Primer día juntos
Los primeros rayos de sol se asomaban en el tercer templo cuando su guardián, Saga de Géminis, preparaba los últimos detalles antes de dirigirse hacia la Casa de Capricornio. El pequeño Milo aún dormía cubierto de pies a cabeza por las sábanas y murmuraba palabras incomprensibles cada vez que el gemelo mayor intentaba despertarlo. No importaba cuantas veces Saga lo moviera o le quitara las cobijas, Milo siempre se las ingeniaba para volvérselas a poner y seguir durmiendo.
- Otro ratito, Saga. – se quejaba el bichito. – Es muy temprano.
- Precisamente, Milo. – contestó el mayor de cabellera azulada. – Si no hubieras dejado tus horrendos bichos esparcidos en la cama, no estarías desvelado. – dirigió su mirada hacia el pequeño aún acostado en el colchón. - Si los hubieras guardado no nos habríamos pasado toda la noche buscándolos. Ahora levántate, Shura ya debe estar esperándonos.
- ¡Pero Saga! – el bichito abrió los ojos con pesadez y los cerró rápidamente cuando sintió los rayos de sol en su rostro. - ¡Fue tu culpa!
- ¿Mi culpa? – contestó indignado acercándose al pequeño. – Debería deshacerme de esas cosas. ¡Son peligrosas para un niño como tú! ¡Por Athena, Milo! ¡Me picaron una y otra vez! ¡Prométeme que no los llevarás con Shura!
- ¡Es que los aplastaste, Saga! ¡Por eso se espantaron y se escondieron! – se defendió el menor con una sonrisa pero la cambió inmediatamente a una pequeña mueca. - ¡Pero Saga! - se levantó de la cama de un brinco y se dirigió al gemelo. - ¡Shura me los regaló! ¡Se puede enojar conmigo si piensa que no me gustaron!
- Milo… - suspiró resignado. – Estoy seguro de que a Shura no le importará el que dejes esas cosas aquí. – vio con horror como Milo se dirigía a recoger una cajita y sacaba a los tres escorpiones de ella.
- Saga… si no me los llevo… ¿quién me los va a cuidar? – preguntó mientras tomaba a los tres escorpiones y los abrazaba. - ¿Saga?
- Te prometo que estarán bien, enano. – el gemelo le sonrió. – Kanon los cuidará, ¿entendido? – le indicó con su mano que se acercara y Milo obedeció no sin antes dejar a sus mascotas de vuelta a su cajita. – Ahora dime, ¿ya hiciste tu maleta?
- ¡SÍ, Saga! – exclamó mientras tomaba una pequeña mochila. – La empaqué yo solito. – el bichito infló el pecho orgulloso. – Bueno… tal vez Kanon me ayudó un poquito.
- ¿Kanon? ¿Mi hermano? – preguntó confundido.
- ¡Qué tonto eres, Saga! – exclamó el niñito – Mi escorpión no puede ayudarme ¡está muy chiquito! – Saga sólo pudo sonrojarse ante las burlas del pequeño. - ¡No te preocupes por mí! Estaré bien porque Kanon me empacó todo lo que necesito. ¡Mira! – dijo abriendo su mochilita e indicándole al mayor que viera el contenido. - ¡Me puso mi pijama favorita! También está mi cepillo de dientes… - comenzó a sacar las cosas de la maleta y a colocarlas en la cama. – Mis crayolas… hojas… pantalones… playeras y ¡mira! ¡También puso mis calzoncitos! ¡Todo está aquí!
- Milo… ahora la tendré que empacar de nuevo. – interrumpió una voz mientras se adentraba a la habitación. Saga miró sorprendido cómo su hermano menor volvía a colocar las cosas dentro de la mochila.
- ¡Kanon! – exclamó contento el pequeño. - ¿Viniste a despedirte de Saga? – preguntó ilusionado. - ¿Ves, Saga? ¡Te dije que te extrañaría cómo yo! – los gemelos se sonrojaron, Saga volteó hacia otro lado y Kanon continuó empacando las cosas evitando por completo que Milo notara sus mejillas sonrojadas.
- Ya está lista… - habló Kanon mientras le daba la mochila a su hermano para que la cargara. – Este… suerte en la misión. – desvió la mirada. – Ten cuidado, Saga.
- Gracias… - contestó tomando la mochila y colocándosela en su hombro, después cargó su gran caja de oro y la puso en el otro hombro. – Cuida a Milo, ¿sí? Sé que Shura lo hará pero también sé lo difícil que es cuidar a cinco niños. – bajó la mirada hacia el bichito que lo miraba inocentemente. – Además, estos pequeños son demasiado traviesos y más cuando están juntos. – Saga tomó a Milo en brazos y se dirigió a la salida.
- Vendrás a verme, ¿verdad, Kanon? – preguntó el escorpión en los brazos del gemelo. Saga se detuvo y miró a su hermano.
- Debo asegurarme de que no vuelvan loco a Shura, enano. – el gemelo mostró una tenue sonrisa.
- Bien… porque no quiero que no andes por ahí solo, Kanon. – Milo le sonrió abiertamente y volteó a ver a Saga. – No sé porqué te preocupas tanto, Saga, si Kanon también nos cuidará y no nos pasará nada malo. – el mayor sonrió y le dirigió una última mirada a su hermano.
- También cuídate, Kanon. – y sin más Saga y Milo salieron del tercer templo rumbo a la décima casa.
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Cuando por fin arribaron al Templo de Capricornio, Saga no se sorprendió al ver al arquero tratando de tranquilizar a un entusiasmado Aioria, pues el pequeño se encontraba subiendo y bajando alegremente las escaleras del décimo templo en compañía de Mu. Al lado de Aioros se encontraba Shura tomando de las manitas a Shaka y a Camus.
- Buenos días. – saludó el gemelo cortésmente a sus compañeros dejando con cuidado a Milo en el suelo. Este sin dudarlo se reunió con los demás pequeños.
- Hola, Saga. – contestaron al unísono y sonriéndole al travieso Milo que ya corría hacia su mejor amigo.
- ¡Camus! – exclamó alegre. - ¡Sí llegaste! ¡Nos vamos a divertir mucho! – el galo no pudo contestarle pues Shaka comenzó a jalarle el cabello. - ¡Y tú también Shaka! – Milo les sonrió a ambos niños y después dirigió su mirada hacia Mu y a Aioria. - ¡Qué malos! ¡Ya empezaron a jugar sin mí! – soltó molesto y sin pensarlo se unió a ellos.
- ¿Estás seguro de esto, Shura? – preguntó el arquero. – Puedo hablar con el Patriarca para que sólo vaya Saga. ¡Tengan cuidado! ¡Mu, Aioria! – gritó cuando vio al pequeño Mu perder el equilibrio mientras subía las escaleras con su hermano.
- Por mí no habría problema. – apoyó el gemelo. – De hecho estaría más tranquilo si alguien más te ayudara con esos monstruos. ¡Milo, aléjate de esas ruinas!
- No se preocupen, chicos. – les contestó el español, tratando de apartar a Shaka del francesito, pues este no dejaba de jalarle sus cabellos. - ¡Estaremos bien! Además no los cuidaré solo, Ángelo y Olle también vendrán. – alzó a Camus del suelo pero el pequeño se resistía y trataba de bajarse para seguir peleando con el futuro Santo de Virgo. - ¡Camus! ¡Estate quieto!
- ¡Suéltame, Shura! – exigía el galo, intentando zafarse de los brazos del peninsular. - ¡Le daré a Shaka su merecido por andarme jalando mi cabello!
- No te tengo miedo. – soltó Shaka sacándole la lengua y escondiéndose entre las piernas de Aioros.
- Tranquilos, niños. – Saga se acercó y cargó a Shaka para evitar que Camus se le lanzara; se aclaró la garganta y gritó. - ¡Enanos, vengan aquí de una buena vez! – todos los presentes lo miraron sorprendidos y con algo de temor pero volvieron a la normalidad cuando el gemelo mostro una tierna sonrisa y colocó a Shaka en el suelo.
- ¿Qué pasa, Saga? – preguntó Milo acercándose.
- ¿Estamos en problemas, hermano? – Aioria se les unió junto con Mu y finalmente Shura soltó a Camus.
- Nada de eso, Aioria. – el arquero le revolvió sus castaños cabellos. – Ya es hora de irnos, ¿no es así, Saga?
- Sí. – el gemelo miró a los cinco niños con una sonrisa. – Quiero que se comporten, ¿entendido? – los pequeños asintieron contentos. – Hagan todo lo que Shura les diga y traten de no desesperar a Olle y a Ángelo.
- Traten de no romper nada… - comentó Aioros. – Si van a Rodorio… no se separen de ellos, nada de azúcar, cero historias de terror, si van a la playa no se alejen de la orilla y…
- Creo que ya entendieron, Aioros. – interrumpió Saga. – Ya pueden seguir jugando, niños. – Shaka, Mu y Camus se alejaron contentos hacia la sala del Templo de Capricornio. Milo y Aioria los iban a seguir pero fueron detenidos por Saga y Aioros, respectivamente.
- ¿A dónde crees que vas, bicho? – preguntó Saga jalando suavemente a Milo de su playera y colocándose al nivel del pequeño. Aioros hizo exactamente lo mismo con su hermanito. Shura observó a los pequeños entrar al templo y miró con una sonrisa a sus compañeros.
- ¡Saga, quiero ir a jugar! – se quejó Milo tratando de soltarse del agarre del mayor.
- ¿Y dónde quedó eso de "te voy a extrañar, Saga"? – imitó el tono infantil de Milo. El niño sólo pudo sonreír y dejó de moverse. – En fin… - suspiró resignado y vio al bichito directamente a los ojos. – Milo… prométeme que te portarás bien… por lo que más quieras no te metas en problemas… ¡promételo, Milo! – alzó un poco el tono de su voz. – Prométeme que serás un buen niño… - lo tomó por los hombros y lo miró temeroso.
- ¡Saga, estaré bien! – respondió el futuro guardián del octavo templo. – No te preocupes por mí. – sonrió abiertamente. – Te prometo que me portaré bien.
- ¿Lo juras? – el gemelo mayor entrecerró sus verdes ojos. El pequeño asintió y Saga sonrió aliviado. – Bien… ahora ven acá. – el guardián de Géminis abrazó fuertemente a Milo y este correspondió gustoso la acción.
- Te quiero, saga… - murmuró el pequeño sin soltar al gemelo. – Cuida de Aioros. ¡Ya quiero que regreses! – Saga sólo pudo sonreír tiernamente y continuó el abrazo. A su lado se encontraban Aioros y Aioria despidiéndose.
- Aioria… empaqué a Nico en tu mochila… ya sabes… en caso de que te asustes. Todo lo que necesitas lo guardé y… - fue interrumpido por su hermanito.
- ¡Hermano! ¡Yo no me asusto! – exclamó molesto. Aioros soltó una risita y abrazó a su leoncito.
– Ya lo sé… es sólo por si acaso, pequeño. Te extrañaré mucho… sólo serán unos días, lo prometo.
- ¡Hermano! ¡Me portaré bien! – soltó Aioria. – Cuidaré a todos. – el pequeño infló el pecho orgulloso. – Ayudaré a Shura a cuidarnos… - Shura, que aún estaba observándolos sólo puso sonreír nerviosamente.
- Bien… es hora de irnos. – dijo un Saga no muy convencido y poniéndose de pie, Aioros lo imitó.
- Volveremos pronto. – dijo el arquero viendo a Shura. – Gracias de nuevo…
- No es nada. – contestó el español. – Suerte en su misión. – Milo y Aioria se acercaron al guardián del décimo templo y lo tomaron de las manos.
- Nos vemos. – se despidió Saga y comenzó a subir las escalinatas restantes con dirección al Templo Principal seguido por Aioros.
- ¡Adiós, Saga! ¡Hermano! – gritó Aioria mientras agitaba su mano libre en forma de despedida. Esperaron un rato hasta que finalmente los perdieron de vista.
- ¿Qué haremos ahora, Shura? – preguntó Milo alzando su cabecita y mirando al mayor.
- Creo que sería buena idea desayunar primero, ¿no creen? – contestó con una sonrisa y aún sosteniendo sus manitas los encaminó hacia la entrada del templo.
- ¿Cuándo vendrán Olle y Ángelo?
- Espero que pronto, Aioria… - respondió Shura. Cuando entraron a la sala, el español abrió los ojos como platos al ver lo que estaba ocurriendo: Camus lloraba en el centro de la pequeña sala y Mu trataba de quitarle pegamento líquido de sus cabellos, sin éxito. Shaka se encontraba sentado en el suelo con el frasco de pegamento en sus manitas igualmente embarrado de pies a cabeza.
- ¿Qué pasó aquí? – Shura se acercó a los pequeños. - ¿Por qué están llenos de pegamento?
- Shaka vio el botecito en la mesita, Shura. – contestó Mu, aún tratando de ayudar a Camus. – Queríamos saber qué era esa cosa blanca y Shaka lo abrió.
- ¡Luego se tropezó, Shura! – se quejó Camus hipando. - ¡Y el tonto me embarró todo! – el francés comenzó a llorar con más fuerza.
- ¡No es cierto! – se defendió Shaka que también comenzó a llorar. - ¡No fue mi culpa, Shura!
- Tranquilos… no es tan malo. – Shura se agachó para estar al nivel de Shaka y Camus. – Aún no se seca. – examinó los cabellos de los pequeños. – Con un poco de agua se les caerá. – sonrió y volteó a ver a Milo y a Aioria que se reían sin parar ante el accidente de sus amigos. – Quiero que vayan al comedor y me esperen ahí, ¿de acuerdo? Iré a lavar a estos dos. – los pequeños asintieron y se dirigieron al comedor mientras Shura tomaba a Camus y a Shaka. Los tres niñitos se sentaron en las sillas y esperaron impacientes el regreso del décimo guardián.
- ¡Ya quiero comer! – exclamó Milo. - ¡Shura cocina muy rico!
- ¡Pero no tanto cómo mi hermano! – contestó Aioria. - ¡Ojala haga hot cakes! – aplaudió contento. - ¿Tú qué quieres, Mu?
- ¡Quesadillas, quesadillas! ¡Con mucho quesito! ¡Cómo las hace mi maestro Shion! – Los tres futuros santitos se vieron interrumpidos por la llegada de dos presencias al templo.
- ¡Buenos días! – saludó el Caballero de Piscis entrando a la casa seguido por un gruñón Ángelo que maldecía en su lengua natal. - ¿Shura?
- ¡Olle, Ángelo! – Milo sonrió abiertamente sin bajarse de la silla. - ¡Vinieron a jugar con nosotros! – Afrodita se acercó con una tímida sonrisa y tomó asiento enfrente de los pequeños.
- ¿En dónde está Shura, Milo? – preguntó apoyando sus brazos en la mesa. - Y tú, Ángelo… no te quedes ahí parado y quita esa cara de amargado. – los pequeños sólo vieron cómo el italiano refunfuñaba con sus dientes y se sentaba junto a Olle.
- ¡¿Por qué se tardaron tanto?! – preguntó molesto Shura empapado, regresando al comedor con Shaka y Camus completamente limpios. – Creí que se habían arrepentido…
- Ángelo lo hizo. – comentó Olle con una sonrisa burlona. – Por eso fui por él a su templo… - miró de reojo al Santo de Cáncer que se cruzaba de brazos molesto. – Supongo que estabas demasiado ocupado con los pequeños para notar mi presencia al pasar por aquí. – Shura sólo pudo asentir resignado con un movimiento de cabeza. - En fin… ¿ya desayunaron? Porque yo muero de hambre.
- ¡Nosotros también tenemos hambre, Shura! – se quejó Shaka. - ¿Verdad, Camus? – el francesito afirmó con su cabecita. Al parecer ya habían hecho las paces, o al menos eso pensó el español.
- ¿Qué desayunaremos? – al fin habló el cangrejo. – Si voy sufrir los siguientes días al menos quiero hacerlo con el estomago lleno. – se quejó.
- ¿Por qué sufrirá Ángelo, Shura? – preguntó el leoncito. - ¿Alguien lo lastimará? ¡Nosotros te podemos defender, Ángelo! – el español y Olle sonrieron ante la inocencia de Aioria y Ángelo rodó los ojos.
- Ángelo está loco, Aioria. – respondió Olle. - ¿Con qué nos deleitarás hoy, Shura?
- Creo que deben conformarse con pan tostado y huevos estrellados. – se sonrojó. – Creo que también tengo un poco de fruta.
- Delicioso. – soltó sarcásticamente el Santo de Cáncer.
- Te ayudaré a poner la mesa mientras tú te cambias de ropa… te ves horrible. – soltó Olle y Shura suspiró resignado – En seguida vuelvo… y Ángelo no hagas una tontería. – el italiano rodó los ojos por milésima vez y esperó el desayuno junto con los pequeños.
- Ángelo es un enojón… - le susurró Mu a Milo. El bichito sonrió y miró discretamente al aludido que se soplaba el flequillo.
– Kanon es igual… siempre se enoja por todo y no es malo. No te preocupes, Mu. Está enojado porque tiene hambre. – el lemuriano asintió con un movimiento de cabeza. Poco tiempo después, Olle regresó con varios platos y cubiertos para colocarlos sobre la mesa. Volvió a la cocina y ayudó a Shura que ya estaba seco y cambiado con la comida. El español comenzó a servir, primero a los pequeños y después a Ángelo y a Olle. Cuando Shura finalmente tomó asiento, todos comenzaron a comer. Pasaron unos minutos en los que sólo se podía escuchar el ruido de los cubiertos tocar suavemente los platos.
- Creí que no querías comer esto, Ángelo. – soltó Olle limpiándose con una servilleta al ver cómo el plato de su compañero estaba casi vacío.
- Shura no cocina tan mal… - se defendió el santo aún con la boca llena. El peninsular se sonrojó nuevamente pero siguió comiendo. Observó a los pequeños desayunar y se tranquilizó al creer que todo estaba saliendo bien, salvo el pequeño accidente con el pegamento, pero nada es perfecto, pensó.
- ¿Olle? – Shura observó curioso al interruptor de sus pensamientos. Milo miraba al Santo de Piscis con una traviesa sonrisa.
- Dime, Milo. – contestó mientras se limpiaba nuevamente con una servilleta.
- ¿También eres como Shaka? – la simple pregunta del bichito llamó la atención de todos en el comedor. Shura y Ángelo dejaron de comer y el sueco parpadeó varias veces sin entender.
- ¿De qué hablas, Milo? – Afrodita se veía más confundió que nunca.
- ¡Sí! ¿También eres herbívoro como Shaka? ¿Te gusta comer hierbitas cómo él? – entrecerró sus azules ojitos.
- ¡No seas tonto, Milo! – exclamó el francés. - ¡Se dice vegetariano! – miró a su mejor amigo con enojo. – Servirás a la diosa de la sabiduría y ¡mírate! ¡Todo un ignorante! – Shura sonrió y tomó su vaso de agua, Ángelo rodó los ojos y se sirvió un poco más de comida.
- ¿Por qué me preguntas eso, Milo? – Olle al fin pudo hablar aún sin entender al pequeño escorpión.
- Es que siempre te veo con una rosa en la boca… ¿te gusta pasear con ellas antes de comerlas? – al escuchar esto, Ángelo sólo pudo atragantarse con su desayuno y Shura escupió el agua que bebía. El santo de cáncer sin disimularlo, soltó una tremenda carcajada y el sueco no pudo contestar nada pues su cara adquirió un tono de rojo intenso. Los niños lo miraron curiosos en espera de la respuesta que nunca llegó, el español se disculpó y se levantó de la mesa con el pretexto de buscar un trapito para secar el agua derramada y se fue a carcajear a la cocina.
- ¿Qué pasa, Olle? – preguntó burlón Ángelo. – Son sólo unos niños, ¿te acuerdas? – volvió a reírse. - ¡Anda, contéstale! ¡Yo también tengo curiosidad!
- Ya déjenlo en paz… - intervino Shura que regresaba de la cocina y comenzó a limpiar el agua de la mesa. – Milo, lo que Olle se ponga en su boca no es de tu incumbencia… - rió bajito. – No importa si sean rosas o alguna otra flor. – miró cómplice a Ángelo con una sonrisa burlona.
- ¡Quita esa cara de amargado, Olle! – soltó Máscara limpiándose una lagrimita que se escapaba de sus azules ojos.
- Sólo para que lo sepan… - contestó el Caballero del Pez. – Yo como de todo. – miró molesto a Shura y a Ángelo. - ¡La rosa es un símbolo de belleza, por eso la uso!
- ¿Podríamos usar unas también, Olle? – preguntó Aioria. Mu, Milo, Shaka y Camus vieron curiosos al Santo de Piscis que volvió a quedarse sin habla.
- Primero terminen de desayunar… - soltó Shura sirviéndoles un poco más de comida. – Estoy seguro de que Olle contestará todas sus dudas con gusto cuando acaben.
- Creo que esto no será tan malo como pensaba… - comentó el italiano antes de volver con su platillo y viendo de reojo a Olle que seguía demasiado avergonzado como para seguir comiendo.
Notas
¡Hola!
Lamento haberme tardado tanto en este segundo capítulo xD Con respecto a la situación con el pegamento… yo supongo que sí se puede quitar con agua hahaha xD weno en este fic sí :P
En fin espero que les guste. Mil gracias por los reviews xD de verdad que me animaron a seguir escribiendo esta historia :3
Melissia: Primero que nada gracias por leer este fic. Estoy completamente de acuerdo contigo… Máscara y Afrodita se complementan perfectamente :D Espero que este capi sea de tu agrado. ¡Saludos!
Eros13: Al fin la iluminación llegó a mi ser hahaha espero que haya valido la pena… aún no estoy muy convencida del resultado pero espero que te guste y continúes en este fic haha xD Espero y disfrutes la histeria de mi querido Ángelo. ¡Nos vemos!
Kaito Hatake Uchiha: Me alegro que te hayas divertido con el fic ^^
Sara Mariscal: Estoy de acuerdo contigo XD Milo y Aioria se divertirán haciéndole la vida imposible a estos tres haha xD. Si lees este capi, espero y te guste.
LiaraPrincenton: Mil gracias por tu review de verdad que me animó mucho ^^. Creo que ya te había contestado pero no importa haha :3 espero que disfrutes de este capi :D ¡Besos y abrazos!
Ariel de Piscis: Yo tampoco puedo odiar a mi Ángelo hahaha xD espero que te guste este capi ^^
Minako: Tienes razón… Milo es un amor haha xD simplemente me encanta ^^ espero que si lees este capi lo disfrutes :D ¡Saludos!
Sakumille: haha sip pobre de mí Saga prometo ya no torturarlo tanto haha xD espero que sigas leyendo esta historia ^^ ¡Saludos!
Ahora si… me voy xD
Debo empezar con el tercer capi ^^ ¡Gracias a todos por leer!
Lamento las posibles faltas de ortografía :P
Helena Hibiki :D
