VUELTA A CASA
En cuanto se aparecieron frente a la verja de entrada a los terrenos de la Mansión Malfoy, Hermione se tensó como nunca e instintivamente apretó la mano de Draco. El terror que sintió hizo que Hermione no se diera cuenta de que Draco también se había tensado y apretaba las mandíbulas rechinando ligeramente los dientes.
-Vamos... Cuanto antes nos quitemos esto de encima, mucho mejor -susurró Draco devolviendo el apretón de mano a Hermione. Aunque no se dio cuenta de que ésta se había quedado congelada, invadida por el terror, hasta que echó a andar y Hermione no le siguió -Pero... ¿Qué t...? ¡Oh! -exclamó Draco al ver el rostro lívido de terror de Hermione y cayendo en la cuenta de lo que la ocurría.
-N... no... puedo... -balbuceó Hermione con un hilo de voz- No puedo, lo siento mucho...
Por la mente de Hermione pasaban las imágenes de la primera y última vez que había estado en aquella enorme casa. Durante su búsqueda de los Horrocruxes, Ron, Harry y ella, habían sido llevados a la Mansión de los Malfoy, por un grupo de carroñeros encabezados por el hombre lobo Grayback, y allí había sido torturada por Bellatrix Lastrange, la tía de Draco, al descubrir ésta la espada de Griffindor y pensar que habían entrado en su cámara de Gringotts.
Un escalofrío y un sudor frío recorrieron el cuerpo de Hermione al recordar esto, hecho que no le pasó desapercibido a Draco, que se había acercado a ella y abrazándola la dijo:
-Lo sé, mi vida. Lo sé. Pero no te preocupes, no te pasará nada. Todo es muy diferente ahora.
-Pero no para tu padre -dijo Hermione todavía con miedo en la voz y aferrándose fuertemente a Draco-. Para él sigo siendo una asquerosa sangre sucia. No puedo enfrentarme a él, Draco... tengo... tengo que ir a casa n...
-Hermione... Hermione, tranquilizate, por favor -dijo Draco intentando calmar a una Hermione que estaba empezando a perder aire por la ansiedad que sentía en ese momento-. Tranquila. Hermione, mírame y escucha -pidió Draco sujetándola por los brazos y haciendo que lo mirase-. Hermione, respira hondo, cielo. No va a pasarte nada, ¿me escuchas? Y en todo caso, yo no lo permitiría jamás. ¿Crees que te habría traído si supiera que iba a ocurrirte algo malo? -preguntó Draco.
Hermione, lo miró angustiada y, finalmente negó con la cabeza pues no era capaz de articular palabra alguna.
-Exacto. Sé que va a ser difícil, pero se lo prometí a mi madre, tu lo sabes; ella tiene la esperanza de que mi padre y yo nos reconciliemos... -soltó un bufido de incredulidad- Ella se ha encargado de hablarle de nuestra relación, así que ya está al corriente de todo y, según mi madre, no puso impedimento en que estuvieras aquí el día de su regreso. Quiere... conocerte. Pero ya sabes todo esto, cielo. Así que no nos queda otra -sentenció Draco suspirando resignado-.
-Humm... si, lo sé. Pero... Ay Draco, no me da buena espina toda esta amabilidad -repuso Hermione revelando a Draco, por fin, el temor a que llegara ese momento, que la había estado atormentando desde que Draco la informara de su visita a la casa de sus padres.
-Bueno... no te voy a negar que a mí no me resulte... raro, como poco, pero ya nos comprometimos. Además, a mí me hace tanta gracia como a ti, reencontrarme con mi padre; recuerda que para él soy un traidor a la sangre, y eso, en su escala, me deja en la misma posición que a ti -reflexionó Draco-. No te preocupes, de verdad. Yo estaré contigo. Pasaremos juntos este mal trago, ¿de acuerdo? Además, mi madre nos ayudará con él -añadió finalmente, con una sonrisa en los labios.
Hermione miró unos segundos a Draco, y finalmente, cerrando los ojos, tomó aire varias veces para tranquilizarse antes de volver a abrirlos y asentir. Draco la abrazó por la cintura y llamó al timbre. Unos segundos más tarde, la verja se transformó en una especie de cabeza y se escuchó la voz de Narcisa Malfoy, que con una voz fría preguntó:
-¿Quién está ahí y que quiere?
-Somos nosotros, mamá. Draco y Hermione -dijo con total tranquilidad Draco.
La puerta de la verja se abrió al instante y Draco y Hermione se dirigieron hacia la casa, que estaba al final de un largo camino.
Hermione todavía estaba aterrada cuando llegaron a la casa. ¿Y si el señor Malfoy había llegado ya? No quería ni pensar en lo que pasaría cuando estuvieran cara a cara. Lucius Malfoy no era como su hijo; él no cambiaría jamás.
-¡Hijo mío! Estás guapísimo -saludó Narcisa a su hijo en cuanto entraron en la casa, dándole un fuerte abrazo y un beso bien sonoro. No hacía demasiado que la habían visitado (desde su reconciliación en Navidad, los tres habían ido a visitarla todos los fines de semana), pero debido a un problema en uno de los negocios de Draco, hacía casi un mes que no la veían-. Y tú, querida mía... cada vez estás más hermosa -añadió tras soltar a su hijo y dirigirse a Hermione, abrazando con el mismo ímpetu a su futura nuera.
-Gracias, se... Narcisa -se corrigió Hermione, pues no lograba acostumbrarse a llamar a la madre de Draco por su nombre de pila-. Usted también está muy guapa.
-Gracias, querida. No sabes lo feliz que estoy de que vuelva mi Lucius a casa. No sabes cuanto lo he extrañado -explicó la madre de Draco, con evidente emoción en la voz-. Pero pasad al salón y sentaos conmigo a charlar un rato mientras llega tu padre, por favor -invitó la señora Malfoy agarrándose al brazo de su hijo y abrazando a Hermione por los hombros-.
-¿Cuándo llegará papá? -preguntó Draco.
-No tardará mucho. Debería llegar en unos minutos... -contestó la señora Malfoy mirando con impaciencia su reloj de pulsera-. Pero decidme, ¿Como está la pequeña Cissy? ¿Porqué no la habéis traído con vosotros?
-Oh, está preciosa. Crece por momentos, ya verás -contestó Draco con los ojos iluminados-. Además, ya dice frases enteras... a su modo, claro, pero ya se hace escuchar.
-¡Qué alegría! Pero, aún no me has dicho porqué no la habéis traído con vosotros -insistió la señora Malfoy.
-Bueno, no queríamos traerla porque nos daba algo de miedo la reacción de papá con respecto a Cissy -confesó algo incómodo Draco-. No quiero que Cissy sufra un desprecio de su abuelo. Sé que todavía es muy pequeña para darse cuenta de esas cosas, pero estoy seguro de que sabe cuando la quieren y cuando no... Compréndelo, madre, después de las cosas que me dijo... -se apresuró a añadir al ver que su madre intentaba replicar su explicación. Su padre no le había dicho cosas bonitas, precisamente la última vez que lo visitó, cuando le dijo que se iba a casar y que su mujer era una chica muggle. No quería ni pensar como reaccionaría al ver que tenía una nieta mestiza. Se estremeció un poco ante ese pensamiento.
-Ya... entiendo -dijo la señora Malfoy cogiendo la mano de su hijo-. Pero no tenéis porqué temer, cariño. Tu padre está al tanto de todo, ya te lo dije -añadió con cariño-. Ya os dije que le conté todo; sabe que te vas a casar con Hermione y que tiene una nieta preciosa. Le enseñé la foto que nos hicimos los cuatro en Navidad y me dijo que le gustaría mucho conocerlas a las dos. Aunque, no te voy a mentir, lo dijo a regañadientes.
-Me lo imagino -terció Draco bufando-. Estoy casi seguro que solo lo tolera por no hacerte daño a ti.
-No digas eso, Draco -le reprendió su madre-. Estoy segura de que tu padre está deseando volver a verte y...
-No digas tonterías madre -protestó Draco cansinamente-. Sabes de sobra lo que papá piensa de mi. En el momento en que le dije que me casaría con una muggle, pasé a ser un traidor a la sangre. Dejé de ser su hijo. Y ahora se entera de que su nombre vuelve a ensuciarse con una nieta mestiza y una nuera sangre sucia, que para él, eso es peor que cuando me casé con una muggle -terminó un poco irritado. Conocía a su padre de sobra. Todavía tenía fresco en la memoria el momento en que le dijo que había dejado de ser hijo suyo, que estaba profundamente defraudado y que le daba asco tener un hijo así. Después escupió en el suelo y le dijo que se fuera y que no se atreviera jamás a dirigirse a él pues para él ya no existía.
-No te pongas así, Draco -dijo de pronto Hermione con un hilo de voz que delataba el estado de nervios en el que se encontraba. No había dicho nada desde que saludó a la madre de Draco. Se había limitado a sentarse al lado de su futura suegra y a escuchar la conversación que, madre e hijo, mantenían mientras retorcía una manga de su túnica de manera nerviosa-. No sé... es tu padre ¿no? Intenta darle una oportunidad, aunque sea por tu madre. Como bien me has dicho antes, pasaremos juntos esto -sugirió Hermione tratando de sonar tranquilizadora.
-Sí, hijo. Haz caso a Hermione. Intentalo, por lo menos. Hazlo por mi.
Draco miró a ambas mujeres ceñudo. Sabía lo que había dicho a Hermione hacía tan solo unos momentos, antes de entrar en casa de sus padres; pero ahora, que no faltaba mucho para volver a encontrarse con su padre, no estaba tan seguro de poder enfrentarle. Todavía le dolía lo que había pasado años atrás. Aún así, al mirar a su madre y a su prometida, y ver sus rostros que reflejaban miedo -en Hermione-, y súplica -en su madre-, decidió acceder; daría una oportunidad a su padre.
-Está bien -dijo finalmente a regañadiente-. Lo intentaré. Intentaré llevarme bien con papá. Pero que conste que solo lo hago por ti, mamá -se apresuró a añadir al ver la alegría que desprendió el rostro de su madre al oírle decir aquello.
La señora Malfoy iba a decir algo, pero no pudo pues en ese momento sonó el timbre de la puerta.
-¡Debe de ser Lucius! -exclamó emocionada al tiempo que se levantaba para ir a abrir a su esposo.
Draco y Hermione palidecieron. Hermione se apresuró a acercarse a Draco y cogerse a su brazo. El momento que ambos habían estado temiendo tanto, había llegado.
