2. Cambios en la Marca


En toda la noche no pudo conciliar el sueño, así que estuvo viendo todo lo que ponían en la televisión, lo cual no era mucho.

Decidió buscar en la guía telefónica cualquier consulta psicológica cerca de su casa, llamó a la primera que encontró. Nunca había creído en los psicólogos, siempre había pensado que eran charlatanes sacándote todo el dinero y que aunque realmente no tuvieras nada, ellos siempre te buscaban algún problema como traumas infantiles, estrés etc... para continuar con las terapias.

Pidió cita para el día siguiente, explicó un poco cual era su problema y quedó en ir a las nueve de la mañana.

Ana estaba preocupada, no sabía realmente lo que había hecho por la noche pero era seguro que se había bañado, peinado e incluso maquillado aunque no lo recordase y ni si quiera supiese cómo hacer un peinado como el que llevaba a la noche.

Intentó estar ocupada durante toda la mañana para olvidar el incidente y agradeció enormemente la hora de ir a buscar a Bea.

Llegaron a un bar cercano dónde solían quedar y pidieron un par de cervezas, se sentaron en una mesa apartada para poder hablar con más intimidad.

-¿Qué? ¡Me estás diciendo que lo único que hicieron fue mandar una patrulla! –Bea estaba alucinando.

-Sí, no podían hacer nada más.

-Están tontos ¿o qué? Así que si te raptan o te roban, no pueden hacer nada porque no has descrito al sujeto ¿no?

-Eso parece.

-Gracias, ahora me siento mucho más segura que antes. –Bea se apoyó en el respaldo con un bufido.

-Pero aún hay más.

-¿Más?

Siguió contándole lo de la pesadilla, de cómo se había despertado y de cómo apareció peinada y maquillada.

-Mañana voy a un psicólogo, no es normal lo que me pasa.

-Bueno, es posible que no seas tú.

-¿Cómo?

-Mira, me dices que el tipo del sueño es el mismo que en el anterior y que la silueta es muy parecida a la que viste en el baño, luego está lo del siseo ¡chica! ¡Estás loca pero no para tanto!

-Lo que me estás intentando decir es que ¿mis pesadillas son reales?

-¿Por qué no? Hay muchas historias de esas y cuando el río suena es que agua lleva...

-¡Por Dios Bea! Esas son historias para no dormir que se les cuentan a los niños cuando van de campamento. –Ana se reía sin creerse lo que le estaba diciendo su amiga.

-Bien, no lo crees. Pues vamos a mi casa y hazme un recogido de esos que te hiciste en sueños.

-Sabes que no puedo.

-¿Lo ves?

-Pueden haber miles de explicaciones. Dicen que una persona es capaz de hablar un idioma desconocido para él durante los sueños con solo haberlo oído una sola vez. Es posible que me esté sucediendo algo parecido ¿no?

-¿Y dices que mi teoría es descabellada?

Continuaron discutiendo sobre el tema hasta que se fueron a casa, Bea la acompañó hasta su puerta para que no tuviera más sorpresas.

-Bueno, chica. Espero que esta noche puedas descansar y piensa bien en mi propuesta, deberías ir a un parapsicólogo o algo no a un loquero.

-No son loqueros, son psicólogos. Anda, vete a casa, buenas noches.

-Buenas noches.

Ana entró en casa pensando en los gustos de su amiga por lo paranormal, cerró la puerta con llave, comprobó una por una las ventanas y memorizó cómo estaba la habitación antes de acostarse por si a la noche se le ocurría hacer una de las suyas.

Se acostó inquieta pero por suerte para ella no soñó con nada o por lo menos ella no se acordaba.

Al día siguiente fue puntual a su cita con el psicólogo y comenzó a contarle todo lo sucedido desde el principio.

Él le dijo lo que ya esperaba, traumas infantiles por vivir en un orfanato, no sentir cariño de pequeña y trastornos sexuales.

-¿Trastornos sexuales? –Ana estaba roja como un tomate.

-Sí ¿hace cuanto no está con una persona?

-Pues, no sé, creo que ya ha pasado un año desde que lo dejé con Marcos.

-Lo que yo pensaba.

-Pero Doctor, si fuesen trastornos sexuales lo normal sería que tuviera sueños más..., sueños... ya sabe. –Ana no sabía cómo explicarse, hablar de ese tema con un desconocido le daba mucha vergüenza.

-¿Eróticos?

-Sí eso, eróticos ¿no?

-No tiene por qué. Se lo explico, usted me dice que ese hombre la trata con dulzura.

-Bueno tanto como dulzura...

-Pero le llama preciosa ¿no?

-Sí

-Pues eso son deseos reprimidos.

-Entonces ¿por qué tengo tanto miedo?

-Ahí está la clave. Sentir miedo o terror a usted le excita.

-¿¡Qué!

-No se alarme, es lo más normal del mundo. Inconscientemente el sentir miedo le excita, estar con alguien misterioso, enigmático el cual la intenta seducir ¿entiende?

-Vamos que estoy enferma.

-No, no, no. –dijo el Doctor riéndose. –No, lo que pasa es que usted no expresa sus deseos con nadie ¿me equivoco?

-No sé muy bien a qué se refiere.

-Le haré una pregunta ¿usted alguna vez le dijo a su pareja lo que quería? ¿Le dijo lo que deseaba? Ya me entiende.

-No, eso no se dice ¿no? O sea que se hace y ya está... –Ana comenzaba a ponerse muy nerviosa con ese tema, su cara ya parecía un farolillo rojo.

-Fallo. El problema que usted tiene es que nunca le dijo lo que deseaba y esos deseos deben salir de algún modo. En su caso por medio de sus sueños.

-Bien, lo de los sueños es posible pero ¿y lo del peinado? ¿y lo de mi maquillaje? ¿y lo que vi en mi puerta? ¿y lo del siseo?

-Tranquila, vayamos por partes. Es posible que usted cuando se quedó dormida en la bañera, se levantara, se secara y se preparase. Puede ser sonámbula y todo eso lo hizo dormida por eso no recuerda nada. Ni se creería lo que hacen los sonámbulos.

-Pero si yo no he sido sonámbula en mi vida.

-No tiene nada que ver. Hay gente que es sonámbula desde nacimiento y otras que por factores exteriores como el estrés o el nerviosismo provoquen el sonambulismo. De ahí viene la explicación de las horas que pasaron en el primer sueño.

-Pero yo ahí estaba despierta.

-Eso cree usted, los sonámbulos pueden recordar cosas en sus incursiones, usted recordaba las 3:00 de la mañana y de ahí la confusión. Usted seguía soñando, se despertó viendo la silueta.

-¿Y lo que vi en la calle?

-Su cabeza. Estaba predispuesta a ver u oír cosas. Vio algo parecido a una silueta y su mente hizo el resto. Y con esto señorita termina nuestro tiempo.

-Está bien ¿Qué debo hacer ahora Doctor?

-Pida cita con mi secretaria y trabajaremos para sacar todos esos deseos reprimidos fuera, así las pesadillas cesarán.

-Bien, gracias Doctor.

-De nada, hasta la próxima sesión.

Ana pidió otra cita, la verdad es que se había quedado mucho más tranquila, lo que el Doctor le había dicho tenía bastante sentido. Nunca pensó que la cabeza pudiera engañar tanto.

HOWGARTS ese mismo día.

-¿Nada? –Dumblendore miraba sorprendido a todas las personas que se hallaban en su despacho.

-Nada, ni un movimiento extraño. –dijo Ojoloco Moody.

-¿Arabela?

-Nada Albus, parece como si no existiese, ni si quiera ha habido ataques sospechosos ni nada. Ni aquí ni en el mundo muggle.

-No me lo explico, después de lo sucedido en el Torneo de los tres Magos imaginé que habría movimiento. –En esos momentos entró el Profesor de Pociones al despacho. -¿Severus? ¿algo?

-No, ni Harry ni yo hemos sentido nada, acabo de hablar con él. Ni un mal presentimiento, nada.

-Esto no me gusta nada Albus, deberíamos ir a buscarles o algo. Voldemort está planeando algo y por la quietud que hay ahora no es nada bueno. –Sirius apoyaba sus manos en la mesa del director y lo miraba fijamente.

-¡Buena idea Black! ¿Y dónde quieres que busquemos? –dijo con ironía Snape.

-¡Dímelo tú maldito bastardo! ¡Tú tienes la marca!

-¡Está bien chicos! No discutan ahora por niñerías, debemos pensar en algo y rápido, no me gusta nada tanto silencio por parte de Voldemort.

Todos miraban a Dumblendore con cara de preocupación, tenía razón algo no marchaba bien pero ¿qué hacer?

Honiton 27 de Agosto

Ana estaba radiante, pese a no creer en los psicólogos tenía que reconocer que estaba funcionando. Ya no había tenido ni pesadillas ni visiones y solo con tres sesiones.

Aquel día había sido bueno, había ido de compras con Bea, dejaron la tarjeta de crédito temblando. Estuvieron el día entero fuera de casa aprovechando al máximo el día festivo de Bea.

Llegó a casa hacia las 21:30, se preparó una buena cena y colocó toda la ropa que se había comprado en el armario. Bajó al salón para ver algo la televisión y como no ponían nada interesante, se fue a su dormitorio.

Se acostó y en seguida se quedó dormida pero esa noche no dormiría bien.

Estaba en un bosque, esta vez podía verlo bien, había humedad, se oía el viento soplar y el movimiento de las copas de los árboles.

En frente de Ana a unos metros de distancia, en un claro del bosque, había un círculo, era un círculo de fuego. El fuego tenía un color violeta y parecía como si se moviera a cámara lenta. De pronto todo quedó en silencio, ni si quiera el viento emitía sonido alguno.

Ana inexplicablemente, se encontraba tranquila, no tenía miedo, solamente se quedó expectante de lo que sucedía.

Por su derecha comenzó haber movimiento, aparecieron unos hombres encapuchados del interior del bosque, parecían monjes con túnicas negras y las capuchas les cubrían medio rostro. Iban en fila, muy despacio y colocándose ordenadamente alrededor del círculo. Comenzaron a murmurar, era como si estuvieran convocando algo, fue entonces cuando a Ana le comenzó a entrar el pánico. Eso no era bueno, nada de lo que veía era bueno.

Algo comenzó a frente a ella, era una silueta que avanzaba tranquilamente hacia el centro del círculo, los hombres encapuchados no cesaron con el murmullo, ni siquiera se movieron.

Ana vio como avanzaba poco a poco y que traspasaba misteriosamente las llamas sin producirle ningún dolor, aquello era demasiado, su cabeza no podía estar haciéndole eso. –Ahora no me hagas esto. –Se decía a ella misma cubriéndose la cabeza con los brazos. –Esto solo es un sueño, deseos reprimidos, solo un sueño.

Una tétrica risa abarcó el bosque y Ana enmudeció, el hombre que estaba en el centro del círculo alargó la mano en dirección a ella y siseó "ven a mí ya puedes verme".

-No, no quiero, solo quiero despertar, tú no eres real, esto no es real. –Su voz se fue apagando.

-Ven. –de nuevo el siseo. –No temas, no te haré daño.

Ana notó cómo sus piernas comenzaban a moverse avanzando hacia el hombre. Puso resistencia, pudo pararse un par de veces pero cuando aquel hombre la volvía a llamar, toda resistencia era en vano.

Siguió avanzando, traspasó las llamas sin sentir nada y se puso en frente de aquel hombre. Vio su rostro y el terror inundó su cuerpo, aquel ser no era humano, los ojos eran del color de la sangre, por nariz tenía dos finas ranuras y sus labios eran finos que cuando sonrieron mostraron dos blancas filas de dientes afilados.

Quiso correr, salir de allí, gritar, escapar pero su cuerpo no se lo permitía, no dejaba de mirar a aquel ser, había algo en el que le atraía, era su sueño, eran sus deseos, nada más que eso. Se acordó de lo que le dijo su psicólogo.

-Él no va ayudarte. Esto es muy real y a tu cabecita no le sucede nada. –El hombre le habló sin apenas mover los labios.

-No es cierto, esto es solo un sueño, producto de mi imaginación y tú no existes... –Ana sentía que le faltaba el aliento.

Él se acercó pegando su cuerpo contra el de ella, la estrechó entre sus brazos fuertemente y acercó sus labios a su oreja.

-Dime que lo que sientes ahora no es real, dime que notar mi cuerpo no te excita, dime que tu pulso se acelera por que no sientes nada. –Y le mordisqueó el lóbulo suavemente.

El círculo de alrededor comenzó a recitar mucho más alto que antes, sus voces retumbaban en los oídos de Ana, aquello la estaba mareando.

-Es solo... mi cabeza, ella me hace sentir todo. –Ella podía sentir el cuerpo de aquel hombre, su aroma a tierra, su aliento en su cuello, su voz...

-Yo te demostraré quién es el que te hace sentir todo eso.

Fue acercándose poco a poco hacia sus labios, ella retiró la cara pero él agarró su barbilla con la mano y la giró. Estaban a pocos centímetros, Ana intentó luchar contra aquel ser pero se vio sorprendida la notar cómo le besaban unos fríos labios.

Intentó apartarse, intentó luchar pero él no la dejó, él la dominó e incluso su cuerpo la traicionó y se dejó llevar. Él aprovechó aquel momento para besarla profundamente y saborear cada centímetro de su boca.

Cuando sus bocas se separaron, la cabeza de ella se deslizó suavemente hacia atrás, él seguía sujetándola.

Pronto todo quedó sumido en un profundo silencio, los hombres habían callado.

-Ahora mi pequeña, seremos unidos para siempre. –Él miraba su cuello, su pelo caído hacia atrás y sus ojos cerrados.

Sin ni siquiera hablar, miró a uno de los hombres del círculo, éste se acercó portando un cofre plateado. Cuando lo abrió se pudo distinguir un gran anillo también plateado con dos calaveras, una superpuesta a la otra.

El hombre lo cogió con delicadeza y la miró de nuevo.

-Estira tu brazo, Ana. Desde hoy seremos uno. Yo Voldemort te doy ese privilegio.

Ana estiró su brazo sin saber realmente lo que hacía, la voz controlaba su cuerpo.

-Muy bien, pronto pasará todo, yo estaré aquí para sujetarte.

Voldemort acercó el anillo al antebrazo de ella y poco a poco lo presionó contra su piel.

Ana chilló, aquello la estaba quemando pensaba que se moría, no sentía simplemente dolor sino como si parte de su alma se fuera hacia el anillo. La marca que le estaba dejando en el brazo comenzó a crecer hasta que le cubrió medio antebrazo.

Él la sujetaba para que no se derrumbase y pronto los chillidos de los hombres se unieron al de Ana. Todos estaban en el suelo chillando y sujetándose el brazo.

El dolor cesó para Ana pero no para los hombres que todavía seguían tendidos en el suelo. Ella levantó la cabeza y le miró a los ojos, él le sonrió.

-Ya somos uno. –Comenzó a reír, otra vez aquella terrorífica risa.

Se despertó de nuevo sudorosa y sentada en la cama, esa pesadilla había sido peor que las anteriores. Encendió la luz de su mesilla, aun respiraba con dificultad.

-Las sesiones no funcionan, mañana...

Ana se quedó blanca, estuvo a punto de chillar. Su brazo, estaba marcado, tenía una marca igual que la del sueño, aun dolía un poco. Se notaba que estaba hecha con fuego, le habían marcado como al ganado. Comenzó a llorar, había sido real, la pesadilla había sido real.

HOWGARTS

-¡Pomfrey, despierta! ¡Rápido!

-¿Qué sucede Albus? ¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?

-Severus y Harry. Chillaron a la vez y se desmayaron. No sabemos más.

Albus con ayuda de otros profesores, portaban sus cuerpos hasta las camas. Tenían mal aspecto, sus rostros habían perdido el color, no decían nada, solo emitían pequeños quejidos, la cicatriz de Harry estaba al rojo vivo y por el gesto de Snape sujetándose el antebrazo, la marca también debía estarlo.

Pasaron más de dos horas cuidando de ellos, solo podían darles pociones para el dolor y aplicarles gasas frescas en la frente. Sus quejidos habían cesado, solo estaban inconscientes. Pero la pregunta era ¿qué les había dejado así? Era relacionado con Voldemort pero nunca antes había sucedido algo así.

-Te digo Albus, que deberíamos empezar a buscar. Querías una señal y aquí la tienes. Harry y Snape, por mucho que odie a Snape no me gusta verle así y menos aun a mi sobrino.

-Gracias, por la parte que me toca.

-¡Severus! –dijo Albus ayudándole a incorporarse.

-¿Cómo te encuentras? –dijo Black.

-Un poco escocido ¿tú que crees?

-¡Solo he preguntado!

-Calma ¿relajémonos queréis? –dijo Albus en tono autoritario. -¿Qué sucedió Severus?

-No lo sé, ha sido diferente a las otras, el dolor era más intenso, esta vez no pude soportarlo, pensaba que me moría.

-Bien, es muy probable que Voldemort haya hecho una llamada a gran escala y por eso ha sido tan fuerte el dolor, por eso Harry también lo ha sentido. –Albus miraba el cuerpo de Harry tendido en la cama.

-Lo dudo. –dijo Snape mirándose la marca.

-¿Qué quieres decir?

-Mirad la marca, ha cambiado ya no es una si no dos calaveras las que se ven.

Todos se acercaron a ver la marca de Snape y vieron cómo realmente había aparecido otra calavera detrás de la original.

-Esto no me gusta, Albus. –dijo McGonagall asustada.

-Y a mí tampoco, Minerva, a mí tampoco.