Capítulo 2 – "Recuerdos"

-¿Lo recuerdas? – preguntó un joven rubio. Tenía el pelo engominado, como años atrás, pero siempre que estaba con ella le gustaba desordenárselo, como si eso fuera un gesto de que él había cambiado al fin. Por ella.

-¿Recordar el qué? – preguntó confusa una castaña, sentada en el regazo de él, abrazándolo con ternura. No queriendo que nunca se separara de ella.

-Cómo empezó todo – explicó. Siempre le gustaba recordar de qué manera tan absurda habían comenzado. Le encantaba ver si ella lo recordaba con los mismos detalles que él.

-Claro. – comenzó a explicar ella, sonrojándose como siempre que lo contaban – Después de estar en tu casa cuando Bellatrix Lastrange me torturó, me buscaste por mil lugares, preguntaste a cientos de personas, hasta que al fin, diste conmigo. Te preocupaste tanto por mí Draco – dijo acariciándole el rosto con suavidad, como a él le gustaba.

-Siempre fuiste especial para mí, de una manera u otra. Cuando te conocí me gustaba todo de ti, cómo mirabas al inútil de la comadreja y tu facilidad con la magia. Pero descubrí que eras una hija de muggles y todo cambió. Debía de odiarte, y más por ser la mejor amiga de Potter. Pero ahora creo que nunca lo conseguí, y menos cuando vi que de verdad te podía perder, me dio igual todo. Tenía que saber que estabas bien – dijo él mirando el suelo.

-Te portaste genial amor – dijo ella emocionándose al recordarlo todo – por eso me enamoré de ti. A partir de ese momento hablábamos todos los días, hasta que al fin, nos besamos en la Sala Común de Gryffindor – dijo feliz, relatando lo sucedido.

-Casi nos pillan San Potter y Comadreja – reía Draco al recordarlo.

-No los llames así – le riñó como siempre que les nombraba de esa manera. – Fue perfecto.

-Y… -ronroneó el rubio, acercándose peligrosamente a su cuello. Tal y como siempre hacía cuando iba a decirle algo peligrosamente seductor – lo más perfecto llegó unas semanas más tarde – susurró en el oído de la chica, haciendo que se le erizase el vello. Hermione se sonrojó al escuchar aquello. Lo cierto era que tenía razón. Él preparó todo para que fuera la noche más especial de su vida. La primera noche más especial, en realidad.

Draco decoró todo, sorprendentemente, con velas y pequeños pétalos en el suelo, creando un pequeño camino hacia la cama.

Todavía recordaba la sensación de aquél momento. Era una mezcla entre nerviosismo por el no saber qué hacer y emoción por el deseo de vivir el momento sólo con él.

Tras ese momento permanecieron más unidos, si es que aquello era posible. Se complementaban en todos los aspectos y mantenían conversaciones relevantes sobre temas del mundo. Se apoyaban mutuamente cuando lo necesitaban y mimaban la relación como su bien más preciado. Pero siempre había una sombra que les acechaba y por la que siempre discutían.

-Escúchame Hermione – dijo serio Draco. Siempre lo hacía cuando hablaba de cosas que le preocupaban, cosas de ellos dos.- Pase lo que pase en la guerra vamos a permanecer juntos.

-Nada tan fuerte como para separarnos puede ocurrir durante la guerra amor – le dijo depositando un suave beso en sus labios. Amaba aquél sabor que desprendían. – Nadie nos va a poder separar jamás.

Hermione cerró los ojos. Detestaba aquellas situaciones en las que su mente comenzaba a divagar por los recuerdos que más quería olvidar. Sin duda ese era uno de ellos. No iba a negar lo tonta que fue en aquella época. Sí, era cierto, se había enamorado de Draco Malfoy. En realidad fue su primer verdadero amor, sin dudas ni miedos, simplemente queriéndose. Durante meses.

Pero aquello era agua pasada. Agua muy pasada. Habían pasado tres largos años desde entonces. Desde que él había decidido dejarlo todo y unirse a los mortífagos. Jamás le dio ningún tipo de explicación. Ni siquiera una estúpida escusa que ella, sin ninguna duda, hubiera aceptado en aquél estado de enamoramiento absurdo en el que estaba.

Todavía recordaba aquél dolor al darse cuenta que su amor, su único amor, la había abandonado por quererse unir a los mortífagos. Nunca había sentido un dolor tan grande, a excepción de la pérdida de sus padres. Jamás.

Pensó en cientos de posibilidades que pudieran justificar su ausencia. Pensó que quizá le habían obligado a ser mortifago que no pudo poner resistencia. Pero tras la guerra nunca volvió a hablar con él. Ni siquiera lo intentó.

Habló con los miembros más importantes de la Orden y del Ministerio de Magia para saber si él, en algún momento, actuó de parte de ellos. Nada. Le explicaron que Draco Malfoy se inició como mortifago el mismo año que comenzó la guerra, que había documentos que lo acreditaban. Sin embargo, a pesar de ser un mortífago, no realizó ningún solo crimen. Tampoco su madre.

Aquello era lo que más le hacía hervir la sangre a la castaña. Él asesinó a sus padres. Él había entrenado junto a ella los mismos hechizos con los que mató a sus padres. Desde el momento en que le comunicaron el fallecimiento de los Doctores Granger, sintió una punzada en su corazón, un pálpito, afirmándole que había sido él. Era complicado de explicar, pero cuando las autopsias le confirmaron que habían sido asesinados por las maldiciones que él más practicaba, sus sospechas se confirmaron. Ahora entendía por qué él no había dado la cara, ni la había intentado buscar. Todo había adquirido un tortuoso sentido, él los había matado.

Siempre le prometió que en ninguno de los casos se uniría a los mortifagos, era otra de sus mentiras, pero deseaba entrenar para defenderse. Los hechizos que más controlaba y que además, más se empeñaba en utilizar, eran el Crucriatus y Sectusempra. Las maldiciones por las que los señores Granger fallecieron.

Las autopsias de ellos, declararon que la varita por la que fueron asesinados era propiedad "Malfoy". Sin embargo, por falta de pruebas no se pudo ni culpar a Lucius ni a Draco Malfoy.

Interrogó a decenas de mortifagos por el asesinato, y algunos le decían que lo había hecho Malfoy, pero por órdenes de Malfoy menor, es decir, Draco Malfoy. Otros, por el contrario, le decían que había sido al revés.

Eso fue la gota que colmó el vaso. Se prometió a sí misma que a partir de entonces se vengaría de él. Siempre tuvo un pequeño hueco en su interior que le decía que estaba equivocada, que el que fuera su amor no había podido ser capaz de asesinar a su familia, pero así había sido. Si lo hubiera ordenado o no; o si les hubiese lanzado él las maldiciones o no, poco le importaba. El hecho de que él tuviese algo que ver la aterraba por dentro.

Aquello no era todo, Hermione sabía algo que el resto no sabía, pero no lo podía probar. Draco, en numerosas ocasiones, le dijo que si algún día cometía el error de convertirse en mortifago, sólo por poseer el apellido que tenía, ocuparía un alto rango en la jerarquía mortífaga. Un rango mayor incluso que Lucius Malfoy, si se lo proponía; podría ordenar asesinatos o decidir cómo matar. Tal y como habían afirmado algunos presos. La castaña no tenía dudas en que así había sido. El propio hijo, Draco, había ordenado las muertes, a su padre. No tenía ninguna duda, el rubio había asesinado a los señores Granger, de la manera que a él le gustaba, con los hechizos que a él le gustaban. Draco Malfoy había formado parte de aquél crimen, de una manera u otra, ya que llevaban en ellos su propio sello.

No lo había vuelto a ver desde los juicios, testificando en contra de su padre, cuando se intentaba salvar a él mismo. No lo había vuelto a ver, hasta la cena aquella. Reconocía, muy a su pesar, que le había amado y también le había costado olvidarlo. Pero ya tenía claro lo que sentía por él. Un absoluto desprecio.

Deseaba con todas sus fuerzas acabar con aquél tortuoso plan. Deseaba vengar a sus padres, encarcelarle a Malfoy y poder vivir en paz. Debía de ponerse en contacto con él, poder crear algún vínculo para hablar más a menudo y conseguir las pruebas necesarias. Pero estaba Ron. Suspiró.

El jamás iba a aceptar que ella se acercara a Malfoy, por ningún motivo. Ni siquiera a sabiendas de el odio que sentía hacia él. No. Nunca lo consentiría. Debía de ocultárselo hasta conseguirlo, y eso era algo que la ponía muy nerviosa. Jamás había ocultado algo a Ron, excepto su noviazgo con Malfoy, por lo que sentía como si le estuviera mintiendo en algo grave.

Aquella tarde había quedado con el pelirrojo, Ginny y Harry para tomar algo y poder pasar la tarde a gusto. Fueron a una cervecería nueva que habían puesto en el callejón Diagon, que siempre estaba a rebosar de gente. Caminaron y encontraron una pequeña mesa perfecta para ellos. Pidieron cuatro cervezas y se sentaron a hablar.

-¿Y Finnigann y Hanna? – preguntó Ginny, quien llevaba toda la semana hablando con Hermione sobre los cotilleos de la cena, y parecía que seguía queriendo hablar. La castaña rió ante la forma de ser de su pelirroja amiga. – No podía cerrar la boca cuando les vi entrar de la mano.

-Llevan un par de meses juntos – explicó Hermione, dando un sorbo a su cerveza. – Me lo dijo en la cena – se excusó la joven viendo cómo le miraba la Weasley.

-Está muy guapo – comentó la pelirroja. Harry la miró sin inmutarse. Conocía de sobra cómo era su novia. Hermione asintió. -¿No te parece? – le preguntó a Granger.

-Sí la verdad – dijo sincera, sonriendo a su amiga mientras sabía lo mal que aquello le sentaría a su novio – está mucho más guapo que lo recordaba. Más alto, muy moreno – dijo recalcando la palabra muy – tiene una sonrisa preciosa, y además es simpático – terminó con una carcajada mientras le miraba a Ron, que había torcido la boca, enfadado por lo que acababa de decir. Ginny reía junto a su amiga.

-Ronald no seas tonto, era broma – dijo la castaña golpeándole en el hombro, amistosamente.

El pelirrojo miró a su hermana con enfado, y luego a Hermione. Se relajó al ver sonriéndole sin ningún tapujo, llena de alegría. Sabía que el amor que sentía hacia él era total y verdadero, pero el sólo hecho de que ella se fijara en otro le hacía hervir la sangre. Habían tenido muchas discusiones por los celos, y, aunque Hermione era algo celosa, él muchas veces sobrepasaba los límites de la paciencia de la joven.

-¿Y qué os pareció Malfoy? – amenizó Potter intentando cambiar de tema. Un absoluto error, claro está.

-Pues que cada día está mejor– dijo la joven pelirroja. Esta vez nadie más rió. – Vamos Hermione, sé que pensaste lo mismo – dijo sonriente, mientras su amiga le mandaba callar con la mirada, pero eso enfadó más a la pequeña Weasley – No te preocupes por lo que piense el cavernícola de mi hermano – dijo haciendo reír por la expresión tanto a Harry como Hermione, y también a Ron.

-Es guapo – dijo con simpleza.

-Es más que guapo Hermione. ¡Por Merlín! – exclamó Ginny subiendo los brazos al no poder entender cómo su amiga no lo veía igual que ella.

-Y un ex-mortífago – dijo Harry con voz grave.

-También – se apresuró a añadir Hermione.

-No sé cómo tuvo la cara de aparecer junto a Parkinson – dijo Ron, aludiendo a la cena del Ministerio.

Continuaron hablando sobre los detalles de la cena. La aparición de los de la casa de la Serpiente creó una larga conversación entre ellos, y más tarde hablaron sobre el resto de miembros a los que hacía mucho tiempo no veían. Al final reconocieron que se convirtió en una cena de reencuentro de antiguos compañeros de Hogwarts.

Tomaron otro par de cervezas más y cuando se comenzó a hacer de noche se despidieron, y prometieron verse otra tarde más esa misma semana. Ron caminó junto a Hermione hacia la casa de ella, donde dormiría aquella noche.

La castaña miraba al pelirrojo y no podía parar de reírse soltando carcajadas al aire. Ron había bebido una cerveza más que ella, y se le notaba en el aspecto. Siempre que Ron bebía más que habitualmente su rostro adoptaba un tono color rojo chillón que era incapaz de disimular. Tenía el pelo desordenado por el viento de la noche y reía al ver cómo su novia sonreía.

Le abrazó a ella por la espalda mientras caminaban. Hermione le pellizcaba suavemente la mejilla mientras le susurraba lo gracioso que era siempre con ella.

-¿Sólo soy gracioso, señorita Granger? – le preguntó él, quieto, en tono demasiado serio para no tratarse de una broma de las suyas.

-Exacto Ronald Weasley, le van a tener que coronar… - dijo soltando una carcajada mientras se agachaba riendo. Era una alusión a las canciones que le cantaban los Slytherin cuando comenzó a jugar a Quidditch. Ron profundizó su rostro serio y se dirigió con lentitud hacia ella, que había parado de reír y estaba pendiente de qué iba a hacer él.

En un ágil movimiento corrió hacia ella y la cogió con suavidad y la levantó del suelo, colocando su cuerpo en su hombro, mientras ella protestaba sin fuerza. Moviendo las piernas con rapidez, intentando soltarse. El pelirrojo comenzó a hacerle cosquillas, algo superior para Hermione Granger, quien comenzó a reír y a chillar descontrolada, sin poder soportarlo.

La joven pudo librarse de su novio y pisó suelo y comenzó a vengarse mientras le empujaba hasta una pared, lentamente, para así tenerlo a su merced. Le acarició con suavidad, intentando despistarle, pero sin quitar aquella sonrisa traviesa de su rostro, por lo que Ron estaba pendiente de qué iba a hacer. Pronto, le comenzó a hacer cosquillas en la parte del cuello y la clavícula, donde más tenía el pelirrojo.

-Hermione para – pedía el pelirrojo entre risas, intentado parar a su novia. Pero esta continuaba mientras no podía hacer desaparecer la sonrisa de su rostro, hasta que Weasley se impuso y la agarró de la cintura, intentando calmarla.

Se miraron y sonrieron. De pronto, vieron un par de sombras aparecer de la esquina de aquella calle donde se encontraban. Eran Pansy Parkinson y Malfoy, otra vez. A ambos leones se les desapareció la sonrisa del rostro y les observaban pasar. – Granger- dijo Pansy a modo de saludo a su compañera de trabajo, y siguió caminando de lado de Draco Malfoy. Lo había observado. No le había dirigido la mirada desde que sus ojos grises se fijaron en su compañía, Ron Weasley. Aquello no era bueno para su plan.

Olvidaron aquél encuentro, se cogieron de la mano, y se aparecieron en la casa de la castaña. Se aparecieron en la habitación de la castaña. Era una habitación amplia, estaba pintada de color azul cielo, con muebles de color blanco. Tenía un amplio armario haciendo esquina y una cómoda cama en el centro de la habitación.

Ron se acercó a ella y le abrazó por la espalda. Suspirando su aroma. Hermione se giró y se encontró al pelirrojo mirándola con aquella ternura que la enamoraba.

Se acercó a él lentamente, mientras sus labios se unían con suavidad. Hermione cerró los ojos, saboreando el beso. Adoraba con la lentitud y calma con la que él le besaba siempre. Sus lenguas comenzaron a acariciarse con lentitud, reconociéndose.

La castaña se puso de puntillas para llegar mejor a la altura de Ron. Él la acercó más a sí mismo. Acariciando su cuerpo. Se separaron y la empujó hacia la pared, aprisionándola, mientras daba pequeñas lamidas al cuello de ésta. Se acercó con rapidez a su punto débil, detrás de las orejas. Mientras la castaña cerraba los ojos ahogando un gemido. Le chupó el lóbulo de la oreja, mientras la castaña se retorcía debajo de él. La cogió y la echó en la cama para poder seguir más cómodamente.

Hermione cogió las riendas de la situación y se colocó encima de Weasley, mientras su boca le besaba con pasión. Sus lenguas se recorrían con velocidad, intentando profundizarlo a cada beso. Le lamió el cuello, aspirando su aroma cálido. Con rapidez, Ron le desabrochó la blusa que llevaba puesta dejando los senos libre sólo cubiertos por la fina tela del sujetador. Se abalanzó a ellos, haciendo gemir a Hermione. Le dio la vuelta y se colocó con soltura encima de ella. Mordió uno de los senos con suavidad mientras con la otra soltaba el sujetador. Ya estaban libres. Observo aquella imagen maravillado mientras su boca pasaba de uno a otro, con habilidad. Hermione acariciaba el pelo del pelirrojo sin poder parar de gemir al notar los dientes de él tocarla con pasión.

Poco a poco, los gemidos inundaron la habitación y las ropas el suelo del lugar, hasta quedar completamente desnudos, uno encima del otro. Continuaron con aquél viaje de placer cuando Ron penetró la cavidad de Hermione, mientras ésta gemía. Ambos sudaban y la joven tenía las mejillas sonrosadas por la vergüenza que nunca olvidaba y por la pasión del momento. Comenzaron un delicioso vaivén de cuerpos, mientras se besaban sin fin. Suspirando en la boca del otro, ahogando gemidos para no ser escuchados. Aumentaron el ritmo, los gritos eran más fuertes y las embestidas también. Hermione comenzó a gemir sin pudor, y a moverse con necesidad. Chilló el nombre de Ron varias veces, con voz ronca. Excitando de sobremanera al pelirrojo, que cada vez se movía con más rapidez; hasta que explotaron ambos en un sabroso placer.

Sólo se escuchaba el sonido de sus respiraciones agitadas, mientras se miraban, sonriéndose.


ESPERO REVIEWS o algo! Que no recibí nunguno… y no se si os va gustando la historia o que! Espero que si! BESAZOS