.Inalcanzable.

El chico vestía la sudadera azul y el pantalón que solía usar para entrenar, pero antes de marcharse de su casa con una tonta excusa para que su madre no hiciera demasiadas preguntas, apareció su digimon y le tendió un abrigo.

-Hace frío, Akihiro.

Se lo había puesto y se había dirigido a pie en silencio en los alrededores del instituto. Con las manos en los bolsillos y la capucha ocultando su alborotado cabello castaño, que ya no era tan rebelde desde que se lo había cortado -para poder entrenar más cómodo- pudo a lo lejos divisar la esbelta figura de Haru. Iba acompañada de Biyo, con esa condenada guitarra eléctrica colgando de su hombro.

Hacía días que la evitaba, pero quizás hoy podría terminar con sus maniobras evasivas para finalmente asumir lo que ocurría.

-Ya hazlo.

El chico asintió. Hacía un buen rato que esperaba en las inmediaciones del instituto para interceptarla luego del ensayo, pero descubrió que sus pies no se movían. No podía hacerlo.

-¿Qué puede salir mal? Ella misma te ha confesado lo que siente, ¿no? – dijo Agumon.

-Es que es muy complicado.

-Tú eres el complicado aquí, Akihiro -dijo el digimon echando a andar en la dirección hacia la Haru y Biyo. Pero el chico lo sujetó del brazo.

-No puedo.

-Creí que eras el hijo del portador del emblema valor…

-Exacto. Soy su hijo, no él. -el muchacho de cabello castaño se cruzó de brazos, cada vez se sentía peor.

Entonces escucharon unas voces conocidas que se acercaban.

Si necesitaba otra razón para abandonar la misión que le había propuesto Agumon, era la presencia del padre de Haru.

Yamato caminaba hacia ellos con Gabumon. Iba algo distraído, con las manos en los bolsillos del pantalón y mirando al cielo mientras que su compañero digimon los divisó y les hizo un gesto con la mano.

-Ho… hola señor Ishida- balbuceó en chico cuando estuvieron frente a ellos.

-¿Cómo estás, Akihiro? – el hombre sonrió sinceramente. El hijo de su mejor amigo era una copia casi exacta a Yagami, pero ahora se había cortado el cabello y ya no se parecía a Taichi en su juventud, además había heredado el carácter de su madre, más tranquilo y no tan despreocupado.

-Escuché que estabas por Hawai.

-Oh si, preparando nuevas tripulaciones. ¿Has salido a entrenar? ¿Cómo están tus padres? – ante las preguntas el chico asintió. Recordaba que su padre y Yamato solían salir a entrenar en otras épocas y en alguna ocasión Haru le hablaba de eso.

-Si, vine a trotar un poco, es… es parte de mi circuito…

-Ya veo. ¿Tienes idea de dónde puede estar Haru?

-Ahhhhh… creo que hoy ensayaba, quizás ya haya salido.

-Perfecto.

-Allí están, Yamato -Gabumon los interrumpió señalando hacia un punto en la distancia.

El hombre asintió y se despidió de Agumon y el chico, prosiguiendo su camino.

Observaron en silencio el reencuentro de padre e hija.

-Has perdido tu gran oportunidad.

-Ya cállate Agumon. No me estás ayudando.

-El que no se ayuda eres tú.

Akihiro lo ignoró y comenzó a trotar en dirección a su casa, haciendo oídos sordos a las quejas del digimon que corría detrás de él. Solía hacer bastante ejercicio cuando los problemas lo superaban, no podía negar que en algunos aspectos sí era idéntico a su padre.

-flashback-

El día otoñal llegaba a su fin. Al menos eso pensaba el joven Yagami cuando se dirigía al vestuario luego de un arduo entrenamiento de fútbol.

Estaban en plena temporada y esta cada vez se volvía más exigente, pero estaba feliz de comprobar que el duro trabajo que había hecho en las vacaciones había logrado excelentes resultados.

Además siempre que se sentía triste le hacía bien olvidarse un poco del mundo ejercitándose. Y ese día no podía sentirse bien.

Las clases de la mañana habían transcurrido bien, pero el problema llegó luego del almuerzo.

Estaba echado en el pasto mirando hacia las hojas de un arbol que se movían caprichosamente por el viento. Las observaba aferrarse con vehemencia a las ramas hasta que de pronto simplemente caían.

Y sintió los pasos acercarse.

Supuso que era ella, siempre que terminaban de almorzar se reunían bajo los árboles. A veces Haru llevaba su guitarra acústica y cantaba algo de su autoría. Sabía que él era el único que conocía esas canciones, y se sentía privilegiado de que ella las cantara solamente en su presencia. La chica tenía un corazón demasiado vulnerable a veces, no podría admitir ante nadie que no sabría manejarse ante las críticas de los demás.

Cuando giró la cabeza buscándola, descubrió con pesar que no era Haru quien estaba allí, sino Kyo Izumi.

El chico era un buen amigo suyo, había llegado aquel año al instituto y Akihiro mismo se había encargado de presentárselo a sus amigos. Poco a poco, el chico había ido tomando confianza y ahora era aquel por quien todas las chicas se derretían.

Usaba el cabello castaño largo y suelto, y sus ojos color miel cautivaban a toda hora. Pero era bastante tímido a veces y por momentos la inseguridad le hacía comportarse como un idiota.

Aquel día se sentó a su lado con el uniforme impecable y simplemente aguardó unos instantes en silencio hasta que se largó a hablar.

-Oye. Necesito información sobre alguien.

Yagami se incorporó apoyando sus codos sobre el cesped.

-Soy todo oídos.

Kyo no lo miraba a los ojos, al parecer en su faceta más tímida.

-Mira, es que sé que es como una hermana para tí. Quiero saber cómo lograr que Haru se interese en mí. Por la cantidad de tipos que ha rechazado, la siento bastante inalcanzable.

-Oh -¿cómo decirle que su amiga lo detestaba? Pero algo le molestó de aquello. En las profundidades de su pecho eso le removió algo de forma desagradable.

-No me dirás que te gusta, ¿cierto? En realidad es como si fuera tu prima, aunque no lo es, pero sería raro -Izumi volvía a su personalidad engreída.

-Claro que no.-lo negó pero le dolió. Nunca se había planteado la posibilidad de que algo sucediera con Haru. Quizás porque desde pequeños eran como hermanos inseparables, y porque el tío de ella se había casado con su tía… porque tenían primos en común y a veces se sentían como tales.

Kyo se rió un poco.

-Yo… no sé, creo que todo tiene que ser más simple, ¿no? No es que haya un método para lograr que le gustes. Solo sé sincero, ella no es como las otras chicas que conozco.

-Weird… en serio que lo pensaste, ¿eh? Sería raro, es como si fuera tu hermana.

-No seas idiota.

Izumi se encogió de hombros y se marchó sin muchas indicaciones sobre cómo conquistar a la enigmática Ishida. Pero Akihiro sintió un agujero en su pecho. Nunca había pensado en ello. Y ese chico tenía razón.

La incomodidad no lo abandonó en toda la tarde y finalmente fue a entrenar deseando olvidarse del maldito asunto.

Luego de bañarse en las duchas del vestuario volvió a sentir ese nudo en el estómago. Mierda. No se entendía a sí mismo, así que se vistió apresuradamente para marcharse a su casa.

Y al salir de la zona de los deportes se encontró con Haru.

Ella se veía hermosa con una bonita trenza que caía sobre su hombro izquierdo y el uniforme. Tenía su bolso en el hombro y la notó distraída mientras anotaba en su pequeña libreta algunos símbolos incomprensibles para él.

Debía estar componiendo algo. Siempre andaba con esa libreta encima, a menudo lo dejaba hablando solo cuando una melodía se le cruzaba en la mente y se abstraía totalmente mientras escribía.

Se le acercó con cautela para que no notara su presencia.

En serio era la primera vez que la veía con otros ojos. Se sorprendió a sí mismo observándola detenidamente.

-Aquí estoy -dijo a sus espaldas. La vio sobresaltarse en el lugar y girarse con una mirada cargada de reproche.

-Tú. -sonrió rápidamente.

-¿Viniste a esperarme? ¡Qué amable! Espero que también tengas algo de comida para mí…

Ella se limitó a extraer un chocolate de su bolso y ofrecérselo.

-Pero si eres un amor.

-Cállate. Me lo obsequió Naomi.

-¿Naomi? ¿Por qué?

-Se me declaró. – dijo ella restándole importancia al asunto.

-¿Naomi…? ¿Ella…? ¿Le gustan…?

-Era bastante evidente, pero sí. No ha sido tan terrible como quieres creer, en realidad fue sumamente respetuosa. Me dijo que necesitaba decírmelo.

En su cabeza se formaron todo tipo de ideas raras pero prefirió no hacer más comentarios, se limitó a caminar al lado de Haru mientras masticaba el delicioso chocolate y ella marchaba en silencio.

-¿Estás bien? -al parecer él no era el único que había tenido un mal día. La rubia fruncía los labios hacia un costado, clásico indicador de incomodidad en ella.

-No, tranquilo -caminaron unas calles en silencio hasta llegar al punto en el que sus caminos se separaban.

Definitivamente ella estaba muy nerviosa. Algo ocurría.

-¿Estás bien? – repitió la pregunta y ella lo miró a los ojos.

Vaya mirada tenía esa chica. Le encantaban aquellos ojos azules y serenos. Tomó aire. Ya comenzaba a preocuparle.

-Yo… Akihiro. -suspiró frustrada, estaba alterada -yo… tú… me gustas.

Así de simples fueron sus palabras, pero el efecto que generaron en él fue complejo. Nunca, en todos los años que llevaba conociéndola, hubiera imaginado algo así. No tenía palabras para contestarle.

Vio los ojos de Haru llenándose de lágrimas ante la falta de respuesta.

-Yo… Haru. Espera -la detuvo justo antes de que ella echara a correr.

La chica temblaba.

-Está bien. No tienes que decirme nada si no lo sientes. Es solo que… Naomi hoy me dijo que era importante hablar de lo que sentimos y… ya no podía seguir guardándome esto.

Y antes de que el joven Yagami siquiera se atreviera a responder, Haru se adelantó unos pasos, se inclinó hacia adelante y lo besó.

Hecho esto, echó a correr.

-fin flashback-

XxxxxxxxxxX

Tomaron asiento en el pequeño restaurante. Se ubicaron en una mesa algo apartada porque había bastante gente.

Yamato observó a su hija sentada frente a él. Esa chiquilla ya comenzaba a dejar muy atrás la infancia, aunque su juvenil rostro se asemejaba más al de una mujer, no podía negarse que en aquellos momentos tenía una expresión ligeramente infantil.

Haru se había secado las lágrimas y se había sentido mejor cuando su padre le había propuesto ir a cenar con él.

-¿Seguro que mamá está de acuerdo con esto? Quiero decir, es la primer noche que estás aquí en meses y apuesto que ella había planificado algo delicioso.

-Ella no ha tenido problema, la noté aliviada.

La chica se rió. Últimamente discutía demasiado con su madre. Simplemente no la dejaba vivir. Se enfurecía porque no comprendía las implicancias de estar una banda, tendía a pensar lo peor de la gente de la discográfica. Su madre no entendía nada, pero su padre sí que lo haría.

Con él sí pudo sentirse comprendida. Él le habló abiertamente de los pros y contras de la industria musical. Le contó sus experiencias y lo que había aprendido.

Sabía perfectamente que Haru era madura para su edad y se manejaba por la vida con responsabilidad, sabiendo como cuidar de ella y pidiendo ayuda si era preciso. Pero quería advertirle. Le prometió ir a algún ensayo y estar presente en los shows que pudiera.

No entendía porqué había elegido una banda de metal.

-¿Qué es eso que te tiene tan mal? ¿Qué te llevó a meterte en esa banda?

-¿Tiene que haber ocurrido algo?

-Pues es raro que te pongas a llorar ante mi simple diagnóstico de "corazón roto"

-Ah, eso.

-Si, eso. No creo que volver a ver a tu padre luego de meses te haga llorar de emoción precisamente.

Haru puso los ojos en blanco. Yamato se rió ante esa reacción. Muy propia de él varios años atrás.

-Me han rechazado, papá. Y créeme que hablarlo contigo es rarísimo, pero mamá no me escucha mucho que digamos. Y Sakura no es precisamente la persona que mejor me contenga.

-¿Mi hija fue rechazada? -Yamato lo supo.

Karma. El maldito karma del galán. Años y años rechazando chicas y nunca se había imaginado lo mucho que las podría haber hecho sufrir.

Haru observaba a su padre sin entender mucho las risas. A ella no le causaba gracia, así que frunció el ceño. Sintió el orgullo herido.

- Para que lo sepas, he rechazado a muchos - cruzó los brazos y desvió sus furiosos ojos hacia otra dirección.

-No, no… - Yamato hizo un esfuerzo por recomponerse – no me malinterpretes, cariño. Es que… Mira, me hace muy feliz que hayas rechazado a muchos, de hecho, te diría que lo hagas hasta la adultez… pero me río porque ahora entiendo como se habrán sentido los padres de esas muchachas que yo rechacé hace años… y ahora vivirlo en carne propia es surrealista.

-Porque nunca te rechazaron. Fue mamá quien tuvo que dar el paso las dos veces.

De acuerdo. Así funcionaba el orgullo herido de Haru. Exactamente como el suyo. Hizo un esfuerzo por no sonreírle para que no se volviera a enojar.

-Si. Yo siempre fui muy cobarde. Así que te… declaraste a…

-Eso no importa – dijo ella mientras sus mejillas se teñían intensamente.

-Mmmm ¿Lo conozco? – Yamato comenzo a repasar en su base de datos mental los chicos de la edad de Haru que conocía y…

-¿Izumi te ha rechazado? ¿Ese mocoso se atrevió a…? ¿Quién se ha creído que es…? Bueno, no me quejo de Koushiro, pero su madre es taaaan vanidosa. Maldito mocoso engreído… ¿rechazar a mi niña?

-Papá -la voz de Haru lo regresó a la realidad.

Observó a su alrededor. Les habían servido la cena y la chica alzaba una ceja mientras negaba con la cabeza. Gabumon y Biyo estaban ajenos a la charla mientras devoraban la comida.

-No es Kyo Izumi. De hecho a él lo rechacé hoy.

-¿Ah no? Oh… ¡excelente! ¡No queremos vanidosos! ¡Así se hace! -entonces continuó pensando nombres -No es el hijo de Jyou, ¿cierto? No es que me caiga mal, pero no te imagino con alguien tan obsesionado por el estudio… -seguía hablando solo y sacando cálculos de edad. A Haru ya comenzaba a resultarle gracioso verlo murmurar varias cosas.

Terminaron de cenar y luego de pagar la cuenta, decidieron volver caminando hasta la casa, no quedaba muy lejos de allí.

Contemplaron constelaciones que aparecían en el firmamento y Yamato le relató algunos momentos del último viaje a Hawai. Su hija era una excelente oyente y se interesaba mucho por todo lo que su padre le enseñaba.

Rodeó los hombros de su Haru y suspiró sintiéndose feliz de estar allí, habiendo logrado tranquilizar las aguas entre ella y Sora y dándole el espacio para que se desahogara de sus penas amorosas y…

El rostro del comandante se tornó serio. Muy serio. Parecía que el cerebro se le hubiera detenido de golpe.

No.

No podía ser.

Maldito karma.

Abrió la boca para decir algo pero no pudo emitir sonido.

-¿Estás bien,Yamato? -la voz de Gabumon denotaba cierta preocupación y a juzgar por la forma en la que Biyo y su hija lo observaban, debía verse muy mal.

-Ya… Ya… DIME QUE NO ES YAGAMI.

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En tiempo récord terminé y publiqué el segunda capítulo.e han hecho muy feliz con sus reviews!

youarethereason: estamos iguales, ni yo sé a donde me llevará esta historia, pero me encanta poder desarrollar esta faceta de padre de Yamato. Y lo que vendrá! Falta que entre más gente en acción!

Beso!

melia2:

Hey! Thank you so much for your review, my english is a little poor, so i'll try my best to answer as good as I can! I hope you like this chapter, thanks for reading and greetings!

Natesgo: Qué lindo tener noticias tuyas! Ya tengo varias ideas para sacarle jugo a este vínculo padre-hija que es el verdadero protagonista! gracias por tomarte el tiempo de leer! Beso!