Capítulo 2: La confesión
Todas las criaturas del bosque comenzaron a alarmarse y esconderse. Alguien se había acercado demasiado a los secretos del pueblo. A una gran distancia dentro de esa cueva había una caverna, inmensa, que era iluminada por un río de magma que pasaba desde el fondo, había varias antorchas y esferas iluminadas de colores rojos y negros, estas últimas rodeadas de un fuego blanco. El lugar era adornado por docenas de cráneos que eran utilizados de candelabro. El sitio parecía que fue construido a manera de un coliseo macabro, al fondo había un trono de oro y huesos y detrás de este había una puerta inmensa en la cual brillaba un pentagrama de fuego, el único camino que conducía al trono era un puente. Ahí, intangible, estaba una silueta negra con un par de cuernos y ojos rojos que emanaban fuego y pestilencia. Unas criaturas horrendas, las arpías, llegaban volando con las esferas antes mencionadas en sus patas, dejándolas caer sobre la presencia demoniaca a la que servían. Sostuvo una en sus garras y la contempló hasta que se perdió en la negrura de su cuerpo, bastante simple, las almas rojas eran las almas torturadas y angustiadas, las negras eran los perpetradores de cosas tan abominables como el asesinato o la violación, sus favoritos. El olor a azufre llenaba todo el lugar.
–Almas… sólo necesito unas cuantas más.
La silueta se descompuso en una gran cantidad de humo y se movió hasta que quedó sentado en el trono, de una de sus garras, porque por el momento eso eran, comenzaron a salir llamas color rubí, las arrojó al suelo y un pentagrama comenzó a formarse ahí. Lentamente del suelo comenzaron a salir unas grandes garras que aparentaban ser las manos de algo desconocido. El pentagrama se cerró dejando ver a una criatura repulsiva, sus manos esqueléticas tenían tres garras, la espalda estaba curveada y se notaban los huesos de la espina, sus piernas eran como de rata y sus grandes ojos amarillos brillaron junto con los colmillos llenos de sangre y carne putrefacta que adornaban su boca, su piel era rojiza y varios gusanos negros corrían por encima de él.
–Mi señor… ¿Qué puedo hacer por usted?–gruñó el demonio.
–Quiero que mates a dos elementos.
– ¿Elementos? ¿Quiénes serían?
–Son dos, gemelos. Un elemento de la naturaleza, el pino, y su hermana, un elemento del firmamento, la estrella fugaz.
–Pino y Estrella Fugaz, no será problema.
El demonio desapareció en una llamarada y su señor estaba furioso, por eso nunca hacía encargos a la clase de los demonios que se divertían haciendo maldades en el mundo de los mortales, al muy imbécil se le había olvidado preguntar dónde habitaban esos gemelos, pero no tenía de otra más que esperar. La furia le trajo a su memoria los recuerdos de cuando era un ser todopoderoso, él mismo se hubiera encargado de buscar a los Pines si no fuera por…
–Esa maldita bruja. Algún día también la mataré. –dijo, mientras más arpías llegaban.
Al día siguiente, en la cabaña del misterio, Dipper se despertó con bastante energía, estaba muy alegre… ¿o tal vez nervioso? Stan y Sally habían ido a recoger al sobrino de esta y regresarían hasta pasadas las once. Se encontraba solo mientras desayunaba un plato de cereal. Había preferido desayunar sin más compañía que la de sus pensamientos, Mabel seguía dormida y no quería despertarla.
Mientras desayunaba comenzó a pensar en qué tan loco estaba como para estar enamorado de su hermana, la idea iba bien con él, ya no le afectaba ni lo hacía sentir raro. Se sentía así desde que volvieron a casa de su primer verano en Gravity Falls cuando tenían doce. Pensaba en ella todo el tiempo y se sonrojaba al mínimo roce que ella tuviera con él, tartamudeaba cuando le hablaba y también comenzó a darse cuenta de que su hermana era más bonita de lo que él pensaba y más adorable de lo que ella decía.
Con el paso del tiempo aprendió a disimular muy bien sus sentimientos; siguió desayunando tranquilo hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Mabel llegó a la cocina con el cabello despeinado, la volteó a ver y no pudo evitar sonreír levemente, como lo hacía diariamente.
–Buenos días, Dipi-dy. –saludó ella alegre.
–Buenos días, Mabs.
– ¿Dónde están los ancestros?
–Salieron, fueron a traer al sobrino de la tía Sally.
–Ah, ¿Entonces quien abrirá la tienda?
–Soos y Melody se encargarán de eso.
– ¿Y nosotros?
–Iremos a la feria ¿recuerdas?
–Je, ya lo sé, Dip, pero será hasta la noche. Deberíamos ayudar a Melody, Soos se puede encargar de la visita guiada.
Cuando Soos y Melody aparecieron se repartieron las labores que debían de hacer en la tienda, las chicas se quedarían en la tienda de regalos mientras los varones limpiaban y creaban más cosas paranormales que mostrarían a los visitantes, la atracción de este verano sería un gnomo de Irlanda con alas de mariposa, un tanto ridículo, pero los turistas pagarían lo que fuera para tomarse una foto con el extraño ser. Cuando los chicos terminaron su máxima creación, Soos aprovechó para mostrarle algo a Dipper.
–Oye, amigo, mira esto. –Soos le mostraba un anillo con un pequeño brillante.
–Muy bonito pero… espera, ¿Le propondrás matrimonio? ¡Viejo, eso es excelente!
– ¿Verdad que si? El señor Pines me estuvo dando ánimos por tres meses pero hoy se lo propondré.
–Pues mucha suerte amigo, ¿Dónde lo harás?
–En ese nuevo restaurante italiano "Demasiadone caroni". A los dos nos gusta la pizza pero esta vez quiero que la pizza tenga clase.
Dipper se sintió un poco mejor, Soos también tenía algo que confesar esa noche. El resto del día fue bastante aburrido, estafando clientes, subiendo las cosas de precio, aunque esto sólo lo hacían los dos hombres de gorra bajo la mirada desaprobatoria de sus damas especiales.
Hoy era el día en que Dipper juntaría algo de valor y fuerza en su mente, la cual era una mezcla de cosas cursis y ridículas, se sentía como la primera vez que se declaró a una chica, que por fortuna aceptó. Pero esta vez a quien se declararía no sería cualquier chica, era su hermana. Él sentía que era más que obvio el resultado, por un lado si su hermana no compartía los mismos sentimientos no podía culparla, pero también existía la posibilidad de que Mabel lo tomara como un pervertido y le daría tal patada en las bolas que hasta sus hijos (si llegaba a tenerlos después del golpe) sentirían el dolor que su tía Mabel cortésmente le dio a su padre después de una buena bofetada.
Bueno, algo más realista, quizás si Mabel no se lo tomara muy a pecho sólo le dejaría de hablar en unas dos semanas, algo cambiaría, pero ambos fingirían que nunca pasó. Su mente, traidora como la de la mayoría de los seres que habitamos este mundo, le trajo los recuerdos de sus fracasos amorosos, de las escasas tres chicas con las que había tenido algo que ver, siempre algo le había salido mal. La primera chica, Tracy, ya era algo experimentada en cuanto a una "relación" y sólo aceptó ser su novia para poner celoso a otro chico, cuando lo logró se deshizo de Dipper, a él no le importaba mucho, ya que él pensaba que si salía con otra chica se olvidaría de sus sentimientos por Mabel, un fracaso, ya que mientras más tiempo pasaba con Tracy, más pensaba en su hermana.
La segunda chica, Chloe, era muy "amistosa", Dipper creyó lograr algo con ella pero todo se fue al carajo cuando Tyler, su amigo del club de periodismo, le mostró fotos de ella besándose con el matón del colegio. Eso lo hizo enojar, no soportó que ella se burlara así de él pero no la buscó a ella para aclarar todo sino a alguien para desquitarse. Fue así como Dipper fue suspendido dos semanas por darle una tremenda paliza a Brad, el bravucón del colegio, frente a toda la escuela.
Y por último, la chica de intercambio de Japón, Iku, compartían gustos literarios y musicales, su amistad se transformó rápidamente en algo más, pero cometió un error, y con ese error le quedó claro que deshacerse de sus sentimientos por su gemela no iba a ser cosa fácil.
Su historia en la secundaria terminaba con tres fracasos, y tal vez continuaría así en la preparatoria una vez terminado este verano. El reloj de búho que colgaba en la pared marcaba las 7:50, Soos y Melody ya se habían ido y ellos partirían a la feria en diez minutos. Dipper se había vestido formal pero bien, con un pantalón de mezclilla, una camisa color azul y obviamente su típica gorra, había dejado de lado el chaleco y llevar un libro en los bolsillos de este, esta noche solo quería dedicarse a su hermana. Se había puesto una colonia de olor suave, todo estaba en los detalles. La voz de Mabel lo sacó de su pequeño trance de recuerdos.
– ¿Cómo me veo?–preguntó, llevaba puesta una falda negra y el suéter azul con una estrella fugaz de varios colores que Dipper le regaló en su cumpleaños, los pendientes de diamante brillaban levemente, también se había puesto brillo en los labios, se veía espectacular.
"Hermosa, bella, radiante"–pensó.
– ¿Bonita?–respondió con torpeza.
–Emm, ¿Fue una pregunta?
"Perfecto, un punto menos a tu favor, tarado"
– ¡No! Digo, te ves muy linda, más que otros días. –dijo lo último casi en un susurro.
–Aww que tierno, gracias, tú también te ves muy guapo ¿nos vamos?–Mabel abrió la puerta y caminó dejando atrás a Dipper, este se quedó hipnotizado viendo las piernas de su hermana. – ¿Te quedaras ahí toda la noche?–le volvió a llamar brindándole una de sus simpáticas sonrisas. Ambos caminaron con dirección a la feria.
La vista del demonio se posicionó sobre todas las personas que estaban entre la multitud, había un montón de elementos de la naturaleza y otros tantos del firmamento, al no sentir la presencia de sus blancos decidió buscar en otra parte del pueblo.
Habían llegado a la feria, pero estaba más concurrida de lo que habían pensado, esto fue algo que Dipper agradeció ya que por ese motivo llevaba a Mabel tomada de la mano, la estrategia que usaban para no separase en lugares muy concurridos
– ¿Qué quieres hacer primero, hermana?
– ¿Qué tal si comemos algo?
– ¿No crees que sería mala idea comer y luego subirnos a las atracciones?
–Sí, je, las atracciones. –ella miró hacia otro lado con una risa nerviosa.
– ¿Todavía le tienes miedo a las alturas?–ella asintió con la cabeza.
–Bueno, vamos primero a la rueda de la fortuna ¿vale?
– ¿Qué?
Antes de que pudiera protestar, ambos estaban en sus asientos y comenzaba a subir lento, muy lento. Mabel sintió como alcanzaban más altura y sujetó la mano de su hermano con mucho miedo, parecía que le quería clavar las uñas, él le pasó un brazo por los hombros.
–Tranquila, estoy aquí contigo.
Mabel lo vio a los ojos y tomó confianza, la rueda hizo la típica pausa y ellos quedaron en lo más alto, observaba a las masas de gente que pasaban por todos lados, las atracciones, los engaña bobos y los puestos de golosinas, sonrió, estaba feliz y ya no tenía miedo, aunque se sentía un poco rara. Cuando bajaron fueron a otros juegos y finalmente se detuvieron a comer algo. Mientras comían, Dipper vio que Mabel tenía una mirada de nostalgia, dirigió su vista a donde ella y vio que lo que captaba su atención era un carrusel.
– ¿Recuerdas cuando nos subíamos al carrusel de pequeños?–la pregunta lo tomó por sorpresa a pesar de su observación.
–Sí, aunque no era solo de caballos, tú siempre escogías al unicornio.
–Sí, y tú al dragón. Me pregunto por qué estaban juntos.
Estaba a punto de responderle, pero una voz se le adelantó.
–Vaya, vaya, miren lo que encontró el vagabundo chicas, a los "misterimbéciles". –era Pacifica.
– ¿Qué diablos quieres Pacifica? No nos amargues la cena.
–Tranquilo, Dip, yo sólo vengo a saludar.
–Rubia tenías que ser, no saludas a alguien llamándolo imbécil.
–Cállate, Mabel, además la feria fue traída por mis padres ¿Qué diablos hacen ustedes aquí?
–Sí sabes que es una feria pública ¿verdad?
–Me da igual, no quiero ver aquí sus horribles caras, largo de aquí.
Los gemelos se quedaron viendo a Pacifica y a sus amigas, que no habían hablado, pero los miraban con soberbia y una asquerosa sonrisa altanera. La castaña estaba dispuesta a ignorarlas pero Dipper ya estaba cansado, desde hace dos años la rubia se había vuelto más inaguantable que de costumbre y todo comenzó cuando él la rechazó, al parecer no le quedó claro que no quería nada con ella, y no conforme con hacer que los vetaran de varios lugares del pueblo también se había dedicado a hacerles la vida imposible a sus amigos. Iba a terminar con esto de una vez por todas.
–Vete a la mierda, Pacifica, déjanos terminar nuestra cena.
Mabel arqueó las cejas sorprendida y la rubia lo veía con una sonrisa incrédula.
– ¿Qué dijiste?
–Dipi-dy…–su hermana quiso tranquilizarlo pero ya era tarde.
– ¡Dije que te fueras a la MIERDA!
Esto último lo dijo gritando, todos se quedaron callados y en busca de un buen chisme, voltearon a ver a los jóvenes que discutían.
– ¿Quién te crees para hablarme así, estúpido?
– ¡Quien te crees tú! Mi hermana y yo no llevamos aquí ni tres días y ya nos estas fastidiando, ve a arruinarle la noche a alguien más, niña consentida.
Un chico más alto que Dipper se unió a la escena.
– ¿Por qué le estas gritando a mi chica, imbécil?
– ¿Tu chica? Vaya, veo que hallaste a un estúpido que te aguante.
El otro muchacho se acercó peligrosamente a Dipper y este se levantó de su silla dando a entender que estaba listo para la pelea. El comisario y su compañero se acercaron también.
– ¿Vamos a tener que interferir aquí?
–No comisario. –habló Pacifica. –nosotros ya nos íbamos, vengan.
La rubia y sus amigos se fueron, el comisario entonces volteó para ver a los gemelos.
–Estamos bien, comisario.
El gordinflón y su compañero se retiraron, Dipper se volvió a sentar, su hermana lo veía más sorprendida que antes.
– ¿Sucede algo?
–Te encendiste ¿verdad?–le dijo sonriendo.
–Ya me tenía harto.
–Vaya que sí.
Cuando salieron del restorán eran las 10:45 pm, mataron el tiempo viendo las baratijas que tenían a la venta en toda la feria, pasaron frente a un juego de tiro al blanco y a Dipper le pareció divertido porque vio un buen regalo para su hermana.
– ¿Quieres un peluche?–Mabel vio el juego y después un peluche de pingüino que traía un sombrero de copa y unos lentes oscuros.
–Sólo si prometes que no volveremos en el tiempo si fallas. –ambos rieron.
–Uno, por favor. –Dipper tomó el rifle y apunto como el tío Stan lo había enseñado el año pasado. 1, 2, 3, 4, ¡5!, todos los patos cayeron y Dip había ganado el pingüino para su hermana, ella lo tomo muy feliz.
– ¡Es muy esponjoso y tan pingüinesco! Gracias Dipi-dy. –ella le dio un pequeño beso en la mejilla y caminaron de regreso a su casa, sin percatarse de que alguien los seguía. Antes de llegar, Dipper le echó una mirada al bosque, el plan seguía en marcha.
–Oye, Mabs, antes de regresar quiero enseñarte algo.
– ¿Qué es?
–Es una sorpresa, ven conmigo.
Ambos caminaron adentrándose en el bosque, tomados de la mano. A una distancia prudente los seguían para no ser escuchados.
–Esto no se quedará así. –dijo Pacifica furiosa.
Los gemelos caminaban por el sendero que Dipper había recorrido el día anterior, una luz tenue se veía al final del mismo. El claro era iluminado por la luz de la luna y el ojo de agua brillaba de azul con gran intensidad, la cara de su hermana era un poema, admiraba el paisaje nocturno con una sonrisa dibujada en la cara.
– ¿Te gusta?
– ¿Qué si me gusta? Dip, esto es magnífico.
–Sabía que te gustaría, pensé que podía darte algo de inspiración para tus dibujos, ven vamos a sentarnos.
Pacífica y sus amigas se escondieron detrás de unos arbustos. Los hermanos estaban sentados viendo el magnífico espectáculo natural que tenían ante ellos, estaban demasiado cerca y Dipper comenzaba a ponerse nervioso, la luna brillaba en todo su esplendor.
–Mabel…–
– ¿Si?–comenzó a sentirse más nervioso.
– ¿Puedo hablar contigo? "Que imbécil, ya estás hablando con ella"
–Claro.
Dipper reunió una buena cantidad de valentía y esperanza, tragó saliva y suspiró.
–Mabel, desde que tenemos doce y hemos venido aquí de vacaciones, he… he comenzado a… a sentir algo.
– ¿Algo? ¿Cómo qué?–preguntó curiosa.
–Pues… es algo extraño, es más… como una emoción. –Las palabras amenazaban con no salir, los nervios comenzaban a jugársela.
– ¿Una emoción?
–Es demasiado complicado… es-es-es, ay ¿Cómo lo explico?
Su lengua y cerebro comenzaban a bailar una danza dispareja. Su cerebro mandaba las señales pero a su lengua le parecía más divertido jugar al twister.
– ¿Estas bien? Te ves muy nervioso.
– ¿Nervioso yo? ¡No! Que va, ¿Por qué dices eso?
–Tienes un tic en el ojo…
– ¿Un tic? No-no-no, es-es-es-es mi señal para decir que no estoy nervioso.
–…Ok…–Mantuvieron el silencio unos segundos que le sirvieron a Dipper para reponerse.
–Me divertí mucho hoy, Dipi-dy.
– ¿De verdad?
–Sip, tenía algo de tiempo que no hacíamos nada juntos.
Dipper la observó, su rostro tan apacible era iluminado por la luz de la luna y los pendientes la hacían ver muy hermosa, se veía adorable abrazando a su peluche, su sonrisa angelical lo cautivaba. Había llegado el momento.
–Mabel, lo que trataba de decir hace un momento es que… desde la primera vez que vinimos aquí de vacaciones, las aventuras que vivíamos eran geniales, aunque estuvimos en riesgo en muchas ocasiones, era muy divertido, tú haces que todo sea divertido.
–Gracias hermano, tú…
–Aún no termino…–suspiró–yo… me sentí molesto porque preferías pasar más tiempo con tus amigas que conmigo, y cuando te fijaste en ese tritón y en el… sujeto de las marionetas… yo… no sé… me sentí extraño. –Mabel lo miraba con mucha atención y sin perder detalle. –después comencé a verte… diferente… y me di cuenta de que… te quiero.
–Oh, Dip, yo también te quiero.
–No, Mabel, me refiero a que te quiero más que a una amiga o de lo que se puede querer a una hermana… Mabel… tú… me gustas.
El silencio reinó por unos segundos, los más largos en la vida de Dipper Pines. Mabel no daba crédito a las palabras que acababa de escuchar, por un momento pensó que había oído mal pero la mirada nerviosa de su hermano le hizo darse cuenta había escuchado bien.
– ¿Qué?–Preguntó ella con un hilo de voz, todavía incrédula y Dipper por un momento pensó en retractarse pero ya era tarde, la suerte estaba echada, tenía que continuar.
–Me gustas. –dijo con un tono de voz más alto. –me gusta tu sonrisa, tu voz, tus ojos. Me gusta que seas tan adorable y amistosa y también tú forma tan positiva de ver el mundo. Me gustas.
Ambos quedaron en silencio nuevamente, por fin lo había logrado, le dijo a su hermana sus sentimientos, pero su silencio. El maldito silencio estaba acabando poco a poco con su esperanza, quería que le dijera algo, que lo golpeara, que se levantara y se fuera, lo que sea pero que hiciera algo. Mabel dejó su peluche en el suelo y lentamente se acercó para brindarle un abrazo, él, sin entender lo que sucedía, correspondió al gesto.
Dipper no podía verlo, pero su hermana había dejado escapar unas lágrimas de sus ojos, lágrimas de alegría, ahora ella no podía dejar de sonreír, una sonrisa boba que remarcaba sus sentimientos, ¿Desde hace cuánto ella quería escuchar esas palabras?
–Tú también…–le decía al oído, el arqueó una ceja–…también me gustas.
– ¿En serio?–Preguntó él, sorprendido de la respuesta de su hermana. Se había estado preocupando por cómo ella daría una respuesta negativa que nunca se puso a pensar como llevarlo si ella también sentía algo.
Mabel se apartó un poco sin quitar las manos de sus hombros, asintió lentamente con la cabeza.
– ¿No te falta hacerme una pregunta?–los ojos verdes de la chica ahora tenían cierto brillo especial y se notaba la emoción en sus palabras.
–Oh, claro, je, que tonto soy. –se aclaró la garganta. – ¿Quieres ser mi novia?
– ¡Claro que sí!–respondió ella dándole de nueva cuenta un abrazo que casi derriba al chico, ambos reían nerviosos pero felices de todas formas, mientras sus risas se apagaban una duda surgía en la atmosfera.
– ¿Y ahora qué?–preguntó ella en un tono coquetamente inocente.
Ella le estaba dando el pie para que siguiera, ahora tenía la oportunidad de hacer algo que llevaba años deseando. Se quedaron viendo fijamente a los ojos, sonrojados, esperando el movimiento del otro. Mabel cerró sus ojos y esperó a su hermano, lentamente él comenzó a acercarse y en un movimiento lento juntó sus labios con los de ella. Era un beso tímido pero dulce que ambos deseaban desde hace tiempo. Todo había desaparecido, no había nada aparte de ellos y el momento que estaban compartiendo, el mundo podía haberse acabado en ese instante y a ellos dos ni les importaría.
¡Click!, se escuchó un sonido seguido de un destello blanco, alarmados se separaron y vieron confundidos a las cuatro personas ahí de pie detrás de ellos. Pacifica los veía sorprendida y sus amigos asqueados.
–No puedo creer esto, me rechazaste por tu propia hermana.
–Pacifica…–Mabel la veía con el rostro pálido de la impresión.
–Dame ese teléfono. –Dijo Dipper en tono autoritario pero igualmente pálido y alarmado que su hermana.
–No lo haré, de hecho tengo una mejor idea. Me pregunto cuánto me daría ese fracasado de Toby para poner esta foto en su estúpido periódico.
– ¡No, no lo hagas!–dijo Mabel angustiada.
Pacifica, al saber que estaba asustándolos, decidió seguir con su sucio juego, esta vez con una sonrisa malvada continuó.
–Nah, mejor se las daré a Sandra Jiménez la de las noticias, ella haría todo un reportaje.
– ¡Dame ese puto teléfono ahora!–dijo Dipper mientras se acercaba a ella.
El novio de Pacifica le quitó el teléfono de las manos y comenzó a avanzar con ella hacia atrás, mostrándole a los gemelos el dedo medio de la mano.
–Si tanto lo quieren, vengan por él.
Las chicas, al saber las intenciones del juego que el muchacho pretendía, se echaron a correr entre risas con dirección al bosque. Todavía estupefactos por el suceso ocurrido, los gemelos se voltearon a ver para después correr en la dirección de ellos, Mabel regresó unos segundos después para recoger su pingüino que estaba en el suelo.
La rubia y sus amigos se detuvieron un momento todavía riendo, su novio le dio de regreso el teléfono.
–Hay que esperarlos aquí, cuando ese imbécil aparezca lo moleré a golpes.
–Je, cuando termines le enviaré esto a Tambry, ella se encargara del resto. –decía Pacifica mientras chocaba los cinco con sus amigas.
El camino se les dificultó mucho por los pinos y las rocas, además era de noche, pero vieron a Pacifica que les mostraba el teléfono moviéndolo de un lado a otro. Corrieron en su dirección, pero lo siguiente no se lo esperaron. Cuando estaban a punto de llegar Dipper fue recibido con un fuerte puñetazo en la cara que lo derribó. Mabel, asustada, lo ayudó a levantarse, el golpe le hizo brotar sangre de los labios, frente a ellos estaba ese chico rubio que se quitaba su chaqueta.
Dipper se levantó del suelo hirviendo en ira mientras ponía a Mabel detrás suyo, cuando el sujeto levantó el puño para darle otro golpe él hizo a un lado a su hermana, que en cuanto vio su movimiento quiso correr para ayudarlo pero sin que se diera cuenta, una pelirroja y una morena la detuvieron jalándola fuertemente del cabello, esto la hizo dar un grito tanto de sorpresa como de dolor. Por el grito de su hermana se distrajo, provocando que su adversario le propinara el segundo golpe, pero esta vez Dipper no cayó, aunque eso no evitó que comenzara a salirle sangre de la nariz, el rubio le quiso propinar un tercer puñetazo que esta vez Dipper esquivó para contraatacar dándole un golpe tremendo en el estómago, sofocándole un poco, aprovechando esto le dio un segundo impacto en la cara pero se necesitaría más que eso para derribarlo.
Mientras esto ocurría, Mabel agitaba las manos para poder liberarse de las chicas que la detenían inmovilizándola por los brazos y el cabello.
– ¡Suéltenme!–aullaba enojada, Pacifica se acercó lentamente a ella.
–Cariño, te recomiendo ver el espectáculo en silencio. –ella vio el peluche que Mabel había tirado cuando derribaron a Dipper. –oh, pero qué bonito ¿y esto?
– ¡Suéltalo, Dipi-dy me lo regaló!
– ¿Dipi-dy? ¡Ah, ya veo! Te refieres a tu noviecito ¿Qué podríamos hacer con este simpático pingüino chicas?
– ¡Arráncale la cabeza!
– ¡Hazlo pedazos!
–Ambas son buenas ideas. –Pacifica buscó en los bolsillos de la chaqueta de su novio y sacó una navaja. – ¡Ya sé! Hagamos las dos cosas. –Sin consideración, Pacifica destrozó el peluche frente a su dueña arrancándole las alas, la cabeza y sacando el relleno con la navaja.
–Eres la peor…–decía Mabel apretando los dientes con ira. – ¿Cuál es tu problema con nosotros?
–Escucha querida, te voy a decir algo, si te metes conmigo es seguro que termines pagándolo muy caro, piensa en eso la próxima vez, porque el año que viene no te quiero ver rondando por aquí.
Dipper y el rubio seguían peleando, ambos estaban comenzando a cansarse, el castaño era más fuerte y resistente de lo que parecía a simple vista, su enemigo no contaba con esto, siempre que peleaba, el pobre diablo que recibía la paliza normalmente no quería continuar después de recibir cinco golpes pero Dipper había aguantado más del doble, y lo que era peor, el número de golpes que él le había dado era el mismo que había recibido. El rubio estaba despeinado y sangraba sin parar de la nariz, la gorra de Dipper había acabado en el suelo y las mejillas le dolían mucho, para mañana tendría unos feos moretones.
– ¡¿Qué sucede?!–Lo retó el castaño– ¡¿Eso es todo lo que tienes?!
– ¡Sólo iba a asustarte pero te haré pedazos! ¡¿Escuchaste hijo de puta?!
A Dipper le hizo gracia el irónico insulto del muchacho porque efectivamente su madre era una puta.
Dipper se iba acercar de nueva cuenta para darle otro golpe pero lo que pasó a continuación lo seguiría toda la vida. Todo pasó muy rápido, antes de que Dipper siquiera se acercara, varias gotas de sangre mancharon su camisa, el rubio había sido atravesado por unas enormes garras que salían por su estómago. En un gesto que quizá hizo por inercia, el chico, escupiendo sangre por la boca, vio las enormes garras antes de que otras tres atravesaran su pecho. Las seis enormes cuchillas salieron al mismo tiempo del cuerpo mientras este caía sin vida de rodillas al suelo dejando ver a una espantosa criatura de ojos amarillos.
–Ja, no era tan fuerte como parecía ¿verdad Pino?
– ¿Pi-n-no?–tartamudeó aterrorizado
–Creo que esto es tuyo. –dijo el demonio arrojándole su gorra.
Las chicas soltaron rápido a Mabel y todos se quedaron sin habla. El demonio comenzó a caminar amenazante haciendo que Dipper retrocediera espantado hasta donde estaban las chicas, una vez ahí tomó de la mano a su hermana.
–Corre. –le dijo para después gritar. – ¡Corran!
Los gemelos corrieron tomados de la mano por el camino por el que habían llegado seguidos de Pacifica y sus amigas. Dipper no veía el momento en el que llegaran al claro, después de ahí sólo sería cuestión de seguir el camino de regreso para aparecer a unos cien metros de la cabaña, una vez dentro se refugiarían y buscaría el rifle del tío Stan para mantener la casa segura. Sentía que ya habían corrido más que cuando buscaban a Pacifica ¿Sería posible que se hubieran perdido? Era de noche y de noche el bosque se volvía mas traicionero, todo era posible.
Después de correr una gran distancia sin llegar al claro se detuvieron, agitados y con miedo.
– ¿Estas bien?–Dipper le preguntó a su hermana.
–Estoy bien, ¡¿Qué diablos era eso?!
– ¡No lo sé! En los diarios no hay ninguna criatura con su descripción.
–Lo bueno es que ya estamos a salvo.
Un crujido y un grito ahogado los hizo ponerse alerta de inmediato. Las gotas de sangre cayeron en la frente de Mabel, se detuvieron a sólo unos pocos centímetros de sacarle los ojos, frente a ella estaba la morena, las cuchillas le habían atravesado el cráneo, saliendo por las cuencas estaban las puntas y allí estaban los ojos de la víctima. La sangre salía a borbotones de los orificios como lagrimas sangrientas.
Todos gritaron de horror tratando con torpeza de retroceder otra vez. El demonio alzó sus filosas garras en el aire y de un zarpazo cortó el cuello de la chica quedándose con la cabeza en las manos, tal era el filo de sus mortales armas que incluso el cabello fue recortado. El cuerpo cayó en el suelo derramando más ese líquido que en la oscuridad casi total del lugar se veía totalmente negro.
–En tus libros. –gruñó la criatura–jamás encontrarás algo como esto, niño.
Todos se echaron a correr otra vez mientras el abominable ser dejaba ver su repugnante dentadura en una mueca que aparentaba una sonrisa. Arrojó la cabeza la chica como quien lanza una minúscula roca con tan mala suerte que hizo tropezar a la pelirroja en el duro suelo de tierra abriéndose la rodilla con una roca. Los tres restantes voltearon a ver cuando escucharon el golpe pero lo que vieron a continuación sin duda fue lo más horrible de toda la noche. El demonio saltó tan alto que Dipper supuso que sólo así los había alcanzado tan rápido, aterrizó sobre la pelirroja clavando sus patas en el abdomen de esta.
– ¡Tina!–chilló Pacifica.
– ¡Pacifica!
El demonio comenzó a cortarla por todos lados haciendo salir grandes chorros de sangre en un frenesí demente mientras reía a carcajadas, desfigurando su cuerpo tras cada cortada que procuraba hacer con las puntas para no cortar sus miembros de tajo, quería ver sufrir a la chica antes de que la vida se le fuera mientras se desgarraba la garganta con sus gritos de auxilio.
Pacifica trató de ir en su ayuda pero fue detenida por Dipper.
– ¡Suéltame!
– ¡Ya es tarde, maldita sea!
– ¡Pero Tina!
– ¡Corre, mierda!
Los tres huyeron, estuvieron a punto de tropezar varias veces. Hasta que se detuvieron, las chicas estaban a punto de llorar y Dipper estaba hecho un manojo de nervios. Un silencio sepulcral se hizo presente, se escuchaban ruidos aquí y allá, nadie sabía por dónde iba a aparecer ese monstruo hasta que de un salto cayó frente a ellos, por sus garras plateadas todavía resbalaban algunas gotas de ese líquido carmesí.
Retrocedían lentamente, los había acorralado, unos metros más atrás había una ladera. La sangre, los gritos, la apariencia de aquel ser. Pacifica no pudo más, se desmayó, todas las escenas finalmente la hicieron colapsar, Dipper trató de jalarla pero el demonio se puso en su camino, la miró donde estaba tirada en el suelo y con un suave movimiento de una de sus cuchillas le hizo una cortada en la mejilla que rápidamente se tiñó de rojo, luego siguió avanzando hasta los Pines.
–Ja, se quedó dormida, bueno a ella la dejaré vivir. Seguramente con muchas pesadillas pero seguirá viva.
Levantando sus garras por el aire amenazó con cortar a Mabel pero Dipper la cubrió interponiendo su brazo mientras se alejaba con ella tomada por el cuello, con tal precisión que solamente le hizo tres grandes cortadas en el hombro izquierdo.
–Detrás de mí. –le dijo a su hermana.
– ¿Tratando de ser el héroe? ¡Ja! No me hagas reír. –el monstruo le dio un fuerte golpe con su antebrazo haciéndole perder el equilibrio para finalmente caer por la ladera.
– ¡Dipper!
Mabel trató de ir en su ayuda pero el demonio le cortó el paso poniéndose frente a ella, amenazándola con sus garras le hizo quedar atrapada en medio de un pino y de él. Quiso huir por la derecha pero nuevamente su escape fue interferido cuando este clavó sus garras en el pino haciéndole una gran cortada en su mano en el proceso y después por la izquierda pero ahora la cuchilla se puso sobre su cuello. Mabel no tenía escape, y la apariencia de ese monstruo la asqueaba, en su piel rojiza no se distinguía la sangre, de hecho ni siquiera sabía si eso era piel y sus ojos amarillos, que seguramente le provocarían pesadillas, la horrorizaban más que cualquier otra cosa que hubiera visto en su vida.
Las piernas le temblaban y clavaba sus uñas en la corteza del pino, juntando algo de valentía se atrevió a cruzar palabra con él.
–Bi-Bill te e-en-envía, ¿Verdad?–tartamudeaba sin estar segura de recibir una respuesta de quien parecía iba a acabar con su existencia.
–No, él no tiene derecho sobre mí, yo sirvo a alguien más fuerte. Ahora hay que despedirnos por el momento, te veré en el infierno querida, ahí nos divertiremos por toda la eternidad.
Estaba a punto de cortar su yugular, pero un disparo hizo eco por todo el bosque y la criatura cayó al suelo retorciéndose de dolor, en la orilla de la ladera estaba Dipper, con su ropa llena de tierra y sosteniendo un revólver en sus manos.
– ¡Déjala en paz, maldita bestia!
Un segundo disparo se escuchó y una de las manos del demonio se hizo pedazos, Dipper se acercó bastante a él y dio un tercer disparo que desintegró su estómago haciéndole un agujero y finalmente apuntando a su cabeza acabó con aquel desgraciado de un cuarto disparo en medio de los ojos.
Mabel esta vez fue resbalando lentamente por el tronco del pino más pálida que antes y con los ojos abiertos de par en par todavía en estado de shock al no poder procesar todas las escenas recién vividas. Su hermano se acercó hasta donde estaba ella y con su brazo sano la ayudó a levantarse.
En ese momento un sonido de las hojas y la tierra los hicieron darse la vuelta a donde había caído el demonio, ahí estaba su cuerpo tendido, pero alrededor de él comenzaban a brotar brazos esqueléticos del suelo que lo sujetaron y lo comenzaron a hundir en la tierra, y después simplemente se fue.
Con los ojos abiertos de par en par contemplaron la extraña escena esta vez un poco más relajados, pues ya habían visto cosas más extrañas que esa, ambos dieron un suspiro de alivio.
– ¿Estas bien?–le preguntó Dipper.
– ¿De… donde sacaste eso?–le preguntó señalándole el arma.
–Una larga historia, ¿Dónde está Pacifica?
Los dos se levantaron y fueron a donde yacía desmayada, Dipper trató de despertarla con pequeñas sacudidas, Mabel por su parte había encontrado su teléfono y eliminó las fotos y el video de la confesión de su hermano. La chica no despertaba, Mabel hizo a un lado a su hermano y levantando la mano suavemente la dejó caer colérica sobre el rostro herido de Pacifica en una fuerte bofetada.
El sonido del golpe sobresaltó al castaño que después de ver la escena comprendió que Mabel no lo había hecho para despertarla sino para cobrar una pequeña venganza, aun así la rubia comenzó a despertarse, turbándose al instante por ver ahí a los dos gemelos heridos, en especial la alteró el arma en la mano de Dipper.
– ¿Dónde está esa cosa?
Los gemelos decidieron responderle con honestidad, después de todo también había tenido una larga noche.
–Se lo tragó la tierra.
– ¿Qué dices?
–Que se lo tragó la tierra, se esfumó, se fue. –contestó harto.
– ¿Y entonces el arma?
–Oh, lo maté y después se lo tragó la tierra. –dijo con sarcasmo.
Esperaron a que la rubia se levantara del suelo para poderse ir, Mabel sabía que Dipper estaba herido pero no podía hacer nada hasta llegar a la cabaña, aunque Pacifica tenía otra duda y preocupación.
–Oigan. –ambos se detuvieron. – ¿Qué va a pasar con los cuerpos de mis amigos?
Mabel buscó a Dipper con la vista esperando que le diera una respuesta. A pesar de lo recién acontecido ahora ya nadie los estaba persiguiendo, eso hacía más fácil pensar. No podían ir a la jefatura de policía ¿Qué dirían? ¿Qué una criatura había matado a los amigos de Pacifica y que estuvo a punto de matarlos a ellos también? Además aquellos policías ineptos eran muy capaces de arrestarlos a ellos sin hacer una averiguación previa, Pacifica llevaba las de ganar pues sus padres la sacarían de ahí en diez minutos, o lo que era peor, a ella ni siquiera la apresarían por el simple hecho de ser una Northwest. La decisión era más que clara.
–Vamos a dejarlos aquí.
– ¿Cómo dices eso?
–Oye, querías una respuesta, pues ahí la tienes. Si ellos no aparecen en unos días tendrán que buscarlos les guste o no.
Pacifica se quedó de piedra ante las palabras del muchacho.
–Ahora que si lo prefieres puedes arrastrar sus cuerpos al pueblo y explicarles qué fue lo que pasó a sus padres y a la policía.
–Vale, entiendo el sarcasmo.
–Menos mal. Vámonos de aquí.
–Dip, deberíamos ir a un hospital, mira cómo está tu brazo.
–Voy a estar bien, además eso también nos llevaría a la policía.
Los tres caminaron sin un rumbo claro hasta que fueron a dar a las calles de lo que antes fue la tienda de la telepatía, una vez allí se separaron para ir a casa. Dipper vio como Pacifica se iba con el ánimo por el suelo así que la llamó.
–Pacifica. –la mencionada volteó lentamente. –Ni una palabra de lo que sucedió, ¿está bien?
Ella solo asintió, de todos modos ahora no había a quien contárselo ni evidencia qué mostrar. Después tomó dirección hacia su casa en silencio. Ya eran las 11:30 y debían de regresar a casa, Dipper estaba molido, y la sangre ya se le había secado aunque eso no aliviaba el dolor, Mabel estaba exhausta pero aun así seguía contenta, tomó a su gemelo de la mano y le brindó una sonrisa. Ambos estaban hecho un desastre pero ahora eran pareja, tenían que estar unidos.
En la cueva, la siniestra sombra estaba enojada. Tenía el cuerpo de su lacayo frente a él, de los ojos salía una especie de luz azul que le mostraba los eventos que acontecieron en el bosque, la pelea, la persecución y la matanza. Alzó su garra y unas llamas calcinaron el cuerpo del demonio, después se sentó en su trono nuevamente.
–Por lo visto no será tan fácil, lo que me intriga es saber cómo supo que los demonios nos volvemos mortales al salir del infierno–gruñó– ¡Yo no debería depender de unas patéticas criaturas para matar a esos mocosos! Pero esa maldita bruja… Por lo menos algo hizo bien mi sirviente, me trajo dos almas rojas y una negra, aunque le devolvería su cuerpo si me hubiera traído el alma de la rubia. Su alma sangra de lo roja que es, sería suculenta. Tal vez ganaron el primer asalto, pero no han visto todo de mí…
