Hola, ¿Cómo están? Yo un poco trajeada, estoy en exámenes parciales y bueno, a pesar de que nunca estudio mis compañeras de clases no han permitido usar la computadora, (excusa de hacer trabajos) xD pero aquí traigo el capítulo 2 ya que estoy súper emocionada con el estreno de segunda temporada de la serie, que vi de internet robado de la escuela (lo que sucede cuando vives en un internado) bueno, sin nada más que decir, ¡A Leer!


Capítulo 2.

¿Dónde está el anillo?

Félix yacía estático, con la mandíbula ligeramente abierta mientras una gota de sudor ya comenzaba a correr por sus sienes, un anillo grueso de plata estaba en el lugar del prodigio de Chat Noir, su mano tembló y oscilo mientras la acercaba lentamente a él, para tocarlo, porque aquello no parecía ser la realidad. Primero Lila sentada justo detrás de él, y ahora el anillo había desaparecido de su dedo, dejando en reemplazo una mala imitación de plata que no se le parecía en nada.

Lo deslizo por su dedo, logrando sacarlo, se supone que lo único que lograría quitárselo sería un beso de Ladybug. Esto no estaba pasando.

Los gritos de las personas lo sacaron de sus ensoñaciones y pudo reaccionar, para ver como el akuma actuaba contra un grupo de personas. Sus piernas fueron más rápidas que su cerebro y de un momento a otro se vio corriendo como el resto de los civiles, si todo aquello era una pesadilla, quería despertar y pronto, pero todo se estaba sintiendo tan real, desde el sudor frio que le corría por la frente hasta el dolor en sus pulmones cuando comenzó a hiperventilar. Quería encontrar a Ladybug, quizás ella podría explicarle, entenderle o ayudarle, pero ¿Qué haría cuando la encontrara? ¿le diría: hey, Ladybug, soy yo, Chat Noir, pero no me puedo transformar porque no sé cómo demonios el anillo de la mala suerte que no me puedo quitar hasta recibir un beso tuyo desapareció de mi mano? Sin embargo, no pudo continuar con el flujo de sus pensamientos porque en ese instante, el héroe gatuno de Paris apareció ante sus ojos.

– ¡¿Pero qué demonios!? – grito al verlo. Frente a él, con traje ligeramente parecido, pero con grandes cambios, Chat Noir hacia piruetas con su vara mientras luchaba solo, sin Ladybug, contra aquel akuma.

– ¡No teman! – gritó a los pobladores desde una alta plataforma, haciendo una reverencia y dirigiéndose a los ciudadanos – pronto Ladybug hará acto de presencia y terminara con el akuma.

Las personas rompieron en aplausos, creyendo fielmente en sus palabras mientras Félix observaba pasmado y con las pupilas dilatadas aquel farsante que se estaba haciendo pasar por él ¿aquello debe ser obra de una akuma? ¿Cómo el copycat? Aunque físicamente no se parecía a él, aquel Chat Noir tenía los cabellos desordenados de un color castaño claro y la piel era ligeramente más oscura que la suya. ¿Quién era ese farsante? Pero no había tiempo para quedarse de pie pensando, el akuma se había vuelto a levantar para seguir haciendo de las suyas. El akuma en turno, era una persona que se creaba a medida que iba avanzando por las calles, una mole de metal de todo lo que se encontraba en el camino, al parecer su objetivo era la torre Effiel, pero a Félix poco podría importarle sus motivos, estaba demasiado ocupado con sus propios problemas y uno de esos era salir del paso de destrucción que iba dejando la mole de metal por donde pasaba, destruía edificios, demolía carros y arrancaba de cuajo tuberías.

– ¡Que mierda! – mascullo, al detenerse repentinamente cuando un auto impacto en la calle frente a él. Por poco y le aplasta de no haberse detenido, pero sin darse cuenta, la mole se ubicó detrás de él y sin prestarle realmente atención casi se ve aplastado por el avanzar de aquella monstruosidad, de no ser por el héroe de parís que lo levanto y salió despedido dejándolo de un lado de la calle por la cual la mole ya había pasado.

– ¿Estás bien? – pregunto el gato. Pero Félix no se vio en condiciones de responder, se suponía que él era el que salvaba personas, a él no lo salvaban, él preguntaba si estaban bien, él no contestaba. El Chat Noir de cabello oscuro se puso de pie agitando su vara, su cara se desdibujaba en una mueca feroz – ¿dónde demonios esta Ladybug?

Desde el suelo, Félix lo escucho hablar consigo mismo antes de lanzarse a donde estaba la mole, sin poder moverse aún por la sorpresa, vio un punto rojo que volaba por los aires. Ella estaba allí, por fin Ladybug había llegado y entonces una sonrisa apareció en su rostro al seguirla con la mirada para levantarse y volver donde segundos antes casi era aplastado.

– ¡Ladybug! – gritó, pero ella no lo escuchaba mientras se balanceaba por los aires ayudada de su yoyo y Félix a toda carrera la seguía – ¡Ladybug! – volvía a gritar, una y otra vez. Entonces un trozo de edificio cae en el suelo levantando una capa de polvo que le prohíbe ver más allá de sus ojos. Se protegió con sus manos para que no entrara ninguna partícula en ellos y cuando la nube se disipo pudo ver al "impostor" luchar a los pies de metal de la gran mole, que parecía más grande en ese momento que cuando estuvo a punto de aplastarlo.

– ¡Chat! – gritó Ladybug y algo en el corazón de Félix se estrujo, la busco con la mirada sin poder encontrarla, pero supo demasiado tarde que no le estaba hablando a él.

– ¡Ladybug! – se escuchó el grito del otro gato, quien movía su vara para repeler el ataque de aquel akuma y por efecto del golpe salió disparado cayendo a sus espaldas, la heroína de traje rojo envolvió las gigantescas piernas de la bestia de metal haciendo que cayera aparatosamente en el suelo para luego acercarse a su compañero con ayuda de su yoyo y levantarlo – Tardaste demasiado, mariquita.

– Veo que has tenido problemas sin mí, gatito – respondió ella de forma coqueta y Félix a un lado de la mole que tardaba en levantarse pudo ver la escena, Ladybug con él nunca había coqueteado, siempre lo ignoraba y rechazaba.

– ¡Ladybug! – gritó con todas sus fuerzas, la joven levantó la vista al mismo tiempo en Chat Noir de cabello oscuro comenzaba a girar su vara para volver al ataque. La chica quedo pasmada ante la mirada de un civil al lado del akuma, pero a Félix no le importaba, ni siquiera la herida sangrante de su boca que no sabía cuándo se la había hecho, pero allí estaba, sintiendo el sabor metálico de la sangre contra su paladar.

– No has sacado a todos los civiles – regañó a su compañero.

– ¡Lo hice! – aseguró este, sin tiempo ya que comenzaba la mole a ponerse de pie.

– Usa tu cataclismo y destruye la armadura – le dijo la chica antes de girar su yoyo y alzarse por los aires en busca de colocar al joven rubio en algún lugar seguro. El gato activo el poder de la destrucción en la mano derecha y toco una de las piernas haciendo que se deshiciera en cenizas, cayendo la persona akumatizada desde una altura considerable. Mientras que Ladybug tomaba del brazo a Félix para con su yoyo salir de allí antes de quedar atrapados por una montaña de escombros.

Una vez puesto en un lado seguro, Félix abrió los ojos para poder observarla, ver desde una perspectiva diferente a su compañera mientras estaba luchando, pero entonces algo cayó en su corazón a encontrarse con que esa Ladybug no era su Ladybug. Había claras diferencias que antes no había notado, esta Ladybug tenía los cabellos castaños atado en dos trenzas largas que caían sobre sus hombros, el fleco de su frente estaba cortado de manera recta y no de esa forma desordenada que habitaba en sus recuerdos, pero lo que más lo atravesó fue el color de sus ojos que habían dejado de ser de un azul intenso para ser reemplazados por unos orbes café sin aquel brillo especial que antes había mirado en ellos.

– ¿Estás bien? – preguntó ella ante la cara de espanto que tenía Félix Agreste en su rostro, asintió lentamente mientras pensó, no, no estoy bien. Incluso su voz era diferente. Ella asintió no muy convencida antes de dirigir una mirada preocupada donde Chat Noir luchaba con el akuma – volveré por ti – le prometió antes de perderse de nuevo en la pelea.

¿Sería posible que su Ladybug también hubiese sido reemplazada?

Lejos de todo, de ella, de su alter ego, de la batalla por defender París, de la vida de libertad que le proporcionaba el prodigio, Félix observó como Ladybug y Chat Noir terminaban con el akuma rompiendo una cadena y capturando a la mariposa. Todo regreso a la normalidad con la horda de mariquitas que reconstruyeron todo a su paso, los edificios regresaron a la normalidad, los autos retomarán su lugar en la calle, los tubos volvían a llenarse de agua, incluso su herida había sanado. Las calles desoladas de Paris le agradecían a Ladybug que sonreía victoriosa mientras su compañero se despedía de ella para correr a ocultarse con el pitar de su prodigio y de esa manera, Félix veía a Plagg, a su anillo, a su identidad correr a punto de deshacerse la transformación.

Entonces miro a su alrededor, sintió su cabello desordenado ser ondeado con el viento, pensó que quizás en ese momento se vería como Chat Noir, el antiguo, el que era el en su mundo. Trataba de localizar con la mirada a Ladybug y cuando la encontró, la observo ver embelesada al lugar por donde había desaparecido Chat Noir.

– Ladybug – susurró en cuanto ella levantó su mano dispuesta a irse, ella se giró lentamente para verlo con sus ojos marrones. Sus labios entreabiertos se secaron, no sabe por cuánto tiempo contuvo la respiración, pero el pitido de los aretes y el impulsivo movimiento de su mano hacia ellos lo saco de su trance. Ella se giró, dispuesta a irse – ¡espera! – gritó, acercándose un par de pasos hacia la heroína de rojo, cuando ella se detuvo lentamente preguntó – tú… ¿sabes quién soy yo?

Una sonrisa apareció en su rostro, extendiendo la comisura de sus labios.

– Eres Félix Agreste, el supermodelo de la marca Gabriel´s.

Luego de eso se fue, elevándose por los aires con su yoyo. ¿Cómo podría saber que él era Chat Noir? Nunca se revelaron sus identidades, nunca acepto su afecto como gato, ni nunca supo que tanto como héroe y como civil estuvo enamorado de ella, sin embargo, aquella que decía ser Ladybug, no era la misma de la que se había enamorado.

Tuvo ganas de gritar su nombre, de hacer que ella se detuviera, de mirarla nuevamente a los ojos y no supo cuando sus pies comenzaron a moverse para ir tras ella, ir tras su pista, averiguar quién era la chica tras la máscara, de ver que realmente no era su misma ladybug, se vio corriendo por un Paris aparentemente tranquilo, desesperadamente manteniendo la mirada arriba, sobre los edificios sin esperar siquiera poder verla, pero de igual forma lo hizo, hasta que se tropezó con algo, no algo, alguien.

Reconocería esa camisa de motivos hawaianos a donde sea que fuera.

– ¡Maestro Fu! – exclamó emocionado, ayudando al anciano a ponerse de pie, quejándose de dolor en su espalda por lo duro de la caída – ¡no sabe cómo me alegra el verlo! Este día ha sido extraño, hay otro tío que dice ser Chat Noir en mi lugar y Ladybug ¡No es mi Ladybug! – la cara el anciano expreso confusión, inmediatamente el chico comenzó a formarse teorías – no… ¿no me diga que usted también…? – comenzó Félix, nunca había hablado tanto como en aquel momento, ni con tantas emociones en una sola frase. Pero el maestro levantó su bastón para mirar alrededor e indicarle al joven rubio que lo siguiera, Félix comenzó a avanzar tras él, entre la gente, cruzando el tráfico hasta la tan conocida tienda.

Una vez allí y sentados sobre el tatami, el maestro le ofreció té, sin esperar que el rubio dijera una palabra.

– Maestro Fu – empezó el joven. El Maestro levantó una mano, silenciándolo.

– Bebé tu té, Chat Noir – susurró, Félix miro dubitativo la taja en su mano a lo que el maestro repitió – Bebé tu té.

El té era amargo, de un color verde espuma y estaba caliente, tanto que casi le quema la lengua, pero al beberlo se sintió más relajado de todo lo que había pasado ese día, como si u peso se bajara de sus hombros, pero no por eso dejo de preocuparse por lo que estaba ocurriendo ¿sería posible que todo lo que había vivido como Chat Noir era un sueño y acababa de despertar en la realidad?

– Maestro Fu – llamó, cuando termino de tomarse el primer sorbo de té caliente, el maestro procedió a llenar de nuevo la taza – usted… ¿sabe quién soy?

– Claro que sí, eres el Chat Noir que yo elegí – el anciano soltó una risa, cuando Félix suspiro con alivio – pero veo que no me hiciste caso y no te mantuviste alejado de Ladybug – al momento de la mención de su nombre Félix frunció el ceño tratando de recordar su último encuentro con su Lady, pero no pudo porque el maestro Fu no dejo de reprenderlo – y ella tampoco, se los dije a los dos.

– ¡¿Usted hablo con Ladybug!? – preguntó sorprendido.

– Bebe tu té, Chat Noir – Félix bebió – ¿cuéntame que sucedió?

– Yo… - dijo, sin saber cómo comenzar – desperté esta mañana, y Plagg no estaba a mi lado, pensé que podría ser porque seguía molesto, así que me fui al colegio y… - no sabía si la mención de Lila seria adecuada, después de todo ella había sido akumatizada – había alguien que no debería estar allí. Luego apareció el akuma y al tratar de convertirme note que no tenía el anillo.

Al decir su última frase sintió por primera vez el peso de sus palabras, se sentía como un nudo se formaba en su garganta y no pudo deshacerse de él.

– ¿Plagg? – preguntó el anciano, a la mención del kwami el joven levantó de nuevo la vista – ¿Por qué se molestaría?

– Sucedió algo, con una compañera… – comenzó con pesar, pero no pudo seguir diciendo mas al nudo de su garganta volverse más grande.

– Ya veo – murmuró el maestro, desviando la mirada y acariciando su barba – Como te explique antes, Chat Noir. Los prodigios de la creación y la destrucción pueden hacer cosas inimaginables, cumplir deseos, juntos han creado mundos y destruido otros, ha pasado antes y seguirá ocurriendo. Eso es lo que acaba de pasar en este caso. Estuviste cerca de Ladybug y el poder de ambos prodigios se combinó. Este es el resultado: un mundo donde ni tú, ni ella son los portadores.

– ¡¿Qué debo hacer?! – la repentina revelación hizo que las pupilas de Félix se dilataran al momento en que se levantaba sobresaltado de aquel tatami, pero el maestro ni se inmuto, continúo bebiendo su té, sorbiendo cada trago poco a poco y saboreándolo, teniendo cuidado en no quemarse los labios ni la lengua. El entrecejo de Félix se frunció al mismo tiempo en que sus manos se volvían puños – ¡¿Qué debo hacer?! – repitió, enojado, escupiendo cada palabra con desesperación.

– Perdiste el anillo – respondió, dejando de lado la taza – perdiste a Plagg, perdiste a Ladybug.

Pero Félix no estaba para que le dijeran cosas que ya sabía, entonces sus manos se soltaron y cayó de rodillas en el tatami, sosteniéndose los cabellos mientras susurraba una y otra vez "ya lo sé, ya lo sé"

– Tienes que encontrar eso que perdiste – susurró – y devolverlo a tu vida. Recupera aquello que hace falta en este mundo, que tienes en el tuyo.

Sin decirle nada más, Félix se despidió de la tienda, quedo de pie frente a ella con las manos en los bolsillos, tratando de idear un plan para robarle el anillo a quien sea que fuera Chat Noir en aquella nueva realidad, pero tenía un dilema ¿Cómo haría para arrancarle la maldición de la mala suerte? ¿Quién se escondía tras la máscara que antes le pertenecía? Tenía que recuperar el anillo, eso era lo que tenía en su mundo que no estaba en este ¿cierto?

Mientras ideaba un plan en su mente camino distraído por las calles de Paris hasta que sintió como un cuerpo menudo, pequeño y frágil golpeaba al suyo con sutil fuerza, como si fuera en un trote algo rápido pero su cuerpo fuera tan pequeño que no sintió el golpe, sin embargo, la chica se quejó de dolor al caer al suelo. Cuando bajó la vista no pudo evitar encontrarse con su falta ligeramente levantada dejando ver sus muslos torneados hasta un pequeño trozo de encaje de su ropa interior, se sonrojo y trato de no mirar. Se inclinó para ayudar a la chica a ponerse de pie cuando notó de quien se trataba. La libero de su agarre sonrojado hasta las orejas y la respiración agitada, esperando alguna palabra desesperada surgida de sus labios rosados, alguna oración de felicidad con un abrazo o una invitación a algún lugar, la aparición de su característica sonrisa con un deje de tristeza por lo que paso, espero que sus ojos azules, más que el mismo cielo, se llenaran de lágrimas para que saliera corriendo como lo había hecho la última vez, o quizás una mirada de reproche u odio por lo que paso el domingo después de encontrarse con ella y haberle dicho aquellas crueles palabras, pero nada de eso llego.

– Lo siento, fue mi culpa – murmuró la chica, haciendo una reverencia, era su mismo tono de voz humilde como si estuviera acostumbrada a ser así de torpe – iba distraída – sonrió, con una sonrisa genuina que ilumino sus ojos y que hizo que Félix sintiera algo cálido en su corazón.

Entonces se despidió y se alejó como había llegado, corriendo, desapareciendo de su vista como una estrella fugaz a la que no tienes tiempo de pedirle un deseo, sus cabellos negros azulados se ondearon con el viento, aquella falda plisada de cuadros azules enmarcaba sus piernas y la camisa almidonada blanca con la corbata roja jamás la había visto en ella, incluso sus coletas estaban atadas en la parte alta de su cabeza y su rebelde mechón había desaparecido, atrapado en alguno de sus moños. Estático observó como Bridgette Dupain se alejaba sin siquiera mirar atrás.


Espero les haya gustado, es bastante largo en comparación y debo decirles que la historia solo esta comenzando xD habrá muchas revelaciones, muchas emociones.

Próximo capitulo: Un mundo completamente diferente, otro Chat Noir, otra Ladybug y una Bridgette que no lo recuerda ¿Como podrá salir de esto? ¿Como hará para arreglar... Lo que esta mal?

PD: Esta historia es completamente improvisada xD yo ni se que ocurrirá en el futuro.

Att: Tarah.