Personajes de Mizuki e Igarashi.
Burlas, risas, recriminaciones, humillaciones todo era percibido por Candy, ante la inminente bofetada que recibió de su madre, quien únicamente le brindó fue una mirada llena de decepción, nunca lo creyó de su hija, aquella niña que había criado con tanto amor.
── Mamá, ¿qué te sucede? ─preguntó Candy, ante la desesperación de ver a su madre frente a un posible infarto.
La ambulancia llegó en seguida, la trasladaron al centro de salud más cercano, lamentablemente no lograron detener a tiempo la parálisis facial. La irá fue tanta que se acumuló en sus terminaciones neuromusculares, provocándole inmovilidad física.
El señor Mcgregor, el tío de Candy, al enterarse de la situación de su sobrina más joven, se trasladó de inmediato a Chicago, encontrándose con un escenario espantoso. El hombre miró a Candy, sentada en una silla del hospital, caminó hasta ella, quien al mirarle se arrodilló ante él suplicando que le creyera:
─ Perdónenme, les imploro, les imploro… lo hice pro amor… me dejé timar… nunca imaginé…─las palabras de Candy, fueron interrumpidas por los reproches de su tío.
─ ¿De qué vale el perdón, ahora? Mira a tu madre, está allí, postrada en una cama, ahora, ¿qué haré contigo? Estás bajo mi tutela. Buscaré los culpables de esto y los haré podrirse en la cárcel para siempre. Ve a casa a recoger tus cosas vivirás conmigo.
─ Pero… las clases…
─ ¿Después de lo ocurrido, crees que volverás a estudiar allá como si nada?
Candy, no le contestó. Y era cierto, nada sería igual, sería acosada. Y sí, que lo sabía. Al ir a la biblioteca por uno de sus libros, un grupo de chicos, se le acercó para decirle:
─ ¡Hey, mami, cuando guste mi cama está disponible para que te diviertas con mi peluche! Ja, ja, ja lo puedes agarrar y acariciar ─le dijo tocándose el deseo de sus gozos depravados. ─Candy lo empujó y luego le escupió─ ¡No te creas tan santa, mosca muerta! SE VISTE COMO SANTURRONA, PERO, NO ES MÁS QUE UNA FACHADA, VEN MI AMOR, TE DARÉ MÁS FUERTE QUE ARDLAY, SOY MEJOR AMANTE.
─ ¡Suéltame! ¡Suéltame!
─ ¿Qué pasa aquí? ¿Candy, a usted no le basta con todo el escándalo que provocó?
─ Yo… yo…
─ Acompáñeme ─Candy, le siguió y uno de los jóvenes en son de burla, le dijo: ─ Sí, Candy, ve, deja de estar ofreciéndotenos. ─Se echaron a reír.
Al entrar en la dirección.
─ Tome asiento, lo que le diré es lamentable para mí ─dio un suspiro─ Yo mismo la postulé… me sentí orgulloso de usted, te conozco desde que eras una niña de ocho años, también tenía puesta la esperanza en tu hermano, pero él, tuvo un fatal accidente. Ahora…─hizo un breve silencio para mitigar su dolor al recordar al chico─ Candy…─ el hombre robusto de rostro severo con mirada triste, le comunicó─: debo pedirte que te marches de la universidad, fue una decisión difícil, pero tu conducta es inadmisible.
─ Gracias, profesor, Lennar. Ya no les causaré más vergüenzas.
Candy, cabizbaja se levantó, por su mente pasaron múltiples recuerdos, incluso el de su hermano gemelo, el cual murió al intentar sostenerse de un puente con su brazo biónico. Él a la edad de once años tuvo un falta accidente vial, que lo mutiló, desde entonces para apaciguar su agonía ante la pérdida de su miembro superior derecho, comenzó a realizar actividades que otros con su mano normal, simplemente no podían y al intentar de mostrarle a una jovencita que se había apoderado su corazón, sus agilidades, cayó. Candy por todos los medios trató de evitarlo, tristemente no llegó a tiempo para eludir la desgracia que ensombrecería su hogar. Desde ese momento fue más unida a su mamá, su heroína, quien supo criar a sus dos hijos con amor, después de la muerte inesperada de su padre, ella se había convertido el ser más importante de su vida, quería ser como ella; hasta que llegó él. Él chico que con un rostro angelical y una mirada tierna la enamoró, creyéndole estúpidamente cada palabra, llena de mentira.
Candy, llegó devastada a su nuevo hogar, sin querer, escuchó la conversación que su tío tenía con un hombre de aspecto sumamente formal y elegante:
─ Acepté que nos viéramos para informarle en su cara que ese joven: ¡irá preso!, gústele o no pasará sus años metido en una cárcel. ─Había expuesto con gran molestia, el señor Mcgregor. El extraño de manera serena, le respondió─: él, no es el único implicado…
─ Claro que no, existen otros, también esa banda de delincuentes: ¡serán arrestados! Su defendido es culpable de abuso…
─No procede, ella se entregó a voluntad ─respondió tocando a una pequeña estatua de la justicia, que estaba ubicada a un lado de un montón de papeles empolvados.
─ ¿A voluntad? No me haga reír, ¡ese muchacho con artimañas la sometió, la envolvió y ella como niña estúpida cayó! ¡¿Por qué las mujeres son tan tontas?!
─ Demostraré su inocencia. ─Sentenció sin más. Despidiéndose educadamente. Candy corrió de inmediato detrás de unas escaleras para evitar ser vista.
Candy duró varios días en su casa, sin salir, ni ver televisión, estaba presa en sus emociones.
Mientras Albert, seguía en el hospital inmóvil por la paliza que le había dado Neal, con ayuda de sus secuaces, le dejó como consecuencia un brazo y tres costillas fracturadas, el coma inducido era para evitar que su pulmón derecho se sobre esforzara; una de las costilla se le incrustó en el órgano, ocasionándole dificultad para expandirse y así cumplir con su función de brindar oxigeno al resto de los órganos.
Tía Elroy, no podía con más dolores de cabeza, pensar que su sobrino era acusado de comercializar pornografía, la tenía sin fuerzas, más aún cuando todas las pruebas lo incriminan a él; cuando capturaron al responsable de difundir los vídeos, este confesó, que le había llegado la película a través de una aplicación: que se encarga de montarlos en la web, y, posteriormente tras verificarse la calidad del producto, se cancela el dinero al número de cuenta que registre, el usuario, todo se hace a discreción.
Al profundizar más la investigación hallaron que el computador usado en efecto era el de Albert, inculpándole. Para más calamidad no sólo habían depositado en una cuenta personal de Albert, sino también en la cuenta bancaria de la madre de Candy, el asunto se había agudizado tanto, que todo era turbio, oscuro.
En la sala de la casa Mcgregor, Candy estaba perdida en sus pensamientos infelices, una voz llena de dolor la sacó de ellos:
─ Hija lo lamento, pero nos mudaremos a otra ciudad─. El no quería informarle a su sobrina, que su madre había sido acusada oficialmente de tráfico de pornografía de menores, según el informe policial, fueron vídeos de varias jóvenes, que se les fue cancelado a la misma dirección electrónica.
Candy como autómata obedecía. Unos días antes de marcharse a la ciudad de Michigan le avisaron que su madre se había agravado.
─ Mami, no sufras más te suplico, no me dejes, te amo, disculpa por desilusionarte…
─ Yo… también… te amo…, linda. Nunca… olvides… tus… principio─ logró decir pese a su hemiplejia.
La alarma del monitor de signos vitales, empezó a sonar. Los médicos entraron y una de las enfermeras, sacó a Candy, quien no paraba de sollozar por la eminente perdida. Después del funeral entró a su cuarto, tomó toda su ropa, y las llevó a un patio, donde las quemó. Al tiempo que observaba el fuego con unas tijeras se cortó el cabello, a la vez, que decía:
─ Hoy, estamos en el funeral de Candy White, quien fuera tonta, ingenua, estúpida… y todo lo que represente… represente… soy… era la representación de la idiotez… ya no más hoy mueres, ya no serás Candy, ya no. ¡NO!
Luego de haberse cortado todo el cabello, fue a la recamara, que ocupaba su hermano en vida, tomó sus documentos y guardó los de ella.
Cuando su tío la vio, no lo podía creer, era como volver a mirar a su sobrino, predilecto, nunca lo confesó, pero el amaba a Andy como al hijo que nunca tuvo.
─Ahora, en adelante soy Andy, ¿estamos?
El anciano asintió con la mirada, sin discutir.
El tiempo pasó y Candy obtuvo el título de finanzas corporativas, estudiaba día y noche para aprender lo necesario, no existía día que el sentimiento de venganza no la motivara.
Albert, por su parte una vez recuperado trató de defenderse, incluso buscó a Candy, pero era como si la tierra se la hubiera tragado, ella siempre fue su chica y jamás le faltaría con nadie, ni con Elisa, quien le quiso dar una visita marital, pero él la rechazó. Los años que duró en la cárcel se dedicó a estudiar y profundizar sus conocimientos, sus noches eran dulces, porque la tenía a ella en sus recuerdos, sus risas y conversaciones y, claro los besos candentes que se daban, esas imágenes le ayudaban en su desahogo personal. Oraba a Dios todas las noches para que el destino la volviera a poner en su camino y pedirle, perdón de rodillas por todo el daño que le hizo. Después de cumplir su sentencia de 5 años de prisión. Tomó el mando de las empresas Ardlay. La tía Elroy con ayuda de George silenció los medios de comunicación, todo pasó por debajo perfil, por lo que nadie nunca se enteró del pasado oscuro de su sobrino. En la actualidad era visto como el hombre más cotizado de Europa y Estados Unidos. En las revista salía en compañía de modelos famosas. Decían que era el hombre más seductor de todos.
Candy, leía cada artículo, que trataba de él:
─Albert, tu sí tienes una reputación intachable. A diferencia de mí, que mi nombre se recuerda por ser una cualquiera, por tu culpa mi madre murió. Ahora, yo haré que pagues con creces cada una de las que me hiciste, enlodaré tu imagen como tú enlodaste la mía.
Lunes 7 de la mañana.
George y Albert conversaban:
─ Contraté a un especialista, es un niño.
─ ¿Un niño?─ inquirió Albert, arqueando una ceja.
─Tiene 23 años, pero se graduó con honores conversé con él. Realmente es un as para los negocios.
─ George, confío en ti ciegamente; si lo recomiendas es por beneficio de todos.
─ Le cité para las siete y media. Y dicho y hecho ya llegó ─avisó, George, con la seguridad que lo caracterizaba. Le haré pasar.
─ Como gustes.
Candy, aguardaba afuera, su aspecto era la de un joven elegante de estatura promedio; con ayuda de unos zapatos de diseño especial se dio ocho centímetros más de altura, alcanzando para los ojos de los demás 1.70 cm. Sus ojos color esmeralda le daba una belleza única, indescriptible al combinar perfectamente con sus cabellos rizados finamente cortados de color rubio a tonalidad con los escasos bellos faciales y bigote postizos, que ella llevaba, haciendo lucir lindas sus diminutas pecas. La secretaria no dejaba de verle, al tiempo que le coqueteaba.
─Señorita, O´Brian.
─Síii… digo ¡Sí! Sí, señor.
─Haga pasar al señor White.
─ ¡En seguida!
─Señor, puede pasar─. Le informó, desabotonándose provocativamente los dos primeros botones de su blusa blanca semi ajustada ─ ¡Uff! Hace un calor terrible. ─Le guiñó el ojo.
Candy, ignorándola, respondió: ─ Pasaré. Gracias. "Qué suerte que llamaran, me tenía nerviosa está mujer. Es momento de volvernos a ver Albert, momento de acabar con tu reputación".
Continuará.
Gracias por comentar e incentivarme, lo dejé hasta aquí para actualizar la otra que pidieron.
Yagui, Mercedes, Enamorada, invitado, Abril (he leído tu comentario mil veces me ha gustado mucho tu análisis, mil gracias a ver qué opinas ahora?) Aminaabud, venezolana te estoy complaciendo ya estoy escribiendo la de sexología luego la cortesana estaba recargando baterías cerebrales para tener más conocimiento. pivoine3, que bueno que el caballero blanco, llegó.
Dios nos bendiga y mil gracias de corazón.
