Hiccup: 22 años
Cuando la luz, por fin , se apagó. Los dos observaron a con asombro a los personajes que habían aparecido ante ellos.
Parecía que toda la tribu se había reunido dentro de su casa, pero si miraban más detenidamente, y Hiccup era un gran observador, se podían apreciar ciertas diferencias con las personas con las que se topaban comúnmente en el pueblo.
sobre las ropas llevaban armas y armaduras , cosas que casi no se veían desde hace 2 años, dentro de Berck. Todos parecían algo más jóvenes. Algunos con menos canas en el pelo y otros con más cabello en las cabezas.
- ¿que pasó?
- ¿Dónde estamos?
Mil preguntas como estas se dirigieron a alguien que se encontraba entre la multitud, tapado a los ojos de Hiccup.
-¿ quienes son ellos?- preguntó un ultimo aldeano, apuntándolos a Astrid y a él con un dedo carnoso.
-¿ah?- fue la única respuesta que pudo dar, antes de que la persona a la que habían dirigido las preguntas se adelantara dejándose ver.
Stoick estaba parado delante de ellos, el mismo Stoick que había muerto hace dos años. Llevaba el hacha de guerra amarrada al cinto, y en su barba solo se veían unas cuantas canas. Estaba mucho más joven que la ultima vez que lo habían visto.
En ese momento la luz empezó por segunda oportunidad a brillar. Y esta vez, al desvanecerse, dejó a su paso, a todos los dragones y animales que fueron sacados de su tiempo.
Los dos bandos se empezaron a agrupar con sus respectivos compañeros, mirando con desconfianza al del otro lado de la habitación, mientras se gruñían de forma amenazadora. Los vikingos blandieron las armas, mientras los dragones enseñaban los dientes.
En medio de ese tumulto fue cuando Hiccup (de 22 años) vio a un vikingo y un dragón que no parecían compartir las ansias, de sus respectivas especies, por matar a la otra. Fue entonces cuando comprendió lo qué estaba pasando, y por qué su tribu se veía tan dispuesta de matar a los dragones después de tanto tiempo de paz.
Ellos no habían tenido esa paz, por lo menos no todavía, no en las vidas que habían vivido.
Reaccionó justo a tiempo para evitar que su padre se tirara sobre el dragón más cercano para arrancarle la cabeza. Aprovechando el espació entre los dos grupos corrió hasta pararse en la mitad exacta, dejando que así tanto dragones como vikingos lo pudieran ver por igual.
- ¡alto!- gritó lo más fuerte posible, atrayendo la atención de todos los presentes. - ¡está es mí casa y no toleraré ninguna pelea aquí dentro!
para su propia sorpresa y alivio su voz había sonado 100 porciento confiada y segura, sin demostrar la verdadera histeria y conmoción que, en realidad, sentía por dentro. Se dio cuenta de que, poco a poco tanto Astrid como Toothless salían de su anonadamiento y comenzaban a acercarse a él para darle su apoyo.
Notó como la mano de Astrid se posaba en su hombro para confortarlo y como Toothless se paraba detrás de los dos de manera protectora. Relajó su cuerpo de la postura defensiva en la que, sin querer, se había situado y abrió la boca para decir algo cuando fue interrumpido.
-¿quién eres tu? ¿Qué significa todo esto?- preguntó, casi exigió, el ex jefe de la isla.
Cuando iba a responderle surgió de su derecha un gruñido proveniente de la masa de dragones, recibiendo un gruñido del furia nocturna que se encontraba a sus espaldas.
Las quejas, preguntas y alegatos surgieron, otra vez, como una explosión. Tan seguidas que no pudo responder ninguna. Entre todo el murmullo se escucho una voz femenina entre las demás. Una mujer se abrió paso entre la multitud. Era rubia , alta y atlética. Hiccup la reconoció al instante como la madre de su mujer.
- ¿Astrid?- preguntó dirigiéndose hacia su hija
La mencionada se tenso al lado de su marido, y puso una cara igual de blanca que la de un fantasma. La sala quedó en completo silencio, hasta que Hiccup se vio obligado a propinarle un codazo, que, aunque leve, fue recibido con una mirada fulminante.
Después de este leve intercambio, su señora, después de asentir, avanzó con paso lento pero firme hasta quedar parada a solo un paso de su madre que la miraba con cara perpleja.
-Así es - respondió tras un largo suspiro.
la cara de sorpresa de la mujer delante de ella fue difícil de digerir. se tambaleó unos pasos para atrás, donde fue sostenida por uno de los isleños junto con su propia hija de quince años.
la quinceañera caminó hacia adelante mirando a su propio yo del futuro.
-¿pero como...?
nuevamente fue interrumpida antes de acabar la frase por uno de los dragones de mayor edad que se había impacientado. El ruido fue creciendo rápidamente y los dos bandos empezaron a rodear a los 3 del centro con preguntas que ninguno podía responder.
Entre todo el alboroto Hiccup se encontró suficientemente cerca de su esposa como para decirle, mediante susurros, la idea que durante el intercambio madre-hija se había formado en su mente.
- sal de aquí y busca a mi madre, no va a ser posible mantener la paz, necesitó que se encargue de los dragones para yo poder hablar con la gente.
- ¡¿estas loco?!- fue su respuesta también en susurros- ¡no sabemos como van a reaccionar si la ven!
-dile... - dijo tratando de formular una idea- ... dile que traiga su mascara, la que tiene guardada en su casa.
Hiccup vio que ella iba a discutirle, sabía que no la había convencido, pero también sabía que no tenía nada más que objetar. La vio fundirse en la multitud y luego desaparecer entre los cuerpos.
se dio la vuelta para dirigirse a los que se habían congregado delante de él, intentando por todos los medios hacerse escuchar. Al darse cuenta de que no había caso, puso dos de sus dedos en sus labios y silbó con todo el aire de sus pulmones. logrando, una vez más llamar la atención de los presentes.
- todos pongan atención - gritó con todas sus fuerzas- Todos diríjanse a una silla, o en el caso de los dragones a un tocón. No responderé ninguna pregunta hasta que estén todos instalados y en completo silencio.
Lentamente, de uno en uno, fueron acatando esa orden , incluso su padre, que parecía querer alegar, se fue a sentar tras recibir la gélida mirada de Toothless (de 22 años).
- gracias amigo -dijo mientras le acariciaba el morro, ganándose unas miradas curiosas de los dragones, y otras totalmente alarmadas de los habitantes del pueblo.
Cuando todos se hubieron sentado, se dirigió, seguido de su amigo, a la parte delantera de la sala. El ruido metálico de su pierna postiza resonando en el silencio y llamando la atención de todos los presentes.
Una vez alcanzado el frente se dirigió a los congregados delante de él y les dirigió una mirada inquisitiva, mientas esperaba las preguntas.
- ¿y bien?- quiso saber - pregunten de a uno, o no responderé nada.
Lentamente se alzaron algunas manos, mientras que el resto lo miraba con desdén e incluso rabia, por haberse dirigido a ellos de esa manera.
_"sí supieran quien soy" _se dijo a si mismo _" esas miradas serían mucho peores"_
devolvió su atención a los presentes y señaló a la primera mano levantada que había. La que por supuesto, terminó siendo mini-Astrid. Está se paró de su puesto (al lado de los otros adolecentes) y con voz algo temblorosa pero tratando de aparentar compostura dijo:
-¿Esa...era yo?- respiró profundo y luego siguió -¿ por que soy tan grande? y ¿quién eres tú?
- Si, esa eres tú y eres así porqué han pasado... Espera, ¿Qué estaban haciendo antes de llegar aquí?
Sus ojos se posaron rápidamente en los adolecentes, pensando que ya que eran ellos los más impulsivos serían los primeros en hablar. Pero para su sorpresa fue Stoick el que le respondió.
- Hoy acaban de nombrar a mi hijo para matar a un dragón mañana - dijo con orgullo, sin notar la cara pálida de su hijo de 15 años o la de su interlocutor.
Este ultimo sin mirarlo a la cara asintió una sola vez, para mirar al flaco adolecente sentado con sus compañeros.
- lo siento - dijo para sorpresa de todos.- ahora, para responder las preguntas de Astrid - la señaló con a mano - hoy en día tienes 22 años, por eso eres más grande, respecto a mí, solo diré que soy el dueño de la casa y estoy casado desde hace 3 meses con Astrid.
No supo de quien era la cara de más sorpresa, si la de mini-Astrid , la de la madre de esta, o la de cualquier otro habitante. Todos empezaron a murmurar con la confusión escrita en sus caras.
Él mismo, cansado se recostó contra Toothless y le rascó las escamas de la espalda, esperando que nadie lo notara. Poco a poco los viajeros del pasado fueron volviendo sus caras hacia él, llenándose de alarma al verlo por segunda vez tan cerca del dragón.
-¿qué clase de dragón es ese? - preguntó Gobber - ¿Cómo puedes estar tan cerca de él, sin que te haga ningún daño?
- Les presento a Toothless, él no me haría daño, o al menos no intencionalmente. Nos conocimos hace 7 años y hemos sido amigos desde entonces. con respecto a qué raza es... creo que eso lo puede responder Hiccup.
Vio como el aludido se removía incomodo en su asiento, y sintió la mirada asesina que le dirigía la pequeña Astrid. Al final Hiccup levantó un poco la cabeza y dijo:
- es un furia nocturna ¿cierto?
sonrió ante el comportamiento de su propio yo más pequeño, y asintió, sin creer en lo tímido y desconfiado que se veía.
Tocaron la puerta, sobresaltando a todos los que se encontraban adentro. Hiccup (grande) se acercó a la puerta y asomó la cabeza al exterior donde se encontró con su madre, que tenía cara de preocupación.
Ella levantó la mascara para que él la viera
- póntela - le indico mientras abría aún más la puerta para dejarla pasar. - ¿Dónde está Astrid? -preguntó mientras avanzaban ante los ojos de todos
-fue al puerto a buscar algo de comida, así es más fácil mantener a los dragones controlados... aunque se puede decir lo mismo de las personas.- dijo mirando a su alrededor
algunos soltaron gruñidos ante el comentario mientras, que otros solo rodaron los ojos. Hiccup ( de 15 años) entretanto soltó una carcajada que resonó por todo el lugar.
Valka que intentaba caminar sin prestar atención a los demás, quedó plantada en su sitio y fijó sus ojos, atónita, en el personaje que se estaba riendo. Sus ojos, normalmente azul claro se veían tormentosos por las dos fosas de la mascara. Retrocedió unos pasos antes de respirar profundamente intentando calmarse.
Su hijo, alarmado por su reacción, puso una mano sobre su brazo intentando tranquilizarla, pero ella no abrió los ojos. el joven adulto que era ahora su hijo esperó, sin prestarle atención a las miradas extrañas hasta que abrió los ojos. ayudándola a caminar y ofreciendo su brazo como soporte
perdón por demorarme tanto y por hacer tan largo el prólogo... les prometo que en el siguiente capítulo empiezan con la película.
muchas gracias por los reviews
