Junio

Andrew aparcó el coche después de veinte minutos. Habíamos estado dando vueltas y no dábamos con el lugar, hasta que lo encontramos tras un enorme edificio que al parecer era un banco. El departamento estaba en un pequeño edificio de tres pisos, ya viejo y algo descuidado. Había un portero canoso y chaparro que nos miró con curiosidad cuando nos acercamos a él. Dirigió su vista a las cajas y maletas y luego a nosotros.

-¿Sí?

-Buscamos a la señorita Tsukino.-dijo Andrew ofreciéndole la mano.

El señor la aceptó y con cuidado sacó una agenda de un cajón, en donde escribió nuestros nombres y la hora.

-Debe ser usted el nuevo inquilino, ¿me equivoco?-dijo dirigiéndose a mí. Asentí con la cabeza para no ahondar en una conversación, lo único que quería era ya instalarme.

-Suban por favor. Es el tercer piso, la señorita Serena debe llegar en cualquier momento pero me encargó que les diera una copia de la llave.

Andrew la tomó mientras que yo recogí mis cosas y entre los dos subimos con dificultad hasta el tercer piso, ya que el edificio era tan viejo que no había elevador. Me di cuenta de que era un lugar pequeño, ya que solo había un departamento por piso, eso significaba que solo había tres departamentos. En el tercer piso dejé caer las cajas y maletas y observé el lugar mientras Andrew abría. Había una banca afuera junto a la puerta, una maceta con una planta muy verde y alta y una enorme ventana que daba hacia la calle principal en donde estábamos estacionados. Cuando Andrew pudo abrir, metimos las cosas y me sorprendí al notar que el departamento era grande a pesar de no parecerlo. Ocupaba gran parte del tercer piso, la sala era amplia, al igual que la cocina. Había dos recamaras y pude notar que la que estaba habitada era unos metros más grande que la vacía en donde solo había una cama, el peinador, un librero, un buró y un closet no muy grande. Rodee mis ojos porque no comprendía por qué las mujeres querían habitaciones más grandes. El único inconveniente era que solo había un baño. No estaba seguro de poder compartir el mismo baño, pero no tenía otra posibilidad. Había una regadera amplia con tina, excusado y lavabo. Me encogí de hombros cuando terminamos de desempacar, por suerte no tenía tantas cosas y todas cupieron a la perfección. Había pasado casi una hora y media desde que llegamos y entonces escuchamos el golpe de la puerta y el sonido de una voz femenina. Andrew me miró excitado y sonrió de oreja a oreja.

-Seiya.-dijo bajando el tono de voz.-Te ruego por favor que hagas tu mayor esfuerzo en esto. Solo habla algo más… femenino… has movimientos extravagantes o agarrate el cabello, no sé, has algo para que ella de verdad crea que eres gay. Escucha música para mujeres… no sé, ya verás que hacer. Ahora salgamos.

Andrew salió al encuentro de "la señorita Tsukino" y escuché como se saludaban alegremente. Respiré profundamente antes de salir de mi nueva habitación, me subí los pantalones y salí. Caminé dubitativamente hasta la sala y vi a una chica rubia abrazando a Andrew. Esperé a que terminaran y cuando se separaron noté su mirada posarse sobre mí. No pude descifrar sus pensamientos. Sus enormes ojos azules no mostraban nada y parecía indiferente a mi presencia. En cambio yo, seguramente me comporté como un idiota. La miré de arriba abajo sin detenerme a pensar y para mi mala suerte, me di cuenta de que era una mujer con… muy buenos atributos. Andrew me lanzó una mirada inquisitiva y me quedé sin pestañear.

-Él es Seiya Kou.-dijo Andrew mientras rodaba los ojos.-Tu nuevo rommie.

La rubia extendió la mano y la acepté cortésmente.

-Serena Tsukino.-sonrió.-No luces muy… gay.

Mis mejillas se encendieron escarlata y fingí una sonrisa. La verdad es que solo quería jalarle los cabellos a esa niñita tonta. Aclaré mi garganta y mientras Andrew me miraba amenazadoramente, respondí con la voz más melosa y femenina que pude.

-Yo… eh… ¡claro que lo soy!

Serena sonrió burlonamente y se dirigió a la cocina.

-¿Les sirvo algo de tomar?

-No.-respondió Andrew.-Debo irme, tengo asuntos pendientes con Unazuki, los dejo para que se vayan conociendo.

Andrew se despidió de nosotros y salió del departamento. Serena se sirvió zumo de naranja y mientras se lo tomaba me miró directamente a los ojos. Realmente era molesto que me mirara como si fuera un espécimen.

-Deberías conocer la cocina.-dijo echando el vaso al fregador.-Ven.

Me acerqué sin decir palabra.

-Aquí están los platos… por aquí los vasos, acá abajo los cubiertos. La comida, evidentemente en el refrigerador. En la alacena hay más cosas.

-Ya.

-¿No te gusta hablar o simplemente tardas en adaptarte?

-¿Qué?-dije molesto.-Oh, no, para nada… De hecho me encanta hablar, ¿a ti no? Saber los secretos de todos… ¡uy! Adoro saber los secretos de todo el mundo.

-¿De verdad?-preguntó algo sorprendida.- ¡A mí también! Es como saber lo que piensas, saber qué les gusta y que no, es como tenerlos atados a ti, ¿no es genial? Puedes destruirlos en cualquier momento.

¿Qué? ¿Así es como las mujeres se destruyen las unas a las otras? ¡Locas!

-¡Lo sé!-mentí.-Algunas perras necesitan traer correa… ya sabes.-sonreí.

Las frases y palabras del amigo de Yaten venían a mi cabeza una a una a salvarme. Por suerte pasé mucho tiempo con él y pude notar, aunque no me diera cuenta hasta ahora, que al menos tenía idea de cómo se comportan los gays.

-Muy bien, Seiya, creo que tendremos que organizarnos, tu sabes, para vivir en paz, no queremos peleas, ¿o sí?

-¡Odio pelear! ¿Tú no? Es tan… ewww… es decir, odio que algunos hombres siempre insisten en pelear y luego quieren hacerse las víctimas.-luché contra mí mismo para no reír a carcajadas de lo que salía de mi boca y al mismo tiempo me sentí aliviado de que Serena no se diera cuenta de que me reía de ella y de todo lo que aprobaba de mis "pensamientos".

-¡Totalmente de acuerdo! Son unos ineptos egoístas, pero en fin… Qué te parece si los miércoles vamos al supermercado, obviamente la mitad de todos los gastos para cada quien y pues… ya veremos qué va pasando.

Caminó a su habitación y como no regresaba decidí que era mejor irme a la mía y tratar de relajarme un poco. Antes de entrar a mi habitación, escuché la voz de Serena.

-¡Seiya! Entra.-se encontraba sentada en un sillón.

Por unos segundos me quedé de pie dudando de si hacerlo o no. Cuando vi que no le importaba, entré y me senté en el borde de la cama.

-Cuéntame de ti. Si vamos a ser roomies debemos conocernos muy bien, ¿no crees?

-Bueno pues estudio Periodismo en la Universidad de Tokio, estoy por cumplir los 25, tengo dos hermanos, uno es doctor y el otro estudia psicología, es menor que yo por dos años. Necesito terminar mi tesis máximo en un año, o de lo contrario perderé el mejor trabajo que me propondrán en mi vida. Y pues… creo que es eso todo.

-¿Todo? ¡Lo dudo! Me parece que tienes muchas cosas que contar, ¿no es así? ¿Por qué tuviste que salirte de tu otro departamento?

-Es algo complicado en realidad. Lo que sucede es que…

-¿Te corrió tu novio?

-Oh, eh… yo no… tengo novio.-dije enojado.

-Bueno, sé que ahorita no, pero Andrew me contó que tu pareja y tú pelearon gravemente y que te corrió sin piedad del departamento. ¡Pero no te preocupes! Todos hemos tenido una extraña relación.

Quería matar a Andrew, en cuanto lo viera le daría un golpe en el rostro.

-Por supuesto. Mi ex pareja me hirió de verdad, es por ello que casi no me gusta hablar de eso. En fin, es una fortuna que Andrew te conociera. ¿Y tú qué haces de tu vida, querida?-dije enfatizando la última palabra.

-Me faltan dos años para terminar Relaciones Internacionales en la Universidad Interasiática.

-Ya. ¿Eres rica?

-¡Claro que no! Quizá mi padre tenga dinero pero… bueno, es una relación complicada.

-Luces muy joven, pero seguramente solo se te ve en la cara, querida.

-Cumplí 22 el mes pasado, ¿qué feo, no?

-Ciertamente. Cuando uno se empieza a poner viejo es más difícil encontrar hombres dispuestos a amarte.-dije burlándome. Serena sonrió mientras asentía.

-¡Totalmente de acuerdo!

-Veo que tienes deberes así que me retiro a mi cuarto, ¡este rostro no se cuida solo!

La rubia me dedicó una mirada casi de admiración y me dijo adiós con la mano. En cuanto cerré la puerta me recosté sobre la cama y reí durante horas reprimiendo mis carcajadas en la almohada. Después de todo, eso de fingir ser gay no me resultaría tan difícil, solo esperaba poder aguantar las ganas de reír en todo momento. Ahora lo único que necesitaba hacer era comenzar mi tesis y tratar de tolerar a esa niña tonta unos cuantos meses. Quizá si me apresuraba podría terminar mucho antes de lo pensado y podría terminar con todo esto cuanto antes. Solo tenía que pasar el menor tiempo en casa para poder fingir menos tiempo y no tener que convivir mucho con Tsukino, o tendría un mal tiempo porque no estaba seguro de hasta dónde ni cómo sería capaz de fingir tanto.

El día apenas comenzaba, así que aproveché la luz del sol para leer el resto del libro con el que había comenzado para la investigación. Por fortuna, el tiempo se me pasó volando y cuando menos me di cuenta ya tenía notas, resúmenes y hasta críticas del libro. Eso era un gran avance y seguramente en mi antiguo departamento jamás lo hubiera hecho a no ser que me saliera. Cuando vi el reloj ya pasaban de las seis de la tarde y escuché que la puerta se cerraba y después unas voces se filtraban a mi habitación. Había más de dos personas en la sala y no quise enterarme, así que decidí tomar el consejo de Andrew. Encendí la laptop y un rato después a todo volumen puse canciones de One Direction. No tenía idea de si a los gays les agradaba ese tipo de canciones, pero en mi opinión yo jamás había escuchado algo tan homosexual en mi vida. Seguí leyendo, ahora el segundo libro, y avancé bastante hasta que escuché golpes en mi puerta. Rodee los ojos y cerré el libro con cuidado. Abrí la puerta con una falsa sonrisa y vi a Serena y dos chicas más a su lado que me miraban descaradamente. Noté que la otra que también era rubia observaba con desdén mi torso, ya que me había quitado la playera y lo llevaba desnudo, así que me sonrojé un poco.

-Seiya.-dijo Serena notando mi semi-desnudez.-Ellas son Mina y Lita.

-¡Hola!-gritaron al mismo tiempo. Sus horribles voces me aturdieron los oídos pero seguí fingiendo.

-¡Hola chicas! ¿Amiguitas?

-Somos las mejores amigas de Serena y queríamos conocer a su nuevo roomie. ¡Guau!-dijo la que se llamaba Mina.-Eres realmente guapo, ¡lástima que eres gay! Si no ya te hubiera…

-¡Mina!-reprendió Serena avergonzada de la actitud de su amiga.

-Oh, déjala.-interrumpí.-Yo sé que soy hermoso, ¿no lo soy?

La de cabello oscuro asintió sonriendo.

-Vamos a pintarnos las uñas, ¡anda acompáñanos! Así seremos cuatro y nadie se quedará sin pareja.-intervino Lita.

-¿Qué?-dije asustado.-Es decir… ¡por supuesto! Me pondré una playera encima…

Se fueron a la sala y me maldije a mí mismo, ¿pintar uñas?, Eso sí estaba mal. Yo no había pintado ni una pared en toda mi vida. Si descubrían que no era capaz de pintar uñas, sabrían mi identidad.

Las encontré sentadas en los sillones y me tocó con Serena. Eligió un tono rosado que por alguna razón se veía muy bien en sus manos. Hice un esfuerzo sobrenatural por pintárselas de una manera decente, y mientras tanto, tuve que aguantar sus charlas sobre chicos y estupideces que no me interesaban en lo absoluto. Serena pareció bastante contenta con lo que le hice, así que me crucé de brazos y sonreí. En ese momento creí que colapsaría y diría la verdad, eso no estaba bien. Hubiera preferido mil veces decir la verdad y tener sexo con las tres, a pintarle las uñas a una mujer, ¡mátenme!

La verdad ya estaba completamente harto de hablar de chicos, de colores y de tonos de rosa. Lo único que quería era comer y dormir. Afortunadamente un rato después, Mina y Lita decidieron irse y me dispuse a preparar unos sándwiches. Serena entró de nuevo al departamento y cuando me vio quiso ayudarme, así que no me negué. Moría de hambre y no me importaba lo que sucedía a mí alrededor. Minutos después nos sentamos en la alfombra de la sala y mientras nos observábamos el uno al otro en silencio, devoramos nuestros sándwiches.

-¿Quién solía vivir contigo?-pregunté curioso.

Serena tragó lentamente el pedazo que traía en la boca y cerró los ojos unos instantes.

-Es algo que no me gusta recordar mucho, pero te diré porque me agradas. Era mi mejor amiga… ella solía vivir conmigo. Se llama Rei.

-¿Ya no lo es?

-Obvio es que no. Tuvimos muchos problemas y… bueno, no todas las amistades duran para siempre.

-Dicen que si una amistad se termina entonces nunca fue verdad.

-Es muy probable. Quizá ella nunca fue mi amiga… me hirió demasiado y la verdad es que no quiero hablar de ella, he tenido suficiente con lo que me hizo.

-Ya. Disculpa.

-No te preocupes, tú no sabías nada.-sonrió.-Es algo triste, seguro debes pensar que soy una loca. La quería mucho y me dolió muchísimo todo lo que pasó, pero ya no tiene caso ahondar en cosas que no puedes cambiar ni borrar, ¿cierto?

-Muy cierto…

Terminamos de comer y en silencio limpiamos la cocina. Me despedí de ella y durante el resto de la noche me dediqué a leer y hacer anotaciones. No logré dormir mucho, todo me daba vueltas en la cabeza y no podía pensar bien. ¿Sería capaz de hacerlo? Yo no era capaz ni de conservar a una novia, ¿cómo podría fingir algo que no soy por tanto tiempo? Desee con toda mi alma que el tiempo pasara rápido y que me diera fuerzas para lograr mis objetivos. Lo único que quería era irme de Japón para siempre y no volver, hacer una nueva vida y no volver a saber nada de nadie aquí. Cerré los ojos y me dejé guiar por mi fisiología.