Las calles de la cuidad de los Ángeles eran mucho más aterradoras de lo que había pensado alguna vez en su vida. Conocía un nivel bastante respetable de inglés, pero con sus escasos dieciocho años y cincuenta dólares en su bolsillo, no iba a soportar mucho tiempo. Las gotas de lluvia mojaban su oscuro cabello y no le permitían ver a través de sus lentes.

Sintió su garganta seca, quería llorar.

Tomó todo su dinero ahorrado y lo desperdició para ir a ese lugar. Fue detrás de alguien que lo abandono después de jugar, decir falsas promesas y decir que le bajaría el cielo y las estrellas para hacerlo feliz.

Las personas que pasaban a su lado empujaban sus hombros y lo hacían tropezar con sus propios pies y la gravedad. Una vez más, se encontraba solo. Tan solo como el día en el cual sus padres desaparecieron de la tierra y su hermana mayor no dejó ni una pista de su paradero. No tenía ningún lugar al cual regresar.

La lluvia estaba cayendo más fuerte que antes, por lo cual buscó un lugar en donde pudiera refugiarse de aquella horrible tempestad. Se acercó a un pequeño techo de una tienda cercana, no podía ver nada con las gotas cegando su vista. Agachó su mirada, viendo la punta de sus zapatos y el borde de su chaqueta mojada.

—Soy un desastre…—dijo para sí mismo. Sus ojos se humedecieron, se odiaba por estar en esa situación. Era su culpa en primer lugar porque pensar que alguien podía dejarlo todo por él, tal y como él hizo por alguien más.

Entonces, un paraguas se posicionó encima de él.

Desorientado, levantó su mirada para observar un par de ojos azules fijos en él. A primera vista notó la lástima que le tenía.

— ¿Qué haces aquí?

—Me resguardo de la lluvia—respondió.

—Si estás tan mojado, no lo estás haciendo bien—respondió antes de soltar un bufido—. Me refiero a que haces en esta ciudad. Este lugar no es para personas débiles. Regresa a casa.

—No tengo algo parecido a eso—respondió, limpiando las molestas lágrimas que bajaron por sus ojos y recorrieron sus mejillas.

El hombre lo observó unos segundos más, se acercó, pasando sus dedos por su mejilla hasta terminar en la punta de su mentón. Lo hizo levantar ligeramente el rostro, detallando las facciones que tenía. Luego de soltarlo pasó sus manos por los cabellos negros de su frente, retirándolos de sus ojos para luego fijarse en su mirada.

— ¿Cómo terminaste aquí?

—Tome una mala decisión…—respondió, pegándose a la pared que tenía a sus espaldas. Él hombre frente a él era una persona muy peculiar. De un gran atractivo, pero al mismo tiempo de un increíble aburrimiento y desilusión en sus ojos zafiro.

Retiró sus dedos de los cabellos negros, y con ello, el ligero calor que había llegado a Yuuri. Lo vio tomar algo de su bolsillo y colocarlo frente a él.

—Si necesitas trabajo, ve a buscarlo—dijo. En sus dedos se encontraba un papel doblado por la mitad que Yuuri a penas y pudo tomar—. Di que te mando Viktor, él te va a recibir.

—Viktor…

El hombre sonrió con la mención de su nombre.

—No te dejes vencer—habló despacio, acariciando con suavidad su mejilla—, y suerte.

Una vez que terminó de hablar, se retiró entre el sonido de las delgadas gotas cayendo contra el pavimento y gentío de la noche.

Yuuri abrió el papel, observando las indicaciones. No estaba seguro del lugar al cual se estaba dirigiendo, y tuvo que preguntar un par de veces por indicaciones hasta poder encontrar el lugar al cual ese hombre lo había mandado. Era una mala idea, por donde lo viera, podía estar cometiendo otro error que le podía costar caro. Pero ya había hecho muchas cosas mal para terminar como perro abandonado en las calles de una ciudad en otro continente.

¿Qué más podía perder?

Se encontró frente a una puerta de un lugar, llevaba un pequeño cartel iluminado y había una persona parada a un lado. Entró con algo de desconfianza, dudando si era apropiado dado su estado actual, no había parte de su ropa que no estuviera llena de agua.

—Está bien…—dijo para sí mismo. Bajó las escaleras hasta encontrar una pequeña entrada cubierta por una delgada tela de color blanquecino. Cuando asomó su cabeza, se encontró con un bar que tenía una cantidad considerable de personas.

Tragó con dificultad, nervioso. Nunca había estado en ese tipo de lugares.

— ¡Hey! —escuchó, Yuuri miró a un hombre en la barra. Su cabello rubio corto y mirándolo con el ceño ligeramente fruncido—. Estás dejando todo el piso mojado.

Yuuri se disculpó de inmediato, entonces, vio como era llamado con uno de sus dedos, con curiosidad.

—No pareces de esos que vienen a estos lugares—comentó cuando le indicó al muchacho de lentes que se sentara—. Al menos que seas uno de esos lobos vestidos de cordero.

— ¡No es así! Vine porque alguien me dijo…

—Ajá… ¿y quién fue ese "alguien"?

—Eh… ¿Viktor?

La mirada del hombre fue inquieta.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Eso mismo me pregunto…—habló Yuuri en voz baja—. Vine detrás de alguien, pero terminé en un bar de los Ángeles, siguiendo las palabras de un desconocido y contándole mis problemas a otro desconocido de un bar.

El rubio le regaló una sonrisa antes de agacharse detrás de la barra y darle una toalla.

—Las tenemos por si algo de derrama, pero creo que la necesitas—dijo antes de extender su mano frente al japonés— Mi nombre es Chris, soy dueño de este lugar.

—Yuuri…—respondió.

—Muy bien, Yuuri—habló el hombre—, supongo que viniste a esta ciudad sin saber nada, tienes menos de cien dólares en su bolsillo y morirás en la próxima semana.

—Alentador—respondió el japonés con una mueca y su gesto fruncido.

—Así que debes trabajar, ¿se te da bien bailar?

—Te refieres a… ¿pooldance? —Preguntó Yuuri. Había visto a mujeres bailar eso cuando entró por la puerta, pero prefirió desviar su mirada. Chris afirmó con su cabeza, y el rostro de Yuuri se tornó rojo—. ¡Yo no bailo eso!

—Es una lástima—se lamentó—. Aunque pensándolo bien, necesitas definir ese cuerpo.

Yuuri casi y quiso ofenderse por la sutil indicación de que estaba subido de peso. Él sabía de su tendencia a engordar con facilidad, pero no había nada que pudiera hacer con eso.

—Entonces estarás en la barra por el momento—dijo Chris—, casi no hay mucho que hacer, porque yo estoy encargado de esta parte. Pero si logras bajar ese peso extra en el próximo mes, voy a darte un buen lugar como mesero.

La mirada de Yuuri se iluminó. Sentía que podía llorar nuevamente por la oportunidad que tenía.

—Gracias…

—No me agradezcas, odiaras este lugar con toda tu vida—respondió sonriendo.

A pesar de esas palabras se sintió mejor. Tenía una nueva oportunidad para mantenerse en ese lugar y buscar hacer su vida desde cero.

Agradecía a ese hombre por haberlo notado en la calle, él lo guió a su primera oportunidad. Y agradecía al rubio que sería su nuevo jefe, él le dio su primera oportunidad sin pensarlo.