—Faltaste al entrenamiento de esta mañana… así que tendremos que reponerlo. Te espero a las cinco en el cuarto campo; no llegues tarde— finalizo volviendo a sus a papeles, no sin antes verla asentir con resignación.
Escucho el portazo y se reclino en la silla.
Papeles tras papeles, se había ido la mañana y el medio día. Casi acababa con el contenido del archivero junto a él, no se imaginó lo que hubiese sido de él, si sus hermanos no se hubiesen ofrecido a ayudarle con las tareas y todo el papeleo de otros ámbitos— igualmente importantes—que desempeñaba en su puesto.
Como por ejemplo: su hermana como embajadora, se había ofrecido a tratar todo el papeleo que tuviese que ver con relaciones exteriores, la segunda organización de los exámenes chunin — ya que después de su ofrecimiento de proporcionar la aldea como cede de dichas evaluaciones, se había acordado que se harían rotatoriamente entre todas las aldeas — y otros actos cívicos típicos; juntas con otras naciones y a su vez con el señor feudal del país del viento. Todo aquello recaía en manos de su hermana mayor.
Sin Mencionar a Kankuro al frente de todo el fuero militar y las organizaciones de las formaciones de combate y educación; él era el encargado de mantener al consejo bajo palabra. Permitiendo a Gaara enfocarse en los temas meramente políticos y algunas cosas relacionadas con los anteriores, qué fuesen de vital importancia. Y aun así, no terminaba con el papeleo.
El reloj marcó con una sonora campanada, la hora. Las cinco de la tarde, casi al punto del ocaso.
Habían pasado ya casi dos semanas desde la última discusión que tuvo con ella, ahora se reunían al atardecer para los entrenamientos, dado que el horario matutino había fracasado rotundamente entre ellos, pues Matsuri jamás llegaba a tiempo.
Salió de la oficina buscándola con la mirada, esperando escuchar su risa y sus infantiles charlas, mismas que mantenía con todo el mundo. Pero no la detecto. Giro la mirada hacia la anciana que desempeñaba ahora el papel de su secretaria y con una corta reverencia se despidió de ella. La anciana sonrió maternalmente y agito su mano.
Se dirigió a la salida, Mirando por los ventanales, distraído por la forma en que la temperatura del desierto comenzaba a descender. El clima desértico era excesivamente cambiante, pasaba de los calurosos 55° a la sombra, hasta casi el grado de congelación por las noches. A las cinco de la tarde, era relativamente sobre llevable, aunque aún era sofocante si se realizaba cualquier actividad que requiriera esfuerzo físico.
Se dirigió saltando entre los tejados hasta donde se encontraba el campo anterior mente designado; mentalizándose a esperar los ya predispuestos diez minutos de retardo que la caracterizaban; ese siempre había sido el motivo de sus reprimendas.
Observó con sorpresa el hecho de que Matsuri ya estaba ahí, de frente a los escaparates de entrenamiento con un kunai en la mano, la ropa sucia, y de su frente emanaban unas cuantas gotas transparentes. Tenía la piel de las mejillas enrojecida y el cabello fuera de lugar; las rodillas raspadas y los labios finamente humedecidos por unan delicada capa de saliva que brillaba contra la luz del sol.
Supuso, por su aspecto y por el calor que arrojaba su cuerpo, que tenía ahí por lo menos treinta minutos, al igual que los días de las semanas anteriores.
—Matsuri…— llamo acercándose a la joven, con paso lento y firme.
La castaña por su parte le dirigió una gélida mirada con un escrutinio casi clínico. ¿Dónde había quedado la chiquilla despeinada y atolondrada que sonreía al verlo? No lo supo, solo podía ver a una mujer, herida y enojada.
—Gaara-sama— dijo en forma seca.
—Comencemos— Ordenó en el mismo tono que ella.
—Hai— la castaña tomó posición espera del ataque.
La había estado entrenando en algo de defensa, ya que ella era su única alumna, también era la única de los diez grupos formados, que no tenía compañeros, así que en contadas ocasiones había tenido la oportunidad de trabajar en equipo, lo que la volvía inútil en el campo de batalla, por su imposibilidad de apoyar o cubrir a sus compañeros. A pesar de sus múltiples habilidades y de su excelente manejo de ninjutsu, genjutsu y taijutsu solo era útil en trabajos de escolta privada o misiones que requiriesen de un solo individuo.
Todo ese mes se dedicó exclusivamente a mejorar sus habilidades en batalla como individuo. Perfeccionar sus capacidades y sentido ya que llegados a este punto no podía integrarla en alguno de los nuevos equipos como miembro permanente. Ese era uno de los terribles pesos qué conllevaba a soportar su enseñanza.
Sin embargo no por ello descuidaría su desarrollo grupal; con ayuda de unos cuantos geninis de las nuevas generaciones le había estado entrenando durante algunos meses, viendo las mejorías inmediatas en ella y el avance en los genins, al mismo tiempo.
—Atácame— murmuro contra sus labios en un intento de hacerla enojar.
La joven reacciono en un movimiento brusco de su brazo para apartarlo de ella, pero lo único que recibió fue arena.
Ahora tenía ya el total dominio de la mayoría de las armas, exceptuando algunas que no se lo permitían por su tamaño—Matsuri siempre fue una chica menuda—sin embargo se esforzó por superar sus miedos y por mucho, las expectativas que Gaara tenía en ella. Tenía un total dominio de la lucha a distancia y comenzaba a controlar la arena de una manera exquisita. Sin embargo también tenía puntos débiles en su estilo de combate. El cuerpo a cuerpo era su punto más débil, todo para ella se reducía a la distancia entre ella y su oponente. El exceso de cercanía la llevaría a la ruina.
Ese día se centraba con totalidad en sus movimientos defensivos durante el ataque. Le resultaba infinitamente difícil percibir las amenazas a su cuerpo, toda su atención estaba en proteger la bombilla de cristal que era su misión mantener sana y salva. La bombilla al final termino intacta, sin un solo rasguño; Pero no se podría decir lo mismo de su protectora. Todo impacto o ataque destinado al pequeño cristal jamás fue esquivado ni desvía, sino recibido de lleno hacia el cuerpo de Matsuri. Era eso justo lo que intentaba evitar. Cómo ninja, jamás serviría en combate si tras el primer ataque de un enemigo real, ella moría en protección de aquello que después quedaría irremediablemente indefenso. La joven aún no dominaba del todo su cuerpo… pero había algo peor, Temía lastimar a su oponente, por ello como método de defensa lo único que utilizaba era el bloqueo, quedando la ofensiva completamente fuera del plano. Aquello la enviaría a la tumba.
—¡Defiéndete! — Ordeno irritado, Atacándola con dureza.
Por primera vez en el transcurso de la tarde, Matsuri, esquivo una de las tantas patadas de Gaara, haciéndole sentir un poco de orgullo y satisfacción, sin embargo todo aquello se vio empolvado cuando tras el segundo golpe, ella interpuso su cuerpo de espalda para ahuecar la bombilla en su pecho; el impulso de la segunda patada la envió al suelo con un movimiento rotatorio que le ensucio de arena la cara y el cuerpo, cayendo finalmente boca arriba. En sus ojos asomaba el empeño con el que protegía el cristal, cuando intento ponerse en pie.
Gaara levanto la vista, viéndola bañada en una luz entre dorada y Rojiza. El sol comenzaba a ceder y los escasos rayos indicaban que habían propasado el tiempo establecido. El reloj ya marcaba las siete treinta.
Bajó la guardia y dejo la posición de pelea.
—Eso es todo…— murmuro viéndola ponerse en pie — te veré mañana.
—Hai— fue la única contestación de la joven. En un camino recto, con la mira en algún punto fijo tras de él. Se puso frente a Gaara en cuestión de segundo y le entrego la bombilla sin desviar la mirada.
Se sentía agotada, había estado intentando no fallar, sin embargo eso era algo imposible para ella, sonrío con ironía. Esa sensación de derrota jamás se había instalado en su ser, ni aun cuando perdía constantemente las batallas contra su sensei, ni cuando sus amigas le habían hecho sentir como la menos atractiva del círculo, ni cuando fallaba, no lo conocía sino hasta algunos meses atrás.
¿De qué le servía todo aquello si al final de todo siempre terminaba viéndolo en casa? Se sentía frustrada, porque a pesar de todo ella le había querido siempre y por un momento de leve felicidad creyó que él también podía quererle.
—Qué estúpida…— murmuro.
Moremoto se lo había advertido y ella se había empeñado en seguir siendo tan ciega, se sentía tan feliz cuando él con su habitual tono de gélida amabilidad le había pedido que fuera su esposa. Había sido tan infinitamente feliz cuando el rozo sus labios frente al altar, que poco le había importado que un día antes a la celebración, él le hubiese dicho que jamás seria el esposo que besa y entrega flores, que él no podría ofrecerle esa clase de amor; él es como es y no planeaba engañarla fingiendo actitudes que no eran propias de él. Pero por ello no significase que no la quisiera.
Y aun después de haberla enterado él mismo de que todo aquello había formado parte de un contrato, y que tenía que fingir ser la esposa de alguien que solo la utilizaba, se negaba a terminar con toda esa farsa… pero claro, no podía hacerlo, las leyes dictaminan que antes de un divorcio se tuvo que estar casado por lo menos seis meses. Y le faltaban cuatro.
Todavía recordaba las palabras de Moremoto. Su amigo había tenido razón en pedirle que no se casara. En haberle dicho que el Kazekage jamás la haría feliz.
Gaara le había comprado una enorme mansión a las afueras de la ciudad, para que el ruido no la molestara, ya que a ella le encantaba dormir; le había contratado mucamas con destino a cada cosa de la casa, para que ella no tuviese que hacer nada; le había mandado comprar tanta ropa como fuese posible, zapatos, joyas y bolsos, maquillaje y cosas hermosas. Le había comprado tanto armamento como ella hubiese querido tener.
Adorno la casa con sumo gusto, pero supuso que no de él, habría contratado a alguien para esa tarea, ya que contadas veces salía de su oficina.
Trece habitaciones… ninguna de niños ¿Por qué no se dio cuenta? Dos habitaciones especiales, y una matrimonial. Claro, él sabía que después de la noche de bodas, jamás habría noche de bodas.
—Buenas noches señora ¿Le preparo la tina? —Saludo amable la mucama al verla entrar por la puerta.
—Sí, muchas gracias— Sonrió Matsuri amablemente.
Gaara, regreso al departamento que compartía anteriormente con Kankuro y Temari; después de haberse negado a vivir en la torre Kazekage.
—Solo unas horas— pensó, antes de abrir el frigorífico y buscar algo que cenar.
Todo aquello representaba un gran cambio en su vida; Kankuro vagando por ahí con su equipo chunin y Temari ocupada en las organizaciones de los exámenes y festivales, y él hundido en aquella situación que él solo se había buscado. Pudo haber pagado a cualquier mujer para desempeñar un excelente papel actoral, pero no, se había empeñado en elegirla a ella. ¿Por qué? Y Ahora Matsuri queriéndose unir a un escuadrón médico, queriendo irse a kilómetros de distancia. ¿Para qué querría ella unirse a un escuadrón medico? De nada le servirían esos conocimientos si no podía ponerlos en práctica, para eso necesitaría estar herida… y él jamás dejaría que eso pasara.
—¡Gaara! —Exclamo Temari, desde la puerta de la cosita—eres tú, que susto me has puesto.
—Lo ciento—Murmuro el peli rojo.
—¿Ocurre algo? — hizo una pausa y su respiración se alteró con notable preocupación—Matsuri… ¿Está bien?
Negó con la cabeza, sabiendo a lo que se refería su hermana, quien al ver su gesto se tranquilizó.
—Está bien— en un tono bajo, dirigiendo una mirada a la persona que se encontraba tras su hermana.
—¿Problemas con mujeres? —Pregunto tranquilo el Nara.
El rostro de Temari enrojeció y comenzó a hablar atropelladamente.
—Shikamaru solo está aquí por cuestiones de trabajo, Gaara, los exámenes…— la rubia atropellaba palabra tas palabra.
—Algo así—Contesto cortando la perorata de su hermana.
—Lo problemático de las mujeres es que siempre quieren tener la razón— afirmo inculpo el shinobi de la hoja.
Los ojos de la joven rubia lo apuñalaron sin piedad, y se dirigió a la mesa de centro en la sala de estar
—Shikamaru ¿por qué no te llevas estos perfiles y vas organizando los primeros encuentros? Yo haré lo demás— Dijo Temari poniéndole una pila de carpetas sobre las manos, al moreno y guiando a la puerta.
—Está bien, Temari. Yo ya me iba— se apresuró Gaara antes de que terminara de echar al Nara.
—¡Sentado! — Grito su hermana apuntando con un dedo al sofá.
—Tranquilo, solo es trabajo— Dijo Shikamaru en tono aburrido dirigiéndose al peli rojo— Te veré mañana— murmuro ahora para la rubia antes de depositar un suave beso sobre sus labios.
Ella asintió, después de murmurarle algo al oído le beso la mejilla y el moreno sonrió.
—¿Qué pasa Gaara? —Pregunto sin rodeos la rubia— dímelo y quiero la verdad.
Se sintió de algún modo atrapado, su hermana podía ser una mujer muy cambiante y no estaba muy seguro de como reaccionaria ante lo que estaba a punto de contarle.
—¡Eres un imbécil! —gritó furibunda.
—Lo se…— sonaba resignado, como si estuviese recibiendo poco en comparación con lo que había hecho.
—¿Y se lo dijiste su noche de bodas? — Pregunto Temari molesta.
—¿Qué esperabas qué hiciera? —hundió los hombros.
—¿No la tocaste? — la joven mujer solo sabía responder con preguntas a más preguntas.
—No—Respondió firme.
La joven mujer se rasco el hueso de la nariz y una risa de obviedad se apodero de la estancia.
—No pareces sorprendida — Afirmo Gaara.
—Es porque no lo estoy ¿Cómo lo tomo?— Recargo el costado contra el sofá.
—¿Cómo lo tomarías tú?
—No estamos hablando de mí, Gaara. Ese es el problema… que quieres ver a todos igual. Eso te sirve en tu papel de gobernante, pero como ser humano siempre te hará fracasar— hizo una breve pausa, como si todo fuese tan claro para ella— Pero si lo que quieres saber es como lo tomaría yo, es muy sencillo. Te mato.
—Alguna sugerencia— preguntó sin perder su permanente estado de tranquilidad.
Un chakra familia se acercaba por el pasillo.
—Firma el permiso— ordenó.
—No puedo hacer eso y lo sabes— ahora sentía que Temari no había estado escuchándolo todo ese tiempo.
—Entonces congratúlate con ella— soltó de manera despreocupada.
—Eso ya lo intente— Contestó seco.
—No hablo de cosas materiales. Demuéstrale que te interesa, sana su orgullo; aunque eso implique perderle un poco el amor al tuyo—Hizo una pausa— Pasa tiempo con ella.
—Tampoco puedo, tú sabes que la oficina no me deja.
—Eso no importa; podríamos ayudarte. Valora las cosas Gaara. Estas a punto de perder a una persona que te amó aun sabiendo lo difícil que es hacerlo.
Un silencio sepulcral se apodero de todo el lugar, Gaara lo sabía perfectamente, sabía que no era un hombre fácil de tratar.
—¡Temari, ya llegue! —grito escandalosamente Kankuro atravesando el umbral de la entrada, quitándose los zapatos como un niño pequeño—… ¿Gaara? ¿Qué haces aquí?
El Camino a su casa, se volvió eterno, los tejados brillaban con la luz de la luna que bañaba todo el lugar. Atravesó la aldea hasta llegar a su casa, que aún se encontraba con todas las luces encendidas, solo eran las 9 de la noche.
Abrió la puerta en un movimiento lento, negándose a todo ofrecimiento de los empleados, con seriedad.
—¿Dónde está mi esposa? —Preguntó desde las escaleras a una mucama que pasaba por ahí.
—La señora está en el jardín.
Camino a paso lento por los pasillos y abrió la puerta corrediza, para encontrarla arrodillada frente al jardín dando la espalda a la puerta donde el permanecía recargado.
—¿Qué? —pregunto seca al notarlo.
—…Lo lamento— murmuro con la mirada fija en ningún lugar, aun a sus espaldas.
Los ojos de Matsuri se entristecieron y una fina capa de líquido los recubrió, líquido que el no llego a ver, pero si lo detecto. Y en un suspiro doloroso obtuvo su contestación.
—No basta…
¡Hola! Aquí Persae n.n/
Quiero agradecer mucho, mucho a Myskymyheart. Por el comentario tan bonito que me dejo. Me animó mucho.
Agradezco muchísimo su observación, tratare de cuidar más la ortografía y de revisarlo dos veces antes de publicar.
Agradezco infinitamente el tiempo que se prestó a leer esto y este Capítulo se lo quiero dedicar a Myskymyheart n.n
Y nada, me gustaría saber si gusto el segundo capi.
