortunadamente lo esquivó, no pude evitar reír.
—Nos vemos mañana, señorita Swan —canturreé seguro de que ella ni siquiera sabía que la había contratado en ese preciso momento.
Respiré hondo el aroma que había dejado en mi oficina, mi miembro se sacudió. ¿Qué mierda me había pasado con ella? Una imagen de su delicada piel desnuda enredada sobre las sabanas de mi casa me sacudió, quería besar su largo cuello mientras... basta Edward me dije a mí mismo. Sacudiendo la cabeza tomé mi maletín para irme rumbo a casa, tenía que tener una plática con Jessica, esto no podía seguir así.
Yo no podía seguir así.
Me disponía a salir de mi oficina cuando volvió a sonar el teléfono… mierda. ¿A qué hora se iba a terminar este día?
Que tal chicas como ven ¿les va gustando? Espero que así sea no se olviden comentarme, ¡saludos!
