EL TIRO POR LA CULATA
CAPÍTULO DOS
Motivos ulteriores
Sakura se apartó de la cara un húmedo mechón mientras se afanaba sobre la sartén. La casa -antiguamente abandonada- no disponía de especias en las alacenas, así que lo único que tenía a mano para darle un poco de sabor a la comida era aquello que había podido traer del mercado la semana anterior: sal. No es que realmente le preocupase que sus captores encontraran desabridos sus guisos; por lo que a ella atañía, podían tomar veneno que no le importaría una mierda. Pero envenenarlos ya lo había intentado y sin éxito.
Colocó el tarro de la sal en su sitio acostumbrado, el armario que yacía sobre ella, y fue a echarle un vistazo al caldo que se cocinaba a un lado de la sartén. Un ceño fruncido se abrió paso a través de su rostro al pensar en cuánto desasosiego le provocaba saber que Itachi volvería a las dependencias.
Chisporroteaba el pescado en la cocina, mas ella siguió mirando a través de las anticuadas ventanas de la cabaña. Un segundo más tarde, Kisame, capa sobre el hombro y Samehada a medio camino, desapareció de su vista.
Un rayo de sol aterrizó en su cara cuando tomó conciencia de que Itachi se había materializado de la nada a tan sólo un tiro de piedra de la puerta principal. Sus pasos se dirigían al interior y provocaron que el corazón de Sakura latiese con fuerza en su pecho.
El chisporroteante pescado crepitó con fuerza y le salpicó el brazo. Dio un respingo debido al ligero dolor y su mano se movió automáticamente para frotar la zona.
El sonido de la puerta al abrirse llegó a sus oídos, pero Sakura estaba demasiado concentrada en frotarse la quemadura mientras, a medias, prestaba atención a la comida. Haría cualquier cosa para que Itachi la viera ocupada y siguiese así su camino, dejándola a solas.
El crujido de la puerta, sin embargo, inundó de aprensión su estómago y le provocó una sensación de mareo. Los pasos se multiplicaron. La cocina estaba separada de la puerta por apenas unos pocos.
No, no, pensó Sakura en medio de una lenta expiración y mientras observaba por el rabillo del ojo cómo él se acercaba. Su capa se encontraba abierta para poder admitir la entrada refrescante de la brisa.
El ruido de los pasos cesó habiendo llegado a la entrada de la cocina. Su presencia parecía irradiar una perturbadora nube de silencio. Sakura se dijo que si Itachi caminara por un bosque plagado de sonidos silvestres, estos enmudecerían. Incluso la flora se marchitaba a su paso en su fantasía. Su imaginación se avivó y dedicóse a crear situaciones hipotéticas que probablemente habrían divertido hasta al mismo Itachi. Aunque no es que lo hubiese visto reírse alguna vez.
Sentía que él allí, parado en la puerta de la cocina, estaba fuera de lugar. Más extraño era aún que ella fuese el objeto de su escrutinio.
Itachi pestañeó una vez, sabedor de que Sakura pretendía parecer ocupada. Su tensión era como un humo espeso flotando en el aire; podría olerlo a lo lejos. Miraba con excesiva atención la cocina y entretanto frotaba su brazo profusamente, como si estuviese sucio.
Itachi sabía que Sakura Haruno siempre se agitaba de nervios cerca de él. Incluso meses después de asentarse en aquel lugar, la imagen que de él tenía no había cambiado y tampoco lo había hecho su forma de comportarse cuando estaba en las dependencias. En realidad, el escenario era bastante cómico. Estaba indefensa y lo sabía. Itachi encontraba algo de humor en cómo había aceptado cuán desamparada estaba en medio de la nada con la sola compañía de dos miembros de Akatsuki.
Una de las comisuras de la boca del hombre se alzó ligeramente y, después, éste caminó hacia delante.
El pescado comenzaba a quemarse así que se apresuró a retirarlo de la sartén. Quiso aderezar el caldo, pero sus manos temblaban. Apresurándose a ignorar su nerviosismo, echó mano del segundo pescado y oyó cómo el aceite crepitaba al depositarlo en la sartén. Los pasos ya no se oían.
Eso estuvo cerca, respiró hondo. Introdujo el cucharón dentro del caldo para probarlo. Una táctica más que bienvenida para que su cerebro aterrizase en la tierra. Ya no percibía su presencia, pero decidió echar un vistazo para asegurar su paz de espíritu. Un error por su parte.
Itachi ya no se encontraba en la puerta sino justo a su lado. El corazón le dio un vuelco y casi gimió. Se quemó la comisura de su boca con el caliente cucharón, que cayó al suelo de repente.
Era incapaz de oír los sonidos que la rodeaban, ni siquiera el murmullo de su propia respiración. Había jurado que jamás le miraría a los ojos pero los suyos, verdes como esmeraldas, se abrían ante la visión de su sharingan -siempre negro, siempre rojo. Sakura quiso apartarse de él de inmediato, pero estaba demasiado cerca y la cocina seguía funcionando a su lado. Un paso en falso y su pelo se prendería.
- ¿Qué…? –balbuceó.
La mirada acerada de Itachi era ilegible, pero el poder que emanaba llegó hasta su cara. Nunca había estado tan cerca de ella, cuyos ojos parecían dos libros abiertos. Ahí, él leía todas las emociones que atravesaban su cerebro, pues danzaban en sus irises y le mostraban el tejido de su alma. Sus labios, de un rosa que se repetía a modo de sonrojo en su piel marfileña, temblaron ligeramente.
Por favor… Dios mío, por favor, no… su cerebro repetía el ruego como una letanía. Itachi se inclinó sobre ella y su respiración uniforme envió temblores bajo su piel y resonó en sus oídos como una tortura maliciosa. Incluso bajo aquel semblante sin expresión, su mirada era letal.
Observó cómo levantaba la mano, cómo la dirigía hacia su rostro. Un pánico agudo explotó en sus entrañas y supo que iba a morir. Después de todos aquellos meses agónicos, su enemigo encontraba el momento más extraño de todos para darle fin. Su corazón latió como si fuera a salírsele del pecho, ella esperaba a la muerte.
No había compasión o trastorno en su rostro, mientras que en el de ella se leía claramente el miedo. Sin embargo, su dedo índice se extendió hacia la esquina de su femenina boca y, para sorpresa de la joven, atrapó una gota de caldo que había quedado atrapada en uno de sus labios.
Aunque su pecho subió y bajó rápidamente debido al alivio, observó con alarma cómo Itachi lo chupaba
- Necesita sal –indicó torvamente.
No se lo esperaba y se quedó allí, sin poder mover un músculo. No sólo estaba embotada, la estrecha proximidad del hombre le impedía alcanzar el armario.
Sakura recuperó la fuerza necesaria para apartar los ojos de su mirada pero logró asentir. Empujarlo era arriesgado, por lo que intentó patéticamente alcanzar el tarro desde su posición.
Aquellos labios se levantaron para revelar una irritante sonrisa. Él mismo lo agarró pero no se alejó de ella un ápice a pesar de dejarlo sobre el mostrador. Si acaso, se las había arreglado para acercársele más, notó con pánico.
- El pescado debe… debe de estar quemándose –consiguió decir. El aceite chisporroteó a su lado.
Itachi no pronunció palabra. Su estómago descansaba ahora sobre el de ella.
La presión de su peso contra su cuerpo creó en ella una sensación de desnudez y vulnerabilidad. La mano de él volvió a elevarse, esta vez para rodear su barbilla cuando ella intentó evitar su mirada.
Sí, ahora captaba todo su miedo. Cada pequeña pulsación de su sangre bajo aquella piel tenía un eco en su propio cuerpo. Bajo circunstancias normales, un momento como aquel debería resultarle placentero, pero algo era diferente de alguna manera.
No porque fuera una mujer.
Se debía a que pertenecía a Sasuke Uchiha.
- Mmm –murmuró suavemente y la dejó ir.
Con su toque aún vivo sobre su piel, Sakura observó atontada cómo él se daba la vuelta y salía de la cocina. A un lado, el caldo burbujeaba con fuerza y el pescado yacía carbonizado.
La tarde había comenzado y finalizado tan rápido como el ocaso y los rayos rojos y anaranjados, que una vez atravesaran el cielo, cambiaban a azul oscuro y negro. El horizonte acuoso del lago desaparecía de su vista y lo único que aún permitía a la orilla ser visible era la llegada constante de las olas.
Itachi había permanecido sentado en el mismo lugar desde el comienzo de la tarde. Las horas pasaban velozmente, pero el tiempo había dejado de tener importancia para él. El rodar de las piedras y la arena bajo sus pies lo tentó a cerrar los ojos y obtener un momento de paz.
- Al parecer, las últimas órdenes tan sólo incluyen una misión de reconocimiento –dijo Kisame a sus espaldas-. Una triste pérdida de tiempo y de potencial.
- Qué posicionamiento tan común –respondió Itachi.
- Je.
Kisame no le dio importancia a lo que parecía un insulto. Él e Itachi habían sido compañeros en Akatsuki desde el principio. Lo entendía y no hacía caso de aquellos que pudieran llamar patética a la forma en que aceptaba aquel trato condescendiente. Itachi Uchiha no era la persona ideal con la que complicar las cosas.
- Soy un hombre simple, sediento de sangre. Una buena pelea y aire que respirar me es suficiente para tener un propósito en la vida.
- No es una misión de reconocimiento –Itachi lo ignoró-. Akatsuki ha puesto precio a la cabeza de Kabuto, el subordinado de Orochimaru. Se encuentra desaparecido desde la muerte de su maestro y tiene información sobre la organización. Necesitamos hacernos cargo de él.
- ¿Lo haré solo?
- No. Zetsu te esperará en la frontera del país del Viento. Se ha visto a Kabuto rondando por allí hace catorce días.
- Ya veo. En fin, tener algo que hacer, aunque sea una nimiedad como ésta, me ha hecho más feliz –dijo Kisame-. Si no hubieses vuelto habría reventado las entrañas de esa putita de pelo rosa.
Los labios de Itachi se estrecharon sardónicamente.
- ¿Tantos problemas te causa?
- No sé si follármela o cargármela.
- No la toques.
Una fina ceja se alzó suspicaz en la frente de Kisame. Había lidiado en su mente con una pregunta sin respuesta durante varios meses y hasta le fecha. ¿Por qué seguía con ellos Sakura Haruno?
- Comienzo a pensar que sigues conservándola a tu lado por razones ajenas a tu hermano –dijo con cautela.
- No seas ridículo –replicó Itachi secamente mientras, entretanto, Kisame sonreía.
- Hay muchas otras maneras de hacer sufrir al pobre muchacho, aparte de matarla –indicó el antiguo ninja de la Niebla- . Lo haría yo mismo, pero sería una simple bofetada en su mejilla. Sin embargo, si tú asumes el papel principal sería más bien como acuchillar cada puta entraña de su jodido estómago con un cuchillo herrumbroso.
Itachi no dijo nada y Kisame supo que había obtenido la atención de su compañero. Su sonrisa serrada se amplió considerablemente al dar un paso hacia delante. Su voz se derramó sobre el hombro del otro individuo.
- A menos que quieras tenerla cerca. Debo admitir que a veces es de ayuda con los asuntos domésticos.
- Nunca en el pasado has cuestionado mis decisiones, Kisame –replicó finalmente-. No comiences ahora al preguntarme por qué sigue viva.
Con un suspiro, Kisame abandonó el tema y dio un paso atrás.
- Está bien. Era solo una idea.
- Zetsu estará esperando por ti en un par de horas. Fuera de mi vista.
En menos de un segundo, su compañero había desaparecido, dejándolo de nuevo a solas con sus asuntos al borde del lago. Contra su voluntad, las palabras de Kisame dispararon un extraño sentido de la curiosidad en él. Sabía a qué se refería éste cuando decía que él podría asumir el mencionado "papel principal". Los sucesos que habían tenido lugar más temprano consiguieron reforzar sus pensamientos, trayéndole una visión de cabellos sedosos y ojos esmeraldas.
Sakura le tenía miedo, pero podía leer cada una de sus emociones en su mirada y gracias a ello sabía que su relación con Sasuke no había tomado el cariz deseado. No le había prestado nunca atención, tampoco la había tocado.
Estúpido hermano menor, tomas de nuevo algo por sentado.
Quizá era tiempo de enseñarle una lección, ¿para qué estaban los hermanos mayores, después de todo? Itachi le mostraría, conseguiría que Sasuke cayese en la cuenta de sus errores y alimentaría su odio. Kisame podría tener razón al decir que la situación le favorecería.
La idea continuaba formándose en su mente y cuanto más pensaba en ella, más sentido cobraba. El dolor era la clave y Sakura el medio para un fin.
Sin embargo, no la forzaría, aunque la negligencia de su hermano menor le ayudaba en su propósito. Presentía que Sakura no se opondría demasiado tiempo a él, por muy asustada que estuviese o por mucho que lo detestase.
El objetivo se volvió claro e Itachi se regocijó. Sakura contribuiría a la destrucción de su hermano. Con aquello en mente, abotonó su capa y desanduvo el camino al borde de la orilla del lago.
