Como hacía casi todas las mañanas, un joven apuesto se encontraba sentado a orillas del mar, con la mirada perdida hacia el horizonte, esbozando una hermosa sonrisa, tan tierna como él y genuina como ninguna otra. Nadie comprendía nunca lo que pensaba, pero el joven siempre se tildaba y se perdía en su mundo. Su cabello castaño se movía por el viento y, justo cuando iba a dejar llevarse por un sentimiento que inundaba su pecho dejando escapar una lágrima, un llamado lo despertó de su trance.
-¡Hey! Donghae – Su amigo le tocó el hombre haciendo que el joven volteara – No me digas que otra vez ibas a llorar mirando el paisaje – el joven se palmeó la frente, sabía que su amigo no tenía remedio.
-RyeoWook, ¿te das cuenta que ya estamos por terminar la universidad? – El joven con un dedo se secaba las lágrimas de su rostro.
-Sí mi pez, es nuestro último año y seguramente cuando terminemos te vas a casar – El joven estaba algo agotado, normalmente no entendía como su mejor amigo podía ser tan sentimental. Habían tenido esas charlas innumerables veces. Y los cambios de ánimo de su amigo Donghae lo tenían harto.
- Siempre estuve muy feliz con la decisión de comprometerme con Siwon... pero-
RyeoWook se sorprendió y cayó sentado junto a su amigo – No puedo creerlo, por primera vez escucho que tengas dudas sobre tu matrimonio con tu "perfecto" Siwon.-
-No me malinterpretes, yo no tengo dudas sobre mis sentimientos. Yo sé que lo amo y que él será el esposo perfecto – Donghae hablaba con la mirada altiva, pero ese sentimiento triste que inundaba su alrededor no se disipaba.
-¿Entonces?... -
-Me parece extraño que nunca nos hayamos comunicado. Osea, entiendo que él está muy ocupado terminando su carrera en Europa, pero en todos estos años nunca me ha escrito. Ni siquiera sé si sabe mi número- La mirada del joven de pelo castaño se fijó en la pantalla de su celular.
Su amigo comprendía la preocupación del castaño, pero no tenía la intención de explicarle lo que pensaba en realidad. Recibir un golpe de Hae, con lo mucho que había entrenado su cuerpo no era una opción para Wook. Además creía que no era bueno meterse en esos asuntos.
-Bueno Wookie, es tiempo de irme – Con gran velocidad, el pez ya se había levantado, y se sacudía la arena. Formó una sonrisa y le extendió la mano a su mejor amigo para que también se levantara.
-¿A dónde tienes que ir? Es tu día libre –
- A misa, ya es hora de la primera Misa del Domingo –
-Claaro, seguro que Siwon va a Misa también todos los Domingos – El joven agotado de escuchar una y otra vez los mismo discursos rodó los ojos.
- jajajaja, basta no seas así – Donghae palmeó el hombro de su amigo haciendo que este trastabille en el lugar.
-¡AH, HAE! –
-¿Qué?-
-Ya recordé por qué te vine a buscar. Tu hermano volvió.
Ambos jóvenes corrieron a gran velocidad de regreso a su casa.
Cuando entraron a la casa, Donghae divisó a su bello y delicado hermano. Ese cabello negro perfectamente cuidado podía reconocerlo donde fuera, una gran sonrisa se formó en su rostro, y sin poder evitarlo corrió a abrazarlo. Y de paso, en su torpeza rompió unos lentes de sol que el pelinegro y traía puesto.
-Tan torpe como siempre – JongWoon ya se encontraba molesto. Era un hombre perfeccionista, algo obsesionado con su imagen. Además de temperamental, era totalmente opuesto a su hermano menor Donghae.
Donghae tomó los lentes en sus manos y los escondió en su espalda – Los voy a arreglar Hyung –
La torpeza de su hermano menor dejó de importarle, y le sonrió. Ambos no se llevaban bien, pero siempre lo intentaban de todas formas. Además nadie podía enojarse con Donghae, de todas formas siempre terminaba llorando, o siendo demasiado tierno como para poder regañarlo, aunque fuera su culpa.
-¿Sabes? En la capital me encontré con Siwon.-
Donghae no pudo evitar entusiasmarse. Así que corrió hacia su Hyung y lo arrastró hasta su habitación. Necesitaba que le hablaran de Siwon con lujo de detalle. No quería perderse nada, ya sabía todo sobre él. Pero las noticias nuevas lo volvían una especie de fan obsesionada de tan perfecto hombre.
-Hae, ¿Cuántos años tienes? Deja de comportarte como un niño- JongWoon era sentado en la cama a empujones. Viendo como Donghae se acomodaba a sus pies como un niño que espera que le cuenten una historia para dormir.
-Hyung, no seas malo. Dime, ¿Cómo es él? ¿Cómo está? ¿Te habló de mí? ¿Ya casi termina? ¿Va a volver pronto? – El pez sacudía todo su cuerpo mientras hablaba a toda velocidad.
-Basta, ¿Estás rapeando?-
-Hyung-
-Es un hombre guapo. Muy refinado, se nota de lejos que es un alfa de alta sociedad –
Donghae se inmovilizó y abrió grande los ojos. Concentró toda su atención a la explicación de su hermano.
-Está bien, charlo bastante conmigo. Aunque en un principio no me reconoció, le expliqué que soy tu hermano. Quizás por eso mostró interés en llevarse bien conmigo –
-Es tan considerado- El joven ladeaba su cabeza
-Me das diabetes-
-Bueno, bueno. Continúa-
-Ya terminó la universidad, está por regresar aquí. Así que supongo que pronto se van a casar-
-¡WOOO!- Hae salió de la habitación saltando en un pie. Desde la misma JongWoon podía escuchar los festejos de su hermanito.
"Los años pasan y el chico no cambia" pensaba el mayor para sí mismo. "Solo faltaría que el muy bobo aún sea virgen". Un momento de duda llenó la cabeza del mayor. Pero alejó todo pensamiento sobre su extraño hermano, y se dispuso a cambiarse. En aquel pueblucho no podía utilizar su fina ropa. Además de que el calor estaba sofocándolo.
Lo mejor iba a ser dar una vuelta.
Caminaba por la arena, junto al mar. Su cabello negro se estaba llenando de arena, y eso lo molestaba. Él preferiría estar en la capital, no en un pueblo de gente aburrida, con calor sin enormes shoppings. Sin inspiración para sacar fotos.
Su mente siguió divagando, hasta que se topó con una casa alta cerca del mar. Tenía ventanales enormes que le permitían ver lo que sucedía dentro. La intriga lo dominó y se escondió detrás de unas palmeras, para lograr ver quien vivía en aquella casa.
Lo que no se esperaba era que lo que vería deleitaría sus ojos. Un cuerpo escultural se movía bajo el chorro de agua. Desde donde se encontraba, lograba ver perfectamente la ducha de aquella casa, que por cierto no estaba vacía.
¿Qué clase de casa tenía ventanales de vidrio en el baño? No lo sabía, pero el diseñador merecía un aplauso por su gran trabajo. Desde donde se paró podía notar ese abdomen trabajado, esa espalda perfecta, de piel pálida. Aquellos brazos tonificados y lo mejor del paquete un buen pene.
Si el dueño de ese cuerpazo tuviera un rostro decente, ya se había ganado la lotería. Por ahora, le quedaba buscar quien era el hombre que vivía allí.
Porque después de aquella maravillosa visión, no se quedaría de brazos cruzados.
-Pasa Henry, ya casi termino de ducharme-
La puerta se abrió, y el joven le tendió una toalla a su jefe. Mientras lo miraba algo desconcertado.-Mono, estás algo extraño. Podría decir que estas más alegre de lo normal-
La extraña risa de Eunhyuk resonó en todo el cuarto de baño haciendo eco. – Mira disimuladamente a través de la ventana, hay un hombre elegante echando un vistazo hacia aquí mientras me baño-
Henry comprobó lo que el mayor le decía. – Parece alguien de clase alta-
-Niño, quiero que averigües quien es, tal vez le dé el gusto de conocerme-
