Hallo...
Espero que les guste, muchachas, debo terminar una tarea para mañana, espero que les guste y gracias a Taitta, Crayolas En Mi Nariz, María Keehl (Me dió en bandejita de plata las traducciones del francés, chicas, lamento que el capítulo anterior hayan sido tan asquerosas las traducciones, maldigan al Google por no tener mejores traductores XD) y a Elle0105... (Que de ella es Melissa... X3)...
Disclaimer: Tsugumi Obah y Takeshi Ohbata son los creadores de Mello y Matt, así como de Kira y las situaciones anteriores a este Fic. Elle0105 es la creadora de Melissa y su amor con Mello y amistad con Matt. El resto es puramente mío...
Entiéndeme, mon amie...
El día siguiente diría muchas cosas nuevas e, inconscientemente, querían sentirse preparados para ello.
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La mañana les despertó de una manera bastante desagradable. Solo escucharon a Matt salir de su habitación gritando cosas en francés, sonando bastante exaltado y cerrando la puerta de entrada con fuerza.
- ¿Matt salió? – preguntó Melissa, tratando de permanecer despierta.
- Tu continúa durmiendo – dijo Mello arropándola al ver que continuaba descansando sin problemas. Se levantó, vistiéndose de modo correcto, salió del cuarto. Al asomarse en la habitación del chico notó que todo estaba como el día anterior. Notó, extrañado, las botas de combate del pelirrojo a un lado. ¿Acaso había salido descalzo? Negó con la cabeza y salió de aquel lugar, ver tanta tecnología allí lo inquietaba.
- Decidió esperar a su amigo, tomando un chocolate caliente, leyendo la novela de Isabel Allende, El paso de los Días. Ni una hora completa había pasado que escuchó la puerta abrirse. Se incorporó en el sofá, notando a Matt sin zapatos y a la chica, pero algo extraño había allí, para empezar, por la expresión iracunda de su amigo.
- Matt – lo llamó, pero el chico no le hizo caso, continuó en su búsqueda por la cocina, mientras la chica esperaba sentada sobre la mesa, por orden del gamer, con el rostro cubierto por sus oscuros cabellos. Entonces, se enojó ¿Por qué diantres lo ignoraba de ese modo? Se incorporó y avanzó hacia el chico, que preparaba algo en una taza, de color marón medio amarillento. Notó que había paquetes cerrados de gasa sobre la mesa, pero lo pasó por alto; fue directo a tomar por el hombro al chico, haciéndole voltear con brusquedad - ¿Qué diablos te pasa? – le exigió entornando la mirada.
- ¿Que qué me pasa? – preguntó con la mandíbula apretada, caminando hasta la chica, que se encogió al sentir que alguien se le acercaba. Matt metió la mano entre sus cabellos, para levantarse el rostro con delicadeza, pero la suficiente fuerza para vencer la resistencia puesta por la azabache, mostrando el rostro de la chica golpeado; tenía un ojo morado y un moretón a la altura de su mandíbula del lado derecho; había heridas rojas sobre su cuello y muchas aún sangraban; Mello quedó de piedra – Esto me pasa, lo que le pasa a ella me pasa a mi – dijo en un hilo de voz, acariciando una pequeña zona de una de las mejillas de la chica sin un golpe, que solo atinó a apretar los labios.
- ¿Qué le pasó? – preguntó, notando que la chica lo miró fugazmente, apartando la vista avergonzada de inmediato.
- No lo sé, no me quiere decir – dijo con notorio dolor en la voz el pelirrojo; quedó observando el rostro gacho de la chica y apretó los puños – Maï, s'il te plait {Maï, por favor} – suplicó; la chica lo miró de reojo y suspiró, bajando sus párpados.
- Il...il a essayée de... {Él… él trató de...}
- Te maltraiter? {¿Maltratarte?} – preguntó y la chica afirmó con la cabeza lentamente; Matt cerró los ojos y la abrazó suavemente; casi como si lo hubiera esperado, ella escondió su magullado rostro en el pecho del chico, temblando ligeramente por los sollozos que contenía. Mello retrocedió, sin hacer ruido, hasta el living, donde notó a Melissa con su pijama celeste de satén, mirando a su mejor amigo y a la extraña.
- ¿Qué le pasó? – preguntó en un susurro.
- Está lastimada, alguien la lastimó – dijo y la chica se mordió el labio.
- ¿Sabes por qué?
- No, esperemos a que se calmen y a que la cure, no está bien esa chica – susurró, desviando la vista, repentinamente a las piernas blancas de la chica, al descubierto por el corto short que llevaba – Melissa, vete a vestir y trae una muda de ropa limpia para ella, busca algo que te quede grande – dijo y la chica lo miró, algo enojada.
- ¿Estás queriendo decirme algo? – preguntó frunciendo los labios.
- Si, eres más pequeña que ella – dijo señalando con su cabeza a la chica que aún sollozaba en brazos del hacker. Hizo algo que podía pasar por un mohín.
- De acuerdo, ya vuelvo – dijo y caminó hasta entrar al cuarto que compartían.
- Mello – escuchó su nombre y volteó de golpe, viendo a Matt caminar hasta él con prisa – tu… ¿Sabes dónde están las vendas? – preguntó urgido.
- Ahora las traigo – dijo y caminó por el mismo pasillo que Melissa, pero metiéndose en la habitación de enfrente. Matt volvió en seguida a la cocina y tomó con una pinza un algodón embebido en yodo, que acercó al rostro de la chica con delicadeza, comenzó limpiando sus labios, parecían extrañamente… cortados; frunció los suyos y continuó descendiendo con el algodón por las marcas que bajaban por el cuelo, hombros y pecho de la chica. Quedó observando una de esas marcas con detalle.
- Maï, C'est quoi? {¿Qué son ?}
- Sont… morsures {Son… mordidas} – dijo y el chico abrió los ojos como platos. Con manos temblorosas, apartó el cabello de la chica, dejando a su vista más marcas como esas donde su cabello las había tapado.
- Maï… – dijo con vos temblorosa.
- Matt… suplico, no enoje – dijo de un modo bastante claro – él… no quiso hacer… esto – excusó; Matt quedó de piedra – No enoje – dijo y, poniéndose de pié, lo abrazó sin previo aviso, causando confusión en el pelirrojo, que al caer, la abrazó posesivamente, hundiendo su rostro en sus cabellos, respirando entrecortadamente.
- No lo defiendas – susurró.
- No enojar, por favor – volvió a hablar con agudeza.
- Maï… no te haré daño, si me enojo es solo porque no quiero que te hagan daño – dijo el chico acariciando delicadamente la espalda de la chica, que se quejó por lo bajo. Matt, entonces, la miró y acorraló contra la mesa, abrazándola por la cintura.
- Matt ¿Qué hace? – preguntó con temor.
- Quiero verte – dijo y quitó con un hábil movimiento la remera manchada con sangre que tenía la chica. Su piel blanca le recordó a la de Melissa, ya que hasta sus venas azules se podían ver, y parecía aún más pálida por los moretones que relucían sobre su espalda, brazos y caderas. La chica se sonrojó y apartó la mirada, incómoda. Matt solo podía ver aquellas heridas y golpes, sintiéndolos casi sobre su propia piel.
- Matt… ¿Devuelve… T-shirt? – preguntó frotando sus dos piel, queriendo sentir de nuevo la ropa sobre su piel.
- Maï… - susurró y, sin estar del todo consciente, se acercó lo suficiente para rozar con sus labios la piel de la chica, sobre una de las magulladuras en su hombro. Ella dejó de respirar, quedando estática, cerrando los ojos con lo que parecía temor, tiñendo sus pómulos de rojo.
- M-Matt – susurró y el chico recorrió la distancia entre su hombro y su mejilla sin separar sus labios de aquella cálida piel. El tiempo se detuvo por unos cuantos segundos para ambos, pero había silencio, demasiado silencio. Finalmente, besó su mejilla y se distanció pareciendo incómodo.
- Chicos, no nos espíen así – dijo y se asomaron los otros dos, medios avergonzados de ser descubiertos.
- Esto… aquí tienes – dijo Mello alcanzándole las vendas que había ido a buscar.
- Gracias – dijo el gamer.
- Matt aquí tiene una muda nueva de ropa –dijo la albina, dejando la ropa sobre la mesa, a un lado de la chica.
- Mercí – dijo ésta y le sonrió quedamente.
- Quédate quieta – dijo Matt, volviendo a llevar el algodón a los golpes. La azabache suspiró y obedeció en todo lo que el chico le decía para poder curarla, dejó que el otro desinfecte sus heridas y las cubra con las gasas, quejándose solo de vez en cuando.
- Vaya, eres valiente – dijo de pronto Melissa, haciendo que la chica la mire, sentada extrañamente sobre una silla a su lado.
- Excusez-moi? – preguntó y miró a Matt – Dijo… ¿Valiente? – repitió sin entender.
- Brave – tradujo Mello, ya que Matt estaba aún ocupado en su espalda.
- Vou-parlez français? {¿Habla en francés?}– preguntó mirándolo, sonriente. El chico se limitó a afirmar.
- Je n'aime pas parler français {No me gusta hablar francés} – contestó y la chica agachó el rostro.
- Perdón, no volveré a hablar – dijo quedamente. Mello la miró confundido.
- Si quieres hablarlo, háblalo – dijo y la chica negó un poco con la cabeza.
- No poder… no… no poder hablar si no gusta – dijo, teniendo ciertas dificultades en ello.
- ¿Por qué? – preguntó Melissa.
- Por que… siempre alguien… enoja – dijo y, súbitamente, sus ojos se tiñeron de tristeza – No poder – repitió.
- Si puedes – se escuchó la voz de Matt; la chica lo miró sobre el hombro – aquí puedes hacer lo que quieras – dijo irguiendo su espalda, estirándose.
- No puedo, es el trabajo, es como estar allí con él… - dudó antes de continuar, agachando la mirada.
- ¿Con él qué? – preguntó en seguida Matt, guardando todo lo que había utilizado, tirando los sobres vacíos de gasas y demás descartables – Répond, s'il te plait {Responde, por favor} – dijo colocándose frente suyo, mirándola a los ojos.
- Je ne sais pas comment le dire {No se como decirlo} – dijo – C'est surveiller {Es vigilar} – dijo y el chico volvió a suspirar.
- Il te surveille? {¿Te vigila?} – hizo la pregunta entrecerrando los ojos.
- Oui, dés le premier jour {Si, desde el primer día} – respondió antes de cubrirse la boca con ambas manos – MATT – de repente se quejó, dándose cuanta que había hablado de más; poniéndose de pié, enojada lo golpeó en el brazo con bastante fuerza – no hacer… eso – dijo en un susurro extraño y le quitó de las manos su remera, tomó la remera que Melissa le había llevado, y caminando con extrema gracia, pasando a Melissa y Mello, llegó al único cuarto que conocía del departamento.
- ¿Cuál es la prisa? – preguntó el chico, siguiéndola, observándola mientras se colocaba la remera.
- Que si termino antes, podremos… hablar – dijo apartando su cabello del rostro de un soplido. Matt sonrió y volvió a inclinarse para besarla en una mejilla.
- Eres bonita – dijo y la chica lo miró extrañada; no entendía aquello – No importa – dijo resignado el chico y señaló las computadoras – hagámoslo rápido.
- Rápido – dijo y entraron para cerrar la puerta.
Fuera, la pareja mirada aquel pedazo de madera con ojos enorme, aquello había sonado muy, MUY bizarro. Decidieron, entonces, seguir o tratar de seguir como si nada hubiese pasado. Cada uno en la suya. Las horas transcurrieron sin nada más que lo habitual. Cerca del medio día, Matt salió de su cuarto, sonriendo. Mello, allí sentado y algo al pendiente de su amigo, lo notó.
- ¿Qué te pasa? Si se puede saber claro – dijo algo sarcástico.
- Nada, solo… no puedo evitar estar feliz cuando ella lo es, aun que sea por momentos cortos – dijo encogiéndose de hombros – Oye, ¿No compraron comida ayer? – preguntó.
- ¿Acaso también debemos darle de comer? – preguntó algo fastidiado, haciendo fruncir el ceño al pelirrojo.
- TÚ no tienes que hacer nada – dijo algo cortante, caminando a la cocina – Ella está a mi cargo – agregó metiéndose en la heladera, sacando un par de manzanas – Esto será suficiente – murmuró y, al tratar de volver a su cuarto fue detenido por Mello.
- Esas manzanas son de Melissa – dijo y extendió la mano, exigiéndolas.
- Hay más en la nevera – dijo el pelirrojo, tratando de pasarlo, pero no pudo – Mello, basta, necesitamos terminar – dijo algo tajante. Mello lo miró enojado; nadie le respondía del modo en que el chico de googles había hecho, NADIE.
- Pasarás cuando me devuelvas las manzanas de Melissa – dijo terco y el pelirrojo suspiró.
- Maï tiene hambre y le daré estas manzanas que YO compre con MI dinero ganado de MI esfuerzo – dijo haciendo énfasis en ciertas palabras. Mello lo tomó del cuello de la remera a rayas, acercándolo con fuerza a su rostro.
- ¿Estás queriendo decir algo? – preguntó entre dientes.
- Absolutamente nada, pero si te sientes atacado, por alguna razón será ¿Verd… – su pregunta descarada fue detenida por el puño del rubio. Retrocedió un paso, el cual le ayudó a tomar impulso para devolverle el gesto con MUCHA fuerza.
A los dos minutos estaban ambos rodando por el suelo, golpeándose a morir.
- ¡Mello! – gritó Melissa al entrar a la sala, viendo el desorden y a los dos supuestos amigos en su pelea.
- ¡Matt! – La de pelo blanco vio a Maï de pié en el pasillo que daba a la entrada del cuarto de Matt, con ojos enormes y rostro pálido. Matt, durante medio segundó fijó sus ojos en ella; la distracción hizo que Mello lo golpee dejándolo cerca del desmayo.
- ¡Es suficiente! – gritó Melissa queriendo avanzar, distrayéndose con una mancha negra que avanzaba hacia los dos varones. Vio como Maï, a una velocidad enorme y con una fuerza anormal, tomaba a Mello de los hombros, separándolo de Matt, que casi se dejaba vencer por la inconsciencia, haciéndolo caer en un sillón. La chica se lanzó hacia el pelirrojo, que tenía una mano sobre su mejilla.
- ¡Matt! – gritó tocándole el rostro, inspeccionándolo.
- D-despacio – murmuró el chico. Ella alejó las manos de él y tomó su mano con ambas.
- Perdón, sé… culpa mía… perdón, Matt – repetía una y otra vez, enturbiando la mirada. Matt lo notó y le acarició una de sus manos con el pulgar suelto.
- No llores, p-por favor – dijo y ella inspiró profundamente para tratar de calmarse. Melissa se había acercado a Mello, para ver si estaba herido, pero al notar que no lo estaba, que tan solo había sido algo estúpido, solo atinó a prestarle atención a los otros dos.
- ¿Está bien? – preguntó la azabache sin dejar de mirarlo.
- No te preocupes, no es la primera vez que me patean el trasero de ese modo – bromeó. Trató de sentarse, pero la chica apoyó una de sus manos sobre su pecho – ¿Maï? ¿Todo en orden? – preguntó mirándola, notándola más pálida que de costumbre, buscando apoyo con los ojos cerrados.
- No, nada… mareo – dijo y Matt se irguió alerta.
- ¿Hace cuánto no comes? – preguntó y la chica se tensó.
- No… no sé – dijo, reacia a responder con franqueza.
- Maï ¿Hace cuánto no comes? – repitió la pregunta y la chica comenzó a balancearse levemente hacia atrás, como aturdida.
- No sé – volvió a decir.
- Por favor, Maï – dijo el chico abrazándola para que no caiga hacia atrás. La chica se acurrucó en su pecho y murmuró.
- Dos días – su voz había sido lo suficientemente fuerte como para que Mello y Melissa la escuchen.
Mello sintió un nudo en su estómago ¿Dos días sin comer? La culpa lo llenó y miró con disculpa a su amigo, cuando éste le dedicó una iracunda mirada.
Se puso de pié y recogió las manzanas, al tiempo que Matt tomaba en brazos a la chica y la llevaba a uno de los sillones; llevó las manzanas a la chica, que lo miró asustada. ¿Por qué le temía tanto?
- Tranquila – dijo tendiéndoselas. Ella aceptó una y la mordió lentamente, masticando del mismo modo, como si no tuviese fuerzas para hacerlo más a prisa.
- Mercí – musitó al tragar y volvió a morder, aún más lentamente que la vez anterior. Mello la observó por unos instantes y luego observó a su mejor amigo, que justo le sonreía a aquella persona con infinita dulzura, acariciándole una mejilla con delicadeza; a Matt no solo le gustaba, Matt estaba enamorado de ella en serio. Pensó en cada uno de los problemas que le llevaría a sus vidas la presencia de esa chica al ser parte de la mafia francesa, pero luego su mirada voló a su ángel perfecto. Melissa miraba con pena a la pelinegra, casi con dolor, sentada en el respaldo del sillón, acariciando su cabello delicadamente, como si se conocieran de roda la vida. Mello pensó en qué sucedería si a Melissa la dejasen sin comer por dos días, la golpeasen de ese modo, la obligasen a ser carnada de un sátrapa que se beneficiaría solo, y apretó los puños. El solo hecho de imaginar el dolor y la angustia por la que estaba pasando Matt en ese momento, le hizo tomar la determinante: si Matt la quería, Maï era parte de ellos ahora, y la protegería como si protegiera a Melissa, ya que sabía que Matt también protegería a Su ángel a costa de su propia vida. Se colocó de pié y caminó hasta la puerta, antes de sentir un suave agarre en su antebrazo.
- ¿Dónde vas Mello? No te enojes – escuchó a Matt y sintió un escalofrío.
- No estoy enojado, solo… necesito averiguar algunas cosas – dijo trazando un plan maestro.
- ¿Qué sucede? – quiso saber.
- Matt… esta chica, Maï – dijo deteniéndose por un momento; suspiró – hay que sacarla de donde sea que viva – dijo y Matt quedó de piedra.
- ¿Eres consciente de lo que acabas de decir? – preguntó conmocionado.
- Claro, pendejo – algo enojado trató de salir pero el pelirrojo lo detuvo.
- No, Mello – dijo firme, extrañándolo.
- ¿Qué te sucede, Matt? – preguntó, incrédulo – La están matando en aquel lugar – dijo de modo frío, sin notar el dolor en el rostro del otro – Y no pasará mucho tiempo antes que ella no pueda más con esto – concluyó y prestó atención, notando la mirada acuosa de su mejor amigo. Se puso alerta.
- ¿Crees que no lo sé? – susurró y se acarició el puente de la nariz cerrando los ojos – ¿CREES QUE NO SE ESO, M*****? – gritó y un silencio se apoderó del lugar; corrió la mano de rostro, dejando ver la impotencia en sus ojos – Ahora no – susurró y Mello también notó por el rabillo del ojo que las dos chicas estaban asomadas en la cocina – Hay que esperar un tiempo, ya que si se hace algo ahora, ella terminaría peor – dijo y dio un fuerte suspiró, casi como un lamento.
- Matt – Mello posó una mano sobre el hombro de su amigo, el cual alzó la vista – Te prometo que te ayudaré – dijo con decisión y Matt esbozó una sonrisa torcida, antes de abrazarlo con fuerza. Mello correspondió el gesto, golpeando su espalda un poco, separándose ambos a los segundos.
- Gracias, amigo – susurró; él afirmó una vez con la cabeza.
- Mello – lo llamó Melissa, viendo de qué humores estaba; al ver que el chico le miraba neutro, se alivió.
- ¿Qué pasa? – preguntó sentándose en la silla donde había estado la peliblanca.
- Quiero aprender francés – dijo decidida. Alzó una ceja.
- ¿Y eso por qué? – mordió su chocolate medio derretido.
- Quiero entenderla – dijo y, al mirarla, notó un brillo emocionado en sus ojos.
- Ahora… no tengo mucha cabeza para eso, en otro momento – dijo fijando la vista al frente, meditando. Unos brazos en su cuello le sacaron de su mente.
- ¡Vamos! – rogó la chica abrazándolo por la espalda.
- Melissa – dijo su nombre casi con rudeza, pero la mirada atenta y curiosa de la otra chica lo dejó callado.
- Yo… enseñar – dijo y Melissa se apartó de él.
- Pero no sabes Inglés – dijo, haciéndola sonreír.
- Aprender… juntas – se señaló ella misma y luego a Melissa, que sonrió.
- ¿De veras? – preguntó y la chica afirmó contenta.
- Ayudar a… dos, juntas – dijo con dificultad.
- Yo puedo guiarlas – se ofreció Matt, de modo quedo desde la puerta, apoyado en ella. Maï lo miró confundida – Je peux les guider – aclaró.
- Mercí – se acercó al chico y abrazó su brazo, hundiendo su rostro allí. Matt sonrió abobado y acarició sus cabellos.
- No hay de qué – dijo en un susurro y la chica asomó solo sus ojos, antes de volver a esconderlos.
- Terminar – dijo tirándolo, aún reacia a mostrar su rostro.
- ¿Cuál es la prisa? – preguntó el chico y mostró por fin un leve sonrojo en su rostro blanco.
- Quiero aprender – dijo y sonrió a Melissa, que le devolvió el gesto.
- Les puedo ayudar – dijo y la pelinegra sonrió aún más.
- Vamos – dijo y soltó al de googles para tomar a la albina de la mano y guiarla a la habitación.
- Matt, si se ponen muy insoportables, las tendrás que atender tú – dijo Mello presintiendo que la amistad que nacía entre las dos chicas no sería del todo favorable para su integridad física y mental.
- No te preocupes, por verla así de feliz, las dejaría bailar la conga en mi espalda – confesó. Mello le dirigió una mirada pícara.
- Matt ¿La has besado, siquiera? – preguntó y el chico tiñó sus mejillas de rosa.
- Aún no por que…
- ¿Por qué…? – le instó a continuar.
- Ella está con el hijo del jefe de la mafia 'cesa – dijo y Mello abrió los ojos como platos.
- ¿Está con GC? – preguntó atónito, viendo afirmar a su amigo con pesadez.
- Él es quién la lastima, quién se aprovecha de ella, quién la tiene así – terminó susurrando, con la vista gacha.
- Debe haber algo que hacer – dijo firme; Matt lo miró, comenzando a poner su típica sonrisa burlona.
- El único modo es… sacarla del mapa – murmuró y sonrió.
- Dices que…
- Si. Debemos alejarla de este lugar y borrarla del mapa, hacerla una de nosotros – Mello supo a qué se refería; como en general, habían sacado la misma conclusión.
- Debe ser lo suficientemente inteligente, para ello – bromeó, haciendo reír levemente a su amigo.
- Es… la verdad no sé que tanto lo es – dijo hablando en serio, pensándolo bien.
- ¿Cómo no lo vas a saber? Aún recuerdo tu voz diciendo: "No cualquiera conquistará a este Don Juan" – imitó su tono y ambos rieron.
- Pero no lo se, en serio, sé que es hábil físicamente, tal vez demasiado, pero su inteligencia…
- Podemos hacerle algunas preguntas – sugirió el rubio.
- La verdad no me importa saber qué tan inteligente es, ya que tal como la veo me encanta, no me conquistará de más por que sepa que es inteligente – dijo cruzándose de brazos, para estar más cómodo.
- Ya lo sé, pero…
- ¿Pero? ¿Pero qué? – preguntó.
- Olvídalo – dijo finalmente – De todos modos…
- ¡MATT! – gritó Maï, haciéndolo volar hacia su habitación.
- ¿Qué sucede? – preguntó notando que las dos chicas estaban sentadas cómodamente en su cama, con un cuadernillo cada una.
- ¿Aimer? – preguntó la pelinegra.
- Amar… ¿Qué están haciendo? – preguntó viendo muchas cosas escritas ya en los cuadernitos.
- Vemos que tanto nos entendemos entre las dos – dijo Melissa escribiendo la palabra dicha por la chica; Matt miró por sobre el hombro y ya tenían ambas, el abecedario, colores, números, días, y pronombres escritos.
- Avanzan rápido – comentó, ganándose una mirada extrañada de Maï – Ils se deplacent vite – le repitió y ella afirmó mirando a Melissa.
- ¿Escribes? – sugirió y apuntaron en francés e inglés las frases, respectivamente.
- Debemos practicar ¿Cómo se dice? – preguntó Melissa.
- On doit practiquer – contestó y Maï los miró extrañada.
- "Practicar" – pronunció despacio y la chica apuntó.
- Vous avez fini? {¿Ya terminaron?} – preguntó el chico, notando todas las máquinas apagadas, salvo una, aquella que nunca se apagaba.
- Ouï – contentó concentrada, para volver a murmurar el abecedario.
- Varias horas pasaron, ellas no se detenían y los cuadernitos llegaban a su fin.
- Una cosa más – dijo Melissa; Matt estaba jugando con su P.S.P. – ¿Cómo se dice amiga? – dijo algo tímida. Matt la miró a través de los googles y sonrió burlón.
- Amie – dijo y la chica apuntó.
- Listo – dijo satisfecha y sonrió a Maï, que había terminado bastante después que ella.
- ¿Tienen hambre? – preguntó el hacker.
- Comimos las manzanas – dijo Maï, sorprendiéndolo.
- Aprendes rápido – dijo bajando sus googles en poco, escrutándola un poco.
- No hacer… no hacer…
- "Haga" – susurró la peliblanca al ver que se le dificultaba.
- No haga eso, Matt – le reprochó la chica, sonriendo al hacerlo de modo correcto.
- De acuerdo, pero ¿Quieren algo más?
- Pizza – dijeron al unísono para sonreírse.
- Okay – dijo el chico y sacó su celular. Diez minutos después escucharon a alguien llamar a la puerta.
Bien, supongo que este capi va diciendo cosas, no muchas, pero ya se irá develando la información de Maï... El siguiente capítulo vendrá en cuanto tenga las traducciones de María, en serio, GRACIAS! NO SE QUE HABRÍA HECHO SIN TI... (Si se, en realidad: habría seguido en la vergüenza de mi ignorancia ._.)
Besotes y suerte...
Ayiw...
09/04/2012
