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Los días pasaron y John había descubierto una variada gama de sentimientos que, realmente, no sabía que tenía. Después de la partida de Sherlock, contactarse con él era imposible. Incluso recurrió a Mycroft para poder conseguirlo, pero el maldito Holmes mayor solo le dijo que "Las indicaciones de su hermano, para que acepte trabajar en el caso que le había asignado, era que John no supiera nada". Aquellas palabras hicieron que el doctor soltara una sarta de maldiciones y otros floridos insultos aprendidos a lo largo de los años contra todos los miembros del clan Holmes. Bueno el pobre Mycroft se hizo merecedor del premio mayor de la ira Watson y terminó con la nariz sangrante y una que otra contusión por los golpes que John logro darle antes de que la seguridad del club Diógenes lo echara a la fuerza.
Ese día John estaba hecho una furia y terminó su noche en un bar, bebiendo algunas cervezas y maldiciendo al imbécil de Sherlock por su estúpida pataleta. Pero conforme el alcohol se apoderaba de su organismo, el hueco en su alma causado por la ausencia de su amante lo desmorono, haciéndolo sentir patético. Regreso a su departamento, dirigiéndose a la habitación, lanzándose sobre la cama para abrazar la almohada de aquel idiota y poder percibir aquel aroma que tanto extrañaba. Así, volvió a dormir dejando que su cuerpo descanse un poco antes de retomar su monótona rutina, levantarse a las 5, media hora antes de que suene el despertador, ir al baño por una ducha fría, cambiarse y bajar por el desayuno, sentarse en su sillón de siempre y chequear las noticias en la laptop para ver si conseguía alguna información de su idiota. Marcharse a la clínica, atender pacientes, comer, ir a cirugía, ir al Tesco por algunas cosas, preparar la cena o pedir cualquier cosa, jugar con la comida y tragando a duras penas algunos bocados mientras cambiaba los canales en la tv. Aburrido, aburrido, aburrido …
-MALDICIÓN SHERLOCK!- Gritó antes de lanzar sus tallarines contra la tv. Estaba harto, realmente harto de la calma y el silencio, de no escuchar las quejas de Sherlock por lo aburrido que estaba, de no recibir sus mensajes de texto a cualquier hora del día pidiéndole algo o que regrese a su lado, de no escuchar el maldito violín en la madrugada, de no tenerlo a su lado, de no sentir su calor, su aroma, su presencia… de no tenerlo a su lado aunque este molesto. Un nudo se formó en su garganta, ya eran cinco días en la cuales solo Lestrade se había apiadado de él y comunicado que Sherlock estaba trabajando para desarticular un maldito grupo de fanáticos de Moriarty que se autodenominaban UMQRA.
John se dejó caer en el sillón de Sherlock, masajeándose el puente de la nariz debido al dolor de cabeza que en ese momento sentía, las últimas dos noches había recurrido a pastillas para dormir y al parecer esa noche haría lo mismo, realmente se sentía patético ante el estado en el que estaba por la ausencia de su amante. Pero el sonido de su celular lo sacó del trance.
-Dime Lestrade, ¿qué sucede?-
-John … Sherlock lleva dos días desaparecido – fue la breve frase que lo hizo saltar como resorte del sillón y salir corriendo del departamento con dirección a la oficina de su amigo.
En el taxi, John recordaba que hacía dos noches, mientras trataba de dormir, un extraño escalofrío recorrió toda su espina dorsal, podría jurar que sintió el toque de Sherlock sobre su mejilla.
-Dios …. No … por favor … no lo permitas – John no era un fiel creyente, bueno hacia años había dejado su lado "religioso" pero esa noche, en ese taxi, había rezado y suplicado como nunca lo había hecho en su vida.
Al llegar, prácticamente corrió a la oficina de Lestrade, Mycroft y un par de hombres que no reconocía estaban ahí, Lestrade comenzó a poner al corriente a John sobre el caso. UMQRA era una organización de antiguos aprendices de Moriarty, al parecer habían sido entrenados desde muy pequeños por él y Sebastián Moran como futuros peones. Por qué los eligió, simple, eran hábiles e inteligentes, jóvenes, por no decir adolecentes, que guardaban cierto resentimiento a la sociedad por amargas historias pasadas y cuyo odio fue sabiamente redireccionado por Moriarty hacia el crimen organizado. Ese y otros detalles fueron los que Sherlock consiguió obtener antes de su desaparición. Sherlock y un puñado de hombres de Lestrade y Mycroft fueron a la guarida de dicho grupo pero, muchos de sus integrantes prefirieron sacrificarse para conseguir capturar a Sherlock. Mientras Lestrade hablaba, John mantenía los puños cerrados con tal fuerza que había logrado que sus pequeñas uñas se clavaran en su piel, haciéndolo sangrar, respiraba agitadamente pero trataba de controlarse.
-¿POR QUÉ CARAJOS NO ME DIJISTE NADA?!- cuando Lestrade terminó de hablar, John se había abalanzado contra él, golpeándolo con tal fuerza que lo mando al suelo con el primer golpe y de no ser por los hombres de Mycroft, de seguro el pobre detective hubiera terminado grave en algún hospital.
-Por eso no te dijimos nada – la voz calmada de Mycroft hizo que la ira de John aumentara, pero sabía que aquellos hombres que lo sujetaban con fuerza no permitirían que lo vuelva a golpear.
-Tenemos la ubicación actual de Sherlock, pero es peligroso movilizar muchos hombres, de seguro él aun esta con vida y esos individuos no dudaran en matarlo si saben que los hemos descubierto- Mycroft siempre tan diplomático.
-Por qué estás seguro que lo tienen con vida? – aunque no quería preguntar, John necesitaba saber que tenía esperanza de volverlo a ver, por muy pequeñita que esta sea.
-Lo que ellos quieren es vengarse de Sherlock, no contactaron conmigo para negociar y algunos murieron en la balacera solo para capturar a mi hermano con vida, eran diestros en el uso de armas. Si hubieran querido eliminarlo, lo hubieran hecho limpiamente – mientras Mycroft hablaba, con un leve gesto indicó a sus hombres que soltaran al doctor.
-Iremos por él, pero solo seremos tres personas –Lestrade se había levantado del suelo y se sobaba la mandíbula mientras le entregaba un arma a John. –Lo vamos a recuperar John, qué haríamos sin él? Esto sería un caos, no lo crees? – Lestrade, el buen Lestrade sonrió levemente mientras acomodaba su arma para ir con John al rescate del único detective consultor del mundo.
-después de todo, es tu cuñado – susurro John cuando Lestrade se acercó a Mycroft para recibir unos documentos. El detective se sonrojo visiblemente mientras miraba a John con un gesto indescifrable. Mycroft solo suspiró, antes de preguntar desde cuando lo sabía.
-Un par de meses, Sherlock hizo todo un escándalo cuando lo descubrió, dijo que odiaba poder deducir quien … quien se la metía a quien – Después de días John se permitió reír, como hacía muchos días no lo había hecho. Cómo olvidar el gesto de repulsión que había hecho mientras se lo contaba y lo que había tenido que "pagar" paga que Sherlock lo mantuviera en secreto y no molestara a su hermano y su pareja con el reciente descubrimiento. Cómo olvidar las burlas de Sara al darse cuenta de la cojera de John debido a "el pago" . Suspiró cuando se calmó, esos recuerdos eran suficientes para desear dejar la vida esa noche en aquel enfrentamiento con tal de volver a ver la sonrisa de su amante. Lestrade abrió la puerta de su oficina y salió acompañado por uno de los hombres de Mycroft.
-Ellos amenazaron con matarte, John …. Eres la debilidad de mi hermano, ten en cuenta eso la próxima vez que discutan – Mycroft lo había esperado en el marco de la puerta para poder soltar aquellas palabras con cierto resentimiento.
-Lo se Mycroft y no sabes cuánto me arrepiento por no haber estado estos días a su lado - la corta respuesta del doctor fue contundente, en su voz se podía notar dolor, ira, arrepentimiento y un atisbo de sed de venganza que Mycroft solo había visto en algunos asesinos.
De aquel lugar, cada uno salió en distintas direcciones, las indicaciones fueron dadas por Mycroft, desde su carro, atreves de diminutos audífonos. No podían correr riesgo de ser descubierto, cada uno de ellos ingresó al bar que servía de fachada a distintas horas, bebieron unos tragos, mientras Mycroft mandaba a su topo para descubrir la localización exacta de su hermano y cuando la obtuvo, les indicó que debían actuar y los tres hombres así lo hicieron. Lestrade autorizó la "redada" en aquel bar, era una magnífica forma de distraer al enemigo. El otro individuo abría paso a John en medio del laberinto que era la parte trasera de ese lugar, al parecer usado como prostíbulo clandestino, hasta que los disparos se hicieron presentes, el hombre de Mycroft cubriría a John hasta que encuentren a Sherlock, afortunadamente estaban cerca de la última habitación, así que John corrió hacia ella abatiendo a los "guardianes" de dicha puerta, sin importarle la herida causada por la bala que logro impactarle. Con una patada abrió la puerta y abatió a sangre fría a los otros dos miembros de UMQRA.
Aun con la adrenalina corriéndole por las venas se acercó a Sherlock, su Sherlock, quien estaba con el torso desnudo y severamente golpeado, las marcas de laceraciones en su piel indicaban que había sido azotado. Su pálida piel de porcelana estaba teñida de carmesí y con numerosas marcas moradas. Tenía las manos esposadas y las esposas lo sostenían mediante una cadena que colgaba del techo, sus muñecas tenían heridas profundas, producto del corte de las esposas, apenas podía sostenerse en pie, debido a que sus largas piernas también estaban golpeadas y con sangrantes heridas. Sherlock estaba prácticamente desnudo ante sus ojos pero lastimado en tal grado que la ira nuevamente se apoderaba de su ser, se maldijo mentalmente por permitir que lo lastimaran a tal grado. John se acercó a paso lento, temiendo que al tocarlo se desvaneciera, tomo su rostro con cuidado para poder verlo, a pesar de tener la ceja y los labios rotos, de ver la sangre seca sobre la piel enrojecida de su amante, a pesar de todo ello le parecía tan maravilloso.
-Sherlock … - susurró el nombre de su amante, quien a pesar de estar totalmente drogado, sonrió levemente y movió su rostro hacía la mano de John, buscando más contacto, más de ese calor que solo él podía entregarle y como si ese gesto fuera lo único que estaba esperando, se desvaneció entre los brazos de John.
NO ME MATEN
