Ome Ehecatl, 2 - Viento
El suspiró. Había esperado tanto tiempo convertirse en Santo, en Caballero. Ahora se sentía decepcionado. No había forma de cumplir esa misión, sobre todo de noche. Quetzalcoatl era la serpiente emplumada, el sol, el viento... tal vez podría encontrarlo en su templo durante el día; pero ¿De noche? Y aunque lo escuchara, nunca se mostraba frente a los mortales. ¿Cómo conseguiría una pluma? ¿Un pedazo de un dios sin morir en el intento?
Estaba realmente triste. Empezó a caminar por el bosque cabizbajo. Ahora la luna y las estrellas que brillaban en el cielo no le llamaban la atención. Entonces empezó a sentir coraje, había estado tan cerca. Una pluma de un dios, de Quetzalcoatl, el viento... ¡SI! ¡El Viento! El viento también sopla de noche ¿No? Así que tal vez tuviera una oportunidad.
Corrió tan rápido como pudo. Si habría de encontrar a Quetzalcoatl de noche, sería como el dios del viento, y el sabía de un lugar donde los vientos corrían muy fuerte día y noche. Tal vez ahí lo podría encontrar. Pero tendría que darse prisa, este lugar era un desfiladero en las montañas, le llevaría una buena parte de la noche el subir hasta allá.
Cuando llegó a la base de las montañas miró hacia arriba. Afortunadamente la luna llena le permitiría ver donde pisar, bueno casi, como se dio cuenta a la mitad de la escalada. Su pié resbaló y empezó a caer. Miró hacia abajo tratando de encontrar algo en que sujetarse. Lo único que pudo encontrar fue un pequeño arbusto pero se estiró para alcanzarlo. Lo logró y se sujetó a él con todas sus fuerzas. Por fin dejó de caer. Respiró profundamente y trató de calmarse. Se había raspado las manos y las rodillas, pero en ese momento no lo sintió y empezó a escalar de nuevo. No tenía tiempo que perder.
Por fin llegó a la cima, se sentía cansado pero aún tenía que continuar. Caminó hasta llegar a la orilla del precipicio que era la cara de un ancho y muy profundo cañón que cortaba las montañas en esa parte y que desaparecía en la distancia. Aún a varios metros de distancia se podían sentir los fuertes vientos que
soplaban desde el fondo del cañón. Se acerco con cuidado y se asomó. La luz de la luna no eran suficientes para ver demasiado, parecía que el cañón no tuviera fondo y los vientos eran tan fuertes que lo empujaban hacia atrás. Si Quetzalcoatl no está aquí no sé donde, pensó y se dispuso a llamarlo. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos. "No lo encontrarás aquí"
"¿Que... quién eres tu?!" Se volvió con sorpresa, no había sentido la presencia de nadie cuando llegó ahí.
"¿Sorprendido? un verdadero Itzae siempre debe estar alerta"
"¿Qué es lo que quieres? ¿Quién eres?" Esta persona lo incomodaba. Se preparó a atacar. No le gustaba su apariencia, no podía sentir su cosmo. Trató de reconocer al extraño que estaba frente a él. No era muy alto, y tampoco se veía muy fuerte; pero sí lleno de confianza. Una capa cubría su vestimenta y casi todo su cuerpo.
"Soy Mitzin, un guerrero sagrado enviado por los dioses"
"¿Qué? ¿Un guerrero sagrado? ¿O sea que tu eres un Caballero?" Acaxitl lo observó con detenimiento.
"No, no soy un Caballero, yo estoy muy por encima de eso. Pero no vine aquí a explicar quien soy, solo quiero evitarte problemas. El gran Quetzalcoatl no vendrá aquí para que un niño le pueda quitar una pluma" Dijo el hombre con una sonrisa suspicaz.
"¿Cómo sabes que..." Acaxitl no pudo terminar la frase.
"Yo sé muchas cosas, como por ejemplo donde encontrar plumas del dios."
"¿Tu lo sabes? ¡Dime, donde, es muy importante para mi!"
"¿Por que habría yo de decirte algo a ti? dijo Mitzin con un tono burlón.
"La necesito para convertirme en un Caballero"
"¿Otro? ¿No hay ya suficientes?" Dijo Mitzin y tras un suspiro continuó. "Esta bien, si debes saberlo..." Al decir esto apuntó hacia el desfiladero. "Cada mañana la serpiente emplumada se levanta por ese precipicio al igual que el sol, y durante la noche Quetzalcoatl el viento se eleva formando las corrientes que ya has sentido. Ha dejado muchas plumas en el fondo de ese cañón. Desafortunadamente, no hay forma de bajar hasta allá"
"Sin embargo tengo que intentarlo, es mi única oportunidad" Dijo Acaxitl y se dirigió hacia el acantilado. "Yo no dije que te dejaría tratar o si? Si quieres pasar, primero tendrás que derrotarme!" Mitzin dijo esto mientras se movía para colocarse entre Acaxitl y el precipicio.
"Si así lo quieres..." le contestó y se preparó para el ataque.
"Tonto, ni siquiera serás capaz de tocarme" Se rió y se preparó para el ataque, arrojando la capa que lo cubría. Mitzin no llevaba una armadura como esperaba Acaxitl. Estaba vestido con ropas simples, lo único que llamó su atención era un pequeño medallón que colgaba de su cuello. Tenia un dibujo en el, el glifo de Quetzalcóatl. ¿Entonces Mitzin era un enviado de Quetzalcoatl?
"Ya veremos" Acaxitl no pensaba dejar que nadie le impidiera convertirse en Caballero, ni siquiera un enviado del dios. Mitzín se le arrojo para atacarlo, pero él brincó quitándose de su camino."¿Eso es todo? Tal ves no tendré que matarte después de todo" Acaxitl dijo sonriendo y de nuevo se dirigió hacia el desfiladero.
"¡Pero si la diversión apenas va a comenzar!" Mitzin brincó y se colocó frente a él. Esta vez al hacerlo formó una esfera de luz entre sus manos y se la arrojó directamente a su cuerpo. "¡Relámpago de la mañana!"
Acaxitl parpadeó. Antes de que pudiera reaccionar la esfera lo golpeó en el estómago. Su vista se nubló por un momento mientras la energía lo arrastraba hacia atrás causándole un gran dolor. Al fin quedó tendido en el suelo. Pensó en quedarse así, pero empezó a levantarse. No iba a permitir que esta persona le impidiera cumplir sus sueños, tenía que conseguir esa pluma o moriría intentándolo. Sujetó su estomago con una mano. El golpe había sido muy fuerte. Sin embargo se las arregló para reunir fuerza suficiente para seguir caminando hacia el precipicio.
"¿Que no ha sido suficiente? Veo que quieres morir aquí" Mitzin dijo cuando lo vio levantarse y seguir acercándose.
"No, te equivocas, tengo una misión que cumplir y no moriré hasta lograrlo" Esta vez él también atacaría. Se concentró en su poder, de la forma que su maestro le había enseñado. Una luz anaranjada empezó a brillar a su alrededor, muy sutilmente al principio pero creciendo cada vez mas. Una vez mas, Mitzin arrojó su ataque sobre el. Pero esta vez él lo atrapó deteniendo la esfera de luz entre sus manos.
"¡¿Qué?! ¡No puedo creer que hayas sido capaz de detener mi ataque!" Mitzin estaba sorprendido. "Veo que tu maestro te ha enseñado bien" Al decir esto cruzó sus brazos. "Ahora veamos que puedes hacer con ese poder entre tus manos..." Acaxitl consideró la situación. La esfera de luz en sus manos era realmente poderosa y no muy estable, podía estallar en cualquier momento y lo volaría en pedazos. Tenía que hacer algo con ella y rápido. Concentró su cosmo y con muchos problemas consiguió levantar sus brazos y guiar la energía hacia arriba. La energía se disipó mientras se movía rápidamente hacia el cielo.
"¡Bien hecho! Pero no lo suficiente, debiste haber arrojado esa energía a mí; ¡Me habría impedido que te volviera atacar!" Mitzin dijo mientras formaba una nueva esfera entre sus manos. Pero antes de que pudiera lanzarla, Acaxitl lanzó su cosmo.
"¡Viento de Fuego!" Grito mientras su cosmo se concentro frente a él formando una corriente de aire caliente como el que se forma alrededor de las llamas, que se disparó contra Mitzin. Este cubrió su cuerpo con sus manos tratando de detener el viento que lo empujaba hacia el precipicio.
"Tu cosmo es muy fuerte, debo admitirlo, pero no lo suficiente!" Mitzin abrió sus manos y con su cosmo cambió la dirección del ataque; ahora el viento corría en dirección a Acaxitl. "Prepárate a morir!"
"Ya te dije que no moriré aquí" Brincó hacia adelante justo a tiempo para evitar el ataque, y cayó cerca de Mitzin sorprendiéndolo. Tomó ventaja de la situación golpeándolo con su rodilla en el estómago.
Mitzin dio un paso atrás y lanzó un golpe que Acaxitl esquivó. Le gustaban las peleas físicas y esta no parecía ser muy difícil. Sujetó la mano con que intentó golpearlo y con la otra lo golpeó de nuevo. Continuaron intercambiando y esquivando golpes por un tiempo; hasta que Mitzin jaló a Acaxitl de un brazo y acercándolo al precipicio. Entonces comenzó a reírse. Su cosmo ardió, mas intensamente que antes, una luz blanca lo rodeó cegando a Acaxitl por unos momentos. "¡Si tienes tantos deseos de bajar ese cañón, yo te ayudaré! El cosmo a su alrededor explotó mandando al chico volando hacia el desfiladero. Antes de que pudiera reaccionar otra nueva esfera de luz lo golpeó. Y eso fue todo. Cayó del precipicio, sin ser capaz de sujetarse de la orilla.
Cerró los ojos. ¡Había estado tan cerca! Concentró su cosmo. Tal vez aún podía utilizar su viento para frenar su caída, o por lo menos disminuir la velocidad. Aunque ya había caído varios metros, aún no podía ver el fondo del cañón. Mas vale que esto funcione. Encendió su cosmo y lo elevó tanto como pudo. "¡Grandes estrellas que brillan en el cielo, permítanme tener su poder! Déjenme usar su fuerza como si fuera mía" Junto sus manos frente a él y apuntó hacia el suelo... donde quiera que éste estuviera.
"Viento de Fuego! Sopla mas fuerte que una tormenta!" El viento empezó a fluir hacia abajo del acantilado. Sin embargo él seguía cayendo mas y mas rápido. ¡Mas fuerte! Se dijo a si mismo. Recordó lo que su maestro le había dicho sobre el cosmo. "Este poder será tan fuerte como tu quieras que sea, tan fuerte como tu voluntad. Nada lo puede detener una vez que ha comenzado a fluir."
"Quetzalcoatl, déjame usar este poder, solo esta vez, permite que mi cosmo se eleve a las estrellas, si quieres que sea un Caballero..." ¡Mas fuerte! Se concentró en el viento que salía de sus manos. Su cosmo empezó a brillar mas y mas, hasta que se volvió tan brillante que iluminó las paredes del cañón y muy abajo en el fondo, el piso, que se acercaba rápidamente hacia él. Cerró los ojos y se concentró en el viento. Se incrementó su fuerza, y por fin él sintió que frenaba; ahora solo esperaba que fuera suficiente.
Abrió los ojos para ver que tan lejos estaba del suelo. No tanto como hubiera querido. Empujó su cosmo al máximo. El viento que se produjo golpeó el suelo bajo él formando una nube de polvo y pequeñas piedras; frenó aun mas, Acaxitl se sonrió. Después de todo parecía que si sobreviviría a la caída. Pero entonces los vientos que soplaban hacia arriba del cañón lo tomaron por sorpresa. La tierra y piedras que su cosmo había separado del suelo fueron arrastradas hacia arriba, cegándolo y haciéndolo perder su concentración. Se cubrió el rostro con una mano para protegerse de las rocas que le cortaban, pero cuando lo hizo su viento se detuvo. Esta vez pensó que si se mataría. Aún estaba muy lejos del piso como para lastimarse. Pero los mismos vientos que lo desconcertaron, se hicieron tan fuertes que lo sostuvieron.
Al fin llegó al suelo. Se llevó un fuerte golpe; cayó sobre un brazo para evitar golpear su cabeza, pero por lo menos estaba vivo. Con mucho dolor, pero vivo. Se quedó tendido ahí por un rato. Se sentía mareado, no sabía si por la caída, la pelea o las emociones. O por todo. Sintió como se cerraban sus ojos antes de desmayarse. Cuando lo hizo Mitzin apareció junto a él. "Bien hecho muchacho, ahora veamos si puedes regresar a tu campamento a tiempo" Dijo esto con una sonrisa antes de desaparecer; pero tras de él dejó algo que cayó sobre Acaxitl: Una hermosa pluma dorada.
Cuando Acaxitl despertó la luna ya había recorrido casi todo el cielo, pronto amanecería. Sujetó su brazo pues sintió un gran dolor cuando trató de moverlo, probablemente estaba roto; pero considerando la caída no era nada. Trató de levantarse, entonces notó la pluma que cayó al piso. Sus ojos se abrieron con sorpresa. La pluma era tan hermosa. Parecía la de un águila, pero era completamente dorada. La levantó. Era suave, como si fuera una pluma normal. Tampoco era pesada. Era algo realmente sorprendente! Aún mirándola se levantó, no podía creer que realmente estuviera sujetando una pluma de Quetzalcoatl. La colocó dentro de sus ropas y miró a su alrededor. Aún estaba obscuro así que no pudo ver mucho. Pero si pudo ver que el cañón corría de norte a sur, al parecer un río había corrido por él hacía mucho tiempo, pero ahora estaba completamente seco. Lo único que quedaba de él era un camino de arena en medio del cañón.
Contempló las paredes; parecían elevarse hasta el cielo. No podría escalarlas; le tomaría una eternidad, mas con un brazo roto. Su campamento quedaba al sur de ese lugar, así que decidió seguir por el cañón, aunque no sabía a donde lo llevaría. Claro que no tenía mucha elección, así que empezó a correr.
A unos kilómetros de ahí el cañón terminó abruptamente. ¡Genial! Pensó. ¿Ahora tendré que regresar? Observó las paredes a su alrededor tratando de encontrar un buen lugar para escalarlas. No lo encontró, peor si logró distinguir una pequeña caverna que parecía salir de ahí. El camino de arena se dirigía a esa entrada en las rocas. Al parecer el río surgió alguna vez allí desde el subsuelo. "No tengo mas remedio, tendré que entrar. Como me gustaría tener algo con que alumbrar, ese lugar estará muy obscuro" pensó, mientras entraba en la cueva, y se encontró rodeado de la mas completa obscuridad. "¡Maldición! No puedo ver nada!" Pensó en encender su cosmo para ver, pero no estaba seguro si lo podría usar de esa forma, sobre todo después de todo lo que había tenido que hacer esa noche. Pero como no tenía opción... Cerró sus ojos y suspiró. Una tenue luz anaranjada lo empezó a rodear. Solo le permitía ver unos cuantos metros a su alrededor. Empezó a caminar lentamente, ¡sto podría llevarse una eternidad!
En ese momento se dio cuenta de que sentía algo tibio en su pecho y notó una suave luz dorada que empezó a brillar. ¡La pluma! La tomó y la sacó de su ropa. Al hacerlo, la pluma empezó a brillar mas fuerte, ahora la cueva se iluminó completamente. Acaxitl sonrió. "¡racias, Quetzalcoatl!" Dijo feliz y comenzó a correr.
Siguió uno de los túneles permitiendo que su cosmo lo guiara. Cuando llegó al final del túnel sabía que ya estaba cerca de su campamento. Concentró su cosmo en un punto de la pared frente a él y la golpeó. Un rayo de luz salió de su puño
golpeando el muro, y al hacerlo abrió un hoyo lo suficientemente grande para djarlo llegar al exterior.
Claro que el hacer esto tuvo sus consecuencias; todo el lugar se estremeció y muchas rocas se empezaron a desprender del techo, la cueva estaba por colapsarse. Acaxitl se apresuró a salir de ahí y lo logró justo a tiempo para evitar ser aplastado dentro de la cueva.
Cuando llegó afuera, notó que ya eran visibles los primeros rayos del amanecer. No me queda mucho tiempo, pensó y empezó a correr lo mas rápido que pudo hacia su campamento, afortunadamente ya no estaba tan lejos. Al parecer si había ecogido el túnel correcto. Al llegar al campamento su maestro lo esperaba.
"¿Lograste realizar tu prueba?" Le pregunto a Acaxitl que aún no terminaba de recobrar el aliento y era todo un espectáculo, sangrado, raspado sucio y con un brazo roto.
"¡Si maestro!" Logró contestar mientras tomaba aire, pero con una amplia sonrisa en su rostro. Entonces le enseño la pluma a su maestro.
"Bien hecho Acaxitl!" dijo el maestro con una paternal sonrisa. "Eres el único que has logrado regresar hasta ahora, la competencia ha terminado. Tú serás el nuevo Caballero de Plata" Entonces le fue entregada la armadura que hasta ese momento había permanecido encerrada en el templo que se hallaba en el campamento. El esperaba recibir la armadura de Musca, pero en su lugar recibió otra diferente, la del Lince, aunque su maestro la llamaba Ocelote. De todas formas era hermosa.
Toda plateada, el casco asemejaba la cara del gato salvaje, y le quedaba perfectamente. Claro, hasta entonces no había tenido oportunidad de utilizarla en combate, pero tenía la impresión de que pronto lo haría.
Notas de Vega 2019: Aquí esta el segundo capítulo un poquito pulido. Cielos como usaba puntos suspensivos! XD espero que les agrade y gracias por leer :3
