Disclaimer: los personajes son de Kishimoto, la historia original se llama The madness of an enchanting obsession, cuya autora es AnnaDax. Yo únicamente la traduzco para poder difundirla

02 - NUEVA ESPERANZA

-¡Hinata! ¡Eh, despierta! ¡Tenten, date prisa!

Kiba cogió a la chica inconsciente entre sus brazos y la zarandeó. Sus ojos se abrieron al ver que no reaccionaba. Poco después, los jóvenes se dieron cuenta del profundo corte de su mejilla. Les tomó un poco más de tiempo ver la sangre que cubría su abdomen. Aquel top negro ocultaba la sangre roja en la oscuridad.

-¡Tenten!

-Estoy aquí, ¡deja de gritar!- La kunoichi agarró su mochila y miró a la joven. Si otro Hyuuga moría en sus brazos... no se lo podría perdonar.

Tenten había estudiado artes médicas, pero nunca había sido del todo buena con la cicatrización. De todas formas, una de las pocas cosas que mejor sabía era parar hemorragias. Cogió sus guantes de latex y empezó a revolver en su bolsa. No encontraba las vendas. "Por supuesto, se las di a Lee..."

Apareció de un salto a su lado justo cuando iba a gritar su nombre. Sin necesitar palabra, empezó a desenrrollar las vendas de sus palmas, entregándoselas a su compañera de equipo.

-Apreta aquí.- le señaló con la luz verde que salía de sus manos.- Ahora solo espera.- Kiba solo podía ver a los dos ex-compañeros del equipo de Guy asistiendo a Hinata. Miró a Shino, que había aparecido en el claro.

-Encuentra al atacante.- siseó, mirando cómo los insectos volaban alrededor de él.- Encuéntralo y llévame hasta él.

-Estate aquí.- el Aburame se dio la vuelta y empezó a esparcir una pequeña oleada de chakra ahí donde la Heredera había estado luchando.

El silencio calló sobre ellos. Permanecieron así, cada uno ocupado en su propio trabajo. Tras unos largos minutos, la luz verde que salía de las manos de Tenten fue desapareciendo, y ella suspiró. Movió el pelo para apartarlo de la mejilla y presionó suavemente sus dedos sobre la herida. Otro suspiro la siguió.

-Está estable.

-¿Shino?

-No puedo encontrarlo.- Kiba gruñó.

-Vamos.

-Puedo cargar con ella.- Lee se levantó, con la Hyuuga entre sus brazos.

-Yo cuidaré de ella.- ladró el Inuzuka, cogiendo a la joven. Siempre había sido demasiado sobreprotector con su ex-compañera de equipo y no correría ningún riesgo para que le pasara algo.- Vamos

Tan pronto la puerta se cerró, cayó sobre el peso de sus rodillas.

Agarrando su brazo izquierdo, Sasuke entró a la pequeña habitación de aquella inhabitable parte de la Tierra. Movió una silla y se derrumbó sobre ella. Se quitó la camiseta, activó el Sharingan e intentó ver la parte dañada. ¿Estaba en un nervio? ¿O se había roto el hueso? No, los ataques Hyuugas eran diferentes. Ellos jugaban con el curso de chakra. El hombre seguiría la circulación de su chakra y vería dónde estaba el problema. Justo bajo su clavícula, donde empezaba el hombro, el flujo estaba completamente bloqueado. Tocó sus dedos y no sintió nada. Sin embargo, estaban calientes. Si su ataque hubiera hecho que estuvieran fríos, tendría que amputarlos, y en ese caso... iría tras esa mujer para matarla.

¿Quién era ella de todas formas? ¿Y cómo lo había seguido cuando él se había asegurado de pasar a una buena distancia de aquel grupo? ¿Acaso sus ojos podían ver tan lejos? El Uchiha pasó la mano por su brazo inerte. Recordaba solo dos Hyuugas de su niñez: el tío con el sello en su frente, que siempre quería luchar; y la pequeña niña que siempre estaba mirando a Naruto como si fuera un dios. Pensando en aquello, se dio cuenta de que esa cría nunca había tenido ningún sello en su cara, por lo que pertenecía a la familia principal. ¿Acaso aquella patética niña era la mujer con la que acababa de luchar? Movió su cabeza a ambos lados. No había duda. Desde luego, había cambiado muchísimo. Su pelo era demasiado largo para luchar libremente, sus ropas demasiado grandes para moverse con facilidad, su pecho...

Sasuke paró y golpeó la silla, levantándose. Al menos, la había matado. Nadie habría sobrevivido a aquel corte tan profundo, sobretodo viniendo de Susanoo. Levantó el brazo y se pasó la mano por el pelo, mirando al suelo. Estaba muy débil. Incluso cuando había peleado con Naruto, había sido débil. La pelea final con su antiguo compañero le había costado mucho. Había chakra en él que se había desestabilizado tras la batalla. El poder del Kyuubi lo había dañado seriamente. Tres años atrás, el fugitivo hubiera matado a aquella chica sin ningún problema. Pero no era tan fuerte como antes. Y la había subestimado.

Se tocó con la mano derecha la izquierda, deseando sentir algo. Paró y gruñó. Aquello no ayudaba. Volvió a sentarse y, en la más completa oscuridad, el hombre recordó su pelea con Naruto. Recordó cómo el rubio le había sonreido, sabiendo que ambos iban a morir en aquella pelea.

Habían luchado con todo lo que habían tenido. El Chidori de Sasuke, Amaterasu, incluso había descubierto a Susanoo para poder acorralar al Uzumaki. Él era más fuerte que Naruto. Lo sabía, y había peleado con odio y ansias de venganza hacia él, saltando en la batalla con el rubio, preparado para sacrificarse, pero para matarlo. El Uchiha no podía vivir con el pensamiento de que alguien tan patético como él podía superarlo. Cerró los puños, pero solo uno reaccionó.

Todavía no. El hombre de cabello negro miró al vacío con unos ojos sin vida. Sabía por qué, pensó. Naruto había dudado. Su último Rasengan lo había rozado y había estallado a su lado. Ese fue el momento, cuando hizo su último Chidori y lo estampó contra el pecho del Jinchuuriki, dejándolo inconsciente a sólo unos pasos. Lo había matado. Finalmente Sasuke había matado a su mejor amigo, y lo único que sintió fue... nada. No se divirtió, no le llenó, no se enfadó, no se sintió triste. Solo vacío.

Cayendo ante sus ojos, vio cómo la kunoichi de pelo rosa saltó al claro donde estaban, y se quedó congelada. Sakura lo miró a los ojos, corrió hacia él y abrazó a Naruto, cubierto de suciedad. Lo llamó por su nombre, lo zarandeó, le aplicó una luz verde a través de sus manos. Había llorado y suplicado que no se fuera, que esperara...

El Uchiha sonrió. Estaba contento de separar al fin a aquella chica tan molesta. Por fin, lo había entendido. Se quitó su propia sangre del pecho, hizo unos sellos e invocó a un halcón gigante. Con sus últimas fuerzas, se subió a su espalda y voló lejos de Konoha, de la batalla, de Naruto.

Había estado volando durante mucho tiempo, intentando mantenerse consciente sólo para poder mantener a aquel pájaro gigante en el aire. Se había sorprendido de que nadie fuera tras él, hasta que entendió que todos los shinobis seguramente intentarían hacer que el Jinchuuriki volviera a la vida. Sasuke acabó en una zona rocosa tras horas de no pensar. Se escondió en una casa, matando al hombre que la habitaba antes.

Aquella casa de madera todavía olía a hombre viejo. Sasuke, involuntariamente, pasó las manos por su pecho, recordando cómo había sobrevivido a sus heridas. La enorme cicatriz siempre se lo recordaba. La única que le había dado fuerza para continuar y recuperarse, y por fin poder seguir. Así podría acabar, llegar a su meta y destruir su pueblo, aquel que no quería siquiera que existiera.

Apretó los dientes, recordando su plan. Todavía tenía que sentirse mejor, pero estaba demasiado débil. Tenía que encontrar a alguien que compartiera su objetivo, o que estuviera dispuesto a ayudarlo.

Se preguntó qué estarían haciendo Juugo y Suigetsu. ¿Volverían a ser Taka si él los encontrara?

"No". Tenía que empezar de nuevo.

De repente recordó a la Hyuuga de nuevo. Era una kunoichi fuerte, y juntos, el Sharingan y el Byakugan, podrían ir lejos. ¿Podría el hacer algo para persuadir a un miembro de su clan para hacer ese trabajo? ¿Qué pasaría si les traicionaba? ¿Pero con qué podría persuadirles? Él no tenía nada que ofrecer a este respecto. Y estaba seguro que ninguno de ellos estaría orgulloso de morir para ayudarle.

Entonces le golpeó. Genjutsu. Los podría manipular. ¿Podría entrar en la mente de los Hyuuga? Tenía que intentarlo. Sasuke se levantó y caminó directo a la cama. Se tiró sobre ella, cerrando los ojos. Tenía que descansar para conseguir más fuerza. Tenía trabajo que hacer.

-Gracias por dejarnos pasar la noche aquí, Tsuchikage.- Tenten hizo una reverencia a aquel hombre pequeño, el líder de la Villa escondida en la Roca. El hombre dejó caer repetidas veces su mano en el aire, quitándole importancia.

-Los ciudadanos de Konoha siempre serán bienvenidos aquí. Descansad ahora, voy a mandarle unas palabras al Hokage. Un escolta vendrá pronto.- la chica volvió a inclinarse y esperó a que el hombre abandonara la habitación que les había dado. Luego se tiró sobre uno de los sofás y se frotó los ojos.

-¿Qué pasó en la Tierra? Hinata no suele salirse de las formaciones, ¿a quién vio?- El resto se mantuvo en silencio. Habían visto su chaqueta, las marcas del fuego y la electricidad en ella. Solo conocían dos personas que manejaban esos dos elementos, y no había forma de que Kakashi hubiera intentado nada por el estilo. Todos sabían quién era el sospechoso, pero ninguno era capaz de decir su nombre.

-¿Qué importa? Lo más importante es haber llegado a tiempo. Podría haber muerto.- Kiba sacó la cara de entre sus manos. Si algo le hubiera pasado a la Heredera de los Hyuugas, no hubiera podido vivir por la culpa.

Lee y Shino estaban en silencio. Incluso tras la IV Guerra Shinobi, el libro Bingo todavía tenía un nombre. Todo el mundo iba tras Uchiha Sasuke. Todas las naciones querían su cabeza, sus ojos... Su poder. Pero el Aburame sabía muy bien por qué su compañera había ido tras él. Ella quería hacerlo volver, el deseo de Naruto.

Después de que Madara fuera vencido, supieron que Tsunade dio su vida para salvar al resto de los Kages. Todo el mundo sabía lo que había perdido, pero era la nueva líder de la Villa de la Hoja y era su opción. Sin dudar, después de todo lo que había hecho, su primera decisión fue poner a Uzumaki Naruto como líder de Konoha. Todos lo aprobaron y él los sorprendió cuando declinó la oferta. El rubio la rechazó, explicando que no podía ser el líder de nadie si no era capaz de ayudar a su mejor amigo.

Aquello no les sorprendió. La gente no estaba contenta con su decisión, pero podían entenderlo. Ese era el por qué, en la plaza vacante de Hokage, Kakashi la tenía que haber ocupado. El hombre explicó que sólamente estaría en aquel puesto hasta que Naruto cambiara de opinión.

El sol estaba saliendo al día siguiente cuando el grupo de Konoha fue llamado por el Tsuchikage. El equipo 7 acababa de llegar. Sakura fue corriendo al edificio médico, donde Hinata seguía descansando.

-¿Qué ha pasado?- los ojos azules de Naruto estaban preocupados.

-Todavía no estamos seguros. Hinata nos lo contará cuando despierte. Será mejor si podemos ir a Konoha lo antes posible.

Sai deshizo el jutsu y el pájaro gigante que los había llevado a la Tierra quedó en un dibujo. Los había guiado hasta el hospital, justo para encontrarse a la kunoichi de pelo rosa abandonando el edificio, acompañada de Hinata. Akamaru saltó, acercándose a la joven y lamiéndole la palma de la mano. Ella sonrió, pero tan pronto como vio la sonrisa del Uzumaki, miró al suelo, escondiendo su cara bajo una cortina de pelo negro.

Sin embargo, Shino no perdió nota del acto. Una profunda cicatriz descansaba en su mejilla. La herida estaba cerrada y la Haruno había conseguido que apenas fuera notoria, pero hacía que la cara de la joven fuera un poco extraña. La fuerza de aquella cicatriz no combinaba bien con la calma y la pureza de las facciones de la chica.

Dispuesto a crear una flota que los llevara de vuelta, Sai abrió de nuevo su largo pergamino y empezó a dibujar cuatro pájaros gigantes. Sakura insistió en viajar con la Hyuuga, y Kiba convenció a Akamaru a escalar a la espalda del animal. Pronto, empezaron su camino a Konoha.

Sakura no podía perder el hecho de que la Hyuuga parecía estresada. No era una persona habladora, pero parecía que incluso se había vuelto más callada. Cuando Sakura vio la frontera del País del Fuego, el sol empezaba a brillar. Habían viajado toda la noche. Y entonces, cuando finalmente llegaron a la Villa de la Hoja, Hinata rechazó ir al hospital. Se volvió a Naruto y, con su mayor sonrojo, hizo una reverencia ocultándose con su pelo.

-N...Naruto-kun, ¿podrías venir conmigo a reportar al Hokage?- el rubio había estado perdido en sus pensamientos todo aquel tiempo, así que sólo asintió. Los dos entraron al edificio del Hokage y subieron rápidamente las escaleras. Kakashi seguía llevando su máscara, como siempre. Sonrió cuando los vio y despidió a su secretaria.

-Por favor, toma asiento, Hinata-san.- La joven obedeció y miró a Naruto sentarse a su lado, justo al final de la mesa de Kakashi.- ¿Cómo fue la misión?

-Fue... fue bien. Entregamos el paquete al Kazekage sin inconvenientes.

-Pero fuisteis atacados, ¿no?

-No exactamente...- Hinata tomó una profunda bocanada de aire y jugó con el cierre de la chaqueta que Sakura le había dado. Exhaló y miró al hombre de pelo plateado a los ojos.- En el camino encontramos a Uchiha Sasuke.- El shock corrió por la cara de ambos hombres, e incluso la máscara no pudo tapar la reacción del Hokage. Los ojos blancos se centraron en el Uzumaki.- Él está vivo.

continuará...

Hola de nuevo chicos! Perdonad la tardanza, no he podido conectarme antes para subir el capítulo... De todas formas, como tengo dos y me he retrasado tanto... pongo los dos de golpe! A mediados de la semana que viene subiré continuación de "Enséñame".

Espero que os haya gustado, y agradecedle a AnnaDax por permitirme subirlo ;)

Un saludo! Nos leemos!