Capítulo 2
Jacob:
No dijo palabra. Su mano estaba tan caliente como me esperaba… pero no esperaba que me gustara. Cómo su mano encajaba en la mía. Mi corazón palpitaba en mi pecho, algo que no pasaba desde…ella. Desde que ella venía.
La chica que estaba en frente mío me miró con unos ojos confundidos e intensos cuando mi mandíbula se cerró fuertemente con un sonoro chasquido. Todo ese tiempo intentando no pensar en… En Bella, y ahí estaba. En menos de 20 segundos, todos los recuerdos de ella invadieron mi cabeza, seguidos por el ya familiar dolor del corazón.
Me fijé en esta chica que recientemente había estado en la forma de un lobo. No podía ser. No la había visto nunca en la reserva ni en ningún lugar cerca de La Push ni Forks. Entonces, ¿cómo podía haberme olvidado de ella? Sería difícil de olvidar en una ciudad pequeña.
Unos ojos de color azul claro como el cristal miraron fijamente a los míos durante un momento, antes de que se aclarara la garganta y bajara la mirada, soltándome la mano. Mi mirada recorrió su cuerpo de arriba abajo. Podía decir que era musculosa y elegante, ágil y alta. Su pelo era corto y alborotado, teñido de un extraño tono morado. Era preciosa, una palabra que no había usado para describir a nadie excepto a Bella.
- Yo, eh… Soy Caralin- dijo. Su voz hizo que todo mi cuerpo se estremeciera. Sus ojos todavía estaban fijos en el suelo.
Caralin… Cara. Esa era la chica nueva de la que me habían hablado Quil y Embry. Al principio, pensé que se habían vuelto locos y que tenían mucha imaginación, algo estúpido por mi parte. Heme aquí, un hombre lobo, diciendo que otros dos licántropos tienen mucha imaginación. Estoy seguro de que incluso la persona más creativa ni se hubiera imaginado que existíamos, entonces, ¿por qué no podía existir un lobo pícaro?
Se hizo el silencio por un momento…pero era extrañamente cómodo con ella. No había necesidad de llenar cada silencio con una charla divertida. Era perfecto. De repente quería saberlo todo sobre ella, cada pequeño detalle de su vida. Su color favorito, día, estación, pájaro, árbol, flor, su cumpleaños, su mayor miedo, su posesión más preciada… sus sueños. Todo.
- ¿Qué haces aquí?- le pregunté. Lo que pasaba por mi cabeza me estaba asustando un poco. ¿Por qué me interesaba tanto por una extraña que resultaba ser también un licántropo? Cada pensamiento que había tenido desde el año pasado había sido sobre Bella. Isabella Marie Swan… incluso su nombre me enviaba una ola de dolor.
Caralin alzó la mirada hacia mí con sorpresa. Bien. No tenía sentido darle una falsa señal. Estaba enamorado de Bella y lo estaría siempre. ¿Por qué hacer que esta chica pensara de otra manera? ¿Por qué provocarle el mismo dolor de corazón que el mío?
- Iba a preguntarte lo mismo- dijo. Sus ojos azules echaban chispas.
- Yo tengo derecho a estar aquí… ¿Cuál es tu excusa?- mi voz era llana, seca.
- No sabía que había una ley para estar en un bosque público… lo siento- empujándome a un lado, marchó (literalmente a zancadas) por la espesura en la dirección por la que había venido como lobo.
La miré mientras se iba, un extraño sentimiento se asentó en mi estómago. ¿Culpa? No… Nunca me había sentido culpable. ¿Preocupación? Nop, no me preocupaba no volver a verla. En realidad estaba como aliviado de no tener que verla excepto en clase. Era imposible que empezara a pensar en ella.
Entonces, ¿qué? ¿Qué podía estar haciéndome querer correr tras ella, decir su nombre? Mantuve los pies plantados en el suelo. No la seguiría. ¡Ni siquiera la conocía! Esto tenía que parar, los sentimientos y pensamientos dando vueltas en mi cabeza. Me estaban volviendo loco.
El pelo color vino de Cara se alejó en la distancia. Parecía familiar verla marcharse. Como… como ver a Bella irse por última vez. Vacilé. Estaba volviendo loca a la manada con los pensamientos de compasión por mí. Leah estaba harta de tener pensamientos de Bella besándome en el bosque ese día de hace meses, pero me daba igual. Leah, y los demás, deberían salir d mi mente. Mantener sus propios pensamientos en sus propias cabezas, donde debían estar.
Parpadeé y ella ya se había ido, no quedaba rastro de ella. No se oía ningún sonido excepto el de mi propia respiración. Un nuevo sentimiento (como si pudiera soportar alguno más) se apoderó de mí.
Un nuevo sentimiento… De remordimiento.
Cara:
Entré dando un portazo en cuanto comenzaba a lloviznar. Subí las escaleras dando zancadas hasta mi cuarto y cerré la puerta, interrumpiendo un grito inquisitorio de mi padre.
Bien. Jacob puede quedarse bajo la lluvia todo el tiempo que quiera, pensé e instantáneamente me retracté. No quería que se quedase bajo la lluvia, a pesar de no saber nada de él excepto su estúpido nombre.
Echada sobre la cama, escuchando la lluvia caer fuera, la imagen de su cara y sus ojos marrón oscuro apareció tras mis párpados cerrados. Mis dedos habían estado queriendo darle la mano todo el tiempo que estuvo delante de mí, pero en cuanto abrió la boca, mis dedos querían pegarle.
¡Él no poseía el bosque! ¡Estoy bastante segura de que no es de nadie! Así que, ¿qué le da derecho a decir que yo no podía estar ahí? Él y su amigo… el bajito… ¡Quil! Los dientes me rechinaron al reprimir un grito de frustración.
Ni siquiera sabía qué me importaba. ¿Por qué me preocupaba tanto? Y qué, era un idiota. Debería haberlo visto venir por cómo iba. Los chicos como él raramente no son idiotas. Entonces, ¿por qué me molestaba tanto? ¿Por qué dolía, la manera en que actuó?
- Toc toc- dijo mi padre mientras abría la puerta. ¿Por qué molestarse en llamar si no esperas a que respondan?
- ¿Qué, papá?
Se paseó por la habitación y vino a sentarse a mi lado. Yo todavía tenía los ojos cerrados, así que no veía su expresión, pero supuse por su tono que estaba preocupado.
- ¿Qué ha pasado? ¿alguien… te ha visto?- preguntó.
Probablemente debería haberle hablado… de Jacob. Parecía importante mencionar el hecho de que había otro… licántropo ahí fuera, andando sin rumbo fijo tan cerca de casa. En cambio, me vi a mí misma mintiendo, diciendo "no papá, claro que no. Tengo más cuidado que antes."
Me dejó ahí, los ojos cerrados, la lluvia repiqueteando contra mi ventana, e intenté aclararme las ideas.
No funcionó. Pensé en el colegio, los chicos de mi clase, e intenté juntar nombres con caras, pero el único nombre en el que podía pensar era Jacob. Después intenté pensar en mi vida en Nuevo México y la gente que más cerca estuvo de ser mis amigos. La única persona que podía recordar era un chico que se llamaba Josh, pero eso se parecía tanto a Jake, que pensé en Jacob.
Suspirando, me incorporé y miré el reloj. Habían pasado dos horas y todo lo que había hecho era sentarme y pensar... en Jacob. Un chico del que no sabía nada excepto su nombre y el hecho de que a veces también se convertía en un lobo gigante.
El resto de la noche, me ocupé haciendo la cena y terminando mi habitación. Volví a doblar toda la ropa, la ordené por colores y estilos. Intenté conectar mi ordenador para que funcionara y seguramente lo único que conseguí fue liar los cables aún más.
Finalmente, decidí darme una ducha e irme a la cama. No había nada que pudiera hacer sin que me asaltara la imagen de un lobo marrón-rojizo con ojos tristes. Incluso soñé con él. No decía nada (gracias a dios), simplemente se quedaba ahí quieto, mirándome, Quil y Embry a cada lado suyo, ambos lobos también. Verlos en mi sueño hizo que mi pulso se disparara, pero en realidad mis ojos sólo estaban fijos en él, y él se fijaba en otra cosa. Mi yo del sueño no quería mirar, tenía miedo de lo que vería...
Al día siguiente, cuando sonó la campana, anunciando a todos la hora de ir a clase, sabía exactamente a dónde tenía que ir y centré todos mis pensamientos en legar al aula L-3. Estaba funcionando tan bien que se me había olvidado completamente por qué había estado toda la mañana con pavor a que llegara esta hora.
Lo podría simplemente olvidar todo el tiempo.
Me quedé petrificada en la puerta, ganándome empujones de la gente que intentaba entrar a la clase detrás de mí. Mis ojos se abrieron de par en par y luché por mantener mi expresión bajo control.
Respira, Cara, respira... simplemente camina hasta tu sitio... simplemente siéntate... simplemen...
- Parece que Jake está aquí hoy, ¿no, Cara?- subí la mirada hacia el chico que se llamaba Quil y noté como de mis ojos salían chispas. Parpadeó, pero no perdió su sonrisa engreída.
Jacob había estado en el frente de la clase, cogiendo un viejo y polvoriento libro de texto del estante más alto para Mr. Foster, y no se había dado cuenta de que yo había entrado en clase. Qué afortunada era de que este chico iba a ajustar las cuentas conmigo.
Abrí la boca para decir algo sarcástico, totalmente preparada para sentarme en cualquier otro lado, de todos modos. Pero su voz me cortó.
- Cállate Quil... puede quedarse con mi sitio. Da igual- Jacob estaba detrás de mí pero, cuando me di la vuelta, él ya estaba al otro lado de la clase, asentándose en un asiento justo en frente de la puerta.
El hecho de verle me produjo un escalofrío por toda la columna y por mi piel. ¿Por qué un chico como él tenía este efecto sobre mí? No podía evitarlo, no importaba cuánto intentara pensar en otras cosas. Él siempre estaba ahí, como correo basura en mi cerebro.
El tiempo se escurrió, la clase terminó y para cuando estaba de camino hacia el vestíbulo, él estaba deslizándose entre la gente hacia su próxima clase.
Eso era bueno, ¿verdad? Lo de que él no me dijera nada y viceversa. Quizás si tan sólo nos evitáramos el uno al otro lo suficiente, dejaría de pensar en él todo el rato. Quizás lo parara completamente.
De alguna manera, tenía serias dudas de que alguna vez dejara de pensar en Jacob. Incluso si él no volvía a hablar conmigo.
Gracias por los reviews!! Me han hecho mucha ilusión! .
Siento haber tardado tanto, la próxima vez intentaré actualizar más pronto, ahora que ya han acabado las clases y no hay presión. )
