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-¿Cómo querías que te tratara? Me diste el susto de la vida.
-Lo extraño es que pensaste que deseaba seducirte, Naruto. Eres demasiado idiota para llamar mi atención. De todas formas ahora sabemos que sí eres homosexual.
Naruto gruñó cruzándose de brazos, con un mohín de berrinche inminente.
-Aún te falta mucho por aprender para hablar con la gente, sin que le dejes a uno ganas de rajarte la cara a puñetazos. –Acercó el puño apretado hasta el rostro de Sai, que para intentar salir de nuevo del aprieto sonreía con nerviosismo.
Naruto había ido muchas ocasiones a esa lúgubre mansión, tentado por la curiosidad de conocer los secretos del extraño heredero.
Llenándose sus desordenados cabellos rubios de hojas secas y la ropa con espinas, pasaba por debajo de la verja, arrastrándose entre rosales.
Se reunía a escondidas con su nuevo amigo, sabían que no sería del agrado del padre de Sai que se viesen.
Poco tiempo después le enseñó a él como salir, los lugares qué visitar, siempre acompañado por el bullicioso muchacho que aprendió a protegerlo al mismo grado que apreciarlo. Tanto como Sai buscaba casi enfermizamente el bienestar del de ojos azules.
Naruto tenía muchos amigos de distintas clases sociales y caracteres, por eso a nadie le extraño que incluso alguien que parecía el más raro entre todos, como Sai, hubiera acabado en el grupo de los más allegados.
Lo que sorprendió es que se convirtiera en el más confiable para él en tan poco tiempo.
Tres años después de conocer a Naruto, impulsado por el rubio había escapado de casa.
Su padre le desheredó, mas al artista pareció no importarle. Un afecto más grande le unía a Naruto de lo que le pudo unir a su padre alguna vez.
Sai estaba gratamente sorprendido de que, a pesar de lo que decían los libros, los lazos de sangre no eran tan grandes si no estaban reforzados con afecto. Después de todo sí se podía elegir una familia.
Terminó siendo su compañero de habitación. Con su pasividad característica, Sai levantaba en su forma de ser ordenado y limpio, el excesivo caos en la vida de Naruto, incluyendo su persona.
-Estoy cansándome un poco de esto, Sasuke me escribe cada vez menos a menudo.
Sai dejó de mirar el hielo que colgaba de las ramas desnudas de los árboles oscuros; estaba sentado en el marco de la ventana, trazando las líneas del invierno en un papel.
-¿Tienes frío? –Preguntó con una pequeña sonrisa. Naruto negó con la cabeza.- ¿Por qué frotas tus brazos si traes puesto el abrigo?
-Desolación, Sai, así es como se llama lo que siento.
Sai frunció las cejas. Desolación tenía que ver con un sentimiento de aflicción, y como todo, sabía qué significaba, pero no qué era lo que tenía que hacer al respecto.
Dejó su dibujo en la silla cercana. Se sentó en el piso, al lado de donde estaba Naruto, que raras ocasiones utilizaba el sofá.
Naruto le miró con el rabo del ojo. Sai estaba rígido y serio, pero siempre le acompañaba. Cerró sus ojos azules, permitiendo sentirse acompañado.
¿Quién es Sasuke? Se preguntarán. ¿Un hermano? ¿Un primo? ¿Un amigo de la infancia?
Permítanme contarles un poco sobre él, antes de continuar con la historia de nuestros protagonistas, pero no podré hacerlo sin aprovechar para referirles un poco sobre la otra estrella, que será con quien comenzaremos.
Continúa.
